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Mojarra Fina: El Blog de la Mojarra Fina Ayamontina

Ayamonte en el Recuerdo

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 84. LA CAPILLA DE SAN ANTONIO.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 84. LA CAPILLA DE SAN ANTONIO.

Están a punto de comenzar las fiestas de Las Angustias y es lógico que durante esos días festivos bajen las visitas del blog. Pero no por eso vamos a dejarlo desatendido porque siempre habrá personas que por razones varias no tendrán ganas de fiesta y otras que viven muy lejos de Ayamonte, como Ayaba y Fa, que merecen nuestra atención, así que algunas cositas les ofreceremos. Hoy vamos a entrar en otra página de nostalgias, vamos a hablar, ilustrados además por la muy documentada María Luisa Díaz Santos, nuestra primera historiadora moderna, de un templo que durante muchos años estuvo olvidado pero que afortunadamente fue reabierto, si nó al culto, sí al menos a las visitas: la capilla de San Antonio.

El último recuerdo referido a cultos lo tengo de 1960, cuando la famosa Misión, por ser el templo al que pertenecía la calle Olivo, o sea, el Peñón, y recuerdos de la niñez, de sus escuelas adyacentes, de don Antonio Moreno, su eterno maestro, y de la querida familia de “Capricho”, que vivió siempre en una casita junto a la escuela y capilla que formaba parte del entorno.

Está situada en la calle de su mismo nombre, en el tramo de escalones, y fue fundada por el gremio de marineros. Sus rentas, en 1785, consistían en 12.000 reales anuales, que procedían de la media parte con que contribuían los artes de pesca, y un cuarentón  de jábegas, lavadas y espineles. El capellán tenía además seis reales todos los días festivos por la misa de once que algunas veces era más tarde si se divisaba la proa de un barco entrando en puerto.

Abonaba 50 reales y cuatro velas para cada matriculado que fallecía para ayuda de gastos de entierro, y mandaba decir misas por los del gremio y daba limosnas a los enfermos matriculados que por esta causa no podían trabajar. Además, tenía escuela para los hijos de los del gremio, que costeaban ellos mismos. Esta escuela pasó más tarde a ser del Estado y funcionó hasta mediado  el pasado siglo.

Su conservación, excelente durante la segunda mitad del siglo XX se debió esencialmente a la entrega del ayamontino José Mora Carnacea, conocido cariñosamente como Pepito Mora, que organizó durante algunos años fiestas en el barrio en el honor del Santo titular de la capilla.

Hoy permanece abierta a efectos de visitas y lo hace todos los martes, buena idea esta para su continuada conservación. Mi felicitación para todas cuantas personas se encargan de esta tarea.

 

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 85: LAS FIESTAS DE LAS ANGUSTIAS DE PRINCIPIOS DEL SIGLO XX (1906).

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 85: LAS FIESTAS DE LAS ANGUSTIAS DE PRINCIPIOS DEL SIGLO XX (1906).

Al mismo tiempo que los omnipresentes gallegos inauguraban en La Habana la Academia Galega; que el gran Mahatma Gandhi iniciaba su Movimiento de No Violencia en la India, entonces colonia británica, y que en España, precisamente una británica llamada Victoria Eugenia contraía matrimonio con el rey Alfonso XIII, los ayamontinos de 1906 se prestaban a organizar y disfrutar de sus Fiestas Patronales, como siempre, en honor de la Virgen de las Angustias, que comenzaban, y así fue durante casi un siglo, el día 7 de septiembre, la Víspera por antonomasia. Ahora se empieza según convenga a la venta en las casetas, los puentes festivos, en fin, pilarín.

En aquel año, por lo que se puede leer en el cartel anunciador, uno de los eventos era el reparto de abundante limosna, lo que llama la atención, pero no es de extrañar porque España, como aquel que dice, acababa de salir del desastre de la Guerra de Cuba, año 1898, y ya se encontraba ajuntando, no pa las Angustias, sino para otro gran desastre, la Guerra de Marruecos de 1911.

Aparte de ello, el cartel de fiestas -como se diría en todo carnavalero del bueno: esto es…un cartel- anunciaba multitud de entretenimientos para el personal: corrida de toros, mano a mano entre Camisero y Rerre; concurso de barcos engalanados; suelta de globos y fantoches –por cierto, más de uno tendría que haberse quedado por ahí-; bailes de sociedad, que supongo sería en los dos casinos y en la caseta municipal si la había entonces. Y así podríamos seguir.

Mas hay una cosa que me llama poderosamente la atención, y es cuando se lee: función religiosa con brillante orquesta, no se dice coro ni coral, y yo la verdad es la primera vez que leo que una misa se acompaña con  una orquesta, seguramente sería orquesta y coro, vaya usted a saber.

Lo dicho, un cartel de verdad, auténtico, para unas fiestas prolíficas en actos, en eventos atractivos. Dicen que las comparaciones son odiosas, de ahí que ponga punto y final y que los blogueros opinen lo que quieran.

 

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 83: UNA DIANA EN DECADENCIA.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 83: UNA DIANA EN DECADENCIA.

 

Próximas ya las fiestas de Las Angustias, uno no puede por menos que tener un recuerdo nostálgico de una institución prácticamente en periodo de extinción: la Diana.

Yo recuerdo la Diana del pasado siglo, allá los años sesenta y más, en que la gente iba a divertirse, a bailar y cantar y por qué no decirlo, a pegarse unos tragos de rico aguardiente. Cuando salía el sol y nos daba en la cara es cuando se notaba la tajá. Pero no se pasaba de ahí, buen rollo con los músicos y entre todo el mundo.

Pero un año, quizás en los ochenta ocurrió lo que muchos recordamos con tristeza: el pueblo apareció  lleno de contenedores de basura volcados, jardines destrozados, y niños y niñas de doce, trece, catorce años, tirados materialmente borrachos en los arriates. A partir de ahí, con la inclusión de la Charanga los del Ruedo en un evento tradicionalmente dedicado a la música, se deterioró todo. La gente amante de la Diana empezó a abandonarla, y en nuestros días, aunque aquella situación está superada, ya no es lo mismo y la Diana ha quedado para llorar un poco. Yo todos los años me asomo a mi terraza, en la primera torreta del Salón y se pueden contar con los dedos de dos manos la gente que la acompañan. Y es que quien siembra vientos...

