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Mojarra Fina: El Blog de la Mojarra Fina Ayamontina

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. 80: EL BURTO

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. 80: EL BURTO

Siempre me ha extrañado que hayamos utilizado al pobre burro, al pobre asno, como ser comparativo de nuestras torpezas. Eres un burro, qué burro eres, son expresiones al uso desde tiempo inmemorial. Pero a mi entender, no hay razón para ello, y así vamos a ver lo que es en realidad un burro y después reflexionemos.

El burro o asno es un animal domesticado de la familia de los équidos. Los ancestros salvajes del burro son africanos. El hombre lo ha utilizado  como animal de carga y como cabalgadura desde tiempo inmemorial. Etimológicamente, la palabra burro es un derivado regresivo del latín tardío “burricus”, que significa caballo pequeño.

A la vista de ello habrá que preguntarse: ¿por qué cuando queremos hacer ver a alguien que es torpe le decimos que es un burro?, ¿en qué consiste la torpeza del burro?.

Bueno, pues en vista de ello, nuestros antepasados, aquellos ayamontinos que nos legaron su peculiar forma de hablar, optaron por otro calificativo a fin de dejar en paz al pobre burro. Y cuando querían poner a alguien de torpe, en vez de burro le decian que es un burto, o sea, aun bulto con “r”.

Va saliendo el Descendimiento por la puerta de las Angustias, mira que la puerta es ancha, y por una torpeza de un contraguía da un costalazo. Rápidamente el capataz se le acerca y le espeta: ¿qué haces?, desde luego no aprenderás nunca, eres un burto.

Hay muchas fotografías de burros por todas partes, pero para ilustrar este artículo he preferido este estupendo óleo de un asiduo bloguero y amigo mío, Manuel Jesús Franco, “Franquito”.

 

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. 79: EMPACÁ.

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. 79: EMPACÁ.

Dice el refrán que tras la tempestad viene la calma y ello suele ser cierto, en especial en las tempestades “humanas” tipo broncas, enfrentamientos, etc., porque de las naturales es seguro que viene la calma siempre.

Los viejos ayamontinos –yo le oí la frase a mi padre en muchas ocasiones- cuando habían tenido alguna diferencia y esta persistía, recurrían, como todo el mundo, al diálogo para tratar de reconducir positivamente la relación de amistad perdida temporalmente. Para llegar a ese diálogo acuñaron una frase muy especial, muy propia de nuestra peculiar forma de hablar: empacá. Es decir, vamos a acercarnos, vamos a sentarnos a hablar, vamos a dejar el sofocón aparcado, etc.

Empacá, hombre, empacá, siempre tuvo su encanto y su efectividad indiscutible, y daba al traste con las diferencias anteriores.

Recordarán ustedes cuando nuestro rey le echó el famoso bufío al bolivariano Chaves –¿por qué no te callas?- , aquello dio mucho que hablar y el gordo impertinente se cabreó de lo lindo, pero no encontró apoyos a su cabreo salvo los del Comandante y el del Poncho, los grandes revolucionarios, que no dictadores, no nos equivoquemos. Ya sabemos que los dictadores son siempre de derechas; los de izquierda son revolucionarios.

Bueno, pues pasa el tiempo, el rey ni se inmuta y cuando Chaves viene a España lo recibe en la Zarzuela, le dice el empacá ayamontino, el otro se va de vareta y le contesta: señor, se ha dejado barba como Fidel. Una gracia como otra cualquiera. Pero lo bueno de todo es que las aguas volvieron a su cauce gracias al empacá, porque aunque sea con un tipejo como el bolivariano, siempre es mejor llevarse bien que mal.

 

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. 78: EL CHIQUICHÍS.

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. 78: EL CHIQUICHÍS.

Por las fiestas navideñas proliferan lo que en muchos lugares, yo diría que en casi todos, llaman coros de campanilleros. En Ayamonte siempre los conocimos como las cuadrillas, y la última se nos fue con el inefable e inolvidable Macklau.

En las cuadrillas se tocaban diversos instrumentos, prácticamente todos de percusión pues la guitarra entró a formar parte de las mismas ya en tiempos más recientes. Recordamos: el almirez, la pandereta, la zambomba, la botella, el pínfano, y el más nuestro de todos al que bautizamos con el sonoro nombre de chiquichís, precisamente porque producía un sonido acorde con las chapitas al pegar en la madera.

El chiquichís ayamontino es un instrumento músico de percusión rudimentario compuesto por una tira de madera a la que se clavan, no del todo, chapas procedentes de botellas de gaseosas u otro refresco una vez aplanadas con el martillo, y al no estar del todo clavadas hacen juego y chocan unas con otras produciendo un sonido onomatopéyico que precisamente le ofrece su propio nombre. En otras palabras, cuando suena, el chiquichís suena chiquichís.

Quiero aclarar que el que aparece en la foto no tiene nada que ver con el ayamontino, pero no he encontrado otra  más adecuada.

