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Mojarra Fina: El Blog de la Mojarra Fina Ayamontina

AYAMONTINOS INOLVIDABLES. El Maestro Bustamante.

AYAMONTINOS INOLVIDABLES. El Maestro Bustamante.

A veces, las buenas personas tienen que lidiar en la vida faenas muy desagradables, unas veces de forma voluntaria, otras desde el terreno de lo profesional. Antonio Gil Bustamante, el maestro Bustamante. como popular y cariñosamente era nombrado, se echaba cada día a sus espaldas la muy desagradable, pésima, infame, pero a todas luces inevitable tarea de, a través de un volante, creo recordar de color crema o rosado, anunciar a un pobre e indefenso paisano nada más y nada menos que tenía en el banco una letra de cambio pendiente de pago. Casi nada, maestro.

 

Fue por esos años de la infernal letra de cambio cuando le conocí, en un primer momento como niño que lo veía pasar con su cartera bajo el brazo; más tarde pude acercarme a él, ya de joven, en la Milagrosa, y nuestra relación de amistad y admiración hacia él ocurriría llegado la mitad de los cincuenta del pasado siglo cuando, en el viejo Instituto Laboral trabé amistad, que por cierto perdura, con su hijo José Antonio, para entendernos, Pepito Bustamante.

 

El maestro Bustamante es sin duda el icono de la música más recordado por los viejos ayamontinos, sólo comparable con el inconfundible carisma que en el recuerdo queda igualmente de su incomparable colega y amigo Horacio Santos Cabo. Horacio y Bustamante, Bustamante y Horacio, era imposible nombrar a uno y no hacerlo con el otro.

 

El maestro Bustamante fue el gran artífice de la muy recordada Rondalla de la Milagrosa, que me permito escribir con mayúsculas por todo lo que significó para los jóvenes y niños ayamontinos de la época, y su figura, su presencia, era imprescindible en el teatro Cardenio durante aquellas inolvidables veladas de espectáculos musicales de aficionados, de artistas ayamontinos que perduran en el recuerdo, como aquel dúo que componían Mari Carmen Jiménez y  Mari Loli Muniz, que en más de una ocasión serían presentadas por locutores ayamontinos como los de la foto, Isabel Villegas e Ignacio de Jesús

 

Muchas veces estuve en su casa de la calle Sevilla –también vivió en calle Marte, que si no lo digo se me enfada el Núñez, su antiguo vecino- y me deleité oyéndole tocar la guitarra e incluso allí ensayamos más de una vez los componentes de un cuarteto musical juvenil al que pertenecí junto a Pablo Domínguez, Jesús Andray y su propio hijo Pepito Bustamante, en la   cariñosa presencia de aquella gran mujer que fue su esposa, la querida y recordada Pepita Fernández.

 

Hoy, afortunadamente,  nuestra ciudad cuenta con una abundante cultura musical: coral, coros, comparsas, bandas de música… pero, francamente, sin el recuerdo del maestro Bustamante no se puede entender el mundo de la música en aquel romántico e inolvidable Ayamonte de mediados el siglo XX.

CUARESMA NOSTÁLGICA. CALLES Y LUGARES COFRADES. La puerta del Socorro.

CUARESMA NOSTÁLGICA. CALLES Y LUGARES COFRADES. La puerta del Socorro.

A Landero Chahe, fotógrafo itinerante y mojarra dinámica.

 

Ya se acerca el Caballita con pantalones de pana, y Ramón el de la Rata, con sombrero de ala ancha; llegan Pepe el del Telégrafo y Juan el de la Serrana, y el Trini el de la perdiz, y el Bomba, de buena gana. De la casa de los curas viene don Justo en sotana, y desde la Casa Cuna  mocitas uniformadas.

 

A las puertas del Socorro todos esperan con ansias, que suenen en el reloj las dos de la madrugada. Vienen subiendo las gentes, vienen subiendo, a bandadas, y en el Solá ya no cabe, ni un alma en la escalinata.

 

Ha pasado la Amargura, con premura, muy cansada. Ya sale Padre Jesús la noche más esperada, y lágrimas de emoción se mezclan con la mirada, del emigrante que vuelve con su carga de nostalgias. La saeta corta el aire desde una azotea blanca, mientras las horquetas suenan, en el suelo, acompasadas.

 

Desde el Canto de la Villa suena una voz pregonada: ¡huevos de Padre Jesús!, con su anilina morada. Suenan roncas las bocinas en esta noche encantada, y la puerta del Socorro va quedando despejada. Pero volverá a estar, repleta y abarrotada, cuando su Señor regrese, cansado, por la mañana.

CUARESMA NOSTÁLGICA. CALLES Y LUGARES COFRADES. La Plazoleta.

CUARESMA NOSTÁLGICA. CALLES Y LUGARES COFRADES. La Plazoleta.

Al insigne vate José María Mayo Luis

 

Dejaron los pailabotes los palos sobre la tierra, de la Plaza San Francisco, en el vulgo, Plazoleta. Carlos el Alemán los cuenta desde su vieja taberna y los mira Julián Carro desde el quicio de su puerta. Después vino lo que vino: el urbanismo a ciegas, y el cemento y el ladrillo la dejaron más estrecha.

 

Así y todo bien que caben, la Lanzada y la belleza, de la Virgen de Lastrucci y la Reina marinera.

 

Astillero de do Carmo y fábrica de conserva, y acariciando el cielo, la espadaña y las cigüeñas. Jabonería y excelencias, del palacio de un marqués de querencias portuguesas. Casas de la Cofradía, marineros de la tierra, y Callejón del Morito a cuesta con su leyenda. Ricas habas enzapatás del Mati en su taberna, (echo de menos al Chamorro tocando hierro en la reja). Del gran Manolo Bautista un recuerdo siempre queda, y del ejemplar cofrade que fue Vicente Cabrera.

 

Ay, Plaza de San Francisco, mi querida Plazoleta, con tu templo franciscano y su beato en la puerta. Naranjos con azahar, y un río de plata vieja circulando allá a lo lejos, que cantara Paco Herrera. Pasa por allí Colijo con sus votitos a cuesta, vela Domingo Tintín para cumplir su promesa.

 

Aquí muere Jesucristo, y repite en la Ribera; aquí se aplana la Villa que en la Barranca naciera. Y un manto de negro y oro nos dice adiós con tristeza, y nos emplaza sin falta la próxima primavera. ¿La cita?. No lo dudes: será en la Plazoleta.

CUARESMA NOSTÁLGICA. CALLES Y LUGARES COFRADES. La vieja calle Huelva.

CUARESMA NOSTÁLGICA. CALLES Y LUGARES COFRADES. La vieja calle Huelva.

¿Cómo quieres que te llame: calle Lepe, calle Huelva, quizás Comandante Haro o la prerromana Iberia?. De Rompeculos al final, con la estación ya bien cerca, tramos hay para llamarte como cada uno quiera. Pero yo voy a nombrarte simplemente como Huelva, que es tu nombre oficial y cantara Paco Herrera (“mi calle estaba empedrada de adoquines y de cantos, y de una acera partida donde la lluvia hacía charcos”).

