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Mojarra Fina: El Blog de la Mojarra Fina Ayamontina

SEMANA SANTA. TIEMPO ORDINARIO. 1: ELECCIONES EN EXCOMBATIENTES

SEMANA SANTA. TIEMPO ORDINARIO. 1: ELECCIONES EN EXCOMBATIENTES

Acaban de  celebrarse elecciones en el seno de la Hermandad y Cofradía de Excombatientes, y según me informan, ha sido elegida para el cargo de Hermano Mayor mi buena amiga y admirada Mercedes Paul, pero vamos, ya a nombrar, vamos a ser correctos: Mercedes Natividad de Paul García. No sé por qué cuando escriben su nombre se omite el “de”.

De antemano digo: me alegro por Mercedes, pues era un deseo y ese deseo se ha cumplido. Además, las elecciones siempre son buenas porque traen aires renovados, y la verdad es que en esta querida hermandad últimamente los aires no eran lo que se dice muy respirables.

Ahora tiene Mercedes ante sí la ardua tarea de volver a las esencias de la cofradía: unidad, buen gusto, seriedad hasta en lo novedoso, celoso cuidado del patrimonio, y aunque algunos me tachen de facha, más autoridad y menos democracia, que la democracia, a ver si nos desengañamos de una puñetera vez, no sirve para todo, la democracia en las cofradías para lo único que sirve es para que todos quieran mandar y al final todo venga a resultar como un jalabá de cangrejos vaciado en plena calle Real.

No voy a ofrecerle a Mercedes mi colaboración porque no creo que le haga falta, pero en todo caso este blog está y estará siempre a disposición de la hermandad que representa.

Y para terminar, amiga Mercedes, una broma de las mías que seguro te gustará porque eres persona con excelente sentido del humor. Verás, ahora tienes la oportunidad de quitar el sobre título de excombatientes porque en los tiempos de su fundación las mujeres no podían ser militares y por consiguiente combatientes; y ahora que pueden serlo, gracias a Dios en nuestra Patria no hay ninguna necesidad de combatir.

Y una reflexión muy seria: fíjate bien en la foto que ilustra este comentario, y atiende bien mi consejo. Mucho cuidado, Mercedes, cuando sientas sobre tu hombro izquierdo posarse una mano y en la mejilla derecha un aliento. Yo no te lo deseo, pero seguro que ocurrirá. ¿O te lo digo en ayamontino?. Pues ahí va. Que tratarán de darte el beso de Judas es viejo.

 

ME LO EXPLIQUE. 13: Hacienda somos todos

ME LO EXPLIQUE. 13: Hacienda somos todos

Cuando Zapatero no pudo aguantar más y defenestró a aquel ministro lenguaraz apellidado Bermejo, el cazador furtivo, todos nos hicimos a la idea de que no volvería a tropezar en la misma piedra y que nombraría a otro que no dijera tonterías de esas que ofenden la inteligencia de cualquiera que se precie.

El señor Caamaño, nuevo ministro de Justicia, habla poco, pero cuando lo hace, vaya tela marinera. En una reciente comparecencia ante periodistas se ha destapado con un tópico más conocido que aquel señor de Lepe con el que iba otro señor vestido de blanco que era el Papa: Hacienda somos todos. Premio para el señor ministro.

¿Por qué dice esto el señor Caamaño?. Muy sencillo, porque como todos somos Hacienda, los delitos fiscales afectan a todos, y por eso el Gobierno viene obligado a personarse como acusación particular en el procedimiento penal. O sea, que el Gobierno se personará con tal carácter en la reciente trama que se sigue a unos cuantos “inocentes” del PP.

Pero digo yo, señor ministro, si no es mucho preguntar: ¿se va a personar el Gobierno en todos los procedimientos penales que se siguen en España por delito fiscal?, ¿o para los que no afecten al PP bastará con la intervención del Ministerio Público?.

Porque desde luego, si Hacienda somos todos unas veces y otras no, por favor, me lo explique, señor ministro, me lo explique.

 

ICONOGRAFÍA DE LA SEMANA SANTA AYAMONTINA. Extra: la magnífica exposición de miniaturas de la Asociación Juvenil El Solá

ICONOGRAFÍA DE LA SEMANA SANTA AYAMONTINA. Extra: la magnífica exposición de miniaturas de la Asociación Juvenil El Solá

Cuentan que cuando los impresionistas presentaron sus primeros trabajos en una exposición, algún crítico del ámbito realista, son sorna y cierta mala uva, pronunció la famosa frase: “da la impresión….”. Por el solo hecho de que a aquel realista le daba la impresión de que estaba delante de un cuadro, el movimiento impresionista fue así nominado. Y es que el impresionismo se caracteriza esencialmente porque te produce impresión de realidad lo que son trazos aparentemente informales y sin sentido. El pintor impresionista no pinta a una persona sonriendo, eso lo hacen los realistas, ellos pintan un solo momento de esa sonrisa, distinta a todas las anteriores y a todas las que después vendrán, captan el momento de la vida.

Dicho esto, quiero expresar a esos incansables jóvenes de la Asociación El Solá, con mi amigo Curro al frente pues nunca se retirará del todo, mi admiración por su obra, y manifestarles la gratísima impresión que causa la exposición de miniaturas expuesta en la sede de Agrupación de Cofradías, a mí, al menos, me dejó poco menos que alucinado.

Hay gente que se fija en los parecidos o en la exactitud de una talla, por ejemplo. Creo que eso no tiene gran importancia. Lo que realmente importa es que cuando diriges la mirada a la exposición te de la impresión de estar viendo realmente nuestros pasos y su entorno procesional.