Todo empezaba con aquella petición de venia rabiosamente ayamontina: “ a esta puerta hemos llegado, señores cantar queremos; que la licencia del Niño en la mano la traemos”.

Como en la vida casi todo vuelve, espero que algún día a algún “bendito chalado” por las cosas de Ayamonte le de por rescatar las cuadrillas, sería maravilloso.

 

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. 77: SARDINAS ESTIBÁS

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. 77: SARDINAS ESTIBÁS

La sardina y el arenque son dos peces de la misma familia, creo que de los cupléidos, de ahí que nunca he entendido por qué fuera de Ayamonte a las sardinas prensadas se les llame genéricamente arenque cuando son sardinas.

Los ayamontinos antiguos, inteligentes ellos, decidieron acabar con los parecidos, con las confusiones, y atendiendo a un término marinero y portuario, como el de estiba, decidieron llamar a las sardinas prensadas como sardinas estibás, expresión esta que la verdad no se oye más allá de nuestro entorno más cercano.

Estibar consiste en apretar materiales diversos o cosas sueltas para que ocupen el menor lugar posible en un espacio. Por su parte, el estibador es un trabajador portuario cuya principal tarea consiste en la carga y descarga de los barcos y en la distribución adecuada de los pesos en ellos.

Así que nuestros antepasados, observando que las sardinas se ponían en una barrica –casco para nosotros- y se apretaban en una prensa, decidieron que a este tipo de conserva o semiconserva se les debía denominar como sardinas prensadas o sardinas estibadas o estibás, y nunca arenque por la sencilla razón de que, aunque de la misma familia, la sardina y el arenque son peces distintos.

La sardina estibá mitigó mucha hambre en el Ayamonte de la posguerra, su excesivo contenido en sal y en grasas permitía calmar el ansia que produce el hambre, y bien apretadas en un bollo cumplía perfectamente un plato de comida. Con independencia de ello, hoy la sardina estibá sigue siendo un bocado exquisito aunque peligroso para los hipertensos sobre todo, como un servidor, que por tal razón ya no las consumo.

El quitarles la piel es difícil, pero también nuestros antiguos inventaron un procedimiento infalible: envolver la sardina en un papel de estraza, meterla entre las bisagras de una puerta y cerrar la puerta hasta estrujarla, así la piel sale de un tirón. Arte que tenemos los ayamontinos.

 

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. 76: LA BOTA DE SARDINA

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. 76: LA BOTA DE SARDINA

Quedaron lejos los tiempos en los que en Ayamonte se batía casi a diario el record de captura de la sardina, los galeones entraban a puerto “con bandera arriba el palo”, que significaba que sus acostaos venían cargados al máximo de su aforo.

La cantidad de sardina capturada o pescada no se contabilizaba por procedimientos corrientes, es decir, no se decía tantos kilos, tantas sardinas, tantas docenas, etc., ese recuento en Ayamonte llevaba un nombre propio, especial: la bota. Así que sabíamos qué cantidad había pescado un galeón calculando la cantidad de botas que contenían las bodegas de los acostados. A esa labor se dedicaba un especialista llamado por ello aforaor.

Según nos ilustró hace ya algunos años nuestro amigo Pedrito Pérez Massoni en un programa en Canal Sur al que asistimos los ayamontinos, la bota de sardina es una cantidad equivalente a 500 kilos de la especie, que a la vez se contenían en 10 carrillos de 8 canastas cada uno. De ahí viene esa frase tan ayamontina de “todavía no se han lavado las canastas”, porque hasta que no quedaba pescado en la bodega no se lavaban, señal de que ya se había contabilizado toda la pesca.

La subasta pública de las sardinas se llevaba a cabo en un embarcadero junto a los que se utilizaban en la Carrera de Villarreal, o quizás sirviera para los dos menesteres, no lo recuerdo bien. Estaba situado frente a la embocadura de la calle Bailén, y desde allí el acostado partía camino de la fábrica que se había adjudicado la captura.

Fue una verdadera pena que en Ayamonte se dejara de oir aquel pregón callejero tan nuestro en boca de los vendedores ambulantes: “sardinas de alba”. Entonces se vendían a “tantas la peseta”, según el tamaño, la captura, la hora, en fin, la eterna ley del mercado de la oferta y la demanda.

 

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. 75: JIRNAVAR/JINCAR

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. 75: JIRNAVAR/JINCAR

Hincar es sinónimo de clavar algo, por su parte el verbo hilvanar se refiere a una especial labor de costurera y sastre consistente en echar un pespunte a la prenda que se está confeccionando antes de proceder a la costura definitiva.


Pero vamos a lo nuestro, y empecemos por cambiar letras, esa “h” la convertimos en “j” en un santiamén, como está mandado en Al Andalus, que para eso los árabes nos dejaron ese sonido de jota tan particular. Y como diría el humorista Gila, si la “h” es muda, ¿para qué la ponemos?.
Los ayamontinos no decimos jirvanar o jincar refiriéndonos a labores de costura, albañilería u otros oficios. Mas bien nos referimos a una acción rápida, contundente, especialmente referida a la comida.


