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Mojarra Fina: El Blog de la Mojarra Fina Ayamontina

AYAMONTE EN EL RECUERDO. La droguería de Cayetano Ojeda

AYAMONTE EN EL RECUERDO. La droguería de Cayetano Ojeda

Antes de nada, aclarar que Cayetano Ojeda Fernández era el abuelo de nuestros amigos y buenos ayamontinos Tani y Ramón Ojeda.

Tal droguería venía ubicada más o menos a mitad de la calle Huelva en la acera de la izquierda y era la más famosa de la época, tanto por su antigüedad, por las diversas actividades y prestaciones que ofrecía y sobre todo por la personalidad de su titular.

Cayetano Ojeda era un hombre tan de su droguería, que a lo largo de mi vida nunca lo vi fuera de ella, era como si nunca hubiese estado en la calle. Le encantaba trabajar en la trastienda, de tal  manera que para que te despachara tenías que llamarlo a voces. Muchos de los artículos que vendía, como la pólvora, por ejemplo, lo hacía en estuchitos de papel curiosamente doblados que él mismo elaboraba. Todo lo envolvía con curiosidad... y sin prisas.

Llegó un momento en que en el mercado irrumpió el gasoil -que popularmente llamábamos petróleo- que venía a sustuit al viejo carbón. Servía tanto para cocinar como para alumbrar los hogares mediante quinqués e infiernillos. Era característico observar las grandes colas que se formaban en la fachada de la droguería con las señorar portando latas vacías de otros productos y damajuanas para abastecerse del nuevo, económico y efectivo producto. En Cádiz sacó nuestro paisano Antonio Villegas aquella letra que decía: "hay mocitas que no se conforman a casarse con cuatro trapitos, ahora quieren el colchón flex, lavadora y el infiernillo".

Termino con una anécdota o quizás un chiste que se contaba como anécdota. Un día entró un  aficionado a la pesca en la droguería a comprar unas plomadas en forma de huevo, y se equivó al pedirlas, llamó al tendero y cuando lo vio venir con sus cansinos andares, le dijo así. ¿tiene usted huevos de plomada?. Y el bueno de Cayetano Ojeda le contestó: no, hijo mío, yo lo que tengo son muchos años y un poquito de reuma. Un abrazo a Tani y a Ramón.

MOJARREANDO. Carlos Cano y María la Portuguesa

MOJARREANDO. Carlos Cano y María la Portuguesa

Hace unos años Ayamonte vivió uno de esos momentos que viven todos los pueblos -aunque el nuestro tenga categoría de ciudad- alguna vez: la catetada, pensar que algo que carece de importancia la va a tener por venir de "alguien que vive en Madrid y veranea en  Isla Canela"; porque fulanito de tal, que es un famoso veranea en Ayamonte, o porque en una calle de Madrid, Barcelona o Sevilla hay un bar que se llama "Buenavista", por ejemplo. Entonces, en los pueblos se produce una movilización general o institucional para rendir homenaje al señor de Madrid que veranea en el pueblo, o al dueño del bar "Buenavista", por todo lo que ello representa para el prestigio y la "imagen exterior" del municipio.

Algo de esto ocurrió, como digo, hace unos años. El Ayuntamiento de Ayamonte acordó conceder el nombre de una calle al cantautor Carlos Cano porque, según parece, con su canción "María la Portuguesa", relanzó a Ayamonte a distancias increibles de notoriedad.

La verdad de todo esto es lo siguiente, o por lo menos lo que yo creo que es la verdad o la realidad. Carlos Cano, aprovechando una tragedia, escribe un pasodoble que luego canta y que a la postre viene a resultar su canción más emblemática y con la que sin duda ganaría un considerable número de millones de pesetas.

Pues bien, lo único que hace el meritado cantautor es decir "Desde Ayamonte hasta Faro", porque ni siquiera aclara más adelante que "las playas de Isla" son las de Isla Canela pues así dicho parece que son las de Isla Cristina. Y eso es todo, porque por lo demás, falsea todo lo sucedido, excepto el tiro que suena en la noche y quita la vida a Juan Flores:

1. La viuda de Juan Flores -parienta mía al igual que Juan-, no se llama María, su nombre completo es el de Francisca Angustias Martín Rosa, hermana de nuestro querido paisano e icono del Carnaval ayamontino, Ramón Martín, de la familia de "los Misiño".

2. La viuda de Juan Flores, no era portuguesa, era y es ayamontina hasta el tuétano, al igual que su esposo, de la conocida familia apuntada, y él hijo de Juan "el Mutilao" el mejor pescador de camarones que ha dado Ayamonte, hermano de Pepe "el Bartolina".

Y por todo eso, a Carlos Cano se le otorga una calle. Yo me hago una pregunta, sólo por curiosidad: ¿sabe alguien si Carlos Cano o sus herederos, en agradecimiento por los millones de pesetas ganados a costa de "María la Portuguesa", es decir, de Francisca Angustias Martín Rosa y por el honor que representa tener rotulada una calle han tenido algún "detalle", con la viuda "portuguesa" o ayamontina?. Claro que, en virtud con la catetura de que hablaba al principio, a lo mejor es que nosotros, todos, tengamos que estarle agradecidos a ellos, pues no faltaba más.

