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Mojarra Fina: El Blog de la Mojarra Fina Ayamontina

PASARELA RIBERA. EL ÚLTIMO "MOHICANO"

PASARELA RIBERA. EL ÚLTIMO "MOHICANO"

En cualquier actividad humana,  el concepto saga suele ser en algunas ocasiones el santo y seña  de la misma. Los rótulos “Hijos de…”, o” Fulano e hijos”, son frecuentes, y el Registro de Patentes y Marcas así lo acredita. El mundo cofrade no iba a permanecer al margen de este fenómeno.

 

Cuando don Antonio Asunción Lendoiro arribó a nuestra ciudad procedente del Norte peninsular para establecerse como industrial en el ámbito pesquero y conservero, no pensó que su saga familiar tendría una extensión en el mundo cofrade. Sin embargo, así ocurrió con el transcurso del tiempo.

 

Desde el primer momento de su actividad industrial el señor Asunción configuró una estrategia que a la larga vino a poner de manifiesto la efectividad de la misma: la vital importancia de la unidad familiar a la hora de la toma de decisiones, y el trabajo permanente, constante, como faro y guía de la misma. Las empresas de don Antonio Asunción Lendoiro contaban con unas oficinas, claro está, al frente de las cuales se encontraba él mismo y con despachos para sus hijos. Mas estos no eran mucho de despachos: preferían el suelo del la fábrica, del muelle, la cubierta de los barcos. Verlos trabajar como meros estibadores del muelle en el alijo de pescados o acarreando mercaderías en los carrillos de la fábrica era estampa repetida. Lo que antes decía, el trabajo como faro y guía.

 

Pero algo faltaba para que la familia Asunción formara parte del Ayamonte global, y ello no podía alcanzarse sin integrarse plenamente en el mundo cofrade, en el mundo de la Semana Santa, al que ya pertenecían desde años muchos colegas del sector empresarial. Una circunstancia casual abrió las puertas de la familia a ese mundo:

 

En  la España convulsa de la época, unos desaprensivos pensaron que una guerra se gana por el procedimiento del vudú, y una fiebre iconoclasta dio al traste con trabajos de años, con siglos de historia. Muchos autollamados demócratas y defensores de las libertades asaltaron nuestros templos en la mayor impunidad destruyendo altares, enseres, imágenes.

 

Y vino a ocurrir que encontrándose don Antonio Asunción paseando una tarde por los alrededores de la capilla de San Esteban, encontró entre los escombros el rostro mutilado de un “Ecce Homo”. Ahí comenzó todo. La familia Asunción encargó la restauración de la maltrecha imagen, que con el tiempo pasaría a ser la titular de una incipiente hermandad, que por cierto, nunca sería conocida por su título eclesiástico, estatutario, sino por la denominación familiar: la hermandad de Asunción. De la noche a la mañana la familia Asunción, al frente de la recién creada hermandad iba a cruzar por primera vez la “Pasarela Ribera”. La integración total en la vida local acaba de producirse.

 

Al frente de la misma, los cuatro hijos de don Antonio Asunción. Era el comienzo de una constante y eficaz saga cofrade. Sin desmejorar la contribución extraordinaria de los otros tres hijos –el segundo, conocido como “el Reina”, sigue siendo pieza fundamental en la hermandad, no sólo por sus aportaciones económicas, sino por la humana, pues algunos de sus hijos están comprometidos en ella muy seriamente-, el más joven de ellos, aunque hoy ya de edad avanzada, viene a ser el personaje más significativo de la saga. Y ello por su paso por todos los estamentos: hermano mayor, mayordomo, capataz, costalero… currante donde los haya.

 

Las sagas suelen difuminarse, lógico. Pero la dispersión no supone desunión, simplemente que los ideales de cada cual pueden tomar caminos distinto. Y este es el caso de la “Hermandad de Asunción”, que hoy recibe ya el nombre estatutario.

 

Algunos descendientes de los Asunción siguen formando parte de la cofradía, y de forma muy comprometida. Pero todavía les queda aprender, seguir los pasos del más pequeño de la primitiva saga, que hoy, sin cargos de responsabilidad se ha convertido en el peón que siempre fue : montaje de casetas,  monda de melocotones, limpieza de candelería, lo que haga falta, que de casta le viene al galgo, y el trabajo fue siempre el santo y seña de la saga.

 

Personalmente le admiro, y con independencia de sus “historias infladas”, de sus entrañables trolas –también en esto se nota la casta del galgo-, creo que sigue siendo un ejemplo a seguir, alguien que guarda en sus adentros fidelidad al pasado que le sirve de aliento para no perder de vista sus señas de identidad. Es, cómo les diría, algo así como… el último "mohicano". 

MOJARREANDO: UNA DE RANCIO.

MOJARREANDO: UNA DE RANCIO.

Este artículo va dedicado a los  blogueros más rancios, o sea, más antiguos, caso de Ayaba, Fa, Kun y otros, no por viejos, que alguno ya lo es, sino por su antigüedad participando en esta aventura que nació hace ya año y medio.

Otra cosita: las palabras que aparecen en el mismo no pertenecen a la peculiar forma de hablar de los ayamontinos, todas vienen en el diccionario de la Real Academia Española; son, efectivamente, rancias, antiguas, y por ello su escaso uso en la actualidad. Vamos a hacerlo de forma un poquitín novelada:

 

Al Ayaba sufre una torcedura de rodilla al bajar del metro y cuando llega a casa le dice a la parienta: dame una friega  y mañana iremos al médico; al día siguiente se lo cuenta al Fa y éste le dice: pues mejor que una friega es una untura.

 

Está la familia sentada a la mesa y en plena comida dice el padre a los hijos: niños, en la mesa no se habla.

 

Va a salir el chaval de casa, y le dice su madre: ponte una muda limpia, no vaya a ser que te pase algo.

 

Hace frío y salen del ayuntamiento a media mañana el perito y el Angel Orta, y dice el Angel: voy a tomarme un carajillo. Y le contesta el perito: pues yo no quiero bebida blanca, así que me voy a tomar un candiél.

 

Sale el alcalde, y como es más comedido, añade: yo no quiero alcohol, así que me voy a beber un buen tazón de tabefe.

 

Cuando están todos en la cafetería, ven pasar a una mujer con manchas en las piernas, y dice el Orta: con el frío que hace, esa pobre mujer se lleva mucho tiempo en la copa, por eso tiene esas manchas en las piernas. El alcalde, más joven, dice: ¿qué son esas manchas, una dermatitis  o una flebitis?. Y le clara el perito: son, nada de eso, lo que tiene ese mujer en las piernas son cabrillas.

 

Lo dejamos aquí, a ver si entre todos los blogueros elaboramos una lista de expresiones rancias, que seguro resultará altamente curioso.

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. EL PATRÓN DE PAPELES.

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. EL PATRÓN DE PAPELES.

Todavía no se han apagado los ecos de la presentación de la segunda edición de la obra “La peculiar forma de hablar de los ayamontinos”, considerablemente aumentada respecto de la primera, cuando ya tengo a la vista un listado de nuevos vocablos ayamontinos. Fuente inagotable  esta de nuestra lengua vernácula. Por fortuna.