Pongamos un ejemplo. Se prepara en una mesa un gran plato de jamón y otro de gambas, entonces llega el Papi y dice: eso me lo jinco yo de un tirón; o llega el niño de en medio del Perito y dice: esos dos platos me los jirvano yo antes de que cante un gallo.


Pues por ahí van los tiros, aunque no es recomendable comer tan a prisa, que se engorda mucho. Los americanos, que están muy avanzados pero no tan civilizados, han inventado esa tontería de la “comida rápida”, y como siempre hay gili por todas partes, aquí nos pegamos atragantás de hamburguesas, perritos calientes y otras lindezas. Y digo yo, ¿no les suena a ustedes términos como bocadillo en vez de bocatta y salchicha en vez de perrito caliente?.


Comer rápido es cosa de lóbrigos, no es bueno, pero la comida rápida como la que se representa en la fotografía termina siendo letal.

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. 74: EL CONTRADIÓ

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. 74: EL CONTRADIÓ

Hoy estudiamos una de esas palabras que justifican por sí sola que exista una especial, una peculiar forma de hablar, de gran fuerza fonética, expresiva, contundente: contradió.

Me da un contradió, ¿no te da contradió?, son frases utilizadas por los ayamontinos de todos los tiempos, al menos desde que me conozco. Es como un sinónimo del decir “me da un que se yo”, me da lástima y términos parecidos.

El contradió es un sentimiento muy profundo, que lo utilizamos tanto para manifestar nuestro sentir por un sufrimiento ajeno –cuando lo veo así de derrotado me da un contradió…-, y también de reproche –está tu padre en el hospital y no vas a verlo, ¿no te da contradió?-. En muchas ocasiones pasamos como distraídos ante un mendigo como el de la foto y no nos da contradió.

Se trata de una especie de examen de conciencia, de reflexión ante acontecimientos en relación con el sufrimiento, con el mal vivir.

He tratado de encontrar una etimología del término pero me ha resultado imposible, son de esas palabras que en un momento determinado saltan y se establecen en la comunidad.

Les hago una confesión: me da contradió que este artículo me haya salido tan corto, pero no veo la forma de alargarlo so pena de decir alguna tontería, así que lo dejamos aquí, al fin y al cabo se dice que lo bueno suele presentarse en formatos pequeños.

 

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. 73: EL RECARMÓN.

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. 73: EL RECARMÓN.

Es normal que los andaluces cambiemos la “l” por la “r” en nuestra especial forma de hablar: arbañiles, mi arma, etc.

Eso ocurre con la palabra recalmón, que nosotros transformamos en recarmón. Pero eso no es lo importante a efectos de esta página, lo que verdaderamente importa es el significado que los ayamontinos hemos dado siempre a dicha palabra con independencia de su significado oficial. El diccionario nos define recalmón como súbita y considerable disminución en la fuerza del viento, y en ciertos casos, de la marejada.

Para nosotros, el recarmón es algo más que la cesación repentino del viento o de una marejada. Nosotros entendemos el recarmón como una situación de calor sofocante, que sí, coincide normalmente con una situación de absoluta calma, aunque no siempre. El recarmón a que nosotros nos referimos podemos ponerlo fácilmente en relación con otro sustantivo al uso porque es precisamente cuando el recarmón cobra toda su fuerza: el levantazo.

Efectivamente, los días de levante el recarmón está asegurado, es esa situación de calor pegajoso, que te hace difícil respirar, que te trae a los recuerdos una fractura ósea de hace treinta años, que te recuerda que sigues teniendo un juanete, etc., y tristemente a las personas con alguna deficiencia psíquica las desquicia, lo pasan francamente mal en esos momentos, por eso, cuando alguien que no padece enfermedad psíquica hace tonterías solemos decirle aquello de “es chico el levantazo que tiene”.

 

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. 72: EL CAPACHO

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. 72: EL CAPACHO

En nuestro libro “La peculiar forma de hablar de los ayamontinos” ya definíamos el sustantivo capacho como un abanador de esparto u otro material similar utilizado de antiguo en las cocinas de carbón y en los braseros de cisco y tierra.

En el lenguaje común los capachos son seroncillos o espuertas que son utilizados principalmente en la molienda de la aceituna y elaboración del aceite.

Ya hace mucho tiempo que la electricidad y el gas dieron al traste con la secular forma de abrigarse en el invierno en las mesas camilla, pero no es menos cierto que aun hay mucha gente que recurren al carbón en su estado llamado cisco o tierra, al menos así lo hicimos siempre en Ayamonte, para calentarse durante la estación invernal.

El capacho ayamontino era también utilizado en las cocinas de carbón y servían para avivar el fuego, incluso en muchas ocasiones prestaron otro servicio importante: servir de base de algún cacharro de cocina recién sacado del fuego y que se colocaba en la mesa.

Pero existió una utilización en lenguaje figurado de la palabra capacho, y era la comparación que se hacía con las orejas grandes. Este joío niño, en vez de dos orejas, tiene dos capachos.