 

Ya llega Padre Jesús con sus sonidos de horquetas al cruce de Rompeculos, embocando calle Huelva. Antes llegó la Amargura, que Ignacio de Jesús sintiera como se le abrían las carnes al verla entre sus aceras. Y el Señor de la Guadaña, que a todas por igual espera, en esa curva difícil para las trabajaderas. A la izquierda Jovellanos, y la vieja biblioteca, con sus azulejos verdes frente por frente a la imprenta, y un poco más adelante la casa de los Jopeja.

 

Calle Huelva de adoquines, con sus estrechas aceras, y la Callejita el Loco que baja para cogerla. Y la casa de los Feu, con su campanilla presta, a que la toquen los niños cuando pasen por su puerta. Ya se enfila una bajada que a esquina el Correo lleva, parada en la Casa Grande con Juan Acuña en la puerta, presto por si los vaivenes algún arreglo se tercia.

 

Eran estos otros tiempos en la calle Lepe o Huelva, que a veces extendía sus brazos a la misma calle Estrella, por donde Pasión pasaba camino de la Ribera, previo saludo a Frasquita, hermana de León Ortega. Calle Estrella, calle Estrella, calle de don Celedonio que dio nombre a la calleja, y Miguel el Veterinario, que senador después fuera.

 

Calle Lepe, calle Huelva, calle Comandante Haro, o la prerromana Iberia. Pero sobre todo calle de nostalgia cofradiera.

CUARESMA NOSTÁLGICA: CALLES Y LUGARES COFRADES. Escalinatas de las Angustias.

CUARESMA NOSTÁLGICA: CALLES Y LUGARES COFRADES. Escalinatas de las Angustias.

Gracias, como cada año, escalinatas plebeyas, del templo de las Angustias, catedral de la Ribera, por traernos a la vista lo que colma nuestras ansias: la estación de penitencia, y las de gloria al principio y al final de la carrera.

 

Ya es Domingo de Ramos, y ya está aquí la primera, la de la vieja Mulita, niños de todas las épocas derraman sus ilusiones entre risas y duermevelas.

Mis viejas escalinatas, tribuna recia y plebeya que a nadie pide el abono y los cansados se sientan.

 

Casa de los Fournier que en la retina nos queda, olor a pimentón de raya de Cortada en la taberna. Croquetas del Costalero, loterías de San Pancracio y un puñaíto de tiendas, la elegancia en José Antonio, papelería de Silveira, y en su balcón, que es de envidia, Manolo Fernández espera que pase la procesión, ay ,Dios mío, quien pudiera.

 

Niños que suben corriendo por las viejas escaleras, y al bajar golpe seguro contra las duras cadenas, que no hay niño ayamontino que chichote no se hiciera. Y la cruz de los caídos con su tobogán de piedra, que en otro tiempo albergara altivos yugos y flechas.

 

Varias representaciones esperan entre cadenas, que pase la procesión y rendirle reverencia. Mis viejas escalinatas, atalaya de primera para quitarle la foto al paso que ya nos deja, camino de la Laguna entre cirios y palmeras.

 

Poco ha cambiado en ti, en tu paisaje de piedra, tus viejos alrededores, tu señoría, tu presencia, por mucho que el tiempo viniera a cambiar algunas cosas, a cambiar lo que estaba, que ya no es pero era. Ya no está Manolo Gómez en el quicio de su puerta, ni está Juanito Massoni, ni está Juan el Costalero en palquillo de paciencia, y hace mucho nos dejó Dieguito el de las Cadenas.

 

Mis viejas escalinatas, de las Angustias impertérritas, a ese paso de los tiempos que los recuerdos nos dejan. Y entre ellos la silueta, de ese Cristo, de esa Virgen, que poco a poco se aleja, camino de la Laguna entre cirios y palmeras.

MOJARREANDO: LA ASOCIACIÓN DE FESTEJOS DE CANELA Y MONTESQUIEU.

MOJARREANDO: LA ASOCIACIÓN DE FESTEJOS DE CANELA Y MONTESQUIEU.

Uno de los políticos más polémicos de nuestra reciente democracia ha sido sin duda Alfonso Guerra. A él se deben dos frases que trascendieron a su vida política más plena, cuando compartía el poder del Estado con Felipe González. Las dos perlas alfonsinas fueron éstas: “el que se mueve no sale en la foto”. Cierto a todas luces, si nó, observen ustedes lo qué pasa cuando a alguien se le ocurre no estar de acuerdo con el líder de turno. La otra, y es la que me viene a cuento con este artículo: “Montesquieu ha muerto”. Tan cierto como la anterior, pero matizando. No es que el filósofo francés de la Ilustración muriera, es que lo mataron ellos, los políticos, cargándose sin piedad algo que resulta esencial para la democracia y que se volver a ser realidad yo volvería a votar: la división de poderes, que murió alevosamente el año 1985 cuando entró en vigor la Ley Orgánica del Poder Judicial, en virtud de la cual a los jueces ya no lo eligirian los propios jueces sino los políticos. Así nos va, con un Tribunal Constitucional con expedientes atrasados por falta de quorum. Pero en fin, vamos a lo que vamos, que es a la organización extemporánea de un acto de carnaval por parte de la Asociación de Festejos de Canela.

Y volvemos con otro filósofo: Maquiavelo, y con su frase más famosa, más trascendental, que era la columna vertebral de su filosofía política: “el fin justifica los medios”. Es cierto, aunque no con valor absoluto, claro está. Una victoria pírrica no justifica una batalla, por ejemplo.

Mi querida asociación canelera ha organizado para el próximo dia 11 –lo siento Mari Carmen Prieto, no podré estar, al mismo tiempo que escribo este artículo se está preparando  el equipaje para mi regreso a San Juan de Aznalfarache, mi casa me espera, aunque lógicamente volveré en breve- un espectáculo carnavalero extemporáneo, pero eso no importa, aunque dado el carácter mojarrón de este blog, hay que decir algo, tirar algún tirito: “qué jartura de carnaval”. Es broma, no vaya ahora el carnacapi del Mayito echarme la bronca.

A mí todo lo que sea para beneficio de la Barriada Canela me parecerá siempre positivo. A Canela se la cargaron los políticos, lo mismo que a la división de poderes. Y convirtieron una barriada de tintes románticos, en un vulgar caserío fruto del urbanismo brutal que está llevando inquilinos sin cesar a las cárceles españolas -en Ayamonte parece que ya huelen algunos perniles de políticos y funcionarios-. No se puede destrozar una barriada de esa manera, por mucho que se quiera presumir de modernidad. Por eso hace falta la existencia viva, dinámica, de una asociación cultural que devuelva a la barriada sus esencias sin dar las espalda a la actualidad.

