Blogia

Mojarra Fina: El Blog de la Mojarra Fina Ayamontina

AYAMONTE EN EL RECUERDO. La báscula de la farmacia de Massoni

AYAMONTE EN EL RECUERDO. La báscula de la farmacia de Massoni

Desde principios del siglo pasado hasta principios del presente, la farmacia de la calle Lusitania ha tenido siempre a disposición de la gente una báscula como Dios manda,  de esas a las que hay que ir dando con el dedo hasta que se produce el equilibrio  y nos dá el peso. Estas básculas tienen la ventaja de que te puedes parar un poquito antes y así pensar que pesas menos, sin embargo las diligitales, como son automáticas se paran en el peso exacto, son unas malvadas.

Yo siempre conocí la báscula de la foto en la misma farmacia. Primero, cuando al frente de ella estaba aquel gran hombre que fuera don Antonio Massoni Jesús. Don Antonio, por favor, ¿me quiere usted pesar que yo no entiendo el chisme este?, y don  Antonio, pacientemente, daba la vuelta al mostrador y te pesaba.

Después, la farmacia fue regentada por otro gran hombre, igualmente humanitario como el anterior, don Fernando González Pérez de León. Parece como si el destino no hubiera querido que se rompiera el tracto sucesivo y a un gran hombre sucedió otro gran hombre.

Y hoy la farmacia está dirigida por una de las hijas de don Fernando, Nieves González Morales, que ha mantenido la tradición, afortunadamente, de ofrecernos la vieja báscula. Si todos pensaran como Nieves hoy Ayamonte contaría con un patrimonio sentimental considerable, pero parece que es más fácil desprenderse de las cosas y sustituirlas por las novedosas.

Desde aquí animo a Nieves a que siga con la vieja báscula a ver si nos dura al menos un par de generaciones más.

 

LA PALABRA HERIDA. Arquitecto técnico por Aparejador

LA PALABRA HERIDA. Arquitecto técnico por Aparejador

Ya comenté en el artículo que anunciaba las entregas que sucederá a esta, que siempre hay un gilipollas, un tonto de capirucho en las altas esferas de la Administración y la Política que se empeña en hacerse notar sin pararse a pensar el daño que puedan hacer a la historia, a las artes, a las ciencias, a las letras, incluso a las buenas costumbres.

Imagínese que está hablando con alguien y le nombra a José Manuel Martín Frigolet; el otro no cae en ese momento de quien se trata, y para aclarárselo le dice: si hombre, el arquitecto técnico del Ayuntamiento. Bueno, pues peor todavía. Pero, ¿y si le dice, si hombre, el perito del Ayuntamiento, o simplemente, el perito?. Pues nada, que el otro dirá, claro, ya caigo quien es.

Y es que decirle a mi amigo José Manuel arquitecto técnico es como decirle pringuezorra o chupacharcos, con todo lo que tuvo que luchar, apretar los codos y sacrificarse para sacar su título de Aparejador, que lo voy a escribir con mayúsculas para dar por culo a quien pretendió acabar con la expresión y lo consiguió de manera oficial pero no popular.

Porque, fíjense como define la Rae el sustantivo Aparejador: técnico titulado que interviene con funciones propias en la construcción de edificaciones. Es decir, el aparejador, y por tanto, perito en materia de construcciones, viene perfectamente definido y descrito en nuestra rica Lengua. Pero, ¿qué es un arquitecto técnico?, ¿es que los otros arquitectos, los de carrera de cinco años son de letras al ser técnicos los otros?. ¿Y qué misión tiene un arquitecto técnico, cuando empezando por el principio, que es por donde debemos empezar, ni siquiera es arquitecto?.

Además, con lo de arquitecto técnico parece que se nos quiere dar a entender su condición de inferior, cuando en realidad, el Aparejador es un técnico titulado pero que interviene en la construcción de edificaciones con funciones propias, no menores ni auxiliares.

Pero en fin, estos impresentables siguen erre que erre cambiándolo todo, sin importarles nada, como aquellos esperpénticos veterinarios de los que les hablaba en otro artículo, que pretendieron transformarse en ingenieros agrupecuarios, que es una profesión relacionada con el campo y la ganadería, con lo cual habrían dejado de cuidar a los gatos, a los perros, a los canarios, a no ser que los huibieran tenido por ganado.

Miren la foto de este artículo. El señor mayor que figura en ella, si fuera artquitecto técnico no hubiera construído ese estupendo edificio compuesto con materiales cofrades, costaleros y capataces. Para hacerlo tenía que ser perito, y además, Aparejador, condición indispensable para construir bien, como Dios manda. Pues eso.

AYAMONTINOS DE PRO. Juan Sánchez Gómez

AYAMONTINOS DE PRO. Juan Sánchez Gómez

Ya en una ocasión aclaré que en esta página no tienen cabida los famosos, los supers, los que alcanzan altas cotas. Mas bien está pensada en los humildes, en aquellos que hacen mucho de lo poco, de los que se entregan desinteresadamente al servicio de los demás, de las buenas personas, de las gentes de pro, sencillamente.

Y mi amigo Juan Sánchez Gómez es uno de ellos. Es extrovertido sobremanera, charlatán, vamos, que se deja sentir en cada momento. Pero sobre todo, está en posesión de un espíritu de servicio que para sí lo quisieran muchos de los que ocupan puestos relevantes en la sociedad.

Cuando los viernes subimos la cuesta de la Merced y vemos el templo abierto, sabemos que Juan está dentro, cuidando de todo y atendiendo a todos. Es un incansable trabajador de su hermandad y su alma está siempre abierta a prestar cuantos servicios le sean demandados.

Pero sobre todo, Juan transmite alegría, yo no sé donde deja esos disgustos, esos malos momentos que todos vivimos alguna vez. El siempre nos obsequia con una sonrisa, y ello es de agradecer.

