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Mojarra Fina: El Blog de la Mojarra Fina Ayamontina

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. Hoy: a cabichocho

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. Hoy: a cabichocho

Hoy nos referimos a:

A CABICHOCHO

Hoy tratamos una de esas palabras que ponen de manifiesto la capacidad de los ayamontinos antiguos de poner nombre a las cosas, a las situaciones, en fin, de acuñar un román especial, una peculiar forma de hablar. El término a cabichocho yo al menos no lo he oído en ninguna parte.

Varias son las maneras de llevar a los hijos cuando estos están casados: en brazos, a hombro, al cuadril...y en Ayamonte, a cabichocho. Consiste la cosa que el chaval se amarine al padre por la espalda y se cuelgue del cuello de éste, que a su vez le agarra por las piernas, así pueden permanecer ambos bastante tiempo, especialmente el que tarda en pasar por delante un paso de Semana Santa. Llevar a los hijos a cabichocho después de una jornada de cansancio, bien en feria, bien en Semana Santa, resulta corriente y los crios lo agradecen porque van, como solemos decir, recochaítos.

Pero a mí hay  una cosa que no me cuadra del todo, y es la siguiente:

Si a cabichocho podemos llevar tanto a nuestros hijos como a nuestras hijas, ¿por qué lo llamamos genéricamente cabichocho y no lo llamamos cabipicha, o cabipicha y cabichocho según los casos?. Muy sencillo, porque los ayamontinos no somos machistas ni sexistas, y se terció cabichocho y ya está. Pues vale y que sirva de ejemplo.

ANECDOTARIO AYAMONTINO. De cuando Curro el guardia civil se comió un pan para pasarlo por la aduana

ANECDOTARIO AYAMONTINO. De cuando Curro el guardia civil se comió un pan para pasarlo por la aduana

Esta anécdota que os cuento me la cuentan a la vez mi mujer y mi cuñada, hijas de Curro el guardia civil, o sea, mi suegro y sucedió hace muchos años. La cosa fue así:

Eran tiempos de hambre, de estraperlo. Entonces existía en Canela un cuartel de la Guardia Civil , del que afortunadamente aun se conservan las ruinas, donde mi suegro estaba destinado. Una vez a la semana, en un pequeño bote y desde el estero de Canela, salía remando hasta Villarreal para hacer un poco de economato, que es como antes se llamaba a la compra de la semana o del mes. Como guardia civil que era siempre había consideración y desembarcaba sin problemas volviendo con la comida que necesitaba y que en España no se encontraba con motivo de la escasez que sucedió a la guerra civil.

Un día, topó con ese guardiña que alguna vez todos nos hemos encontrato, el meticuloso de turno, el rígido vigilante del orden y la legalidad, o como decimos los ayamontinos, el portugés rabúo, que cuando dice neu es neu. Y no sé por qué, el pan no se podía pasar, así que le dijo que podía pasar todo menos el pan, a lo que Curro contestó que el pan sí lo pasaba. El guardiña insistió en que no y mi suegro en que sí. Entonces Curro se alejó diciéndole al guardiña: te voy a dermostrar que paso el pan. Se sentó en un poyete, sacó el pan de la talega y sin prisas, pero sin pausa, dio buena cuenta de la telera, o sea, que se la jincó por completo. Una vez comido el pan, volvió al embarcadero y cuando estaba ya en el bote, le dijo al guardiña golpeándose la barriga: ¿ves como pasaba el pan?.

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. Hoy: el toque

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. Hoy: el toque

Hoy nos referimos a:

EL TOQUE

Corrían los años sesenta del siglo pasado y el indivíduo de la foto trabajaba en el bufete -por favor, dejen de decir bufé cuando se refieran al despacho de un abogado- de don Trinidad Navarro Nieto, en calle Cervantes 12. Como don Trini era hombre muy activo se ausentaba con frecuencia del despacho, era rara la semana que no tenía juicios en Huelva, en el Comarcal de Isla Cristina, incluso en Sevilla y Madrid llevaba a cabo gestiones propias de la profesión.

Aprovechando esas ausencias, el de la foto, aburrido que estaba, se asomaba al balcón del despacho que da a la calle Cervantes, y arrimando la persiana a la pared, cuando pasaba algún conocido le daba un vozarrón llamándolo por su nombre al tiempo que apretaba la persiana contra la pared lo más que podía y a través de sus ranuras veía al tal mirando hacia atrás para tratar de localizar a quien le llamaba. Después repetía la llamada con otro tono de voz, como de insistencia, y en muchas ocasiones la víctima se recorría toda la calle, de tienda en tienda, preguntando si desde allí lo habían llamado.

Esa práctica fue utilizada por otros con el mismo resultado y de forma espontánea alguien le dio por bautizarla como toque. Aun perdura, hoy muchos jóvenes  la practican. Yo creo que no deja de ser divertido aunque haya gente que se mosquee demasiado. Claro, que tampoco se debe abusar y sobre todo, queridos jóvenes, no molestéis a las personas muy mayores, sólo eso para que nuestro toque siga siendo divertido. Un poco de respeto y basta.

La palabra toque tiene muchísimas acepciones en el diccionario, pero ninguna de ellas refleja una situación como la descrita, así que podemos encuadrarla perfectamente en nuestra peculiar forma de hablar.

MOJARREANDO. ¿Dónde estará mi coche?

MOJARREANDO. ¿Dónde estará mi coche?

