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Mojarra Fina: El Blog de la Mojarra Fina Ayamontina

AYAMONTE, UN CALLEJERO MUY PARTICULAR. 31: LA GRAN VÍA

AYAMONTE, UN CALLEJERO MUY PARTICULAR. 31: LA GRAN VÍA

Normalmente la toponimia y la nomenclatura convencional no suelen hacer buen maridaje, todo lo contrario. A ver quien es el flamenco que es capaz de acercar aunque sólo sea por intentarlo, los nombres Buenavista y General Yagüe. Buenavista es un topónimo ayamontino; general Yagüe el nombre de un militar franquista, que a lo mejor tenía buena vista para la cuestión de fusilamientos pero nada más.

Pero como suele decirse que toda regla tiene su excepción, a veces sí es posible ese maridaje, y en Ayamonte tenemos un caso muy especial. Con motivo del establecimiento en nuestra ciudad de la comunidad religiosa de las Hermanas Clarisas en el viejo convento de Santa Clara, desde hace ya un siglo sede de las Hermanas de la Cruz, a la calle que da la fachada principal del convento se le denominó Santa Clara, nombre por cierto, no sólo adecuado, sino bonito donde los haya. La calle tiene en sí dos tramos bien definidos, uno va desde Colón hasta el cruce con calle Cruz, y de ahí para arriba hasta San Antonio cruzando Realidad.

Pero a ese segundo tramo, el de escalones de piedras perfectamente alineados, a ese tramo de Santa Clara que es seguramente el lugar más bello de Ayamonte, los ayamontinos lo bautizaron desde hace muchísimos años con el nombre de Gran Vía. Así que nos encontramos con una nomenclatura y un topónimo, que para nada se enfrentan. Lo mismo nos da decir Santa Clara que Gran Vía, como se decía en los antiguos libros escolares, “tanto monta, monta tanto”.

A ver si de esta forma, con la gran lección que da el pueblo, los políticos aprenden a hacer las cosas bien y a no sustituir nombres de calles por otros por mera novelería.

 

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 82: EL BRASIL DE LOS PÉREZ.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 82: EL BRASIL DE LOS PÉREZ.

Todo lo que las enciclopedias y diccionarios nos ofrecen sobre el sustantivo brasil nos lleva a la existencia de una serie de árboles leguminosos que producen una especie de resina o producto similar de color rojizo, que es lo que quiere decir brasil, rojo de brasa. Como quiera que en el gran país sudamericano que colonizaran los portugueses abundaban estos árboles ese fue el nombre dado al territorio colonizado. Dicen que los portugueses explotaron tanto el arbolado en cuestión –cuyo producto rojizo servía de tinte- que estuvieron próximos a su extinción.

Pero en ninguna parte encuentro un sinónimo de la palabra estudiada que se refiera a casa vecinal. Sin embargo, en Huelva y en Ayamonte es de uso corriente llamar Brasil al conjunto de viviendas individuales con servicios comunes, principalmente un patio. En otros lugares, como Sevilla, reciben el nombre de corrales o corralas.

En Ayamonte  existen dos edificios así denominados, aunque se les conoce por el apellido de sus propietarios. En la calle Huelva, el llamado Brasil de los Vázquez, que se encuentra en un estado lamentable de abandono, donde vivieron familias tan recordadas como las Méndez, Domínguez Giráldez, etc., y ya en el paseo de San Francisco, el Brasil de los Pérez, afortunadamente restaurado hace poco tiempo. Se trata de una preciosa edificación que después de la restauración supongo contarán con buenos servicios y prestaciones y estará bien cuidado.

Se trata de uno de los edificios más emblemáticos de nuestra ciudad, y afortunadamente se respetó su estructura, aunque hemos preferido traer a esta página una fotografía antigua, aunque sea por hacerle cosquillas a la nostalgia. Ahí queda para su observación y comentarios.

 

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 81: LOS ENCIERROS DE LOS TOROS

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 81: LOS ENCIERROS DE LOS TOROS

Mucho han cambiado las cosas en nuestra ciudad en el ámbito de los toros. Nuestra plaza, que no era de relevancia, albergó en su albero a novilleros que con el tiempo fueron grandes figuras del toreo, Paco Camino, Miguel Báez Litri, Chamaco, creo que el mismo Curro Romero llegó a torear en Ayamonte.  Entonces se daba una novillada el día 8 de septiembre coincidiendo con la festividad de la Patrona y para usted de contar, pero se recordaba durante todo el año y en años sucesivos.

Como eran tiempos de penuria económica, el ir a los toros no estaba al alcance de todo el mundo, ni mucho menos, pero la cosa se compensaba con un espectáculo, gratuito, del que disfrutaba todo el que quería: el encierro de los toros, que tenía lugar el día 7 de septiembre por la tarde. Recuerdo perfectamente las carreras de las gentes desde el campo de fútbol –el Ayamonte jugaba ese día un partido destacado con motivo de las fiestas- para coger sitio en la plaza. Los encierros a veces eran muy cortos, otra veces se hacían interminables hasta el punto que había que desalojar la plaza para encerrar a los venados con tranquilidad.

Los llamados entendidos daban su opinión acerca del ganado, pero casi siempre errónea porque, sin que se me enfade nadie, con una novillada al año bien poco se podía entender de toros, máxime cuando ni siquiera teníamos televisión.

El camión con los novillos se apostada justo en el lugar de la foto, ya ese lugar ha sido propuesto para rotularlo precisamente con el nombre de Encierro por un ayamontino emigrante asiduo de este blog, pero claro, como no puede recoger firmas se va a quedar con las ganas, máxime cuando los toros ni son chirigoteros ni nada por el estilo.

Asistir al encierro de los toros –aunque en realidad eran novillos- y ver pasar a la gente el día de la corrida camino de la plaza era la “comida” festiva de los pobres, aunque eso de ver pasar a la gente no era cosa sólo de pobres. El gran poeta ayamontino Paco Herrera inmortalizó el momento con estos versos: “Pasa Salvador Morlera con su clave reventón; lo saluda Rafael Pérez de codos en el balcón”.