A mí me decían que tenía una oreja que parecía un capacho por el hecho de tener una oreja –concretamente la izquierda- más grande que la otra.

 

MOJARREANDO. 64: LOS ARTISTAS AYAMONTINOS SEGÚN AYAMONTE.ORG

MOJARREANDO. 64: LOS ARTISTAS AYAMONTINOS SEGÚN AYAMONTE.ORG

 

Por favor, que ningún malpensado crea que escribo este mojarreo pensando en mi persona. Que quede claro: no soy artista de ninguna de las modalidades o categorías existentes, y aunque es obvio que soy escritor  aficionado ello no significa que sea artista ni mucho menos.

Digo esto porque en la página del Ilmo. Ayuntamiento de nuestra Noble y Muy Leal Ciudad de Ayamonte, suele verse un apartado más o menos fijo dedicado expresamente a “Artistas ayamontinos”. Me parece muy bien, al fin y al cabo Ayamonte siempre ha sido tierra de artistas. Pero digo yo, ¿qué entiende el administrador de la página web municipal por artista?. Porque a la vista del conteniendo del apartado que comento, sólo es artista el pintor, y pare usted de contar. Todos los rostros y referencias que aparecen se refieren a pintores. Y digo yo que algún que otro imaginero parió Ayamonte (León Ortega, Pepe Vázquez, Pepe Antúnez, Pepe Sánchez); que algún que otro tallista parió Ayamonte (Pepe Garcés, padre e hijo, Paco Domínguez); que alguna que otra bordadora ha parido recientemente Ayamonte (las señoras de Ignacio Rodríguez y Manolo Carro María); que por ahí andará algún que otro vestidor de imágenes (Enrique Muniz, Peña, María Jiménez, etc.); que algún músico nos dio la tierra (Manolín Feu, Bustamante, Horacio). En fin, pilarín.

Lo que ocurre es que de tanto decir que Ayamonte es tierra de pintores, algunos han extrapolado el término volviéndolo exclusivo: sólo son artistas los pintores.

Yo invito a todos los blogueros a que faciliten nombres de artistas ayamontinos de cualquier modalidad por si el señor administrador de la página web municipal tiene a bien incluirlos en la misma.

 

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 86: LA CAPILLA DE SAN ROQUE.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 86: LA CAPILLA DE SAN ROQUE.

 

Antes de que en nuestra ciudad se construyera el cementerio municipal, sólo existía en el lugar un cabezo. En dicho cabezo fue erigida una capilla, la capilla de San Roque aludiendo al referido lugar, cabezo de San Roque.

En dicha capilla existía y existe un crucificado, el Cristo del Buen Viaje, que perteneció a la hostería y huerta del Cristo, regentada y asistida entonces por los franciscanos del convento de San Francisco de Ayamonte.

Como hemos dicho, en el entorno de la capilla de San Roque se construyó el cementerio municipal y a partir de entonces el nombre de San Roque fue desapareciendo del decir de los ayamontinos, que vendrían en llamar a dicha capilla como la del Cementerio.

Era una capilla recoleta, pequeñita y con un lógico halo de tristeza. Pero llegaron los “años brillantes” del urbanismo ayamontino aprovechando los ingentes ingresos que procedían de la Unión Europea y el boom urbanístico, y la preciosa y antigua capilla fue desmantelada, construyéndose en su lugar una especie de nave para dar acogida a los funerales a los difuntos procedentes del nuevo tanatorio. Nada quedó de la capilla, salvo el Cristo, que por cierto, me gustaría que algún entendido me explicara por qué los restauradores de imágenes ahora nos las devuelven blanquecinas, parecen como si las lavasen con el antiguo trisodín.

Como decía, quedó la capilla desmantelada, incluido el bello retablo, que fue sustituido por cortinas. Menos mal que no se derribó la sencilla espadaña, aunque ya nadie toque las campanas.

Por cierto, en el blog seguimos sin saber a dónde fue a parar el citado retablo, aunque ya en su día lo denunciamos y demandamos noticia. Esperemos saber algo en algún momento.

 

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 84. LA CAPILLA DE SAN ANTONIO.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 84. LA CAPILLA DE SAN ANTONIO.

Están a punto de comenzar las fiestas de Las Angustias y es lógico que durante esos días festivos bajen las visitas del blog. Pero no por eso vamos a dejarlo desatendido porque siempre habrá personas que por razones varias no tendrán ganas de fiesta y otras que viven muy lejos de Ayamonte, como Ayaba y Fa, que merecen nuestra atención, así que algunas cositas les ofreceremos. Hoy vamos a entrar en otra página de nostalgias, vamos a hablar, ilustrados además por la muy documentada María Luisa Díaz Santos, nuestra primera historiadora moderna, de un templo que durante muchos años estuvo olvidado pero que afortunadamente fue reabierto, si nó al culto, sí al menos a las visitas: la capilla de San Antonio.

