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Mojarra Fina: El Blog de la Mojarra Fina Ayamontina

La Peculiar forma de hablar de los ayamontinos

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. 40. Hoy: la restrallera

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. 40. Hoy: la restrallera

Gracias a la inestimable colaboración de  mi buen amigo Pepe Morales Reyes, el mecánico del Callejón del Gringo, ha aparecido en mi colección de palabras ayamontinas esta de la restrallera, que a decir verdad, la tenía olvidada. Hoy es muy difícil, por no decir imposible, encontrar este producto en los quioscos, hoy se venden petardos estruendosos que parecen más propios de los tiempos actuales. En una limpieza general, mi mujer encontró en la casa una pequeña muestra de restrallera, así que cuando regrese el gran Javi Martín, meteremos la foto en este artículo.

La restrallera debemos situarla en el ámbito de los petardos, aunque genuinamente no lo sea. Se trata de unas gotas mezcla de azufre y pólvora que se pegan a una tira de cartón y al restregarlas sobre un sólido, estalla en múltiples chispas como si se tratase de fuegos artificiales en miniatura, y a medida que va ardiendo se le atiza con la mano para que no pierda fuerza.

En mis tiempos de niño jugábamos mucho con las restralleras que podíamos adquirir en los carrillos de seña Antonia o de Carmelo y a pesar de lo espectacular del juego este resultaba practicamente inofensivo.

Lo dicho, hoy en vez de restralleras tenemos petardos, que dice la Autoridad competente que está prohibida su venta, pero lo cierto es que llegadas estas fechas próximas a la Navidad proliferan de lo lindo.

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. 39. Hoy: una cosa es una cosa, y otra cosa es otra cosa

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. 39. Hoy: una cosa es una cosa, y otra cosa es otra cosa

Hoy tratamos una frase muy ayamontina, propia de la más alta escuela filosófica de la Antigüedad, vamos que ni a Platón ni a Aristóteles se les hubiera ocurrido algo semejante.

Hace unos días, me encontré con un pariente y para matar la curiosidad le pregunté si su hermano se había separado de la mujer o esta había muerto, porque lo veía salir con otra señora. Mi pariente me dijo que había enviudado y que ella también era viuda. Para tirarle de la lengua le dije: yo a tu hermano lo veo ahora muy salingón y muy bailón, cuando con su anterior mujer no iba a ninguna parte. Y me contestó: es que ella es muy bailona.

Es verdad, desde la creación de los Centros de Días para Personas Mayores muchas viudas han salido pero que muy bailonas, no sabemos si porque sus anteriores maridos las tenían metidas en la casa y lo del bailongueo lo llevaban en la masa de la sangre o por qué otra razón, lo cierto es que los anuncio de bailes proliferan,  incluso tengo entendido que hacen excursiones a Portugal. Yo me alegro por ellas, que sean felices, aunque también es cuestión de indagar el motivo de tal radical cambio en sus nuevas parejas masculinas, que antes no bailaban ni "Paquito el chocolatero" en la diana y ahora no se pierden un baile.

Siguiendo con la conversación con mi pariente le dije: mira, yo comprendo que tu hermano haya buscado y encontrado otra mujer para no encontrarse solo, pero... y sin dejarme contestar, me espetó: mira, primo, te voy a decir mi opinión. Que se busque una compañera me parece bien, que salga y se pasee también, incluso que baile. Pero to los días, to los días de meneo no me parece bien. ¿Por qué?, le pregunté,  y sin dudarlo un momento  me dijo: porque una cosa es una cosa, y otra cosa es otra cosa.

Y ahí quedó la filosófica frase, para nos anales.

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. 38. Hoy: la cosa tiene cacaruca

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. 38. Hoy: la cosa tiene cacaruca

En mi libro "La peculiar forma de hablar de los ayamontinos", que por cierto, estoy preparando una nueva edición ampliada a más de 50 nuevas expresiones, definía la cacaruca como "extrema dificultad que encontramos en la resolución de un conflicto".

Los que ya somos mayores encontramos grandes dificultades para el manejo de las nuevas tecnologías, no se pueden ustedes hacer una idea de las veces que el técnico diseñador del blog, el inefable Javi Martín, me tiene que sacar de culera por mis torpezas.

Recuerdo aquellas tarjetas piratas que proliferaban cuando salió en antena por primera vez el Canal plus. Estaban por todas partes, de tal forma que la cadena tenía que proceder a realizar contínuos barridos para inutilizarlas. Yo pensaba entonces que era cosa de informáticos, pero no era así, se trataba. en los casos que yo conocí, de alumnos de FP, que las hacían con una facilidad pasmosa.