Este ayamontino de pro, al que yo suelo llamar cariñosamente como sacristán emérito de la Merced goza también de su condición de abuelo, y la felicidad se refleja en su rostro. Y como lo mismo sirve para un roto que para un descosío, llegado el carnaval ahí está para lo que haga falta.

Bienvenido a esta galería de mis ayamontinos preferidos, amigo Juan. Quiero pensar que siempre contaremos con tu generosidad y tu espíritu de servicio, porque gente humilde como tú nos hace mucha falta.

LA PALABRA HERIDA. Varios politraumatismos

LA PALABRA HERIDA. Varios politraumatismos

Una vez más, oído a un reportero de la televisión. Ha tenido lugar un grave accidente, el conductor del vehículo ha quedado atrapado en el interior del mismo entre hierros retorcidos; los bomberos recurren a todos sus conocimientos y habilidades para poder recuperar el cuerpo aun con vida del siniestrado. Por fin pueden sacarlo del vehículo y el pobre hombre presenta heridas, fracturas, magulladuras, por todas partes del cuerpo.

Y entonces viene el periodista del Pisa y nos dice: ha sido rescatado el accidentado, que en una primera apreciación presenta varios politraumatismos.

Pobre mío, con lo terrible que debe ser sufrir un politraumatismo y encima que tenga que soportar varios. Mas como no me quedé muy conforme con la información del del Pisa, ya que aquello me sonaba a redundancia, me fui al diccionario y busqué la palabra pilitraumatismo y leo: conjunto de lesiones producidas simultáneamente por causas externas.

No os podéis figurar el alivio que sentí cuando me enteré que el prefijo poli viene a ser algo así como varios, muchos, conjunto de cosas. Y entonces me dije: si el señor accidentado -causa externa- presenta un conjunto de lesiones producidas simultáneamente, es decir, un politraumatismo, ¿de donde se saca el listo del Pisa lo de "varios"?. Para mear y no echar gota.

ME LO EXPLIQUEN. La misteriosa señal de tráfico

ME LO EXPLIQUEN. La misteriosa señal de tráfico

Dando mi garbeo diario, especialmente por la zona azul, que por cierto, cada vez está más desocupada, y a la que accede y sale muy satisfecho el forasterío en general, me encontré ayer tarde con una novedad en la organización del tráfico local, y les aseguro que no se trata de un caso fotuito obra del viento o de cualquier otro agente, ni de una gamberrada. La cosa en cuestión está tan bien hecha, tan bien estudiada, que no cabe duda que su ejecutor sabía bien lo que hacía excepto una cosa: echarle un vistazo al Código de la Circulación y concretamente al apartado de las señales más importantes.

Y es que en el lateral izquierdo de la calle Aduana, donde estaban ubicadas las oficinas de los Miguelitos y el bar del recientemente fallecido Manolito el Sordo y la oficinita del butano, y que hoy es un solar, sobre la valla que lo proteje alguien ha colocado una señal de tráfico presuntamente de prohibido aparcar, y digo presuntamente porque, una de dos, o yo me he quedado anticuao y no conozco las nuevas señales, o esta la ha colocado un botarate o un tonto de capirucho, si nó juzguen ustedes mismos a la vista de la fotografía.

Total, que entre la zona azul y las nuevas señales que pueden aparecer en los pocos sitios que quedan libres, andamos apañaos. Claro que con estas señales no te pueden multar, sencillamente porque no existen.

AYAMONTE, UN CALLEJERO MUY PARTICULAR. La barda del Peñón

AYAMONTE, UN CALLEJERO MUY PARTICULAR. La barda del Peñón

Lo prometido es deuda, y aquí estamos con la barda del Peñón, y lo escribo así, con "r" porque oir a un andaluz y por consiguiente a un ayamontino decir balda invita a la risa, así que nosotros a lo nuestro, a nuestra idiosincrasia.

Para los ayamontinos que nunca hayan ido por allí, les diré que la barda del Peñón está situada en la calle Olivo. Seguramente o con  toda seguridad, se construyó como elemento de seguridad ya que la calle da a un barranco, a una pared vertical de una vieja pedrera. La barda es chaflanada y su altura varía según la calle va tomando cuesta. Va desde la confluencia con la calle Tarpeya hasta el final de la calle. Y esa vegetación que ven sobresalir de la barda no es otra cosa que una vieja higuera que nadie sabe como pero tiene sus raices en la pared vertical.

La barda del Peñón es uno de esos pocos miradores que aun nos quedan después del desmadre urbanístico sufrido en los últimos años. Desde muchos lugares hemos perdido la vista del Guadiana, por ejemplo, y no digamos nada del desaguisado cometido en el barrio de la Villa. Desde la vieja barda del Peñón aun podemos contemplar la mar y todo el barrio de Santa Gadea, antes esa vista era de aquella Santa Gadea de marismas que fue sustituida por ese barrio que hoy es el más populoso de Ayamonte. Se trata de una vista paradisíaca sobre todo en los momentos de la puesta de sol. Y no digamos nada de la vista desde las azoteas de las casas de ese tramo de la calle.

Pero la barda del Peñón está hoy muy abandonada y me da pena verla así. Cuando eramos niños buscábamos en el Campillo piedras para podernos asomar a la barda desde su parte más alta, y el asomarnos demasiado era siempre causa de gran preocupación para nuestras madres.

Ya he hablado con Rafael Oliva y me ha prometido que hablará con el alcalde a ver si manda blanquearla, no pintarla, y si nó, nos pondríamos de acuerdo los dos y reclutaríamos a varios buenos ayamontinos para hacerlo nosotros, pero yo espero que Antonio acceda a nuestra petición. Me gustaría verla blanca, con la blancura de nuestra cal y que la gente subiera hasta el viejo barrio y se asomara a ella.