Así se escribe a veces la historia de los pueblos que terminan vendiendo su prestigio por un oropel.

MOJARREANDO. La zona azul

MOJARREANDO. La zona azul

Reza una vieja sentencia, sabia sentencia, que cuando el diablo se aburre mata moscas con el rabo. A mí esto de la zona azul me suena a eso, a matar moscas por aburrimiento. Aburrimiento en este caso quiere decir falta de liquidez.

Es cierto que mi buen  amigo Antonio Rodríguez Castillo ha tenido mala suerte. El otro fue más listo, se fue silgando cuando vió venir la de arena, porque sin un duro hay que recurrir a los milagros, y ya no son tiempos de pastorcitos a los que se aparece la Virgen.

Cuando no hay dinero hay que buscarlo como sea, y la dichosa zona azul puede representar una buena fuente de ingresos. Pero a mí lo que realmente me preocupa es la discrimación -si quieren por pasiva- que suponen estas normas. Porque vamos a ver, es cierto que a mí nadie me prohibe que aparque en la zona azul y me diga que es cosa de pudientes, pues eso sería una discriminación directa, activa; a mí y a muchísimos ayamontinos no se nos dice eso, se nos dice sencillamente que aparcar en la zona azul cuesta bastante dinero, dinero que no tenemos por ejemplo los pensionistas, ¿para quien queda la zona azul?.

Premio, acertó usted querido visitante: para los pudientes. Porque los pudientes pueden dejar el coche durante tres o cuatro horas que al fin y al cabo dinero hay de sobra para pagarlo. Los demás, al Salón, pero al Salón, Salón, allá por el "Liachimpó" o "la Maestranza"; o si nó, al Arrecife o a la Plazoleta.

Entonces, los no pudientes ¿cómo nos las arreglamos para ir con el coche al centro o sus alrededores?. Pues anda que no es usted antiguo, amigo. ¿No conoce usted el coche de San Fernando?. Si hombre, ese que dice: un ratito a pie y otro andando.

Pero lo que más fastidiará será  ver la cara de chulería que pondrán los pudientes de la zona azul. Tiempo al tiempo.

Si me quedan ganas de seguir con el tema un día de estos trataremos la "zona roja", que no es la republicana, sino la otra, la de los residentes. Madre mía, ¡cuantos residentes nuevos vamos a tener en el centro!.

ANECDOTARIO AYAMONTINO. De como Paco el tallista fue convencido por Jesús Castellanos y Pepe González para que no se marchara de Ayamonte

ANECDOTARIO AYAMONTINO. De como Paco el tallista fue convencido por Jesús Castellanos y Pepe González para que no se marchara de Ayamonte

La contienda civil española acababa de terminar y una nueva hermandad irrumpía en el contexto de nuestra Semana Santa, la de Ex-combatientes. Vino en llamarse de la Victoria, como todas las que nacieron después de la guerra y fueron fundadas por gentes del bando ganador.

De entre sus fundadores y fieles servidores a lo largo de sus vidas, fueron destacados cofrades mis buenos amigos y admirados Pepe González Feria y Jesús Castellano González, quienes se habían propuesto hacer de la recién creada hermandad una gran cofradía, como el paso de los tiempos así lo demuestra.

El primer proyecto espectacular fue la talla que hoy procesiona con Pasión -fijénse la calidad de la misma que aun se conserva como el primer día, claro que ello se debe también al celo y cuidado de los cofrades, especialmente de los dos citados- que terminaría siendo uno de los buques insignias de nuestra Semana Santa.

Entonces, un carpintero y tallista ayamontino, Francisco Domínguez, conocido siempre como Paco el tallista, dado la escasez de trabajo existente en la ciudad, decidió marcharse, creo que a Barcelona en busca de mejor vida. Y cuentan los que lo saben y yo aquí lo repito, que Pepe González Feria y Jesús Castallano González frenaron aquella decisión y se presentaron en la estación de ferrocarril justo en el momento en que Paco el tallista se marchaba. Lo convencieron para que se quedara y tallara un paso para la cofradía y todo lo demás que con el tiempo viniera. Se quedó. Y el resultado no es otro que las espectaculares tallas que adordan nuestra Semana Santa.

Sólo me queda añadir una curiosidad. El paso en cuestión estaba destinado al misterio del Beso de Judas, pero dada la obra de arte que logró Paco y la que lograra con la imagen Antonio León Ortega, quedó para Jesús de la Pasión.