Uno de los blogueros más destacados por su presencia en el blog –a veces tengo la impresión de que cumple una promesa- , el ayamontino emigrante que firma como “Ayaba”, me trajo a la memoria otra expresión ayamontina incursa en el ámbito marinero: el patrón de papeles, que lo era su padre, José Núñez, más conocido como “Padre Juan”.

En los barcos de pesca suelen embarcarse dos patrones, uno el de pesca, que es el que dirige la misma, conoce el mar perfectamente, sabe donde se pueden encontrar bancos de pescados, sabe de la influencia de las mareas, de los vientos. Para tal menester, como decimos los ayamontinos, no se necesita nombramiento, es decir, título. El otro patrón es el titulado, se le conoce como el patrón de costa o de cabotaje, que a la vez puede ser de bajura y de altura, según los caladeros en los que faene el barco, menester para el que sí se necesita nombramiento, o sea, título. Pero ese título lo hemos citado siempre los ayamontinos con una expresión muy, pero que muy anterior a la llegada masiva de emigrantes: papeles.

Ya tenemos perfectamente definidos a los dos patrones: de pesca y de papeles. Para uno no se necesita nombramiento y para el otro sí. Más sencillo imposible.

No sé si en alguna ocasión he contado que mi padre era patrón de papeles, de bajura. Como trabajaba en un barco de Joaquín el de la Castela para cuya navegación se necesitaba nombramiento de altura, recurrieron a la picaresca: mi padre se enrolaba como patrón de pesca, y Juan Ventura como patrón de papeles, luego, rebasada la barra intercambiaban los cometidos y listos, o como decimos por aquí: avanti claro.

MOJARREANDO: LOS VIGILANTES... DEL PARQUE.

MOJARREANDO: LOS VIGILANTES... DEL PARQUE.

Corría finales de los cincuenta del pasado siglo, alboreaban ya los sesenta, cuanto en Ayamonte tiene lugar un acontecimiento que transformará definitivamente nuestro paisaje urbano: el dragado del estero y la posterior urbanización de las marismas de Santa Gadea. Se acabaron las caminatas por el muro “y Paco el Lanchero se fue a la carrera”, como escribía yo en una letrilla del carnaval furtivo de aquellos años.

Así se cumplía uno de los sueños del Julio Verne ayamontino, Prudencio Gutiérrez Pallares, don Pruden para todos. Y otro ayamontino de pro, también Prudencio, éste Navarro Pallares, artista de prestigio, diseñó lo que con el tiempo vino a convertirse en un gran pulmón para Ayamonte: el parque que lleva su nombre, o el Parque a secas para nosotros.

En principio se dudó mucho que entre el fango de las marismas pudieran agarrar tanto árbol, tanta planta, pero ocurrió el milagro. Posteriormente, a la bella flora se unió una interesante fauna. Mi amigo y recordado Paco Conde dio esplendor al recién creado zoológico con una dedicación admirable, y a su fallecimiento muchos pensamos que nadie sería capaz de seguir esa encomiable labor. Afortunadamente no fue así.

Pasó el tiempo y el parque ha estado siempre bien atendido. En nuestros días, una pareja admirable por su dedicación, mis amigos Castro y Arenas, desde sus respectivos cometidos, vigilancia y cuidado de los animales, tienen aquello de dulce, todo el que visita el parque, especialmente los forasteros alaban el excelente estado del recinto.

El Castro y el Arenas, como yo les llamo, no cejan ni un minuto en sus cometidos. Castro, de un sitio a otro sin parar, cuidando la alimentación y la higiene de los animales, y Arenas, en su misión de vigilancia, manteniendo el orden, incluso el de ese mundo siempre imprevisible e inconsciente de los niños. Castro, con su permanente sonrisa, con su extraordinaria amabilidad; Arenas, aunque al principio presenta cara de desaborío, no es así, es un encanto de persona y llama la atención con exquisita educación que nada tiene que ver con su jeta.

Son estupendos compañeros y lo que es más importante aun, buenísimos amigos, como se desprende de la cariñosa pose de la foto. Yo los quiero mucho, a los dos. Un abrazo, prendas, y a seguir así.

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. ENCARNA SAYAGO Y EL RHYNCHOPHORUS FERRUGINEUS.

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. ENCARNA SAYAGO Y EL RHYNCHOPHORUS FERRUGINEUS.

Hace ya bastante tiempo que por las ondas de Radio Ayamonte se oye esa voz cálida, dulce a la vez, eco de la ternura, envolvente, incomparable, de Encarna Sayago. Para un roto y un descosío, no se arredra con nada y termina pudiendo con todo. Ahora embarcada en una batalla congruenta contra un intruso inesperado: el Rhynchophorus ferrugineus, una especie de celeóptero curculionoideo de la familia Dryophthoridae. O sea, el ya vecino Picudo Rojo. Originario de Africa tropical, al dichoso bicho le ha dado por hacernos la puñeta a los españoles del Sur. Se carga nuestras bellas palmeras y ni siquiera la encantadora voz de nuestra emblemática locutora logra convencerles de que se larguen por el mismo camino que vinieron. Vienen de la morería, pero ahora no tenemos unos Reyes Católicos que les canten las cuarenta como antaño. Nos tenemos que conformar con Encarna, que a diario nos recomienda a través de las ondas qué debemos hacer.

Además,  hay algo que me fastidia: si lo nombro en Latín, es tarea de no acabar, y si lo hago en Castellano, me parece demasiado suave, demasiado leve lo de Picudo Rojo. Y esto me hace recordar como los antiguos ayamontinos resolvieron el problema con otro repugnante bicho: la Chrysaora quinquecirrha,  ese celentéreo cnidado pelágico de cédulas urticantes llamadas cniducitos y variabilidad mesogea, y conocido como medusa. Entonces, los viejos ayamontinos, ante tanto horror morfológico y asquerosa presencia, la miraron fíjamente, como se debe mirar al enemigo y le dijero: tú lo que eres es una arburraca.

Pues por ahí van los tiros. Y ya que Encarna Sayago moderó el acto de presentación de mi libro “La peculiar forma de hablar de los ayamontinos”, y después de haber hecho tanto por su difusión, digo yo, ¿por qué no la designamos para que bautice al dichoso picudo con un nombracho ayamontino como es debido, vaya, para la posteridad?. Creo que le corresponde ese honor, de ahí que me permito otorgárselo.

Piénsatelo despacito, querida Encarna, si quieres que te asesore el doctor Méndez, pero no nos falles.

PASARELA RIBERA. Capítulo III. "Los Alberto".

PASARELA RIBERA. Capítulo III. "Los Alberto".

Cuando Julio César compareció ante el Senado romano para informar de su victoria sobre Farneces II de Ponto en la Batalla de Zela, pronunció la famosa frase que terminó trascendiendo hasta nuestros días: veni, vidi, vici.  Llegué, vi y vencí.

Siglos después, unos osados, intrépidos, audaces jóvenes ayamontinos, abrieron de par en par las puertas de un templo en estado casi ruinoso, y sin pensarlo dos veces dijeron algo parecido que el general romano. Llegaron, vieron, y el tiempo, que es juez inequívoco, nos dice que también vencieron. Y vaya que si vencieron, y de qué manera. Empezaron casi de prestados y hoy acumulan un patrimonio que asusta y es envidia de algunos que presumiendo de cofrades rancios, no les llegan a los tobillos.

