Blogia
Mojarra Fina: El Blog de la Mojarra Fina Ayamontina

Ayamonte en el Recuerdo

AYAMONTE EN EL RECUERDO. De cuando el tiempo pasado sí fue mejor.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. De cuando el tiempo pasado sí fue mejor.

Las frases hechas, los tópicos literarios, casi nunca responden a la realidad, todo es relativo. Así, eso de que todo tiempo pasado fue mejor no deja de ser un pensamiento nostálgico, de rebelión por parte de quienes no renuncian a la exclusividad de sus vivencias emotivas. Pero hay excepciones, como en todas las reglas.

Ultimamente –y esa un criterio que vengo manteniendo desde la creación de este blog- las fiestas de Las Angustias han venido a anclarse (en cuanto al real), en una hilera de grandes comedores, de restaurantes montables, donde el personal se encierra durante horas. Los paseos por el real han quedado para la hora de los niños o para los mayores.

Me gustaría que mis blogueros se recrearan en la fotografía que ilustra este comentario. Eran tiempos de penuria económica: los Ayuntamientos no contaban apenas con ingresos, la UE no existía y por consiguiente no existían esos fondos para los municipios que dieran lugar a aquella frase de Rafael González, el anterior alcalde: “mi problema es que no sé dónde emplear tanto dinero como llega”. Todo era muy escueto, muy limitado. Menos las fiestas de las Angustias. Empezando por el escenario, inigualable, ningún lugar de Ayamonte podrá ni siquiera acercarse a la belleza del entorno del Paseo. Hoy, nuestras fiestas, como ocurre en muchos lugares, son de extrarradio, al igual que los cementerios, los tanatorios, los campos de fútbol...

Mucha gente se ve en la foto ocupando el Paseo. ¿Qué ocurre?. Muy sencillo: nada más y nada menos que la verbena popular. Ni tikes, ni entradas, ni abonos de clase alguna. Libre, abierta a todos, lejos del búnker social de la caseta municipal, donde bailan los ricos y los pobres tontos del culo que se han llevado todo el año privándose de todo con tal de, durante cuatro días, codearse con los pudientes.

Las verbenas del Paseo durante las Angustias y durante las festividades conmemorativas de la victoría franquista en la Guerra Civil –hay que ver cómo bailaban en ellas los comunistas y socialistas de pro- permanecen en el recuerdo de los ayamontinos viejos, nostálgicos. Y si encima el Paseo viene engalanado con aquellos extraordinarios alumbrados, lo que nos permite afirmar que algunas veces, sólo algunas veces, el tiempo pasado fue mejor.

AYAMONTE EN EL RECUERDO: Torres y espadañas de otros tiempos.

AYAMONTE EN EL RECUERDO:  Torres y espadañas de otros tiempos.

La fotografía que ilustra el presente artículo es francamente de ensueño, nostalgia de un Ayamonte que con el paso del tiempo fue masacrado por la voracidad urbanística, constructora que nada respeta y que al final vino a desembocar en esta situación de extrema crisis económica que ahora sufrimos.

¿Es necesario destruir siempre para avanzar?. ¿Es necesario arrasar edificios históricos, tapar el paisaje urbano con edificios monstruosos que terminan privándonos de la vista de que antes disfrutábamos?. Asomarse hoy a contemplar el río desde el cementerio resulta casi una utopía, nos lo han tapado descaradamente. Eso sí, en una presunta estadística podríamos encabezar la lista de “adosados” y otras lindezas, que se elevan desde las propias elevaciones del terreno y matan el paisaje. Edificios como la nueva lota o la fábrica de nieve hacen que para ver el río tengamos que hacer grandes desplazamientos a uno u otro lado. Y así podríamos seguir.

Pero seguramente son nuestras torres y espadañas las grandes paganas de la atrocidad, las grandes damnificadas. Todo empezó con el infame edificio del muelle, ese puertaespaña que invadió los dominios paisajísticos de nuestra parroquia de las Angustias. Ver desde la distancia nuestras torres y espadañas como se ve la torre y todo el templo de las Mercedes de la foto, es ya imposible. Fotografías antiguas hay en que desde el muelle Norte se puede divisar toda la Villa, incluída la ermita de San Sebastián. Inténtelo ahora y comprabarán el desengaño.

En la foto publicada se puede observar cómo las palmeras del Paseo nos hablan de una construcción muy reciente; aun no ha reformado la familia Cortina el edificio que alabergaba la parada de Damas, y se pueden vislumbrar los románticos veladores de la Maricambá, y las viejas maletas de cartón y canastos que portan los viajeros de la camioneta apostados junto a la parada.

Y qué decir de la incomparable estampa del “transbordador” más recordado de nuestra reciente historia. Eran otros tiempos y no necesariamente mejores, pero sí más respetuosos con el entorno. Hoy nos encontramos un Ayamonte muy desarrollado, muy extendido, muy construído, muy moderno. Pero muy tapado. Qué pena.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. La incomparable cantera futbolística de la vieja Casa Cuna.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. La incomparable cantera futbolística de la vieja Casa Cuna.

A mi amigo y maestro Rafael Pérez Castillo, legendario portero de la cantera de la vieja Casa Cuna.

 

En nuestros tiempos, hasta los equipos más modestos, incluidos los de regional, cuenta con cantera propia. No sabría yo contar la cantidad ingente de equipos de futbol que proliferan en Ayamonte partiendo de la categoría de alevines. Magníficas instalaciones deportivas, buenos preparadores y una excelente política deportiva son el motivo de esta portentosa eclosión futbolística.

 

Pero, ¿se podrían imaginar los jóvenes, los niños de hoy cómo era la cosa hace sesenta años o más?. Vamos a recordarlo:

 

Equipo de fútbol profesional único: nuestro Ayamonte C.F.; después, un reducido número de equipos de aficionados, que iban por empresas, por instituciones varias y por barrios. Así, los equipos de la Litografía, los Treinta, el Frente de Juventudes, el Instituto Laboral, la Milagrosa, el Salvador, Santa Cruz, y en mi opinión uno que significó sin duda la mejor cantera futbolística de Ayamonte: el equipo de la vieja Casa Cuna. Sin prácticamente instalaciones deportivas que fueran más allá de un suelo de cemento donde los internos jugaban al fútbol con las pelotas de trapo que ellos mismos elaboraban, de ese entrañable lugar salieron estupendos futbolistas, y en abundancia. Tan es así que además de equipo propio los internos formaban parte del equipo del Instituto Laboral, por ejemplo.