Pero una cosa es el parecido y otra el montaje. Que el Cristo tal se parezca al que representa, repito, no tiene importancia, aunque hay casos como el del Cristo muerto en el regazo de la Virgen de las Angustias que está lo que se dice, clavado.

Ahora bien, si la exposición  se refiere a la muy recordada Procesión Magna de 1991, lo del paso del Descendimiento de la Cruz tiene que tener una explicación y espero obtenerla. En el paso de misterio original, el Cristo tiene aun una mano clavada a la cruz, en el miniatura figuran los dos brazos caídos; en el original la cabeza del Señor descansa en la cara de uno de los varones, en el miniatura los dos varones permanecen separados; en el original hay dos mujeres, la Virgen y María Magdalena; en el miniatura figuran tres. Todo ello me hace pensar que el paso representado en miniatura no es el de Ayamonte, pero en ese caso, ¿por qué se incluye en la Magna del 91?.

Que conste que este análisis lo hago desde el cariño y el respeto, simplemente es una curiosidad, me ha llamado poderosamente la atención las diferencias. Lo del cura en la Tribuna Oficial tampoco me lo explico. En fin, comparados estos detalles con lo grandioso y admirable de la obra, todo queda en pecata minuta.

Si alguno de los miembros de la Asociación quisiera explicar la cosa, se lo agradecería.

 

MOJARREANDO. 54: el asentamiento fenicio en la Villa

MOJARREANDO. 54: el asentamiento fenicio en la Villa

Andamos los ayamontinos estos días de novedades históricas, aunque parezca la expresión contradictoria. El llamado Túnel del Boquerón, en la Villa, de cuya existencia se sospechaba hace mucho tiempo, ha venido a desembocar en algo que puede resultar importantísimo para nuestra historia, y por tanto, nuestra actualidad: el descubrimiento de lo que presumiblemente se trate de un asentamiento fenicio.

A mí, francamente, ignorante en estas cuestiones, no me ha extrañado. Cuando leo referencias al reino de Tartessos, ese misterioso reino que fuera la primera civilización conocida, del que se dice que tenían mil leyes escritas en versos, y observo en los mapas su ubicación a lo largo de la cuenca del Guadalquivir e incluso del Guadiana, con referencias a Gibraleón, Nerva, Cartaya, etc., no puedo por menos pensar que estando Ayamonte situada a orillas del mar, hasta aquí llegarían los tartessos, cuánto más los fenicios.

Pero serán los arqueólogos, los antropólogos, los expertos, en definitiva, quienes pronuncien la última palabra. De momento, un técnico ya ha parado los pies a un precipitado reportero de la televisión municipal en relación con la “gran importancia turística del descubrimiento”. Ya nos vemos poniendo una barandilla-guía de entrada y salida, con un despacho automático de tiques a las puertas de Paco Hidalgo, y al Bomba y a su cuñado Curro sirviendo de guías a los guiris. Tal técnico dijo que no había que precipitarse, que en todo caso lo encontrado eran restos de vajillas sin duda de fabricación fenicia.

Digo yo que más importante que la cuestión turística lo es la antropológica, la histórica, la cultural, el estudio de que lo que serían nuestras raíces, y ello siempre previa la confirmación final de que el hallazgo es fenicio, no sea que terminemos dándonos con un canto en los dientes.

Yo me voy a permitir una salida airosa y espero se me comprenda, sobre todo por parte de los excesivamente optimistas: a ver si al final esos restos de vasijas de barro no sean más que los que la familia alfarera de los “Cantarito” tiraban como se tiran los sobrantes en todo proceso de fabricación y a través del túnel del Boquerón hayan llegado donde han sido hallados.

Bueno, esta reflexión no es más que una simple broma sin más pretensiones. Ojalá que se sigan descubriendo restos y que todos podamos estudiar más a fondo nuestra más remota historia..

 

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. 69. Hoy: el sajumerio

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. 69. Hoy: el sajumerio

Con esta moda de los acólitos ya creciditos, que vimos en Semana Santa y ahora nos repite el Corpus, viene a cuento una reflexión sobre una palabra, que si bien no es originaria de Ayamonte, sí la hemos utilizado toda la vida y aun hoy que está en desuso.

El diácono, digo, el acólito de la foto, que pinta de diácono tiene por la seriedad que porta que trae ensimismado a su joven ayudante, que sí tiene cara de monaguillo, lleva en sus manos el clásico incensario, cosa lógica tratándose de una procesión, en el caso la del Santísimo Sacramento, y su ayudante le suministra, ¿el incienso?, ¿la alhucema o espliego?, ¿o quizás el sahumerio?.

Tratándose de una procesión, lógicamente estaremos hablando de incienso, aunque no siempre fue así, pues el incienso era especie cara que había de traer de Arabia, la India o Africa. Desde luego, en el Ayamonte antiguo lo que se llevaba era el sajumerio, es decir, la alhucema, pero confundiendo los significados, pus la palabra sahumerio responde al humo que produce una materia aromática que se echa al fuego para sahumar; es también la materia quemada para sahumar, de ahí que antiguamente en Ayamonte se oyera esto: mueve la copa y échale un poquito de sajumerio pa que huela esto; o en las procesiones al monaguillo: niño, échate más pa atrás que me ahogas con el samujerio.