 

AYAMONTE, UN CALLEJERO MUY PARTICULAR. 30: LA ROTONDA DE LOS MIGUELITOS.

AYAMONTE, UN CALLEJERO MUY PARTICULAR. 30: LA ROTONDA DE LOS MIGUELITOS.

Antiguamente, cuando se entraba en Ayamonte, una vez dejado atrás el cuartel, el campo de fútbol, el paseíto, etc., desembocábamos a una curva y se presentaba ante nosotros el incomparable espectáculo de nuestra Avenida, que es su mejor nombre, sin adjetivaciones de ningún tipo, con los barcos atracados en el estero. A esa curva se le conocía por la Curva del Astillero, incluso añadiendo el patronímico “de Zamudio”, que era el propietario de dicho astillero.

Con el paso del tiempo, Ayamonte tuvo el acierto de homenajear a tres ilustres hijos, aquellos que participaron de forma tan directa en el descubrimiento de América: Juan de Zamora, Rodrigo de Xerez y González de Aguilar. Desde tiempo inmemorial se habían rotulado tres calles céntricas con sus nombres, que siguen siendo respetadas, menos mal que no ha ocurrido lo mismo que con el pobre Médico Rey García. Pero más adelante, el Ayuntamiento encargó un monumento que perpetuara más aun si cabe la memoria  de los tres ilustres navegantes.

Pero pronto el referido monumento fue víctima del ingenio, del humor ayamontino, y en vez de nombrarse como monumento a los descubridores, recibieron el nombre de “los Miguelitos”. Ello se debió a una saga de industriales ayamontinos, entre los que se encontraba el que fuera alcalde famoso, Narciso Martín Navarro, que junto a sus hermanos Miguel e Ignacio eran los hijos de Miguel Martín Cordero, de ahí que los tres hermanos recibieran el cariñoso mote de los Miguelitos, aunque también fueron conocidos como “los Vituallas”.

Dado que el famoso monumento a los navegantes sufrió vaivenes y movimientos, traslados de sitios, etc., terminó siendo un punto de referencia, cual si de parte del callejero se tratase. Así, en el lugar donde fueron colocados siempre se le conoció como el de los Miguelitos, primero en los bajos de la Gran Vía, después en la rotonda de la avenida de la Playa y últimamente junto a la gasolinera que está en el lugar siempre recordado por los viejos ayamontinos como el de la curva del Astillero de Zamudio, ahora citado por las nuevas generaciones como la “Rotonda de los Miguelitos”, de ahí que hayamos tratado el tema dentro del apartado del particular callejero ayamontino.

 

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 81: LOS VIEJOS PIÑONEROS

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 81: LOS VIEJOS PIÑONEROS

Aunque la piña no produce el fruto piñonero, es decir, no madura hasta final del tercer año de su aparición o en la primavera del cuarto, Ayamonte es lugar donde proliferan tanto los pinos que los hay de diversas generaciones, de ahí que cada año podamos disfrutar de tan  exquisito fruto.

Vivimos tiempos de globalización, de tal manera que hoy se pueden comer piñones en cualquier parte del mundo, pues tras su elaboración se estuchan y se exportan. Pero yo creo que cuando el fruto, sea cual sea, está rico de verdad es en su temporada, claro que esto de la globalización también tiene sus ventajas, y es que si tuviésemos que pagar los productos agrarios a precio de temporada sería como en el pasado, que los pobres comeríamos naranjas caídas y los ricos empapelás, en fin, pilarín.

Hablando de piñones, traemos hoy a colación el entrañable recuerdo del mundo de los piñoneros, que eran unos señores, de la Villa o del campo en general, que cada día, especialmente los domingos de otoño e invierno aprovechando los partidos de fútbol o el simple paseo de las gentes al sol, se presentaban con sus acémilas cargadas de piñones tostados; los vendía con un recipiente que llamábamos armú, que se encargaban de forrar con papeles o cartón, que era una forma bastante visible de “robar” mercancía, pero todos lo sabían y así funcionaba la cosa.

Los piñones ayamontinos tienen fama de ricos, no se si por su propia naturaleza, la que les ofrece nuestra tierra roja que vemos por la carretera vieja, o por el arte de los piñoneros en su elaboración. Nada que ver con los que comemos hoy estuchados, es más, resulta difícil en estos tiempos ver a alguien comiendo piñones. Incluso hemos dejado de llevar en el bolsillo la famosa y útil navajita para abrirlos.

Fuera de los momentos dichos, también se podían adquirir en los carrillos de las chucherías, pero a decir verdad, los que vendían los piñoneros estaban más ricos, quizás porque su elaboración fuera más cercana. Y para terminar, recordar aquella estampa imborrable del piñonero del Pino Gordo de la Estación, era un señor del Banderín que tenía un puestecito donde vendía los piñones. Creo que aun vive este buen hombre, aunque no recuerdo su nombre y apellidos o quizás apodo.

 

AYAMONTE, UN CALLEJERO MUY PARTICULAR. 29: EL CABEZO.

AYAMONTE, UN CALLEJERO MUY PARTICULAR. 29: EL CABEZO.

El artículo de hoy se presta a que los blogueros participen a fin de aportar datos que con toda seguridad me dejaré atrás. Vamos primero a tratar globalmente un antiquísimo barrio ayamontino, el barrio del Cabezo, y ya con el tiempo iremos describiendo sus calles, pero me parece que es atractiva la idea de presentación total.