 

La fotografía que ilustra este artículo es vivo ejemplo de lo que digo. En ella se pueden ver viejos amigos de la Casa Cuna que formaban parte del equipo del Instituto Laboral donde cursaban sus estudios de bachillerato. Alguien escribió sus nombres en la foto, pero no me  resisto a recordarlos: en la hilera de arriba están el recordado Manolito Blas, prematuramente fallecido siendo alcalde de El Granado; a su lado, Ferreiro, del que no tengo noticia alguna;  a la derecha del todo, el legendario portero Rafael Pérez Castillo; y agachados, Hermoso, del que tampoco tengo noticia, y al final del todo Pascual Pérez Viejo, que vive en Huelva. Completan el equipo magníficos futbolistas de la época: Palmero el cristalero; Feliciano, el cura de Lepe; Sulpicio, la centella de la banda izquierda; Manuel Alejandro Bautista, hermano mayor de Pepe el Treinta; y agachados, Pepe Cruz, fallecido también prematuramente, y el extremo derecho más habilidoso de la época, el Curro, hijo del famoso Curro el barbero.

 

Para terminar, un recuerdo para un hombre a quien esa formidable cantera de la Casa Cuna debió siempre tanto. El inefable y admirado Fernando Iglesias, su sempiterno entrenador .

AYAMONTE EN EL RECUERDO. La puerta de los goles del viejo campo de fútbol.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. La puerta de los goles del viejo campo de fútbol.

Qué verdad es que cada época de la vida tiene su encanto. Ocurre, empero, que a medida que el mundo avanza, se desarrolla cada vez más, se moderniza a pasos agigantados, el hombre, que tiene ansias de seguir sus pasos, los del mundo,  termina pasando de largo, sin pararse, por muchos acontecimientos que tenga a la vista o a su disposición. No le damos valor a las cosas, la palabra récord forma parte inseparable de nuestras vidas, un televisor se nos hace antiguo, obsoleto, a los tres meses de comprarlos; el móvil poco menos que lo tiramos para ir con ansias a por el nuevo modelo, ese que te resuelve todos los problemas sin tener en cuenta que en realidad lo que hace muchas veces es complicarte la vida. El ordenador –mi inseparable muñeco diabólico-, el feisbu, el gugle... A veces pienso dejar todo esto y volver a leer los cuadernos del Guerrero del Antifaz (qué requetemalo era el moro Ali-Kan, del que siempre se dijo que era el verdadero padre del cristiano guerrero), el Cachorro, el Espadín Enmascarado, Roberto Alcázar y Pedrín (qué buenos puñetazos daba el andoba), el Capitán Trueno; o recuperar aquellos álbumes de estampas de futbolistas de la liga española, cuando la foto de un extranjero era una excepción (Wilkes, el holandés errante, Ben Barek, Kocsi, Zcíbor, Diestéfano...), y pocos más. Pero nada, el muñeco diabólico tiene cada vez más tirón.

Y precisamente en el muñeco diabólico encuentro la fotografía que ilustra este artículo. Para los más jóvenes aclararé que es del antiguo estadio municipal, el campo de fútbol de toda la vida, ese que derribaron nuestros políticos para construir bloques de viviendas y dejar como tapaboca una puerta de goles que no viene a cuento. Y esta foto me trae al recuerdo una expresión muy de la época: la puerta de los goles. Y es que cuando al Ayamonte le tocaba elegir campo, optaba atacar en el primer tiempo hacia el sur, hacia la puerta de los vestuarios, y dejar para la segunda parte, que suele ser la de las emociones, la puerta del norte. Esa puerta fue testigo de muchísimos goles que supusieron grandes victorias de nuestro querido Ayamonte C.F., entre ellos el que definió aquella histórica victoria sobre el Recreativo de Huelva, obra de Cañada. Desde la baranda verde que rodeaba el campo, y en concreto desde la que quedaba detrás de la portería, nos dirigíamos al portero contrario gritándole a fin de ponerle nervioso, algunos porteros, veteranos, incluso nos hablaban y reían, sabían que no ocurriría nada porque una veintena de guardias civiles vigilaba. No siempre se marcaron goles en esa puerta, pero así y todo, para nosotros  siempre fue la puerta de los goles.

Como decía al principio, eran otros tiempos, tiempos en que una simple frase, una situación insignificante, nos hacía felices o, al menos, vivir con ilusión.

¿Saben los jóvenes blogueros que en aquellos tiempos había gente que se sentía feliz, a gusto,  situándose  en la Avenida simplemente para “ver pasar a las gentes que iban o venían del fútbol”?. Pero de eso hablaremos en otro momento.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. EL ESTERO DE LA RIBERA Y LA NEVADA.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. EL ESTERO DE LA RIBERA Y LA NEVADA.

A los que ya cumplimos cierta edad, en mi caso 67 tacos, se nos tacha muchas veces de anticuados, obsoletos, manidos, cuando recordamos tiempos pasados.

Nunca fui partidario de esa frase que reza que “todo tiempo pasado fue mejor”, ni mucho menos. Si así fuere, muchas personas acabarían ciegas por no poderse operar las cataratas, y con este ejemplo, pues se podrían poner miles, bastaría. Lo que ocurre es que ciertos momentos, ciertas estampas del pasado resultan inmejorables e irrepetibles.

Y ese es el caso de nuestro desaparecido Estero de la Ribera. Digo desaparecido y creo que digo bien, pues el actual cauce en nada se parece a un estero natural y el estanque anterior menos aun. En el pasado, entrar en Ayamonte y encontrarte de cara con docenas de barcos atracados en el muelle del estero era todo un espectáculo que, repito, hoy se nos antoja irrepetible.

