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Mojarra Fina: El Blog de la Mojarra Fina Ayamontina

MOJARREANDO. Incomprensible, pero real.

MOJARREANDO. Incomprensible, pero real.

Cuenta uno de sus biógrafos, que ya anciano el gran imaginero Martínez Montañés, postrado más que sentado en una silla a las puertas de la iglesia del Salvador, en Sevilla, al salir el paso de Pasión el capataz mandó arriarlo junto al insigne imaginero. Y éste exclamó mirando a sus manos temblorosas: como es posible que unas manos como estas hayan engendrado esta maravilla.

Es así, en muchas ocasiones, por fortuna, nuestra obra nos supera. Envejecemos casi sin darnos cuenta y de pronto nos damos cuenta de que nuestra obra nos ha superado con creces, incluso pensamos que está muy por encima de nuestras posibilidades.

El pasado día 7 tuvo lugar la espléndida Ofrenda de Flores que organiza la hermandad de nuestra Patrona. Todo el entorno era belleza pura, desde la estampa tierna de la niñez a la de la madurez pasando por la joven.

En la Laguna quité esta foto a una de mis hijas con la suya, es decir, mi nieta. Y como en su momento dijo Martínez Montañés, me dije: como es posible que una parte muerta, un desastre como yo haya hecho posible ésto. Pero así fue, para mi orgullo.

NUBARRÓN DE PESARES. A Rocío Concepción, en su dolor.

NUBARRÓN DE PESARES. A Rocío Concepción, en su dolor.

            Desde un primer momento, el rimer fue invadido por la pena húmeda convirtiéndolo en un nubarrón tal que de negros presagios. Pero no lo eran, ese nubarrón que caía inmisericorde sobre su bello rostro no era otra cosa que la expresión de una tormenta de dolor, de angustia, de desazón, de túneles de salidas imposibles, de aire espeso, de un ayer reciente que se empeña en ser siempre hoy, a todas horas, en todo momento, abarcándolo todo como el avaricioso abarca el dinero. La apresa, la hace suya y la oprime.

            Así la vi saliendo del templo de las Angustias, pies descalzos firmes y a la vez tambaleantes, rostro dolorido cuyo dolor no interesa su belleza pero la nubla y hace que cuando la miras sienta compasión, ese sentimiento de conmiseración que te une a las personas a las que quieres. Ella lo sintió por nosotros ya va para seis años y aun perdura en su corazón el recuerdo de quel ángel llamado Loreto que la cautivó y a la que quiso en el límite de la misma adoración.

            Camina firme, pero tambaleante, entre sones de marchas procesionales que tanto ha disfrutado y tanto ha comentado en su larga vida de reportera. La saludamos con brevedad sabiendo que ella necesita seguir caminando en soledad, llorando hacia adentro, suspirando hacia adentro, estremeciéndose por dentro. El rimer se sigue extendiendo y el nubarrón de los pesares se acrecienta. Temo y espero, con espera no querida,  que a esa presa de dolor haya que abrirle las compuertas, tiene que ser así. Y será.

            Y fue. Calle Real-Esquina la Peña. Un caserón a la derecha muestra sus balconadas cerradas, esas balconadas por las que se asomara su familia durante años. Y él también, él también trató muchas veces de acariciar un palio. Ahora ya no es posible, y esa imposibilidad se convierte para ella en una especie de tormenta perfecta. Y explota. Ahora gime hacia fuera, llora hacia fuera, se estremece por fuera, alguien, quizás Aquella que va delante, ha abierto las compuertas de la presa. Era necesario que así fuera y Ella lo ha propiciado.

            Al llegar a Hermana Amparo nos despedimos del cortejo, nos alejamos de ella y la observo cómo sube la cuestecilla otra vez recogida, amparentemente  impertérrita pero sentimentalmente oprimida. Delante caminan las Angustias de todos; detrás, las de cada uno. Y las de ella, que seguro volverá a repetir, porque el nubarrón de las penas, de las angustias, no nos abandona nunca. Amaina, pero permanece.

            Regresamos a casa y nos la llevamos en nuestros corazones, como ella nos llevó en el suyo hace ahora casi seis años. Y nos seguirá llevando. Mejor así, Rocío, porque al repartirse la carga el camino se hace más llevadero.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. La cartelera del Cardenio en las antiguas Angustias.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. La cartelera del Cardenio en las antiguas Angustias.

Cada tiempo viene a ser testigo de sí mismo. Cada momento de la Historia es irrepetible, por mucho que nos empeñemos en decir que la Historia siempre se repite. Vivimos tiempos de crisis económica y sin embargo vemos como a nuestro alrededor proliferan los espectáculos a cuya asistencia y participación necesitamos ir con la cartera en condiciones.

En otros tiempos, de crisis de verdad, incluidos los de las tristemente recordadas cartillas de racionamiento, nos conformábamos con menos. Las fiestas de las Angustias de mediados el pasado siglo fueron muestra de lo que antecede. Escasos espectáculos: una modesta verbena popular en el Paseo, algún cuadro flamenco en la plaza de toros, la novillada organizada por la empresa Pagés, la charlotada para los más pequeños, y pare usted de contar.