Después vino el refinamiento del incienso, al que los capillitas terminan poniendo nombres que en nada responde a la realidad, simple novelería, a saber: incienso los tres reyes, de palio, de Cristo, de nazareno, etc.

Pero a mí lo que me atrae no es otra cosa que esa imagen irrepetible de mi buen amigo Paco Cecilia, que no se por qué de esa cara de enfado, enfurruñada, como si fuera de mala gana o a la fuerza, con lo que le gustan a él esos momentos litúrgicos; y del muchachito de al lado, que les voy a decir, no tiene más dedicación que estar pendiente del diácono, digo del acólito, para suministrarle el sajumerio ese o como se llame, como dice el salmo: como están los ojos de las esclavas, fijos en las manos de sus señores…

 

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. 68: To er mundo no puede viví en la calle Reá

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. 68: To er mundo no puede viví en la calle Reá

La foto que ilustra este artículo es de esas que atacan mi nostalgia de forma inmisericorde, nos presenta una de las estampas más bellas del Ayamonte recientemente pasado, aunque por la indumentaria de los personajes seguramente debemos situarla a principios del siglo XX, incluso a finales del XIX. Obsérvese la proliferación de jóvenes, más bien niños, que visten gorra de visera y los adultos la inconfundible mascota o sombrero.

Las balconadas son de ensueño, principalmente las que quedan al principio a la izquierda de la imagen, que creo que son las pertenecientes a la vivienda de la familia Infantes Reyes,  aunque en esto no tengo seguridad, destacando asimismo la muy atractiva fachada del antiguo banco Central.

La calle Real no ha cambiado de manera escandalosa, se ha modernizado y conserva alguna reminiscencia de la antigüedad.

“To er mundo no puede viví en la calle Reá”. Era un dicho propio del habla ayamontina del siglo pasado. Y desde luego, a la vista de la fotografía, a nadie se le ocurriría pensar que en un tiempo de mucha riqueza, pero pésimamente repartida, algún trabajador pudiera vivir en esa calle.

La frase era una extraordinaria metáfora popular. Con ella queríamos decir que la sociedad está estructurada de tal manera, que los espacios están repartidos, los urbanos, los sociales, los políticos, los intelectuales. Y como siempre, los que tienen más poder, generalmente derivado de una mayor riqueza, acaparan los más importantes. Si el hijo de un pobre quería estudiar Medicina, seguramente que el padre le contestaría: hijo, lo tuyo será la mar, debes conformarte porque to er mundo no puede viví en la calle Reá.

Afortunadamente fue una etapa superada y hoy esos espacios, aunque siguen existiendo, principalmente en los barrios de lujo de las grandes capitales, tienden a acercarse. Desde luego, nuestra calle Real fue y sigue siendo una calle eminentemente comercial y no muy habitada, y tampoco siempre eran ricos los que en ella vivían. Pero la metáfora ayamontina es inmejorable

 

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 68: La cartilla de racionamiento

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 68: La cartilla de racionamiento

 

Los recuerdos son casi siempre de dos tipos: buenos y malos. Hoy toca hablar de uno de los malos, aunque creo que será bueno recordarlo sobre todo para que lo tengan en cuenta gentes como Rosa Amparo y Mari Trini Flores Pérez; Ernesto, Javier y Alberto Martín Martín; el Alvaro Arenas, el Juanlu Muniz Reyes, el Juan, el Lolo y la Tere González Salgado, y toda esa pléyade de jóvenes que no conocieron, y es mi deseo que nunca lo hagan, el documento que ilustra este artículo: la tristemente recordada cartilla de racionamiento.

Se trataba, como su propio nombre indica, de una cartilla que durante la guerra civil y después de ella, se entregaban a las familias para que pudiera retirar de determinados comercios los productos básicos de la alimentación diaria. Así, contenía cupones de aceite, arroz, azúcar, y sitio también para los sellos de carne, ultramarinos, grasas y panadería. Hasta hace poco tiempo fue utilizada por el habilidoso político Alfonso Guerra, que durante las campañas electorales la mostraba en los mítines para hacerle creer a la gente que con la derecha volverían las cartillas.

Como no era cuestión de dinero, sino de escasez de alimentos, ya que don Francisco Franco y Bahamonde consiguió la hazaña de que medio mundo y parte de la otra mitad nos cerraran las puertas, a los españoles sólo nos quedaba: o el trigo que mandaba Perón; o el queso americano y la leche en polvo de los norteamericanos; o el estraperlo, o la cartilla de racionamiento. O un poco de todo eso, que en más de una ocasión me mandó mi madre a la calle Peña, donde vivía una señora a la que llamaban “Sietemujeres”, a comprar harina de maíz para hacer poleás y que ella traía de estraperlo de Portugal.

En Sudamérica, donde todavía en algunos países, como en la bolivoriana Venezuela de Chaves, se usan estos procedimientos, al boleto que se entrega a cambio de alimento le llaman bt, que quiere decir boleto de trueque. Yo recuerdo que cuando mi padre no quería entregar dinero siempre decía: ni un bintén. ¿Tendrá algo que ver una cosa con otra?. Voy a tratar de hablar con gente mayor que recuerden esta expresión y que me ilustren para incluirla en un  próximo artículo.

Por cierto, ¿ustedes creen que con esto de la crisis los rocieros llevan cartilla de racionamiento, o sigue funcionando la mesa libre?.