Para terminar, decir que enfrente de la barda, esquina a calle Tarpeya, además de la familia de Juan el Chinche y de Guerrero, en el intermedio vivió la familia de Joaquin "el Gordito", porque si no lo digo y se enteran cualquier escucha a mi amiga Angustias la bronca que me iba a echar.

ANECDOTARIO AYAMONTINO. El guardiña botarate

ANECDOTARIO AYAMONTINO. El guardiña botarate

Antes de nada quiero advertir a mis blogueros que mis conocimientos de la Lengua portuguesa son prácticamente nulos, aunque algo se pega desde el punto de vista fonético, así que el final de este artículo está escrito en "portugués" con esas premisas, pero creo que se entiende.

Me contó en una ocasión mi inolvidable amigo Manolo Feria Sousa, "el Tejaíto", que en tiempos del contrabando de café y tabaco, y aceite y medicinas en la frontera entre Ayamonte y Villarreal -preciosa instantánea que nos regala Internet para ilustrar este artículo- ocurrió lo siguiente:

Se encontraban en una interminable cola en Villarreal el citado Manolo Feria y un amigo suyo de la familia de los Guzmán conocido popularmente por "el Tarugo", hombre rudo en sus maneras -construía barcos en miniatura cuyos palos eran más anchos que la propia embarcación- pero sumamente espabilado e inteligente, hombre de muchos reflejos que dicho sea de paso, vinieron a ser su salvación aquel día.

Visando los bolsos, maletas, etc. se encontraba un guardiña estraordinariamente meticuloso y además, lento. A la vista de ello, desde su sitio en la cola, dijo el tal Tarugo al Tejaíto: a ver hasta cuando nos tiene aquí el botarate este. Cuando llegaron al mostrador del registro, el guardiña, que había oído el comentario, le dijo al Tarugo:

"Vosé va a decir a eu qué es botarate". Y el bueno del Tarugo, haciendo uso de sus envidiables reflejos, le contestó: pues mire usted, señor guardiña, en Ayamonte le decimos botarate a una persona muy inteligente, con cargo de responsabilidad, de gran preparación, como vosé. A lo que el guardiña respondió: "pues eu ten un hermain en Lisboa que es a inda más botarate que eu".

Y ahí terminó la historia de la que salieron airosos los dos amigos gracias al ingenio y los reflejos del Tarugo.

MOJARREANDO. La guerra de los101 años: el garzonazo

MOJARREANDO. La guerra de los101 años: el garzonazo

El maestro de la escuela había anunciado para ese día un examen oral, como se hacía antes, nada de test ni de "trabajos de clase", a dar la cara, a pecho descubierto. Fue examinando uno a uno a los alumnos hasta que llegó el turno a un niño muy espabilado, no se sabe como se las arreglaba para salir en todas las fotos, cuando empezaba el curso, cuando terminaba, cuando venía un inspector, cuando iban a misa siempre en primera fila, leía el catecismo a todos los demás, le llevaba la cartera al maestro, en fin, un auténtico protagonista, si no fuera un niño se diría que tenía obsesión de notoriedad.

Baltarcito, que así se llamaba el niño, se puso de pié a la llamada del maestro, y este le dijo: vamos a ver, Baltarcito, háblanos de la guerra de los 30 años. Ojú, señor maestro -contestó Baltarcito- eso no es nada, una guerra sólo de 30 años se explica en un minuto. El maestro le dijo entonces: bueno, está bien, háblanos de la Guerra de los 100 años, y el niño volvió a fruncir el cejo. Don José -entonces casi todos los maestros se llamaban don José- eso sigue siendo poco.

Sin poderse contener, don José le espetó a Baltarcito: mira, niño enterado, una guerra, por corta que sea, es siempre terrible y lo mejor que hay que hacer con ella son dos cosas, primero, evitarla, y segundo, olvidarla y no removerla para que nadie quiera reiniciarla.

Baltarcito le preguntó: don José, ¿No cree usted que un día habrá una guerra de más de 100 años?. Y don José le dijo: rotundamente, no. Mira, cada vez hay más avances técnicos y por ello las guerras serán más cortas. Pero Baltarcito no se quedó muy conforme y dijo para sus adentros: yo, cuando sea mayor, me haré una guerra de más de 100 años, yo solito.

Y miren por donde, pasó el tiempo y aquel Baltarcito que soñaba con una guerra que durara más de 100 años vio cumplidos sus sueños. Y aprovechando la autoridad que le daban las leyes, o extralimitándose en tal autoridad, trajo a su tiempo una guerra que había tenido lugar setenta años antes, y empezó a desenterrar cadáveres para practicarles autopsias, analizar sus adeenes. De toda la nación. Los hombres y mujeres que había vivido aquella terrible guerra entre hermanos acordaron en su día pasar página y dictaron una ley de amnistía que dejara todo en la Historia para empezar una nueva etapa en armonía y democracia. Asi fue, y gracias a aquellos valientes políticos de todos los bandos posibles, el pais prosperó hasta límites inimaginables, pasó de la pobreza a llamar a las puertas de los siete más desarrollados, decidió todas las cuestiones, incluso las referidas al terrorismo, bajo los principios del Estado de Derecho. Hoy estudian en las universidades los hijos de los trabajadores, estos tienen a su vez coche y casa, comen fuera los fines de semana, visten bien, votan en las elecciones con absoluta libertad eligiendo a los representantes que crean oportunos...pero siempre hay alguien que se empeña en volver al pasado más negro. Dios quiera que no lo consigan.

Finalmente, a ese niño llamado Baltarcito y que hoy ya es Baltasar y tiene apellido de garza masculina, le preguntaría: de la frase "descansen en paz", ¿qué parte es la que usted no entiende?.

MOJARREANDO. Vaya fangá

MOJARREANDO. Vaya fangá

Como ya hoy hemos hablado de la peculiar forma de hablar de los ayamontinos, empleamos la expresión fangá para mojarrear un poco y así hacer el blog más variado.