Una de las tradiciones de la antigua Diana era el repique de campanas. Se le pedía la llave al sacristán o al párroco y se iba a repicar antes del amanecer. Esperemos que muy pronto esas campanas suenen con estruendo festivo dandol a bienvenida a una Diana que vuelva por sus antiguos fueros.

Esperamos y deseamos no ocurra lo mismo con otras cosas.

 

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 84: EL BALUARTE DE LAS ANGUSTIAS.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 84: EL BALUARTE DE LAS ANGUSTIAS.

Aunque el tema de este artículo, o más bien el asunto es el antiguo Baluarte de las Angustias, no voy a caer en la tentación de hablar de él desde el punto de vista histórico, pues eso lo ha hecho ya con proliferación y total autoridad mi amigo Enrique Arroyo Berrones.

De lo que sí vamos a tratar es del crimen histórico, uno más, que se cometió en el Ayamonte de mediados el pasado siglo, cuando se hizo desaparecer de nuestro más añejo paisaje urbano dos iconos de nuestra larga y rica Historia: el Castillo y el Baluarte.

Recuerdo perfectamente que era una noche de invierno o de otoño tardío. Un grupo de jóvenes ayamontinos de ambos sexos, bajo la dirección de Manolín Feu,  nos encontrábamos reunidos en el salón de la Casa del Niño para empezar a montar la Misa Pontifical de Perossi, que posteriormente cantaríamos en la misa principal de las Angustias y en la de la Virgen de la Blanca en la vecina Villablanca.

Entre col y col, lechuga, suele decirse; así que de vez en cuando, en los descansos, nos asomábamos a la muralla del viejo Baluarte y pudimos observar como en los bajos había un hombre calentándose en una candelita de leña, seguramente se recortes de la tonelería de Genescá. Se trataba de Antonio Sosa, el eterno utillero del Ayamonte C.F., que se encontraba en aquel lugar en calidad de vigilante de los materiales y herramientas porque para otra cosa no se iba a prestar.

Esto, que no parece revestir   importancia, la tiene y mucha: en aquellos momentos comenzaba a construirse ese horrendo edificio llamado con eufemismo desmadrado “Puerta de España”, que terminó cargándose al mismo tiempo varias cosas: la inigualable vista de Ayamonte desde el río; el entorno de la iglesia de Las Angustias, y sobre todo, el viejo Baluarte, al que se tragó sin más explicaciones por parte de nadie.

Recientemente se ha recuperado gracias al empeño de Enrique el paño Sur y parece que sucederá lo mismo con  el Norte una vez derribado el edificio de ese lado. El frente será cosa imposible, o no, que la vida da muchas vueltas, vaya usted a saber.

 

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 83: LA GOLA

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 83: LA GOLA

Creo que a todos nos sorprendió cuando lo leímos un oímos por primera vez, que un pueblo, que un territorio perteneciente a una provincia se encontraba situado en otra distinta. El Condado de Treviño es un enclave burgalés circundado por la provincia de Alava, es un singular marco territorial que desde el año 1200, en tiempos de Alfonso VIII, pertenece al Reino de Castilla, hoy a la comunidad de Castilla y León.

Algo parecido, aunque desconozco la historia, ocurrió hace muchos años, más de medio siglo ya, con un enclave arenoso circundado por la costa portuguesa y que sin embargo pertenecía al municipio de Ayamonte. Ese enclave playero fue conocido y es recordado como La Gola.

Para ir a la Gola utilizábamos un transbordador de los de la Carrera de Villarreal, el barco dejaba allí al personal y regresaba por la tarde a recogerlo. Aquel lugar no tenía nada de cosmopolita, salvo la mezcla de ayamontinos y portugueses. Era una magnífica playa y pasábamos un día magnífico, en paz y a gusto. Los más atrevidos, junto con amigos portugueses, se daban un garbeo nada menos que hasta Montegordo.

Cuando se urbanizó Isla Canela se perdió la costumbre de ir a la Gola y a la playita del Salón, pero para los ayamontinos viejos la Gola siempre estará en el recuerdo. Creo que hoy denominan Gola a un lugar de Isla Canela creo que llamado de siempre Cabeza Gorda, donde se cogen coquinas todos los días y que con la bajamar forma una isla. La foto que ven ustedes es de ese lugar pues de la auténtica Gola no cuento con ninguna. Que disfruten del recuerdo.

 

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 81: LOS ENCIERROS DE LOS TOROS

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 81: LOS ENCIERROS DE LOS TOROS

Mucho han cambiado las cosas en nuestra ciudad en el ámbito de los toros. Nuestra plaza, que no era de relevancia, albergó en su albero a novilleros que con el tiempo fueron grandes figuras del toreo, Paco Camino, Miguel Báez Litri, Chamaco, creo que el mismo Curro Romero llegó a torear en Ayamonte.  Entonces se daba una novillada el día 8 de septiembre coincidiendo con la festividad de la Patrona y para usted de contar, pero se recordaba durante todo el año y en años sucesivos.

Como eran tiempos de penuria económica, el ir a los toros no estaba al alcance de todo el mundo, ni mucho menos, pero la cosa se compensaba con un espectáculo, gratuito, del que disfrutaba todo el que quería: el encierro de los toros, que tenía lugar el día 7 de septiembre por la tarde. Recuerdo perfectamente las carreras de las gentes desde el campo de fútbol –el Ayamonte jugaba ese día un partido destacado con motivo de las fiestas- para coger sitio en la plaza. Los encierros a veces eran muy cortos, otra veces se hacían interminables hasta el punto que había que desalojar la plaza para encerrar a los venados con tranquilidad.

