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Mojarra Fina: El Blog de la Mojarra Fina Ayamontina

Ayamonte en el Recuerdo

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 66: La histórica victoria sobre el Recreativo de Huelva. Continuación

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 66: La histórica victoria sobre el Recreativo de Huelva. Continuación

El pasado día 30 de enero se publicó en este blog un artículo relativo a la histórica victoria conseguida por el Ayamonte C.F. frente al Recreativo de Huelva allá finales de los años cincuenta del pasado siglo.

Dicho artículo iba ilustrado con una reciente fotografía del desaparecido estadio municipal pues en ese momento no contábamos con ilustración de la época.

Pero pasado el tiempo, miren por dónde mi primo Arturo me facilita una incomparable foto tomada aquel inolvidable día. Un grupo de jóvenes aficionados ayamontinos portan una pancarta que vino a dar la vuelta a España puesto que la epopeya fue trascendente, en la que se puede leer aquella frase que hizo época: hola otra vez aquí. La ilustración no podía ser más original, una sardina saludaba a un choco. Y era así porque por entonces el Recreativo era un equipo que deambulaba entre la segunda y la tercera división, en esta se paseaba y aquella le venía grande.

Recuerdo de muchos amigos nos trae esta fotografía. Yo he identificado a algunos y espero que los blogueros ya viejetes aporten su grano de arena y nombren a otros. En mi recuerdo, aparte de mi primo Arturo, que me facilita la foto y que aparece en la segunda fila de abajo a la izquierda, y su hermano Pepe más arriba, ayamontinos ya desaparecidos como el Molletero, el Mascota, y otros que aun permanecen entre nosotros, como los hermanos Guerrero, Martín, el Petaca, Jiguito, Diego Quino, Carmelo Tortosa y Carrasco. Se que me quedan muchos en el tintero, de ahí la colaboración que pido.

Bueno, con la aportación de esta estupenda fotografía queda completada la información y el recuerdo de una tarde inolvidable de fútbol.

 

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 65: el pontón

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 65: el pontón

El diccionario nos define el sustantivo “pontón”, como barco de proa, popa y fondo chatos usados para dragar puertos, cruzar ríos o en la construcción de puentes. Nada se nos dice acerca de su utilización como especie de boya indicativa del calado en determinadas partes de un río.

Pero en Ayamonte también recibieron esa aceptación el tipo de barcos al que me estoy refiriendo. Recuerdo perfectamente que en nuestro río existieron dos pontones, uno situado frente al Salón de Santa Gadea, que es el que se ve más al sur de la foto, y otro frente a San Francisco.

Eran negros y creo que servían para lo que he dicho, como lo hace el Chispito, es decir, para indicar a los barcos que navegan por el Guadiana que la parte que se comprende entre el pontón y la orilla no es aconsejable para su navegación por ser de poco calado, contener piedras, etc.

Creo recordar que del pontón frente al Salón se encargada un señor conocido como “Periquete”, por cierto, hombre de gran fama en lo relativo al yantar. Cuentan que una vez propuso en una apuesta al que fuera ayudante de Marina, Victorino García,  comerse nada menos que cincuenta huevos fritos y doce lechugas en casa Barberi, y ante la sorpresa de todos Periquete ganó la apuesta.

Del de San Francisco sólo me queda el recuero visual. Lo que no llego a comprender por qué desaparecidos los pontones, si es cierto que era indicadores del calado del río, no fueron sustituidos por otros elementos que cumpliesen tal cometido. Alguien aclarará esto, espero.

 

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 62: La cantina de la Milagrosa

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 62: La cantina de la Milagrosa

Durante muchos años de allá mediados el pasado siglo, existieron en Ayamonte dos instituciones, muy propias de la época, que ofrecían ocio diverso a la juventud: el Frente de Juventudes, como institución política, y la Milagrosa, de cariz religioso. Era lo que había, y poco bien que lo pasábamos los chavales de entonces.

Al frente de la Milagrosa, un ayamontino que hoy se convierte en el protagonista del blog por una razón que estimo muy necesaria: rescatar su buena imagen, que quedó algo deteriorada por el mal mojarreo a raíz de la instalación en los locales marianos de una cantina.

Juan Muniz Cruz, Juanito Cortada o Cortadita solicitó del padre conciliario de turno dicha instalación para ayudarse en sus precarios ingresos ya que la Milagrosa en verdad no podía pagarle mucho. Juan era un trabajador empedernido, nunca o casi nunca se necesitó la presencia de un mecánico, de un carpintero; con su mano derecha mutilada y todo, se bastaba y sobraba para arreglar averías. La puesta en marcha de la cantina no supuso menoscabo alguno en el funcionamiento del salón de juegos, entre otras cosas porque Juan se bastaba para atender las dos cosas y porque además, pagado por él, le ayudaron dos chavales de la época: Pepito el de la Goleta, al que desde aquí deseamos mejoría en su padecimiento, y Paco, cuyos apellidos no recuerdo y que emigró hace años.

Lo de la cantina fue todo un éxito, muy visitada y resultó un buen negocio, además de aquella fiebre de las papeletas, lo que mejoró la deprimente situación económica de Cortada, y que en definitiva le abrió las puertas al aprendizaje del oficio y poder instalarse posteriormente por su cuenta, hasta la fecha, en su bar de la calle Ainé Carbonell.

Estoy escribiendo de la época de la Milagrosa como tal, no sé nada de lo ocurrido posteriormente cuando la hermandad del Lunes Santo se hizo cargo de lo que ya no era una institución mariana, sino un negocio, y como no sé nada, nada digo.

Pero quiero terminar afirmando que Cortada jamás perjudicó a la Milagrosa, y que si ganó mucho dinero con la dichosa cantina es porque se lo trabajó a fondo, porque eso y no otra cosa es lo que Juan ha hecho a lo largo de su vida: trabajar, trabajar, trabajar.