Aunque sea un espectáculo extemporáneo –los capillitas, o sea, los “capicarnas” también montan chiringuitos fuera de la Cuaresma y no pasa nada, al fin y al cabo son casi los mismos- y a pesar del cansancio de la larga festividad carnavalera, todos debemos apoyar la iniciativa de la asociación canelera. Que haya suerte, caneleros, os la deseamos así desde este blog que, por ser ayamontino, es canelero, ni más, ni menos. Y por supuesto que os lo agradecerán caneleros tan rancios  como los recordados Belmonte, el tabernero; Pepe el Sordo, maestro redero; el Paisa, y tantos otros, que hicieron de Canela su morada en tiempos en los que nombrar un ladrillo en la barriada sonaba a chinos. Gracias a todos por la colaboración. La asociación se lo merece. Y la barriada más.

MOJARREANDO. LA OPERACIÓN DEL GODOVI.

MOJARREANDO. LA OPERACIÓN DEL GODOVI.

Cuando escuché la noticia en un programa de la “Cuaresma laica”, me encontraba chateando con uno de los mojarras más acreditados de nuestro entorno, Manolo Landero “Chache”. Manolo, le dije: acabo de oir que han operado al Godovi, ¿de qué ha sido?, ¿cómo está?. Me contestó: de la lengua, ayer, y ya le han dado el atla. Entonces supe, con certeza de someter a prueba caldaria, a ordalía, que me mentía. Porque es imposible que a Pepe Cecilia lo operen de la lengua y le den el alta en veinticuatro horas, cuando ese tiempo sería incluso insuficiente para la anestesia.

Llamé al cónsul de la Penadía de los Gañafotes, ese lugar llamado Callejón Largo y que los políticos denominaron Camino de la Noria sin aclarar de qué noria se trataba, y me confirmó mi sospecha. La operación no había sido de lengua, era algo más simple. Se trataba de un menisco. Me dice que estará de baja el tiempo necesario hasta una curación efectiva, y hace bien, que nadie es insustituible y aunque sea un profesional tan efectivo y acreditado, la radio puede esperar. Yo lo que sí deseo, aparte de su curación, es que esté en condiciones para la Semana Santa y que siga acompañando al Godovito en la petición de entrada de Padre Jesús en Tribuna.

Supongo que en su domicilio pedáneo contará con ese instrumento al que yo llamo “Muñeco Diabólico” y leerá este artículo; ello le vendrá bien para ejercitar su mojarra, que supongo algo laxa durante estos días del postoperatorio.

Cuando lo llamo para saber como está, su esposa, mi estimada “Saldañita”, aunque con mezcla mitad mitad de “Castelita”, en vez de decirle  te llama el Trini, le da el teléfono y oigo cómo le dice: toca jierro.

Espero esté haciendo algún ejercicio físico y que la recuperación sea altamente satisfactoria. Y que aproveche este periodo en que se tiene que pagar lo que come, para que baje el nivel y pierda peso, pues después vendrá la “Cuaresma peregrina” y se pondrá una vez más como el quico.

Lo dicho, Godovi, que haya mejoría y buena recuperación. Y no le eches mucha cuenta al mojarra del Landero.

QUEJAS Y RECLAMACIONES.

QUEJAS Y RECLAMACIONES.

En vista del debate suscitado con motivo de la protesta de una ayamontina en relación con la presunta instalación de un prostíbulo en el polígono industrial, y a petición de algún bloguero, el blog estrena esta página de QUEJAS Y RECLAMACIONES a través de la cual, y siempre de manera correcta, puedan los blogueros expresarse libremente. Gracias anticipadas por la colaboración de todos los que acudan a ella en la forma solicitada.

MOJARREANDO. DESPRECIO DEL PASADO DE ALGUNOS CARNAVALEROS.

MOJARREANDO. DESPRECIO DEL PASADO DE ALGUNOS CARNAVALEROS.

Me quedé de piedra cuando lo oí en su actuación en el Cardenio. Una chirigota proclama a los cuatro vientos que le importa un bledo –un pepino en román paladino- que haya existido Joaquín Gutiérrez, Antonio Ortiz y todo el pasado del carnaval ayamontino, que lo único que les interesa a sus componentes es el presente, el estar hoy cantando en el Cardenio. Pues miren ustedes, qué quieren que les diga, que así  no vamos a ninguna parte. O sea, que ustedes queréis ser tomates pero sin tener en cuenta, sin importarles un bledo la semilla que murió en la tierra y germinó en una hermosa mata que a la vez dio flores y estas terminaron en tomates. En otras palabras, ustedes quieren ser tomates autónomos o, mejor, automáticos.

Miren, admirados jóvenes, pues a pesar de esta crítica os admiro y aplaudo por todo lo que estáis haciendo por nuestro carnaval, eso es lo mismo que tratar de pasar la goma de borrar por la historia que impide ver el pasado, el origen de las cosas, de los acontecimientos, la cultura de un pueblo y la lucha de sus gentes que desemboca en un presente mejor y augura un futuro prometedor.

Quiero recordaros que cuando ustedes no habían  siquiera nacido y Franco ni siquiera había muerto y con él su odioso régimen, unos ayamontinos que sí pensaron en el futuro, escondidos en algún almacén, o en tabernas en horas nocturnas avanzadas, poniendo en la puerta a uno por si venía un puli o un chivato de los que entonces abundaban, ya ensayaban y cantaban coplas del furtivo carnaval de entonces, del perseguido, del prohibido. Entre ellos puede que se encontrara algún Santi Puga, algún Casto Aguilera –q.e.d.-, algún Antonio Ortiz, algún Juan Margallo, algún Tito Cojo y también algún Joaquín Gutiérrez y algún Trini el Largo, servidor de ustedes, que ya pergueñaba las primeras letras del carnaval que se vislumbraba otra vez libre y que a pesar de no vivir en Ayamonte le concedieron el honor de proclamar el pregón de 1.992, posiblemente por esos antecedentes, es decir, teniendo en cuenta el pasado que ustedes desprecian.

Pero resulta que para algunos, que se han encontrado la mesa puesta, lo que cuenta es el Cardenio. Pues yo voy a recordarles una frase muy usada que resulta un topicazo, y como tal, una verdad indiscutible: los pueblos que olvidan su pasado están condenados a repetirlo. Y como dice en estos casos mi amigo Manolito Todocasa: menos grito, milagrito. Pues eso.

P/D. Ni que decir tiene que este comentario no es extrapolable al mundo de nuestro carnaval en general, donde hay gente tan culturalmente plástica como mi amigo José María Mayo, “Carnacapi” de lujo que sí tiene en cuenta el germen aunque cuando este se sembró era sólo un imberbe que en verano se arribama a la sombra del pino gordo de la estación.

AYAMONTINOS INOLVIDABLES. Juan González Gallardo

AYAMONTINOS INOLVIDABLES. Juan González Gallardo

Ni cuando ayudaba a su padre en la muy recordada carbonería de la familia Caraballo, frente al cine Cardenio; ni cuando trabajaba en aquel desordenado taller y almacén de chatarra de la calle Zamora propiedad del inolvidable José Rodríguez Silva, “el Chico”; ni cuando manejaba con destreza la autógena en el taller de carpintería metálica de la calle Médico Rey García, pudo pensar que un día nos dejaría tan pronto y que además no iba a ser recordado como mecánico, o soldador, sino como cofrade y tabernero.