Con los relojes que venden los moros pasa lo mismo, con dos botones tienes que generar muchos servicios, así que el remedio para conseguirlo consiste en esperar a que el niño venga de la escuela y asunto terminado, en un plis plas reloj en marcha con todas sus prestaciones.

Pero la cosa de precocidaz está alcanzando límites insospechados. Cuando vean ustedes la foto que ilustrará este artículo, pensarán que a la niña la hemos puesto ante el ordenador para hacerle la foto. Pues no, ha sido ella la que se ha subido a la silla, y tratando de hacer lo que antes estaba haciendo el abuelo, le da al teclado y al ratón con el dedo índice perfectamente colocado en la ruedecilla, en fin, para asustarse, pues sólo tiene diecinueve meses.

Ante esta situación, y no pudiendo encontrar una explicación medianamente razonable, sólo nos queda decir: la cosa manda cacaruca.

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. 37. Hoy: el motor de Villarreal

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. 37. Hoy: el motor de Villarreal

En uno de los muchísimos viajes desde Sevilla a Ayamonte que realicé durante mi larga estancia laboral en la capital andaluza, al llegar por la carretera antigua hasta el cruce o desvío del puente internacional, pude leer el siguiente letrero: A Portugal por Ferry. Junto a éste, había otro para olvidar: Ayamonte, Barrio Alto. Manda cojones.

Pero vamos con el primero: a Portugal por ferry. Hombre, yo comprendo que las autoridades nacionales, autonómicas, provinciales, no van a tener en cuenta lo vernáculo para anunciar una actividad general, no es que me parezca mal el auncio -el otro sí, el otro, horrendo, cuando ese Barrio Alto tiene nombre propio- lo que ocurre es que choca con nuestra más ascentral cultura, porque de antaño, al menos yo de niño ya lo oía decir, a ese barco que nos lleva y nos trae a Portugal, siempre lo llamamos "el motor de Villarreal". Y es que esos barcos en aquellos tiempos eran tan pequeños que quizás por eso no merecían otra definición que la de mero motor, porque eran eso, pequeños motores que movían pequeños barcos. Así y todo, en mi memoria no existe registro alguno de percance en nuestra navegación fluvial.

En la memoria, paisanos ya desaparecidos como Diego "Rada", Rasco, Rafael Montagut, y otros muchos. Hoy la gente suele utilizar mayoritariamente el coche para ir a Villarreal, pero el personal no le ha dado la espalda al transbordador y muchos días, a determinadas horas, viene bien ocupado. Particularmente, aunque no soy muy amante de ir a Villarreal, cuando voy siempre pongo una condición en mi casa: yo voy, pero nada de coche, en el motor de Villarreal.

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. 36. Hoy: pegarse un barrigazo en el filo la dársena

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. 36. Hoy: pegarse un barrigazo en el filo la dársena

Procure usted, amigo bloguero, que ningún ayamontino le imponga el castigo que comentamos, sobre todo en estos tiempos de frio que pela, porque ir hasta el filo de la dársena, echarse la ropa parriba y pegarse un barrigazo en las piedras que forman el filo de la doca tiene aquello que dijimos.

Ya aclaramos en otro artículo que antiguamente lo del barrigazo era en la esquina del convento, por aquella chapa metálica que la protegía y que recordaba aquel fandango alosnero:"calle Real del Alosno, con sus esquinas de acero..."

La frase en cuestión nace para frenar los ímpetus de un trolero, de un chafarmejas, de un purmunía. Anda ya y te pegas un barrigazo en el filo la dársena. Eso es lo que se merecen esos faroleros de tres cuartos que todo lo saben, todo lo arreglan, en todo son expertos, y al final, nada de nada.

Es muy propio de algunos tontos de capirucho andar por ahí tirándose faroles del tipo de "hermos acordado, hemos decidido...", cuando en realidad el tal tiene menos influencia en la hermandad que un gitano en un juzgado, por eso, cuando ha terminado con los faroles lo más lógico es que alguien le diga aquello de: vete ya paí y pégate un barrigazo en el filo la dársena.

Por cierto, que anoche, en la procesión de San Diego los hermanos mayores hicieron casi pleno. Lo que yo les diga, aunque muchos piensen que tengo mala mojarra.