Que lo de la zona azul va a traer cola es viejo. En estos primeros días, al parecer de tolerancia, es decir, si pagas bien, primo mío, y si nó hasta el día 15 no te multo, hemos visto los lugares señalizados de azul y rojo casi desiertos. Y, repito, eso que todavía no te multan.

Ante esta situación uno hace la siguiente reflexión: o antes aparcábamos en el centro por pura rutina o, ¿dónde están los coches?. Yo vivo en el Salón de Santa Gadea y veo los mismos, es más, ayer aparqué en los alrededores de Cajasol, que es donde suelo hacerlo por no meterme en el centro, y había sitio de sobra. ¿Será que los vigilantes de la zona azul los han espantao?, porque me dicen, y esto lo escribo con todas las reservas, que echan cada bronca de miedo para que la gente saque el tike.

Tengo entendido que la misión de estos vigilantes es la siguiente: ellos pasan una y otra vez por las zonas señalizadas, y cuando ven coches sin el tike en la guantera, avisan a la policía, que es la que tiene la facultad y la competencia de la denuncia. Bueno, así es como siempre ha funcionado en Sevilla, no sé en otros sitios ni como va a funcionar en Ayamonte. Desde luego, los vigilantes de multar, nada de nada, cualquier multa de un vigilante será nula de propio derecho, ello ha de realizarlo un agente de la Autoridad, un agente de tráfico, en este caso un policía local.

¿Estarán mis amigos  Paco el Sierra o Calixto Pérez Fité, o Manolo el Botica, preparando ya letras para el Carnaval? Seguro. Si nó, al tiempo.

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. Hoy: Ir sirgando

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. Hoy: Ir sirgando

Hoy nos referimos a:

IR SIRGANDO

Vamos primero con la Real Academia Española. Sirgando es un gerundio que viene de sirgar, y sirgar a la vez viene de sirga, que es sinónimo de maroma o cuerda gruesa de las que se utiliza para remolcar los barcos y para otros menesteres de la navegación, tanto por mar como por río. Llevar un barco a remolque no es tarea fácil aunque lo parezca, hay que ponderar muy bien la maniobra, máxime cuando a veces esa operación se lleva a cabo desde tierra con tractores y camiones, como ocurre en los ríos y en los canales. A veces la sirga se utiliza también para jalar de un barco en seco, como se hacía antiguamente en Ayamonte cuando una canúa se tenía que hacer a la mar para ir al mechillón y permanecía en seco a orillas del estero, entonces, con una sirga y un buen  número de hombres se traía la embarcación hasta el agua.

Todo esto lo digo porque la peculiar forma de hablar de los ayamontinos ha cambiado totalmente el sentido de la palabra, su significado más bien, que no en balde se trata de una forma de hablar peculiar.

Para nosotros los ayamontinos, ir sirgando es ir espetao, o como diríamos en román paladino, a carajo sacao, y así atiendo una consulta que me hizo la fiel bloguera "Maricacique". Es decir, que aquella maniobra lenta, bien estudiada, cuidadosamente realizada, nosotros la hemos transformado en todo lo contrario: una maniobra precipitada, sin medida ni cuidado alguno.

Se acerca uno a la puerta del Casino España y pregunta a los que están en la puerta: ¿habéis visto a Fulano?. Y casi al unísono le contestan: bueno, visto visto no sé, porque acaba de pasar por aquí sirgando.

ANECDOTARIO AYAMONTINO. De cuando el Popi insultó a un linier llamándolo Castelo

ANECDOTARIO AYAMONTINO. De cuando el Popi insultó a un linier llamándolo Castelo

¿Ven ustedes como tengo razón?. Ahora, cuando resulta totalmente correcto utilizar un barbarismo o extranjerismo, como es el caso del fútbol, inventado por los ingleses y siendo asi que los términos de este deporte resultan en la mayoría de los casos intraducibles como ocurre con la propia palabra futbol, ahora, repito, nos entra la rabia patria y al linier le empezamos a llamar árbitro asistente. Pero en fin, a lo que vamos, que tontos de capirucho los hay hasta en el futbol.

Jugaba el Ayamonte un partido en el viejo estadio municipal, aquel bonito e imponente estadio que lo fue para su tiempo y que era motivo de admiración para los clubs que nos visitaban,  y que fuera sustituido por un vulgar bloque de viviendas con el inri añadido de la tomadura de pelo de conservar la llamada puerta de goles que no sé que méritos tendrá, y aquella tarde el linier del lado de preferencia andaba el hombre demasiado desacertado, recibiendo por ello toda clase de  insultos por parte del mal llamado respetable. Ya no se le podían decir más cosas. Claro que ellos, los árbitros y los liniers no echan cuenta y ni siquiera miran a la grada.

En esas circunstancias, mi amigo don José Méndez, el Popi, se dirigió al linier y le dijo: yo no te voy a decir hijoputa, ni cabrón, ni nada de eso, yo sólo te voy a decir...Castelo.

Dicen que cuando terminó el partido y el trio arbitral se retiraba en medio de una monumental bronca a los vestuarios, el tal linier se dirigió a uno de los guardias civiles de servicio y le preguntó: oiga, ¿me puede decir qué significa aquí en el pueblo, Castelo?, porque yo no lo he oído en ninguna parte.