 

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 72: la Biblioteca

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 72: la Biblioteca

La foto que ilustra este artículo, como sabrán todos los ayamontinos, corresponde al edificio donde el Ayuntamiento tiene ubicada la oficina de información turística. Se trata de uno de los varios edificios que hay en Ayamonte con fachada de azulejos. Si mal no recuerdo, existen otros afortunadamente bien conservados, como el de la antigua Cofradía de Pescadores; la casa de la familia Concepción, esquina a Galdames; la de la Avenida, en la que vivían varias familias: Cabrera, Gómez, Pereira, Pulido, y seguro que otras más que ahora no recuerdo y prefiero completen este dato los blogueros, sobre todo los emigrantes, que por aquello de la nostalgia saben de estas cosas más que los propios residentes.

Bueno, a lo que vamos. El edificio en cuestión fue durante muchos años, que yo recuerde prácticamente casi todo el siglo pasado, la sede de la Biblioteca Municipal, es decir, la biblioteca, como se decía de forma simplificada. Me apunta mi antiguo vecino y buen amigo Juan Valenzuela que a principios del siglo XX era una especie de casino de los republicanos.

La biblioteca contaba con los grupos de lectores bien definidos. Por un lado, personas mayores que se acercaban al edificio a leer la prensa. De entre esas personas recuerdo perfectamente el que quizás fuese el más asiduo: Emilio Carro, “Pelayo”. El amigo Emilio, entre la prensa de la biblioteca y después las novelas del Oeste, se pasaba todo el día leyendo. El otro grupo era el de la chavalería, que íbamos a leer “Colorines”, es decir, los tebeos en versión ayamontina. Los mayorcillos solían también leer el “Marca” que se encontraba a disposición de los lectores, ya encuadernados. Más de una foto de Gainza y de Zarra figuraban pegadas en mis cuadernos de la escuela, ya se imaginarán cómo llegaban hasta allí.

Como encargado de la biblioteca, un castellano arraigado en nuestro pueblo, polifacético y a la vez polivalente: Antonio Fournier Cutillas. De vez en cuando nos mandaba a callar y no nos dejaba escoger los colorines, él metía las manos en la caja y nos daba el primero que cogía, y no le sentaba muy bien cuando le pedíamos el Marca encuadernado, pues se tenía que levantar y cruzar todo el edificio para entrar en la habitación donde se encontraban. El sabía que al poco tiempo le íbamos a pedir otro.

Los mayores que iban a leer a la biblioteca era gente pobre que ni siquiera podían hacerse socio de los casinos existentes, el Casino España y mucho menos el Círculo Mercantil, aunque como todo tiene su excepción, alguno sí lo sería. Fournier se sentaba creo que en un taburete o silla alta detrás de un mostrador que quedaba a la izquierda según se entraba.

Curiosamente, y tratándose de una biblioteca, habrá observado el lector que no he mencionado los libros. Los había, sí, en varios armarios con puertas de cristales. Pero eran otros tiempos y la verdad es que leíamos poco. Supongo que esos libros se encontrarán en la actual biblioteca, a no ser que le encomendaran su custodia a algún que otro funcionario de los muchos intelectuales que hay en la Casa Grande. En fin, pilarín.

 

MOJARREANDO. 53: Feo rincón en la Laguna

MOJARREANDO. 53: Feo rincón en la Laguna

Yo creo que la gran mayoría de los ayamontinos hemos decidido, sin ponernos de acuerdo, que la Laguna es el lugar más bonito, más hermoso, más agradable, de Ayamonte, y ello quizás se deba, aparte de una realidad meramente objetiva, a que por ella hemos pasado todos, de niños para jugar y de mayores para acompañar en sus juegos a nuestros hijos y a nuestros nietos.

Por ello, cualquier borrón en nuestra emblemática plaza nos debe parecer un horror. A mí, al menos, me lo parece. Y digo esto, porque las otras tardes, deambulando por la misma, me quedé observando la parte que queda por construir, junto en el rincón del bar “El Pupas”, creo que antes “Rincón de Gala”. Es un trozo estrecho, pequeño, que queda entre dos edificios de nueva o reciente construcción.

Lo malo no es que quede por construir ese trozo, sino el aspecto que tiene, que desluce el entorno. Yo no sé si el Ayuntamiento ha hecho alguna gestión cerca de su propietario para que lo adecente, pues el estado de vista es lamentable, máxime con esa ventana abierta y la cortina que sería antimosquitos rota. Creo que bastaría colocar un simple panel de madera pintado en blanco y así dejaría de afear tanto el entorno.

Andamos en crisis económica, pero ese panel costaría tan poco que no creo que mi amigo Antonio Rodríguez Castillo, Ilmo. alcalde, no disponga de tal ínfima cantidad. En todo caso, si lo descuenta de algunos de los emolumentos extras o del presupuesto del Patronato de Deportes, ni se notaría. Porque vaya tela marinera.

 

MOJARREANDO. 52: Zerolo y el bautismo civil

MOJARREANDO. 52: Zerolo y el bautismo civil

La verdad es que no sé que tienen los ritos de la  Religión Católica, que después de ser criticados, despreciados, defenestrados y condenados, vienen los laicos y demócratas de toda la vida y los copian, si quieren subliminalmente, pero los copian.

Ahora ya existen tiendas donde venden trajes de novias para bodas civiles, pero hasta hace muy poco tiempo las demócratas laicas se casaban en los ayuntamientos y salían con el traje talar católico símbolo de la virginidad y la castidad, así, sin rasgarse las vestiduras, incluso los novios sacaban el blanco en los zapatos.

