AYAMONTE EN EL RECUERDO. 70: EL FUROR ICONOCLASTA DEL 36
Estos de la Memoria Histórica no se cansan de hablar de memoria sesgada, como si a la memoria pudiéramos engañarla.
Ahora ha sido con motivo de un artículo publicado en la Revista de Fiestas de la Barriada de Canela con motivo de la festividad de la Virgen del Carmen. Un artículo rigurosamente veraz, histórico, para recordar y no olvidar. Pero por lo visto la gente de izquierdas se empeñan en negar la evidencia y encima decir que no es bueno reabrir heridas.
Vamos a ver. En España, a partir del año 36 del pasado siglo, y mucho antes -no hay que olvidarlo, cuando el Frente Popular se hizo con el gobierno de la Nación vía elecciones municipales, que no generales, hasta el año 75 en que Dios decidió recoger –ya era hora- a su "Enviado", a su "Elegido", el Generalísimo y "vigilante supremo de España y de la Civilización Cristiana"- ocurrieron muchas cosas. El asesinato de Calvo Sotelo, líder de la derecha, hizo pensar a los republicanos de izquierdas que la República es un sistema de gobierno de izquierdas, y van y se lo cepillan. (La República, que quede claro de una vez, es un sistema de gobierno dual que nos viene dado desde las antiguas Grecia y Roma, y que se sepa todavía no se había inventado lo de izquierdas y derechas, que consiste en que el gobierno es dual, de control mutuo, dos cónsules, cada uno con sus competencias, que a la vez ejercen mutuo control entre ambos. (En Francia, que es país de democracia consolidada, ha funcionado perfectamente el sistema con un presidente de la República de izquierda y un presidente del Gobierno de derecha). Pero por lo visto en España siempre se entendió y lo peor es que se sigue entendiendo, que todo lo republicano es de izquierda.
A lo que vamos. Entre las cosas malas que existieron o tuvieron lugar durante ese gran periodo de tiempo, se encuentra el furor iconoclasta que produjo, por mor de la actuación de unos cobardes que practicaron un imperdonable “vudú”, la pérdida de la mayor parte del patrimonio histórico-religioso del país, y algo más, que los seminaristas asesinados -simplemente niños indefensos-y hasta las monjas de clausura también pagaron el pato. En Ayamonte, como en otros sitios, ocurrió esto, quieran o no quieran los progresistas de hoy (un día me llegó a decir Isaías Pérez Saldaña que lo de los templos, los mineros, etc. es más leyenda que otra cosa). Aquellos “defensores de las libertades” arrasaron nuestros templos, quemaron nuestras imágenes, destruyeron la mayor parte de aquel valiosísimo patrimonio, artístico, histórico y, por qué no decirlo, sentimental. Quede claro que sin víctimas, al menos que yo sepa.
Y si no queremos reabrir heridas, no abramos las de un costado y queramos que las del otro queden cerradas para siempre. Es cierto que no es comparable las vejaciones y asesinatos con el furor iconoclasta, ya sabemos que después de aquello vino la venganza, y otros cobardes de mierda, unos falangistas asquerosos, se dedicaron a purgar a las mujeres a las que les habían sustraído a sus maridos y a pasearlas en vejatorias procesiones por el centro de la ciudad en sustitución de las imágenes sagradas desaparecidas.
La memoria no es de izquierda ni de derecha; el ejercicio de la memoria es una cuestión voluntaria, pero si la sonsacamos puede traer recuerdos no deseados; los seres humanos no tenemos potestad sobre nuestra memoria, ella es la que manda. Por eso, unos resucitan muertos y otros dioses y muertos, que también los hubo y a miles como ha quedado dicho.
Así pues, recordemos aquel chiste gráfico que aparecía en un periódico: se veía a un individuo con un gran legajo de papeles debajo del brazo metidos en una carpeta con la inscripción “Memoria Histórica”, y un esqueleto que brota de la sepultura para decirle: “oiga, de aquello de descanse en paz, ¿qué parte es la que usted no ha entendido?”.