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. 35. Hoy: el bejoruco

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. 35. Hoy: el bejoruco

El bombus terrestri, es un género de himenópteros de la familia apidae que incluye especies conocidas por el nombre común de abejorro. Los abejorros son robustos, velludos, de color negro, algunos presentan bandas amarillas, blancas y en algunos casos naranja. El vello que cubre casi todo el cuerpo es sedoso, con setas ramificadas, plumosas.

Hasta aquí todo muy bien, al fin y al cabo eso lo sabíamos todos de sobra. Pero a los ayamontinos los abejorros -que por cierto, no debemos confundir con los moscardones, que son dípteros- nos importan tres cominos, por mucho que se utilicen en la agricultura por su gran capacidad de polinización. A nosotros lo que nos preocupan son los bejorucos, que son como los abejorros pero más pesados. Porque, vamos a ver, ¿qué pasa cuando un bejoruco se cuela en una casa?, pues nada, que no se va ni con la guardia. Son verdaderamente desagradables, sobre todo por el zumbido que producen y la mala nueve que parecen predecir.

Por eso, los ayamontinos, para desprendernos de los bejorucos, inventamos una fórmula infalible, es utilizarla y el bejoruco tira a carajo sacao por la ventana y no vuelve así. La fórmula va en forma de pareado y dice así: "bejoruco, bejoruco, buena noticia me traigas, y si nó, muerto te caigas". Y claro, como buena noticia nunca va a traer un bejoruco, pues eso, a juí.

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. 34. Hoy: llevar el piano a la Villa

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. 34. Hoy: llevar el piano a la Villa

Cuando traté esta expresión en la desaparecida Gaceta de Ayamonte, hubo quien dijo que no se trataba de una expresión ayamontina. Como respeto todas las opiniones no le dije nada, pero es lo cierto que sí forma parte de nuestro gracejo en el hablar.

A nadie se le oculta el enorme peso de un piano -desde hace mucho tiempo le ponen ruedas aunque creo que hay pianistas que no las quieren- hasta el punto de que los vendedores siempre disponen de varios hombres para entregarlos en los domicilios sobre todo si hay escaleras. Nosotros tenemos uno que nos regaló mi difunta suegra cuando mis hijas estudiaban en el conservatorio y para subirlo a un segundo piso en la calle Padre Alvarez íbamos tres personas y nos quedamos ahogados a mitad de subida, menos mal que pasaba por allí el hijo del recordado Mario, el portugués que era tapicero, y con lo canijo que está yo no he visto nunca a nadie con tanta fuerza. Gracias a él el piano llegó a arriba.

Al peso del piano añaden ustedes la caminata desde la Ribera a la Villa subiendo la calle Galdames, hasta el mismo Solá. Eso no hay quien lo haga, entre otras cosas porque se lleva en una furgoneta, claro. Pero ahí consiste la cosa de nuestro gracejo vernáculo, que cuando queremos escuchar a alguien que está muy cómodo o no destaca precisamente por su laboriosidad, le decimos: ¿tú tienes que hacer algo esta tarde?, él nos pregunta por qué y entonces es cuando le decimos: para llevar el piano a la Villa. Entonces, el tal nos contesta: que lo lleve tu.......... con el..........

Miren ustedes detenidamente la foto que ilustrará este artículo y díganme: ¿creen que alguno de los fotografiados está ya en condiciones de llevar el piano a la Villa?.

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. 33. Hoy: el butre

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. 33. Hoy: el butre

Difícil tarea resulta definir qué es el butre, una palabra de suyo rara pero muy nuestra, sobre todo en lo relativo al mundo de los niños, pero intentaremos aclararlo aunque sólo sea poniendo algún ejemplo.

El butre sería algo así como un estilo en la forma de jugar a ciertos juegos, como el bolinche, el torero, el trompo, y ya de mayores, por ejemplo, el billar. Observaremos que en todos estos juegos, al menos en el último porque los anteriores han pasado desgracidamente a mejor vida gracias a la play, que hay jugadores que manejan el taco según les conviene por su resultado, hay quienes meten el taco por el hueco que dejan los dedos índice y pulgar encorvando el primero, hay quien deja deslizara el taco por entre esos dos dedos pero juntos y estirados, hay que toma el taco por el centro, a otros les gusta y  les va mejor manejarlo desde atrás de todo; en fin, todo un mundo. Con los juegos infantiles pasaba lo mismo, cada uno lanzaba el bolinche con su butre preferido, disparando con el dedo pular o el medio; se cogía la mocha de toreros de una determinada manera, o se lanzaba el trompo también según la maña de cada uno.