 

AYAMONTE EN EL RECUERDO: 64: La Radio en Ayamonte

AYAMONTE EN EL RECUERDO: 64: La Radio en Ayamonte

 

El pasado día 24 tuve la satisfacción de asistir como tertuliano al programa extraordinario que la cadena Ser Costa de la Luz transmitió desde el Salón de Plenos del Ayuntamiento de Ayamonte con motivo del 25º aniversario de la llegada de la entonces Antena 3, que nos devolvía de alguna manera a la perdida Radio Juventud de Ayamonte. Y lo hice acompañado de tres ayamontinos de primer orden: los infumables Cándido Díaz Olías y Paco Hidalgo Toribio y el sempiterno trovador de la Laguna Antonio Gamero Ribera. Recordamos cosas del pasado que habían sido objeto de información por parte de la cadena y todo resultó muy ameno y constructivo.

Mis amigos Pepe Cecilia y Paola López llevaron el peso del programa con la inestimable colaboración de Juan Alvarez, que casi se estrena en el menester de reportero y posiblemente sea uno de los futuros tripulantes de la nave informativa cuando el Godovi ande ya dando sus paseos por el Patio de las Malvas, al que acompañaré gustoso.

Hay cosas que no se pueden definir y solemos hacerlo desde la propia denominación. Recuerdo que en una clase de Derecho Romano el profesor nos explicó la figura de la fideiuso, que era una especie de hipoteca pero a la vez distinta. Los juristas romanos, cuando le preguntaban qué era en realidad una fideiuso solían contestar: una fideiuso es una fideiuso.

Algo así hacemos cuando hablamos de la Radio, que es tan grande, tan especial, tan entrañable, tan única e insustituible a pesar de la proliferación de nuevos medios, que cuando nos referimos a ella en plan de alabanza, de reconocimiento, nos limitamos a decir: la Radio es la Radio.

Así es, nada ha podido con ella, cada vez hay más emisoras y con más audiencia, y ahí están sus profesionales al pie de la noticia, de la inmediatez, que después vendrán la tele para ofrecernos las imágenes y el periódico para la reflexión.

Pues nada, amigos: salud a todos y adelante con los faroles, digo, con los micrófonos. Y no olvidéis nunca, que la Radio es la Radio.

 

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 63: El antiguo bar Margallo

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 63: El antiguo bar Margallo

Sí, ya sé lo que van a decirme, que el bar Margallo no es cosa de recuerdos, que es actualidad, pero eso no evitará este recuerdo nostálgico de aquel primitivo bar Margallo al que me voy a referir, sin perjuicio de reconocer que las esencias, como veremos, siguen permaneciendo.

Allá por los años 60 del pasado siglo, un grupo de amigos nos acercábamos a mediodía al bar de Juan Margallo a tomar unos vasos de vino y el incomparable pescaíto frito de la casa, con aquel misterio insondable de saber cómo freía Juan el pescado que sabía distinto a todos los demás sitios, incluso se llegó a decir que freía con manteca en vez de con aceite. Yo me imagino cual es ese secreto porque un día, hace ya muchos años, lo explicó el escritor José María Pemán hablando precisamente del pescaído frito de Sanlúcar de Barrameda, pero no voy a decir nada para que no me tachen de malaje.

Como decía, a eso de las dos de la tarde nos reuníamos en el bar Margallo un grupo de amigos entre los que se encontraban Juan José el Torerito, el Nino, Manuel el Kabuca, el menda y algunos más, seguramente también Paco Valenzuela y los hermanos Losada, pero francamente no lo recuerdo bien. Y una cosa siempre me llamó la atención: cómo se las arreglaba Juan Margallo para mantener permanentemente aquel semblante de amabilidad, aquel envidiable buen humor, era un hombre excepcional.

Pasan los años y el negocio queda en manos de sus hijos y más adelante todavía en manos de Diego, pues Juan se fue al ladrillo y últimamente, debido a la crisis ha compuesto un grupo de acólitos. Diego es el vivo retrato de su padre detrás de mostrador, es amable, es simpático, y lo que es más importante: el pescaído se sigue friendo de escándalo. Ha ganado fama fuera de Ayamonte y ya es un atractivo turístico, pero lo más gracioso es lo que Diego contesta al forasterío que le pide reserva de una mesa: aquí, maricón el último.

Que siga así la cosa, amigo Diego, y que con tu quehacer siempre recordemos a tu padre. Un abrazo.

 

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 61: El viejo Cine Cardenio

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 61: El viejo Cine Cardenio

 

Hace ya muchos años, la gente vio como unos camiones aparcaban cerca del mercado de abastos y de ellos bajaban creo que sacos cargados con algo, en todo caso, cosas muy pesadas que iban introduciendo en un edificio cercano. Al frente de aquella operación, atendiendo sus responsabilidades técnicas, se encontraba mi amigo José Manuel Martín Frigolet, el Perito. Entonces se acercó su primo Prudencio Frigolet y le dijo: ya puedes meter todo el peso que quieras que se  va a hundir, ten en cuenta que lo hizo el maestro Clemente. Así me lo contó el propio Prudencio, y si no es así, que se peleen los primos y a mí me dejen tranquilo.

Lo importante del caso, es que nos estamos refiriendo al emblemático Cine Cardenio, que efectivamente se construyó bajo la dirección de uno de los maestros de la albañilería más importantes del siglo XX: Clemente Franco Expósito, el maestro Clemente el albañil.

El Cine Cardenio vino a ser un auténtico bombazo en aquel Ayamonte deprimido de la todavía cercana postguerra. No le faltaba de nada, era cine y teatro. Un portero para la general y preferencia, otro para butacas, un acomodador para general y preferencia –el inefable Magro, al que tantos sofocones le hicimos pasar-, y nada menos que dos acomodadores de uniforme para el patio de butacas; un administrador, y en la proyección creo que al principio el omnipresente Jopeja y ya más tarde Angel Pereira. Incluso una butaca reservada al “Orden”, que en aquellos tiempos era sumamente necesario y que de siempre vi que ocupara el comisario  Sr. Pulido, abuelo de un buen purmunía llamado Raul Fournier Pulido, y padre del farmacéutico Joaquín Pulido, de Marilurdes y Esperanza, todos ellos buenos amigos.