ME LO EXPLIQUE. El plan activia de Danone

ME LO EXPLIQUE. El plan activia de Danone

Lo de activia ha venido a sustituir aquello de bio o eco en productos que no tengan procedencia de la agricultura ecológica. Ultimamente, las personas que tengan dificultad para cagar -que nadie se escandalice, que cagar viene en el diccionario, a ver si nos acostumbramos a hablar con normalidad y no decir esa tontería de "dar de cuerpo"- tienen a su disposición en el mercado un producto que acaba con el problema: los yogures de la marca Danone incluídos en el llamado y pregonado "plan activia 14 días", es decir, que comiendo estos yogures durante catorce días, se acabó el estreñimiento, ya podemos cagar normalmente.

Pero lo que a mí me llama la atención del plan es el reto del fabricante: "si nó -o sea, si nó caga- le devolvemos el dinero". Y digo yo, ¿cómo le puedo demostrar a ustedes que no cago a pesar del plan?, porque si cago sí se lo puedo demostrar, es obvio, pero demostrar lo negativo es imposible, ya los antiguos juristas romanos calificaron tal situación como "probatio diabólica". Yo puedo probar que nací en Ayamonte presentado una partida de nacimiento, pero no puedo demostrar que no nací en Madrid porque nadie me daría un certificado negativo ya que para ello habría que comprobar los millones de nacimientos que ha habido en Madrid a lo largo de sesenta y cinco años. Aun así, demostrar uno que no caga es peor todavía.

¿Qué tiene que hacer uno, ir al super con los estuches de los yogures y decirle a la cajera, devuélvame el dinero, que no he cagado?. Mas seriedad, señores, más seriedad. Y sobre todo, más control de la publicidad señores inspectores de lo que sea, que el no cagar no es parecido o igual que una radio que no funciona.

No sé, a lo mejor el ofrecimiento hasta funciona. Si es así, por favor, me lo expliquen

MOJARREANDO. El milagro aloe vera

MOJARREANDO. El milagro aloe vera

Buscando en el diccionario la definición de aloe encuentro: planta perenne de la familia de las liliáceas, con hojas largas y carnosas, que arrancan de la parte baja del tallo, el cual termina en una espiga de flores rojas y a veces blancas, de sus hojas se extrae un jugo resinoso y muy amargo que se emplea en medicina. Existen cientos de variedades de aloe o áloe, que también se puede acentuar la palabra. Es posible que una de ellas fueran las desaparecidas magueleras que adordaban ambos lados del viejo Callejón Largo, hoy Camino de la Noria. La más conocida de estas variedades y es el motivo de estos comentarios, es el aloe vera.

¿Que por qué he buscado esta definición?. Muy sencillo, por saber cual es el origen,  la esencia del gran milagro del siglo XXI, este nuevo producto que ha revolucionado nuestras vidas. Tenemos áloe vera para la piel, en los yogures, en la crema para los zapatos, en la tinta de los bolígrados, en el puntero del hombre del tiempo, en los trajes de natación, que sé yo. Lo del aloe vera ha superado con creces los anuncios de la coca-cola. Aloe vera por todas partes, en los supermercados, en las farmacias, en los mercados, en las estaciones de servicio. No cabe duda, de sus efectos milagrosos, pues hay que calificar así a algo que sirve absolutamente para todo, y  hace que lo podamos considerar como el gran descubrimiento del siglo.

En estos momentos, una de mis hijas, que ha leído lo anterior en el monitor del ordenador, me dice: pero papá, ¿tú te has levantado bien?, parece que lo has hecho con los cables cambiados. Y cariñosamente continua diciéndome: mira, papá, el uso del aloe se remonta a los orígenes de la humanidad. Los chinos fueron los primeros en usarlo y en el antiguo Egipto era comunmente utilizado y se referían al aloe como la planta de la inmortalidad incluyéndose entre los regalos funerarios enterrados con los faraones. Y en los siglos XVIII y XIX fue una de las plantas más prescritas. Sirve para curar las quemaduras, mejorar los síntimos de los herpes genitales, curar la psioriasis; para las indigestiones, alivia la irritabilidad del colon, es bueno contra la diabetes, se utiliza en prácticas dentales, es un estimulante inmunológico y produce efectos anticancerígenos, y hoy se está evaluando en el tratamiento del asma.

Así que no sé en que estabas pensando, papá. Además, en tu libro Ayamonte en Semana Santa, en el capítulo del traslado al sepulcro del Señor decías que se había personado en el lugar Nicodemo portando cien libras de mirra y áloe. Mira que decir que es el gran invento del siglo XXI.

Después de esto sentí  la tentación de borrar la primera parte del artículo, pero me dije que no, que es mejor reconocer los errores y dejar la cosa como estaba. Pero yo me sigo preguntando: ¿sin tan antiguo es el aloe a qué viene tanto mamoneo moderno?.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. El "Chocito" y las palmeras

AYAMONTE EN EL RECUERDO. El "Chocito" y las palmeras

Siempre que me he referido a las chozas que existieron en lo alto del Peñón lo he hecho utilizando el término barriada y no asentamiento que es el propio de estos lugares. Y digo esto porque el asentamiento es algo provisional, sin embargo aquellas chozas, hasta que Prudencio Gutiérrez Pallares puso en antena el programa "Hermandad del Ladrillo" y se construyeron las casas del Arrecife, fueron el lugar permanente de las familias más pobres de Ayamonte. Hoy, en aquel lugar, goza merecidamente de su mansión y propiedades adyacentes el pintor Rafael Oliva.