Aunque nuestro cine Cardenio funcionaba a diario hasta con dos sesiones –la primera y la segunda solíamos llamarlas- llegadas las fiestas patronales también se vestía de gala y nos ofrecía películas imposibles de ofrecer durante el año a precios normales. Lo que en las grandes capitales habían sido estrenos aquí se reestrenaban, era una programaciión de lujo que se esperaba con entusiasmo. Dentro de nuestras actividades preferidas: procesión, fútbol, verbena... esperábamos ansiosos conocer la cartelera. Los Ivanhoe, Quo Vadis, Espartaco...llegaban a nuestreo Cardenio, lo que significaba para nosotros ver películas de estreno.

En la imprenta de Esperancita Hidalgo se imprimían los programas, la empresa del cine se esmeraba en preparar los escaparates de las carteleras. Las entradas, por supuesto más caras, pero la ilusión por ver grandes películas requería un pequeño sacrificio.

Con qué poco nos conformábamos. No había para más. Todo aquello pasó y llegó la época del derroche, derroche que a la vez nos devuelve a un periodo de crisis, pero no porque la Historia se repita, los que nos repetimos somos nosotros, que no escarmentamos.

Lo dicho, aunque hoy parezca un tanto ridículo dado que pasamos casi de todo, la cartelera del Cardenio durante las fiestas de las Angustias significaban un verdadero espectáculo, hasta el punto de que terminaban figurando en el programa de festejos.

MOJARREANDO. Me voy a cagar en la madre que parió a Panete.

MOJARREANDO. Me voy a cagar en la madre que parió a Panete.

Desde hace un tiempo a esta parte viene el Pepeluzla hijo subiendo al Feisbu fotos antiguas para deleite de todos. Yo las estoy guardando pues creo que merece la pena.

Pero como son eso, muy antiguas, a veces no recordamos o identificamos bien escenas, paisajes, personajes, y ello da lugar a una divertida y pacífica polémica. Una de las que más debate ha provocado ha sido la del famoso Pino Gordo de la Estación.

Viene mi querido pariente, el botánico reciclado a músico coral, y nos dá en el bebe con que no es un pino, sino una Casuarina, primero dice que equisetifolia y después, cuando ya empezábamos a digerir el disparate botánico aclara que no es equisetifolia sino cunninghamiana. Toma del frasco, carrasco.

Nos hemos llevado media vida y casi la mitad de la otra media huyendo del pescado azul por lo malo que era y ahora resulta que es riquísimo de omegas, antioxidantes y otras pamplinas y que el que se quiera morir que se muera, que teniendo a la mano sardinas y boquerones es porque le da la real gana.

Yo le pregunto a mi pariente el botánico-músico cómo quedo yo con su primo el Prior de la Orden de los Hermanos Hospitalarios, en la Casuariana cunninghamiana, cuando de toda la vida nos hemos visto antes de las vísperas en el Pino Gordo de la Estación. Y es que, además, para más inri, no es que sea para nosotros un pino, ni un pino gigante, ni grande, ni robusto, es que es el Pino Gordo, que además no se cría en ningún sitio más que junto a la estación. Una especie que sólo se puede visualizar en Ayamonte, así que a ver si la Excma. Sra. Diputada de la Costa lo promueve como bien turístico y especie autóctona.

No sé a donde vamos a ir a parar, lo digo francamente. Y digo una cosa bien en serio: como el Prior de los Hermanos de la Orden Hospitalaria diga un día que la casa que había pasado el Pino Gordo de la Estación no era colorá sino granate, me voy a cagar en la madre que parió a Panete.

Por cierto, alguna persona mayor como Manolo Cruz ¿puede decirnos quien fue el tal Panete?.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Olores para la nostalgia 9.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Olores para la nostalgia 9.

Muy cerquita del antiguo y desaparecido “Pasaje”, esa estampa bellísima que recoge la fotografía antigua que publicamos, con el baluarte al fondo y todo el sabor marinero ayamontino, hubo hace ya muchos años una cafetería, concretamente en la calle Aduana haciendo esquina con calle Isla Cristina, junto a las oficinas y almacenes de los hermanos Martín Navarro, conocidos por los “Vituallas”, empresa denominada “Combustibles y Suministros”. La cafetería estaba regentada por un hombre extraordinario y su hijo, y era conocida por la cafetería de “Manolito el del Quiosco”. Estaba cercada por el Despacho Central de la Renfe y por la fábrica de conservas “Indemar”.

Así que entre los olores a pescado de los viejos camiones del Despacho Central y el de sardinas cocidas en  las calderas de la citada fábrica, uno muy especial destacaba: el incomparable olor a café bien hecho de la cafetería de “Manolito el del Quiosco”. No entiendo mucho de la materia, pero casi me atrevo a decir que era la cafetería en que se hacía el mejor café de Ayamonte. La familia se esmeró siempre en mantener esa indiscutible calidad.