La fotografía que hemos elegido, aérea, nos ayuda a delimitar un barrio que por sus linderos Oeste, con el río, y su lindero Sur, con la dársena pesquera o lo que antiguamente representó el estero de la Ribera, resulta fácil de ver, pero que se complica con sus linderos Este y Oeste. Como se observará por la fotografía, el Cabezo tiene forma triangular por recurrir a una aproximación geométrica. Por el lindero Sur se extiende a lo largo de la avenida de Villa Real de San Antonio hasta el final de la misma que coincide con el nuevo edificio que se construyó donde estaban ubicados los terrenos de la antigua Caseta Municipal; sigue el perímetro, ya en su lado Este, buscando la esquina del Alpende de la Ribera hasta la esquina de calle Trajano, vuelve por esta buscando  la confluencia de calle Cervantes para buscar Lusitania, cuya acera izquierda hasta el río cierra el lindero Norte. Repito, todo esto es una aproximación, pues se trata claramente de un polígono irregular urbano, con todas sus complicaciones.

Esta forma de describir el barrio del Cabezo me la ofrece un gran amigo, ayamontino emigrante desde hace más de cuarenta años, pero que nunca nos ha perdido de vista, y que conoce el barrio perfectamente por haberse criado en él.

Se trata de un barrio que fue eminentemente industrial. En él abundaron nuestras charangas y algunas fábricas de conservas; así como comercial: la Plaza de Abastos siempre estuvo en el Cabezo, y bares restaurantes desaparecidos, como La Alegría de la Plaza por citar el que quizás fuese el más emblemático. En el recuerdo de todos los viejos ayamontinos una institución inolvidable: la fábrica del Consorcio Nacional Almadrabero.

Podríamos citar sus calles a riesgo de que se nos quede alguna atrás. Vamos allá: Avenida de Villa Real de San Antonio, antigua y actual Médico Rey García, Prudencio Gutiérrez Pallares, Plaza de La Lota, Padre Alvarez, Luis Braile, Trajano hasta esquina Cervantes, Lusitania hasta esquina Cervantes, y para mí, las dos calles que más se identifican con el barrio del Cabezo: Del Pez y del Río.

En fin, no quiero seguir porque este artículo se haría interminable. Como anunciaba, en días sucesivos iremos estudiando sus viejas calles y así llevaremos a cabo un estudio más detallado. Ahora espero que los blogueros aporten sus comentarios.

 

MOJARREANDO. 63: CURIOSA PUBLICIDAD

MOJARREANDO. 63: CURIOSA PUBLICIDAD

He leído algunas cosas, muy pocas, sobre los orígenes de la publicidad. La más fiable a mi entender refiere el hecho de que un empleado de un periódico pegó en una columna, más bien por rutina, es decir, sin buscar concretamente una finalidad, parte de una página que no se iba a imprimir. En ese trozo de página se hablaba de un determinado producto que al final fue más conocido por el anuncio de la columna que por la noticia en sí del periódico. Ello hizo que los industriales y comerciantes decidieran anunciarse, además de en el periódico, en el paisaje urbano, aprovechando columnas de alpendes y fachadas en general. Después vendrían los rótulos, los luminosos, en fin, lo que todos sabemos. Yo estuve una corta temporada en la bella ciudad de Alcalá de Henares participando en un curso en la Escuela Nacional de Administración Pública ubicada en la antigua Universidad, y en dicha ciudad castellana, en la que abundan los alpendes, pude ver como en sus columnas de anunciaban, nada menos que las necrológicas, los enterramientos y las misas.

Posteriormente, la publicidad se ha convertido en todo un arte del diseño, de la filmografía, de la cibernética. Y nos invade de manera inmisericorde. Ver una película en televisión supone cerca del doble de la duración en sí de la película.

Pero alguien dijo que la historia siempre se repite, es decir, que los procesos involutivos están a la orden del día, y a la vista de la fotografía que publicamos todo hace pensar que es así.

Un ayamontino ha aprovechado la fachada de su casa para anunciar sus dedicaciones profesionales: albañilería, pintura, fontanería. No es mala idea si nó fuera por lo cutre que resulta tal anuncio, podía haberlo hecho con algo de mejor gusto, aunque pensándolo bien así es como llama la atención de los transeúntes, y caramba, en eso precisamente consiste la publicidad, en llamar la atención,  así que nuestra felicitación al ingenioso anunciante.

 

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 80: LA COFRADÍA DE PESCADORES Y EL CONSULADO

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 80: LA COFRADÍA DE PESCADORES  Y EL CONSULADO

No sé si la cosa dio lugar a polémica en su tiempo, pero es lo cierto que en Ayamonte se dieron bastantes casos de edificios con fachada de azulejos verdes, podemos recordar a bote pronto, la vivienda de la familia Concepción; la viviendas de la familia Vázquez, Cabrera, Pulido, en la Avenida; el edificio de la antigua biblioteca que ya tratamos en estas mismas páginas, y el edificio en que estuvieron ubicadas dos instituciones señeras en nuestra ciudad: la Cofradía de Pescadores y en Consulado de Portugal, cuya fotografía ilustra este artículo.

La Cofradía de Pescadores “salió” del lugar para irse al Muelle, donde están Correos y Telégrafos, la Cámara Agraria y no sé si alguna oficina pública más. En las oficinas de la calle Real es de recordar personajes, unos desaparecidos y otros aun entre nosotros: Zamudio, Rafael “el Cofra”, Enrique, Pedrito Pérez, el gran Nicomedes, hombre extraordinariamente afable y el eterno secretario cuyo nombre completo ahora no recuerdo, aunque creo que se llamaba Juan. Muchos pensaban que todos estaban en la Cofradía, pero había dos funcionarios, Manolo “el Huelvano”, y Mamé, ambos fallecidos, que prestaban sus servicios al Instituto Social de la Marina, aunque, repito, para el común de los ayamontinos todos estaban en la Cofradía de Pescadores. El Patrón Mayor supongo que se designaría a dedo, como todo lo de la época; yo conocí al que seguramente estuvo más tiempo: Joaquín Gutiérrez Blanco, que había sido anteriormente alcalde. Mi padre, Manuel Flores Silva, ostentaba el cargo, honorífico, pues no cobraba un duro, de presidente de la Mutualidad de Pescadores; por casa andaba una foto en que se ve entregando un dinero a una viuda de un marinero ahogado en la mar, creo recordar de la familia Carrasco.