En aquella pobrísima barriada vivía un ayamontino llamado Vicente y conocido popularmente como "el Chocito", que seguramente se debe a que vivía en una choza. Vestía boína en la cabeza y pies en los pies, es decir, iba descalzo, como todos los del lugar. Portaba hambre en abundancia y a pesar de ser un extraordinario trabajador nunca la mataba porque entonces más que paga esta pobre gente recibía limosna. Se la gastaban pronto en la tasca de Elías, en el Zampuzo o en el Centro y en muchas ocasiones andaban mareados o borrachos.

El bueno de Vicente acuñó una costumbre a todas luces pintoresca: hablar con las palmeras de la Laguna o del Paseo, se arrimaba a ellas, las miraba detenidamente, les silbaba y les hablaba, así de sencillo. Y al parecer, aunque lógicamente nadie pudo comprobarlo, las palmeras le contestaban, cuestión esta que se deducía de sus gestos.

El "Chocito" fue el creador de una frase que en los últimos tiempos ha hecho fortuna en los medios de comunicación, decir aquello de "el mundo mundial". Eso ya lo decía Vicente en los años cincuenta del pasado siglo. Como lo de decirle "chalol", como queriendo decir charlot, a todo el que se metía con él. Era amigo del "Aliñao" y del "Borra", pero normalmente se le veía solo, en especial en las noches de verano hablando con sus palmeras.

ANECDOTARIO AYAMONTINO. De cuando Manolo Perlacia llevó ramas de eucaliptus a Curro el barbero

ANECDOTARIO AYAMONTINO. De cuando Manolo Perlacia llevó ramas de eucaliptus a Curro el barbero

En la calle Calvo Sotelo, hoy Trajano, estaban establecidos con sus respectivos negocios dos buenos cachondos: Manolo Cruz, que aun sigue con su "Todocasa", y enfrente con su panadería el inolvidable y recordado Juan Manuel Rios. Entre los dos la armaban buenas. Por Navidad, por ejemplo, daban el premio de la lotería a una hermandad y la gente iba a cobrar ese mismo día, normalmente la broma iba dirigida a Jesús Castellano, el eterno mayordomo de Ex-combatientes.Tenían la habilidad de no dirigirse a nadie en particular sino que sonsacaban que la víctima se dirigiese a ellos, o captaran la conversación, y lo hacían entablandola  de acera a acera para ser oídos. La anécdota que os cuento es la siguiente:

¿Cómo sigue Curro el Barbero?, pregunta uno. Regular, le contesta el otro, el médico le ha dicho que no le falte eucaliptus, pero no del que se compra en la farmacia y se respira, tiene que ser natural, en ramas traídas del campo. Esta conversación tiene lugar en el preciso momento en que pasa entre ellos el bueno y servicial Manuel Domínguez Perlacias, el padre de nuestro buen amigo el Guape, a la sazón chófer de la familia Feu. Cuando oyó la conversación, ni corto ni perezozo se dirigió al garaje que dicha familia tenía en el Muelle Sur, hoy Avenida de Villarreal de San Antonio, y sacó a la calle el reluciente "De Soto", un coche entonces de lujo. Se dirigió al campo y cargó el coche con varias ramas de eucaliptus y con ellas se presentó en la barbería de Curro el barbero en la calle San Diego, y tirándoselas al suelo le dijo: ahí tiene usted, maestro, que por eucaliptus no quede, que haya alivio.

Omito lo que salió de la boca de Curro por no herir sensibilidades. Pero el bueno de Perlacias no escarmentó y conociéndolo como le conocía estoy seguro que siguió haciendo favores sin importarle si iba a ser tomado en serio o no. Así son las buenas personas.

AYAMONTE, UN CALLEJERO MUY PARTICULAR. La calleja del Rancho Grande

AYAMONTE, UN CALLEJERO MUY PARTICULAR. La calleja del Rancho Grande

Muchos jóvenes que visitan el blog se preguntarán a qué viene eso de "Grande" referido al Rancho. Pues sí, amigos, viene bien, porque aunque últimamente se haya quedado en Rancho a secas siempre fue el Rancho Grande. Eso de tomarse una copita de fino de Miguel Carro con unos jurelitos fritos en casa Clemente, o sea, en el Rancho Grande, era cuestión cotidiana.

La Calleja del Rancho Grande enlaza la Avenida con  la calle Huelva y en ella se podía leer un letrero propio de la época que decía así: "salida de carruajes", razón evidente de que los coches entonces ni existían. Su verdadero nombre es el de Rodrigo de Jerez o Xerez, uno de los navegantes ayamontinos que acompañó a Colón en el viaje del Descubrimiento y que fue aquel del que se dice que trajo el tabaco a Europa, si es así, mala cosa, pero en todo caso nos queda el consuelo de pensar que ni hubiera sido el  tarde o temprano lo habría hecho otro.

En su lateral izquierdo el lateral de la taberna que le dio nombre a la calle, más adelante, una tasca conocida por "El Zapuzo", de la que hablaremos en otro apartado, y haciendo esquina con calle Huelva, el lateral de la antigua oficina de Correos. Por la derecha, el lateral de una antigua funeraria y de mitad de la calleja hacia adelante, la zapatería de Jaramillo, que la constituían el taller de zapatero remendón y la tienda de venta de zapatos propiamente dicha.