Ahora el Pedrito Zerolo, el rey de los gays, se recrea con el bautismo civil, y nos lo explica de forma que parecemos tontos. A saber: se trata de una “ceremonia civil de imposición de nombre”. Vamos a ver, Zerolito, si tanto habéis criticado y maldecido el bautismo católico porque se imponía un nombre y una religión a un neófito –acto rabiosamente antidemocrático- ¿por qué no dejáis que los bautizandos laicos- civiles- democráticos, elijan su nombre cuando sean mayores de edad o tengan uso de razón para hacerlo?, porque la verdad es que eso de la imposición de nombre no suena muy democrático que se diga, a tenor de la segunda definición del dichoso bautismo civil: “bienvenida democrática”.

O sea, que los que bautizan a sus hijos en las iglesias, y los que, sencillamente, no los bautizan dejando tal decisión para cuando sean mayores, o más sencillamente todavía, porque no les da la real gana, no deben tener nombres y además no pueden disfrutar de los beneficios de la democracia porque Zerolo y compañía no les han dado la bienvenida.

A mí se me ocurre, para rizar el rizo, acuñar un nuevo rito: la defunción democrática- civil. La biológica ya no sirve, los muertos tienen que ser muertos civiles y, y aquí, en lugar de bienvenida democrática sería despedida democrática. ¿Se imaginan al Zerolo impartiendo un “responso civil”?. Claro que en vez de hisopo podía el andoba utilizar otro instrumento… más democrático.

 

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 69: el Rebusco

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 69: el Rebusco

Hay mucha gente hoy día que piensa que el trigo, los peces, los olivos, etc., se presentan en la naturaleza como por milagro, que no hay que sembrar, que no hay que trabajar, en definitiva. Son gentes que no piensan que hoy son lo que son y viven como viven gracias al sacrificio de sus antepasados, de las penurias sufridas. Muchos jóvenes, y digo muchos, no todos, ponen el viernes la manita para que en ella depositen sus padres “la paga”, que por cierto, yo no se por qué le llaman paga cuando esta es una expresión anexa al mundo del trabajo.

Bueno, a lo que vamos. Hace muchos años, con motivo de una guerra entre hermanos, España las pasó canutas como país y consiguientemente los españoles como personas, escaseaban los alimentos y el hambre campaba por sus respetos.

Una de las formas de paliar temporalmente el hambre era aprovechar lo que se llamó “el rebusco”. Consistía la cosa en ir a los campos que habían sido sembrados de habas, patatas, y en los que existían árboles frutales, a arrebañar lo que el agricultor se había dejado atrás en la recolección. Veníamos pa casa con un puñaillo de habas, algunos higos, y poco más.

Curiosamente, cuando hablo de esto en las tertulias en las que participo, en el Casino, en Cortada, en el Costalero, siempre salta el presumido de turno que “nunca fue al rebusco, ni a robar higos, ni a comer a la Casa del Niño”, y te lo dicen a ti, que eras compañero de hambre y de rebusco. Pero así es la vida, que le vamos a hacer.

Por fortuna, muchos sitios a donde íbamos a rebuscar hoy están “sembrados” de otros productos: los adosados. La diferencia es obvia: los productos de entonces servían para comer y estos para meternos en una crisis sin precedentes, en fin, pilarín.

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. 67. Hoy: tomarse un cacharro

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. 67. Hoy: tomarse un cacharro

 

Recuerdo perfectamente que entre los artilugios que manejaban los marineros antiguos para su uso en la mar, se encontraba el llamado pote, que era una simple lata con un asa, en ocasiones aprovechando una de leche condensada y otras veces de barro. Con el pote bebían a bordo, lo mismo el agua, que el café, que el vino. Pero había un matiz importante: te podías beber un pote de café, un pote de agua, pero, amigo, si era de vino entonces lo que te bebías era un “cacharro de vino”. Tan es así que en Ayamonte, en épocas pasadas no se decía lo que ahora de vamos a tomar una copa, lo normal era decir vamos a tomar un cacharro, y no hacía falta aclarar de qué iba a ser el cacharro, porque si era un cacharro, lo era de vino.

En realidad la palabra cacharro nos la define el diccionario como vasija tosca, para usos culinarios; y el pote, como especie de vaso de barro, alto, que se usaba para beber y guardar líquidos y preparados.

Claro que como estamos hablando de una época eminentemente clasista, debemos aclarar que eso de tomarse un cacharro era expresión de gente pobre, los que frecuentaban las tascas y zampuzos. En estos recintos se servía el vino en vasos de cristal, no vayan a creer, que todavía el plástico no había hecho acto de presencia, pero ya nuestros antepasados se habían inventado lo del cacharro y así se quedó por mucho tiempo, incluso hoy, poco, pero si sigue escuchando.

A los antiguos cargadores de los pasos de Semana Santa, cuando llegaban a la calle Estrella, al parar el paso en la puerta del “Rancho”, se salía a tomarse un par de cacharros de vino peleón, que poco más llevarían dentro.

La foto que ilustra el artículo es de un dibujo de mi amigo Enrique “Alí”, que sirvió para ilustrar mi primer libro: la peculiar forma de hablar de los ayamontinos, y vemos en ella a algunos ayamontino tomándose unos cacharros de vino anca José el del Zampuzo.

 

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 70: el Muro de Canela

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 70: el Muro de Canela

A partir de los primeros años de los sesenta del pasado siglo, la barriada de Canela, la Punta y las playas, dejaron de estar cuasi aisladas del centro urbano de Ayamonte. El estero de la Ribera y el de Canela formaban dos islas, la de Santa Gadea y la de Canela, a las que se llegaba, como ya tuvimos ocasión de explicar hace poco en estas mismas páginas, mediante dos pateras.