Mi siempre recordado amigo Juan González Gallardo, Juan el Costalero, nos dejó plantado hace muy poco tiempo. Y lo hizo como es de honor en los hombres buenos, justos, fieles, piadosos: al pie de una cama de hospital donde estaba ingresada su querida esposa y buena amiga mía Tere Salgado. El no estaba en el hospital como enfermo, sino como acompañante, y enfermó cumpliendo ese menester que hacía con gran amor, entrega y fidelidad. Con tres hijos adultos y el negocio familiar perfectamente atendido, ningún sitio mejor que aquella sala de hospital al lado de su esposa. Mientras todos preguntábamos por la salud de Tere, Juan se nos iba poco a poco, sin hacer ruido.

Grande de corazón, espléndido en el ejercicio de la amistad, un poquito de malos modos –que no todo va a ser virtudes, y quien esté libre de pecado tire la primera piedra-, habilidoso sonsacador de noticias, de rumores, estaba al tanto de todo, en especial a lo relativo al mundo cofrade. Cuando yo llegaba de Sevilla a pasar un  puente él me ponía al día. ¿Cómo te enteras de todo, Juan, de lo que se acuerda en las juntas de las hermandades, de los proyectos, de las peleas, de los rumores?, le preguntaba. Y el me respondía: a cada cual hay que echarle la carná oportuna y listos.

Controlaba el negocio minuciosamente, por ejemplo, contaba uno a uno los boquerones que compraba para saber cuántos tenía que poner de tapa. Así, me decía, mato dos pájaros de un tiro: el cliente queda satisfecho porque la tapa es abundante y yo gano lo que debo ganar. Y así con todos los servicios. Conocía el mundo de la plaza de abastos a la perfección y era un pinche ideal para la gran cocinera que era y es Tere.

Cofrade de la hermandad del Domingo de Ramos y capataz del Cristo del Amor, Juan el Costalero se nos fue dejando la impronta de buen ayamontino, buen cofrade, buen tabernero –me gusta más que hostelero-, pero sobre todo, excelente esposo y padre. Y amigo de todos los que  quisimos serlo  de él. Era fácil: las puertas de su generoso corazón siempre estaban de par en par.

LA PALABRA HERIDA. Senderismo urbano. Carta abierta a Ana Ríos, concejal de Cultura

LA PALABRA HERIDA. Senderismo urbano. Carta abierta a Ana Ríos, concejal de Cultura

Estimada Ana:

Con independencia del paisanaje, a través del cual terminamos conociéndonos todos, mi primer conocimiento de tu persona, y creo que el tuyo de la mía, fue durante la noche en que se presentó mi libro “La peculiar forma de hablar de los ayamontinos”, acto que presidiste y que te agradezco.

 

Ello no supone patente de corzo, pero si abre la posibilidad de dirigirte esta misiva mojarrona, como responsable de Cultura, a tenor de una pifia de tamaño descomunal que he observado en la página “Ayamonte org.”

 

Te la transcribo para que no te molestes en buscarla, aunque ni que decir tiene que podrás hacerlo cuando quieras. El despilfarro literario dice así: “Senderismo urbano”, referido a un paseo o recorrido por los lugares en que estaban ubicadas nuestras fabricas de conservas.

 

Ya sé que la perla literaria procede del Patronato de Deportes, lo que no deja de sorprender, pues no sé qué tiene que ver con el deporte el hecho de recorrer unas vías urbanas, desde la esquina de la dársena hasta “Buscarruídos”, que creo era el antiguo nombre de la calle de las Flores y localizar los lugares donde estaban las fábricas de conservas, a no ser que se trate de una carrera por etapas a ver quien llega primero hasta “Indemar”, “Pedrito Jesús”, “Rafael Gómez” o “Concepción”, por ejemplo. Pero como tú, estimada Ana, eres la responsable de Cultura, me permito atribuirte, con todo mi cariño y respeto, cierta responsabilidad. Y todo ello sin acritud, como repetía un icono de tu partido.

 

Vamos a ver. Mientras la Real Academia Española no diga lo contrario, el sustantivo senderismo equivale a: actividad deportiva que consiste en recorrer senderos campestres. Por un lado, se trata de un deporte; por otro lado, que se practica en el campo.

 

Si recorrer el suelo urbano visitando los sitios donde estaban ubicadas las fábricas de conservas, es un deporte campestre, me lo explique, por favor. Porque la verdad, la última vez que estuve en mi querido pueblo fue hace una semana, y desde la popularmente conocida “Esquina la Dársena”, donde nos pegamos los ayamontinos el barrigazo, hasta los dominios del inefable y admirado Paco Hidalgo no veo campo por parte alguna.

 

P/D. Si sirve para algo, te recuerdo que tengo un libro escrito, Ayamonte en el recuerdo, segunda parte, en el que se describen exhaustivamente la ubicación, características y propiedad de dichas fábricas.

PASARELA RIBERA. Capítulo VIII. El reencuentro.

PASARELA RIBERA. Capítulo VIII. El reencuentro.

Una de las estampas más entrañables de nuestra Semana Santa es sin duda la llegada de nuestros emigrantes, aquellos ayamontinos que un día marcharon en busca de un futuro mejor. Vienen en muchas ocasiones para un par de días, justo para vivir nuestra incomparable Madrugada –que no es lo mismo que la “Madrugá” sevillana del Franquito, el Gago y el Villablanquero-. Y eso tiene un mérito indescriptible. No son muchos, son casi siempre los mismos, los que nunca han dejado de sentir la nostalgia del momento; vienen cada año a compartir con sus familiares, con sus amigos, con sus paisanos, la gran noche. Han sembrado una nueva vida en la lejanía, sus hijos son ya hijos de otros lugares, de otras patrias, sus hábitos y costumbre han cambiado, obligados a adaptarse a una nueva forma de vida.

En espera de su anual regreso, adivino esos terribles síntomas de la nostalgia que hincan sus amores irrenunciables en este refugio de cal y sal, de río y mar, de alto y llano, de tierra roja y arenas de oro, y de unos atardeceres fijos siempre en sus pupilas, que tiñen de morado el cielo azul de Jiménez Barberi y el río de plata vieja de Paco Herrera.

Se fueron hace muchos año  dejando una estela de lágrimas porque decían adiós a sus raíces para buscar fuera el mejor pan para sus hijos, o algo más de lo poco a lo que entonces podían aspirar, y a su misma gente, a su misma calle, a la infancia casi olvidada, a sus amigos y al propio paisaje que les vio nacer.

Llegan para la Madrugada de Padre Jesús reviviendo nostalgias, buscando con el olfato la tierra mojada, el aroma del pan de tahona, la visión de la cigüeña que se apodera de la espadaña.