Los llamados entendidos daban su opinión acerca del ganado, pero casi siempre errónea porque, sin que se me enfade nadie, con una novillada al año bien poco se podía entender de toros, máxime cuando ni siquiera teníamos televisión.

El camión con los novillos se apostada justo en el lugar de la foto, ya ese lugar ha sido propuesto para rotularlo precisamente con el nombre de Encierro por un ayamontino emigrante asiduo de este blog, pero claro, como no puede recoger firmas se va a quedar con las ganas, máxime cuando los toros ni son chirigoteros ni nada por el estilo.

Asistir al encierro de los toros –aunque en realidad eran novillos- y ver pasar a la gente el día de la corrida camino de la plaza era la “comida” festiva de los pobres, aunque eso de ver pasar a la gente no era cosa sólo de pobres. El gran poeta ayamontino Paco Herrera inmortalizó el momento con estos versos: “Pasa Salvador Morlera con su clave reventón; lo saluda Rafael Pérez de codos en el balcón”.

 

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 81: LOS VIEJOS PIÑONEROS

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 81: LOS VIEJOS PIÑONEROS

Aunque la piña no produce el fruto piñonero, es decir, no madura hasta final del tercer año de su aparición o en la primavera del cuarto, Ayamonte es lugar donde proliferan tanto los pinos que los hay de diversas generaciones, de ahí que cada año podamos disfrutar de tan  exquisito fruto.

Vivimos tiempos de globalización, de tal manera que hoy se pueden comer piñones en cualquier parte del mundo, pues tras su elaboración se estuchan y se exportan. Pero yo creo que cuando el fruto, sea cual sea, está rico de verdad es en su temporada, claro que esto de la globalización también tiene sus ventajas, y es que si tuviésemos que pagar los productos agrarios a precio de temporada sería como en el pasado, que los pobres comeríamos naranjas caídas y los ricos empapelás, en fin, pilarín.

Hablando de piñones, traemos hoy a colación el entrañable recuerdo del mundo de los piñoneros, que eran unos señores, de la Villa o del campo en general, que cada día, especialmente los domingos de otoño e invierno aprovechando los partidos de fútbol o el simple paseo de las gentes al sol, se presentaban con sus acémilas cargadas de piñones tostados; los vendía con un recipiente que llamábamos armú, que se encargaban de forrar con papeles o cartón, que era una forma bastante visible de “robar” mercancía, pero todos lo sabían y así funcionaba la cosa.

Los piñones ayamontinos tienen fama de ricos, no se si por su propia naturaleza, la que les ofrece nuestra tierra roja que vemos por la carretera vieja, o por el arte de los piñoneros en su elaboración. Nada que ver con los que comemos hoy estuchados, es más, resulta difícil en estos tiempos ver a alguien comiendo piñones. Incluso hemos dejado de llevar en el bolsillo la famosa y útil navajita para abrirlos.

Fuera de los momentos dichos, también se podían adquirir en los carrillos de las chucherías, pero a decir verdad, los que vendían los piñoneros estaban más ricos, quizás porque su elaboración fuera más cercana. Y para terminar, recordar aquella estampa imborrable del piñonero del Pino Gordo de la Estación, era un señor del Banderín que tenía un puestecito donde vendía los piñones. Creo que aun vive este buen hombre, aunque no recuerdo su nombre y apellidos o quizás apodo.

 

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 80: LA COFRADÍA DE PESCADORES Y EL CONSULADO

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 80: LA COFRADÍA DE PESCADORES  Y EL CONSULADO

No sé si la cosa dio lugar a polémica en su tiempo, pero es lo cierto que en Ayamonte se dieron bastantes casos de edificios con fachada de azulejos verdes, podemos recordar a bote pronto, la vivienda de la familia Concepción; la viviendas de la familia Vázquez, Cabrera, Pulido, en la Avenida; el edificio de la antigua biblioteca que ya tratamos en estas mismas páginas, y el edificio en que estuvieron ubicadas dos instituciones señeras en nuestra ciudad: la Cofradía de Pescadores y en Consulado de Portugal, cuya fotografía ilustra este artículo.

La Cofradía de Pescadores “salió” del lugar para irse al Muelle, donde están Correos y Telégrafos, la Cámara Agraria y no sé si alguna oficina pública más. En las oficinas de la calle Real es de recordar personajes, unos desaparecidos y otros aun entre nosotros: Zamudio, Rafael “el Cofra”, Enrique, Pedrito Pérez, el gran Nicomedes, hombre extraordinariamente afable y el eterno secretario cuyo nombre completo ahora no recuerdo, aunque creo que se llamaba Juan. Muchos pensaban que todos estaban en la Cofradía, pero había dos funcionarios, Manolo “el Huelvano”, y Mamé, ambos fallecidos, que prestaban sus servicios al Instituto Social de la Marina, aunque, repito, para el común de los ayamontinos todos estaban en la Cofradía de Pescadores. El Patrón Mayor supongo que se designaría a dedo, como todo lo de la época; yo conocí al que seguramente estuvo más tiempo: Joaquín Gutiérrez Blanco, que había sido anteriormente alcalde. Mi padre, Manuel Flores Silva, ostentaba el cargo, honorífico, pues no cobraba un duro, de presidente de la Mutualidad de Pescadores; por casa andaba una foto en que se ve entregando un dinero a una viuda de un marinero ahogado en la mar, creo recordar de la familia Carrasco.

En la parte alta del edificio se encontraba el Consulado de Portugal, oficina administrativa para la expedición de documentos a ciudadanos portugueses que se encontraban en nuestra ciudad, bien viviendo en ella o de paso a otros lugares. Era una familia la del cónsul poco propensa a la vida social, gente rara, muy rara, pero tenían un hijo, creo que se llama Rui, muy extrorvertido y sociable, así que vaya lo uno por lo otro.

Ambas oficinas, como queda dicho, desaparecieron de la calle Real, aun que la Cofradía perdura en otro lugar, pero las dos permanecen en el recuerdo de los ayamontinos.