Una especialidad de la casa, que les salía primorosamente, eran los populares “carajillos”, café con leche y coñac que tomábamos a primeras horas de las mañanas de invierno y que nos aliviaba el frio. Yo trabajé durante algún tiempo en las oficinas del Despacho Central, y más de un “carajillo” me tomé con mis primos Manolo Cruz y Pepe el Cangrejo. Qué tiempos. Parece como si todavía sintiese el aroma del café bien hecho de “Manolito el del Quiosco”.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Olores para la nostalgia 8.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Olores para la nostalgia 8.

A donde nos acercamos hoy en busca de nostálgicos olores es a un lugar al que asistimos y frecuentamos un gran número de niños y muchachos ayamontinos, aunque algunos, hoy muy bien situados, sientan vergüenza de admitirlo. En fin, pilarín.

Fue un cura vasco destinado en Ayamonte, y según se rumoreó en su tiempo, defenestrado por prestar demasiada atención a los pobres poniendo a los ricos lo que se dice la cara colorá, el recordado padre Gutiérrez, el que impulsó la construcción de la Casa del Niño, verdadero comedor de niños hambrientos de los años cincuenta del pasado siglo.

Pasada la puerta de la iglesia entrábamos a la Casa del Niño, bien a desayunar, bien a almorzar, que es como los andaluces llamados a la comida proncipal. Por supuesto que el lujo estaba ausente de aquellas enormas perolas y de aquellos modestos platos de aluminio, pero no por ello exentos de los necesarios nutrientes, lo que motivaba que en aquella bendita casa y sus alrededores se disfrutara de olores, estupendos olores a buena cocina.

Encabezadas por la siempre recordada Juanita Gil y Josefa, la madre de nuestro amigo y recordado ayamontino “Escayola”, un abnegado grupo de mujeres nos cocinaban los alimentos necesarios para nuestra nutrición adecuada.

Olores a lentejas y judías bien guisadas; a café “de puchero” estupendamente hecho que parecía de bar; olor a mantequilla untada en tierna viena; olor a queso americano y a leche en polvo; olor a higos secos y a dátiles; olor a arroz con leche; y sobre todo, olor a caridad, a fraternidad.

Quien ahora lo niegue y quiera rectificar, lo tiene fácil: cierre los ojos, se de una vuelta por su niñez, suba Ainé Carbonell como hizo tantas veces, entre en la Casa del Niño y coma, pero antes de llegar, huela, que no es malo ni vergonzoso.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Olores para la nostalgia 7.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Olores para la nostalgia 7.

Hoy vamos a detenernos en un lugar pequeño y concreto para recordar dos inconfundibles olores del pasado siglo. (No tengo fotografía del lugar, así que he puesto una alegórica, si alguien tiene una que me la envíe, por ejemplo el Luzla).

El sitio en cuestión es la calle Huelva, entre el cruce con Buenavista y la Callejita Estrecha y la antigua casa del Tejaíto.

En ese tramo la clásica calle se inundaba de dos olores bien distintos aunque muy apetecibles los dos: el procedente del almacén del “Chacinero”, que iba de la calle Huelva hasta la Avenida, y un poco más adelante, en la acera de enfrente, el olor a tahona clásica de bueno de Elías.

El chacinero en cuestión era un señor creo  recordar muy alto, posiblemente de Alosno o de otro pueble de nuestra Sierra huelvana. El almacén era enorme, se veían los grandes depósitos de aceite y la chacina colgada del techo impregnando con sus olores tanto la calle Huelva como la Avenida. Ello me recuerda una frase de mi mujer: “huele que alimenta”. Posteriormente el almacén pasó a ser propiedad del matrimonio “Gimiendo y llorando” más bien ya para la venta de aceites, vinos, licores y refrescos. Con ambos propietarios trabajaron los hermanos Carrega, grandes trabajadores. Y un señor mudo cuyo nombre no recuerdo, también un gran currante.

La tahona de Elías, por su parte vendía unas teleras exquisitas, se entraba a una especie de zaguán y a la izquierda había un par de escalones que daba acceso al mostrador, tras del cual nos encontrábamos a la esposa del panadero y madre de nuestro amigo Rafael, Narcisa, todo amabailidad. En más de una ocasión, por no decir que a diario, irían los amigos Bole y  Santi Puga a comprar el pan. Corto espacio para tan grandes y recordados olores. No sé si el Ayaba recordará al “Chacinero” pues yo soy mayor que él y mis recuerdos con de mi infancia. El Fa seguro que sí lo recordará aunque a él le cogía lejos de su casa.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Olores para la nostalgia 6.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Olores para la nostalgia 6.

Vamos a entrar hoy en uno de esos lugares ayamontinos en que los olores se mezclan de la forma más heterogénea, aunque con prelavencia de uno de ellos.