En la parte alta del edificio se encontraba el Consulado de Portugal, oficina administrativa para la expedición de documentos a ciudadanos portugueses que se encontraban en nuestra ciudad, bien viviendo en ella o de paso a otros lugares. Era una familia la del cónsul poco propensa a la vida social, gente rara, muy rara, pero tenían un hijo, creo que se llama Rui, muy extrorvertido y sociable, así que vaya lo uno por lo otro.

Ambas oficinas, como queda dicho, desaparecieron de la calle Real, aun que la Cofradía perdura en otro lugar, pero las dos permanecen en el recuerdo de los ayamontinos.

 

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 79: TOMAR EL FRESQUITO

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 79: TOMAR EL FRESQUITO

Es pleno verano, corren los años cincuenta del siglo XX, aun no se conoce en España el aire acondicionado, al menos en los pueblos y familias modestas. Los calores de las interminables noches veraniegas lo soportan las gentes de mil maneras: el búcaro de agua fresquita, la ducha, el cambio de sábanas sudadas en plena madrugada, el ventilador que en vez de enfriar el aire te da la bofetada de aire templado, en fin, pilarín.

Nuestro Ayamonte, que es pueblo privilegiado por muchas cosas, lo fue siempre durante esas calurosas noches de verano, y ello porque contaba y cuenta con un producto natural excepcional: el bendito terreño. Menos mal, ya se ha levantado el Norte, dice un ayamontino agobiado por el calor. Una vez más, una noche más, el terreño ayamontino mitigó la caló.

Y aprovechando el terreño, los ayamontinos del pasado siglo acuñaron una costumbre, una bendita costumbre que desgraciadamente hoy podemos considerar casi extinguida, y digo casi porque me consta que en algunas calles, pocas, se sigue practicando. Esa costumbre ancestral no es otra que la de tomar el fresquito.

Hemos terminado de cenar, es cierto que muchos tienen que levantarse temprano para trabajar, pero el día ha sido especialmente caluroso y no es cosa de meterse en la cama tan  pronto sin aprovechar el terreño, sin tomar el fresquito.

La foto que ilustra este artículo nos trae al recuerdo parte de la calle Olivo, en el barrio del Peñón y nos ofrece la estampa de una humilde casa de tejado y fachada a la cal. Era mi casa, en la que nací y crié. Van saliendo los vecinos de sus casas portando sillas, los más jóvenes aprovechan esos rudos poyetes y escalones del entorno, y mientras el terreño nos llegada bajando la calle Tarpeya procedente de la Villa, charla que te charla, hasta que el sueño vence el placer mismo y entonces toca irse a la cama.

Para tomar el fresquito no hacía falta nada, sólo el terreño y ganas de hablar, de compartir vivencias los vecinos, nada más. Y eso, tan hermoso, tan entrañable, fue presa, como otras muchas costumbres, de la caja tonta, que nos mete en casa, nos manda callar, y nos presenta una vida absolutamente falsa. Atrás hemos dejado una vida auténtica, entrañable, magnífica, la que nos ofrecía gratuitamente el terreño ayamontino durante ese rito incomparable que nuestros antepasados llamaron tomar el fresquito.

 

SEMANA SANTA. TIEMPO ORDINARIO. 2: ELECCIONES EN LA COFRADÍA DE PADRE JESÚS

SEMANA SANTA. TIEMPO ORDINARIO. 2: ELECCIONES EN LA COFRADÍA DE PADRE JESÚS

Me piden dos buenos amigos, Antonio “Manteca” y el Mati, que anuncie en el blog las próximas elecciones que tendrán lugar en el seno de la cofradía de Padre Jesús. Que conste que no me han pedido que haga publicidad ni campaña de la candidatura que ambos presentarán, ni siquiera sé para los cargos que se presenta cada uno, sólo quieren y así les atiendo con gusto, que a través del blog se sepa que tendrán lugar dichas elecciones, concretamente el próximo día 21 de agosto.

Como quiera que el blog ha tenido desde el principio una excelente acogida, lo ofrezco como especie de caja de resonancia a tal fin, y a través de él animo a todos los hermanos de la cofradía nazarena a que participen en las anunciadas elecciones, que no vale dejar las cosas en manos de unos pocos porque después ya se sabe lo que suele ocurrir, que no sirve seguir con la rutina de que sigan los mismos de siempre, que la cofradía necesita regenerarse, tomar aires nuevos.

Miren, una cosa es lo clásico, lo antiguo, que siempre hay que respetar, y otra lo obsoleto, lo cutre, con lo que se debe acabar cuanto antes, y no digamos nada de las ordinarieces, de lo competitivo, incluso de lo irreverente, como esa imagen, que por muy antigua que sea no deja de ser reprochable, de mantener las imágenes en la puerta de la capilla terminada la procesión a expensas de borrachos irrespetuosos, incluso de algún que otro meón inoportuno.

En fin, no sigo porque yo no soy candidato, solo expongo mi parecer como ayamontino, y repito, el blog Mojarrafina anuncia la proximidad de las elecciones en la cofradía de Padre Jesús e invita a participar a todos los hermanos, porque cuanto más voten más legitimidad tendrán los elegidos.

Y ni que decir tiene que el blog queda a disposición de todas y cada una de las candidaturas que se presenten a fines electorales, todas por igual, sin distinción, sólo tienen que enviar al blog las notas que deseen aprovechando el espacio dedicado a comentarios y serán publicados, con la única condición que todo se haga con respeto y buen gusto.

Hemos ilustrado este artículo con las fotos de Antonio y Matías porque son los que nos han pedido esta colaboración, pero si otros candidatos quieren ver publicadas las suyas no tienen más que ponerse en contacto con el técnico del blog, Javier Martín Martín, que con gusto las publicará.