A muchos, por los muchos años transcurridos en la lejanía, les cuesta trabajo reconocer, al primer golpe de vista, al amigo en el reencuentro, y lo mismo le ocurre a quien espera, desde los mismos recuerdos, esa siempre posible vuelta. Hay dudas, un entornar de ojos y un gesto, una voz, una sonrisa, un nombre, una clave, que despiertan los sentidos de uno y de otro para fundirse en un abrazo que dura la eternidad de lo más hondo de un suspiro.

Y en ese momento sublime del reencuentro, esperado y añorado, cuando nuestras calles se han llenado en su bella geometría de campo, río y mar, cuando Ayamonte, vista desde el aire se nos antoja con planimetría de paloma parada, sobre la fombra azul del mar, el emigrante se dispone a vivir el rito anual de la madrugada junto al Señor de sus amores, de sus recuerdos, de su niñez.

Es el reencuentro de los ausentes con Padre Jesús. Para ellos la "Pasarela Ribera" adquiere un nombre muy especial: calle de la Amargura. Describirlo de otra forma me resulta imposible.

PASARELA RIBERA. Capítulo VII. Una fe distinta.

PASARELA RIBERA. Capítulo VII. Una fe distinta.

En el siglo XV,  la muy castellana ciudad de Avila tenía un obispo llamado Alonso Tostado Madrigal, hombre extraordinariamente culto, prolífico de escritura, hasta tal punto de que la gente solía decir, “escribes más que el Tostado”. A punto de morir, el prelado manifestó su deseo de hacerlo “como el carbonero”. Este carbonero era un hombre muy popular en la ciudad castellana, porque un día entre él y el obispo en cuestión tuvo lugar esta conversación: “¿Tú en que crees?, preguntó el prelado, y contestó el carbonero: “en lo que cree la Santa Iglesia. ¿Y qué cree la Iglesia?. Lo que creo yo”. Y así se repetían una y otra vez preguntas y respuestas idénticas; y al popularizarse la conversación, la fe proclamada por aquel ciudadano castellano vino en llamarse como la “fe del carbonero”. Desde luego, a mí no me cabe duda de que se trata de una leyenda urbana, es decir, que ha sucedido en muchos lugares. Concretamente el autor alemán Weddig Fricke, en su obra “El juicio contra Jesús”, afirma que ese diálogo, idéntico en su literatura, tuvo lugar entre el Diablo y un carbonero italiano. Es lo de menos. Al fin y al cabo lo importante es que a ese tipo de fe se le ha conocido siempre como fe ciega, que no admite contradicción, ni siquiera el menor razonamiento. Fe es creer en lo que no se ve, nos repetían en la escuela, en la catequesis, el el Instituto Laboral, a los niños y jóvenes de mi época.

Muchos siglos después, el recordado pontífice Juan Pablo II nos obsequió con una gran encíclica, “Fides et ratio”, con la que daba un rotundo vuelco  a la anterior concepción de la virtud teologal. Ahora la fe no es ciega, no es creer por creer, la razón tiene que acompañar, debe acompañar, puede ya acompañar ese sentimiento.

Y yo me pregunto: ¿se podría contemplar la fe desde otro prisma, con otros aditamentos distintos a la razón y sin la obsesión de la ceguera a ultranza?. Indudablemente que sí:

Ayamonte, Semana Santa, Domingo de Ramos, mujeres de promesa tras el paso de la Virgen de la Salud. Durante cerca de un siglo, durante muchos años por la mañana y después por la noche, un reguero de piadosas mujeres acompañan a la Virgen del Domingo de Ramos enchidas de fe y esperanza, de piedad y ternura. Una muestra de fe que, bien mirado, no coincide, ni con la fe ciega ni tampoco con la razonable. Es distinta, especial, propio de ellas, de sus corazones fieles.

Los aditamentos de esta especial fe son dos: piedad y ternura. Piedad como virtud que inspira, por el amor a Dios, tierna devoción a las cosas santas, y, por el amor al prójimo, actos de amor y comprensión. Y ternura, manifestación afectuosa, cariñosa, amable.

Al cruzar la “Pasarela Ribera”, se sienten un poco aturdidas, prefieren la intimidad de la calle Huelva, pero no pueden evitarlo, han de cruzarla necesariamente. Y la luz del Paseo trae a nuestra cercanía sus rostros cansados, apenados, aunque con un reflejo, ya casi imperceptible, de esperanza.

En muchos casos, una ligera y contínua fluxión recorre sus mejillas. Es una fluxión no patológica, es simplemente una manifestación de pena que data de años y que en esa hora se convierte en esa metáfora que los poetas cofrades llaman pena húmeda, lágrimas de dolor, lágrimas de vida y muerte, de esperanza y desesperanza, de fe, en suma.

Me honré en homenajearlas cuando pronuncié el pregón oficial dedicándoles  una cuarta parte del mismo. Y hoy, pasados algunos años, desde la tribuna de este modesto blog, reitero todas aquellas palabras, y en especial las que decían: ...”y me abrigo en tus arrugas, y beso tus pies cansados”.

PASARELA RIBERA: Capítulo VI. Una historia entrañable.

PASARELA RIBERA: Capítulo VI. Una historia entrañable.

Muchos cofrades de nuestros días, la mayoría quizás, son los herederos de otros ayamontinos que, en época de penurias, dejaron sembrada la semilla para que hoy florezca lo plantado de forma espléndida. Olvidarlos sería imperdonable. Podríamos hablar de la antigua banda de cornetas y tambores, por ejemplo; pero hoy le toca el turno a un grupo de hombres que para mí, y es sólo una opinión, han resultado ser toda una institución de nuestra ya larga historia cofradiera: los antiguos cargadores. Ellos cruzaban la “Pasarela Ribera” soportando dos cargas, la del paso y la del hambre, la necesidad de llegar sus estómagos vacíos y aliviar también los de sus hijos.

 

Cuando la Guerra Civil dejó tras su paso la horrible secuela del hambre,  nuestros pasos no contaban con costaleros, jóvenes costaleros que preparan la estación de penitencia mediante duros ensayos, compensando el esfuerzo con suculentos bocadillos. Entonces, a las puertas de nuestros templos se agrupaban muchos hombres altamente necesitados de todo lo necesario para la subsistencia diaria; eran muchos, demasiados, no cabían todos debajo de las trabajadoras. Muchos acaban de llegar de la mar, del mechillón, del longuerón, hoy productos de lujo y que en muchas ocasiones ni siquiera tenían valor en lota , llegan desnutridos, sin fuerzas, pero con ansias de ganar unas pesetas con  las que atender las necesidades más peren torias del diario. Una parada obligada a las puertas del “Rancho Grande” suponía una reposición de fuerza ficticia, pues lo único que se conseguía era calentar el vacío estómago con un par de vasos de vino peleón.

 

No tengo datos que me permitan asegurar lo que cobraban, algún bloguero lo aclarará, pero seguro que se trataría de un salario de subsistencia a la baja, como sucedía con todas las actividades de aquel Ayamonte próspero, aunque sólo para unos pocos.

 

Han pasado muchos años. Vino después la crisis de las ruedas y la subsiguiente eclosión del mundo costalero, la de esos jóvenes ejemplares de nuestros días que nos deleitan cada año con su trabajo serio y disciplinado.