A diario, dos funciones, que no eran las de las 8 y las de las 10, aunque así se anunciara, eran sencillamente “la primera” y “la segunda”. Para ir a la segunda, como para ponerse pantalones largos, había que tener cierta edad. Los domingos, el cine infantil que abarrotaba el patio de butacas. Y de vez en cuando, los espectáculos que organizaba La Milagrosa, además de algún acto cultural dimanante del Instituto Laboral. Y de tarde en tarde, la visita de aquellas famosas “Compañías” de variedades: Juanito Valderrama, Antonio Machín, Rafael Farinas, Emilio el Moro, y otras muchas estrellas de la época, pasaron por el Teatro Cardenio. Sin olvidarnos de las representaciones teatrales, especialmente las locales, que tan buenos resultados dieron.

Después vino esa etapa de decadencia de la afición al cine, quizás motivado por la llegada de la televisión, y el Cardenio ha quedado para otros eventos: el Pregón, la presentación del Album y del cartel de Semana Santa, la presentación de los CDs de la Agrupación del Cristo de la Buena Muerte, las interminables noches del concurso del carnaval, conciertos, etc.

El Cine Cardenio quedaba como aislado entre la calle entonces 29 de julio, hoy Prudencio Gutiérrez Pallares, y la tapia de cerramiento de la antigua caseta municipal, imponente y ufano, y hoy estrujado por uno de esos grandes armatostes fruto de la reciente fiebre urbanística que caracterizó los recientes pasados años, en fin, pilarín.

Y menos mal que el Cardenio sigue sirviendo para algo, yo diría que para muchas cosas , que si nó ya habría irrumpido el avanzado de turno haciendo de las suyas.

El Cardenio y el  Estadio Municipal fueron auténticos emblemas del Ayamonte de mediados el pasado siglo. Al segundo se lo cargaron hace tiempo, veremos lo que dura el primero porque el lugar es idóneo para otro armatoste, y para lo que se utiliza bien pudiera valer el Comedor de la Palmera Milagrosa.

 

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 60. La antigua Caseta Municipal

AYAMONTE EN EL RECUERDO.  60. La antigua Caseta Municipal

Durante el pasado siglo, existió en Ayamonte un lugar que sin que se ordenara así expresamente, servía de expansión para los más pudientes durante las fiestas patronales: la Caseta Municipal.

En realidad, no era más que un solar con una especie de pista de baile, que en esos días se adornaba y engalanaba para dar bailes y servir comidas. Naturalmente los pobres no tenían acceso a la caseta, no porque se lo prohibieran, sino porque económicamente no podían, aunque los había que se sacrificaban al máximo para sacar el abono aun a costa de pasar penuarias el resto del año. Pero maqueaba mucho bailar donde lo hacían los güilis, que era como entonces llamábamos a los de clase acomodada. Estaba situada donde hoy hyan construido esa mole que los tapa el rio frente al alpende de Médico Rey García.

Los demás, como diría mi inolvidable amigo Manolo González Alfonso, Lolo el de Saturnino, al zapá, y el zapá era el Paseo, donde el Ayuntamiento organizaba bailes populares llamados aquí verbenas.

Más tarde, y paradógicamente bajo el mandato de un alcalde del franquismo tardío, pero que estaba más cerca de la transición que de la dictadura, Antonio Concepción Jiménez, se construyó la nueva Caseta Municipal en el Salón de Santa Gadea, y esa sí que ha sido siempre la de todos.

Muchos recuerdan aquella viaje caseta con nostalgia, seguramente porque pudieron disfrutarla. Yo la recuerdo con rabia porque me tenía que conformar con asomarme a la tapia. Cosas de la vida.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 60. La parada de Damas

AYAMONTE EN EL RECUERDO.  60. La parada de Damas

No sé por qué hay tanta gente que se ha quejado siempre de nuestra estación de autobuses, que al fin y al cabo fue un acertado reciclaje de la antigua del ferrocarril. El pasado año tuve la ocasión de viajar hasta Vigo, es decir, cruzar España a través de la afamada Ruta de la Plata, parando en ciudades emblemáticas como Zafra, Mérida, Cáceres, Salamanca, Puebla de Sanabria, Zamora, etc., y les puedo asegurar que un buen número de estaciones de autobuses eran muy, pero que muy inferiores a la nuestra.

Pero vamos a lo que vamos, a recordar la antigua estación de autobuses, que nunca fue llamada así sencillamente porque los ayamontinos siempre la denominamos como "Parada de Damas", entre otras cosas porque en el lugar que hoy se denomina Plaza de la Coronación eran los auobueses de la empresa Damas los que hacían la estación de llegada y salida.

A veces nos quedábamos observando la gran habilidad de los conductores para tomar la salida con aquella maniobra casi increíble, salvando todo tipo de obstáculos, y sobre todo el espectáculo de la llegada o salida de una camioneta muy particular llamada popularmen "La Cachonda", que hacía la ruta de Villablanca, San Silvestre, Castillejos... siempre cargada de todo tipo de enseres y artículos agrícolas, incluídos animales, especialmente gallinas. Era lentísima por vieja y no sé qué tiempo tardaba en hacer su recorrido normal.

Otra característica de la parada de Damas era esperar la camioneta que llegaba al caer la noche conducida por el inolvidable  Diego Villegas. Una vez terminado el servicio, Diego llevaba la camioneta hasta el llamado garaje de Damas, en el Banderín, donde además vivía con su familia. Entontes, las gentes del Banderín, para no ir andando se subían a la camioneta y Diego los llevaba. Era un riesgo, pues  la gente iba sin billete, por la generosidad de Diego Villegas, gracias a Dios nunca hubo que lamentar la existencia e ningún accidente.

Quiero recordar como trabajadores fijos de la empresa Damas en Ayamonte, en su estación o parada, a Enrique Aroyo, en el negociado de billetes y facturación; Joaquín Pereira, el Trompo, como mozo de carga y descarga, al que luego sustituyó un personaje indescriptible, un gran ayamontino, especialista en la captura e bocas de caballetes: Olivita. Quiero aclarar que antes o despues de Enrique Arroyo hubo otro empleado cuyo nombre no recuerdo, pero seguro que algún bloguero lo recordará, y a veces era el hijo de Enrique, nuestro amigo Enrique Aroyo quien sustituía a su padre en aquel despacho.