Puede que algún detalle de lo escrito no corresponda exactamente a la realidad. Si es así, para eso está el blog, para que alguien aclare lo que quiera. Espero que Marisa González, hija de Pepe, redondee la historia.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Los cristobitas

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Los cristobitas

En estos tiempos subir la calle Cuesta de San Diego resulta costoso por lo empinada, pero es un placer ver las viviendas que la adordan. Antaño, esas viviendas eran escasas y su categoría urbanística mínima: eran chozas. En una de esas chozas vivía un señor llamado Juan y era latero, salía a la calle con su hornillo de carbón y su soldador manual arreglando ,soldando los agujeros y rajas de los cacharros de cocina. Pasados muchos años consiguió emplearse en la ONCE y su vida mejoró considerablemente. Era un hombre extraordinariamente educado, eso sí, poco conversador y serio en demasía.

Pero su vida no destacó por lo dicho, sino por una actividad que practicó toda su vida, incluso cuando esta era cómoda. En cartones  de cajas de zapatos pintaba la silueta de un señor vestido a rayas horizontales, cual antiguo presidiario, la recortaba y con un simple mecanismo, una tabla y una cuerdecita, tirando de ella, lo hacía subir y bajar. A ese muñeco le llamaba cristobita y todos terminamos llamándolo así. Y es que en realidad la palabra cristobita es sinónimo de marioneta y guiñol, sólo que el cristobita de señó Juan el latero era rústico, modesto, pero a los niños de entonces nos servía para jugar.

Ahora nuestras fiestas patronales son espectaculares pero antiguamente cualquier cosa llamaba la atención. Una de ellas era la de ver a seño Juan el latero vendiendo sus cristobitas por el real de la feria haciendo bajar y subir el muñeco a lo largo de una tablilla.

MOJARREANDO. Las cosas del arzobispo castrense

MOJARREANDO. Las cosas del arzobispo castrense

Leo un titular del ABC de hoy, 28 de septiembre, y me quedo así como atontao, más macario que nunca diciendo aquello de me lo expliquen. Y es que nuestro ilustre paisano, el flamente arzobispo castrense, se ha dejado caer con una perla que para sí la quisieran los buscadores de idem. Dice el titular: "el arzobispo castrense defiende la presencia de la Iglesia en el Ejército".

¡Vaya tela marinera, vaya tela del telón!. Vamos a ver, Juanito del Río -te hemos sacado de cura para poderte tutear y hablarte como paisano que eres-, vamos a ver, si tú, la máxima jerarquía de la Iglesia en las FFAA (esto quiere decir Fuerzas Armadas) no defiende la presencia de la institución eclesial, ¿quien lo va a hacer?. Porque, hacer hacer, no creo que lo haga Gaspar Llamazares, digo yo.

Yo no quiero meterme en camisa de once varas, querido amigo, pero no te veo yo a ti muy marcial que se diga para mandar firmes. Por cierto, creo que tu empleo castrense es el de general de Brigada o de División, ¿no?. Vaya tela de sueldo, aunque supongo que buena parte irá para los pobres. Es de esperar.

Me recuerdas un poco a nuestro viejo paisano sacerdote Juan de la Rosa, que desde el principio anduvo siempre por las alturas. Yo quiero ser sincero contigo y decirte que no siento como ayamontino ninguna satisfacción porque un sacerdote del pueblo ocupe el cargo que ahora ocupas tú. Preferiría verte como arzobispo de los comedores de pobres, de los albergues, pero me dicen que para esas cosas la Iglesia no nombra arzobispos. Que lástima.

MOJARREANDO. Cambio de guardia en la caseta del Viernes Santo de las Angustias

MOJARREANDO. Cambio de guardia en la caseta del Viernes Santo de las Angustias

Como es domingo por la mañana y el Cani y el Carlos Jaime estarán todavía dormidos, vamos a mojarrear un poquito a costa de ambos...

La foto está quitada una tarde de montaje de casetas. En ella aparecen dos currantes de mi hermandad en una actitud que luego comentaré. Los montajes son curiosos pues pasa como con  las obras, que los albañiles trabajan y los que pasan miran, y además, en el caso del  montaje de casetas, hasta opinan, lo que hace que los montaores terminen cabreándose.

Este es el caso del señor teniente de hermano mayor o mayordomo, o ambas cosas, que mi amigo el Cani puede con todo, que se hartó de tanta crítica de los mojarrones que andábamos por allí y terminó, cual si fuera un cambio de la guardia, entregando la escoba a Carlos Jaime, pero Carlos, el hijo pródigo, viene cansado de arenas y caminos rocieros y no estaba para esos trotes, de ahí el gesto de despistado que pone, como si no fuera con él, así el cambio de la guardia quedó, aunque la instantánea no lo recoja, con la escoba por los suelos y el Cani a carajo sacao camino de su casa, que ya estaba bien el día de trajines.

Espero del buen humor de ambos acepten este mojarreo dominical con agrado, como no podría ni debería ser de otra manera.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Los lateros

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Los lateros

Mucho ha llovido, a pesar de los largos y angustiosos años de sequía, desde que en Ayamonte se dejó de oir un clásico pregón que llegó a formar parte de nuestro cotidiano vivir.