En la foto que ilustra este artículo y que le debemos a José María Estévez Romero, que nos la ha cedido generosamente, vemos hasta cuatro galeones, entre ellos, si no me equivoco, el España, propiedad de la familia Botello, que destaca de los demás por la B de la chimenea y por su excelente presencia y esa plancha para embarcar y desembarcar en perfectas condiciones. (Los hermanos Botello paraban en plena campaña de pesca de la sardina para carenar los barcos y pintarlos, mi padre se ponía negro porque se dejaba de ganar dinero y después el invierno era muy duro). Los blogueros mayores podrán identificar  los dos primeros y el último, y ello es fácil por las chimeneas a través de las cuales se podía identificar la propiedad de dichos barcos. Seguro que mi amigo Pedrito Pérez Massoni lo haría con facilidad, pero se niega rotundamente a meterse en este mundo del Muñeco Diabólico. Me queda la esperanza de que mi joven amigo Alvarito Arenas le enseñe la foto a su abuelo, el gran pocero Manolo Arenas y así saldríamos de dudas; o el Alex Calderón a su abuelo, Pancho, el otro gran pocero.

En fin, queridos blogueros, que en este día en que despedimos el año me ha parecido bien traer al blog esta estampa, con la suerte de que cuando fue tomada la fotografía coincidió con el día de la famosa y recordada nevada.

Feliz entrada de año a todos, incluso a aquellos a los que no les caemos bien, en mi nombre y en el de Javi Martín.

P/D. No os olvidéis que sigue a la venta el libro “La peculiar forma de hablar de los ayamontinos”, edición corregida y aumentada, y que el próximo día 5 estaremos por la mañana en la calle Trajano. Buena ocasión para un regalo de Reyes útil y barato. Gracias a todos.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. TERTULIAS DE BARBERÍA.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. TERTULIAS DE BARBERÍA.

Eran las antiguas barberías lugares idóneos para las tertulias, generalmente dedicadas al fútbol, a los toros y a los espectáculos folklóricos en general. Y no cito  las políticas por la sencilla razón de que con el régimen vigente eran poco menos que imposibles.

El maestro barbero era un tertuliano más, y ello sin dejar el trabajo, y los temas brotaban de una manera espontánea, como suele decirse, de sopetón. Una de esas barberías en que proliferaban las tertulias, especialmente sobre toros dada la reconocida afición del maestro, era la de Francisco Romero, o sea, el maestro Curro el barbero, y uno de los tertulianos fijos, aunque no era aficionado sino más bien lo contrario, el abogado Celestino Rios, espíritu de contradicción por naturaleza, de ahí que se dedicara a llevar la contraria a los demás tertulianos taurinos. Pero nunca llegó la sangre al río, ni mucho menos.

La foto que ilustra este artículo es  de las que hacen época por los personajes que en ella figuran, especialmente los dos citados. En primer término, sentado, aparece el señor Billarín –creo que se escribe así-un viejo entrenador del Ayamonte; de pie al fondo, Pepe Ortega, funcionario municipal; de pie a la derecha de la foto, el cuñado de Pepe el zapatero de la calle Tarpeya, el abuelo de Elo la mujer de Manolo González Nisa, y en el centro, el maestro Curro el barbero, y el abogado Celestino Rios, casi ná.

Anécdotas de estos dos personajes podríamos contar a porrillo, siendo la más conocida aquella que relata como el maestro Curro, cuando quería pegarse un par de lingotazos, iba nada más y nada menos que desde la barbería en calle San Diego hasta la calle Calvo Sotelo, hoy Hermana Amparo, esquina a calle Huelva, donde su tocayo Curro Cabrera, padre del inolvidable Currito el practicante, tenía una taberna. Allí se jincaba un par de cacharros, pero antes había cuidado de que el cliente de la barbería no se fuese, y para conseguirlo lo debaja enjabonado y a medio afeitar. El pobre se asobama a la puerta de la barbería esperando el regreso del maestro mientras el viejo Sotito reía a las puertas de su zapatería. Hay que aclarar que el maestro barbero le había dicho a su cliente que iba “a cambiar”. Qué tiempos, qué personajes. Añoranza pura.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. FOTO BÁEZ.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. FOTO BÁEZ.

Como ocurrió con todas las actividades, comerciales, industriales, de servicios, profesionales, el pasado siglo XX fue un periodo más de escasez que se abundancia, aunque ya al final se produjo el gran boom del desarrollo y por consiguiente del consumismo, que ha venido a desembocar en los albores del siglo XXI en una gran crisis económica de la que va a resultar altamente dificultoso salir.

 

Dicho lo anterior, y centrados en una actividad concreta, la fotografía, el Ayamonte de mediados el pasado siglo –aparte una incursión más que esporádica de Tuero, y la irrupción de Domiciano bien superada la mitad del mismo- pasó siempre por una familia: los Báez Guerra. Procedían de Huelva, según creo, y la profesión les venía de herencia. Pero en realidad, hablar en Ayamonte de Báez, el fotógrafo, era hablar de Paco, no nos engañemos. Su estudio de Cristóbal Colón, frente al convento de las Hermanas de la Cruz, o del Convento a secas y con mayúsculas, como ustedes quieran, era el lugar al          que tarde o temprano terminábamos arribando todos: recuerdos de comuniones, bodas, grupos de amigos, etc., quedaron filmados en aquel vetusto estudio. Paco contaba con el apoyo, la ayuda incondicional de su esposa, la buena de Agueda, con  la que yo guardaba parentesco a través de mi tía Pepe.

 

Como cualquiera de por sí, Paco tenía sus momentos, malos y buenos, su genio, pero en general era hombre amable y excelente conversador. Al él debemos esa fotografía incomparable de nuestro recordado castillo. Me gustaría que algún día nuestro Ayuntamiento, antes de que la foto se deteriore, obtuviera de ella un azulejo recordatorio.

 

Hoy cualquiera hace fotografías, y al decir cualquiera empiezo por mí, y añado a mis amigos Jacinto Díaz, Landero “Chache”, Jesús “Franquito”, y tantos otros que constantemente vamos dando la lata con estas cámaras digitales que no requieren por nuestra parte ni esfuerzo ni talento.

 

Paco Báez nos legó con su trabajo fotográfico la luz de Ayamonte, esa incomparable luz que él fijó con maestría, paradójicamente, en un cuarto oscuro. A través de su hijo, acólito del Domingo de Ramos, reciba nuestro recuerdo y nuestro cariño.

AYAMONTE EN EL RECUERDO: EL VIEJO PASEO DE TETUÁN: CONSTRUCCIÓN Y EVOLUCIÓN.