El último recuerdo referido a cultos lo tengo de 1960, cuando la famosa Misión, por ser el templo al que pertenecía la calle Olivo, o sea, el Peñón, y recuerdos de la niñez, de sus escuelas adyacentes, de don Antonio Moreno, su eterno maestro, y de la querida familia de “Capricho”, que vivió siempre en una casita junto a la escuela y capilla que formaba parte del entorno.

Está situada en la calle de su mismo nombre, en el tramo de escalones, y fue fundada por el gremio de marineros. Sus rentas, en 1785, consistían en 12.000 reales anuales, que procedían de la media parte con que contribuían los artes de pesca, y un cuarentón  de jábegas, lavadas y espineles. El capellán tenía además seis reales todos los días festivos por la misa de once que algunas veces era más tarde si se divisaba la proa de un barco entrando en puerto.

Abonaba 50 reales y cuatro velas para cada matriculado que fallecía para ayuda de gastos de entierro, y mandaba decir misas por los del gremio y daba limosnas a los enfermos matriculados que por esta causa no podían trabajar. Además, tenía escuela para los hijos de los del gremio, que costeaban ellos mismos. Esta escuela pasó más tarde a ser del Estado y funcionó hasta mediado  el pasado siglo.

Su conservación, excelente durante la segunda mitad del siglo XX se debió esencialmente a la entrega del ayamontino José Mora Carnacea, conocido cariñosamente como Pepito Mora, que organizó durante algunos años fiestas en el barrio en el honor del Santo titular de la capilla.

Hoy permanece abierta a efectos de visitas y lo hace todos los martes, buena idea esta para su continuada conservación. Mi felicitación para todas cuantas personas se encargan de esta tarea.

 

SEMANA SANTA, TIEMPO ORDINARIO. 3: EL FUTURO DE LA COFRADÍA DE PADRE JESÚS.

SEMANA SANTA, TIEMPO ORDINARIO. 3: EL FUTURO DE LA COFRADÍA DE PADRE JESÚS.

Hace unos días se celebraron elecciones para conformar la nueva junta de gobierno de la cofradía de Padre Jesús. No fallaron los pronósticos y ganó la encabezada por el popular Antonio “Manteca”, al que acompañaba el no menos popular Mati, el del bar Soledad para más señas. Tengo entendido que forma parte de la nueva junta un joven amigo, hijo de un viejo amigo, me refiero a Rafael Moreno, nieto del recordado “Chulito”. Me alegro por todos ellos.

Creo que es la hora en que la cofradía nazarena empiece a cambiar, no de golpe, que sería demasiado pedir, pero sí poco a poco. Por ejemplo, en un mejor gusto en el tratamiento y ubicación de las imágenes en la propia capilla; en el exorno de su alrededor, que debería empezar por eliminar esas especies de cajoneras donde las ponen en el altar mayor de la capilla que es una ofensa a la vista. El oratorio debe tener una finalidad y no permanecer como cosa frustrada. La estación de penitencia, la rifa. Bueno, doctores tiene la lglesia, y ya sabrán los  miembros de la nueva junta lo que tienen que hacer.

De todas formas, yo creo que el mayor reto que tiene ante sí la cofradía es la de popularizarla de verdad, que no basta con decir que es la hermandad de todo el pueblo cuando hace más de un siglo que no ha salido de dos o tres manos, recobrar viejas costumbres, por ejemplo el uso de insignias, pero no a base de sacarlas antes de entrar en el Paseo y devolverlas al salir, y acabar con algunas verdaderamente denigrantes que todos conocemos.

En la composición iconográfica de la cofradía figura Simón el Cirineo, el hombre que ayuda, que podría ser el símbolo de los hermanos, pero ojo, Cirineo no es un ayudante voluntario, sino requerido, y creo que por ahí debe empezar la nueva junta, por requerir la colaboración, la opinión, del cuerpo de hermanos.

La gente cofrade está muy pendiente de lo que pueda suceder. Yo espero que Antonio y su equipo acierten en su gestión y para ello necesitan nuestra confianza, respeto y un poquito de paciencia, que Roma no se hizo en un día ni Zamora en una hora. Ahí queó.

 

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 85: LAS FIESTAS DE LAS ANGUSTIAS DE PRINCIPIOS DEL SIGLO XX (1906).

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 85: LAS FIESTAS DE LAS ANGUSTIAS DE PRINCIPIOS DEL SIGLO XX (1906).

Al mismo tiempo que los omnipresentes gallegos inauguraban en La Habana la Academia Galega; que el gran Mahatma Gandhi iniciaba su Movimiento de No Violencia en la India, entonces colonia británica, y que en España, precisamente una británica llamada Victoria Eugenia contraía matrimonio con el rey Alfonso XIII, los ayamontinos de 1906 se prestaban a organizar y disfrutar de sus Fiestas Patronales, como siempre, en honor de la Virgen de las Angustias, que comenzaban, y así fue durante casi un siglo, el día 7 de septiembre, la Víspera por antonomasia. Ahora se empieza según convenga a la venta en las casetas, los puentes festivos, en fin, pilarín.