Y para terminar, invitar a todos aquellos que aprovechan cualquier oportunidad en el mundo de la Semana Santa para hacer su guerra particular, que se abstengan de hacerlo. Gracias a todos.

 

AYAMONTE, UN CALLEJERO MUY PARTICULAR. 28: EL HUERTO IÑIGUEZ

AYAMONTE, UN CALLEJERO MUY PARTICULAR. 28: EL HUERTO IÑIGUEZ

La postal que ilustra el artículo de hoy es de esas de las de quitarse el sombrero, por todo lo que contiene de antigua, de historia, de recuerdos, por la belleza del entorno que curiosamente cuando fue reformado adquirió más belleza todavía, en fin, todo un icono del Ayamonte del pasado, tan bello y atractivo.

Al pie de la postal puede leerse la expresión “Canto de casas”, lo que los ayamontinos abreviamos de inmediato para llamar al lugar simplemente como Cantocasa. Tengo que manifestar de antemano mi duda de si ese era en realidad el lugar denominado Cantocasa o quizás fuera más a Levante, a la altura de la actual calle Estadio, donde existían tres casitas que eran conocidas como “las últimas casas del pueblo” si tenemos en cuenta que aun no se habían construido las barriadas de Federico Mayo, Angustias y 29 de julio. Ese lugar lo ocupa hoy un edificio en forma de proa, que por cierto se repiten por todas partes en Ayamonte. Pero como ya al Cantocasa dedicamos en su día su artículo, hoy vamos a aprovechar la preciosa postal para hablar de esos lugares ayamontinos que cobran personalidad propia y sirve de orientación, es decir, forman parte de nuestro particular callejero: el huerto de Iñíguez.

A todo lo largo de la tapia existía y existe lo que en su tiempo sería un huerto que llegaba y creo que aun llega, desde la trasera de las viviendas de la calle Pablo Ruiz Picasso hasta el Callejón del Gringo. En ese huerto, una imponente vivienda, a más detalle con fachada de color rojo, era el domicilio de un matrimonio muy querido en nuestra ciudad, el que componían José Luis Pérez Sopeña y Conchita Iñiguez Cayuela. El huerto y casa del matrimonio –se trataba de un bien parafernal procedente de los padres de Conchita, de ahí que se le denominara con su apellido- situado al final de la siempre conocida como calle Lepe, fue referencia para indicar determinada dirección a los forasteros, incluso para hablar entre nosotros: siga usted toda la calle adelante y al final del todo verá una casa colorá dentro de un huerto, bueno, pues enfrente mismo tiene usted la estación; oye, ¿qué ha pasado en el Banderín?; no, no ha sido en el Banderín, ha sido en la calle Lepe, bueno en la misma calle Lepe no, frente por frente al huerto Iñiguez. Y así.

Volviendo al principio diré que en ese lugar entre los árboles se edificó hace muchos años nuestro Paseíto Nuevo, de ahí que dijera que el lugar no perdió belleza sino que incluso la ganó.

 

AYAMONTINOS INOLVIDABLES. 13: DOMINGO GÓMEZ MARTÍN, DOMINGO "TINTÍN"

AYAMONTINOS INOLVIDABLES. 13: DOMINGO GÓMEZ MARTÍN, DOMINGO "TINTÍN"

Los que duermen en el mismo colchón, de vuelven  de la misma opinión; la cara es el espejo del alma. Se trata de dos frases cogidas al azar, de esas que pretenden poner de manifiesto una especie de simbiosis que afecta a los seres humanos. No son dogmas, por supuesto, pero en muchas ocasiones coinciden con la realidad. Es normal que los cónyuges, después de una larga y continua convivencia compartan pareceres, de la misma manera que resulta normal que reflejemos con nuestro semblante los sentimientos que llevamos dentro.

Pero existe una simbiosis indiscutible: la de la persona con su ambiente cuando la relación es continua, permanente, incluso intemporal. Decir en Ayamonte que una persona tiene cara de  villorro es lo más normal. Será por los hábitos de vida, será por el clima, por el trabajo, por esa cultura propia de los barrios viejos y señeros, será por lo que sea muchas veces nos identificamos con el paisaje urbano en el que nos hemos criado y hemos vivido siempre.

Nuestro personaje de hoy tenía cara de villorro, andares de villorro, modales de villorro, pero sobre todo nobleza, bondad, honradez de villorro. Villorro puro y duro que sería un castizo.

Yo conocía a Domingo Gómez Martín, Domingo Tintín, desde siempre, pero empecé a tratarlo en el despacho del abogado Trinidad Navarro Nieto, y me extrañó que una persona del campo, sencilla, tuteara a una de las personas más respetadas del pueblo y tuviera con él un trato tan familiar, tan directo. Es que  -me lo explicó mi jefe-, Domingo y yo somos amigos íntimos de toda la vida.

Pero con independencia de lo dicho, la imagen que más ha perdurado de Domingo Tintín, es la de su eterno acompañamiento a la Virgen de la Soledad en el lateral derecho de su paso de palio. Eran tiempos en que los pasos de Semana Santa eran custodiados de manera preceptiva por la Guardia Civil, pero el de la Soledad llevaba una custodia añadida, la de Domingo Tintín. Sin aspavientos, sin gestos para la galería, con sus manos atrás, con sumo recogimiento, como debe ser pero que no es en la mayoría de los casos. La hermandad de San Francisco, que tan rigurosa y seria es en sus manifestaciones cofradieras, seguro que recordará y echará siempre en falta la presencia de Domingo, que con su seriedad entonaba perfectamente con el entorno cofrade.

Hace ya muchos años nos dejó este buen ayamontino, villorro, padre, abuelo, amigo y querido por todos. No sé si la memoria me falla, pero quiero recordarle cargando con Padre Jesús o la Virgen del Socorro, ya lo aclarará alguien con mejor memoria que yo.