 

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 79: TOMAR EL FRESQUITO

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 79: TOMAR EL FRESQUITO

Es pleno verano, corren los años cincuenta del siglo XX, aun no se conoce en España el aire acondicionado, al menos en los pueblos y familias modestas. Los calores de las interminables noches veraniegas lo soportan las gentes de mil maneras: el búcaro de agua fresquita, la ducha, el cambio de sábanas sudadas en plena madrugada, el ventilador que en vez de enfriar el aire te da la bofetada de aire templado, en fin, pilarín.

Nuestro Ayamonte, que es pueblo privilegiado por muchas cosas, lo fue siempre durante esas calurosas noches de verano, y ello porque contaba y cuenta con un producto natural excepcional: el bendito terreño. Menos mal, ya se ha levantado el Norte, dice un ayamontino agobiado por el calor. Una vez más, una noche más, el terreño ayamontino mitigó la caló.

Y aprovechando el terreño, los ayamontinos del pasado siglo acuñaron una costumbre, una bendita costumbre que desgraciadamente hoy podemos considerar casi extinguida, y digo casi porque me consta que en algunas calles, pocas, se sigue practicando. Esa costumbre ancestral no es otra que la de tomar el fresquito.

Hemos terminado de cenar, es cierto que muchos tienen que levantarse temprano para trabajar, pero el día ha sido especialmente caluroso y no es cosa de meterse en la cama tan  pronto sin aprovechar el terreño, sin tomar el fresquito.

La foto que ilustra este artículo nos trae al recuerdo parte de la calle Olivo, en el barrio del Peñón y nos ofrece la estampa de una humilde casa de tejado y fachada a la cal. Era mi casa, en la que nací y crié. Van saliendo los vecinos de sus casas portando sillas, los más jóvenes aprovechan esos rudos poyetes y escalones del entorno, y mientras el terreño nos llegada bajando la calle Tarpeya procedente de la Villa, charla que te charla, hasta que el sueño vence el placer mismo y entonces toca irse a la cama.

Para tomar el fresquito no hacía falta nada, sólo el terreño y ganas de hablar, de compartir vivencias los vecinos, nada más. Y eso, tan hermoso, tan entrañable, fue presa, como otras muchas costumbres, de la caja tonta, que nos mete en casa, nos manda callar, y nos presenta una vida absolutamente falsa. Atrás hemos dejado una vida auténtica, entrañable, magnífica, la que nos ofrecía gratuitamente el terreño ayamontino durante ese rito incomparable que nuestros antepasados llamaron tomar el fresquito.

 

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 79: ANTIGUA CALLE LUSITANIA

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 79: ANTIGUA CALLE LUSITANIA

Hoy traemos a colación uno de esos recuerdos que tanto gustan a los blogueros, por eso lo hacemos con sumo gusto. Se trata del recuerdo nostálgico de una de las calles más céntricas de nuestra ciudad, eminentemente comercial y desde hace unos años a esta parte rabiosamente semanasantera: la antigua calle Capitán Cortés, antes Lusitania y después Lusitania, pues ya sabemos que durante todo el periodo del régimen franquista se suprimieron multitud de nombres del callejero español para sustituir los nombres existentes, sin el menor respeto a la historia, a la costumbre, incluso a lo tópico, por el de los grandes militares del franquismo. Pero dejemos esto aparte, que hoy ya no merece la pena.

La calle Lusitania es considerablemente larga, comienza a la altura de la calle del Pez y llega hasta Hermana Amparo, salvando los cruces de Cervantes y Cristóbal Colón. En el primer tramo, recordamos una charanga, la de Félix de la Cruz, en la que trabajaron toda su vida Juan el Pancho y Carrito; las viviendas de las familias Santos Domínguez, Palma, Flores, Vázquez, etc. y comercios como la clásica  tienda de ultramarinos de José Salvador, de la que hablaremos en su momento, ya más tarde la de Prudencio Ceada, otro Pancho, que aprendió el oficio con Salvador y terminó estableciéndose en la misma calle, el bar de Saturnino y la Milagrosa. En el tramo central recordamos la tienda de Perrola, la vivienda de don Victoriano, el capitán de la Guardia Civil, la vivienda de Nicodemes, funcionario de la Cofradía de Pescadores, el estudio fotográfico de Carlos Báez, la tienda de juguetes de Dolores, una pensión donde hoy tiene la vivienda Paco Concepción, el restaurante La Peña que antes creo que fue la carpintería del siempre recordado Antonio Rojas, Rojita, y en la esquina de enfrente, dando a la calle Real, la tienda de los hermanos García Gil. Ya en el último tramo, quizás el más frecuentado, están en mi recuerdo una pequeña tienda, casi un puesto, llamado Maflor, junto a la Giralda de Sanchito; más adelante, la droguería de la familia Domínguez Ríos, la tienda del Alosnero, con su vivienda arriba, la zapatería de Pulido, que era a la vez el despacho de las quinielas, la vivienda de Enrique Gómez y Paca Pérez, la farmacia de Antonio Massoni y en la esquina un almacén del citado Enrique Gómez, hoy La Casona. Ya en la acera de enfrente, la heladería La Ibense, de Pedro Jiménez y hoy de su hija Mari Carmen, la vivienda de la familia Arroyo Berrones, la taberna de Verísimo da Luz, la vivienda de Pedro Jesús Flores, la Secretaría del Ayamonte CF, la tienda de los Buchito,  luego Festival y ahora de mi amigo Enrique Moeno, el despacho de vinos de Juan Huelva, la vivienda de Pedrito Pérez y la primera barbería de Juan Domínguez, y ya en la esquina estuvo establecida doña Segunda con su miga.

No me negarán que la calle  era atractiva, y es que el centro de Ayamonte siempre tuvo fama por su excelente comercio y por sus servicios. Animo a todos los blogueros que completen la nómina ofrecida, que seguro me habré dejado muchas cosas en el camino.