AYAMONTE EN EL RECUERDO: EL VIEJO PASEO DE TETUÁN: CONSTRUCCIÓN Y EVOLUCIÓN.

El Cabildo metropolitano de la ciudad de Sevilla, allende 1.401 decidió lo siguiente: “Fagamos una iglesia tal e tan grande que los que la vieren nos tomen por locos”. Y construyeron el templo cristiano gótico más grande del mundo y el tercero de cualquier estilo.

 

En 1.830, el Pleno del Iltmo. Ayuntamiento de Ayamonte acordó lo siguiente: “Fagamos un paseo junto al estero tal y tan hermoso que todo el que lo viere sienta admiración” (esto ha salido de mi mente calenturienta). Y, ya en serio, según me informa mi amigo e historiador local, Enrique Arroyo,se procedió de inmediato a la plantación de una arboleda y se colocaron hermosas farolas. Más pasaron dos años, y la “inmoralidad y grosería de algunas personas”, dieron al traste, y se establecieron unas penas para los que atentaran contra los árboles y pescantes de las farolas: un ducado por la primera vez; doble para la segunda, y cuatro días de cárcel para la tercera y sucesivas, multa incluída. (Aquellos inmorales y groseros se han  ido reproduciendo y los atentados afectan hoy también a los macetones).

 

El hermoso recinto fue llamado Paseo de Tetuán –aun distaba bastante la pérdida definitiva de nuestras posesiones en el exterior: América del Sur, Cuba. Filipinas y protectorados en Marruecos-, de ahí el nombre de la ciudad africana, entonces tan española.

 

Llegó la maldita Guerra Civil y lo de Tetuán dio paso al nombre de aquel siniestro general que al fusilamiento de inocentes lo bautizó con  el eufemismo de “que le den café”. Como Paseo Queipo de Llano llenó cuarenta años de nuestra reciente historia, hasta que el topónimo se impuso con su indiscutible lógica y hoy es conocido, y espero que para siempre, como Paseo de la Ribera. Ha servido para todo: procesiones, cabalgatas, carnavales, mercadillos, certámenes pictóricos, hasta soportó y soporta la tediosa pesadez de las tómbolas del Lunes Santo y Domingo de Ramos en calurosas noches de verano. Sin olvidar aquellas entrañables verbenas musicales, aquellos bailes que organizaba el régimen franquista para conmemorar la “Victoria”, a las que se apuntaban incluso los republicanos de izquierdas, no faltaría más.

 

Pero de un tiempo a esta parte cumple una función muy especial: sirve de pasarela. Yo la he bautizado como “Pasarela Ribera”. Emulando al rey Enrique IV de Francia –“París bien vale una misa”-, muchos ayamontinos y ayamontinas –el menda incluído- han utilizado el bello recinto más que como paseo, como pasarela. Mujeres y hombres “entrajados”, a veces de forma alarmante que canta lo forzado del momento; se desfila mirando más a los lados que al frente, saludando a diestro y siniestro, no importa lo incómodo y pesado que resulte un estandarte, una bandera, un farol, un palermo; unos minutos de gloria efímera a la que se llega prestando servicios incondicionales principalmente a las cofradías de Semana Santa.

 

De todas formas, siempre es preferible Pasarela Ribera que Queipo de Llano, ¿no creen?. Pues eso.

 

AYAMONTE EN EL RECUERDO: LOS TEATROS DE CRISTOBITAS EN LA LAGUNA.

AYAMONTE EN EL RECUERDO: LOS TEATROS DE CRISTOBITAS EN LA LAGUNA.

Entras hoy en la habitación de un niño y casi no puedes andar porque te lo impiden los juguetes, algunos carísimos, que vemos como abandonados, claramente sin usar. Y al niño, o a la niña, con uno de los de siempre, simple, clásico, pero que ellos dominan y con el que juega, no el juguete con ellos. Mi nieta, como cualquier niña de hoy, tiene juguetes a porrillo, de todo tipo, de vez en cuando les echa un vistazo, pero que nadie le quite, ni siquiera tome prestado, a su “Adrián”. Adrián es un muñeco vulgar y corriente, pero se deja abrazar, se deja vestir, se deja lavar, se duerme cuando le llega la hora, sale de paseo. Mi nieta es feliz con su Adrián, ella tiene tres años y el muñeco más o menos, aunque ella es la madre, por supuesto y son inseparables

Pero ahora viene lo grave: si los padres, ni los tíos ni, por supuesto los abuelos, escarmentamos. Y vengan juguetes sofisticados, automáticos, para que al final queden en un segundo término. Nada hay comparable con un muñeco, una pelota o una caja de cartón grande convertida en casa, cabaña, escondite.

La foto que ilustra este artículo es de cuando yo era niño. Entonces nos entretenían en la Laguna poniéndonos delante un teatro de marionetas –en ayamontino cristobitas- y eso era suficiente para que la Laguna, la emblemática Plaza de la Laguna, estuviera a tope. Contemplar las caras, las miradas, los gestos de los niños y niñas de la época resulta verdaderamente reconfortante, con qué poco nos conformábamos, además con la complicidad añadida entre nosotros y los personajes, como avisábamos de la llegada por la espalda de la bruja.

Espero la colaboración los blogueros más viejos –aquí tenéis trabajo los Ayaba, Fa, y otros- para identificarnos a algunos de los presentes en la foto. Yo sólo identifico a quien creo que es Guillermo Feria, se le ve sólo la cara. Y por supuesto, a ese niño que está de pie delante de la foto con un polo de rayas horizontales y brazos cruzados: a esa tierna edad ya tenía cara de sacristán, ¿no creen ustedes?.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. NIÑAS DE ANTES, NIÑAS DE AHORA.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. NIÑAS DE ANTES, NIÑAS DE AHORA.

Desde luego, si me hubiera dado por escribir estos dos últimos artículos en otro tiempo, me hubieran tachado de misógino, de homófono, en fin, pilarín, ¿qué es eso de juegos de niños y juegos de niñas?. Pues si, queridos progresistas, así es por mucho que os pese, porque lo que pregona la Constitución y las normas internacionales es otra clase de igualdad: en dignidad, en derechos, en todo menos en lo          que naturalmente somos distintos, hombre y mujer, macho y hembra, etc.