Pero la Calleja del Rancho Grande era famosa sobre todo en Semana Santa, pues ese paro obligado de todas las cofradías para preparar la entrada en Tribuna Oficial, se aprovechaba para que los depauperados cargadores de entonces se tomasen un par de vasos de vino blanco peleón que les llevaba un poco de calor a sus vacíos estómagos.

 

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. Hoy: jampita

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. Hoy: jampita

Hoy nos referimos a:

JAMPITA

Uno de los juegos predilectos de los niños de mi época era el del trompo. Consistía en dibujar en el suelo con tiza o simplemente señalándolo si era de tierra, un redondel. Dentro poníamos trompos viejos, ya "maltratados" por el propio juego, y los nuevos los enrollábamos con un cordel al que llamábamos reinal y lo lanzábamos contra los trompos viejos tratando de darle a alguno e incluso partirlo con la puya, puya que solíamos encargar en la fragua de Curro, allá cerca del astillero de Zamudio, abuelo de Juan el Guinga, el gran palangrero de Ayamonte.

Cuando el trompo que usábamos era pequeño y más chato y rerdondo que los otros le dábamos el nombre de jampa o jampita, aunque su  nombre oficial es el de peonza. Así vino derivándose el vocablo que hoy estudiamos hasta llevarlo a la comparación cariñosa de la mujer bajita y de airosos andares. La Rae nos define peonza más o menos así, como persona chiquita, regordeta y bulliciosa.

Era una forma de piropear a las mujeres bajitas. Hoy resulta muy peligroso echar un piropo a una mujer porque corres el peligro de que te tache de machista, aunque yo creo que si el piropo es elegante y gracioso como el que comentamos, a toda mujer le sentará bien aunque no quiera reconocerlo públicamente.

MOJARRA FINA. Muchas gracias otra vez

MOJARRA FINA. Muchas gracias otra vez

El pasado día 29 de agosto os dirigí una misiva dándoos las gracias por vuestra participación en el blog pues habíamos superado las 5.500 visitas. Hoy, mes y medio después me veo en la necesidad de volver a daros las gracias por el espectacular crecimiento que entre todos hemos conseguido.

Al día de hoy, 6 de octubre de 2008, a las 10,00 de la mañana, los datos son los siguientes:

Total visitas de lo que es el blog propiamente dicho, este de los artículos y los comentarios diarios: 8.017.

Total de visitas en la galería de mojarrafina: 3.637.

Total de visitas en el blog: 11.654.

Media de visitas diarias: 114.

Durante los cinco  días que llevamos de octubre, pués el 6 acaba de empezar, el ritmo de visitas ha sido el siguiente: 128, 191, 149, 188, 266.

Hemos alcanzado el récord de 266 visitas en un solo día, que estaba en 241.

Durante los últimos treinta dias las visitas han sido 3.430.

Como observaréis, hemos avanzado considerablemente en todas las direcciones. Y eso, y no es demagogia ni nada que se le parezca, es mérito de todos, incluído aquel que ha entrado últimamente por primera vez, claro que lo ideal sería que cada pocas visitas metiérais un comentario, pero no importa, ya llegará.

Tengo material para mantener el ritmo durante mucho tiempo, pero en la vida todo se agota, por eso se hace necesario que me apuntéis ideas, yo tomaré nota y puede que pronto abramos un nuevo apartado.

En fin, queridos blogueros, gracias a todos nuevamente, en mi nombre y en el de mi eficiente ayudante técnico, Javi Martín.

Y como habréis observado, la mojarra está bien afilada.

Hasta la próxima.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Los viejos galeones

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Los viejos galeones

En atención a la petición formulada por el bloguero "quintrovillegas", me dispongo a tratar el tema de los viejos galeones por tratarse de un asunto eminentemente marinero, inseparable como tal de nuestra vida y de nuestra historia.

La actividad fabril ayamontina de mediados el pasado siglo era extaordinaria. La pesca de la sardina y subsiguiente paso a conserva significaron la actividad principal de Ayamonte, generadora además de otras muchas actividades en el ámibito de los servicios.

La abundancia de sardinas era tal que en Ayamonte llegaron a existir un considerable número de galeones. En mi recuerdo, los nombrados como Ayamonte, Punta Bandera, Rafaelito, Peninsular, Catalina, Magdalena y el que más recuerdo, el España, propiedad de la familia Botello, por haber sido mi padre el patrón de uno de sus acostados, el Duero, pues el otro era el Ebro que era llevado por un primo suyo, Pepe el Bartolina. Yo iba muchas veces a ver la subasta de las sardinas en el viejo embarcadero de los barcos  que hacían la carrera de Villarreal y después iba en el barco hasta la puerta de la fábrica que se había hecho con la captura en la subasta; mi padre me dejaba llevar la caña del timón aunque él no la soltaba, por si acaso.

Aquellos galeones, llamados así en Ayamonte en vez de tarrafas, no eran barcos de carga, sino de pesca, de ahí que se hicieran acompañar de dos acostados que recibían este nombre por ir a ambos costados del galeón. Completaba la flota un pequeño barco, llamado bote, que era utilizado durante la acopejá de la sardina, operación que dirigía un técnico que por ello era llamado patrón de bote.

Terminada la temporada de pesca, los galeones quedaban atracados en el estero de la Ribera, pues entonces aun no se había hecho la dársena, y nos ofrecían esa estampa bellísima e irrepetible de ver como se entraba en el pueblo con los galeones al lado de la carretera. Ya sabemos lo que ocurrió después con el estero, que nunca volvió a ser lo que era.