El inolvidable maestro barbero Celedonio Martín Montes, padre de nuestro querido amigo y prudente comentarista del blog Manuel Celedonio Martín Ríos, acaba de afeitar a su amigo y cliente “Padre Juan”, padre del amigo Ayaba, y masajea su curtida cara de marinero recio con un pruducto de los que nunca deacaen y que todavía lo encontramos en las perfumerías: Floid, loción para después del afeitado. Y así, entre la limpieza clásica de la barbería y el Floid, la Callejita de Celedonio el barbero olía a gloria, a sanidad pura.

Un poco más adelante, a la derecha, un aficionado a la cacería como podría haber sido mi recordado primo Manolo el Caballita, entra a la ferretería-droguería “La Llave”, de Cayetano Ojeda Gamero, hijo y sucesor del legendario Cayetano Ojeda Fernández y padre de uno de los líderes locales más destacados del PP, a comprar un cartuchillo de pólvora para el avío cinegético. Sin perderse del todo el olor de la barbería, empezamos a percibir ese olor a azufre mezclado con los productos propios de la droguerías.

Y de repente, un olor pasa por encima de los otros con fuerza: el inconfundible olor a café, en este caso portugés, de la tienda de Feliciana, precisamente por ello conocida por Feliciana la del café. Una singular mercería tras de cuya presencia lo que en realidad se vendía era el café y el tabaco portugués.

No desaprovechmos la ocasión para recordar otros olores de ese sector: los de la excelente pañería de Guerrero, Manaolito “el Lápiz” y Paca la Parreña; a madera recién cortada y cepillada de la capìntería del maestro Aguilera, y ya más antiguo que ni siquiera el autor de este artículo lo conoció, el buen olor a vinos y licores del bar “La Sacristía” que regentaba el padre del amigo Enrique González, para más pista, abuelo de nuestro querido Jesús “el Pistolero”. Que aproveche.

LA BUENA GENTE DE AYAMONTE. José Andrés Antúnez, Pepe Antúnez.

LA BUENA GENTE DE AYAMONTE. José Andrés Antúnez, Pepe Antúnez.

Feliz Año Nuevo, le digo; feliz Año Nuevo, me contesta. Es el mes de agosto, o un día de la Semana Santa, y la gente que no sabe de qué va la cosa se nos queda mirando calculando la ingesta de alcohol que llevamos dentro para semejante y disparatado saludo.

Todo tiene su explicación. Hace muchísimos años, en el desaparecido bar de Saturnino, en la entonces calle Capitán Cortés, celebrábamos como podíamos la llegada del nuevo año. Cuando sonaron las campanadas vino el saludo ritual y habitual: feliz Año Nuevo. Pero como para entonces ya le habíamos dado al vidrio lo suficiente, lo repetimos cientos de veces a lo largo de la noche. Se quedó como rutina y así hemos seguido Pepe Antúnez y yo.

El amigo Pepe Antúnez, según el Registro Civil José Andrés Antúnez, es un ayamontino de los buenos de verdad. Lleva en Madrid más de cincuenta años, viene con mucha frecuencia, y cómo es el andoba que en vez de Madrid parece que viene del Banderín, de lo normal que se presenta. Hay muchos que se van fuera un fin de semana y ya viene como Aznar: “estamos trabajando en ello”, no deje tejano.

Pero lo principal es que el amigo Pepe, además de un artista de la imaginaría y creo que de la carpintería oramental, es una buenísima persona sea cual sea la hora en que se levante. Ni ha perdido el estilo, ni ha perdido los amores por su pueblo y por sus gentes, que le queremos y que nos alegramos cada vez que vienen por aquí. Hace muchos años su suegro, Perlacia, lo recibió en la familia como lo que es, una perla de bondad, fidelidad y ayamontinismo.

Aunque no vive entre nosotros, supongo que el señor Prior de la Orden Hospitalaria no tendrá inconvenientes en admitirlo en el club de la Buena Gente de Ayamonte. Se lo merece de sobra, así que, amigo Antúnez, bienvenido.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Olores para la nostalgia 5.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Olores para la nostalgia 5.

En esta quinta entrega vamos a pasar por una calle de las más populares de Ayamonte, la calle José Pérez Barroso. Recibe el nombre del cabeza de familia de una importante saga de conserveros y armadores ayamontinos, cuya empresa más representativa era “Pérez y Feu, S.R.C., con acceso principal por el Muelle de Portugal y ventanas a la calle José Pérez Barroso a la que daban las oficinas y talleres en los que aprendió el oficio de mecánico nuestro amigo Santi Puga de la mano de su maestro padre y del también maestro Parreño.

Desde mediados el pasado siglo, o quizás antes, está establecido en dicha calle un bar popularísimo: bar Margallo, que ha pasado de padre a hijo sin cambiar el estilo y su oferta principal, el pescaito frito de morralla.

Así que entre el inconfundible olor a conservas procedentes de las viejas calderas de la fábrica, sardinas y atún principalmente, y el olor a fritura de pescados del bar Margallo, deambular por la calle José Pérez Barroso resultó siempre un placer, aunque desde hace años aquel olor a conservas en elaboración nos dijo adiós, como también nos dijo adiós hace muchísimos años el inconfundible olor a madera vieja del cine Creoli, al que íbamos a ver películas del Oeste en blanco y negro.