Y estos que hoy comentamos eran juegos de niñas, que tenían lugar por todas las calles de Ayamonte, pero especialmente en la eterna e  incomparable plaza de La Laguna.

Ellas habían organizado el evento igual que ellos, cuidando hasta los últimos detalles: los cuadros poligonales para el juego del piso señalados con tiza en el suelo de la plaza; habían procurado unos trozos de mármol bien recortados; las combas preparadas; los botones en abundancia para el juego llamado uñita-uñate.

Las más tradicionales llevan un zapato para el juego del piso y no gastar así los “de salir”; muchas iban con las uñas sin pintar para el juego de uñita-uñate con los botones, y muchas, recordando viejos tiempos, de trenzas cogidas para el salto airoso en el juego de la comba. Más de una compareció con falda almidonada, y miren por donde, esa tarde ni una sola portaba un cigarro en sus manos, claro que de lo que se trataba era de retrotraer el tiempo medio siglo.

Hermoso espectáculo, henchido de nostalgias, en la plaza más bonita del mundo, y como decía el recordado Vicente el Chocitos, el mundo mundial.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. EL MOTOR DE VILLARREAL.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. EL MOTOR DE VILLARREAL.

Un día ya lejano, yendo a Ayamonte desde San Juan de Aznafarache, mi segundo pueblo que ya gana en tiempo pero no en sentimientos, al llegar al desvío que hace la carretera nacional para entrar en el pueblo dejando a un lado la que conduce al puente internacional, leo dos letreros que me dejaron aturdido. Uno decía: "Ayamonte, Barrio Alto", no decía Barrio de la Villa; el otro letrero rezaba así: "A Portugal por ferry", que por cierto, aun permanece.

No salía de mi asombro y me dije, cómo es posible que los barandas que deciden las cosas no cuenten nunca con los propios interesados, no se informen, no se instruyan, no se ocupen ni de la idiosincrasia ni de la historia de los pueblos. Porque, ¿cuando coño se ha ido desde Ayamonte a Portugal por ferry?. De toda la vida de Dios el medio de transporte, antes del puente, fue y sigue siendo el Motor de Villarreal. Puede que hoy, dado el tamaño de los barcos podamos hablar de transbordadores, pero en la nomenclatura ayamontina sigue prevaleciendo la antigua denominación .

La fotografía que ilustra este artículo es para comérsela, por antigua, por bella, por nostálgica, por familiar y por todo lo demás que se tercie. El antiguo y recordado "San Pedro" lleva a bordo por lo menos dos coches, a la izquierda quiero identificar a Joaquin Feria Obando con su inseparable boina, y a la derecha, sentado, a Manuel Saldaña. Así era el Motor de Villareal, pequeño, con las mínimas prestaciones, pero siempre seguro, que yo sepa, nunca se dio una desgracia.

Ya tengo ganas que llegue septiembre para preguntarle por enésima vez a mi amigo Plácido a qué hora llegan las bandas de música que trae el Motor de Villarreal, pues aunque jubilado, sigue siendo quien más sabe del asunto. Pues eso, quien quiera ir a Villarreal por el puente, que lo haga; yo, mientras pueda, prefiero coger el Motor de Villarreal.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. LAS TIENDAS DEL DESAVÍO.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. LAS TIENDAS DEL DESAVÍO.

Los cambios que ha sufrido Ayamonte a lo largo de poco más de medio siglo nos invita a repasar ese pasado reciente, como ya hemos venido haciendo a lo largo y ancho del blog bajo el rótulo de “Ayamonte en el recuerdo”, muchas de cuyas estampas fueron incluídas en sendos libros que en su día precisarán una nueva edición, ampliada considerablemente, pero a este respecto quienes tienen la última palabra son mis hermanos de la hermandad del Mayor Dolor, editores de los dos libros citados.

Hoy vamos a tratar de recodar las llamadas tiendas del desavío, es decir, aquellas tiendas de comestibles familiares, pequeñas, situadas en los más recónditos rincones de nuestro paisaje urbano.

Desde un principio aclaro que tal recuerdo lo voy a dejar en manos de mis afamados blogueros, entre otras razones porque me han demostrado con creces tener mejor memoria que yo.

Vamos a comentar la actividad de una de estas tiendas de comestibles, la que por razón de vecindad me tocó frecuentar casi a diario. Estaba situada en la calle Olivo número 17, en el barrio del Peñón, frente a la famosa balda que hoy perdura afortunadamente, y su propietaria, una mujer amable, flemática, sumamente trabajadora, llamada Carmen Garcés, hermana de nuestro ilustre oftalmólogo de aquellos tiempos, y conocida por el apodo de “La Fogona”. Carmen tenía la tienda en su propia casa, al final a la izquierda; era una habitación lo suficientemente amplia como para albergar gran cantidad de productos, incluídos sacos de patatas, sandías, melones, etc.

Carmen era mujer analfabeta total, pero se las apañaba para llevar las cuentas del fiao y de la venta.  Curiosa la cosa, que me apresuro a explicar: con rayitas, rayas, reondelitos y reondeles, le bastaba. Las rayitas pequeñas para las monedas de cinco céntimos, la popular perra chica; una rayita mayor para la no menos popular perra gorda, la de diez céntimos, y así iba aumentando el tamaño de las rayitas verticales al pasar por el real y los dos reales. Al legar a la peseta, utilizaba círculos o redondeles que a la vez iban aumentando el tamaño según refiriera pesetas, dos pesetas, duros, cinco duros, etc.

En la tienda de Carmen La Fogona se podía también adquirir, como era propio en estos pintorescos “supermercados”, aspirinas, okales, optalidones, cafiaspirinas, mixtos, bicarbonato, pabilos para las palmatorias, tabaco suelto –“Ideales” especialmente-; se podían cargar  los mecheros de gasolina o comprar piedras y yescas para los más rústicos, etc.

Lo dicho, tiendas de auténtico desavío, que además contaban con la gran ventaja para los vecinos de no cerrar nunca al estar ubicadas en el propio domicilio de la tendera, y digo tendera porque generalmente eran las mujeres las que estaban al frente de estos negocios, los maridos, en la mar principalmente, en el caso que nos ocupa, el recordado Agapito. ¡Cuantos dolores de cabeza, de muelas, se vieron aliviados yendo de noche o de madrugada a la tienda del desavío del barrio a comprar el correspondiente calmante, y cuantos monos de fumadores se vieron aliviados...!.