La parada de Damas era incómoda, vieja, y como todo lo que tenía la empresa en aquellos tiempos, descuidada, por eso no compendo cómo ahora nos quejamos de la nueva estación, en fin pilarín. Alguna razón habrá, seguro, porque también es cierto que en lo tiempos que corren se pueden hacer las cosas bien del todo y no a medias.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 59. La Mericambá

AYAMONTE EN EL RECUERDO.  59. La Mericambá

Nos encontramos hoy con una expresión que a la vez es abstracción y una contracción gramatical. Abstracción porque nos quedamos con lo esencial y contracción porque de dos o más partes de la oración hacemos una. La explicación práctica del caso es la siguiente:

Aunque todavía existe el local, de parecida dedicación, me estoy refiriendo al llamado "Cocedero de Ayamonte" situado en la plaza de la Coronación, nada o casi nada tiene que ver con el originario en cuanto a negocio nos referimos. Este negocio que hoy contemplamos y disfrutamos vino en llamarase el pasado siglo como "América Bar". Era una gran cafatería y al mismo tiempo salón de juegos de mesa, de billar, etc.

Con el tiempo y el uso abreviado y cómodo del habla, lo de América Bar se unió y quedó en Americabá, y para no gastar mucha saliva,  los ayamontinos de la época elminaron también la "a" inicial, y no sé por qué añadieron una "m" entre la segunda "a" y la "b", y al final y ya para siempre, aquella cafetería fue nombrada y conocida como "la Mericambá".

La Mericambá era, por decirlo de alguna forma, el tercer casino de Ayamonte. que ya contaba con dos, el Círculo Mercantil, conocido como el casino de los señoritos y de los haraganes, y el Casino Republicano, que no es otro que el Casino España. Y digo esto porque la Mericambá, además de cafetería-bar contaba con un salón de juegos de cartas, dominó, billar, etc., que daba a la calle Zamora, eso sí, todo en plan pobre, muy pobre, de tal manera que era corriente ver muchas mesas ocupadas sin que sus ocupantes consumieran nada. Eso sí, cuando había algo de dinero, allí lo gastaban, que para algo el pobre suele ser fiel y agradecido.

En principio fue propiedad de dos hermanos, Rafael y Juan, pero por razones que ignoro terminó regentándolo sólo Juan, que era así conocido como Juanito el de la Mericambá. En el recuerdo, un personaje inolvidable, Pepe Ojeda, tras el mostrador que además de ser el esposo de la conocidísima Paya, era el que redoblaba el tambor durante la Semana Santa con aquella modesta y recordada banda de cornetas y tambores, con Manolo Arenas, Fernandín, y otros que no recuerdo. Y de camarero, el inefable y aun entre nosotros Talicón, simpático como él solo.

La Mericambá, no me cansaré de repetirlo, fue el casino de los más pobres,. y gracias a Dios sigue existiendo su atractiva fachada. Todavía cuando los más viejos pasamos por su puerta nos parece ver aquellos antiguos y preciosos veladores redondos en su amplísima terraza exterior, y las mesas de mármol en el interior, sin olvidar el artistico posapiés del mostrador.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 58. La barcaza de Villegas

AYAMONTE EN EL RECUERDO.  58. La barcaza de Villegas

"En la noche azul y plata suena una voz marinera, mientras va cruzando el río una barquita de vela". En las noches azul y plata y en los días soleados y nublados, fueron muchos los días del pasado siglo en que nuestro Guadiana era navegado por galeones, cargueros de mineral, barbateños...y casi a diario, una embarcación muy especial cuya contemplación no resultaba ni mucho menos dificultosa dada la lentitud de su navegar: la barcaza de Villegas.

Se trataba de una embarcación de carga que transportaba principalmente sal procedente de las salinas que entonces proliferaban en nuestra ciudad con destino a las fábricas de conservas y salazones y abastecimiento de los barcos. Quiero recordar que los dos únicos ocupantes de la recordada barcaza eran los señores Villegas, padre e hijo, conocido este último con el mote de "el  Chao", mote que seguramente él mismo se puso.

La imagen de la barcaza de Villegas navegando por el Guadiana todavía permanece en el recuerdo de muchos ayamontinos, pues aun tratándose de un medio de transporte bastante primitivo, fue uno de los símbolos de aquel Ayamonte próspero y fabril del siglo pasado.

Pero más recuerdo aun se tiene el famoso "Chao", del inefable Villegas. Creo que vivía en la calle Buenavista, al subir la cuesta a la derecha, la primera escalera, y en tiempos quiero recordar que se hizo cargo del recordado Zampuzo de la calle Rodrigo de Jerez. Llevaba siempre puesta la camiseta del Betis, el club de sus amores. Para él, incluso él mismo, todos nos llamábamos "Chao". Recuerdo perfectamente que un día me lo encontré subiendo la calle Galdames y le pregunté a donde iba y me respondió: voy a ver un rato al Chao. Recapacité, me dí cuenta de que era viernes y saqué la conclusión de que el tal Chao era ni más ni menos que Padre Jesús.

Devoto de la Virgen de Fátima, iba de visita al santuario todos los años. Un día a la vuelta me crucé con él, su esposa y un matrimonio amigo inseparables: el Naní y la Uchi, no recuerdo quien de ellos, pero desde luego puestos de acuerdo, me regaló un fransquito con agua del santuario para que le echara a mi hija Loreto en su cabeza. Aunque no sirvió de nada, como suele ocurrir, siempre les quedaré agradecido por aquel generoso detalle

El Chao fue una de esas personas que por su limpio talante, su sentido del humor, su generosidad, no tuvo nunca un solo enemigo, es más, creo que todos nos considerábamos, en menor o mayor grado, amigos de él.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 57. Los zapatertos remendones

AYAMONTE EN EL RECUERDO.  57. Los zapatertos remendones

En nuestros tiempos, debido a la gran competencia existente en el mundo industrial y comercial, resulta a veces, por no decir casi siempre, más fácil y corriente comprarse unos zapatos nuevos que llevar los viejos a los zapateros para su arreglo. Prueba de ello es que los talleres de estos profesionales han  desaparecido, quedando algún taller más industrial que artesano, lleno de modernas maquinarias a donde se suelen llevar los zapatos, diremos, caros, porque los baratos, bueno, para los baratos es preferible esperar al mercadillo del sábado.