Las voces del aguaó, el cuponero, el piñonero, el pescaero, nos acompañaban a diario. Y entre estos pregones, uno especialmente dirigido a las mujeres, que eran las que estaban en casa y manejaban los utensilios de cocina: ¡niña, el lateroooo!. En nuestros días no hace falta que un cacharro de cocina se rompa, se raje, se agujeree, para tirarlo, basta un leve deterioro para que lo cambiemos por otro nuevo. Pero antiguamente no era así, la penuria económica hacía que aquellos viejos cacharros de cocina se aprovecharan al máximo, y cuando uno de ellos sufría una picadura, la señora se asomaba a la puerta de su casa a la espera de oir aquel pregón: niña, el latero.

Se trataba de un profesional que portaba una especie de hornilla de carbón, donde calentaba el soldador y después restañaba el agujero, la picadura, la raja, en definitiva, hacía que el cacharro pudiera volver a usarse.

En mi memoria, dos lateros muy recordados. Uno, señó Juan, aquel señor que fabricaba y vendía los famosos cristobitas y vivía en la Cuesta de San Diego en las chozas allí existentes; y el otro, el archiconocido y simpático "Arzapepa", que lo mismo soldaba por la mañana que trabajaba de camarero por las tardes, o aprovechando una velá o un mastro.

AYAMONTE. UN CALLEJERO MUY PARTICULAR. La Callejita el Loco

AYAMONTE. UN CALLEJERO MUY PARTICULAR. La Callejita el Loco

La fotografía que tenéis o tendréis a la vista, como reza el azulejo, corresponde a nuestra calle San Pedro, pero de antiguo fue llamada, y no me preguntéis por qué, porque no lo sé, como la "Callejita el Loco". La lógica me hace pensar una de dos, que en ella viviera un loco o que por ella pasara con frecuencia un loco, y también podríamos recurrir a la leyenda, como ocurre con el lobizome o el morito del Callejón Corto, que el loco sólo existiera en la imaginación.

Calle más bien pequeña y estrecha, peatonal, pero así y todo albergó actividades de mucha enjundia en nuestro pasado reciente, a saber:

En la Callejita el Loco estuvo establecido el Frente de Juventudes, allí íbamos los jóvenes de la época a jugar al pin pon, a escuchar las charlas de los líderes falangistas, a ver representaciones en su pequeño escenario, y a beber una copa con una tapita de atún en conserva. Y a velar a los caídos por Dios y por España llegado el 20 de noviembre de cada año. Hoy, si preguntas por ahí será raro que encuentres a alguien que reconozca que visitó siquiera el Frente de Juventudes, no sea que lo tachen de fascista-franquista, con lo progresista que es hoy el personal en general. Yo os digo que yo sí,  incluso tenía mi uniforme de flecha, que dicho sea de paso, era obligatorio sin querías seguir estudiando en el Instituto Laboral. y lo pasaba muy bien en el local, al fin y al cabo era lo que había.

También estaba establecida la añorada y querida Radio Juventud de Ayamonte, que nos fue expoliada y llevada a Huelva dicen que con la colaboración de un ayamontino, por cierto, el líder falangista más destacado.

Más arriba, un colegio público de niñas denominado Colegio Titular, no se a qué venía tal nombre, recuerdo que las niñas vestían uniforme blanco. Y una canción muy repetida para el juego de la comba: "en el Colegio Titular, han puesto tablas, cuando pase Matilde, tropiece y caiga; pasó su novio, la vió llorando, qué te pasa Matilde que lloras tanto,me he roto un hueso y tres costillas, a la noche veremos las pantorrillas". El nombre de la niña cambiaba según la que saltara.

Frente al colegio, una carpintería y a lo largo de casi la mitad de la pared derecha se podían oir las notas del piano que con tanta afición tocó siempre nuestro admirado maestro Barbedún, es decir, Manolín Feu. Tampoco podemos olvidar la vieja pensión de Ramona Reyes y la que con el tiempo fuera, en el lugar que ocupó el colegio citado, la vivienda  primer conserje del Instituto Laboral, el recordado Paco el Misionero.

Anda que no dá nada de sí una calle tan pequeña, una callejita, la Callejita el Loco.

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. Hoy: meterse en un jallao

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. Hoy: meterse en un jallao

Hoy nos referimos a:

METERSE EN UN JALLAO

He buscado por todas partes y definitivamente la palabra jallao no viene en ningún diccionario, por lo que hay que entender que se trata de un localismo y como tal nosotros lo incluímos en nuestra peculiar forma de hablar.

Aclaremos primero: meterse en un jallao es meterse en un follón, en un lío, en una aventura complicada. He oído noticia acerca del regreso político del señor de la foto, el que queda a la izquierda según se mira; el otro, simplemente está ahí. El señor de la foto fue alcalde de Ayamonte y su labor puede ser objeto de mil y un debates en los que no vamos a entrar ahora; creo que para analizar serenamente una labor política tan prolífica y larga tenemos que esperar que pase el tiempo. Todavía de nuestra Guerra Civil estamos oyendo disparates de uno y otro bando, pero yo estoy seguro, si vivo, que mi nieta me contará cosas de esa guerra verdaderamente objetivas y ciertas. Al tiempo.