Pero el elemento principal del patrimonio de estos intrépidos cofrades es sin duda el trabajo, la constancia, la mesura, aunque no lo parezca, la fe en el día a día, en sus proyectos, en el calado que desde el primer momento lograron en la sociedad, especialmente entre la juventud. Arrasan en todos los acontecimientos que organizan. Aforo completo. Siempre.

Líderes en audiencias, en asistencias, en seguimientos, en espectativas. Y también, que todo hay que decirlo, en algo que es consustancial con el mundo cofrade: la novelería, el pamplineo. Que hay que darle al llamador con guantes, pues se hace y litos; que hay que entrar en Tribuna Oficial al revés, pues se hace y listos; que hay que cruzar la Laguna, pues se cruza y listos; que hay que pasar varias veces por el mismo sitio como el Guadalquivir por Lora del Río, pues se pasa y listos; que nos empeñamos en romper tradiciones y nos traemos una banda de cornetas y tambores de la vieja Castilla, pues se trae. No faltaría más.

La de estos intrépidos no es una forma más de hacer cofradía, es la forma genuina de hacerlo, ni más ni menos. Unas hermandades nacen de una ideología concreta aunque con el paso del tiempo lo nieguen; otras nacen en el seno de una familia; otras desde la cartera; otras desde su particular ave fenix. Y en este caso, desde la ilusión y el trabajo, que hacen que todo parezca posible.

 

(En una ocasión en que nuestro equipo de fútbol profesional pasó por malísimos momentos que hicieron pensar incluso en su desaparición, dijo uno: que se hagan cargo los del Lunes y veréis como lo sacan adelante).

Aunque aparentemente lo hacen todo a bote pronto, precipitadamente, ocurre todo lo contrario, y el “sin prisas pero sin pausa” es su eslogan. A lo largo de los cuarenta años transcurridos desde la fundación de la hermandad, algunos fundadores, algunos viejos cofrades, algún que otro capataz, han ido quedando en el camino. Las discensiones en todo tipo de asociacionismo siempre han estado a la orden del día. Al final, como en la teoría darwiniana, siempre quedan los más constantes, que  precisamente por ello terminan siendo los más fuertes, los grandes supervivientes.

En esta querida hermandad, "los Alberto" representan a la aristocracia del evolucionismo de esta especie cofrade. Son tal para cual. Se han ido turnando en los cargos, pero siempre han estado en la cúpula, en la cima de la pirámide. No sé si las medidas las tomaron de forma mancomunada o solidaria, pero sí me consta que siempre juntos, de acuerdo. Pudieron con todos sus oponentes, sobre todo con aquellos que llegaron a servirse de la hermandad, no a servirla,  y que hoy,  desde la más despreciable felonía hablan mal de ella.

Han pasado, está a punto de ocurrir, cuarenta años desde la fundación, y l"os Alberto" han considerado que les ha llegado la hora del prudente retiro. No se van, que los grandes cofrades no se van nunca, simplemente se retiran de los cargos de gobierno para dejar paso a la nueva generación, aunque las malas lenguas digan que siguen mandando en la sombra, que han puesto en su lugar muñecos de paja, y que en las noches silenciosas en el templo mercedario se oyen ruidos de sables. No es cierto, es más, me apresuro en afirmar que es absolutamente mentira. Así me lo asegura una antigua dama de la Plazoleta, a la que creo a pie juntilla.

"Los Alberto" dejan encima de la mesa, no sables que hagan ruido;  dejan experiencia, mucha y buena experiencia madurada a lo largo de la “Pasarela Ribera” del trabajo y del sacrificio, que lógicamente hará que los nuevos los requieran en algunos momentos para demandarles un consejo, una opinión. Eso es todo, lo otro es pura maledicencia.

Ahora se dispondrán a celebrar el cuarenta aniversario fundacional, pues aunque el cuarenta no es número de celebraciones, seguro que algo harán: la novelería no puede cejar a estas alturas. ¿Veremos esta próxima Semana Santa  recogerse la hermandad subiendo la Gran Vía camino del templo?. De "los Alberto" y sus gentes todo es de esperar.

Al final, después de cuarenta años de ilusiones, constancia, trabajo, mesura, viéndolos juntos nos parecen hasta hermanos; tantas veces viéndoles juntos parece como si llevaran gabardina, como aquellos primos, magnates de las altas finanzas; cuando no están solos también están juntos,  acompañados de dos mujeres extraordinarias.

Son el último vestigio, nada de fósiles, de una increíbe odisea cofrade. Son, sencillamente, los Alberto del esparto.

TONTOS DE CAPIRUCHO. FELICITACIÓN PIJA

TONTOS DE CAPIRUCHO. FELICITACIÓN PIJA

EL PIJERÍO MÁS RANCIO Y AUTÉNTICO,

 

DESEA A TODOS LOS BLOGUEROS

 

FELIZ AÑO NUEVO

AYAMONTE EN EL RECUERDO. EL ESTERO DE LA RIBERA Y LA NEVADA.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. EL ESTERO DE LA RIBERA Y LA NEVADA.

A los que ya cumplimos cierta edad, en mi caso 67 tacos, se nos tacha muchas veces de anticuados, obsoletos, manidos, cuando recordamos tiempos pasados.

Nunca fui partidario de esa frase que reza que “todo tiempo pasado fue mejor”, ni mucho menos. Si así fuere, muchas personas acabarían ciegas por no poderse operar las cataratas, y con este ejemplo, pues se podrían poner miles, bastaría. Lo que ocurre es que ciertos momentos, ciertas estampas del pasado resultan inmejorables e irrepetibles.

Y ese es el caso de nuestro desaparecido Estero de la Ribera. Digo desaparecido y creo que digo bien, pues el actual cauce en nada se parece a un estero natural y el estanque anterior menos aun. En el pasado, entrar en Ayamonte y encontrarte de cara con docenas de barcos atracados en el muelle del estero era todo un espectáculo que, repito, hoy se nos antoja irrepetible.

En la foto que ilustra este artículo y que le debemos a José María Estévez Romero, que nos la ha cedido generosamente, vemos hasta cuatro galeones, entre ellos, si no me equivoco, el España, propiedad de la familia Botello, que destaca de los demás por la B de la chimenea y por su excelente presencia y esa plancha para embarcar y desembarcar en perfectas condiciones. (Los hermanos Botello paraban en plena campaña de pesca de la sardina para carenar los barcos y pintarlos, mi padre se ponía negro porque se dejaba de ganar dinero y después el invierno era muy duro). Los blogueros mayores podrán identificar  los dos primeros y el último, y ello es fácil por las chimeneas a través de las cuales se podía identificar la propiedad de dichos barcos. Seguro que mi amigo Pedrito Pérez Massoni lo haría con facilidad, pero se niega rotundamente a meterse en este mundo del Muñeco Diabólico. Me queda la esperanza de que mi joven amigo Alvarito Arenas le enseñe la foto a su abuelo, el gran pocero Manolo Arenas y así saldríamos de dudas; o el Alex Calderón a su abuelo, Pancho, el otro gran pocero.