En Ayamonte existieron muchos maestros del remiendo del calzado, llamados popularmente "zapateros remendones", que se dedicaban a poner tapas, medias suelas y realizar todo tipo de arreglos.

Recuerdo por encima los existentes, con la esperanza de que algún que otro bloguero de buena memoria amplie la lista. En la calle Hermana Amparo había uno al frente del cual estaba el Sr. Gildo, tío de nuestro querido amigo Pepito Silveira; a la vuelta, en calle Huelva había otro en el que creo recordar que estuvo de aprendiz mi tocayo Trini el Cojo, sin que recuerde el nombre del maestro; en la calle Rodrigo de Jerez, el de Jaramillo, en el que trabajaba el amigo Pepe Ermerinda, el de la Avenida, al frente del cual se encontraba el recordado e inolvidable Trini el Cojo, ya reocordado en estas páginas. Y el que posiblemente fue el que más tiempo duró, el del maestro Alonso en la calle Cervantes,  que por cierto, también trabajó en él mi nombrado tocayo, con Angelito el de los cupones en la puerta y el maestro Juan el Guinga, barbero ambulante, arreglando a alguien dento de la zapatería.

Una de las características de quellos pequeños talleres artesanales eran que servían de amenas tertulias.Yo lo fui de dos, de la de mi tocayo Trini, a donde iba todos los días a escribir en una pizarra el título de la película que ese día ponían en el Cardenio, y de la del maestro Alonso en la calle Cervantes por aquello de que como trabajaba en el despacho de don Trini Navarro, antes de entrar siempre echaba allí el ratito.

Buenos, buenísimos artesanos aquellos maestros zapateros, que yo no sé como se las arreglaban, pero cuando te ponías el zapato recién arreglado tenía todas las pintas de recién comprado.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 53. Histórica victoria del Ayamonte C.F. sobre el Recreativo de Huelva

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 53. Histórica victoria del Ayamonte C.F. sobre el Recreativo de Huelva

En estos momentos no recuerdo el año, pero seguro que algún aficionado lo aportará. Nuestro Ayamonte C.F., ese al que los indocumentados en vez de llamarle equipo ayamontino le llaman "equipo fronterizo" e incluso equipo "onubense", cuando no somos onubenses sino en todo caso, huelvanos, siempre fue un clásico de la tercera división, equipo tradicionalmente de media tabla, difícil de vencer en casa pero tampoco muy resolutivo fuera. Eran tiempos en que los futbolistas vivían en Ayamonte, en pensiones, y entrenaban a diario en el estadio municipal, no como ahora que parece esto la diáspora.

Bueno, a lo que íbamos. El Ayamonte se enfrentaba en nuestro estadio muncipal, entones de terreno de juego de tierra, a un invencible Recreativo de Huelva cuajado de figuras: Tiravit, Quirro, Guerra, Santamaría, Crispi, Oviedo, Moro, en fin, todo un elenco para la categoría pues todos los críticos aseguraban que era plantilla de segunda división (entonces no existía la segunda B). Se paseaba por la tercera como  cada cual por su casa, ni siquiera empataba, ganaba todos los partidos y por goleada. Aquí vinieron haciendo gala de esa superioridad, en el campo había muchos más aficionados de Huelva que de Ayamonte, y el primer tiempo fue una auténtica pachanguita. Recuerdo que Oviedo, que estaba majara perdido,  pero un gran pelotero que terminó siendo titular en aquel Elche de la primera división que jugó una final de Copa,  incluso se volvía del área del Ayamonte como diciendo "ya volveré y marcaré cuando me parezca".

Pero en la segunda parte, del Ayamonte, que había aguantado estóicamente la avalancha del super Recreativo, surgieron cuatro hombres que dieron un vuelco al partido y marcaron un hito en la historia del fútbol provincial. A saber: el portero, que ahora tengo dudas si fue Morales o Domingo -o la Dominga como era cariñosamente conocido-, que lo paraba todo cuando ya el Huelva quería marcar; Félix, el central, todo un valladar infranqueable; Juaniquito, que avisó marcando un gol anulado por supuesto fuera de juego, y Cañada, autor del gol de la victoria. Toda la prensa nacional deportiva se hizo eco de aquella victoria, la gente de la capital se marchó humillada y en la secretaría del Ayamonte en calle Capitán Cortés, colgaron durante años las memorables fotos de aquella no menos memorable victoria.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 54. La horma de Sotito

AYAMONTE EN EL RECUERDO.  54. La horma de Sotito

Como ocurre con todas las actividades, las formas y maneras de solucionar los problemas cambian considerablemente a medida que avanzan los años. Por ejemplo, hoy casi nadie lleva a arreglar un televisor con una avería importante porque a la larga  sale mejor comprar uno nuevo en una oferta. Con los zapatos pasa algo parecido, te compras un par en el mercadillo y cuando la rozadura te va llegando al hueso en vez de llevarlo al zapatero te compras otro par y punto.

Uno de los problemas que siempre han ocasionado los zapatos nuevos son eso, las rozaduras por la estrechez de los mismos. Nos los probamos en la tienda y de momento van muy bien, pero a la vuelta de acompañar a la Amargura por todo el recorrido ya no nos parece tan bien el encaje de los dichos zapatos, así que hay que procurar, aparte de las tiritas, encontrar otro remedio. Se dice que metiéndolos en alcohol estira la piel y ancha el zapato, pero desde luego es mejor, si la apretura no es excesiva, utilizar un método más técnico.