 

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 78: EL RODAJE DE LA PELÍCULA "CURRA VELETA"

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 78: EL RODAJE DE LA PELÍCULA "CURRA VELETA"

 

De entre los recuerdos del Ayamonte del pasado, pocos han quedado tan grabados como este que hoy tratamos en el blog: el rodaje en parte de la película “Curra Veleta” que tuvo lugar en nuestra ciudad en el año 1956. Con trece años los recuerdos que le quedan a uno son algo confusos, aunque sí es fácil el recuerdo visionando una y mil veces la película, como ya he hecho.

Fue una auténtica revolución, nada menos que Paquita Rico y Valeriano León como artistas estelares viviendo durante varios días en Ayamonte, entre nosotros, que además podíamos participar como extras en el rodaje, cosa esta que ocurrió con personas como Jacinto Vázquez, mi tía Rosario, pepe Beas, José Pavón (el Hueso del Bar Jerez), la mujer de Pepe Sanmartín, el Gallego, que hizo un papelito de cierta duración mientras Paquita Rico cantaba junto a la ventana de su casa. Y después, muchísimos ayamontinos en las escenas multitudinarias, especialmente la de la despedida en la Laguna cuando marchaban para Sevilla, con la banda de música de la Casa Cuna animando la escena.

Lugares tan recordados como el desaparecido Bar Jerez, que hoy ocupa Paco Abreu con su tienda; el muelle con los alijos de sardinas; el teatro Cardenio recién estrenado; el Castillo, y tantos y tantos momentos que sería imposible relatar, más que por nada por la nostalgia que supone el recuerdo de aquellos días.

No recuerdo bien si fue esta la primera película que se rodó en Ayamonte, pues también aquí se rodó “El Litri y su sombra”, pero no puedo recordar cuál de ella fue la primera,  además creo que se rodó otra película más cuyo título no recuerdo y espero que algún bloguero de buena memoria refresque la mía.

 

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 77: LA PLAYITA DEL SALÓN.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 77: LA PLAYITA DEL SALÓN.

Mucho ha cambiado Ayamonte en los últimos cincuenta años. Puede que todo comenzase a primeros de los sesenta del pasado siglo cuando se unió el centro con el Salón de Santa Gadea y la posterior construcción del puente de Canela. Ello abrió sin duda una nueva etapa en la expansión urbana de la ciudad que a estas alturas del siglo XXI parece imparable.

Pasaron los tiempos del recordado Muro de Canela; se acabó el aislamiento de la entrañable isla, cuna y casa de pescadores. Y los ayamontinos volaron hacia las playas de San Bruno y de Isla Canela. Atrás quedaron la Gola y aquellas excursiones a Isla Cristina. Ya teníamos playa a nuestro alcance.

Pero aun así, hubo paisanos que siguieron yendo a un lugar emblemático de Ayamonte para los de mi generación, un lugar que nos hizo disfrutar, no del mar, sino del río, que nos hizo pasar días estupendos de sol, de baños, de caza de caballetes con lazos, de saltos de “trampolín” desde una balda de piedra.

Ese lugar no era otro que la conocida cariñosamente como la Playita del Salón. Quedaba entre la casa del Salón, hoy en ruinas y a merced y disposición del trapicheo de droga, y el estero de Canela. Había que esperar que subiera bastante la marea para que se introdujera en una pequeña zona de arenas pues con bajante había que meterse en el fango de la orilla del río. Con la marea alta muchos de lanzaban desde una balda de piedra, incluso se aprovechaba algún pequeño espacio para jugar a la pelota.

La Playita del Salón fue durante muchos años la playa de los ayamontinos, pequeña, no muy cómoda, pero nuestra. Muchos aun la recordamos con cariño. Me he permitido quitarle una foto desde la azotea de la torreta donde vivo en el Salón. Es lo que queda, además del nostálgico recuerdo.

 

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 70: EL FUROR ICONOCLASTA DEL 36

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 70: EL FUROR ICONOCLASTA DEL 36

 

Estos de la Memoria Histórica no se cansan de hablar de memoria sesgada, como si a la memoria pudiéramos engañarla.

Ahora ha sido con motivo de un artículo publicado en la Revista de Fiestas de la Barriada de Canela con motivo de la festividad de la Virgen del Carmen. Un artículo rigurosamente veraz, histórico, para recordar y no olvidar. Pero por lo visto la gente de izquierdas se empeñan en negar la evidencia y encima decir que no es bueno reabrir heridas.

Vamos a ver. En España, a partir del año 36 del pasado siglo, y mucho antes -no hay que olvidarlo, cuando el Frente Popular se hizo con el gobierno de la Nación vía elecciones municipales, que no generales, hasta el año 75 en que Dios decidió recoger –ya era hora- a su "Enviado", a su "Elegido", el Generalísimo y "vigilante supremo de España y de la Civilización Cristiana"- ocurrieron muchas cosas. El asesinato de Calvo Sotelo, líder de la derecha, hizo pensar a los republicanos de izquierdas que la República es un sistema de gobierno de izquierdas, y van y se lo cepillan. (La República, que quede claro de una  vez, es un sistema de gobierno dual que nos viene dado desde las antiguas Grecia y Roma, y que se sepa todavía no se había inventado lo de izquierdas y derechas, que consiste en que el gobierno es dual, de control mutuo, dos cónsules, cada uno con sus competencias, que a la vez ejercen mutuo control entre ambos. (En Francia, que es país de democracia consolidada, ha funcionado perfectamente el sistema con un presidente de la República de izquierda y un presidente del Gobierno de derecha). Pero por lo visto en España siempre se entendió y lo peor es que se sigue entendiendo, que todo lo republicano es de izquierda.

A lo que vamos. Entre las cosas malas que existieron o tuvieron lugar durante ese gran periodo de tiempo, se encuentra el furor iconoclasta que produjo, por mor de la actuación de unos cobardes que practicaron un imperdonable “vudú”, la pérdida de la mayor parte del patrimonio histórico-religioso del país, y algo más, que los seminaristas asesinados -simplemente niños indefensos-y hasta las monjas de clausura también pagaron el pato. En Ayamonte, como en otros sitios, ocurrió esto, quieran o no quieran los progresistas de hoy (un día me llegó a decir Isaías Pérez Saldaña que lo de los templos, los mineros, etc. es más leyenda que otra cosa). Aquellos “defensores de las libertades” arrasaron nuestros templos, quemaron nuestras imágenes, destruyeron la mayor parte de aquel valiosísimo patrimonio, artístico, histórico y, por qué no decirlo,  sentimental. Quede claro que sin víctimas, al menos que yo sepa.