En fin, queridos blogueros, que en este día en que despedimos el año me ha parecido bien traer al blog esta estampa, con la suerte de que cuando fue tomada la fotografía coincidió con el día de la famosa y recordada nevada.

Feliz entrada de año a todos, incluso a aquellos a los que no les caemos bien, en mi nombre y en el de Javi Martín.

P/D. No os olvidéis que sigue a la venta el libro “La peculiar forma de hablar de los ayamontinos”, edición corregida y aumentada, y que el próximo día 5 estaremos por la mañana en la calle Trajano. Buena ocasión para un regalo de Reyes útil y barato. Gracias a todos.

PASARELA RIBERA. EL PIJERÍO.

PASARELA RIBERA. EL PIJERÍO.

No le demos más vueltas; no especulemos al tun tun; no tratemos de encontrarle tres pies al gato de la “Pasarela Ribera”. Que si algunos cruzan pisando como pisalenguaos; que algunos van encartonaos. Que sí, que está muy todo eso, y mucho más.

Pero después de mucho observar el fenómeno de nuestra especial pasarela, su entorno, su encuadre, su escenificación tan variada, y sobre todo la diversidad de personas que a ella concurren en fechas señaladas, especialmente religiosas, en el vulgo procesiones, he llegado a la conclusión de que nadie, absolutamente nadie, y ya pueden discutírmelo una y mil veces,  que no van a convencer, pisa, cruza, se recrea, se luce, se embelesa, se “ennarcisa” tanto en “Pasarela Ribera” como un pijo.

(Antes de seguir hemos de aclarar que el pijo capillita, el pijo cofrade, es una variedad del pijo genérico. El pijo genérico es ese joven al que gusta vestir, aparentar, lucir modos y maneras, ropa, perfumes, todo ello propio de personas pudientes. El pijo capillita no necesita grandes dispendios, con un traje negro, una camisa blanca, una corbata, unos buenos zapatos y un bote de gomina acompañado de una colonia medio aceptable, puede pasarse prácticamente toda su vida cofrade, a no ser que le de una alferesía o una cosa y pegue un estirón).

Dicho lo cual, la vida del pijita es muy concreta y repetitiva, aunque él nunca se canse de ella. Acaba de comenzar una Cuaresma cualquiera. Las hermandades han programado sus cultos: tríduos, quinarios, besamanos, besapiés, etc. A las puertas de los distintos templos el paisaje humano es fácilmente identificable: un determinado número de pijas, vestidos de traje negro, camisa y corbata, relucientes zapatos y gomina en cantidad, aguardan a que vayan llegando los fieles, en todo caso en medida escasa, de suyo en muchas ocasiones no acuden ni la mitad de los miembros de las juntas de gobierno, algún que otro costalero y milagroso resulta ver algún capataz de esos histriónicos en días de procesiones.

Los pijas ya tienen asumidos el papel que cada uno va a desempeñar durante la liturgia cuaresmal. De los cuatro que en ese momento se encuentran a las puertas del templo creo que el Alvarado, más conocido por el Tierra, se encargará de las lecturas; el conocido como el Escarchao hará de monaguillo; el Calderito es especialista en manejar el pañuelo durante el besamanos y el incienso en la procesión del Corpus; y el más joven de ellos, el conocido Robertote, aspirante a capataz pues de casta le viene al galgo, hará la colecta, no sé para qué dada la escasez de asistentes.

Los de la junta de gobierno van llegando a cuentagotas, algunos de mala gana, cosa que se nota. Como los pijitas forman parte de una novelería muy cofrade, el invento de la junta joven, a ellos se les encomienda todo el trabajo, todos los preparativos a fin de que se vayan curtiendo, pero cuando ya están curtidos y pasan a la junta de gobierno encargan esos menesteres a los nuevos miembros de la junta joven. (Con el invento de las juntas jóvenes ocurre lo mismo que con lo de la especial configuración de Agrupación de Cofradías, que cuenta con una junta de gobierno en la que no hay ningún hermano mayor, una especie de gestoría que en la ciudad ha dado grandes resultados dado el grado de preparación de los sucesivos presidentes y de las personas de las que se han ido rodeando).

El pijerío capillita es generalmente hereditario, no siempre, pero casi, aunque algunos adultos, incluso algunos ya metidos en años no logran desprenderse de ese halo pijeril que cultivaron en años mozos.

Hay dos momentos, dos ocasiones, en que el pijo destaca sobremanera: el 8 de septiembre, procesión de la Patrona, y en cualquier día del mes de agosto en que la hermandad organiza un acto cualquiera y soportando altísimas temperaturas arriban a los templos de la misma guisa que si del mes de marzo o abril se tratase. Como diría un ayamontino castizo, es que el pijerío se lleva en la masa de la sangre.

Como decía antes, al llegar a adultos los pijas se incorporan a tareas de adultos, especialmente a las de directivo y capataces; otros siguen trabajando por  su hermandad al margen de honores y de cargos. Y un camino que se bifurca nos ofrece la verdadera esencia del pijo: por una bifurcación irá la mayoría, es la que lleva al trabajo, el sacrificio, la entrega incondicional, a las trabajaderas, como ya está ocurriendo con el Escarchao, el Tierra y el Robertote; por la otra, un desvío para minorias, circulará un personaje derivado del pijo, vamos, lo que viene a ser como un pijo maduro ahora en forma de pamplina, porque no olvidemos que el pamplina también es un personaje indispensable en este complejo y querido mundo cofrade, y del que por supuesto nos ocuparemos en su momento. Y es que como dice el refrán: quien nace lechón...

MOJARREANDO. EL SEMÁFORO MAABAJO, MAABAJO

MOJARREANDO. EL SEMÁFORO MAABAJO, MAABAJO

Desde hace unos días, el Ayuntamiento ha puesto en funcionamiento un semáforo a la altura de la calleja del Rancho Grande. Sin duda se trata del paso peatonal más utilizado en todo Ayamonte. No hay que olvidar que la barriada de Santa Gadea es la más populosa de la ciudad y ese es el sitio por donde cruzamos todos o casi todos, tanto para ir parriba (ambulatorio, comisaría, juzgados, ayudantía de Marina, etc.,), como para venir pabajo, es decir, al centro. Hasta  aquí bien, nada que objetar, era sumamente necesario porque los conductores de desesperaban al ver como nunca dejaban de cruzar peatones. Pero, ¿qué pasará en próximo verano cuando se intensifique el tráfico y se formen grandes atascos a la altura de la rotonda?. No se me ocurre otra solución, y creo que en la Concejalía de Tráfico ya lo habrán pensado, que a ciertas horas dejar en intermitencia la luz para los conductores, que así, aunque la de peatones esté en verde pueden continuar la marcha si en ese momento no cruza nadie. O poner allí a mis amigos Benito Ramírez, Carrega o Castellano, o recuperar al hermano Correa pagándole un plus de disponibilidad.