 

En el juicio del cielo de aquellos héroes casi anónimos alguien abrió un sobre para nombrarlos. Fue imposible. El Juez Eterno, al contemplar semejante multitud, preguntó quiénes eran. El alguacil le respondió: son  los que vienen de la gran tribulación y han lavado sus túnicas con la sangre del Cordero.

 

Para mí que la herencia dejada ha sido altamente fructífera en muchos casos. Mucho me temo que algún que otro pocero –al menos conozco y admiro y quiero a dos-, tienen mucho que ver con esta historia. Si nó, que lo digan sus nietos, ejemplares cofrades. Y sus hijos, que lo siguen siendo.

AVISO A NAVEGANTES: PUERTA CERRADA A LOS INSULTOS.

AVISO A NAVEGANTES: PUERTA CERRADA A LOS INSULTOS.

Desde hace ya mucho tiempo, un individuo, escondido en el anonimato, se dedica a meter comentarios con la sola finalidad de despretigiarme, profiriendo insultos por doquier. No se trata de una discrepancia, sino de un ataque constante a mi persona, a mi dignidad, por eso habrán observado los buenos blogueros que tales comentarios han sido eliminados. Así será en lo sucesivo no sólo con este individuo, sino con todo el que quiera aprovechar este blog para su cobarde desahogo. Castíguele su pecado, con con pan de lo coma y allá de lo alle, como dijo Cervantes de Avellaneda.

Por otra parte, quiero pedir disculpas a los blogueros por haber permitido que permanciera un comentario alusivo a algunos cofrades comparándolos con etarras. En principio esperé por si rectificaba, pero al no ser así pedí a mi ayundante, Javi Martín, que lo eliminara, y así se ha hecho. Reitero mis disculpas a los blogueros sensibles a estas tropelías.

Por lo demás, este blog seguirá con su línea de objetividad, analizando lo bueno y lo malo,lo positivo y lo negativo, pese a quien pese.

Gracias a todos.


PASARELA RIBERA. Los felones.

PASARELA RIBERA. Los felones.

No hay  ninguna obra humana perfecta. Ni la habrá, aunque algunos se empeñen en lo contrario, sobre todo si son protagonistas o interesados. La Semana Santa, el mundo de las cofradías, como cualquier otro, está compuesto de vicios y virtudes; ponderación y despropósitos; gente honrada y gente canalla; cofrades ante los que tenemos que quitarnos el sombrero, y otros que nos invitan al vómito; gente seria y pamplinas; gente sacrificada y vividores; fieles hasta la muerte y felones a la primera de cambio; gente que va a servir y otros que van a servirse. Así es, por mucho que ciertos individuos se empeñen en lo contrario y ataquen despiadadamente a quienes, desde la objetividad, desde el análisis serio, desde la investigación objetiva, ponderan lo que ven y escriben sobre lo bueno pero también sobre lo malo.

 

Puede que quien escribe este artículo haya practicado mas vicios que virtudes. Pero nunca ha practicado la felonía, la traición y mucho menos se ha servido de la Semana Santa para la promoción personal. Me tilda alguno de falso, y un amiguete (a lo mejor es él mismo con distinto seudónimo, de escritor “barato”). Seguramente todos los escritores “baratos” suelen tener como costumbre, en orden al terreno del que hablamos, la Semana Santa cofradiera, de escribir decenas de artículos para el álbum desde hace más de cuarenta años; para Gaceta de Ayamonte hasta el final de su existencia; pronunciar cuatro pregones –me siguen llamando buscapregones-; de escribir un libro sobre nuestra Semana Santa, y de escribir otros cinco con la sola finalidad de acrecentar el patrimonio de tres de nuestras hermandades o remediar una situación económica delicada. Y todo ello, no barato, sino gratuito, altruista.

 

Otros andan por ahí que han entrado en las hermandades con una mano por el suelo, otra por el cielo y la boca abierta. Han fingido desde el principio fidelidad, entrega, dedicación pura y simple. Pero no era así, y pronto fueron descubiertos por agarrar todo con las dos manos y tragarse todo lo que estaba a la altura de la boca. No se han conformado con ser capataz de un paso, o mayordomo, por ejemplo, ambicionan mucho más. Hasta que fueron expulsados. Y entonces, aquella falsa fidelidad se convirtió en felonía y rebuscaron en el seno de otras hermandades para repetir la misma historia a la par que hablaban mentiras y pestes de la anterior. Puros fantasmas.

 

Pero para ellos la Semana Santa, o mejor dicho, “su” Semana Santa, es perfecta: devoción, sacrificio, desinterés, entrega. Y sobre todo, por encima de todo, “Pasarela Ribera” por donde pasear sus ambiciones y sus felonías, son el desperdicio de un bello espectáculo, como esa basura que va dejando atrás la cabalgata de Reyes o la del carnaval. Pero se confortan atacando desde el anonimato –cobarde per se-, a los que, sin  dejar de reconocer y alabar virtudes, condenan sin ambagues vicios, que también los hay. Este blog seguirá hablando de nuestra Semana Santa sin miedos, con objetividad, pese a quien pese. Y lo mismo que ensalcé la labor encomiable del Soldadito, los Albertos o el Ultimo mohicano, sacaré los colores de la poca vergüenza a los que siempre se han aprovechado del mundo cofrade para colmar sus ambiciones.

 

Aunque siempre lo hemos creído así, Julio César nunca fue emperador, ni Roma logró vencer a Viriato. Al primero lo traicionaron  dos senadores en un principio cómplices de sus pretensiones de convertirse en dictador perpetuo; al segundo, sus hombres de su confianza, dos emisarios a los que compró el Imperio para que le dieran muerte en su tienda. Y en ambos casos, cuando los traidores corrieron a por su recompensa, oyeron aquello de “Roma no paga a los traidores”. Hemos heredado mucho de la historia de Roma: el Derecho, la Arquitectura, sobre todo. Pero nuestras hermandades no han tomado nota de cómo Roma castigaba a los felones, a los traidores, y algunas de ellas siguen albergano en su seno a estos individuos. Confían en ellos y al final tienen que soportar que saquen a relucir trapos sucios cuando no han podido salirse con la suya

 

El mundo del felón  es tan amplio como el de sus ambiciones. Y el mundo de las cofradías no iba a ser ajeno al fenómeno, como no lo es al mundo de la fidelidad, de la franqueza, de la pureza de corazón, como veremos en el siguiente capítulo de “Pasarela Ribera”.

 

A estos individuos del anonimato cobarde sólo me queda decirles lo que Miguel de Cervantes a Avellaneda: castíguele su pecado, con su pan se lo coma y allá de lo halle. 

PASARELA RIBERA. Capítulo V. La levantá o el arte del "mal" copiado.

PASARELA RIBERA. Capítulo V. La levantá o el arte del "mal" copiado.