En aquel año, por lo que se puede leer en el cartel anunciador, uno de los eventos era el reparto de abundante limosna, lo que llama la atención, pero no es de extrañar porque España, como aquel que dice, acababa de salir del desastre de la Guerra de Cuba, año 1898, y ya se encontraba ajuntando, no pa las Angustias, sino para otro gran desastre, la Guerra de Marruecos de 1911.

Aparte de ello, el cartel de fiestas -como se diría en todo carnavalero del bueno: esto es…un cartel- anunciaba multitud de entretenimientos para el personal: corrida de toros, mano a mano entre Camisero y Rerre; concurso de barcos engalanados; suelta de globos y fantoches –por cierto, más de uno tendría que haberse quedado por ahí-; bailes de sociedad, que supongo sería en los dos casinos y en la caseta municipal si la había entonces. Y así podríamos seguir.

Mas hay una cosa que me llama poderosamente la atención, y es cuando se lee: función religiosa con brillante orquesta, no se dice coro ni coral, y yo la verdad es la primera vez que leo que una misa se acompaña con  una orquesta, seguramente sería orquesta y coro, vaya usted a saber.

Lo dicho, un cartel de verdad, auténtico, para unas fiestas prolíficas en actos, en eventos atractivos. Dicen que las comparaciones son odiosas, de ahí que ponga punto y final y que los blogueros opinen lo que quieran.

 

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. 71: LA ALCANCÍA

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. 71: LA ALCANCÍA

Quiero aclarar desde el primer momento que el sustantivo alcancía no es autóctono, es decir, no se trata de una palabra creada al uso por los ayamontinos, se trata de un vocablo castellano muy antiguo, de preciosa fonética que con el tiempo fue usurpado su uso por el menos expresivo y malsonante de hucha. Los sudamericanos, que tanto y bien cuidan del Castellano, siguen llamando alcancía al cepillo destinado a recoger limosnas y donativos. Y los ayamontinos de buen  gusto en el hablar seguimos diciendo alcancía, de ahí que estudiemos el vocablo dentro de nuestra peculiar forma de hablar.

La alcancía siempre fue un utensilio propio de la niñez: se ajuntaba pa las Pascuas, pa las Angustias, pa un cumpleaños, etc.; era generalmente de barro con una rajita para introducir las monedas, no tenía candado y llegado el momento de abrirla para invertir el dinero en la finalidad establecida al inicio del ahorro no quedaba otro remedio que romperla, aunque algunas veces se recurría a la habilidad de introducir un cuchillo por la ranura para ir dirigiendo la moneda hasta ella y volcarla para que cayera. Pero, aparte la habilidad, lo verdaderamente emocionante era romperla y ver como las monedas ahorradas se esparramaban ante nosotros.

Seguramente fue la figura del cerdito la que se llevara la palma en lo que a estructura de alcancía se refiere, no sé por qué. Pero los tiempos cambiaron y del barro se pasó a la hojalata y al candadito, con lo cual se rompió de una vez por todas el carácter romántico de la alcancía, y ya empezamos a llamarla hucha.

Así y todo, sigue siendo el utensilio preferido de los niños para sus ahorros, y te la pasan por delante de tus narices con sonrisa inocente para que cojas el monedero y te espabiles, sobre todo los abuelos, que somos las verdaderas víctimas de este ancestral acoso, aunque a fuer de sinceros hemos de reconocer que mucho antes fuimos nosotros los acosadores.

La niña de la foto fue con sus padres a Villarreal y de camino le compraron una alcancía, aunque la pobre mía dirá hucha, qué le vamos a hacer, y a sus dos años y medio ya salta con eso de que “es pa ajuntar pa las Angustias pa los cacharritos”. Todavía no llega a tanto, pero estoy seguro de que para el año que viene, cuando sobrepase de largo los tres años ya nos avisará de que “no se admiten monedas chicas”. En fin, pilarín, a ver qué tenemos en el monedero porque está a punto de llegar.

 

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 83: UNA DIANA EN DECADENCIA.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 83: UNA DIANA EN DECADENCIA.

 

Próximas ya las fiestas de Las Angustias, uno no puede por menos que tener un recuerdo nostálgico de una institución prácticamente en periodo de extinción: la Diana.

Yo recuerdo la Diana del pasado siglo, allá los años sesenta y más, en que la gente iba a divertirse, a bailar y cantar y por qué no decirlo, a pegarse unos tragos de rico aguardiente. Cuando salía el sol y nos daba en la cara es cuando se notaba la tajá. Pero no se pasaba de ahí, buen rollo con los músicos y entre todo el mundo.

Pero un año, quizás en los ochenta ocurrió lo que muchos recordamos con tristeza: el pueblo apareció  lleno de contenedores de basura volcados, jardines destrozados, y niños y niñas de doce, trece, catorce años, tirados materialmente borrachos en los arriates. A partir de ahí, con la inclusión de la Charanga los del Ruedo en un evento tradicionalmente dedicado a la música, se deterioró todo. La gente amante de la Diana empezó a abandonarla, y en nuestros días, aunque aquella situación está superada, ya no es lo mismo y la Diana ha quedado para llorar un poco. Yo todos los años me asomo a mi terraza, en la primera torreta del Salón y se pueden contar con los dedos de dos manos la gente que la acompañan. Y es que quien siembra vientos...