Pero digo yo una cosita con esta mojarrita fina que caracteriza al blog: ¿no había otro sitio mejor?. Recuerdo que ese paso de peatones no existía, que había otro a la altura de la Mericambá, así quedaba mucha más distancia hasta la rotonda. Pero claro, esta es la opinión de un profano, seguro que la de los técnicos que estudiaron el proyecto es más autorizada.

De todas maneras, como el libro de los gustos sigue en blanco, y la opinión es libre siempre que sea respetuosa, yo creo, modestamente, como diría mi amigo el Litri cuando dirige el paso de Padre Jesús al pasar bajo el dintel de la puerta de la iglesia del Salvador, que ese semáforo estaría mejor “maabajo, maabajo”.

PASARELA RIBERA. Capítulo II. La dignidad encontrada.

PASARELA RIBERA. Capítulo II. La dignidad encontrada.

Resulta difícil de entender. Pero a veces las desgracias, la venida a menos después de haber disfrutado de una gloria ficticia desde el principio, nos hace ser mejores personas, más válidas y sobre todo, más dignas. Este es el caso de un personaje de nuestro entorno cofrade que disfrutó durante años de su particular “Pasarela Ribera” a golpe de talonario. Su vida, especialmente la capillita, estuvo siempre revestida de oropel, sin más color que el verde de los billetes de la época.

Sentado a la puerta de una céntrica cafetería, ante una copa de coñac, mata el tiempo, indiferente a todo lo que le rodea, aunque siempre despierto y presto a una conversación, Manuel Soldado Martín, más conocido por Manolo Soldadito, o simplemente por Soldadito. Aparentemente no piensa en nada, como si la vida hubiera dejado de preocuparle; hoy sólo se ocupa de los avatares del diario, cómo ventilarse el pan de cada día, no necesita más, ni tampoco lo ambiciona.

Manolo Soldadito tuvo la desgracia de nacer rico, lo que enervó en él cualquier tentación de trabajar o de asumir alguna responsabilidad. Manejó siempre el dinero con asombrosa fluidez –sus padres nunca pusieron objección alguna a su constante demanda, no para vicios, que creo no los tenía, sino más bien para caprichos, los propios de un niño rico y mimado-. Fue presidente de un equipo de fútbol, de una asociación de cazadores, de la asociación de tiro de pichón, sin que en ninguna de estas instituciones pintara absolutamente nada, salvo a la hora de poner dinero.

Y como no podía ser de otra manera, terminó arribando a una cofradía de penitencia. No sabía nada de la vida cofrade, pero sí sabía –aunque muchos lo han pensado siempre, Soldadito no era tonto- que siguiendo su conducta generosa, soltando billetes, sería bien recibido y considerado. Y así fue como Manolo Soldadito cruzó vara en ristre, la “Pasarela Ribera”.

Los avatares de la vida dieron al traste con  todos los planes de Soldadito, cayó en desgracia en todos los órdenes, de lo que no es menester hacer aquí especial referencia. Al venir en desgracia económica, vino también en desgracia en todo lo demás que había cultivado desde la más pura apariencia. Fue ninguneado y pronto olvidado en el seno de su propia hermandad, aquella que lo había elevado a categoría de gran protector, poco menos que miembro imprescindible de la junta de gobierno, a la que perteneció desde el mismo momento en que depositó el primer talón bancario en su tesorería.

Mas un día, inesperadamente, Soldadito notó que su vida daba un vuelco, que por primera vez notaba que su vida sí podía tener sentido, que podía ser útil aun en la pobreza, que aquella “Pasarela Ribera”, puro paripé, podía convertirse en algo real, fructífero, digno. Y fue que encontrándose en la capilla del Nazareno de su devoción, notó que un pliegue de la túnica quedaba algo torcido. A su espalda oyó cómo el mayordomo de la cofradía le decía: no le des vueltas, ese defecto lleva así años, nadie sabe ponerle remedio, ni siquiera gente de Sevilla que ha venido expresamente. Sin contestar, Soldadido tomó el pliegue en sus manos, miró el rostro del Señor con mirada de plegaria, y tras dos movimientos habilidosos logró enderezar el pliegue. Asombrado el mayordomo llamó al hermano mayor para que fuera testigo de aquella especie de milagro. A partir de aquel incidente, Soldadito recuperó un puesto destacado en la cofradía, sin vara, sin ninguna insignia, ya no cruzaría más la “Pasarela Ribera”, ahora esa pasarela se iba a circunscribir al entorno de aquella capilla: Manolo Soldadito recibió el encargo de vestidor de la imagen.

Me siento un rato a su lado, conversamos de cosas banales, y a veces serias. Le veo tranquilo, feliz, cuenta con el amor de los suyos y con suficiente habilidad y agallas –quién lo hubiera dicho años atrás- para ganarse el pan de cada día. Ni quiere más, ni le hace falta. Manolo Soldadito, -paradójicamente-, encontró la dignidad, la paz, se sintió útil a sí mismo y a los demás precisamente cuando nada material tenía que dar a cambio, cuando en sus bolsillos no había más dinero que el necesario para pagar la copa de la que disfruta, cuando la “Pasarela Ribera” dejó de ser una pesadilla, que es así como hoy la recuerda.

PASARELA RIBERA. Capítulo I.

PASARELA RIBERA. Capítulo I.

Al destacado cofrade ayamontino, Manuel José Santana Miranda, popularmente  conocido por el Santa, algo que a él le hace poca gracia, salvo cuando le dicen don Santa, que es harina de otro costal, le gusta la pesca con caña sobremanera, hasta el punto que esta tarde de un otoño bien avanzado, fría y ventosa, no ceja en su afición, y aunque refugiado en el interior de la cafetería la Esquina la Dársen, situada en la esquina del Muelle de Portugal con la avenida de Villarreal de San Antonio, lugar donde combaten todos los vientos, sobre todo el que sopla esta tarde, el temido Poniente, tiene lanzadas tres cañas en la esquina de la doca, que es como los ayamontinos suelen llamar a su dársena. No las pierde de vista, por eso espera que llegue a la cafetería Pedro Suárez, uno de sus fieles colaboradores en las tareas cofrades, que además es el encargado de uno de los varios comercios que don Santa regenta en el centro del pueblo. Pedro es también un gran aficionado a la pesca con caña, aunque muchos dicen que esa afición le viene desde el día que en don Santa lo “pescó” para su hermandad. En todo caso, cuando el señor Santana Miranda pesca, su fiel colaborador leva las cañas para empatar los anzuelos, reponerlos si han perdido, enganchados en una piedra o un cable del fondo del río, limpiar la tansa y la plomada de limo, etc.. El Santa sólo las levanta cuando siente que alguna pieza ha picado y así disfrutar del momento de la captura.

 Al señor Santana lo de la Semana Santa le viene de herencia. No es el primer caso. Es lógico que los hijos colaboren con sus padres en todos los menesteres, y en esto de las cofradías terminan produciendo el efecto hereditario. Esta es mi hermandad, la que fue de mi padre y de mi abuelo. Y al ser hijo y nieto único, miel sobre hojuelas para considerarse más dueño todavía.