Nuestra costa fue esquilmada, no por nuestros galeones, que eran pocos, sino por la enorme flota de traiñas con que contaban los portugueses pues ellos podían pescar en nuestras costas y aguas jurisdiccionales pero nosotros no podíamos hacerlo en las suyas.

A pesar de esta gran actividad, eran otros tiempos, no había sindicatos ni nadie que amparara a los marineros y a los trabajadores del muelle y de las fábricas, y la gran riqueza se la repartían unos pocos, como casi siempre.

LA PALABRA HERIDA. Ex

LA PALABRA HERIDA. Ex

Desde que el Psoe de Felipe González puso de moda aquella frase de "la herencia recibida", la misma ha hecho fotuna con intereses incluídos, pues no hay político, sea del bando que sea, que no le eche la culpa de los males que se dan durante su mandato a la herencia recibida. Todo lo bueno lo hacen ellos, todo lo malo es por lo que los anteriores le dejaron, aun en el caso de que sean colegas, como ocurre en el Ayuntamiento de Ayamonte.

Desde la oposición se pide auditoría externa, ahora ya no hace falta; desde la oposición se denuncian irregularidades urbanísticas, ahora ya no se hace. Yo no he sido, como los niños chicos, mire usted, ha sido Pepito.

Pero a lo que vamos. En eso también le han dado una patada a nuestra Lengua. Se dice en el portal del Ayuntamiento que tal o cual ocurrió "bajo el mandato del ex alcalde". Y yo me digo, ¿los ex alcaldes mandan?. Veamos que nos dice la Rae:

Ex, adjetivo: "que fue y ha dejado de serlo". Entonces, el que fue no era ex, y el ex no mandaba antes porque precisamente por ser ex ya había dejado de ser alcalde, y si había dejado de ser alcalde es que ya no mandada. Yo creo que lo correcto es decir algo así como "se debe a la labor del entonces alcalde, del alcalde anterior", pero no del ex alcalde. En definitiva, para referirnos hoy al alcalde anterior se puede decir ex alcalde, pero para hablar del alcalde anterior como ejecutor de algo no se puede decir ex alcalde porque si era ex alcalde no podía ejecutar nada.

Figúrense si aplicando la gramática de la página de Ayamonte.org a todos los monumentos del pueblo tuvieran que borrar la frase "siendo alcalde...", por la de "siendo ex alcalde....

Buen domingo de mojarreo, si señor. Pero del bueno, del que les gusta incluso a los interesados, vamos, eso creo yo.

MOJARREANDO. El nuevo Félix Rodríguez de la Fuente

MOJARREANDO. El nuevo Félix Rodríguez de la Fuente

A la vista de la magnífica foto publiada en "Ayamonte.org" y que ilustrará esta página cuando mi colaborador Comandante Xavier se recupere del descanso del guerrero del fin de semana, me han dado unas ganas locas de mojarrear esta soleada mañana de octubre. Espero que mi buen amigo Antonio Rodríguez Castillo haga gala de su sentido del humor y le siente bien el mojarreo.

En el bando sobre las palomas he observado algo que me ha llamado poderosamente la atención, sobre todo porque nuestro actual alcalde es hombre letrado, ilustrado, culto, y es que me escribe paloma con mayúsculas. Hombre, Antonio, paloma con mayúsculas como mucho la del Rocío por tratarse del Espíritu Santo, pero las demás han de escribirse con minúsculas.

Por otro lado, en esa exhibición que nos haces de tus conocimientos ornitológicos, especialmente los relativos a las enfermedades que pueden originar los excrementos de las palomas, me extraña que la última de ellas te hayas limitado a citarla y no a explicarla como las demás.

Verás, amigo Antonio, la ornithosis de las palomas es una enfermedad viral; los síntomas son parecidos a los de la gripe o a la neumonía, los análisis de sangre pueden demostrar que un porcentaje comparable de humanos trabajando en lugares infectados por las palomas han sido contaminados sin necesariamente conocer la clase y el origen de su enfermedad.

Estamos en tiempo de vacunación contra la gripe. A ver si el SAS, con tal de ahorrarse vacunas en Ayamonte, cuando un asegurado vaya a pedir la vacuna le va a preguntar: ¿vacuna contra la gripe?, bueno, primero nos tiene usted que demostrar que no padece ornithosis de las palomas, que es igual, poero no es lo mismo.

Por lo demás, querido Antonio, tu imagen como nuevo Félix Rodríguez de la Fuente es, como suele decirse, "para mear y no echar gota". Sé que cuando me veas me echarás una amable bronca. Así lo espero, porque enfadarse por estas cosas sería lo último.

AYAMONTE, UN CALLEJERO MUY PARTICULAR. El Callejón del Gringo

AYAMONTE, UN CALLEJERO MUY PARTICULAR. El Callejón del Gringo

Hay calles ayamontinas que nunca se han conocido por su nombre, y mira que en el caso de hoy, Rosa, es bonito, uno de los nombres más bonitos que puede recibir una calle, no es político, no es religioso, no es de derecha, no es de izquierda, incluso cuando nos hace daño con sus espinas y nos preguntan por la sangre, con toda amabilidad, sin irritarnos, decimos: nada, que me he pinchado con una rosa.