Ya sabemos que una fangada es un lugar donde el agua es escasa y estancada, de ahi que se forme el fango o lodo, pero nuestra fangada, que ya no es fangada sino fangá, va por otros derroteros.

Esta mañana he estado dando una larga vuelta por la guerra del 36-39. ¿Qué cómo ha sido eso?. Muy sencillo. he estado por la zona azul, la de los franquistas rebeldes; por la zona roja, la de los republicanos, y por las zonas naranja y verde, que no son republicanas ni franquistas pero que se pueden asemejar en sus colores a quellos dos bandos que vinieron a ayudar a los dos contendientes: los buenos que ayudaron a los republicanos y a los que constantemente se les rinde homenaje, y los malos que ayudaron a los rebeldes.

Pero si no queremos hablar de la guerra podemos hacerlo de la actualidad. Así, la zona roja sería la del Alcalde y la del Santana; la azul, la del Lechuga, la Gertru y el Albertín, y las otras dos, por su indefinición podía ser la de Pepepunta y los suyos, por eso de que los andalucistas en cada legislatura cambian de color. (Se dio el caso, cuando el apogeo del tiempo de Rojas Marco, que gobernaron con el PP en el Ayuntamiento de Sevilla, y en la misma capital andaluza compartían gobierno autonómico con el PSOE). Las cosas de la política.

Pero, a lo que vamos. Yo creo que va siendo momento de preguntarnos si merece la pena continuar con lo del aparcamiento sistema ORA, o sease, la zona azul como generalmente se conoce al margen de los otros colores. Y digo esto porque en mi recorrido ví más espacios vacíos que ocupados, mientras que el Muelle Norte, la Plazoleta, incluso la calle Carmen y la calle San Antonio en la parte del asilo, estaban abarrotados.

¿Han instalado la zona azul o nos han fumigao a los ayamontinos para que aparquen cómodamente los guiris y demás forasteros?. Porque con esto del forasterío los ayamontinos hemos sido siempre muy exquisitos.

En definitiva, que ahora mismo un porcentaje de plazas limitadas por colores están desaprovechadas y los ayamontinos, al destierro. Total, una fangá.

Y no quiero insistir porque mañana hablaremos de la barda del Peñón y quiero pedirle al Alcalde, al igual que lo hará Rafael Oliva, que nos la blanquee, y no quiero que se enfade conmigo, aunque estoy seguro de que nó, Antonio es de los que tienen buen sentido del humor y aguante político.

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. Hoy: alburraca

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. Hoy: alburraca

Yo no sé de donde ni de cuando proviene el término alburraca, ni por qué los ayamontinos de antaño llamaron así a las meduzas. Desde luego, lo que no tiene sentido es esa cursilería cateta de llamarlas "aguaviva", que es del todo una contradicción con la verdadera esencia del agua viva, que según nuestra Real Academia es "la que emana y corre naturalmente". Ya me dirán si eso lo hacen las alburracas.

De todas formas, y siendo el término meduza bastante difícil de digerir, algún nombre había que buscarle más sonoro, más expresivo, pues es tanto el fastidio que producen las alaburracas que merecen que las tratemos incluso de forma ofensiva, y así suena alburraca, como un insulto, es como si a alguien que se lo merece le decimos hijoputa -que es distinto de hijo de puta-, a la meduza, que es una cabrona y una hijaputa, le llamamos alburraca.

Lo de meduza, según nuestro diccionario, suena así de difícil y enredoso: una de las dos formas de organización de la alternancia de generaciones de gran número de celentéreos cnidados y que responden a la fase sexuada, que es libre y vive en el agua; su cuerpo recuerda por su aspecto acampanado a una sombrilla con tentáculos colgantes en sus bordes.

Ahí es nada, como para que cuando estemos en la playa y nos pique una lindeza de estas vengamos diciendo, me ha picado una de las formas de organización de la alternancia de generaciones de un celentéreo.... anda al carajo, con lo fácil que es decir, me ha dado un picotazo una alburraca.

Y es que donde está el picotazo de una alburraca, que se quite el de las meduzas.

AYAMONTE, UN CALLEJERO MUY PARTICULAR. El Peñón

AYAMONTE, UN CALLEJERO MUY PARTICULAR. El Peñón

Ahí es nada, nada más y nada menos que mi barrio, donde nací y viví hasta los 27 años cuando me casó. En realidad el Peñón es el nombre de un barrio, pero un barrio muy particular, porque sólo cuenta con dos calles, Olivo y Tarpeya, que se cruzan a mediados la calle Olivo, quedando a la derecha el tramo de la calle Tarapeya con escalones y a la izquierda la parte de la misma que llega hasta lo que hoy es urbanización Quebranta, y que denominábamos como "el Campillo". Niños, no jugueis a la pelota en la calle, irse al campillo. Pero en realidad cuando se hablaba del Peñón siempre nos referíamos a la calle Olivo y como mucho a la calle Tarpeya en su tramo de escalones y poco más arriba donde a la vez doblaba a la derecha, donde vivían Joaquina la Polaca con su familia; la Peseta; la puerta trasera de Paco el Práctico; la familia del Pámpano, la de Brito el policía y la de María la Curita, después ya se enlazaba con las chozas. Por la parte larga destacar los dos corrales de vecinos; en el primero vivían la familia Valenzuela, Juan Rasco conocido por Ofito, y la gran familia de Pepa la Rubia. En el otro corral, la familia de Adolfo, la de la Galana, el Trompo, Manuela la de Fernandito y la familia de Camilo el consumista, que daba a la calle Buenavista al igual que la de Ofito. En el primer patio se celebraban los famosos "Mastros" que organizaba Ofito, pero eso merece artículo especial.