 Como hermano mayor, Manuel José Santana es muy habilidoso, en su junta de gobierno cuenta con varios profesionales, que a cambio de la esfímera pero muy deseada gloria que ofrece la “Pasarela Ribera”, trabajan con denuedo y constancia para la misma. Que hace falta un carpintero, lo tiene en su hermandad; que hace falta un mecánico, un electricista, lo que se tercie, en todo momento cuenta con el especialista que se necesite.

Pero ha llegado el momento en que se hace necesario un nuevo fichaje, de ahí que el hermano mayor se haya citado con su mayordomo, en la cafetería Esquina la Dársena, a la que espera arribe alguien que, sin saberlo, terminará formando parte de la junta de gobierno. Desde hace tiempo se está haciendo necesario dar un buen repaso a la casa-hermandad, que presenta grandes desconchados y humedades. Se necesita para ello un buen pintor de brocha gorda que afronte la tarea, sin cobrar, claro, pero eso sí, a cambio de una insignia que portará ufano y glorioso por la “Pasarela Ribera”. Se le nombra vocal de algo y aquí paz y luego gloria, que a nadie  amarga un dulce, y nuestro Paseo, convertido en pasarela, no es un dulce a secas, es la mayor y más apetecible de las tartas ayamontinas.

 Desde la Rambla del Consorcio, camino de la cafetería, viene un indivíduo de gran estatura, seco de carnes aunque prietas, se nota cómo afloran los nervios sobre la piel. Quemado más que moreno, como resultado de su constante exposición al sol como pintor y blanqueador. Viene acompañado de Vicente Reguero, otro de los colaboradores fijos de la hermandad y directivo de la misma. No fue fichado por ostentar una especialidad profesional que pusiera al servicio de la hermandad. Vicente fue fichado para una de esas actividades colaterales de la cofradía: las sardinás que organiza el hermano mayor, en cuya elaboración es un auténtico especialista. Es también empleado del señor Santana como encargado de una casa de comidas que este posee junto al Canto de la Villa, cerca del parador. Todo queda en casa, que diría alguien.

 El encuentro está a punto de producirse. El resultado, más que previsible para el anfitrión y sus colaboradores, será, sin embargo una sorpresa para Serafín el Largo, que así es conocido el pintor. Poco se imagina que hoy podrá hacer inmensamente feliz a su mujer, aunque ello le supondrá un considerable gasto en rasos, toquillas, peinetas, porque por la Pasarela Ribera hay que ir elegantes, no faltaría más.

PASARELA RIBERA. PRESENTACIÓN.

PASARELA RIBERA. PRESENTACIÓN.

Pasarela Ribera es una metáfora que nace de mi mente calenturienta y de mi inocente y fina mojarra. Responde a la necesidad de encontrar un elemento literario que abarque las vicisitudes, sueños, deseos, ambiciones, altruismos, sacrificios, del mundo cofrade, tan complejo y a la vez tan difícil se entender a veces. Costaleros agnósticos, capataces que no pisan un templo en todo el año, gentes que van a servir y otras a servirse, celos, envidias, afanes desmedidos de figurar, de tratar de ser alguien importante, otras que se entregan con denuedo, afán, desinterés, humildad. La viña del Señor en todo su esplendor.

Media hora de efímera gloria es suficiente para muchos, y esa media hora se consume cruzando el Paseo de la Ribera, nuestra particular pasarela, participando en una procesión, portando vara, estandarte, bandera, cualquier insignia. Otros muchos permanecen en el anonimato, la conciencia tranquila fruto del desinterés, la devoción auténtica. Pero todos, por usarla o no, están sujetos a los dictados de la Pasarela Ribera, en ella se encuentra la auténtica vara de medir de este mundo tan real como ficticio, tan auténtico como figurativo.

El trabajo que vamos a iniciar en Mojarrafina, es una especie de ensayo novelado, un género que en sí mismo no existente pero que nosotros nos vamos a permitir el lujo de crearlo. Ensayo porque refleja una observación minuciosa del mundo cofradiero, todo según el prisma del autor, y novelado porque en su descripción, en su estudio, aparecen personajes ficticios, aunque el lector, como suele ocurrir en estos casos, busque similitudes. Inevitable. A este respecto sólo nos queda decir, en cuanto a los personajes que aparecerán, que todo parecido con la realidad no será mera coincidencia… a veces.

Publicaremos el trabajo por capítulos, en forma novelada como queda dicho, sin que haya correspondencia entre uno y otro, salvo llegado el momento en que personajes, situaciones, acciones, anécdotas terminen coincidiendo en un lugar inevitable: la “Pasarela Ribera”.

Esperamos y deseamos sea del agrado de los blogueros.

MOJARREANDO: PRESENTACIÓN DE "LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS". CONSUMATUM EST.

MOJARREANDO: PRESENTACIÓN DE "LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS". CONSUMATUM EST.

Por fin llegó el esperado momento, llegó y pasó agradablemente, a gusto de todos. La presentación de “La peculiar forma de hablar de los ayamontinos” puede calificarse de exitosa. Un agradable ambiente en el salón de actos de la Casa Grande así lo atestigua, un ambiente que desprendía aromas de amistad, de paisanaje, de ganas de compartir cosas que nos son comunes.

Lecciones magistrales de la mejor locutora del mundo mundial y parte del extranjero, y del presentador de la obra, el inefable “Perito”, que nos ofreció una perla sin pulir, pulirla nos corresponderá a los demás cuando nos deleitemos con su recuerdo. Lección magistral de despiste del citado: quedó por leer un folio interesantísimo que espero lo pueda hacer algún día. Los años no pasan en balde, José Manuel, y aunque en eso te gano ya debemos tener cuidado todos los de la generación. (En el blog ya ha aparecido un comentario referido al “saltafolios”: guasita que tienen tus amigos... o lo que sean).

Buena aceptación del libro, de unos setenta asistentes se vendieron unos cincuenta ejemplares, y los próximos días 23 y 24 del presente mes, pondremos sendas mesas de firma respectivamente en la cafetería el Passage y en la calle Trajano, a las puertas de Todocasa.

Y decir por último que hoy mismo, en las librerías de Martín, en el Salón, y en la de Pepe Silveira, en la Laguna, se pueden adquirir ejemplares de la obra, además de en los otros sitios que a continuación se relaciona, a partir del lunes.

Y nada más, sólo me queda dar las gracias a todos.

LUGARES DONDE SE PUEDE ADQUIRIR EL LIBRO A PARTIR DEL LUNES DÍA 12:

Librería Martín, Salón de Santa Gadea.

Farmacia de Angel Rodríguez Revuelta, Salón, calle Zufre.

Papelería de Pepe Silveira, en Plaza de la Laguna.

Tienda de modas de Mayka en calle Cristóbal Colón.

Imprenta Papelería Ibérica, en calle Médico Rey García.

Librería Nobel, en Avenida de Andalucía

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. EN VÍSPERAS DEL JALLAO.

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. EN VÍSPERAS DEL JALLAO.

En esta tarde gris, de jureles que se pegan al pescuezo y amenaza con tormenta y fusilazos, empiezo a preparar el acto de la presentación de “La peculiar forma de hablar de los ayamontinos”. Vamos a ver cómo salimos de este nuevo jallao, pues me da miedo no sea que todo termine en una fangá. Al menos espero que los asistentes no se vayan sirgando al terminar el acto y pidan un libro de la mocha que se ha preparado con esmero para enguaar al personal.