Bueno, ni por esas, nuestra calle Rosa, que está ubicada al final del todo de la calle Huelva a la izquierda, siempre fue conocida por el Callejón del Gringo, sin  que se sepa por qué, yo al menos lo ignoro y apelo a algún antiguo que lo sepa y quiera aclararlo.

El tal Callejón del Gringo era una vía de tierra que enlazaba la calle Huelva con la pedrera del señó Canasta -ya hablaremos de ella en su momento- y desde allí se subía campo traviesa hasta el cementerio para tomar el callejón Largo si se iba a la Villa o el Corto si se iba a la Plazoleta. Una vía de alivío pues ahorraba el enorme rodeo que significaba buscar otras salidas como la calle Buenavista. Asi que siendo un  vulgar callejón de tierra prestó a lo largo de los años ese servicio, y hoy los sigue prestando pero a duras penas porque alguien colocó una valla metálica para que no se pasara y que esta mañana he visto derribada.

El lateral derecho no ha cambiado en nada, sigue siendo la linde del conocido huerto de los Iñiguez , por cierto,  bastante abandonado y hoy también del taller de motos de mi amigo Morales. Por la izquierda ha cambiado sustancialmente con motivo de la construcción de viviendas en los terrenos que antes fuera una pequeña huerta que perteneción a mi amigo Joaquín Rodríguez Vizcaya, vamos, el "Gordito de la aduana", y que daba a la calle Juan Fernández o "de los Perros".

Pero lo que más llama la atención, y de forma negativa, es el estado en que se encuentra. Antes, cuando era callejón de tierra y a ambos lados propiedades rústicas o semirrústicas, bueno está, pero ahora, con las nuevas viviendas y la excelente urbanización que queda una vez pasada la calle, y a más inri, después de colocarle el bonito azulejo que lo identifica como calle Rosa, no merece la  pavimentación que presenta, parece como si todas las obras de los alrededores vertieran en la calle Rosa las sobras de cemento. Mitad cemento mal echado, y la otra mitad, entre escombros y tierra. Al no tener aceras y no ser vía para el tráfico de vehículos, no creo yo que cueste mucho pavimentarla para que quede más decente. A ver si es verdad.

MOJARREANDO. La vuelta a los ruedos

MOJARREANDO. La vuelta a los ruedos

Dos morlacos de la talla del que vemos en la foto han cogido esta tarde a  un torero que se encerraba en Las Ventas con seis toros. El primero le ha causado rotura en la bolsa testicular, y el segundo,  le ha metido una cornada de 15 centímetros, causándole lesiones de carácter grave.

En una primera intervención el reportero de turno nos dice: con esta perspectiva es difícil que mañana pueda torear en Zafra, donde el torero tenía contratada otra corrida similar. Y digo yo, bien está admitir que los toreros están hechos de un material especial, como suele decirse, pero hasta el punto de que después de dos cogidas, una grave, se ponga en duda si va a torear al día siguiente va un abismo.

Pero ahí no queda la cosa. En la segunda intervención del reportero, ya en el telediario nos dice que acaba de abandonar la enfermería -el torero, se entiende- después de ser operado de una cornada de 15 centímetros de pronóstico grave. Y que seguramente no podrá torear mañana en Zafra.

Pues mira, chaval, si un torero vuelve a torear en menos de veinticuatro horas después de haber sido operado de una lesión grave por asta de toro, se carga Fátima, Lourdes, el Palmar de Troya, las apariciones de El Escorial, y todo lo que se tercie. Y es que los toreros estarán hechos de otro material, pero aun así, como diría el sabio Belmonte, también torero: lo que no pué sé, no pué sé, y ademá e imposible. Pues eso.

HISTORIA DE LA PASIÓN. Capítulo VI. La lanzada, comprobación de la muerte.

HISTORIA DE LA PASIÓN. Capítulo VI. La lanzada, comprobación de la muerte.

Que de todo lo que atañe a la figura de Jesús de Nazaret se puede sacar punta, es obvio, se ha llegado incluso a negar su propia existencia. El momento de la muerte no podía ser menos y hoy vamos a estudiar  algunas de las distintas opciones y opiniones que al respecto han quedado escritas en los libros de investigación. Veamos primero cuándo se produce la muerte de Jesús desde el punto de vista temporal, para después analizarlo desde el punto de vista circunstancial.

El Evangelio de San Mateo recoge el momento de la muerte de forma tenebrosa. Ya sabemos que escribe en metáfora, al estilo de los textos del Antiguo Testamento. Pero una de las circunstancias de las que describe al parecer sí ocurrió: la repentina  y total oscuridad reinante durante unos minutos después de expirar el Nazareno.

Existen registrados datos astronómicos que demuestran que el día 3 de abril del año 33 tuvo lugar un eclipse lunar que comenzó a las 17 horas y 44 minutos, antes incluso de que hubiese salido la luna y duró hasta las 18 horas, de tal modo que la oscuridad empezó a manifestarse antes de la aparición de la luna, como hemos dicho antes, lo que explica lo asombroso de dicha oscuridad aparentemente sin motivo. Dado que este dato está comprobado y que en ningún otro viernes entre los años 29 a 33, años de la vida pública de Jesús, se produjo fenómeno atmosférico alguno de idéntica naturaleza, es lo que llevó al escritor cristiano Juan Malalas, en el siglo V, al establecer la muerte de Jesús como ocurrida el 3 de abril del año 33.