Ea, pues ahora dejo el espacio a mis blogueros para que recuerden tiendas de este tipo y les pido que no sólo las citen, sino que añadan algún comentario acerca de sus dueñas y especialidades. Gracias a todos.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. DUALISMO AYAMONTINO: PAREJAS DE HECHO.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. DUALISMO AYAMONTINO: PAREJAS DE HECHO.

 

No preocuparos, queridos blogueros, no vamos a hablar del reciente fenómeno de las parejas de hecho, se trata de otras parejas de hecho, y de derecho.

Que nuestro Ayamonte es una ciudad dual, es indiscutible  (ya en el propio escudo municipal se nos muestra las dos ramas, laurel y olivo). Lo nuestro es puro dualismo: la Villa y la Ribera; la cal y la sal; el campo y la mar; el Santintierro de San Francisco y el Santintierro de las Angustias; la Virgen de las Angustias y Padre Jesús; Canela y la Punta, y así podríamos continuar.

Y en el plano personal, o social, de trabajo, cultural, etc.,esa dualidad quedó de manifiesto en parejas de hecho y de derecho que a mí me gusta recordar, sobre todo por aquellos que ya no están entre nosotros.

En el mundo del trabajo autónomo fueron conocidas parejas como: Casto y Villegas, electricistas con especialidad náutica con sede en la Laguna; Oliva y Martín, carpinteros, ubicados en distintos sitios, en un lateral de la plaza de abastos, hoy calle Luis Brailer; después en calle Cervantes y por último en 29 de julio, hoy Prudencio Gutiérrez Pallares; bares emparejados por lo lindantes que eran, como los del Adoquín y el Lana, al final de la Avenida, y los de Ramírez y Ramón en calle Capilla del Monte, frente al desaparecido taller de Gregorio; un taller mecánico, el de Romero y Castillo, que duró poco; los inmortales el Litri y el Sonaja, cañeros, leñeros y lo que hiciera falta; el Zamboro y el Guinga, expertos pescadores con las manos de lenguados y anguillas en el estero; en el mundo industrial-conservero, la razón social Tejero y Martín Navarro, y la más importante de todas, la de Pérez y Feu, aunque popularmente siempre se le conoció como “la fábrica de los Pérez”; en el ámbito de la pintura es de señalar la pareja –aunque eternamente desemparejados, alejados, enemistados- Florencio Aguilera y Rafael Oliva.

Y he dejado para el final a unos paisanos inolvidables, que tantos servicios prestaron a nuestra ciudad, en particular a la juventud. Hablo nada más y nada menos que de Antonio Gil Bustamante y de Manuel Santos Cabo, es decir, de los maestros Horacio y Bustamante, pues ya sabemos que a Manuel se le conocía por Horacio, que era el nombre de su padre. La Rondalla de la Milagrosa; los espectáculos de artistas aficionados locales, y tantas manifestaciones artísticas hacen que permanezcan siempre en nuestro recuerdo. Un día les dedicaremos una página en el apartado “Ayamontinos inolvidables”, bien merecido que se lo tienen.

Y nada más, ahora dejo a los blogueros que amplíen esta curiosa nómina de parejas de hecho ayamontinos. Seguro que algunas más saldrán.

 

AYAMONTE EN EL RECUERDO. EL FERROBÚS.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. EL FERROBÚS.

En los años sesenta del pasado siglo ocurrieron en Ayamonte muchas cosas importantes, siendo la principal y más trascendente de todas la urbanización de Santa Gadea, la conversión de aquellas extensas marismas en la que hoy es sin duda la barriada más populosa de la ciudad.

También en el mundo del transporte se dio un acontecimiento que iba a incidir de manera muy positiva en la forma de trasladarnos a los pueblos de nuestro entorno y principalmente a la capital. Ya existía desde antiguo el ferrocarril, aquellos trenes a carbón que empleaban dos horas y media en hacer el trayecto de Ayamonte a Huelva con múltiples paradas: en la llamada Toma del Agua, antes de llegar a la primera estación, la de Isla Cristina, donde la locomotora era abastecida de agua; después llegaría a la indicada estación de Isla, y posteriormente, La Redondela, Lepe, Cartaya, La Mezquita, Gibraleón, La Alquería, Aljaraque y finalmente Huelva.

Pero en esos indicados años irrumpió un nuevo sistema de tren: el ferrobús. Se trataba de un vehículo ferroviario ultra ligero, normalmente de una sola unidad aunque podía llegar a tres –el que cubría la descrita línea contaba con dos- y como su nombre da a entender, compartía muchos aspectos de su construcción con un autobús. Era de destacar la cabina de conducción integrada en el propio coche sin separación de los viajeros.

Desde luego, la llegada del ferrobús mejoró considerablemente el servicio, que además era mucho más limpio, aunque hablar de limpieza refiriéndonos a la antigua Renfe no deja de ser una ironía.

Paralelamente, como decía al principio, Santa Gadea se fue convirtiendo en una populosa barriada. Entre las construcciones más destacadas cabe citar el ambulatorio y las casas bajas, antes sin tejado, anexas a la plaza de Currito el Practicante.

¿Y qué pasó?. Pues que a dichas casas le pusieron el sobrenombre de ferrobús. Y es que si nos asomábamos desde el otro lado de la dársena y mirábamos al Salón, daba la impresión de que el ambulatorio simulada la estación de ferrocarril y las casitas bajas y alineadas a lo largo de la carretera que quedaban detrás parecían el nuevo tren, el novedoso ferrobús. Oye, ¿me puedes decir dónde vive Fulano?. Sí, hombre, en el Salón, en el ferrobús.

Para los blogueros jóvenes como el Kun, aclararles que la casa que se ve al fondo de la foto era la llamada Casa Colorá, que servía para uso de los empleados de Renfe y que hace muchos años fue derribada. Otra gracia. Amén.


 

AYAMONTE EN EL RECUERDO: LA ANTIGUA PUERTA LA PLAZA.

AYAMONTE EN EL RECUERDO: LA ANTIGUA PUERTA LA PLAZA.