Que la Semana Santa de Sevilla ha sido, es y será ventana donde asomarse, caja de resonancia para sus alrededores, incluso los remotos como el nuestro, no es nada nuevo. Es nuestro modelo en casi todo; allá van los capataces en  noches de ensayos, y los muy, muy ayamontinos, a ver procesiones mientras las nuestras están en la calle. Sevilla, siempre Sevilla, lugar de peregrinación del Guardián del Registro, el Gago y el Villablanquero, que además de ver procesiones frecuentan “ciertas capillas” en las que el vino no es precisamente el consagrado. Copiamos de Sevilla casi todo.

Pero aunque parezca mentira, copiar no es fácil, quiero decir copiar bien, como es debido, porque eso de copiar mal, eso de meter un papel de calcar de mala calidad o usado, trae como consecuencia una mala copia, una pésima copia. Una de ellas se acrecienta en Ayamonte cada año hasta llegar como ha llegado al paroxismo del esperpento.

Ignoro cuándo sucedió, pero seguro que en cierta ocasión unos capillitas ayamontinos arribaron a Sevilla para contemplar in situ una ceremonia cofrade de gran arraigo: el retranqueo. Es una expresión  de especial acepción cofradiera pues la original pertenece al  mundo de la construcción. Consiste en que en la noche víspera de la estación de penitencia, con los pasos definitivamente montados se levanten éstos para comprobar la firmeza de la candelería, jarrones, coronas, hachones, etc. Si algo no va bien, es el momento de poner remedio y así evitar el desastre de tener que hacerlo en plena calle. No es una garantía absoluta, pero sí opera a modo de vacuna y normalmente se obtiene el resultado apetecido.

Yo no sé qué hicieron aquellos capillitas ayamontinos, qué vieron aquella noche, qué notas tomaron. Para mí que antes se habían pasado por la calle Muñoz Olivé a tomarse unos vinos con boquerones en adobo en “Blanco Cerrillo”, o por la calle Ribero a dar cuenta de unos buenos cacharros con arroz de paella y calamares fritos en el “Sindicato del Hambre”.

Lo cierto es que, de nuevo en Ayamonte, despertados ya de la resaca cofrade, con los pies en la tierra firme, como cuando santa Teresa levitaba, no se acordaron de lo que habían visto y mucho menos qué finalidad se perseguía en aquellos templos sevillanos. Pero como había que justificar el peregrinaje y ser además originales, se inventaron una maniobra distinta a la retrancá, y la denominaron levantá.

No se trataba de levantar los pasos para comprobar el buen estado del montaje general, cuestión esta que bien podía hacerse en la intimidad de los templos, con la sóla asistencia de capataces, costaleros, vestidores, en fin, los que tenían que estar y punto, no, se trataba de montar un espectáculo nuevo, “made in Ayamonte”. Y así se invitó a todo el pueblo a fin de que degustara y disfrutara de tal excepcional momento, un momento tan excepcional que ha derivado en puro esperpento, rodeado de una fanfarria, de una algarabía a nada comparables.

Se aprovecha el momento para asuntos que nada tienen que ver con la comprobación del montaje de los pasos. Así, se entregan placas a mansalva (Manolito Todocasa, el Lolo el de las Aspirinas, Rafaelito el Taurino llevan varias acumuladas); se rinde homenaje a alquien que ha regalado un broche, un pañuelo, unas caídas; se pronuncian discursos que no escucha nadie, ni los más cercanos al orador porque la gente está a otra bola; se provoca una subida de tensión en el sacristán porque la gente empieza a subirse a los bancos para ver mejor el espectáculo; los curas no partidarios de los “santos de palo” se quitan de enmedio y los cofradieros se extasian. Bandas de cornetas y tambores, bandas de música; alfileres enclavelados que te clavan en la solapa, aunque lleves chaleco de collareta, nada más llegar a las puertas del templo unas señoras ataviadas de peineta y mantilla como si fuera un Viernes Santo. Y hasta se dá una buena chicotá por entre las naves del templo, un pasito palante, María, un pasito patrás.

Los capataces le dan al martillo, entonces, no antes, se produce un silencio absoluto. Y  es cuando el capataz, en ese silencio cuasisepulcral, llama al boquilla como si este estuviera a cien metros de distancia; el otro, claro, le contesta de la misma guisa. Si nó, observen ustedes a mi sobrino Jesús el Galileo como se desgañita.

Y al final, cuando de la parafernalia “levantanera” se pase a la seriedad, cuando la “Pasarela Ribera” se convierte en juez de todo y de todos, es raro el año en que no se nos obsequia con una levantá infame o una arriá desastrosa.

Sí, fueron a Sevilla a copiar y metieron un papel de calco usado. Hijo mijo –como diría un puntero-, para ese viaje...

AYAMONTINOS INOLVIDABLES. ANTONIO CONCEPCIÓN REBOURA.

AYAMONTINOS INOLVIDABLES. ANTONIO CONCEPCIÓN REBOURA.

Hoy traemos a colación en “Ayamontinos inolvidables” a uno de los personajes más influyente de la reciente historia de la ciudad: Antonio Concepción Reboura. La salazón de pescado y la conserva, la construcción, la pesca, los servicios, el ocio, la acción social son testigos de su constante aportación a cada una de estas actividades. Llama un tanto la atención el apellido materno de nuestro personaje, de fonética gallega. Efectivamente, gallego es el apellido. Su padre, ayamontino de nacimiento, en vista de la escasez de pesca de su época, emigró al Norte de España en busca de mejor fortuna. En una de las ciudades más desarroladas de nuestra patria y en concreto en una pedanía de Vigo, nació Antonio Concepción Rebura, su madre, Isabel Reboura, era gallega, con la que su padre había contraído matrimonio.

Cuando contraba siete años de edad, su padre decidió volver a Ayamonte y aquí reanudar la actividad anterior circunscrita al mundo de la mar. Primero fue la fábrica de salazones, después las de conservas, los galeones para la pesca de la sardina. Con quince años tuvo que abandonar cualquier actividad estudiantil para entregarse de cuerpo y alma a los negocios de su padre; y a los veinte quedó huérfano de padre y se hizo cargo de todos los negocios. Tuvo cuatro hijos: Antonio, Manolo, Paco y Juan y nos dejó una inacabada e inacabable saga.

Muchas veces nos preguntamos qué motiva el éxito de un empresario, que es capaz de superar todo tipo de crisis. Para Antonio Concepción no había secreto: trabajo, trabajo, trabajo; familia, familia, familia. Ese afán inculcó a sus hijos, y en época de gran prosperidad, cuando muchos “señoritos” permanecía en el Círculo Mercantil, los hijos de Concepción se encontraban a pie de fábrica, de muelle o de barco.

En el ámbito social, Antonio Concepción Reboura fue “practicante”, lo entrecomillo proque no era titulado, pero durante la más cercana postguerra inyectaba a los pobres que no tenían seguro de enfermedad o que teniéndolo no podían desplazarse hasta el Hospital de la Caridad. Fue denunciado por ello. Su esposa, Rita Jiménez, presidenta de Cáritas, tenía reservada parte de la casa para almacenamiento de víveres y grandes ollas para preparar comida para los necesitados. Fue presidente del Ayamonte C.F. bajo cuyo mandato alcanzó la categoría nacional, nuestra siempre querida Tercera División. Mantuvo con su familia una cofradía de Semana Santa, la de Jesús Caído, fue cofundador de la Agrupación de Cofradías, y tantas cosas que haría interminable este relato.