Una de las tradiciones de la antigua Diana era el repique de campanas. Se le pedía la llave al sacristán o al párroco y se iba a repicar antes del amanecer. Esperemos que muy pronto esas campanas suenen con estruendo festivo dandol a bienvenida a una Diana que vuelva por sus antiguos fueros.

Esperamos y deseamos no ocurra lo mismo con otras cosas.

 

AVISO A NAVEGANTES: LA RESIDENCIA DE ANCIANOS NOS LLAMA, ATENDÁMOSLA

AVISO A NAVEGANTES: LA RESIDENCIA DE ANCIANOS NOS LLAMA, ATENDÁMOSLA

Desde hace muchísimos años, Ayamonte cuenta con una Residencia de Ancianos, el Asilo, como decimos los ayamontinos utilizando un lenguaje antiguo. Los que conocimos el antiguo asilo sabemos muy bien de sus grandes deficiencias, del estado lamentable en que vivían los ancianos. Pero en fin, dicen  que las comparaciones son odiosas y más si se trata de extrapolaciones temporales, así que lo dejamos ahí.

No menos cierto es que desde hace muchos años nuestra Residencia de Ancianos, que sigue teniendo su origen en la Fundación Lerdo de Tejada, ha mejorado tanto que resulta irreconocible. Hoy podemos hablar de verdadero ejemplo a seguir, no sólo en la Provincia, sino en toda España y como dijera una castizo, y parte del extranjero.

Pero es cierto que quien algo quiere, algo le cuesta. Y llegar a los parámetros de infraestructuras, asistencia personal, preparación técnica y sobre todo humana del personal, etc., ha costado y sigue costando lo suyo. Las inversiones han sido costosísimas y costosísimo resulta el mantenimiento de una nómina de personal tan abundante y cualificado, sin que ello quiera decir que “hay mucha gente”, posiblemente más manos harían falta.

Desde siempre, Ayamonte sintió el Asilo como suyo, de ahí la gran revuelta que se armó cuando alguien descubrió hace ya muchos años, como los ancianos residentes iban a ser trasladados a otro centro de la Provincia así por las buenas. Desde entonces, la Residencia ha ido evolucionando, repito, hasta los ejemplares parámetros que hoy  ofrece a la vista de todos.

Es cierto que la Fundación Lerdo de Tejada tiene bienes, pero los bienes hoy por hoy son irrealizables tal como está el mercado inmobiliario, de ahí que se haya formado una comisión, entre los que se encuentran los amigos de la fotografía, para la captación de socios colaboradores o protectores. Ya han empezado a colaborar las viejas y nuevas asociaciones juveniles de la ciudad, Solá, Santa Cruz, Canela, etc., y tanto la comisión como estas asociaciones se están encargado de dinamizar el proyecto de captación de socios.

El eslogan es tan directo como la misma vida: “abuelo, déjame ayudarte”: Pues eso es que lo que pretendemos también desde el blog Mojarrafina, interesar esa ayuda en forma de filiación, pues no se puede olvidar que ese anciano tarde o temprano seremos todos, incluso el niño protagonista.

Todo lo que hagamos por nuestros mayores siempre será poco si tenemos en cuenta todo lo que ello hicieron por nosotros. Las nuevas generaciones hoy viven con comodidad, pero esa comodidad no es más que el fruto del incalificable sacrificio de nuestros mayores.

En cualquiera de las asociaciones citadas os pueden ofrecer información, también os la ofrecerán con gusto los promotores del proyecto que me han pedido esta colaboración, Manuel Alberto Vázquez y Agustín Romero, y otros como Manolo Cruz y Manolo Martínez Guillén que creo andan también por la labor. Y ni que decir tiene, en la propia Residencia.

Así que, adelante, ayamontinos, la Residencia ha sido y debe seguir siendo nuestra. Para ello, necesita de nuestra aportación económica. Seamos generosos, como siempre. Muchas gracias a todos.

 

AYAMONTE, UN CALLEJERO MUY PARTICULAR. 32: LA LAGUNA.

AYAMONTE, UN CALLEJERO MUY PARTICULAR. 32: LA LAGUNA.

Nuestro diccionario define el término chauvinismo, como un sentimiento de aprecio desmesurado de lo nacional con desprecio de lo ajeno. Parece ser que se trata de un término afrancesado, o que son los franceses chauvinistas por antonomasia.

Personalmente, me gustaría que la definición no contuviera la segunda parte, es decir, el desprecio de lo ajeno, quedarme sólo con la primera, aprecio desmesurado de lo nacional, para poder decir a los cuatro vientos una cosita que para mí es obvia: la Plaza de la Laguna de Ayamonte es la plaza más bonita del mundo. Y ahora añado como Pilato: lo escrito, escrito está.