 

Mucho han cambiado las cosas desde aquellos tiempos, románticos por cierto, que vamos a recordar en este artículo, particularmente la agricultura y el arte de la fotografía.

La mayoría de los blogueros, ni que decir tiene todos los jóvenes, no conocieron la actividad diaria a las puertas de la plaza de abastos, era como un mercado, una plaza, a las mismas puertas de la plaza. ¿Dónde has comprado los zapatos?; ¿dónde has comprado esa sandía tan colorá?. La respuesta era común a todas estas preguntas: en la puerta la plaza.

Y es que en la puerta la plaza, de la antigua y muy recordada plaza de abastos de Ayamonte, de una extraordinaria belleza y que los románticos recordamos con pena, la de haberla perdido, tenía lugar una febril actividad, a saber:

En su tiempo –por eso decía lo de la transformación de la agricultura- se montaban puestos de venta de sandías y melones, grandes pilas de estos frutos de verano se recostaban contra la pared ocupando buena parte del  espacio existente entre la puerta del desaparecido bar de Manolo el de la plaza y la tienda de Camilo el afilaó. Junto a estos puestos de sandías y melones, una zapatería sui generis, la de Pererita, que era pariente de la familia Soto, principal y casi único zapatero del pueblo; las cajas de zapatos en el suelo y la gente probándose de pie o sentados en una improvisada silla que bien podía ser una caja de frutas vacía, los zapatos solían ser más baratos que los que se vendían en la zapatería y por eso era el mercado al que recurrían los menos pudientes.

También era de observar un punto de venta muy especial regentado por un señor conocido como Pepe el de los cuadros junto a su hijo, Pepe el del oro. La técnica fotográfica de entones distaba mucho de la actual, sólo se conocía la foto en blanco y negro, pero Pepe el de los cuadros se las ingeniaba para que aquellas fotos aparecieran en color. La cosa no dejaba de ser cutre, pero daba el punto, y se podían ver fotos familiares y de santos coloreadas.

Aparte de las ventas descritas, no podemos descartar otras, como las de coquinas, mechillones, pescado en  general, incluso telas y otros productos. Ahora sólo nos quedan las mujeres de las coquinas y el tío de la mojaba de atún, aparte de algún cuponero. Y es que las plazas de abasto son el centro comercial por antonomasia. Tiempos pasados, muy lejanos ya, pero inolvidables. ¿Dónde estarían el Kun y el Kaul en esos antiguos y románticos momentos?. Por allí cerca andaría el Fa comprándole una sandía, con calada previa, al inolvidable Cayetano el Beso de Judas, que por cierto, no se llamaba Cayetano sino Arturo.

Y termino desvelando un  secreto sólo para mis blogueros: yo sé colorear fotos en blanco y negro, pero con lo que ha avanzado el mundo de la fotografía difícilmente me iba a ganar la vida con ello, pero a lo mejor un día coloreo una y la coloco en el blog con un artículo, ya veremos.

 

AYAMONTE EN EL RECUERDO. LA CAJA DE LATA DE CARNE MEMBRILLO CON LA SANTA CENA.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. LA CAJA DE LATA DE  CARNE MEMBRILLO CON LA SANTA CENA.

 

Muchas veces recuerdo el magnífico pregón de mi amigo y admirado José María Mayo Luis, el hijo de Mayito el motorista y sobrino del Mayito el del parador y de Antonio Frigolet, compañero mío de aquella generación que inauguró el desaparecido Instituto Laboral de la calle Jovellanos.

Algunos lo criticaron –es inevitable, cuando el demonio se aburre mata moscas con el rabo- por sus citas gastronómicas, a las que se unió recientemente Paco Gamero. Yo lo voy criticar por lo contrario, por obviar en esas citas culinarias, gastronómicas, un postre exquisito allende mediados del siglo pasado: la carne membrillo de la caja de lata de la Santa Cena.

Cuando allá mediados el siglo XVI el pintor Juan de Juanes compuso esa maravilla de cuadro titulado la Ultima Cena, bien titulado porque de santa o sagrada tendría bien poco teniendo un comensal como Judas Iscariote, poco pudo imaginar que se convertiría en el cuadro más popular del tiempo de la jambre en España. Ilustró durante años las cajas de lata en que se vendía la carne membrillo, esa “medicina” infalible que se consumía cuando alguien se iba de vareta. (A estas alturas me nace la duda si era la Cena de de Juanes o de otro pintor de fama, es lo mismo, al fin y al cabo era la Ultima Cena, que es a lo que vamos).

La caja de lata de carne membrillo que aliviaba las diarreas y evitaba que uno siguiera yéndose de vareta, servía posteriormente para varios menesteres, a saber: las muchachas guardaban en ellas los hilos, las bobinas, los botones, los cromos; los muchachos, los bolinches, los toreros, las estampas de futbolistas. Y es que entonces había muchachas y muchachos, como ahora hay chicas y chicos ya no se utiliza la caja de lata de carne membrillo.

El último detalle de la caja de lata de la carne membrillo, era que al abrirla, por la contratapa casi siempre había pegada una foto de un ser querido ya fallecido.

Parece mentira lo que podía dar de sí una simple caja de lata de dulce membrillo, para que venga el Mayito este de los cataplines dándole preferencia a la raya en pimentón. Vamos, hombre.

 

AYAMONTE EN EL RECUERDO. LOS HIGOS SECOS COMO SUSTITUTOS DEL AZÚCAR.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. LOS HIGOS SECOS COMO SUSTITUTOS DEL AZÚCAR.

 

Cuando el Kun y el Kaul aun no habían nacido; cuando el Guardián del Registro era todavía un imberbe, el Fa, el Ayaba y un servidor ya íbamos a la tienda de desavío del barrio correspondiente a comprar un par de gordas de higos secos. Ya en casa, nuestras madres nos servían parte de la cena, que consistía en un vaso de cebada o achicoria y nos relataba las oportunas instrucciones: coge un trocito de higo y te lo metes en la boca, lo masticas pero sin tragártelo, después te metes un buche de café –a pesar de lo dicho se le llamaba café- y rebújalo con el higo. Hecho así, la negra y amarga cebada se endulzaba y entonces se podía tragar.