En nuestro pasado Ayamonte contábamos con una zapatería de prestigo, la de Sotito, diminutivo de Soto. Sotito tenía la zapatería en la calle San Diego y ya a la vejez el hombre se llevaba casi todo el día sentado a la puerta y así charlaba con el maestro Curro el barbero que tenía la barbería enfrente. En tal zapatería se ofrecía un servicio para el remedio de que hablamos: meter el zapato en la horma. Así que si el zapato te apretaba ibas a la zapatería de Sotito y decías: muy buenas Pepe, que era el yerno, vengo a que me metas el zapato en la horma. Allí se llevaba el zapato unos días y lógicamente anchaba y se podía seguir utilizando.

La horma de Sotito creo que duró hasta el final de la vida de la zapatería y no sé si Jaime Pereira Soto , nieto del fundador del negocio, la conserva, le preguntaré cuando le vea.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 56. Los puestos de desavío de la calle Lepe

AYAMONTE EN EL RECUERDO.  56. Los puestos de desavío de la calle Lepe

Debo aclarar desde el primer momento que me estoy refiriendo a la calle Huelva, pero que para los viejos ayamontinos siempre será la calle Lepe, dicen que por ella pasaban antiguamente los leperos cuando venían a trabajar a los galeones antes de que existiera la avenida, y con este apelativo la hemos conocido siempre.

En los tiempos actuales, las grandes superficies son los comercios más visitados, antes lo eran los supermercados y antes las añoradas tiendas de comestibles conocidas como tiendas de "ultramarinos", porque en principio en ellas se vendían los productos venidos de ultramar, de América y demáas colonias españolas. En los tiempos actuales, a estas tiendas se les viene en llamar de "desavío", sobre todo porque avían las necesidades de personas mayores y de gentes que en general no pueden desplazarse más allá de su casa o de su barrio. Pero en los tiempos de que hablamos esas tiendas eran las principales y había otras, mas bien puestos, que eran los de desavío. Solían estar ubicados en una casa particular y sus titulares solían ser viudas o gente sin ingresos que así se ganaban la vida. Los productos a la venta estaban situados en una pequeña mesa a la entrada de la vivienda, y no se compraban en cantidades importantes, sólo lo preciso: media docena de mixtos, un puñao de bicarbonato, una aguja, un par de cigarros, una cafiaspirina o un okal, etc., en definitiva, para un desavío.

En Ayamonte hubo un lugar destacado por la proliferación de estas tiendecitas o puestos de desavío. La foto que verán ilustra el lugar aunque lógicamente muy transformado, casi sin rastro de lo que era, pero nos servirá de referencia. Ese lugar era y es la antigua calle Lepe en su cruce con calle Lepanto. Situados como entrando en Ayamonte les describo como era la cosa:

A la derecha, en la esquina, una tienda de comestibles, la de Jerónimo Duarte, padre de Fali y suegro de Pedrito Pérez, pero era una tienda de ultramarinos o comestibles; siguiendo la acera pasado el cruce, nos encontrábamos con la primera de desavío, la de la señora Justa, se trataba de una sola pieza que ella, para guardar su intimidad, dividía a base de unas sábanas tendidas en un cordel y al otro lado quedaba su dormitorio; más adelante, había dos casas de mucha profundidad y estrechas en las que vivía una señora llamada Bárbara, conocida como Barbarita, y otra a la que se le llamaba la Lepera;, vendía especialmente patatas y tomates; más adelante, otra tienda también de comestibles, la de la familia Roja. Volviendo al lugar del que partimos, en la acera izquierda haciendo esquina con Lepanto, la más emblemática y conocida, quizás por el sobrenombre de su dueña, que por cierto que se cabreaba de lo lindo por ello, se trataba de la tiendecita de Manuela la Pichilica, esta era mása que un puesto porque también vendía carbón y cisco y tierra para la copa; y ya mucho más adelante, casi llegando al cruce con Buenavista, la famosa de mi recordada y querida Joaquina la del Comedor, no sé si se le llamaba así porque la mesa de venta la tenía en el propio comedor de la casa. Desde luego era la más ordenada y limpia de todas.

Los alumnos de la primera promoción del Instituto Laboral, entre los que me encontraba, cantábamos una coplilla, con la música de "Campanera", en referencia a estos puestecillos, que le costaba grandes sofocones a la Pichilica. El autor de la letra quiero recordar que fue un tal Trini el Largo, y decía así:

"Hay campanera, aunque la Justa no quiera, por la bendición de Barbarita, porque quiso Dios, la Pichilica". Y nada más, supongo que alguien podrá aportar algo nuevo, como siempre y además es deseable.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 55. La Procesión Magna

AYAMONTE EN EL RECUERDO.  55. La Procesión Magna

Hoy vamos poner contento al talentoso técnico del blog, el gran Comandante Xavier con un tema de Semana Santa de los de categoría, aunque primero habría que preguntarse, ¿qué edad tenía el comandante Xavier cuando la Procesión Magna?.

Ayamonte, su Semana Santa, que ya venía de siglos y organizada formal y estatutariamente desde el año 1941 cuando se creó Agrupación de Cofradías, necesitaba celebrar el cincuentenario de aquel evento con un acontecimiento que pasara a la Historia, y ese no fue otro que la Procesión Magna, siendo presidente nuestro amigo Juan Concepción. No era fácil, no debemos olvidar que la iglesia de las Angustias se encontraba en obras, aquellas obras interminables que terminaron al año siguiente coincidiendo con la coronación de la Patrona.

Poner de acuerdo a todas las hermandes, conseguir un itinerario ideal de encuentros y puntualidad, conseguir que todo marchara armoniosamente, todo ello además en silencio, sin la siempre alentadora compañía musical, no era, repito, tarea fácil. Pero entre todos los buenos tontos de capirucho lo consiguieron, y la procesión magna fue un acontencimiento realmente paradigmático, para los anales, includida aquella imagen del perro que se echó a dormir en pleno Paseo y no había quien lo despertara,así lo tengo recogido en un vídeo que conservo con celo.