Otro dato que refuerza esta fecha es el relativo al reinado del emperador Tiberio, desde el 17 de septiembre del 14; el séptimo mes del año decimonono estaría comprendido entre el 17 de marzo y el 16 de abril. Históricamente está admitido que Jesús fue crucificado durante el referido reinado, concretamente en el séptimo mes del año decimonono, que comprende las fechas dichas, y dentro de ese abanico de días, sólo nos queda un viernes en que se produjo un eclipse lunar, y ese viernes no fue otro que el 3 de abril del año 33, conocido ya para siempre como Viernes Santo.

Mas por otros caminos también se ha especulado acerca de la hora, es decir, del momento exacto. El historiador Robert Graves nos lo resume así: según el punto de vista oficial judío, en el momento de ser izado en la cruz, porque en ese momento había dejado de ser miembro de la congregación de Israel, por ser "un gusano desnudo, ya no más un hombre"; según la muchedumbre, después de proferir el grito de la novena hora, que coincidía exactamente con el momento en que los carniceros levitas iniciaban la matanza, y para los romanos, en el momento que le clavaron la pica, por la sangre que no fluye de un cuerpo muerto. Y aquí radica el meollo de este capítulo. Y la pregunta surge sin  solución de continuidad: ¿puede o no sangrar un cuerpo muerto?.

Tanto los Evangelios como el parecer romano apuntado establecen que Jesús estaba muerto cuando Longinos atravesó su costado con la lanza. Esta conclusión, para el tiempo histórico que analizamos, resultaba a todas luces lógica, pero hoy, con el espectacular avance de la Medicina y concretamente de la forense, ello resulta inadmisible.

Cuando escribí mi libro Ayamonte en Semana Santa, recurrí a la opinión, a la información de la Medicina forense, y a través de la doctora Maite Pardo, por entonces ejerciente en el Hospital Virgen Macarena, me llegó la siguiente información: hasta pasadas veinticuatro horas de la muerte un cuerpo puede sangrar, máxime si recibe una agresión del tipo de la que sufrió Jesús de Nazaret en la cruz. Y ahí nos quedamos, amparados en la ciencia, que también se equivoca, pero infinitamente menos que los especuladores, para terminar diciendo que la lanzada no produjo la muerte a Jesús, que éste había ya fallecido con anterioridad, y que ello tuvo lugar precisamente para que se cumpliesen las escrituras: mirarán al que atravesaron.

MOJARREANDO. El botellón

MOJARREANDO. El botellón

Anoche tuve una pesadilla. Una muchedumbre de jóvenes de ambos sexos se dirigía con carpetas, carteras, mochilas, abarrotadas de libros, folios y demás enseres, camino de las aulas universitarias. Al llegar a un punto determinado aquella muchedumbre de dispersaba optando por grupos por distintos caminos, los que llevan a las respectivas facultades donde iban a cursar sus estudios. Iban pies enjutos, cabizbajos, pensativos, pero seguros de encaminarse por el buen  camino hasta el cumplimiento del deber, del deber de estudiar. Comencé a sudar y a dar vueltas en la cama sin poder conciliar el sueño. Pensaba en los cientos, en los miles de funcionarios de la UE que elaboran el informe PISA, ese informe que coloca a nuestros estudiantes en los puestos más bajos de la escala. Y eso me preocupaba y era la razón de mi sudor, que esos miles de funcionarios se quedaran sin trabajo por mor de estos universitarios españoles que habían decidido empezar a estudiar desde el principio, dejando la diversión para las vacaciones. Madre mía, con la crisis económica que estamos viviendo y encima incrementa el número de parados en toda Europa.

Menos mal que las pesadillas tienen una ventaja, que se terminan, y el despertar es feliz. Así que cuando me levanté me dirigí directamente al ordenador para buscar las últimas noticias. Pincho el diario Abc de Sevilla, y ya desde la portada siento la alegría de que lo de la noche anterior había sido una tremenda pesadilla. Nos dice el diario citado que más de 15.000 jóvenes habían ocupado los terrenos de la Isla de la Cartuja y colapsado las líneas C1 y C2 de autobuses, para celebrar el botellón de inicio de curso. Menos mal, qué tranquilidad.  Estos son mis estudiantes preferidos, no los otros, los de Deusto y el Opus, fascistas y franquistas que sólo piensan en estudiar y en hacerse hombres y mujeres de provecho. Obsoletos, anacrónicos, perdidos en el tiempo que están. Los míos no, estos sí que saben que lo hacen bien en esta España del talante y la tolerancia. Que terminan las carreras sin saber interpretar un escrito ni escribir una plana sin faltas de ortografía, pues mejor, para que coño servirá eso. Allá van ellos alegres y contentos, no a las aulas de las facultades, no, van al otro botellódromo, este ya permanente, el del cesped del campus universitario, donde le dan al botellín, y a las abarrotadas cantinas, que las aulas son viejas y frías. Eso sí, si hay que organizar una manifestación para protestar por la masificación de las aulas, se organiza, no faltaba más.

Que tranquilidad, que bien se me ha quedado el cuerpo con la noticia. Hala, muchachada, a lo vuestro, que es lo que se lleva, y no olvidéis el viernes pedirle la paga a papá para el botellón del sábado, que todo no va a ser libros y apuntes, que marean mucho. Ah, y no olvidéis que la Primevara está ahí a la vuelta de la esquina y que debéis ir ya preparando ese macrobotellón, no sea que con los estudios se os olvide.