No podemos dejar de hacer una referencia especial a la antigua taberna del Tío Garrote y sus especiales olores a vino de bocoyes, y a los olores sanitarios del centro maternal y casa de socorro Antonio Massoni Jesús.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Olores para la nostalgia 4.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Olores para la nostalgia 4.

Otra  de las calles ayamontinas que nos legó y aun sigue ofreciendo olores de categoría es la calle Juan de Zamora, la veterana calle peatonal junto con la calle Real.

Viniendo desde la Plaza del Rosario –lo que siempre fue la esquina del Correo-, el primer olor que percibíamos era el las inigualables aceitunas aliñadas de José el del Zampuzo, un misterioso olor a un aliño jamás revelado, pero que sin duda fueron las mejores aceitunas aliñadas que se puedan recordar. Olor a vermut y a vino dulce, mistela y moscatel, para preparar la bebida que le dio fama al Zampuzo: los betis.

Un poco más adelante, frente al Zampuzo, olores a acémilas, especialmente burros, que paraban en la posada existente en la calle, a pesar de lo cual no se puede decir que fueran malos olores, como no lo fueron nunca en el muelle los de la morca, las sardinas estivás y la salmuera, al fin y al cabo olores a trabajo que busca el pan bien ganado.

Ya en la esquina, en el cruce con calle San Juan, bien avanzado el siglo vino a establecerse el muy recordado “Biri Biri”, con un bar al frente de cuya cocina estaba la buena de Pepa la Carpante, su esposa, cuya mejoría en su salud deseamos desde el blog. Olores a filetes empanados y a los ricos guisos que elaboraba, y que vino a “disimular” otro tipo de olores poco agradables provinientes de la vieja Maricambá.

Y como reina de los olores de la calle Zamora, la siempre señera e incomparable cocina del restaurante Casa Barberi, desde los tiempos de su fundador, pasando por su hijo Pepe y hoy por su nieto, ese olor incofundible a guiso de verdad, auténtico, elaborado en parte por una mujer muy querida y en el recuerdo de todos los ayamontinos que la conocimos y tratamos: Isabel la Jeringa.

AVISO A NAVEGANTES. Aspreato nos llama una vez más.

AVISO A NAVEGANTES. Aspreato nos llama una vez más.

En muchas ocasiones nos cuesta trabajo realizar una buena obra, al fin y al cabo todos tenemos también necesidades que cubrir.

En otras ocasiones la buena obra nos puede resultar, no sólo gratis, sino además aliviarnos de una carga al desprendernos de algo inútil que en muchas ocasiones ni siquiera sabemos qué podemos hacer con el “tiesto” en cuestión.

Casi seguro que la mayoría de nosotros tiene en casa un MÓVIL inutilizado, que ya no funciona y que además no tiene arreglo.

Pues desde MOJARRAFINA les decimos que no es cierto, que SÍ tiene arreglo, y además gratuito. ¿Sabéis cual es?: ENTREGARLO EN ASPREATO, calle Santa Clara o si véis por la calle a Paulete, el amigo PAU, dárselo directamente.

Con la entrega de esos móviles inservibles haremos una buena obra en beneficio de ASPREATO. Por cada uno recibirán 5 euros, y eso nos recuerda aquello del grano de arena.

Pues lo dicho, entreguemos nuestros inservibles móviles en ASPREATO y haremos una buena obra. Gracias por anticipado.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Olores para la nostalgia 3.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Olores para la nostalgia 3.

El primer tramo de la calle Huelva, la que va desde la esquina de Rompeculos a Hermana Amparo –antes Calvo Sotelo- era generoso en buenos olores en aquellos tiempos de tiendas de ultramarinos, bodegas de bocoyes y canillas y cocinas añejas donde se frie el pescado, el individual y el de moralla. Tramo de procesiones, de la Villa y de la Ribera (sin que ello suponga hablar de Semana Santa), y de antigua romería del Calvario.

Los primeros olores, a la derecha de la calle según se viene de Rompeculos, los inconfundibles a chocos fritos del antiguo bar Gildo. Recuerdo que de muchachos íbamos hasta la puerta trastera del bar, donde estba la cocina, a oler los chocos recién fritos, eso, a oler, que entonces era la única “adquisición” posible. Buena cocina la del bar Gildo. De siempre.

Más adelante, los incofundibles olores a vermú, vino y coñac de la “Oficina”. Aclararemos esto para los jóvenes: en realidad era una tasca donde se expendía vino y licores para la calle,(cuando el padre de nuestro amigo Manolo Guerreo llegaba de la mar lo mandaba a comprar un cuarto litro de vino mesturao), pero también se servía en el interior a una más que fiel clientela de gente pobre. Creo que su dueño, Elías, era habilitado de pensionistas o algo así, y no era por ello un tabernero al uso, tenía una mesa grande de esas de oficina, de ahí el nombre del despacho de bebidas. Camareros inolvidables como el Badana y no tan olvidable porque aun está entre nosotros, mi amigo Manolo Barroso, el Gordo del Queveo, padre de un muchacho rubio que despacha gasolina en la Bp y de camino vende décimos de lotería de Navidad para su hermandad.