 

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 79: ANTIGUA CALLE LUSITANIA

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 79: ANTIGUA CALLE LUSITANIA

Hoy traemos a colación uno de esos recuerdos que tanto gustan a los blogueros, por eso lo hacemos con sumo gusto. Se trata del recuerdo nostálgico de una de las calles más céntricas de nuestra ciudad, eminentemente comercial y desde hace unos años a esta parte rabiosamente semanasantera: la antigua calle Capitán Cortés, antes Lusitania y después Lusitania, pues ya sabemos que durante todo el periodo del régimen franquista se suprimieron multitud de nombres del callejero español para sustituir los nombres existentes, sin el menor respeto a la historia, a la costumbre, incluso a lo tópico, por el de los grandes militares del franquismo. Pero dejemos esto aparte, que hoy ya no merece la pena.

La calle Lusitania es considerablemente larga, comienza a la altura de la calle del Pez y llega hasta Hermana Amparo, salvando los cruces de Cervantes y Cristóbal Colón. En el primer tramo, recordamos una charanga, la de Félix de la Cruz, en la que trabajaron toda su vida Juan el Pancho y Carrito; las viviendas de las familias Santos Domínguez, Palma, Flores, Vázquez, etc. y comercios como la clásica  tienda de ultramarinos de José Salvador, de la que hablaremos en su momento, ya más tarde la de Prudencio Ceada, otro Pancho, que aprendió el oficio con Salvador y terminó estableciéndose en la misma calle, el bar de Saturnino y la Milagrosa. En el tramo central recordamos la tienda de Perrola, la vivienda de don Victoriano, el capitán de la Guardia Civil, la vivienda de Nicodemes, funcionario de la Cofradía de Pescadores, el estudio fotográfico de Carlos Báez, la tienda de juguetes de Dolores, una pensión donde hoy tiene la vivienda Paco Concepción, el restaurante La Peña que antes creo que fue la carpintería del siempre recordado Antonio Rojas, Rojita, y en la esquina de enfrente, dando a la calle Real, la tienda de los hermanos García Gil. Ya en el último tramo, quizás el más frecuentado, están en mi recuerdo una pequeña tienda, casi un puesto, llamado Maflor, junto a la Giralda de Sanchito; más adelante, la droguería de la familia Domínguez Ríos, la tienda del Alosnero, con su vivienda arriba, la zapatería de Pulido, que era a la vez el despacho de las quinielas, la vivienda de Enrique Gómez y Paca Pérez, la farmacia de Antonio Massoni y en la esquina un almacén del citado Enrique Gómez, hoy La Casona. Ya en la acera de enfrente, la heladería La Ibense, de Pedro Jiménez y hoy de su hija Mari Carmen, la vivienda de la familia Arroyo Berrones, la taberna de Verísimo da Luz, la vivienda de Pedro Jesús Flores, la Secretaría del Ayamonte CF, la tienda de los Buchito,  luego Festival y ahora de mi amigo Enrique Moeno, el despacho de vinos de Juan Huelva, la vivienda de Pedrito Pérez y la primera barbería de Juan Domínguez, y ya en la esquina estuvo establecida doña Segunda con su miga.

No me negarán que la calle  era atractiva, y es que el centro de Ayamonte siempre tuvo fama por su excelente comercio y por sus servicios. Animo a todos los blogueros que completen la nómina ofrecida, que seguro me habré dejado muchas cosas en el camino.

 

AYAMONTINOS INOLVIDABLES. 12: JOSÉ RAMIRO FRIGOLET GONZÁLEZ (PEPE RAMIRO)

AYAMONTINOS INOLVIDABLES. 12: JOSÉ RAMIRO FRIGOLET GONZÁLEZ (PEPE RAMIRO)

 

Cuántas cosas me enseñó relativo al buen funcionamiento de una hermandad, acumulaba una gran experiencia adquirida a base de trabajar desde abajo; nunca se creyó importante pero era eficiente como el que más. Creo que no tenía estudios superiores, pero estaba en posesión de una muy buena erudición y su formación humana, social y religiosa era de nota. Ayamontino de partida de nacimiento y de vivencia, de entrega a todo y a todos: la Milagrosa, su hermandad, que es la mía, del Mayor Dolor, el Ayuntamiento. Escribo esta semblanza señalando a una persona con cuya amistad me honré y al que sigo teniendo como  tal a pesar de que nos dejó hace años de manera prematura: José Ramiro Frigolet González, Pepe Ramiro para entendernos.

Cuando nos hicimos cargo de la hermandad de Nuestra Señora de las Angustias allá a finales de los sesenta, Pepe Ramiro fue solicitado para ejercer el cargo de tesorero, aprovechando sus más que acreditados conocimientos contables, primero en la fábrica de salazones de la familia Chalet y después en el banco Central. Su primo Ernesto Frigolet Marchena ostentaba entonces el cargo de mayordomo y el doctor González Mayboll el de hermano mayor, pero como se suele decir en roman paladino, quien cortaba el bacalao a la hora de la verdad, de la organización de la procesión, de los cultos, era Pepe Ramiro, al fin y al cabo los demás no hacíamos otra cosa que aprender de él. Sin embargo, como todas las personas humildes y serviciales, era reacio a llevar vara alguna. Todo un ejemplo.

A pesar de su condición cofrade, y como suele ocurrir en Ayamonte gracias a Dios, también era un gran carnavalero, de los de disfraz y calle, como debe ser. Y aun tuvo tiempo para ser durante un breve periodo de tiempo nuestro Alcalde, eventual, pero al fin y al cabo Alcalde.

Fue hombre querido por todos, no sé de nadie que no le apreciara; sus contemporáneos congregantes de la Medalla Milagrosa lo lloraron amargamente y Ayamonte perdió un hijo, un magnífico hijo, cuando todavía le quedaban muchas cosas por hacer. Pero ha dejado  buenos  frutos, sus tres hijos:  la semilla sembrada dio excelente resultado. Me alegro.

Ya sabes, Pepe Ramiro, aquí todos te recordamos y echamos de menos. Y gracias por todo lo que me enseñaste, nunca lo olvidaré.

