A raíz de la publicación de la carta del cofrade Jacinto Díaz Macías, han proliferado los comentarios en el blog; comentarios para todos los gustos, unos más oportunos que otros pero sin que, como suele decirse, llegara la sangre al río.
Quisiera dejar claro a estas alturas que mi posición en el tema en cuestión, aunque indudablemente intrascendente, se sitúa en el terreno de la ecléctica. Atendí una petición de un buen amigo, lo mismo que antes y ahora atendería una que me demandara la hermandad en cuestión. Por un lado, comprendo a Jacinto y creo que su carta no era ni mucho menos ofensiva; por otro lado, quiero desde mi blog manifestarme en defensa a ultranza de la Junta de Gobierno actual de la hermandad de Excombatientes. Y digo esto porque soy de los que no cree en el populismo, en las citas demagógicas que recurren al concepto “pueblo” con facilidad pasmosa: que si la hermandad es del pueblo, que si el pueblo debe saber esto o lo otro, que si hay que contar con el pueblo, y así podríamos continuar.
Pues bien, nada de eso es adecuado, ni conveniente, ni resulta nunca. El pueblo, señores blogueros, querido amigo Jacinto, queridos amigos de la Junta de Excombatientes, empezando por su hermana mayor, mi admirada Mercedes, y ella bien lo sabe que es así, el pueblo, así, en estado de abstracción, al final, ni fu ni fa, ni tuje ni muje. El pueblo en materia de Semana Santa, aunque no guste leerlo a los exquisitos cofrades, para lo único que está es para: pagar la papeleta de sitio no para ayudar a la hermandad, sino para vestirse de penitente; criticar y poner pegas a casi todo lo que hacen esos grupos de buenos cofrades ayamontinos que se encargan del funcionamiento de las hermandades con un y mil sacrificios; para vivir de espaldas a la Semana Santa durante casi todo el año; para no asistir a los actos litúrgicos, y así podríamos seguir hasta cansarnos.
Ahora bien, venga pueblo para ver las procesiones, que eso sí da lustre a la semana de Pasión, y digo las procesiones porque ni siquiera asiste, el “pueblo” quiero decir, al Vía Crucis, aunque la imagen que salga sea la del mismísimo Padre Jesús.
La Semana Santa es un espectáculo colorista, cultural, folklórico en el sentido estricto del concepto, y no otra cosa. Lo demás, el trabajo, el sacrificio, el dar la cara, el firmar avales siempre comprometidos, el trabajar como negros en montajes y desmontajes de casetas, etc., eso queda para los menos, para los directivos, a los que luego exigimos que den permanentemente cuenta de todo lo que hacen. Y me consta que no fue esa la intención de Jacinto, cofrade y persona ejemplar, que además ha tenido el gesto humilde de disculparse, lo que le honra.
Si me permiten la comparación, parodiando al genial Paco Robles, yo diría que el mundo de la Semana Santa ayamontino es como el viaje del Titanic: lo importante es que cuando se hunda nos coja acomodados en la cubierta principal a fin de no perdernos el espectáculo, lo demás, es cosa de camareros, de músicos, de la tripulación… y de los icebergs, que nunca faltan a la cita.