A esa forma de manerar los utensilios del juego es a la que en Ayamonte siempre llamamos como butre. Hay otro butre que ya existía con la oprobiosa pero que con la demo se ha puesto de moda desde hace años, y es el de llevar los dedos de una mano o de las dos en un abaniqueo desde el meñique al pulgar, es un butre que sirve para ramplar con todo lo que haya, si nó que le pregunten a Felipe González como lo dejaron en cueros sus más allegados. Claro que el pobre no sabía nada, simplemente se enteraba por la prensa.

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. 32. Hoy: guasnío

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. 32. Hoy: guasnío

Habíamos quedado en que tres eran los estados del cansancio general: escarfao, que viene a ser un poco más que cansao; esbochao, que es más que escarfao, y guasnío que es el colmo.

Del estado de escarfao se puede salir facilmente, basta con un poco de descanso, en su caso tomar una cervecita fresca con una tapa en condiciones, desperezarse un poco y  a volver a empezar, con menos fuerza pero listos para reanudar la tarea; del estado de esbochao ya es más difícil salir a corto plazo, ese estado nos pide ya una buena ducha y un yantar que vaya más allá que el simple tapeo; pero, ¿cómo salimos del estado de guasnío?.

Tengamos en cuenta que el que está guasnío es como una pila descargada, que hay que volverla a cargar y del todo para que vuelva a funcionar, no es fácil porque hemos agotado todas nuestras fuerzas incluso abusando de ellas. El estado de guasnío es de una dejadez total, desmadejao que se encuentra uno, sin ganas de nada, incluso de dormir, sólo se apetece estar quietos, estiraos si es posible y respirando suavemente. Como diría un castizo, estar guasnío es estar hecho un trapo. Estoy hecha un trapo hija mía, no tengo ganas más que de esta acostá, diría una señora con cinco hijos y un marido que ayuda poco o nada, al final del día, después de haber puesto y tendido cinco lavadoras.

Pero no es algo definitivo, del estado de guasnío se vuelve, despacito pero se vuelve.

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. 32. Hoy: todavía no se han lavado las canastas

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. 32. Hoy: todavía no se han lavado las canastas

Procede la larga frase que hoy comentamos del ámbito de la actividad de la pesca de la sardina, y más concretamente del momento de su alijo. Durante tal faena muchos observadores iban calculando la cantidad de botas y cajas que traía el barco, cálculo que por lo demás solía coincidir con el resultado final dada la experiencia de aquellos. Sin embargo, el armador, más interesado en el asunto y, por ende, más precavido, no las tenía todas consigo y por ello decía aquello de "todavía no se han lavado las canastas", dando así a entender que la cosa no había terminado.

De la actividad pesquera pasó la frase a otros menesteres, como por ejemplo, cuando falta poco para que finalice un partido de fútbol y alguien canta victoria de antemano. En ese momento otro lo corregirá diciéndole: espera a que el árbitro pite el final, que todavía no se han lavado las canastas.

Ocurre muchas veces en la vida que cantamos victoria por anticipado o damos por hechas las cosas sin pensar que existen multitud de circunstancias que hacen que estas tomen un giro inesperado en el momento menos pensando, que por cierto, suele ocurrir  con el menos oportuno.

El "todavía no se han lavado las canastas" es para mí una de esas expresiones de la peculiar forma de hablar de los ayamontinos con más sentido, con más contenido filosófico.

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. Hoy: esbochao

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. Hoy: esbochao

La palabra esbochao, junto a escarfao y guasnío, vienen a formar una trilogía de lo más ayamontino, de ahí que , para aprovecharla bien, aquí en el blog la tratemos por separado. Hizo la trilogía fortuna en aquel programa de Canal Sur "Los pueblos" al que tuve el honor de asistir para hablar de mi libro "La peculiar forma de hablar de los ayamontinos", que por cierto, en vista de que la Hermandad de la Lanzada, a pesar de haber transcurrido más de diez años de su publicación aun no se ha decidido a sacar la segunda edición a pesar de la demanda popular, estoy preparando esa segunda edición, que será corregida y ampliada respecto de la primera, y así podré complacer a todos aquellos que día a día me demandan el libro, que por cierto se agotó a los pocos días de ponerse a la venta.