Pero algo más merece la pena destacar en estos recuerdos nostálgicos de nuestro Ayamonte del pasado. Y en esta ocasión le toca a una vía de comunicación sui generis, que enlazaba la orilla derecha del estero de la Ribera con la izquierda del de Canela. Su nombre aparece en nuestra reciente historia con cierta connotación contradictoria, pues si bien un muro sirve de suyo para separar –por todos valga el ejemplo del de Berlín y el que ahora construyen los israelitas para aislar a los palestinos de la franja de Gaza- el nuestro servía para todo lo contrario, es decir, para unir. Estamos hablando del recordado muro de Canela, aunque en verdad el dicho muro se situaba en Santa Gadea, pero como nos llevaba hasta la orilla del estero canelero de ahí que se conociera como el muro de Canela.

Obviamente era un muro de fango endurecido. Ignoro como fuera construido, quizás mi amigo Enrique Arroyo pueda ilustrarnos, pero desde luego reunía todas las condiciones, morfología y antigüedad como para recordar aquellos versos de Machado: “caminante no hay camino, se hace camino al andar”.

Al cegarse el estero de la Ribera y construirse el puente de Canela, comenzó de inmediato la urbanización de Santa Gadea y lógicamente el muro desapareció. Desde luego mucho ha ganado Santa Gadea al convertirse en los últimos años en el núcleo urbano más populoso de la ciudad, pero también perdimos un entorno ecológico importante: lagunillas, pequeños esteros, flora, fauna… y mosquitos, que también hay que decirlo. Vaya una cosa por otra, o como dijera Maquiavelo: “el fin justifica los medios”. Claro, que habrá que añadir que no siempre, por supuesto.

 

MOJARREANDO: 51: Ayamontinos por las arenas

MOJARREANDO: 51: Ayamontinos por las arenas

Premisa A): no soy rociero; premisa B): tampoco soy romero; premisa C): no se me dan ni el baile ni el cante. Y la más importante de todas las premisas: me merecen gran y sagrado respeto todas aquellas personas que se sientan romeros, rocieros y que además le den bien a las sevillanas, tanto para cantarlas como para bailarlas.

Ocurre que cuando uno se expresa en estos términos muchos rocieros se enfadan porque a pesar de la devoción no terminan por enterarse bien qué es una romería. Para aquellos que no lo sepan, lo explico brevemente: una romería es un acontecimiento que aprovechando una determinada devoción, se convierte en acto festivo en honor de la imagen que se venera y en las cercanías de una ermita, un monasterio o cualquier otro lugar sagrado en el campo o, en todo caso, a las afueras de la ciudad.

Así que queridos ayamontinos rocieros, no os enfadéis porque os digan que vais al Rocío a divertiros, porque es así, vais a divertiros porque como católicos marianos os sentís a gusto festejando unos días alrededor de la Virgen de vuestra devoción. El Rocío no es una estación de penitencia, es una romería, y como tal, repito, un acto festivo, sin perjuicio de que cuidéis, como se ve que lo hacéis, la liturgia de la misa, el rosario y el rezo en general.

He elegido esta foto para ilustrar el artículo, foto que me facilita un buen rociero, aunque es de los de ir y venir, ir y venir, mi buen amigo Manuel Jesús Franco, Franquito. Una foto preciosa que por sí misma explica el contenido de este pobre artículo.

Aprovecho la ocasión para enviar un abrazo a todos los rocieros ayamontinos de corazón, a mis viejos amigos Manolo el Torerito, Paco el Puchín, a Cortada, que a pesar de los años se atreven todavía con las arenas, y por supuesto al Espina y al Godovi. Y como no podía ser de otra manera, un recuerdo especial y sentido para los que este año han vivido el Rocío desde el cielo.

 

AYAMONTE EN EL RECUERDO: 71: el loro de Barberi.

AYAMONTE EN EL RECUERDO: 71: el loro de Barberi.

Hace ya muchos años, el que siempre ha sido el restaurante por antonomasia de Ayamonte, Casa Barberi, guardaba en sí mismo muchos encantos. A saber:

Era el único restaurante del pueblo, y sin  embargo, el Sr. Barberi jamás aprovechó esa circunstancia para convertirlo en un restaurante elitista, los precios de su barra eran normales, tan normales, que a mediodía era frecuente ver a marineros y trabajadores del muelle degustando el “fino Valderas” con aquella tapa inconfundible e irrepetible de arroz de la casa.

Manuel Barberi estaba siempre abierto a dialogar con quien quisiera sentarse a su lado, especialmente si la conversación era sobre puros habanos pues tenía enmarcada toda una colección de vitolas que exhibía con orgullo.

Pero sobre todo, algo destacaba de aquella antigua Casa Barberi, que gracias a Dios hoy permanece ya de la mano de su nieto, y ese algo no era otra cosa que el loro, el conocidísimo y famosísimo loro de Barberi.

Resultaba casi imposible pasar por la puerta del restaurante y no asomarse unos segundos para decirle al loro: maricón. ¿Y qué creen ustedes que contestaba el loro?, pues eso mismo, maricón, además de puta y otras lindezas, porque claro, tratar de enseñarle a un loro, aunque fuera en aquellos tiempos, el Ripalda, era demasiado.