Bueno, a lo que vamos, que te enrollas mucho. Si don Rafael, que es el señor de la foto, quiere volver es una decisión que todos debemos respetar con independencia de que se desee o no. Pero atrención, aviso a navegantes: recuerden los nostálgicos del poder el ejemplo de Rodrigo Rato, al que tendieron alfombras bordadas para que volviera a la política activa del PP., y guiado por la prudencia y la inteligencia no lo hizo.

Volver, volver, sí, se puede, pero con la frente marchita. el paso del tiempo y otras cosas. Pero volver en estas circunstancias de penuria económica, sin  Fadesa, sin ladrillo, con todas las rotondas echas, con campos de fútbol de sobra, con auditorios inútiles, y con el Titi ejerciendo el nepotismo sin su ayuda, es decir, motu propio, que todo se apende, me parece a mí, amigo Rafael, que es meterse en un jallao.

Hay un refrán que dice: sarna con gusto no pica. Y mi mujer, que es sabia. añade: pero mortifica. Pues eso.

ANECDOTARIO AYAMONTINO. De cuando Enrique el Locero se peló a rape por una buena obra

ANECDOTARIO AYAMONTINO. De cuando Enrique el Locero se peló a rape por una buena obra

Hubo un ayamontino llamado Prudencio Gutiérrez Pallares, cronista de la ciudad en unión de Manolo Feria Sousa, el Tejaíto, que un día soñó con erradicar el asentamiento de las chozas existente en la parte más oriental el barrio del Peñón, al final de la calle Olivo.

Para ello, aprovechando las ondas de la desaparecida Radio Juventud de Ayamonte, montó una campaña a la que llamó con el atractivo nombre de "La Hermandad del Ladrillo". El ladrillo siempre ha sido el símbolo inequívoco de la construcción, y precisamente lo que pretendía don Pruden era no sólo erradicar el chabolismo, sino construir en la meseta del Arrecife un grupo de viviendas para aquellas gentes que vívieron durante muchos años al límite: sin agua corriente, sin alcantarillado, sin luz y soportando las aguas de lluvia que se colaban por entre las chapas de las chozas.

Lo consiguió, a base de constancia y la colaboración general. Pero hubo un momento en aquel largo programa nocturno que destacó sobre todos. Fue cuando un ayamontino llamado Saturnino González Navarro, que regentaba un bar en la calle Capitán Cortés, llamó a la emisora ofreciendo una considerable cantidad de dinero siempre que Enrique Rodríguez, el Locero, se pelara a rape, es decir, al cero. Ni que decir tiene que el gran Enrique el Locero aceptó el reto y así se abrió una puja entre los que querían el pelado y los que nó. Yo creo que en realidad todos lo querían, porque dicho sea de paso, ver una cabeza como la del bueno de Enrique pelada al cero tendría que resultar todo un espectáculo, lo que ocurre es que se pujaba al sí y al nó para que se reuniera más dinero.

Ni que decir tiene que ganó el sí, y en la callejita que va de la calle Real a Cervantes, donde Celedonio Martín Montes etaba establecido como barbero, se vivió un espectáculo inolvidable, la gente pasaba continuamente para ver como los pelos de Enrique el Locero iban cayendo de su cabeza. Enrique era, además de bueno, simpático sobremanera y según me recuerda su hijo Enrique, el Nene, el pelo estuvo expuesto en el escaparate de la tienda donde Enrique vendía la loza y hoy su hijo vende moda, durante mucho tiemnpo, cogido por dentro con un fiso.

AYAMONTE, UN CALLEJERO MUY PARTICULAR. La calle Rompeculos

AYAMONTE, UN CALLEJERO MUY PARTICULAR. La calle Rompeculos

La calle Rompeculos es de las más típicas de Ayamonte, aunque su verdadero nombre es el de calle Peligros, pero como ocurre en estos casos, el nombre oficial queda en segundo término.

Se trata de una calle que ha servido de referencia de muchas cosas durante toda la vida. La calle Rompeculos es la calle donde tenía su papelería doña Genara, la mujer de Laureano Garcés, abuelos de Paco Conde, donde comprábamos los colorines del Guerrero del Antifaz, el Cachorro, el Espadachín Enmascarado, Roberto Alcázar y Pedrín, etc.; es la calle donde el difunto el Picao, el albañil, se asomaba en la esquina a calle Huelva a cantar sus saetas con aquella voz potente, clara, inconfundible; su esquina de abajo servía de referencia para indicar donde estaba la tienda de comestibles del "Jorobaíto", que era como cariñosamente llamámabos al bueno de Domingo Ríos; en la otra esquina, ya en calle Huelva, el inconfundible azulejo de Padre Jesús; en ella vivió Manolito Cruz...