Y si no queremos reabrir heridas, no abramos las de un costado y queramos que las del otro queden cerradas para siempre. Es cierto que no es comparable las vejaciones y asesinatos con el furor iconoclasta, ya sabemos que después de aquello vino la venganza, y otros cobardes de mierda, unos falangistas asquerosos, se dedicaron a purgar a las mujeres a las que les habían sustraído a sus maridos y a pasearlas en vejatorias procesiones por el centro de la ciudad en sustitución de las imágenes sagradas desaparecidas.

La memoria no es de izquierda ni de derecha; el ejercicio de la memoria es una cuestión  voluntaria, pero si la sonsacamos puede traer recuerdos no deseados; los seres humanos no tenemos potestad sobre nuestra memoria, ella es la que manda. Por eso, unos resucitan muertos y otros dioses y muertos, que también los hubo y a miles como ha quedado dicho.

Así pues, recordemos aquel chiste gráfico que aparecía en un periódico: se veía a un individuo con un gran legajo de papeles debajo del brazo metidos en una carpeta con la inscripción “Memoria Histórica”, y un esqueleto que brota de la sepultura para decirle: “oiga, de aquello  de descanse en paz, ¿qué parte es la que usted no ha entendido?”.

 

AYAMONTE EN EL RECUERDO.76: ANTIGUA CALLE TRAJANO

AYAMONTE EN EL RECUERDO.76: ANTIGUA CALLE TRAJANO

En el año 52 de nuestra era, concretamente el 18 de septiembre, nacía en Itálica un niño hispano que terminaría convirtiéndose en el primer emperador del Imperio Romano no nacido en Italia, cargo que desempeñó desde el 98 hasta su misma muerte en 117 cuando regresaba después de llevar a cabo una conquista que significó la mayor expansión conocida del Imperio. Fue uno de los grandes generales del Imperio y un grandísimo urbanista que prestigió más si cabía la inmortal Roma. Quizás por ello los ayamontinos antiguos decidieron rotular una calle céntrica con su nombre, la que va desde el cruce con Prudencio Gutiérrez Pallares hasta la confluencia con San Diego: Trajano.


Durante cerca de cuarenta años, tiempo que duró la dictadura de Franco, fue rotulada atendiendo el nombre del más importante general golpista: Mola, para volver a su antigua nomenclatura.


No sé si exagero al decir que esta sea posiblemente la calle más transitada de Ayamonte, y ello por una razón obvia: nos lleva al mercado de abastos. No ha cambiado mucho la calle desde la de la fotografía que ilustra este artículo, y digo no mucho, aunque sí bastante. Veámoslo:


Como yo sólo la conocí con el nombre del general golpista, estos son mis recuerdos. En una esquina de la plaza la tienda del Afilaó, que además quitaba fotografías; la barbería de Quintana, padre de nuestro amigo Nicolás Jesús Rodríguez; recuerdo una tienda donde se vendía papas a la altura donde está el señor de la foto en primer plano –que no es Manolo Cruz- que hoy está establecido ahí con su Todocasa; la casa de Duartito, como era conocido el suegro de Manolo el Bomba y Manolo Caballero; la casa de Cortada, la de Paca Pérez y ya hasta el final creo que todo era de la familia Pérez, Rafael y Paca Pérez Feu, ya en la esquina tenía una salida el Círculo Mercantil que en un momento determinado daba a la famosa cantina La Parilla y después quedó en salón de juego. En la acera de enfrente, empezando también desde la plaza, no recuerdo qué había en la esquina, aunque creo que era parte del edificio de la panificadora, después el Hostal del Pan y hoy Marqués de Ayamonte; la panadería de Salazar y después de Juan Manuel Ríos, hoy electrodomésticos Ferrer; la tienda de muebles que puso Fernández y después supermercado de Arcos y hoy electrodomésticos Guerrero; la casa del abogado Trinidad Navarro Nieto; el bar los Gabrieles, conocido como Casa Cortada; la casa del médico Jesús Rasco Gamero; el despacho y tienda de redes y elementos marineros de Joaquín Gutiérrez, el Cañería, y en la esquina el estanco de la madre de Antoñita Guzmán. Pasada ya la calle es de destacar los toldos del que fuera Bar Jerez, hoy tienda de Paco Abreu y muy lejos ya la esquina del Casino Republicano, después Casino España.


Ahora espero que alguien me corrija y aporte nuevos datos. Y digo yo para terminar; ¿por qué se puso un nombre de una calle a un individuo que ni siquiera compuso una sola letra de carnaval?. Las cosas de los ayamontinos antiguos.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 68: La cartilla de racionamiento

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 68: La cartilla de racionamiento

 

Los recuerdos son casi siempre de dos tipos: buenos y malos. Hoy toca hablar de uno de los malos, aunque creo que será bueno recordarlo sobre todo para que lo tengan en cuenta gentes como Rosa Amparo y Mari Trini Flores Pérez; Ernesto, Javier y Alberto Martín Martín; el Alvaro Arenas, el Juanlu Muniz Reyes, el Juan, el Lolo y la Tere González Salgado, y toda esa pléyade de jóvenes que no conocieron, y es mi deseo que nunca lo hagan, el documento que ilustra este artículo: la tristemente recordada cartilla de racionamiento.

Se trataba, como su propio nombre indica, de una cartilla que durante la guerra civil y después de ella, se entregaban a las familias para que pudiera retirar de determinados comercios los productos básicos de la alimentación diaria. Así, contenía cupones de aceite, arroz, azúcar, y sitio también para los sellos de carne, ultramarinos, grasas y panadería. Hasta hace poco tiempo fue utilizada por el habilidoso político Alfonso Guerra, que durante las campañas electorales la mostraba en los mítines para hacerle creer a la gente que con la derecha volverían las cartillas.