El loro de Barberi era un poco de todos los ayamontinos, no recuerdo que fue de él, pero casi con toda seguridad que moriría de viejo, pues atenciones no le faltaban. Es cierto, como decía antes, que el restaurante sigue en buenas manos y con las mismas premisas, pero hay que reconocer que sin el loro y sin Isabel la Jeringa, ya no es lo mismo

 

MOJARREANDO. 50:Juanito Golosina, el andaluz

MOJARREANDO. 50:Juanito Golosina, el andaluz

El sambenito consiste en cargar con una culpa, un defecto, una calumnia, que no se corresponde con la realidad. Con motivo de una desafortunada frase evangélica, probablemente una simple interpolación interesada, los judíos de todos los tiempos, y no sólo los del tiempo de Jesús, han venido y vienen soportando el sambenito de haber sido los causantes de la muerte del Nazareno.

Y desde que los “graciosos” hermanos Alvarez Quintero retrataron al sevillano y al andaluz en general como señoritos haraganes, flojos y sobre todo “grasiosos”, los andaluces venimos soportando ese sambenito de la grasia y del olé y del mi arma.

Pero eso no es lo peor, lo peor es que ha habido y hay andaluces que explotan ese sambenito en su beneficio sin el menor pudor, dejando así en ridículo a toda una comunidad.

El último caso nos lo ha ofrecido ese mi arma grasioso y friki  número uno defensor de la Lola de España llamado Juan y conocido por el Golosinas. Este grasioso ha participado en un concurso televisivo, y a la vuelta del mismo ha sido entrevistado en el programa de Ana Rosa Quintana, y como no, enseguida salió a relucir todo ese arte del olé y de la grasia salerosa, y no le dolieron prendas en bailarse unas bulerías o algo por el estilo acompañado de ese gran andaluz que es el conde Lequio y de otra invitada llamada Belén Rodríguez, que naturalmente también es muy grasiosa. El resultado fue el de siempre: lo andaluz quedó en ridiculez.

Y digo yo,  ¿porque estos hijos de su respectivas nunca bailan una sardana en plan chungo, en plan ridículo y siempre tienen que dar la nota con lo andaluz?.

Mira, Juanito Golosina, te voy a decir como le decía Fernando Fernán Gómez a los impertinentes: vaya usted a la mierda, a la mierda.

 

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. 66. Hoy: Vandallo

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. 66. Hoy: Vandallo

 

Hoy tratamos una de esas palabras ayamontinas clásicas donde las haya: vandallo. Lo primero que hemos de decir es que se trata de un vocablo que sólo sirve para situarlo en un contexto histórico determinado, y ese no es otro que mediados y principios del pasado siglo. Entonces, las mujeres estaban tan sometidas a los maridos, que ni siquiera podían salir solas a la calle como no fuera para ir a la plaza o a la tienda. Y si eran jovencitas que no ayudaban mucho a sus madres y se llevaban todo el día en la calle jugando con los niños, entonces se completaba el término vandallo en todas sus esencias.

A veces se suele confundir la expresión vandallo con la de machorra, pero aunque se acercan ambos términos, no es lo mismo. El vandallo era la mujer, especialmente joven, que andaba en la calle arriba y abajo sin atender ni poco ni mucho las tareas domésticas. No puedo con esta niña, decía una madre, está hecha un vandallo.

En mi afán de encontrar algún antecedente del vocablo y dado el maridaje que muchas veces se da entre el castellano y el portugués y con el gallego, encontré en el muñeco diabólico la expresión que hoy estudiamos, pero con “b”, es decir, bandallo. Consultada mid agencia galega do lengua, ubicada en Vigo y dirigida por don Miguel Vázquez Vázquez y doña Rosa Amparo Flores Pérez, me informan que efectivamente, en la Lengua gallega la palabra bandallo se refiere a la ropa, no a la persona, se trata de un anaco de tea moi gasto e roto o peza de roupa moi usada e rota. Y precisamente a la persona que viste de esa guisa se le llama ferrapo: persoa que viste mal ou que viste con bandallos o que descoida o seu aspecto externo.

No es que sea exactamente lo mismo, pero es lo cierto que nuestro vandallo, al menos en el vestir, tiene cierto parecido al ferrapo gallego, si nó observen ustedes bien la ropa que utiliza el vandallo de la foto. Ojo, queridos globeros, he dicho que se fijen en la ropa, no en otros elementos de la anatomía vandalla.

 

MOJARREANDO. 49: El Rocío de la crisis

MOJARREANDO. 49: El Rocío de la crisis

 

Volvemos con el tema de la crisis, qué le vamos a hacer si es lo que está de actualidad. El lunes emprendió la marcha hacia el Rocío la hermandad de Ayamonte, dice la prensa que las calles del centro del Ayamonte “se inundaron de gentes” para saludar a los romeros en su despedida. Bueno, yo supongo que los corresponsales tengan que vivir de la corresponsalía, pero un poco de seriedad no vendría mal, y a buen entendedor…

El Rocío, por h o por b, viene a durar aproximadamente una semana, se baila mucho, se anda mucho, y eso requiere un buen yantar. Con esto de la crisis llevamos una temporada con el precio de las gambas a la altura de los zócalos, con decirles que yo llevo comiendo gambas casi a diario desde hace mucho tiempo; me da la impresión de que algo parecido ocurrirá con otros productos, aunque parece que a los del cerdo no se les ve detalle alguno. Lo cierto es que me mata la curiosidad de ver algún reportaje, algunas fotografías, con las mesas en las casas de las hermandades, porque no creo que a pesar de la crisis los romeros vayan a conformarse con aceitunitas, papitas fritas y cortezas de tocino, algún colorao veremos por ahí, alguna cigalita de tronco, digo yo, porque si nó, qué Rocío va a ser éste.