Más de uno me tachará de flujoso por haber cambiado otra vez de hermandad donataria de una obra mía, pero siempre es bueno dar estas pegaítas, que todos están necesitados de pelas.

Ganas me darán de tomarme un cacharro cuando llegue a la calleja del Rancho, a las puertas del viejo zampuzo, acompañado de una platerita de aceitunas de las que aliñaba José y un buen riquitrún como los que vendía el simpático “Molletero”.

Espero que mis amigos de la hermandad de Jesús Caído no queden fulíos con esta aventura, todo lo contrario, que se embolsen una buena jarampa.

Habrá que ir elegante, al menos presentable, vamos, un poco encartonao, y a falta de cohetes podríamos celebrarlo quemandado unas restralleras, aunque algunos se asusten y salten como gañafotes por entre las viejas magueleras del Callejón Largo.

Suerte a todos. Aquí quedamos, ya en vísperas, esperando el aguaje, que esperamos sea favorable.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. TERTULIAS DE BARBERÍA.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. TERTULIAS DE BARBERÍA.

Eran las antiguas barberías lugares idóneos para las tertulias, generalmente dedicadas al fútbol, a los toros y a los espectáculos folklóricos en general. Y no cito  las políticas por la sencilla razón de que con el régimen vigente eran poco menos que imposibles.

El maestro barbero era un tertuliano más, y ello sin dejar el trabajo, y los temas brotaban de una manera espontánea, como suele decirse, de sopetón. Una de esas barberías en que proliferaban las tertulias, especialmente sobre toros dada la reconocida afición del maestro, era la de Francisco Romero, o sea, el maestro Curro el barbero, y uno de los tertulianos fijos, aunque no era aficionado sino más bien lo contrario, el abogado Celestino Rios, espíritu de contradicción por naturaleza, de ahí que se dedicara a llevar la contraria a los demás tertulianos taurinos. Pero nunca llegó la sangre al río, ni mucho menos.

La foto que ilustra este artículo es  de las que hacen época por los personajes que en ella figuran, especialmente los dos citados. En primer término, sentado, aparece el señor Billarín –creo que se escribe así-un viejo entrenador del Ayamonte; de pie al fondo, Pepe Ortega, funcionario municipal; de pie a la derecha de la foto, el cuñado de Pepe el zapatero de la calle Tarpeya, el abuelo de Elo la mujer de Manolo González Nisa, y en el centro, el maestro Curro el barbero, y el abogado Celestino Rios, casi ná.

Anécdotas de estos dos personajes podríamos contar a porrillo, siendo la más conocida aquella que relata como el maestro Curro, cuando quería pegarse un par de lingotazos, iba nada más y nada menos que desde la barbería en calle San Diego hasta la calle Calvo Sotelo, hoy Hermana Amparo, esquina a calle Huelva, donde su tocayo Curro Cabrera, padre del inolvidable Currito el practicante, tenía una taberna. Allí se jincaba un par de cacharros, pero antes había cuidado de que el cliente de la barbería no se fuese, y para conseguirlo lo debaja enjabonado y a medio afeitar. El pobre se asobama a la puerta de la barbería esperando el regreso del maestro mientras el viejo Sotito reía a las puertas de su zapatería. Hay que aclarar que el maestro barbero le había dicho a su cliente que iba “a cambiar”. Qué tiempos, qué personajes. Añoranza pura.

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. HOY: ESPERANDO EL AGUAJE.

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. HOY: ESPERANDO EL AGUAJE.

Cuando sólo faltan catorce días para la presentación del libro “La peculiar forma de hablar de los ayamontinos”, escrito por el administrador de este blog, traemos hoy a colación una de las nuevas expresiones que se recogen en el mismo, para ser más exacto la que cierra esta segunda publicación, que ya se sabe que se trata de una edición considerablemente aumentada, casi treinta expresiones más que en la primera. Dicha expresión es una frase muy repetida entre los ayamontinos utilizando como en tantas ocasiones el lenguaje marinero tan nuestro: esperando el aguaje.

 

¿Qué queremos expresar con esta frase?. Muy sencillo, nos referimos a  un sustantivo muy corriente en nuestra riquísima Lengua: la ocasión. Y es que en la vida casi todos nuestros logros dependen, primero, de que se presente la ocasión, y segundo, de saber aprovecharla, de no dejarla ir, porque lo más seguro es que no vuelva, sobre todo si la estamos esperando desde hace mucho tiempo.

 

Pero los ayamontinos, con nuestra peculiar forma de hablar hemos sustituido el sustantivo ocasión por el de aguaje, esa situación de las mareas que se nos antoja más favorable: se espera el mejor aguaje para salir o entrar por la barra, para pescar, para regresar a puerto. Y en la vida cotidiana cada día esperamos el mejor aguaje para hacer efectivos nuestros propósitos, para conseguir aquello que anhelamos, lo que nos hace falta, o nos viene mejor. Precisamente en estos momentos de profunda crisis económica no hay mejor aguaje que esperar que el anuncio de rebajas en toda clase de productos y allá que vamos a aprovecharla.

 

Tanto la hermandad de Jesús Caído como el autor que suscribe, esperamos ansioso que llegue el día 11 de diciembre para encontrarnos con muchos paisanos en el auditorio de la Casa Grande. Un aguaje muy deseado y que a la vez nos llena de ilusión . Ojala se cumplan nuestros deseos. Y que todos disfrutemos del momento.

AVISO A NAVEGANTES.

AVISO A NAVEGANTES.

Artículo publicado en el blog “lasevillanuestra.over-blog.es”, del que es director y administrador don  Antonio García Rodríguez, conocido cofrade sevillano, secretario de la Hermandad de la Macarena, concretamente del Rosario macareno, con el que guardo una buena amistad desde hace muchos años. De esta forma la noticia de la presentación del libro será del conocimiento de ayamontinos que vivan  en Sevilla y provincia, incluso de muchos sevillanos que nos visitan asiduamente, especialmente en verano, y que pueden interesarse por el mismo.

 

Hace ya algunos años, mi buen amigo Trinidad Flores Cruz, ayamontino de pura cepa, me invitó a que le presentase un libro que, sobre la Semana Santa de Ayamonte, había concebido durante su periplo sevillano, como abogado en las dependencias Judiciales de la Delegación de Defensa de Sevilla. La nostalgia con la que siempre se refería a su tierra, y muy especialmente en lo referente a sus principales fiestas religiosas, me descubrieron a una persona de sensibilidad exquisita, de profunda preparación religiosa y con unas convicciones sociales y personales extraordinarias. He de reconocer que cuando leí el libro me sorprendí gratamente. La espiritualidad con las que definía las procesiones de Semana Santa de su tierra trascendían más allá de la mera explicación técnica e histórica. Conforme avanzaba en la lectura se iban presentado ante mí una secuencia imágenes que extrañamente comenzaba a familiarizarme con las procesiones, con los lugares y hasta con lospersonajes que las circundaban.