Ameno contertulio, “generoso” cuando contaba sus historias. Cinéfilo empedernido, todas las noches iba al cine Cardenio, del que también era copropietario, Antonio Concepción Reboura merece algo más que esta simple semblanza, que como tal ha quedado muy larga, Hoy sus hijos siguen, aunque separados, sus máximas, el trabajo por encima de todas, y él nos dejó el legado de su encendido ayamontinismo. Puede decirse, puede asegurarse, que es el ayamontino que más puestos de trabajo ha creado y mantenido a lo largo de nuestra historia reciente.

MOJARREANDO. LA ESPAÑA DE LAS DOS AÍDA.

MOJARREANDO. LA ESPAÑA DE LAS DOS AÍDA.

España es y ha sido siempre un país dual. Esta dualidad es tan diversa como diversa es en sí misma nuestra patria: Joselito y Belmonte; Diestéfano y Kubala; Macarena y Gran Poder; Betis y Sevilla; Pesoe y Pepé; el Norte y el Sur; Semana Santa y Feria...

La dualidad puede dar frutos un tanto híbridos, o sease, hijos de distintos padres. En el caso que nos ocupa, en esta España tan liberal, tan progresista nos encontramos casi a dario con las dos Aída: la Nízar y la Bibiana, es decir, la dualidad más moderna, más al uso que diríamos.. La primera procede de la telebasura, de ese programa encumbrado por una de nuestras mejores periodistas y que no sé por qué mor, aunque me lo imagino, ha bajado hasta las miserias de cada semana, las del insulto, la cuasipornografía, la del putiferio de las mozas y mozos que comparten cama desde el primer día, edredoni en terminología acuñada por la inefable Milá,  la que pregona muy ufana que  mea mientras se ducha, como si sólo lo hiciera ella. Esos personajes alimentan después los programas de la cadena haciendo gala de su mala educación, de su desfachatez, de su capacidad de aguante para lidiar con lo que les echen con tal de irse con la buchaca llena. De todos ellos es sin duda Aída Nízar la líder: todos la odian, todos la detestan, desde los productores hasta los directores, pasando por presentadores, periodistas y esa nueva clase nacida en la telebasura compuesta por audaces analfabetos funcionales que hablan y opinan de todo sin saber de nada y que son llamados colaboradores. Pero todos, absolutamente todos la desean, la llaman, no pueden vivir sin ella. La audiencia es la audiencia: maquiavelismo en estado puro.

En el otro lado, en la otra telebasura, la de la política con minúsculas, sigue valiendo el nepotismo que hoy se mezcla con el todoacién, o sease, el todo vale. Y una bailarina de flamenco y trabajadora a tiempo parcial en entidades financieras, pero eso sí, ahijada bautismal del incombustible camarada Manolo Chaves, el que declara tener un patrimonio en metálico de poco más de veinte mil duros, nos la plantan, primero como ministra y después como secretaria de estado de otro ministerio. Y la adalid del feminismo, de la progresía de la falda y el rime, nos regala hoy un aidazo de cojones. Nos había dicho mediante una ley que una niña de catorce años no tiene el porqué necesitar permiso paterno para abortar, en todo caso, y después de muchísimas protestas, bastaría la simple comunicación de su decisión a sus progenitores. Progresía pura. Feminismo a todo trapo. Liberalidad femenina sin límites. Mas no es así siempre, porque ahora nos viene la prenda de Alcacá de los Gazules con que para abortar no hace falta nada, sólo estar embarazada con independencia de la edad. Pero para casarse no, que según ella, supone un peligro para la mujer cuando es demasiado joven; así que nada de casarse a los catorce, las jovencitas tienen que esperar a los dieciséis.

Queridos blogueros: ¿vosotros entendéis algo?. De modo que un aborto no supone peligro alguno; un matrimonio sí. Dios mío, no quiero pensar lo que sucedería con esta prenda si la Ley del Aborto se pudiera aplicar con carácter retroactivo.

TONTOS DE CAPIRUCHO: EL CARTEL.

TONTOS DE CAPIRUCHO: EL CARTEL.

Hace ya muchos, muchísimos años que me estrené como penitente de nuestra Semana Santa. No recuerdo bien si fue Lunes o Jueves Santo, que el Cristo de la Buena Muerte salió en ambos días, alternando los años (en la esquina de Huelva con Rompeculos y Cristóbal Colón se cruzaba con la hermandad de Jesús Caído, cuando salía en jueves). Lo cierto es que eran noches de auténtica Semana Santa: silenciosas, reverentes, tristes, austeras, sin más música que la de aquella recordada –por las personas, no por la calidad- banda de cornetas y tambores en la que participaban gente tan buena como Fernandín, Manolo Arenas, Pepe Ojeda y tantos otros que no recuerdo. Ni bulla, ni algarabía, ni folklore barato, ni cangrejada.

 

El cartel de Laura Rodríguez Morales, a pesar de tantos años transcurridos, viene a ponernos delante de las pupilas esa inconfundible calle tan semanasantera como es la calle Jovellanos, que en la fascinante obra de Laura luce con todo su esplendor. Y aclaro que el esplendor en este caso no es el oropel, la luz excesiva, los excesos, como siempre innecesarios, que por algo son excesos. Ese esplendor es el de la penumbra, la luz tímida, casi insinuante, que la niña guapa del gran maestro Ignacio nos ofrece para, como decía antes, fascinarnos. A mí al menos me fascina esa obra -¿impresionista?, perdonen pero no entiendo lo suficiente como para pronunciarme- que retrata este año un momento inimitable de nuestras noches cofrades. Porque si  no es impresionista desde el punto de vista técnico, sí que lo es desde el sensorial, del de los recuerdos imborrables de los viejos cofrades.

 

Ahora podríamos entrar en esa discusión baladí de si es cartel propiamente dicho o cuadro. Manida discusión. Yo mismo he entrado en ella alguna vez, pero por manida lo dejamos, al menos yo. Lo que importa es la obra y lo que quiere transmitir Laura, y eso es esencial: noche cofrade, luz de noche cofrade, ambiente de noche cofrade…estética, la incomparable estética de  nuestra Semana Santa. Y ese tiempo que parece volver, con la única variante de que la insinuante luz del palio de la Virgen del Rosario y de los cirios de cera  han venido a sustituir las luces tenues de los cirios de bombillas rizadas y la  de los hachones del Cristo Pequeño y Roto.

 

Enhorabuena, Laura. Y también a ti, Ignacio, amigo y maestro, porque queramos o no, de casta le viene al galgo. Y en ese mensaje fascinante de tu hija tú tienes mucha parte. Bueno, y un poco también la Facultad de Bellas Artes.