Lo que llama la atención es su nombre popular, Rompeculos, que seguramente se debe a las caídas hacia atrás que sufrieran las personas que la frecuentaran dado la escasa altura de sus escalones y seguramente resbaladizos los antiguos especialmente en días de lluvias. Finalmente, y volviendo a lo del Picao, es sitio ideal para ver las procesiones en Semana Santa cuando los pasos provinientes del convento toman la calle Huelva.

LA PALABRA HERIDA. La dos alternativas

LA PALABRA HERIDA. La dos alternativas

Ayer fue el día de la Virgen de la Merced y la televisión, en uno de estos programas kilométricos de por las tardes nos ofreció un reportaje desde Barcelona.

La reportera -con toda seguridad en la lista del informe Pisa, el de los torpes que no estudiaron aunque eso no importa- traslada la cuestión patronal a la industrial refiriéndose al vehículo marca Mercedes, y le explica a la presentadora que está en el estudio: el nombre de Mercedes se debe al de la esposa de un señor, y te ofrezco dos alternativas para que la aciertes de quien se trata:  o es la esposa del constructor o es la esposa del promotor.

Mire usted, guapa reportera, si su jefa tiene que elegir entre dos opciones lo que realmente le está usted ofreciendo es una alternativa, pues para que entren en juego dos alternativas tendría que contarse con al menos tres opciones. No se pueden ofrecer tantas alternativas como opciones, porque en ese caso deja de ser alternativa.

Pero no se preocupe, al fin y al cabo usted tiene pinta de becaria, pero esta misma mañana en la tele también, la portavoz del PP en el Congreso dijo que una norma afectaría en general a todos, que tiene cacaruca la cosa.

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. Hoy: mariquita azuca

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. Hoy: mariquita azuca

Hoy nos referimos a:

MARIQUITA AZUCA

Con esto de los barbarismos andamos perdidos, a veces me dan ganas de irme a vivir a Sudamérica porque los sudamericanos sí que saben cuidar el Español, yo me quedo admirado de lo bien que lo hablan y lo bien que lo escriben. Estoy seguro de que en ningún diccionario oficial de ninguna nación de Hispanoamérica se recogen palabras como rocanroll, gay o water. Nosotros sí, y con el mayor descaro del mundo.

Nuestro diccionario nos habla del hombre homosexual definiéndolo como afeminado, es decir, un hombre con maneras de mujer. Un poeta diría hombre con alma de mujer. Y es así y no de otra manera. Pero ahora nos viene la moda gay, una más exportada por el Imperio, y allá van los borregos a presumir de orgullo gay, que es otra especie de cocacola o sevenat que nos exportan y aquí se consume con sumo placer. Hasta los portugueses han decidido que los homosexuales tendrán exactamente todos los derechos que los heterosexuales, pero de matrimonio nada de nada, que es institución antiquísima pensada en hombre y mujer.

Bueno, a lo que interesa en esta página. La peculiar forma de hablar de los ayamontinos acuñó una expresión graciosa y hasta cariñosa, aunque quien quisiera podía utilizarla de forma despectiva. Esa expresión era la de "mariquita azuca". Lo de mariquita es entendible porque es el diminutivo de maricón, que no es una ofensa pues el maricón es el hombre afeminado del que antes hablábamos, pero lo de azuca, escrito así, sin la r final, es lo que llama la atención y lo que era más importante, que hacía más endeble, más afeminada la expresión.

Siempre he tenido amigos afeminados, maricones, vamos, mariquitas azuca, pero nunca he sabido que relación puede haber entre un afeminado de verdad, que lógicamente siente atracción por el sexo contrario, por el heterosexual, y un gay que termina formando pareja con otra persona de la misma opción. En fin, allá ellos. Yo me quedo con mi mariquita azuca de siempre, que me cae bien y simpático.

ANECDOTARIO AYAMONTINO. De cuando una señora confundió el apellido del padre Gregorio Palomar

ANECDOTARIO AYAMONTINO. De cuando una señora confundió el apellido del padre Gregorio Palomar

De entre todos los sacerdotes que han sido en nuestra ciudad podemos encontrar de todo, "como en la viña del Señor", nunca mejor dicho. Pero si podemos destacar a uno por su indiscutible bondad, ese sería el padre Gregorio Palomar. Personificación del eterno despistado, daba la impresión de torpeza cuando en realidad nos consta que es uno de los sacerdotes más inteligentes que nos han acompañado.  Si lo que voy a decir ahora suena a normal, antes era un auténtico escándalo: al padre Palomar le gustaba el vino, concretamente el vino tinto, y el hombre se tomaba las copas que le apetecía. Repito que en aquellos tiempos resultaba escandaloso que un cura bebiera; hoy los vemos en las discotecas tomándose un cubata y resulta normal. Cosa de los tiempos.