Frente a la “Oficina”, la inolvidable tienda de comestibles, o ultramarinos, como antes eran nombradas (hoy, con eso de las grandes superficies han quedado en simples “tiendas para el desavío”), del matrimonio compuesto por Eduardo Morán y su esposa, Sarita, así que hablamos de la tienda de Sarita, que era como la conocíamos. Olores a aceite que se despachaba manualmente por aquel sistema de válvulas, a cereales desapachados a granel y traídos desde el interior de la tienda donde permanecían los casos de arpillera, y sobre todo, de jamón, ese jamón auténtico que cortaba el mejor cortador de jamón del siglo: Eduardo Morán. Cortaba también lonchas de tocino de jamón e incluso de tocino solo, que iban a comprar los clientes de la “Oficina” para acompañarlas con la bebida y que se llevaban en un trozo de papel de estrasa que a la vez les servía de platera o plato. En esa tienda se hizo tendero mi amigo Jacinto Díaz:  de despachar todo de lo dicho, terminó despachando juguetes y ahora se dedica al arte de la fotografía, pero en plan aficionado.

Bueno, ya tenemos olores a gaseosas, a colonias de a granel, a choco frito, vermú, vinos y coñac, y jamón. Y no hemos hecho más que empezar. Que aproveche.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Olores para la nostalgia 2.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Olores para la nostalgia 2.

Hoy tratamos de otros olores del pasado ayamontino casi desterrados, por no decir desterrados del todo: los olores a perfumes o, como se decía de forma más abreviada, a colonia, que no es más que una abstracción de los primeros citados.

La irrepetible y preciosa foto con que se ilustra este artículo está tomada en la esquina de la calle Real, desde lo que fué el restaurante la Peña y que ha dado lugar a un acertado rótulo cofrade ( y que conste que esto no va de Semana Santa, no vayan a creerse algunos que hemos faltado a la palabra) : Esquina la Peña, lugar cofrade. El rótulo que se lee es el de “M.SÁNCHEZ”, que  responde ni más ni menos que a la legendaria tienda del inolvidable Miguel Sánchez Muniz, “Sanchito el de la Giralda”, padre de mi compadre Antonio Sánchez Domínguez, que aun sigue con el negocio aunque a través de una reforma estructural.

Eran tiempos en que en las perfumerías, y la de Sanchito lo era de categoría, se vendía la colonia a granel. Todo una ceremonia: se llevaba una frasco pequeño y nos la despachaban desde uno grande a través de un embudo muy estrecho, hasta el punto de que había que presionar con la palma de la mano sobre su parte ancha, para forzar la entrada de la colonia al frasco pequeño. Es de comprender que de tanto despachar colonias el olor se quedara en la tienda, en la puerta y en la calle de la misma manera que se quedan los olores de las freidurías. El quid de la cuestión es que esos maravillosos olores eran la mezcla de todos los que se habían manejado durante el día.

Entrar en la tienda de Sanchito y aspirar profundamente se había convertido en rutina, y quedarse un ratito en la esquina para percibir el fresco olor a colonia nos proporcionaba un momento muy agradable.

La calle Real, el tramo principal de la calle Cristóbal Colón, fue siempre calle de exquisitos olores, como los de las inolvidables reposterías del Buen Gusto y de Esteban, o la de chocos fritos del bar Gildo. Pero de eso ya hablaremos en su momento.

Ya tenemos olores a gaseosas frescas y a colonias de a granel. Aspiremos el aire profundamente, disfrutemos de los olores ayamontinos de antes.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Olores para la nostalgia 1.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Olores para la nostalgia 1.

No comulgo con los que afirman que todo tiempo pasado fue mejor, pero sí hemos de admitir que los tiempos nuevos borran las huellas de muchos momentos del pasado que recordamos con nostalgia. Entre esos momentos se encuentran el de los olores, esos olores propios de los pueblos, de sus calles, de su forma de vida.

Ayamonte siempre fue, sobre todo a mediados del pasado siglo, un pueblo con olores muy definidos.

Deambular por la calle Iberia o Comandante Haro o Huelva, pero siempre Lepe para los viejos ayamontinos, y llegar a la embocadura de las calles San Antonio y Rodrigo de Jerez, significaba percibir los olores, los frescos e incomparables olores dimanantes de la antigua fábrica de gaseosas de los hermanos Cabrera.. Olores frescos, sedativos en verano, a limpio, perfumes de esencias mezcladas con la soda y que en las  noches de verano invadían el cine de verano de la plaza de toros, junto con el olor al buen aguardiente de las palomitas servidas por la familia Saldaña. No era raro contemplar como muchas personas solían pararse a las puertas de la vieja fábrica de gaseosas para contemplar la elaboración en directo y a la par disfrutar de esos olores inconfundibles que ni por asomo vinieron a sustituir los nuevos refrescos.