El día de la presentación de su libro acudí lleno de orgullo hasta Ayamonte. En el Auditorio del Centro Cultural "Casa Grande", que viene a ser como el centro neurológico de la sociedad ayamontina, confirme todas mis sospecha sobre Trini, que es como cariñosamente le llamamos sus amigos. El patio de butacas se encontraba a rebozar y los afectos con los que fue recibido certificaron la autenticidad de mi concepción sobre su persona.

Pero hubo algo que me llamó poderosamente la atención, algo que escapaba a mi entendimiento. En el salón adyacente donde, tras el acto se celebró una pequeña recepción, los concurrentes participaban en animadas charlas elogiando al recién estrenado escritor, utilizando entre ellos una terminología lingüística que me confundían. Términos que escapaban a mi entendimiento, acepciones que me descolocaban del contexto en el que se empleaban. En fin, que hubo veces que me perdía y mi perplejidad comenzó a notarse. Ante mi extrañeza, o mejor, ante mi falta de comprensión, Trini me sacó de algunas dudas. Es que los ayamontinos tenemos un peculiar forma de hablar, me dijo en tono pedagógico. Entonces me explicó que la terminología lingüistica venía deribada del acervo verbal de sus habitantes, que habían conseguido conformar este peculiar modo de comunicarse adecuando su vocabulario con palabras que venían en muchos casos a  sincopar dos para conformar una nueva con al que designar una acto, un modo o una actuación laboral. La etimología, en muchos casos, se alteraba para obtener un seudodialecto localista. La verdad que algunas conversaciones, en las que participé aquel día, me fueron difícil de asimilar. Pero ahí radica la grandeza cultural de estos pueblos.

El próximo día once de diciembre mi amigo Trini presentará, en el Auditorio del Centro Cultural "Casa Grande" de Ayamonte, su nueva obra en la que recoge, a modo de diccionario particular, la actualización de otro anterior sobre la "Peculiar Forma de Hablar de los Ayamontinos". Seguramente descubriremos sorpendentes giros y términos con acepciones diferentes a las que se reocoge en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua. Una obra para enriquecer el extenso patrimonio cultural que subyace en los pueblos de ésta nuestra Andalucía y que, con tanto y denodado interés, pretenden denostar quienes sólo nos conocen por las actuaciones vanales de algunos de sus políticos. Pero para éso están estos servidores del acervo cultural de nuestra tierra, como Trinidad Flores Cruz, que nos recuerdan la vasta y elocuente ilustración de los andaluces, ya construían saladeros industriales y comerciaban con otros pueblos cuando, en algunos lugares se cubrían sus vergüenzas con taparabos y no emitían más que algunos sonidos guturales como medio de expresión y comunicación. En Ayamonte, con toda seguridad, ya buscaban nuevas palabras. ¿Verdad Trini?

 

MOJARREANDO. COSAS AYAMONTINAS COMO PATRIMONIO DEL... MUNDO MUNDIAL.

MOJARREANDO. COSAS AYAMONTINAS COMO PATRIMONIO DEL... MUNDO MUNDIAL.

Hace unos días, la Unesco ha declarado el Flamenco patrimonio inmaterial de la Humanidad (aunque parezca mentira todavía hay quien se pregunta qué quiere decir eso de “inmaterial”, en fin, pilarín). Yo creo que con estas declaraciones masivas vamos a llegar a la misma situación que en su día analizaba el maestro Antonio Burgos referente a las coronaciones canónicas, que llegaría un día en que en el título de una hermandad se podría leer algo así como “Nuestra Señora de… no coronada”.

 

Por lo dicho, y teniendo en cuenta que el blog Mojarrafina no cuenta con la universalidad de la Unesco, aunque se le aproxima (no podemos olvidar que es seguido, entre otros, por el gran Pablo Domínguez, el Perlacias, desde el mismísimo Canadá, y por otros blogueros desde “extranjero menor”, como ocurre con el Fa y el Ayaba desde Cataluña), no vamos a caer en la tentación de proponer cosas ayamontinas para que sean declaradas patrimonio de la humanidad, como ha propuesto en el Feisbu el inefable Antonio Correa en relación con el pescaíto frito de Margallo; nosotros, más modestos, y en recuerdo de Vicente el Chocitos, aquel inolvidable ayamontino que hablaba con las palmeras, vamos a proponer la designación de nuestras cosas como Patrimonio del Mundo Mundial.

 

Así que si quiere Antonio Correa, podemos empezar por el pescaíto frito de Margallo como primera propuesta, a la que yo quiero sumar la de las aceitunas aliñás del recordado José el del Zampuzo; las plateritas ovaladas que utilizaba Paco Cortada para servir las tapas; el león del viejo buzón de correos de la calle Huelva; la campanilla de la casa de Manolín Feu en la misma calle; la mesa camilla que utilizaba la madre de nuestro amigo Enrique Arroyo para preparar las letras de cambio que íbamos a pagar a su domicilio, que era a la vez el domicilio social de la corresponsalía del Banesto; los metros de madera que con maestría manejaban pañeros tan acreditados como Manolito el Lápiz o La Parreña; los cartuchitos de pólvora que preparaba Cayetano Ojeda; la fábrica de gaseosas de los Cabrera, etc., que no quiero continuar para dejar abierta la ventana a todos los blogueros, aunque no puedo dejar de citar el famoso cuarto litro de vino mesturao que despachaba el Gordo el Queveo anca Elías.

 

Creo que lo vamos a pasar bien, o al menos distraídos, con estas propuestas. Con esa ilusión escribo este artículo. Adelante, blogueros, esperamos vuestras propuestas con el buen humor que os caracteriza.

Y para terminar, me vais a perdonar esta dosis de presunción: propongo sea declarada Patrimonio del Mundo Mundial, "La peculiar forma de hablar de los ayamontinos".

AVISO A NAVEGANTES. ELECCIONES PATRONALES: LA HORA DE LA VERDAD.

AVISO A NAVEGANTES. ELECCIONES PATRONALES: LA HORA DE LA VERDAD.

Hace unos días publicamos en el blog un artículo referido a las próximas elecciones en el seno de la hermandad de Nuestra Señora de las Angustias, elecciones que cuenta con una sola candidatura, la de José Manuel Martín Frigolet.

En el mismo se hacía hincapié en la necesidad de que votara el mayor número de hermanos posible, no sólo porque los estatutos exigen un mínimo del veinte por ciento, cuestión que si no se cumple tengo entendido que se puede solucionar en una segunda vuelta, sino porque cuantos más votos obtenga el candidato mayor será su legitimación moral, lo que le servirá de aliciente para afrontar la compleja tarea del gobierno de la hermandad.

Pues bien, ha llegado el momento. Dentro de cuatro días, el viernes 19, tendrá lugar el acto de la elección.

Y el Blog Mojarrafina Ayamontina, se digna en invitar a todo el cuerpo de hermanos a fin de que la asistencia al acto sea, si es posible, no abundante, sino masiva. Sí es así, se podrá sacar a hombros al flamante nuevo presidente, aunque ello será tarea árdua por razones obvias. De momento, como ese día estaré en Hins Al Faray por razones de fuerza mayor, me evito el problema.

En serio, como siempre, a votar, hermanos, que merece la pena y la Virgen será la primera en agradecerlo. Ahí queó, amén Jesús.