Bueno, a lo que íbamos. Había en el tiempo de que hablamos una marca de vino tinto muy conocida, la marca "Ardau", y como estamos en Andalucía, el mote salta enseguida, y al bueno del padre Palomar terminamos diciéndole padre Ardau. Pues bien, un día una señora de las de iglesia diaria lo paró en la calle Real y le dijo: mire usted, padre Ardau, quisiera hacerle una consulta, porque verá usted, padre Ardau..., en esto fue interrumpida por el sacerdote que le dijo: mire usted, señora, todo el mundo sabe que yo bebo vino tinto, pero yo no soy el padre Ardau, yo soy el padre Palomar.

LA PALABRA HERIDA. Cuando las lluvias se palien

LA PALABRA HERIDA. Cuando las lluvias se palien

Oído esta misma mañana por radio. Una reportera informa a su emisora acerca de los daños sufridos en una localidad a consecuencia de las fuertes lluvias. Al final de la información nos sale con esta lindeza: se están poniendo todos los remedios pero hay que esperar a que "las lluvias se palien".

Esta dama estará en la lista del informe Pisa, seguro, y habrá estudiado periodismo con los progresistas planes de estudio en los que leer, interpretar lo leído, analizar textos, etc. es conservador y fascista, es más, es una secuela del franquismo más enquistado.

Vamos a ver, prenda informadora. Paliar es un verbo que significa mitigar la violencia de ciertas enfermedades, aliviar un disgusto, disculpar, justificar algo. Y el sustantivo paliativo nos habla de que mitiga, suaviza o atenúa y se dice especialmente de los remedios que se aplican a las enfermedades incurables para mitigar la violencia y refrenar su rapidez.

¿Qué pinta entonces la meteorología en el verbo paliar o en el sustantivo paliativo?. Nada de nada. Pero voy a ser generoso y le voy a permitir que utilice la analogía, teniendo a una catástrofe meteorológica como una enfermedad. Así y todo, los estragos que producen las fuertes lluvias los paliarían las actuaciones de los bomberos, de protección civil, incluso del ejército; porque para paliar algo hay que poner remedio al daño, pero hija mija -como diría un castizo puntero- ¿cómo van a paliar las lluvias el propio daño que  ellas causan?. Cuando las lluvias de palien. Esta a lo mejor pasó de curso sin aprobar ninguna. Bueno, lo dejamos aquí, y por el bien de la gente que sufre estos estragos, esperemos que llas lluvias paren para poder aplicar los remedios a tales estragos.

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. Hoy: la pegaíta

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. Hoy: la pegaíta

Hoy nos referimos a:

LA PEGAÍTA

Del sangrante expolio que se viene realizando al lenguaje cofradiero ayamontino, se momento se ha salvado la expresión pegaíta, Dios no quiera, aunque no pongo mano en candela, que un día el listo- progresista- intelectual de turno nos venga con algo así como chicotaíta. Al tiempo.

Pegaíta en nuestro lenguaje cofradiero peculiar viene a ser un sinónimo de chicotá, es decir, es el tiempo que dura arriba un paso desde que es llamado hasta que es bajado o arriado, solo que en Ayamonte la utilizamos únicamente con la cofradía de Padre Jesús. En las demás cofradías se dice chicotá. La expresión pegaita equivale a la llamada que hace el capataz y el tiempo que dura esa levantá. Por eso, a los cargadores de Padre Jesús se les suele pedir "una pegaíta"; por cierto, que resulta ya alarmante que nada más salir los pasos ya estén los cargadores regalando pegaítas, cuando estas tendrían sentido más adelante, con el lógico cansancio. Resulta poco estético ver que a veces van más gente cargando sin hábito que con hábito.

Se trata de una expresión genuinamente ayamontina. El diccionario nos habla del verbo pegar como sinónimo de zurrar, cartigar a uno con golpes y golpear; nosotros utilizamos el verbo pegar en tono cariñoso, llamando a la acción de pegar, pegaíta.

Lo dicho, que Dios nos coja confesados cuando venga el tonto de capirucho de turno diciendo chicotaíta. Si eso ocurre algún día, no se si cortarme las venas o dejármelas crecer.

AYAMONTE, UN CALLEJERO MUY PARTICULAR. La Calleja de don Celedonio

AYAMONTE, UN CALLEJERO MUY PARTICULAR. La Calleja de don Celedonio

La pobre calle Estrella es de esas calles a la que conocemos porque nos damos de cara con el azulejo ya que es raro el ayamontino que no deambula por la Avenida, o porque leemos su nombre en los libritos que edita Agrupación de Cofradías para informarnos por donde pasan las procesiones.

Hay que explicar las cosas para los más jóvenes, así que no me mojarreen los mayores. El lateral izquierdo de la calle Estrella, según se mira desde la Avenida a la calle Huelva, en su parte alta, era ocupada íntegramente por la vivienda de un médico ayamontino llamado Celedonio García Gutiérrez, cuya casa daba a la calle Huelva. La parte baja la ocupaba la vivienda de un veterinario, que también fue senador, llamado Miguel Esteban Martín. Pero el médico se llevó el gato al agua, quizás porque llevaba viviendo allí mucho más tiempo, y esa calle terminó llamándose para todos como la Calleja de don Celedonio.