Ya en la calle Olivo, empezando desde atrás, lindando con la mansión del pintor Rafael Oliva, vivían, la familia del Pachán, Carmen la Fogona con su peculiar tienda, de la que también hablaremos, Manuel Oliva el carpintero, Paco el Práctico y ya en la esquina con Tarpeya, la familia de Juan el Chinche, y posteriormente la de Guerrero el de los electrodoméstivos.  De ahí para abajo, la primera casa a la derecha era la mía, pero totalmente distinta, de una sola planta y tejado, más adelante la de Vicente Soler, Rafael el Cojo, mi madrina Maria Cruz, aunque la conocíamos como María Piris por su marido, un corral de vecinos en el que vivía el desaparecido José Monteagudo, el Viejo; y en la otra parte, puerta de acceso a la casa de Marquilla la Gitana, pues se entraba principalmente por la calle Tarpeya de los escalones, la de Patrocinia, El Gori y María Dolores, y finalmente la de Antonio Saldaña, padre de Juan el barbero.

En el Peñón celebrábamos los niños la Semana Santa sacando pasos en miniatura, las velas las hacíamos nosotros mismos y organizábamos concursos de saetas que casi siempre ganaba yo, hasta que un día me ganó Carmelo Tortosa, padre de los peluqueros y me parece que todavía estoy llorando, él ganó una perra gorda y yo una perra chica, pero sin consuelo posible. También organizábamos corridas de toros, confeccionando los trajes con papeles de seda de colores y destacando como torero Mauricio Correa.

En fin, recuerdos entrañables de mi niñez y juventud, sin olvidar aquellas tertulias nocturnas tomando el fresco que ya no se llevan desgraciadamente, la televisión ha terminado con muchas costumbres, qué le vamos a hacer.

He dejado para una próxima ocasión, por su peculiaridad e importancia dentro de lo que podemos denominar paisaje urbano privilegiado, la parte del Peñón que era y es una larga balda, La Barda del Peñón.

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. Hoy: a piola

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. Hoy: a piola

A piola era un juego infantil de niños de mi época. Entonces, como era natural, había juegos de niños y de niñas. Lógicamente los de niños eran más brutos o más bruscos, como el que a continuación  comentamos.

El juego consistía en lo siguiente: uno de la pandilla "se quedaba", es decir, le tocaba pagar la prenda o era la víctima. Se ponía en posición inclinada hacia adelante a fin de que la cabeza, la espalda y la zona lumbar quedaran al mismo novel. Vamos, en la postura que adopta el atleta de la fotografía que ilustra el artículo.

Los demás iban saltando sobre él al tiempo que recitaban unas coplillas, haciendo lo que estas demandaban. Debo aclarar que culá era dejarse caer en la espalda de culo, espolín era dar una patada en el culo al tiempo que se saltaba, y el espolín inglés consistía en dar un rodillazo en el lateral de fémur, poca cosa. Las coplillas, si mal no recuerdo, decían así:

A una una, bebe mi mula. A las dos, anda el reloj. Tercera, jincar rodilla en tierra. Cuarta, la culá que te parta. Quinta, el espolín que te pica. Sexta, pan patecta. Séptima septimoro, un espolín y una culáda al moro. Octava, recibir la entrada con otro espolín y otra culada. Novena, el espolín que te duela. A las diez, el espolín inglés. A las once, llama el conde. A las doce, le responde. A las trece, los panecitos franceses. A las catorce, mi abuelo con un garrote. A las quince, a la niña bonita le dá un dejince.

En este momento la víctima se da media vuelta y se pone de espaldas a los demás con las manos apoyadas en los muslos y a medida que se le pide con la coplilla se va poniendo derecho hasta quedar en postura completamente vertical. Seguía el juego así:

A las dieciséis, montaña. A las diecisiete, más. A las dieciocho, más. A las diecinueve, más. A las veinte, montaña entera.

Otro día comentaremos algún juego femenimo, que no se me enfaden mis blogueras, a ver que pasa con las Jumago, la Maricacique, la Locar, etc. que hace tiempo que no las veo por aquí.

ANECDOTARIO AYAMONTINO. De cuando Pepe Cecilia, se perdió en el Rocio

ANECDOTARIO AYAMONTINO. De cuando Pepe Cecilia, se perdió en el Rocio

Tengo que confesar que no soy rociero, bueno, ni rociero ni romero en general, aunque lógicamente me merecen sumo respecto todas aquellas personas que lo sean, no faltaría más.

Por ello, aquel año, como siempre, me acosté sin esperar a ver por la tele el salto de la reja. Dejé puesta la radio por curiosidad y si estaba despierto cuando sucediera comprobar la hora. Me dormí, cosa lógica, y cuando desperté, serían las dos de la madrugada, oí en la cadena Ser lo siguiente:

Estamos todos nerviosos pues la hora del salto se aproxima. Veamos como anda el ambiente por ahí. Conectamos con la casa hermandad de Pilas para que Pepe Cecilia nos informe. Pepe Cecilia toma el micro e informa exahustivamente, aunque al hablar se le notaba algo así como la boca ocupada. Así fue sucediendo en varias conexiones con otras tantas casas hermandad de distintos pueblos, y siempre, sin falta, la puntual información de Pepe Cecilia, puntual y sumamente técnica, como del buen conocedor del oficio que es. Pero he aquí que se aproxima ya la hora esperada y tras unos minutos de publicidad, el locutor del estudio nos dice: ya se acerca de verdad la hora de la verdad, pero no se preocupen que hasta que no entre el Rosario no habrá salto, así que vamos a conectar una vez más con Pepe Cecilia para que desde la cabecera del Rosario nos informe acerca de su situación y del tiempo que calcula para su recogida. Se trató se conectar una y otra vez con Pepe Cecilia, se volvió a la publicidad, se reiteraron los intentos y al final fue imposible. Hemos perdido la conexión por motivos técnicos, dijo el coordinador de la retransmisión.