 

AYAMONTE, UN CALLEJERO MUY PARTICULAR. 28: BARRIADA DE COEMA.

AYAMONTE, UN CALLEJERO MUY PARTICULAR. 28: BARRIADA DE COEMA.

 

Mucho se habla por ahí de la grasia sevillana, pero pocos hablan de la gracia gaditana o huelvana, por ejemplo.

Aquí, en nuestra provincia tenemos por costumbre denominar a las cosas en general con una especie de motes. El ejemplo más conocido para los de mi generación fue el de llamar “Agromán” a la Residencia Sanitaria de Huelva, nombre que correspondía a la empresa constructora del edificio. Vengo de la consulta de don Jesús y me ha dado un volante para el Agromán. Y allá íbamos a que nos viera el especialista -¿quién no se acuerda de don José Gil, al que llevábamos un kilo de café portugués?-, a que nos quitaran sangre y una radiografía. Todavía al referirme al Infanta Elena digo el Agromán y mis hijas me dicen: papá, hijo, que antiguo eres.

Hace muchos años en nuestra ciudad se construyeron unas casas, las que quedan entre Sor Eloísa y Cuesta de San Diego, que en realidad no constituyen una barriada propiamente dicha, pero siempre fue conocida por la barriada de “Coema”, precisamente porque si mal no recuerdo, ese era el nombre de la empresa constructora. Vivió en esa barriada un ayamontino muy querido, mi buen amigo José Ramiro Frigolet González, Pepe Ramiro, hombre polifacético y polivalente. Hoy vive por allí otro buen amigo, Juanjo de Dios Jiménez, eterno secretario de la Hermandad de la Soledad, y creo haber visto salir de una de las casas al bueno de Manolo Malayerba. Todavía se conserva en la fachada de una de las casas la placa que recuerda a Petra Márquez, matrona y practicante.

En la barriada Coema está ubicada la Guardería La Arboleda, a donde asiste mi nieta, lo que me hace frecuentarla.

Supongo que algún bloguero tendrá recuerdos de esta barriada tan especial, pues no tiene amplitud suficiente para serlo y además se conoce por un nombre creado por el ingenio ayamontino.

 

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 78: EL RODAJE DE LA PELÍCULA "CURRA VELETA"

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 78: EL RODAJE DE LA PELÍCULA "CURRA VELETA"

 

De entre los recuerdos del Ayamonte del pasado, pocos han quedado tan grabados como este que hoy tratamos en el blog: el rodaje en parte de la película “Curra Veleta” que tuvo lugar en nuestra ciudad en el año 1956. Con trece años los recuerdos que le quedan a uno son algo confusos, aunque sí es fácil el recuerdo visionando una y mil veces la película, como ya he hecho.

Fue una auténtica revolución, nada menos que Paquita Rico y Valeriano León como artistas estelares viviendo durante varios días en Ayamonte, entre nosotros, que además podíamos participar como extras en el rodaje, cosa esta que ocurrió con personas como Jacinto Vázquez, mi tía Rosario, pepe Beas, José Pavón (el Hueso del Bar Jerez), la mujer de Pepe Sanmartín, el Gallego, que hizo un papelito de cierta duración mientras Paquita Rico cantaba junto a la ventana de su casa. Y después, muchísimos ayamontinos en las escenas multitudinarias, especialmente la de la despedida en la Laguna cuando marchaban para Sevilla, con la banda de música de la Casa Cuna animando la escena.

Lugares tan recordados como el desaparecido Bar Jerez, que hoy ocupa Paco Abreu con su tienda; el muelle con los alijos de sardinas; el teatro Cardenio recién estrenado; el Castillo, y tantos y tantos momentos que sería imposible relatar, más que por nada por la nostalgia que supone el recuerdo de aquellos días.

No recuerdo bien si fue esta la primera película que se rodó en Ayamonte, pues también aquí se rodó “El Litri y su sombra”, pero no puedo recordar cuál de ella fue la primera,  además creo que se rodó otra película más cuyo título no recuerdo y espero que algún bloguero de buena memoria refresque la mía.

 

AYAMONTE, UN CALLEJERO MUY PARTICULAR. 28: LAS ESCALINATAS DE LAS ANGUSTIAS

AYAMONTE, UN CALLEJERO MUY PARTICULAR. 28: LAS ESCALINATAS DE LAS ANGUSTIAS

Las subimos camino de la pila bautismal en brazos de nuestras madrinas; las subimos aquel día de la máxima ilusión para los niños, el de nuestra primera comunión; las subimos como jovencitos ilusionados que íbamos a confirmar nuestra incipiente fe; las subimos el día más ilusionante de nuestras vidas, el de nuestra boda; las subimos en múltiples ocasiones para, sentados en los escalones ver pasar las procesiones, para esperar a los novios, para esperar al ser querido en el día de su despedida; para jugar en ellas arrostrando todo el peligro a pesar de las voces de nuestras madres que nos alertaban del mismo; jugamos a veces de manera imprudente con las gruesas cadenas que las guardan; velamos a los caídos en esa cruz pétrea en cuya base en forma de troco de pirámide nos deslizábamos cual trampolín, y las subimos en múltiples, cientos, quizás miles de ocasiones, simplemente por el placer de subirlas y después bajarlas.

Fueron y son pasarela incomparable de autoridades, agentes, maceros, mujeres de peineta, de ofrenda septembrina de flores. Están ubicadas en la calle Angustias, pero para nosotros, los pazguatos y finos, una cosa es vernos en la calle Angustias y otra quedar citados en las escalinatas de las Angustias, que aunque los espacios son reducidos, no es lo mismo.

Es cierto que todo el paisaje urbano de una población pertenece a todos sus habitantes al menos en condición de poseedores y usuarios, pero las escalinatas de las Angustias lo son en Ayamonte desde nuestra más tierna edad, desde aquel día que nunca recordaremos, pero que nos recordarán todos, en que como antes decía, entrábamos a la iglesia en brazos de nuestra madrina para recibir el bautismo.