Por la Calleja de don Celedonio pasaba en tiempos la cofradía de Ex-combatientes, y la de Padre Jesús, que no se si sigue haciéndolo porque hace muchos años que no asisto a la procesión, y en una ocasión discurrió por ella la del Lunes Santo, que para eso son muy suyos y tienen que hacer algo distinto cada año.

En la Calleja de don Celedonio se fraguó uno de los futbolistas más destacados de la historia de nuestro Ayamonte C.F., el defensa central Victoriano Saldaña. Lo mismo le daba jugar con una pelota que con una piedra, lo importante era jugar al fútbol, y de esa vocación, de esa indomable afición salió aquel gran defensa.

Y en la Calleja de don Celedonio, frente a la casa del veterinario, aprovechando un pequeño espacio poco más que el hueco de una escalera, estuvo establecido algún tiempo un zapatero remendón y más tarde vendedor de cupones: el siempre recordado Manuel Trinidad Sánchez Valdés, de siempre Trini el Cojo, y ya de moda Tito Cojo, mi querido amigo y llorado tocayo.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Los paseos hasta el matadero

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Los paseos hasta el matadero

Es cierto que cada época se distingue según las costumbres de sus contemporáneos y que estas cambian con el paso del tiempo, dejando una huella que a veces es agradable recordar.

Una de las costumbres más arraigadas entre la juventud ayamontina de mediados el pasado siglo era la de pasear y tomar el sol los domingos después de comer a lo largo de la cuneta de la carretera y de esta misma por la escasez de tráfico y con un final predeterminado: el viejo matadero municipal.

Durante el paseo, tomando el sol, usos y maneras invariables, como comer piñones, de tal guisa que todo el mundo poseía y portaba una pequeña navaja para abrirlos; y una parada obligada en la huerta primera, la de "Tintín", para arrancar los tronchos de coles que habían quedado en la tierra, pelarlos y degustarlos, cuestión esta que ahora puede extrañar, pero en esos tiempos los estómagos no andaban muy airosos y todo venía bien. Ya en el viejo matadero, unas hermosas y generosas moreras facilitaban la continuación de la merienda.

El regreso se producía cuando empezaba a aparecer el relente, y como quiera que algún que otro noviazgo se fraguó en dichos paseos, algunas parejas venían más lentas. Lógico.

En el viejo matadero vinieron a construir un auditorio, no se por qué, porque al final ha quedado en restaurante. El Ayuntamiento se escudó en que el viento daba en las palmeras y no se oía bien la música, y por eso se lo entregó a la familia que lo regenta, y no quiero seguir con el asunto, que me pone ciertamente nervioso. Hoy, ni matadero, ni auditorio, eso sí, un gran negocio que no se por qué procedimiento se adjudicó. En fin, dejemoslo aquí, y si alguien sabe algo más que entre en el blog y ponga un comentario, que será bien venido. Además, esta no es la página del mojarreo, sino de la nostalgia.

AYAMONTE, UN CALLEJERO MUY PARTICULAR. Hoy: la Esquina el Convento

AYAMONTE, UN CALLEJERO MUY PARTICULAR. Hoy: la Esquina el Convento

La pobre calle Santa Clara se nos quedó siempre en segundo término; como calle, le gana la denominación popular de Gran Vía, y como lugar, le come el terreno la expresión que tratamos, la Esquina el Convento. Y es que en Ayamonte todo lo que haga referencia a las Hermanas de la Cruz toma preferencia, no es para menos. No se como sería muy antiguamente, en tiempo de las Clarisas, pero supongo que los paisanos de la época también nombraría esa esquina con preferencia.

Una de las expresiones más sonoras de nuestra peculiar forma de hablar es aquella "pegarse un barrigazo en el filo de la dársena", pues bien, he de aclarar a los jóvenes blogeros que originariamente no se decía así, sino que el lugar para pegarse el barrigazo era la esquina del convento: pégate un barrigazo en la Esquina el Convento. Yo creo que se debía a que dicha esquina estaba protegida de golpes de carruajes con una chapa metálica, ignoro el material, y por eso resultaba ideal para cumplir aquel peculiar castigo del barrigazo.

La Esquina el Convento -observarán que cuando hablo de un lugar o de una estructura lo hago con minúsculas y cuando me refiero al sitio concreto recurro a las mayúsculas pues así la expresión cobra más entidad y será así con todo el callejero- ha sido siempre punto de referencia para los ayamontinos, sobre todo en Semana Santa; de sus alrededores nos queda el recuerdo nostálgio de la desaparecida "Talía" o del estudio fotográfico de Paco Báez, sin olvidar que un poco más arriba quedaba el Pozo de los Almendros.