Pero a mí aquello de motivos técnicos no me convenció y pensé donde estaría mi amigo Godovi en aquellos momentos, pues era evidente que en la cabecera del Rosario no iba a estar. Y miren por donde, como si  de una Transfiguración profana se tratase, se hizo una luz en la habitación y pude ver dos platos abarrotados, uno de jamón y otro de langostinos. Y de tal manera pude comprender en qué consistían los motivos técnicos para que Pepe Cecilia se perdiese en el Rocío.

Un abrazo, Pepe, ¡qué grande eres!. No hay quien pueda contigo, te lo digo yo.

MOJARREANDO. Veterinario de minas

MOJARREANDO. Veterinario de minas

Los blogueros se preguntarán a qué viene el título de este artículo, que suena a disparate. Y es que en realidad, de disparates vamos a hablar en días sucesivos.

Siempre se ha dicho que allá por las alturas de la Administración y de la Política hay alguien que se levante con el propósito de hacerse notar, con pretensiones de pasar a la posteridad, y para ello sólo se les ocurre disparates. Ignoro qué lumbrera sería aquel que un día se le ocurrió que el término Maestro de Escuela estaba anticuado y lo cambió por el de Profesor de EGB -chupa del frasco, carrasco-; o el que decidió que los Peritos Aparejadores en adelante se llamarían Arquitectos Técnicos -sigue chupando del frasco, carrasco, que hay más-; o el que pensó que los Practicantes tendrían que llamarse ATS. El pobre, o los pobres se sentirían satisfechos. Pero de ello hablaremos en días sucesivos, hoy baste con contarles una historia sucedida a mediados del pasado siglo y que posiblemente fuera la precursora, la antesala de estos disparates.

Dicen que un grupo estrafalario de veterinarios pretendió que por la Administración se cambiara el nombre de la titulación académica, de tal guisa, que en vez de llamarse Veterinaria, pasara a ser Ingeniería Agrupecuaria. Tal disparate, incluso desde el punto de vista semántico, no prosperó y la inmensa mayoría de los veterinarios sensatos se alegraron del fracaso de aquellos compañeros.

Pero hubo uno que siguió en sus treces. Y llegada la Navidad, mandó el aguinaldo a un íntimo amigo que era Ingeniero de Minas; el regalo en cuestión iba acompañado de una tarjeta de visita en la que se podía leer: Fulano de tal, "Ingeniero agropecuario". El amigo se apresuró a llegarse a una imprenta y hacer un encargo, una sola tarjeta de visita. Mandó a su vez su aguinaldo a su amigo, y éste, al abrir el sobrecito donde iba la tarjeta pudo leer: Fulano de tal, "Veterinario de minas".

No sé si llegó a escarmentar con la ingeniosa indirecta, pero mucho me temo que más de un tonto de capirucho de la Administración y la Política vienen a ser como aquellos estrafalarios veterinarios. En los próximos días lo veremos detenidamente.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. El Instituto Laboral

AYAMONTE EN EL RECUERDO. El Instituto Laboral

Corrían los años cincuenta del pasado siglo y Ayamonte fue inundada de un anuncio muy especial, que la verdad sea dicha resultaba ininteligible para la mayoría de los ciudadanos: la  apertura del Instituto Laboral. ¿Y esto qué es?, se preguntaba la mayoría del personal, y los pocos que lo sabían lo explicaban así: se trata de un  centro para estudiar el bachillerato, así los jóvenes ayamontinos que no puedan ir a Huelva a estudiarlo ni pagarse clases particulares, pueden hacerlo aquí.

La realidad, la cruda realidad, era esa, que los pobres teníamos que conformarnos con terminar todos nuestros estudios en la escuela, mientras que los más pudientes, o iban a Huelva a estudiar, o lo hacían aquí dando clases particulares con los maestros de las escuelas públicas y al terminar el cuso se examinaban en la capital.

Así, el Instituto Laboral vino a ser la puerta que abrió multitud de oportunidades para la juventud de entonces, que después de terminar la enseñanza media podían acceder a la universitaria; y hasta los menos afortunados económicamente contábamos con un título, el de bachillerato, que a la larga nos iba a ser de provecho.

El Instituto Laboral se abrió en el edificio que hoy alberga la sede de Agrupación de Cofradías, sitio bastante incómodo para el estudio, en el que incluso hubo de construirse un aula de madera que precisamente realizamos los alumnos bajo la dirección del profesor de carpintería, el siempre recordado maestro Arturo do Carmo. Todos los profesores, a excepción  del citado, de Justo Gutiérrez para el área de dibujo y el padre Fernando Larraínzar, a la sazón párroco de las Angustias para el de religión, vinieron de fuera, siendo todos ellos profesores titutulados e incluso alguno con la categoría de catedrático.

La gimnasia, que era como entonces se llamaba a la educación física, la practicábamos en el mismo claustro del Instituto, y ya más tardíamente en el campo de fútbol. Entre las peculiariedades de aquella enseñanza destacaban  dos:  una, que el bachillerato duraba cinco años, dado su especialidad, que en las zonas marítimas era la de marítimo-pesquera; otra, que eran de estudio obligatorio dos asignaturas propias del régimen nacional-catolicista existente, las de Religión y la llamada Formación del Espíritu Nacional.

Para terminar, decir que era obligatorio aprender a ayudar a misa, y que todos los días, al comenzar y terminar las clases, se izaba y arriaba bandera al canto del "cara al sol", y a mediodía tenía lugar el rezo del "Angelus". A pesar de todo, no vayan a pensar que aquello era un infierno, nosotros éramos muy jóvenes, casi niños y lejos de molestarnos, hasta nos divertíamos, como cuando teníamos que vestirnos de "flechas", pues no vacilaba nada desfilar por el pueblo ante la atenta mirada de las muchachas.