Las escalinatas de las Angustias es de esos lugares que los ayamontinos emigrantes, ausentes por las circunstancias que sean, mantenemos imborrables en nuestra retina.

 

AVISO A NUESTROS BLOGUEROS

AVISO A NUESTROS BLOGUEROS

Amigos blogueros:

Parece mentira, pero se ha cumplido un año desde que allá el 9 de julio de 2008 anunciamos la creación del blog Mojarrafina.

Desde entonces a esta parte ha hecho frio y calor, entiéndase, ha habido de todo, las visitas han ido en aumento y la participación bastante constante y fiel.

Pero hay un asunto que me resaltan fieles blogueros como Fa y Ayaba, entre otros que ahora no recuerdo, y es que resulta mucho más agradable un blog que hable de nuestras cosas con cariño y con nostalgia, que traer a colación asuntos polémicos.

Como no podía ser menos, los administradores del blog, Javi y yo, hemos acordado atender la petición, y sin perjuicio de alguna “cuñita” muy salteada, en adelante nos dedicaremos a resaltar todo lo nuestro, con el cariño que le profesamos y el recuerdo entrañable de nuestro pasado, de nuestros mayores. Es mejor así.

Esperamos lo aceptéis de buen agrado, y os damos las gracias de antemano.

 

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 77: LA PLAYITA DEL SALÓN.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 77: LA PLAYITA DEL SALÓN.

Mucho ha cambiado Ayamonte en los últimos cincuenta años. Puede que todo comenzase a primeros de los sesenta del pasado siglo cuando se unió el centro con el Salón de Santa Gadea y la posterior construcción del puente de Canela. Ello abrió sin duda una nueva etapa en la expansión urbana de la ciudad que a estas alturas del siglo XXI parece imparable.

Pasaron los tiempos del recordado Muro de Canela; se acabó el aislamiento de la entrañable isla, cuna y casa de pescadores. Y los ayamontinos volaron hacia las playas de San Bruno y de Isla Canela. Atrás quedaron la Gola y aquellas excursiones a Isla Cristina. Ya teníamos playa a nuestro alcance.

Pero aun así, hubo paisanos que siguieron yendo a un lugar emblemático de Ayamonte para los de mi generación, un lugar que nos hizo disfrutar, no del mar, sino del río, que nos hizo pasar días estupendos de sol, de baños, de caza de caballetes con lazos, de saltos de “trampolín” desde una balda de piedra.

Ese lugar no era otro que la conocida cariñosamente como la Playita del Salón. Quedaba entre la casa del Salón, hoy en ruinas y a merced y disposición del trapicheo de droga, y el estero de Canela. Había que esperar que subiera bastante la marea para que se introdujera en una pequeña zona de arenas pues con bajante había que meterse en el fango de la orilla del río. Con la marea alta muchos de lanzaban desde una balda de piedra, incluso se aprovechaba algún pequeño espacio para jugar a la pelota.

La Playita del Salón fue durante muchos años la playa de los ayamontinos, pequeña, no muy cómoda, pero nuestra. Muchos aun la recordamos con cariño. Me he permitido quitarle una foto desde la azotea de la torreta donde vivo en el Salón. Es lo que queda, además del nostálgico recuerdo.

 

AYAMONTE, UN CALLEJERO MUY PARTICULAR. 27: EL PASEÍTO NUEVO

AYAMONTE, UN CALLEJERO MUY PARTICULAR. 27: EL PASEÍTO NUEVO

Allá mediados el pasado siglo, cuando Ayamonte empezó a extenderse hacia Levante y se construyeron las barriadas de Federico Mayo, Las Angustias, 29 de Julio, Santa Cruz y Coema, de la que hablaremos en su momento por tan especial denominación, en el Ayuntamiento se pensó con excelente criterio que aquella zona merecía un paseo nuevo, un lugar donde pasear la gente del Banderín y de las nuevas barriadas y jugar los niños. Se construyó entonces el precioso paseo que fue denominado como glorieta sin serlo, porque glorieta es una plaza redonda en la que desembocan varias calles, pero en fin, así se le llamó y se le puso el nombre del poeta ayamontino Jiménez Barberi, “Glorieta Jiménez Barberi”. Ahora se sigue llamando así y en la fachada de la casa de Celedonio Martín que fuera antes del siempre recordado Manuel “el Paragüillas”, hay un letrero que dice “plaza” Jiménez Barberi. Pues miren ustedes, señores del Ayuntamiento de antes y de ahora, ni lo uno es una glorieta ni lo otro una plaza, ya que plaza es un espacio ancho y espacioso dentro de una población al que suelen afluir varias calles, en fin pilarín.

Bueno, pues señoras y señores, ayamontinos viejos, ayamontinos nuevos, aborígenes, maquetos, tenderos, carpinteros, autónomos, cristaleros, chamarilleros, loteros, cuponeros, capillitas, republicanos, monárquicos, villorros, garrapatuos… de glorieta, nada; de plaza, nada. Así que si os parece bien lo dejamos en Paseíto, Paseíto Nuevo, que es como fue conocido desde el mismo momento de su inauguración.

La verdad es que nuestro entrañable Paseíto Nuevo no tuvo fortuna, la gente siguió viniendo pa bajo y vivió años de soledad. Ahora, en la reciente fiebre de monumentos mandado erigir por el anterior alcalde, se le ha plantado en el centro la figura de un antiguo aguaó por el hecho de que cerca está la primera fuente que se construyó tras la traída del agua, pero desde luego tal monumento donde pega es en el cruce de los Cuatro Caminos por ser el lugar por donde los aguaores pasaban camino de la Casita del Agua a cargar los bocoyes.

Yo envidio a mi amigo Celedonio Martín Rios por la excelente vista de que disfruta desde su casa, porque lo llamen como lo llamen, nuestro Paseíto Nuevo es precioso.