Supongo que lo que menos trabajo costó sería la elección de las imágenes, para eso Ayamonte tiene el Viacrucis prácticamente completo. Así desfilaron nuestros pasos: Señor de la Mulita, Oración en el Huerto, Jesús Cautivo, Pasión, Jesús Caído, Padre Jesús -que por cierto, a mi gusto, sus cargadores hicieron la mejor pegaíta de toda su historia y aun no la han superado-, Veracruz, La Lanzada,  Descendimiento, Santo Entierro de San Francisco y cerrando el cortejo la Virgen de las Angustias, que a mi entender fue una decisión endeble y algo cobarde por miedo a un absurdo enfrentamiento. La Patrona es una Dolorosa pero no procesiona en Semana Santa, el cortejo lo debió cerrar una dolorosa de Semana Santa y para evitar  discusiones absurdas, tendría que haber recaído en la Virgen de la Soledad por pertenecer a la hermandad más antigua. Pero en fin, es sólo una opinión mía, nada más.

Otra cosa, seguramente me habré equivocado en algún detalle, pero con tantos buenos tontos de capirucho ya me rectificará alguno y yo, como siempre, aceptaré la rectificación con sumo gusto.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 52. Los marineros que no volvieron

AYAMONTE EN EL RECUERDO.  52. Los marineros que no volvieron

Tradicionalmente se citan al minero y al marinero como los trabajadores de más riesgos, ambos van al trabajo llevando consigo la incertidumbre del regreso, son  tantas las probabilidades de que este no se produzca que la desaparición de uno de estos trabajadores en la sima de una mina derrumbada o en las profundidades del mar nos llegan a parecer lógicas, así como cotidianas.

Pero nosotros vamos a tratar en este breve artículo de los marineros, que es lo nuestro. La desaparición de un marinero en el mar, fruto de un naufragio, de un golpe de mar, de un accidente a bordo conlleva tanto impacto que llena de luto, de pena, no sólo a la familia,  también a la comunidad marinera del lugar, y a todos sus habitantes.

Muchos marineros ayamontinos nos dejaron contando como único nicho la inmensidad del mar, aunque sus esposas, muchas de ellas, no se cansan de esperar y albergan la esperanza, que dicen es lo último que se pierde, se rescatar un día el cuerpo sin vida de su esposo. Y rezan a diario por ello.

Pero una tristeza más les acompaña de por vida: no poder siquiera rezar ante una lápida en el cementerio, no poder depositar en ella un ramo de flores, porque la única lápida posible es el mar, y ¿quién coloca una lápida en el mar?, ¿quién pone en el mar una jardinera para colocar flores?.

En este apartado del blog hablamos de las cosas del Ayamonte que se nos fue, de sus recuerdos, de su paisaje urbano, de sus gentes. Era hora de que un día hablásemos de ellos, de todos esos ayamontinos que perdieron sus vidas en la mar, aunque ese recuerdo reavive una pena húmeda y una gran desazón. Si acaso, para los creyentes queda el refugio de la esperanza en ese reencuentro  que creemos se producirá un día, y esa esperanza en Ayamonte está en San Francisco: la Esperanza del Mar.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 51. La Misión

AYAMONTE EN EL RECUERDO.  51. La Misión

A principios de 1960 corrió por Ayamonte una noticia insólita, curiosa, asombrosa: iban a venir unos misioneros, nos iban a dar una misión. A nosotros, los ayamontinos nos iban a dar una misión, a nosotros, católicos hasta la médula, que podíamos presumir de un amplísimo elenco religioso: Padre Jesús, la Virgen de las Angustias, la Virgen del Carmen, Pasión, el queridísimo Señor "sintripas";  cursillistas de cristiandad, Corpus de jundia y romero con la custodia bajo palio y la esparanza de que un día nos visitara el "Enviado" que vivía en El Pardo para sacarlo igual que al Santísimo; iglesias parroquiales, ermitas, templos, dos comunidades de monjas, una casa para dar de comer a los niños pobres; señores de comunión diaria, aunque luego tuviesen muertos de hambre a sus jornaleros; curas llevando la comunión a los enfermos antes que decidieran que lo hiciera mi buena amiga Aurelia, o dando la comunión en las misas antes que decidieran que la diera mi también amigo Neneique; que teníamos también un patrón, algo olvidado, es decir, anterior a Joaquín Casiñas; y un monje beato al que le ganó la carrera hasta la santidad un tal Sanjosemaría; el Señor de la Guadaña, la Cruz del Calvario, la Virgen del Carmen procesionando por el río, Colijo pidiendo los votitos de Padre Jesús, los huevos de Padre Jesús, aquellos de color morado por la anilina que se le echaba al agua de cocción; entierros de uno, dos o tres curas, según el difunto. En fin, pilarín.

Y a nosotros, precisamente a nosotros, nos iban a dar una misión, como si fuésemos negritos de Africa o chinitos del Japón -¿recuerdan aquello de chinito japón te pican los mosquitos?, pues eso-, pero nos la dieron, y el resultado fue sencillamente apoteósico, memorial, inolvidable. Claro, es que los Paules de aquel tiempo fueron muy listos, por lo demás, virtud propia de los curas de todos los tiempos.

A ellos eso de las procesiones, sobre todo las de Semana Santa, les sonaba a idolatría, de modo que Padre Jesús y compañía eran sencillamente "santos de palos". ¿Sí?. Pues ala, los santos de palos a la calle, verán como se pone el ambiente. Y el ambiente se puso como se tenía que poner, embuti. ¿Que no vamos nunca por el Arrecife?, pues ahora les vamos a construir una iglesia de madera; ¿que no vamos nunca por el Banderín?, pues les habilitamos el garaje de Damas como templo. ¿Que el Rosario de la Aurora es muy temprano y la gente no va a madrugar?. Nada, llevamos de templo en templo a la Patrona y problema solucionado.

Y funcionó la cosa, vaya que si funcionó. Yo diría que desde el punto de vista religioso los ayamontinos podemos hablar del antes y del después de la Misión; ni siquiera el Vaticano II marcó tanto la religiosidad en Ayamonte.