Bueno, os dejo, que a mí me pasa como al Palmero y al Sulpicio, que en hablando del Instituto me pierdo. Si queréis saber algo más, le podéis preguntar a cualquiera de los chavales de la fotografía que ilustra este artículo cuando la pueda insertar Javi Martín, que ahora está aprovechando la feria de Villarreal para comprarse toallas, mantelerías y juegos de cama para su ya inmnente boda.

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. Hoy: arbiñocas

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS.  Hoy: arbiñocas

Hoy nos referimos a:

ARBIÑOCAS

Una de las "estampas turísticas" que más caracterizan a los pueblos que presumen de tal, son los letreros cutres. En nuestra ciudad se puso de moda hace ya bastantes años anunciar la venta de cebo para la pesca. Una vez más, el complejo de inferioridad que padecemos en los pueblos  nos mueven al ridículo, porque renunciamos a nuestras propias maneras en orden a complacer a los que vienen de la capital y nos " honran con sus visitas".

Así, como entre nuestros visitantes hay muchos aficionados a la pesca que aprovechan su estancia vacacional para sacar sus cañas, irse al muelle o al espigón de la Punta y echar el rato, a algún que otro avispado se le ocurrió dedicarse a la captura de lombrices y ponerlas a la venta a los turistas mediante un anuncio rudimentario con soporte de cartón o madera que normalmente reza así: "hay sebo bibo".

Yo no voy a criticar las faltas de ortografías, prometí en otro apartado de este blog no hacerlo con personas que no han podido acceder a estudios más avanzados que lo que representan esos carteles, para esas personas siempre mis respetos. Pero lo que sí es criticable es que una vez más renunciemos a nuestros modos culturales, y contando los ayamontinos con el mejor de los cebos, la popular arbiñoca, ofrezcamos cebo, que es un genérico que no dice nada porque en materia de cebos hay infinidad de especies.

La arbiñoca es una lombriz que prolifera en el fango de nuestro rio y esteros y puede cogerse fácilmente a la bajamar. Antes íbamos con una vieja lata de leche condensada y un poco de serrín que habíamos pedido en una carpintería o tonelería, y poníamos las arbiñocas en ese serrín para que permaneciesen vivas y fuesen más fáciles de manejar.

La arbiñoca servía y supongo que seguirá sirviendo, a pesar de los otros cebos vivos, para  la pesca en el río, sobre todo pensando en especies pequeñas o medianas dado que su tamaño viene indicado para empatar anzuelos no muy grandes, pero qué duda cabe que se trata del mejor cebo que podamos encontrar en Ayamonte.

La arbiñoca es un cebo vivo, sí, pero con nombre propio. Pue eso. Nada más.

Y dos cositas más: una, feliz resaca para los que han ido a la feria de Villarreal a comprar navajas extremeñas-portuguesas para ir a pescar, supongo que con arbiñocas; y otra, que no me diga mi amiga Locar que es la primera vez que oye eso de arbiñocas.

ANECDOTARIO AYAMONTINO. De cuando el "Hueso del Bar Jerez" mandó a sus taxistas a recoger a nadie

ANECDOTARIO AYAMONTINO. De cuando el "Hueso del Bar Jerez" mandó a sus taxistas a recoger a nadie

El enunciado del artículo puede sonar a kafkiano, pero ya verán como a medida que avancemos nos enteramos bien del asunto. Antes que nada, aclarar que el tal "Hueso del Bar Jerez" era un señor llamado José Pavón Hueso, del que hablamos cuando el artículo de las cuadrillas de campanilleros. Se trataba de un señor muy agonía para los negocios, le daba coraje que los de la competencia también ganaran dinero. Cuando cerró el bar se dedicó al negocio del taxi, y tenía dos, uno conducido por Franco y otro por Manolín, ambos fallecidos y a los que recordamos con mucho cariño.

Una calurosa tarde de verano, desde la oficina donde yo trabajaba llamé al teléfono del desaparecido Círculo Mercantil, habíendo dejado al Hueso durmiendo en un sillón del mencionado casino. El plan era que yo me hacía pasar por un empleado de la aduana entonces existente y demandaba que fuera un taxis a recoger a un matrimonio alemán, cosa incierta, claro. No le dije nada al botones para no involucrarlo. Cuando este cogió el teléfono pregunté si estaba el Hueso y dije que llamaba de la aduana, el muchacho enseguida le llamó y le dijo únicamente que lo llamaban de la aduana,  y el Hueso, agonía entre los agonías, antes de enterarse de lo que querían y para evitar que se enteraran los otros taxistas, mandó a toda prisa a Franco y a Manolín a la aduana a recoger a los presuntos viajeros.

Cuando estos volvieron del muelle avergonzados por el ridículo que habían hecho, el Hueso trató de bronquear al botones, pero este se sabía defender muy bien y le contestó que él sólo le dijo que lo llamaban de la aduana pero no le dijo nada de taxis. Cuando el botones me vio llegar en el apogeo de la cosa me dirigió una mirada cómplice. Y aunque no os lo creáis, el Hueso fue andando hasta la aduana para comprobar si lo habían llamado o no.

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. Hoy: ruames

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. Hoy: ruames

Hoy nos referimos a:

RUAMES

Para aquellos que nunca hayan oido hablar de esta expresión ayamontina, les aclararé que viene a ser, referido a los peces, sinónima de inmaduros. Está de moda esto de los inmaduros, de moda desgraciadamente, por el abuso reiterado de muchos pescadores que no dudan en esquilmar los caladeros con tal de obtener una ganancia puntual. Así, el Seprona se ve obligado a actuar tanto en alta mar como en mercamercados y en general en todos los sitios donde se puede traficar con los inmaduros.