Porque, vamos a ver, ¿qué plaza hay en el mundo de la perfección arquitectónica, estética, como nuestra Laguna?. Sólo una vez en la Historia perdió algo de valor, fue durante casi cuarenta años, cuando fue mal denominada Plaza de José Antonio. Aquí la toponimia y la nomenclatura al uso chocaron de forma brutal.

No creo que exista un solo ayamontino que no haya jugado en la Laguna; no creo que exista una sola madre ni abuela ayamontina que no haya estado “de palique” en la Laguna mientras sus hijos y nietos jugaban; no creo que haya existido un solo municipal que no haya retirado a un niño ayamontino una pelota para dársela al rato pensando que se la volvería a retener; no creo que exista una sola mujer ayamontina que no haya jugado en la Laguna al piso o a la comba…….

Y no creo, por el amor de Dios, que exista un solo ayamontino, una sola ayamontina, que a sus quince años no haya sentido el pellizco del primer amor… en la Plaza de la Laguna.

Y ahora, añadan ustedes lo que quieran porque de nuestra Laguna se puede escribir sin límites.

 

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 84: EL BALUARTE DE LAS ANGUSTIAS.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 84: EL BALUARTE DE LAS ANGUSTIAS.

Aunque el tema de este artículo, o más bien el asunto es el antiguo Baluarte de las Angustias, no voy a caer en la tentación de hablar de él desde el punto de vista histórico, pues eso lo ha hecho ya con proliferación y total autoridad mi amigo Enrique Arroyo Berrones.

De lo que sí vamos a tratar es del crimen histórico, uno más, que se cometió en el Ayamonte de mediados el pasado siglo, cuando se hizo desaparecer de nuestro más añejo paisaje urbano dos iconos de nuestra larga y rica Historia: el Castillo y el Baluarte.

Recuerdo perfectamente que era una noche de invierno o de otoño tardío. Un grupo de jóvenes ayamontinos de ambos sexos, bajo la dirección de Manolín Feu,  nos encontrábamos reunidos en el salón de la Casa del Niño para empezar a montar la Misa Pontifical de Perossi, que posteriormente cantaríamos en la misa principal de las Angustias y en la de la Virgen de la Blanca en la vecina Villablanca.

Entre col y col, lechuga, suele decirse; así que de vez en cuando, en los descansos, nos asomábamos a la muralla del viejo Baluarte y pudimos observar como en los bajos había un hombre calentándose en una candelita de leña, seguramente se recortes de la tonelería de Genescá. Se trataba de Antonio Sosa, el eterno utillero del Ayamonte C.F., que se encontraba en aquel lugar en calidad de vigilante de los materiales y herramientas porque para otra cosa no se iba a prestar.

Esto, que no parece revestir   importancia, la tiene y mucha: en aquellos momentos comenzaba a construirse ese horrendo edificio llamado con eufemismo desmadrado “Puerta de España”, que terminó cargándose al mismo tiempo varias cosas: la inigualable vista de Ayamonte desde el río; el entorno de la iglesia de Las Angustias, y sobre todo, el viejo Baluarte, al que se tragó sin más explicaciones por parte de nadie.

Recientemente se ha recuperado gracias al empeño de Enrique el paño Sur y parece que sucederá lo mismo con  el Norte una vez derribado el edificio de ese lado. El frente será cosa imposible, o no, que la vida da muchas vueltas, vaya usted a saber.

 

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 83: LA GOLA

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 83: LA GOLA

Creo que a todos nos sorprendió cuando lo leímos un oímos por primera vez, que un pueblo, que un territorio perteneciente a una provincia se encontraba situado en otra distinta. El Condado de Treviño es un enclave burgalés circundado por la provincia de Alava, es un singular marco territorial que desde el año 1200, en tiempos de Alfonso VIII, pertenece al Reino de Castilla, hoy a la comunidad de Castilla y León.

Algo parecido, aunque desconozco la historia, ocurrió hace muchos años, más de medio siglo ya, con un enclave arenoso circundado por la costa portuguesa y que sin embargo pertenecía al municipio de Ayamonte. Ese enclave playero fue conocido y es recordado como La Gola.

Para ir a la Gola utilizábamos un transbordador de los de la Carrera de Villarreal, el barco dejaba allí al personal y regresaba por la tarde a recogerlo. Aquel lugar no tenía nada de cosmopolita, salvo la mezcla de ayamontinos y portugueses. Era una magnífica playa y pasábamos un día magnífico, en paz y a gusto. Los más atrevidos, junto con amigos portugueses, se daban un garbeo nada menos que hasta Montegordo.

Cuando se urbanizó Isla Canela se perdió la costumbre de ir a la Gola y a la playita del Salón, pero para los ayamontinos viejos la Gola siempre estará en el recuerdo. Creo que hoy denominan Gola a un lugar de Isla Canela creo que llamado de siempre Cabeza Gorda, donde se cogen coquinas todos los días y que con la bajamar forma una isla. La foto que ven ustedes es de ese lugar pues de la auténtica Gola no cuento con ninguna. Que disfruten del recuerdo.