La foto que ilustrará este artículo lo dice todo. Muchos paisanos en ella ya desaparecidos y los jóvenes de primer plano que ya somos abuelos. Podemos decir que los tres acontecimientos más multitudinarios de la historia reciente de Ayamonte fueron: la primera venida de la Virgen de Fátima, el entierro de don Antonio Massoni, y la Misión.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 50. La Villa que nos quitaron

AYAMONTE EN EL RECUERDO.  50. La Villa que nos quitaron

Tengo a la vista una vieja fotografía del barrio de la Villa tomada desde la esquina norte del Muelle de Poniente; al lado, otra que quité hace unos días para compararlas, y la impresión que se obtiene después de la comparación es bien clara: la Villa de verdad ha desaparecido casi en su totalidad. Sí, es cierto que si te adentras en el barrio ahí siguen estando la calle Cuna, Viriato, San Sebastián, San Mateo, Jesús, en fin, todas. Pero ahí permanecen como enlatadas, ahogadas por los armatostes que se han ido construyendo a su alrededor a lo largo y ancho de los últimos años.

No sólo se ha cambiado la cal por el plástico, por los azulejos de fachadas; también los tejados por azoteas, y a veces las piedras por el alquitrán. Pero vayan ustedes a decírselo a los arquitectos diseñadores del desmadre, verán como tratarán de convencerles que así está el barrio mejor. O a los que llenaron la buchaca a costa de nuestro más rancio patrimonio, esos que se quitan de enmedio cuando las ven venir moradas.

Cuando en una contienda deportiva, por ejemplo, un partido de fútbol, un equipo es considerablemente superior a otro, suele decirse: "no hay color". Algo parecido podemos decir asomándonos a esa esquina del puerto que antes indicaba al mirar hacia la Villa: "no es lo mismo". Y es que en realidad, la Villa, Villa, nos la quitaron hace tiempo. Una lástima y a la vez, una triste realidad.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 49. El volquete de Santiago

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 49. El volquete de Santiago

Antiguamente, cuando la actividad de la construcción era precaria, lógicamente escaseaban los medios de transporte encaminados a acarrear el material necesario para las obras.

En nuestra ciudad, a mediados del siglo pasado, todos los albañiles se valían de la misma persona para el trasiego del material, se llamaba Santiago y era comúnmente conocido como Santiago "el del Volquete". Tenía un carro o volquete tirado por una mula que formaban parte indispensable de nuestro paisaje urbano. Por entre las manos y piernas de la  mula  un pequeño perro era otro elemento inseparable de este recuerdo nostálgico.

Santiago iba con su volquete de pedrera en pedrera, de un horno de ladrillo a otro, así todo el día, al final del cual encerrada a los animales y el carro en un local en la calle Huelva esquina a Santa Lucía. El vivía enfrente con su esposa, la querida y popular Frasquita, hermana del imaginero León Ortega. Frasquita era famosa por su afición al fútbol, cosa impropia para mujeres de la época, pero junto a Antonia Espina, tía de nuestro amigo Antonio Gómez Espina, y de una hermana del amigo Luis Oliva a la que conocíamos por la Olivita, diminutivo de su apellido, eran incondicionales del Ayamonte y no faltaban un solo domingo de partido y la armaban de verdad, no paraban de animar al equipo y tampoco se privaban de mandar algún que otro recado al árbitro o al juez de línea. Como detalle curioso, apuntar que ninguna de las tres superaban el metro y medio de estatura, pequeñas de cuerpo pero grandes mujeres.

Después de la faena, Santiago iba al Bar el Túnez a tomarse unos vinos, como era debido, con su permanente tertulia: Leopoldo el de los cupones, Pepito el del carrillo, Paco el de la Morenita, mi padre y mis tíos el Cano y Dionisio, a los que también se unía Manolo Chatarra.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 47. La campanilla de la casa de la familia Feu

AYAMONTE EN EL RECUERDO.  47. La campanilla de la casa de la familia Feu

Ni las de las torres de las iglesias, de todas las iglesias y templos de Ayamonte sonaron tanto a lo largo de buena parte del siglo pasado como la campanilla que la familia Feu Pérez tenía instalada en su casa de la vieja calle Lepe haciendo esquina con la Callejita el Loco. Creo, sin temor a equivocarme, que no hubo niño ayamontino que no tirara alguna vez de la cadena haciendo sonar la campana instalada dentro de la casa. Entonces ocurría siempre igual: una de las sirvientas se asomaba al patio desde el corredor alto para ver quien llamaba, pero quien había llamado andaba ya en plena carrera a la altura del viejo edificio de Correos, lo que hoy es la Plaza del Rosario.

Así que nos situamos para los más jóvenes. La casa de la familia Feu Pérez, para mejor entendernos, la de Manolín Feu -un fuerte abrazo, maestro Barbedun- se encuentra en la calle Huelva -antigua y vieja calle Lepe, Comandante Haro, Iberia- haciendo esquina con calle San Pedro o Callejita el Loco. Ahora está cerrada, pero esa gran puerta que se ve desde la calle daba a una entrada que a la vez terminaba en una cancela. A la derecha de la cancela colgaba una cadena con argolla y al tirar de ella sonaba una campana o campanilla en el interior de la casa. Era toda una tentación para los niños tirar de la cadena y salir corriendo. Una diablura nada comparable a pegarle a un maestro o a los propios padres.

Tengo curiosidad si "Puerta de España", por vivir cerca, lo hizo alguna vez, pues sus hermanos seguro que lo harían. Por cierto, me gustaría que me recordara el nombre de aquella sirvienta que tuvo la familia y que ya era una más de la misma, que marchó a Sevilla a trabajar en la casa de Paquita y Matilde Feu Pérez. Era una mujer admirable y muy querida, y la que casi siempre se asomaba al sonar la famosa campanilla.

Y para terminar, quiero dejar claro que la campana que ilustra este artículo no es la famosa de la que hablamos, pero al no ser posible fotografiar la original...buenas son tortas.