Esto es de un tiempo a esta parte, yo recuerdo cuando era niño y joven que en mi casa se comían aquellos "jurelitos pios" que estaban tan ricos fritos como secados al aire, o las pijotitas que se freían con la cola metida en la boca. Pero se ha abusado tanto amén de que se ha incrementado considerablemente la flota pesquera, que hoy nos vemos obligado a seleccionar la pesca para proteger los caladeros.

Bueno, a lo que vamos. Los ruames, es decir los peces pequeñitos, incluso sus larvas, fueron siempre el mayor inconveniente de los pescadores de aparejos y cañas en el Guadiana, y ello era así porque dado la extrema pequeñez de estos peces, acaban con la carná pero no se tragan el anzuelo. Hoy, se oye decir a un pescador, no hay na que arrascar, muchos ruames y no para uno de levantar el aparejo para ver los anzuelos limpios.

Los ayamontinos extrapolamos la expresión ruames de los peces, a la especie humana, y así llamamos ruames a los niños pequeñitos. Es llegar a la Laguna -la mejor plaza infantil del mundo, lo digo yo y basta- para oir a algún viejo ayamontino decir aquello de "da gloria ver tantos ruames juntos". Y es verdad, no hay nada más bello que el mundo de los niños.

A mí, personalmente, la ruame de la foto me tiene quitao el sentío, menos mal que ayuda a la abuela en las tareas de limpieza en la casa.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Las cuadrillas de campanilleros

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Las cuadrillas de campanilleros

Antes que se me olvide y aunque después lo recuerde, un saludo hasta el más allá para mi amigo Maclau, último exponente de las cuadrillas de campanilleros ayamontinas.

Me pide "locar", asídua bloguera, que escriba sobre los villancicos en el Cardenio y en general de aquellos tiempos de cantar villancicos por Navidad. Con mucho gusto, pues además era una cuestión pendiente.

De toda la vida, aunque también las cosas de toda la vida se acaban, en Ayamonte salían las cuadrillas de campanilleros a cantar villancicos por las calles y por las casas. Yo era un asíduo, y lo pasábamos muy bien, sobre todo cuando nos invitaban en las casas y encima echaban el aguinaldo en la zambomba. No llevábamos música, se entiende de guitarra, nos valíamos de la percusión únicamente: botella de anis el mono, pandereta, chiquichís, zambomba, palillos  o castañuelas y  por supuesto el almirez con el que se daba la entrada con tres golpes. Es cierto que se hicieron representaciones y concursos en el Cardenio, pero yo con esto, como con el carnaval, soy más de calle.

Nos gustaba ir a cantar al desaparecido bar Jerez, en el lateral del Paseo, donde tiene mi amigo Paco Abreu la tienda. Allí trabajaba un camarero conocido por Juan Pestaña que nos hacía cantar el siguiente villancico para que su jefe, que era muy agarrao, nos echara alguna moneda, cosa que ni de milagro ocurría: "lhoy traemos una corona contrahecha de laurel, para coronar con ella al hueso del bar Jerez". No vayan a creer que lo de hueso era una ofensa, era el segundo apellido del propietario del bar, José Pavón Hueso, del que un día les contaré una graciosa anécdota.

Las cuadrillas proliferaban, era raro el barrio que no tuviera una y a veces nos encontrábamos en la misma calle y nos cantábamos unos a otros. Despues, todo se fue apagando y resurgió con Maclau, que junto con Roque, el Lena y otros, nos alegraron las Navidades durante los últimos años.

Lo mejor de todo es que había un villacinco ayamontino, como hay una saeta. Siempre se empezaba así: "a esta puerta hemos llegao, señores cantar queremos, que la licencia del Niño en la mano la traemos". Os prometo que un día traeré a esta misma página las letras de villancicos de entonces.

Por último, si alguien tiene una foto de la cuadrilla del Maclau, por favor, que la envíe a mi correo para sustituirla por la que saldrá en este artículo, que por supuesto no es de Ayamonte. Gracias. Mi correo ya lo sabe todo el mundo, pero por si acaso, lo repito: larampladelconsorcio@hotamil.com

LA PALABRA HERIDA: Las antiguas pesetas.

LA PALABRA HERIDA: Las antiguas pesetas.

Entre las moditas que nos regalan los llamados comunicadores, verdaderos lujos para un crítico como yo que así tiene materia de qué tratar por tiempo indefinido, está esta que hoy comentados: las antiguas pesetas.

Vamos a ver, prendas mías, ¿cómo tratáis de antiguo a algo que ha existido con plena vigencia  hasta  hace sólo siete años?. Cuando habléis de los usos y costumbres del "homus erectus" ¿qué vais a decir?. En orden a hablar de monedas españolas bien podría decirse que son antiguos los reales de vellón, por ejemplo.

Pero en todo caso, nadie compra nada con modenas antiguas -las antiguas pesetas según vosotros- pues si se adquiere algo a cambio de monedas antiguas no estamos ante una compraventa sino ante una permuta, pues para la compraventa el Código civil habla de dinero "o signo que lo represente", como un talón, una letra de cambio, un pagaré, etc.; las monedas antiguas no representan dinero, en todo caso pueden o no tener un valor de mercado como lo tienen los bienes en general.

Cuando el marqués de Ayamonte compró o hizo su palacio en nuestra ciudad, lo hizo, no con reales de vellón antiguos (ya me aclarará el bloguero Enrique Arroyo si esa era la moneda del tiempo pero para este comentario puede valer), sino simplemente con reales de vellón, porque si hubieran sido antiguos nadie los hubiese aceptado, salvo un anticuario.

Asi es la cosa, enteraos del informe Pisa. Cuando un español adquiere un bien determinado antes de la entrada en vigor del euro, lo hace en pesetas, simple y llanamente. Por eso lo correcto es decir: mi casa tiene x años y la compré por x pesetas, no por x pesetas antiguas.