Como no era cuestión de dinero, sino de escasez de alimentos, ya que don Francisco Franco y Bahamonde consiguió la hazaña de que medio mundo y parte de la otra mitad nos cerraran las puertas, a los españoles sólo nos quedaba: o el trigo que mandaba Perón; o el queso americano y la leche en polvo de los norteamericanos; o el estraperlo, o la cartilla de racionamiento. O un poco de todo eso, que en más de una ocasión me mandó mi madre a la calle Peña, donde vivía una señora a la que llamaban “Sietemujeres”, a comprar harina de maíz para hacer poleás y que ella traía de estraperlo de Portugal.

En Sudamérica, donde todavía en algunos países, como en la bolivoriana Venezuela de Chaves, se usan estos procedimientos, al boleto que se entrega a cambio de alimento le llaman bt, que quiere decir boleto de trueque. Yo recuerdo que cuando mi padre no quería entregar dinero siempre decía: ni un bintén. ¿Tendrá algo que ver una cosa con otra?. Voy a tratar de hablar con gente mayor que recuerden esta expresión y que me ilustren para incluirla en un  próximo artículo.

Por cierto, ¿ustedes creen que con esto de la crisis los rocieros llevan cartilla de racionamiento, o sigue funcionando la mesa libre?.

 

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 72: la Biblioteca

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 72: la Biblioteca

La foto que ilustra este artículo, como sabrán todos los ayamontinos, corresponde al edificio donde el Ayuntamiento tiene ubicada la oficina de información turística. Se trata de uno de los varios edificios que hay en Ayamonte con fachada de azulejos. Si mal no recuerdo, existen otros afortunadamente bien conservados, como el de la antigua Cofradía de Pescadores; la casa de la familia Concepción, esquina a Galdames; la de la Avenida, en la que vivían varias familias: Cabrera, Gómez, Pereira, Pulido, y seguro que otras más que ahora no recuerdo y prefiero completen este dato los blogueros, sobre todo los emigrantes, que por aquello de la nostalgia saben de estas cosas más que los propios residentes.

Bueno, a lo que vamos. El edificio en cuestión fue durante muchos años, que yo recuerde prácticamente casi todo el siglo pasado, la sede de la Biblioteca Municipal, es decir, la biblioteca, como se decía de forma simplificada. Me apunta mi antiguo vecino y buen amigo Juan Valenzuela que a principios del siglo XX era una especie de casino de los republicanos.

La biblioteca contaba con los grupos de lectores bien definidos. Por un lado, personas mayores que se acercaban al edificio a leer la prensa. De entre esas personas recuerdo perfectamente el que quizás fuese el más asiduo: Emilio Carro, “Pelayo”. El amigo Emilio, entre la prensa de la biblioteca y después las novelas del Oeste, se pasaba todo el día leyendo. El otro grupo era el de la chavalería, que íbamos a leer “Colorines”, es decir, los tebeos en versión ayamontina. Los mayorcillos solían también leer el “Marca” que se encontraba a disposición de los lectores, ya encuadernados. Más de una foto de Gainza y de Zarra figuraban pegadas en mis cuadernos de la escuela, ya se imaginarán cómo llegaban hasta allí.

Como encargado de la biblioteca, un castellano arraigado en nuestro pueblo, polifacético y a la vez polivalente: Antonio Fournier Cutillas. De vez en cuando nos mandaba a callar y no nos dejaba escoger los colorines, él metía las manos en la caja y nos daba el primero que cogía, y no le sentaba muy bien cuando le pedíamos el Marca encuadernado, pues se tenía que levantar y cruzar todo el edificio para entrar en la habitación donde se encontraban. El sabía que al poco tiempo le íbamos a pedir otro.

Los mayores que iban a leer a la biblioteca era gente pobre que ni siquiera podían hacerse socio de los casinos existentes, el Casino España y mucho menos el Círculo Mercantil, aunque como todo tiene su excepción, alguno sí lo sería. Fournier se sentaba creo que en un taburete o silla alta detrás de un mostrador que quedaba a la izquierda según se entraba.

Curiosamente, y tratándose de una biblioteca, habrá observado el lector que no he mencionado los libros. Los había, sí, en varios armarios con puertas de cristales. Pero eran otros tiempos y la verdad es que leíamos poco. Supongo que esos libros se encontrarán en la actual biblioteca, a no ser que le encomendaran su custodia a algún que otro funcionario de los muchos intelectuales que hay en la Casa Grande. En fin, pilarín.

 

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 69: el Rebusco

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 69: el Rebusco

Hay mucha gente hoy día que piensa que el trigo, los peces, los olivos, etc., se presentan en la naturaleza como por milagro, que no hay que sembrar, que no hay que trabajar, en definitiva. Son gentes que no piensan que hoy son lo que son y viven como viven gracias al sacrificio de sus antepasados, de las penurias sufridas. Muchos jóvenes, y digo muchos, no todos, ponen el viernes la manita para que en ella depositen sus padres “la paga”, que por cierto, yo no se por qué le llaman paga cuando esta es una expresión anexa al mundo del trabajo.

Bueno, a lo que vamos. Hace muchos años, con motivo de una guerra entre hermanos, España las pasó canutas como país y consiguientemente los españoles como personas, escaseaban los alimentos y el hambre campaba por sus respetos.

Una de las formas de paliar temporalmente el hambre era aprovechar lo que se llamó “el rebusco”. Consistía la cosa en ir a los campos que habían sido sembrados de habas, patatas, y en los que existían árboles frutales, a arrebañar lo que el agricultor se había dejado atrás en la recolección. Veníamos pa casa con un puñaillo de habas, algunos higos, y poco más.

Curiosamente, cuando hablo de esto en las tertulias en las que participo, en el Casino, en Cortada, en el Costalero, siempre salta el presumido de turno que “nunca fue al rebusco, ni a robar higos, ni a comer a la Casa del Niño”, y te lo dicen a ti, que eras compañero de hambre y de rebusco. Pero así es la vida, que le vamos a hacer.