La fábrica de gaseosas de los hermanos Cabrera nos dejó sus olores para la nostalgia, por eso nos referimos a ellos en Mojarrafina, como nos iremos refiriendo en entregas próxima a otros recordados olores del pasado de Ayamonte.

AVISO A NAVEGANTES. Sardiná en San Vicente de Paul.

AVISO A NAVEGANTES. Sardiná en San Vicente de Paul.

El próximo viernes, día 27, el recién creado Economato San Vicente de Paul, organizará en el patio trasero de la parroquia de San Vicente en el Salón de Santa Gadea, una sardiná a fin de obtener fondos para con ellos mitigar en lo posible las necesidades de los más pobres, las víctimas de la terrible crisis que nos acosa.

En estos momentos, sin perjucio de todos los análisis que podamos llevar a cabo, es necesario ir por derecho y atender las necesidades más perentorias de los más necesitados.

Por el cartel que publicamos con este aviso podréis deducir la ofeta general del evento.

Desde Mojarrafina, como en otras ocasiones similares, animamos a todos a la desinteresada colaboración, que en este caso llevará la contraprestación del buen yantar y de un momento agradable.

Os esperamos a todos en la iglesia de San Vicente el próximo día 27, viernes.

No falléis. Hay mucha gente necesitada que nos espera.


  

AYAMONTE EN EL RECUERDO. La otra crisis.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. La otra crisis.

Dicen que no hay nada más malo que un estómago desagracedecido. También se puede decir de otra forma, que no hay nada más peligroso que un estómago agradecido. Y es que el estómago, cuando está vación, suena, y cuando te lo llenan, pues ya sabes lo que decía la abuela: la barriguita llena alaba a Dios.

La foto nos traslada al Ayamonte de los años cincuenta del pasado siglo. En ella aparecen una serie de amigos entrañables a la espera del rancho de pobres. El padre Gutiérrez había construído la Casa del Niño precisamente para eso, para saciar el hambre de los más necesitados. (Quiero aclarar enseguida que si yo no estoy en la imagen no es porque no asistiera a esas comidas de pobres, simplemente estaría en otra mesa).

Traigo esto a colación con el deseo de que los que hoy se sienten muy apenados porque ha caído su poder adquisitivo, porque han tenido que dejar el segundo coche, porque han vuelto a casa de sus padres porque no puede hacer frente a una hipoteca imposible, porque en vez de un mes de vacaciones se tienen que conformar con una semana, piensen que no siempre tiempos pasados fueron mejores, sino más bien al contrario, peores.

Paradójicamente esa foto está tomada en esos años de grandísima prosperidad para Ayamonte, o mejor, para unos pocos. Más de catorce fábricas de conservas y un sin número de charangas trabajaban día y noche, los galeones no daban a basto en la pesca de la sardina. Pero la Casa del Niño recogía a diario a docenas de niños necesitados de lo más elemental, la comida caliente que en sus casas no era posible.

Salimos de aquello, y después, con el paso del tiempo, vino lo que vino, eso que muchos ilusos o interesasados dieron en llamar “estado de bienestar”, que al final ha desembocado en un estado de necesidad.

¿Aprenderemos de la Historia?. No sé, mientras en el camino siga esa piedra con la que el ser humano suele tropezar más veces al el mismo burro...

MOJARREANDO. La sexta remuda.

MOJARREANDO. La sexta remuda.

Aunque lo parezca, este artículo no va de Semana Santa; se puede hablar de Padre Jesús, de cargadores, de remudas, pero no va de Semana Santa. Si fuera de Semana Santa se anunciaría así en el título, como se ha hecho siempre, pero como no va de Semana Santa, no se anuncia en el título como asunto que concierne a la Semana Santa. Ni de Semana Santa, ni de Cuaresma, ni de capillitas. Como diría un lenguapato moderno, “para nada”. Una vez que ha quedado claro que el presente artículo no va de Semana Santa, vamos al grano:

Todos sabemos que la cofradía de Padre Jesús cuenta con cuatro remudas. Pero yo añadiría dos más. A saber: la quinta remuda, que la refiero a aquellos cargadores ya retirados, y que birlando la vigilancia del Litri, del Papi y del Manteca, dan sus pegaítas, las del mono del cargador, las de la nostalgia. Es cierto que ya han alcanzado la edad reglamentaria para no seguir cargando. Pero una pegaíta es otra cosa. Y así, los de la quinta remuda siguen matando el gusanillo.

Pero luego vienen los de la sexta remuda, los jubilados inútiles, que para figurar como cargadores todavía (uno de la foto  nunca lo fue, el otro lo ignoro), “se visten de Padre Jesús”, se ponen polos más o menos morados con cutrería de caballitos y leones y se hacen pasar por cargadores en activo por si alguien se lo traga. Eso y ponerse una bufanda blanca caída sobre los hombros to es lo mismo. Claro que el de la bufanda blanca habría sido cargador de los pasitos del alcalde que fue en grado de tentativa.