¿Cuál era la razón de este ritual?, muy sencillo: la escasez de alimentos propia de nuestra triste postguerra, esa que terminó hace más de setenta años y que muchos se empeñan en recordar mediante un eufemismo propio de esta modernidad que nos ofrecen, en fin, pilarín.

Yo iba a una tienda familiar que existía en el Peñón, en la calle Olivo, la de Carmen la Fogona, mujer del recordado Paco Agapito, no sé donde comprarían los higos mis queridos emigrantes Fa y Ayaba, pero seguro que lo dirán, aunque creo que el Ayaba lo haría en la tienda de Horario y el Fa en la Caldera, ya veremos.

El higo seco también lo comíamos abriéndolo por la mitad y metiendo en medio un meollo de almendra, estaba riquísimo. Junto con las sardinas estibás y las poleás de maiz, completaba un terceto de alimentos para pobres. Eran otos tiempos, ya lejanos, que el Kun y el Kaul no conocieron y el Guardián del Registro estaría entonces con el pelargón, versión para bebés de comida de pobre.

 

AYAMONTE EN EL RECUERDO: LOS ANTIGUOS PESCADORES CON APAREJOS

AYAMONTE EN EL RECUERDO: LOS ANTIGUOS PESCADORES CON APAREJOS

Mucho ha llovido y mucho ha evolucionado el sistema o los sistemas de pesca en el río desde aquellos viejos tiempos en que el Guadiana venía poco menos que sembrado de aparejos de cordel para pescar sobre todo los ricos róbalos y las exquisitas mojarras, sin olvidas las sabrosas anguillas, y como diríamos en palabras de Diego “Margallo”, los rapes del Guadiana, o sea, los sapos.

Por aquellos tiempos, Ayamonte contaba con un considerable número de fábricas de conservas en las que se laboraba día y noche, de tal forma que las orillas del río recogían, a través de las madronas todo el desecho del pescado preparado para enlatar, cabezas y tripas. Así, el pescado estaba lo que se dice engüaao y bastaba con poner de carná o bien arbiñocas o trozos de las propias sardinas.

Así y todo, para pescar con aparejos había que estar en posesión de ciertos conocimientos, de ciertas habilidades y de infinita paciencia. La pesca con caña fue más tardía, pero los pescadores con aparejos no los dejaron fácilmente.

En el recuerdo, pescadores tan queridos y admirados como el famoso “Peseta”,  el impenitente Pepe “el Moro”, el maestro de maestros de rederos Pepe Martín, o sea, Pepe “el Sordo”, y el que quizás fuese el más constante, especialista con la caña, Juanito Moreno o como cariñosamente lo conocíamos: Juan el de Rogado. Descansen en paz todos ellos, que sepan que los ayamontinos los recordamos desde la nostalgia.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 87: LA FOTO DE LA ESCUELA

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 87: LA FOTO DE LA ESCUELA

Cuando uno contempla una foto como la que ilustra este artículo, le entra por el cuerpo un tufillo de nostalgia a todas luces inevitable.

Uno entra hoy en un colegio público y queramos o no, nos quejemos más o menos, lo cierto es que en su mayoría están bien equipados, incluso algunos hay ya con ordenadores.

Los colegios antiguos, este de la foto es de la entrañable Escuela de los Marinos, adolecían de muchas necesidades, todo era de mínimos, hasta los libros de texto, pues con aquella famosa Enciclopedia Preparatoria, Media y Superior hacíamos toda la Primaria.

Uno de los momentos fijos de aquella época era el de la foto del recuerdo; todos nos situábamos delante de la mesa del maestro, y junto a un cuadro religioso, en el caso de la Virgen del Carmen como no podía ser de otra manera por tratarse de la escuela de los marineros, la bola del mundo, el tintero, el secante, un almanaque, el imprescindible ábaco,  y una foto de Franco o José Antonio, que en el presente caso por lo visto era sustituido por el de la Patrona, nos quitaban la foto recuerdo de nuestro paso por la escuela. La mayoría de estas fotos han desaparecido o se encuentran muy deterioradas aunque hoy con la técnica del escáner ello se soluciona perfectamente.

Parece  que estoy viendo haciendo cola para quitarse la foto a los compañeros de la época, Santi Puga, Antonio Boza, Antonio Gómez Espina, Antonio Pizzamiglio, y tantos otros que siempre estarán en el recuerdo.

Ya ha llovido desde entonces, pero lo cierto es que estos recuerdos siempre nos emocionan.

 

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 86: LA CAPILLA DE SAN ROQUE.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 86: LA CAPILLA DE SAN ROQUE.

 

Antes de que en nuestra ciudad se construyera el cementerio municipal, sólo existía en el lugar un cabezo. En dicho cabezo fue erigida una capilla, la capilla de San Roque aludiendo al referido lugar, cabezo de San Roque.

En dicha capilla existía y existe un crucificado, el Cristo del Buen Viaje, que perteneció a la hostería y huerta del Cristo, regentada y asistida entonces por los franciscanos del convento de San Francisco de Ayamonte.

Como hemos dicho, en el entorno de la capilla de San Roque se construyó el cementerio municipal y a partir de entonces el nombre de San Roque fue desapareciendo del decir de los ayamontinos, que vendrían en llamar a dicha capilla como la del Cementerio.

Era una capilla recoleta, pequeñita y con un lógico halo de tristeza. Pero llegaron los “años brillantes” del urbanismo ayamontino aprovechando los ingentes ingresos que procedían de la Unión Europea y el boom urbanístico, y la preciosa y antigua capilla fue desmantelada, construyéndose en su lugar una especie de nave para dar acogida a los funerales a los difuntos procedentes del nuevo tanatorio. Nada quedó de la capilla, salvo el Cristo, que por cierto, me gustaría que algún entendido me explicara por qué los restauradores de imágenes ahora nos las devuelven blanquecinas, parecen como si las lavasen con el antiguo trisodín.

Como decía, quedó la capilla desmantelada, incluido el bello retablo, que fue sustituido por cortinas. Menos mal que no se derribó la sencilla espadaña, aunque ya nadie toque las campanas.

Por cierto, en el blog seguimos sin saber a dónde fue a parar el citado retablo, aunque ya en su día lo denunciamos y demandamos noticia. Esperemos saber algo en algún momento.