Por fortuna, muchos sitios a donde íbamos a rebuscar hoy están “sembrados” de otros productos: los adosados. La diferencia es obvia: los productos de entonces servían para comer y estos para meternos en una crisis sin precedentes, en fin, pilarín.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 70: el Muro de Canela

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 70: el Muro de Canela

A partir de los primeros años de los sesenta del pasado siglo, la barriada de Canela, la Punta y las playas, dejaron de estar cuasi aisladas del centro urbano de Ayamonte. El estero de la Ribera y el de Canela formaban dos islas, la de Santa Gadea y la de Canela, a las que se llegaba, como ya tuvimos ocasión de explicar hace poco en estas mismas páginas, mediante dos pateras.

Pero algo más merece la pena destacar en estos recuerdos nostálgicos de nuestro Ayamonte del pasado. Y en esta ocasión le toca a una vía de comunicación sui generis, que enlazaba la orilla derecha del estero de la Ribera con la izquierda del de Canela. Su nombre aparece en nuestra reciente historia con cierta connotación contradictoria, pues si bien un muro sirve de suyo para separar –por todos valga el ejemplo del de Berlín y el que ahora construyen los israelitas para aislar a los palestinos de la franja de Gaza- el nuestro servía para todo lo contrario, es decir, para unir. Estamos hablando del recordado muro de Canela, aunque en verdad el dicho muro se situaba en Santa Gadea, pero como nos llevaba hasta la orilla del estero canelero de ahí que se conociera como el muro de Canela.

Obviamente era un muro de fango endurecido. Ignoro como fuera construido, quizás mi amigo Enrique Arroyo pueda ilustrarnos, pero desde luego reunía todas las condiciones, morfología y antigüedad como para recordar aquellos versos de Machado: “caminante no hay camino, se hace camino al andar”.

Al cegarse el estero de la Ribera y construirse el puente de Canela, comenzó de inmediato la urbanización de Santa Gadea y lógicamente el muro desapareció. Desde luego mucho ha ganado Santa Gadea al convertirse en los últimos años en el núcleo urbano más populoso de la ciudad, pero también perdimos un entorno ecológico importante: lagunillas, pequeños esteros, flora, fauna… y mosquitos, que también hay que decirlo. Vaya una cosa por otra, o como dijera Maquiavelo: “el fin justifica los medios”. Claro, que habrá que añadir que no siempre, por supuesto.

 

AYAMONTE EN EL RECUERDO: 71: el loro de Barberi.

AYAMONTE EN EL RECUERDO: 71: el loro de Barberi.

Hace ya muchos años, el que siempre ha sido el restaurante por antonomasia de Ayamonte, Casa Barberi, guardaba en sí mismo muchos encantos. A saber:

Era el único restaurante del pueblo, y sin  embargo, el Sr. Barberi jamás aprovechó esa circunstancia para convertirlo en un restaurante elitista, los precios de su barra eran normales, tan normales, que a mediodía era frecuente ver a marineros y trabajadores del muelle degustando el “fino Valderas” con aquella tapa inconfundible e irrepetible de arroz de la casa.

Manuel Barberi estaba siempre abierto a dialogar con quien quisiera sentarse a su lado, especialmente si la conversación era sobre puros habanos pues tenía enmarcada toda una colección de vitolas que exhibía con orgullo.

Pero sobre todo, algo destacaba de aquella antigua Casa Barberi, que gracias a Dios hoy permanece ya de la mano de su nieto, y ese algo no era otra cosa que el loro, el conocidísimo y famosísimo loro de Barberi.

Resultaba casi imposible pasar por la puerta del restaurante y no asomarse unos segundos para decirle al loro: maricón. ¿Y qué creen ustedes que contestaba el loro?, pues eso mismo, maricón, además de puta y otras lindezas, porque claro, tratar de enseñarle a un loro, aunque fuera en aquellos tiempos, el Ripalda, era demasiado.

El loro de Barberi era un poco de todos los ayamontinos, no recuerdo que fue de él, pero casi con toda seguridad que moriría de viejo, pues atenciones no le faltaban. Es cierto, como decía antes, que el restaurante sigue en buenas manos y con las mismas premisas, pero hay que reconocer que sin el loro y sin Isabel la Jeringa, ya no es lo mismo

 

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 67: Los lancheros

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 67: Los lancheros

A la altura de lo que hoy es la dársena pesquera y puerto deportivo, cuando el viejo estero de la Ribera discurría libre desde el Guadiana hasta el Atlántico formando la isla de Canela, a la que ya los romanos había denominado “Canaca”, para ir a la barriada del mismo nombre existió un medio de transporte fluvial propio de todos los lugares en que hay que cruzar un río y no existen puentes: el barco. En nuestro caso, tal barco era una patera y sus propietarios los siempre recordados Paco y Juan, “los Lancheros”.

La gente utilizaba la patera de Paco “el Lanchero” para cruzar hasta Santa Gadea, y más tarde, tras largo caminar por un angosto muro de barro, tomar otra, la de Juan “el Lanchero”, que ya llevaba al personal definitivamente a la barriada de Canela.

La faena de los lancheros era dura, muy dura, todo el día remando, en muchas ocasiones en contra de marea para ganar el terreno que se perdía con la fuerza de la corriente, lo que exigía un  esfuerzo descomunal.

Una vez cerrado el estero, que quedó dividido por mor de la construcción de la dársena y edificado el puente de Canela, ya la dedicación de los sufridos lancheros no tenía sentido. Sé que Paco el Lanchero hijo terminó sus días como empleado en un motor de Villarreal, sin que pueda aportar datos acerca de Juan, el lanchero de Canela.

La estampa del sufrido lanchero remando en el río está clavada en la retina de los ayamontinos, y uno de ellos, el artista Manuel Jesús Franco, “Franquito”, lo plasmó de la forma que ustedes pueden ver en la fotografía que ilustra este artículo.