Yo no sé si el Ayaba llegó a ser cargador antes de maracharse al extranjero que está más acá de los Pirineos, pero en todo caso hoy lo sería también de la sexta remuda.

Como habrán podido observar mis blogueros, el artículo no iba sobre Semana Santa, pero ya se sabe que las apariencias engañan, de ahí que se advirtiera al principio que no íbamos a hablar de Semana Santa.

Otrosí: no escribiremos nada o casi nada de Semana Santa. Nos han leído la cartilla y tenemos jindama. Y si escribimos algo es para verlo todo maravilloso y perfecto.

AYAMONTINOS INOLVIDABLES. Pepe Pérez Soler, Pepe el Cangrejo.

AYAMONTINOS INOLVIDABLES. Pepe Pérez Soler, Pepe el Cangrejo.

Alboeaban los años ochenta del pasado siglo. Nuestro recuperado Carnaval iba in crescendo, ganando enteros año tras año, en vistosidad, organización y buen gusto. Muchos ayamontinos se incorporaron a los eventos carnavaleros, al fin y al cabo era la novelería de turno. Pero otros venían de la represión, de la prohibición franquista que no pudo doblegarlos.

Con uno de ellos coincidí en el antiguo Estadio Municipal durante un partido de fútbol del Ayamonte. El partido era malo, soporífero, y ello invitaba a hablar de cualquier cosa, a distraerse como fuera, a irse con Manolo el Gordo a la cantina del Lipiu, en fin, a lo que se terciera.

Coincidí al lado de un Policía Nacional, carnavalero antiguo, de los de salir espetao por las calles altas huyendo del Moro Juan y compañía. Y le pregunté: primo, si volvieran a prohibir el carnaval, siendo tú policía, ¿que harías?. Y sin vacilar un momento me contestó: pues dejaría la Policía. Era mi primo, mi querido y recordado primo Pepe Pérez Soler, Pepe el Policía o más bien Pepe el Cangrejo, de los Cangrejo de toda la vida de la calle Rábida.

Como Cangrejo, como policía, como esposo, como padre, como ayamontino, fue siempre ejemplar, cariñoso, servicial y siempre en presencia de un estado de buen humor enviable. Su muerte nos cogió a todos de sorpresa. Se fue con las ganas de que yo le dibujara el árbol genealógico de la familia a la que pertencíamos a través de nuestras madres, las primas Amparo y Rosario.

Cuando terminó su carrera funcionarial en la Policía, se convirtió en amable tabernero, de una de las tabernas más señeras de Ayamonte, el viejo “Remitente”, que antes habían regentado Camilo y Antonio el Nanín.

Pero la carrera que corrió más a prisa fue la de su propia vida. Nos dejó muy joven y todos perdimos a un amigo franco, leal, incomparable. Mi primo Pepe el Cangrejo es y será siempre un ayamontino inoldivable.

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. El artista de la pantalla.

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. El artista de la pantalla.

Sin duda alguna, ni la palabra artista ni el apelativo de la pantalla, forman parte de la lengua vernácula ayamontina. Puestos a traducir, el término artista de la pantalla vendría a referirse a los actores del cinematógrafo.

Pero los pueblos suelen acuñar una forma peculiar de hablar, como lo hizo nuestro Ayamonte desde tiempo inmemorial. Hay por ahí un ayamontino que tiene publicado un libro dedicado a esta especial forma de hablar. Pero como este tipo de obras nunca se pueden dar por terminadas, nada más publicarse el libro surgen palabras nuevas, nuevas para incorporarlas se entiende.

El término “este es un artista de la pantalla”, en la peculiar forma de hablar de los ayamontinos es obvio que no tiene nada que ver con el cine. Más bien nos referimos a ciertos individuos que suelen montárselas de lujo para disfrute propio: los que van al Rocío salundando a unos y a otros en la casa hermandad y siempre terminan invitados, por ejemplo; los que, sin saberse por qué razón, aparecen con una vara en una procesión; los que, con un curriculo de pena entran a trabajar en el ayuntamiento... Son  artistas, verdaderos artistas...de la pantalla.

Ignoro el por qué los viejos ayamontinos añadieron lo “de la pantalla” al sustantivo artista, quizás porque en aquellos tiempos estuviese de moda el cine o fuera este el único espectáculo disponible.

Es un término que se ha ido perdiendo con el tiempo, de ahí que me guste recuperarlo.

Diálogo entre viejos ayamontinos: yo no se cómo se las arreglan el Kun y el Franquito para salir en todas las fotos del Rocío. Y dice el otro: son dos artistas. Y remata el anterior: de la pantalla, artistas de la pantalla.

Podríamos hacer una lista de ayamontinos “artistas de la pantalla”, pero con buena fe. Adelante con los faroles.