Un buen dato estadístico sería haber pesado antes de salir a mis siempre queridos amigos, y por eso siempre me meto con ellos, Espina y Godovi, y volver a pesarlos a la vuelta, porque la verdad, a pesar de la dichosa crisis, yo a estos dos amigos, en plan ayuna, no les veo, qué quieren que les diga.

Ah, otro dato estadístico que nunca falla. El domingo, en la gran misa rociera, fíjense bien en los curas concelebrantes y díganme a cuántos de ellos se les veía así como faltos de peso.

 

AYAMONTINOS INOLVIDABLES. 11: José el Paye.

AYAMONTINOS INOLVIDABLES. 11: José el Paye.

La semblanza de hoy viene referida a quien sin duda alguna fue uno de los personajes más populares del pasado siglo en nuestra ciudad: José, el Paye. Perdonen, pero nunca supe sus apellidos, ni falta ninguna que hacía pues con su pipa tenía apellidos de sobra.

Una tonaílla recorrió las calles de Ayamonte a  diario: “el paye con la pipa”, le cantábamos los ayamontinos, especialmente los niños; “la pipa de tu hermana”, contestaba José siempre, sin faltar una sola vez a la diaria y repetida cita dialéctica.

José el Paye era un hombre pobre, como casi todos los de su época, pero resulta que los pobres de antes solían remediar sus carencias con el trabajo, y en ese menester nadie ganaba a nuestro recordado personaje.

Ver al Paye tirando de su carro, acarreando chatarra para su posterior venta, colchones, somiers, muebles de todo tipo para una mudanza, en fin, todo tipo de mercancía. Era un hombre muy fuerte, no especialmente robusto, pero fuerte, de ahí que no necesitara casi nunca ayudante en su sufrida tarea.

Tuvo dos hijas, la mayor vive con su esposo, nuestro amigo Paco, en la Residencia de Ancianos Lerdo de Tejada, y la segunda enviudó del aquel gran hombre, camarero de la Mericambá y redoblador de tambor en aquella banda de cornetas y tambores de los años cincuenta, que era lo que teníamos y nada más; Pepe Ojeda permanece en el recuerdo de todos los ayamontinos.

A José el Paye lo inmortalizó mi amigo Rafael Oliva con este boceto que ilustra el artículo y que el hijo de mi buen amigo Manolo el de la Casona me dejó retratar a estos efectos. Así era José el Paye, con su eterna cachimba, con su inseparable pipa. Por cierto, una pregunta que no es nada ociosa, ¿el Paye fumaba en realidad?.

 

HISTORIAS DE PAZGUATO Y FINO. 3: Paco Márquez, el médico que nunca tiene prisas

HISTORIAS DE PAZGUATO Y FINO. 3: Paco Márquez, el médico que nunca tiene prisas

 

“Yo soy del Cerro, señores, San Benito es mi patrón”. Cuando a uno le consta que el personaje del que hoy tratamos ha oído en infinidad de veces la letra del que quizás sea el fandango más famoso de El Cerro de Andévalo, incluso que lo haya tatareado en infinidad de ocasiones, lo primero que se plantea es como arreglárselas para otorgarle el título honorífico recién creado en este blog: Ayamontino, Pazguato y Fino.

No se preocupen mis lectores, que no va a resultar nada difícil, es más, el personaje en cuestión nos lo va a poner lo que se dice que bandeja.

Allá mediados los setenta del pasado siglo, concretamente en 1.976, arribó a Ayamonte u nuevo médico de la Seguridad Social. Poquita cosa desde el punto de vista morfológico, pero, amigos, al final resultó todo un rebelde, pero con causa. Trató de desbaratar toda la trama de molicie, de comodidad funcionarial,  del entonces ambulatorio. Pretendió entre otras cosas, y eso sólo se les ocurre a los locos aventureros, que los médicos de cabecera llevaran una ficha por cada enfermo y escribieran en ella el historial, y barbaridades por el estilo. Vivió enfrentamientos casi con todos, menos con un colectivo: los pacientes. Y para él era lo esencial.

Sus aires serranos se confundieron pronto con los salinos, y de esos aires alumbraron dos hijos que aunque nacidos en Huelva –ya se sabe que desde que el gran Ceada nos dejó sin centro de maternidad los ayamontinos nacen en Huelva salvo parto repentino- son  a todas luces ayamontinos, y su vida junto a Maribel es una vida de auténticos ayamontinos, aunque lógicamente la nostalgia será siempre la nostalgia.

Carnavalero de primera fila, iba incluso a la consulta de tal guisa, ha participado siempre en todo aquello que Ayamonte le ha demandado, principalmente en asociaciones sociales y benéficas, como Aspreato, lo que quiere decir que su participación fue siempre altruista.

Médico rabiosamente vocacional, jamás mira el reloj cuando está atendiendo a un paciente, y la prudencia de sus diagnósticos hacen que salgas de la consulta convencido de que te has puesto en buenas manos. Como dicen que los que duermen en un mismo colchón comparten la misma opinión, Maribel no le va a la cola y se ha ganado a pulso ser, aparte de los padres, abuelos y hermanos, la persona más querida de muchos niños ayamontinos.

Yo me permito el lujo de otorgar a don Francisco Márquez Márquez, es decir, a Paco Márquez, el título honorífico de Ayamontino, Pazguato y Fino.