Bueno, a lo que vamos, la palabra esbochao que hoy a traemos a colación viene a situarnos en una determinada fase del cansancio físico, aquella que va del de escarfao al de guasnío. ¿Por qué lo de esbochao?. Muy sencillo, porque aquí, en Ayamonte, solemos utilizar términos marineros o marinos para casi todo. Así, decimos que un pescado está desbochao cuando trae las tripas por fuera, cuando por cualquier razón le ha reventado el buche, que es precisamente la sensación que sentimos cuando estamos excesivamente cansados, cuando hemos pasado la fase de escarfao.

En Ayamonte vivimos todos los años un acontecimiento pintoresco, el de montaje de las casetas de las hermandades en el real de la feria de las Angustias, y digo pintoresco porque con el afán de recaudar lo más posible las hermandades no recurren a profesionales, sino que son los propios hermanos los que realizan la árdua tarea. ¿Qué ocurre entonces?. Que al no dominarse los distintos oficios que se requieren para el montaje, el esfuerzo es considerablemente mayor, y así vemos en la foto que ilustrará este artículo, a un señor con mono azul, que es de esos currantes de verdad de toda la vida, en apariencia cansado, y el señor que está sentado, que es verdad que trabaja lo suyo, lo ha hecho toda la vida por su hermandad, no es menos cierto que también adorna bastante la cosa (de casta le viene al galgo, dice el refrán), y ni corto ni perezoso se sienta en un palé en actitud de quien está esbochao. La figura de Juan es genuinamente la del esbochao, otra cosa es que lo esté, aunque yo creo que si nó esbochao, por lo menos escarfao si estaba cuando le quité la foto.

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. Hoy: alburraca

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. Hoy: alburraca

Yo no sé de donde ni de cuando proviene el término alburraca, ni por qué los ayamontinos de antaño llamaron así a las meduzas. Desde luego, lo que no tiene sentido es esa cursilería cateta de llamarlas "aguaviva", que es del todo una contradicción con la verdadera esencia del agua viva, que según nuestra Real Academia es "la que emana y corre naturalmente". Ya me dirán si eso lo hacen las alburracas.

De todas formas, y siendo el término meduza bastante difícil de digerir, algún nombre había que buscarle más sonoro, más expresivo, pues es tanto el fastidio que producen las alaburracas que merecen que las tratemos incluso de forma ofensiva, y así suena alburraca, como un insulto, es como si a alguien que se lo merece le decimos hijoputa -que es distinto de hijo de puta-, a la meduza, que es una cabrona y una hijaputa, le llamamos alburraca.

Lo de meduza, según nuestro diccionario, suena así de difícil y enredoso: una de las dos formas de organización de la alternancia de generaciones de gran número de celentéreos cnidados y que responden a la fase sexuada, que es libre y vive en el agua; su cuerpo recuerda por su aspecto acampanado a una sombrilla con tentáculos colgantes en sus bordes.

Ahí es nada, como para que cuando estemos en la playa y nos pique una lindeza de estas vengamos diciendo, me ha picado una de las formas de organización de la alternancia de generaciones de un celentéreo.... anda al carajo, con lo fácil que es decir, me ha dado un picotazo una alburraca.

Y es que donde está el picotazo de una alburraca, que se quite el de las meduzas.

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. Hoy: a piola

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. Hoy: a piola

A piola era un juego infantil de niños de mi época. Entonces, como era natural, había juegos de niños y de niñas. Lógicamente los de niños eran más brutos o más bruscos, como el que a continuación  comentamos.

El juego consistía en lo siguiente: uno de la pandilla "se quedaba", es decir, le tocaba pagar la prenda o era la víctima. Se ponía en posición inclinada hacia adelante a fin de que la cabeza, la espalda y la zona lumbar quedaran al mismo novel. Vamos, en la postura que adopta el atleta de la fotografía que ilustra el artículo.

Los demás iban saltando sobre él al tiempo que recitaban unas coplillas, haciendo lo que estas demandaban. Debo aclarar que culá era dejarse caer en la espalda de culo, espolín era dar una patada en el culo al tiempo que se saltaba, y el espolín inglés consistía en dar un rodillazo en el lateral de fémur, poca cosa. Las coplillas, si mal no recuerdo, decían así:

A una una, bebe mi mula. A las dos, anda el reloj. Tercera, jincar rodilla en tierra. Cuarta, la culá que te parta. Quinta, el espolín que te pica. Sexta, pan patecta. Séptima septimoro, un espolín y una culáda al moro. Octava, recibir la entrada con otro espolín y otra culada. Novena, el espolín que te duela. A las diez, el espolín inglés. A las once, llama el conde. A las doce, le responde. A las trece, los panecitos franceses. A las catorce, mi abuelo con un garrote. A las quince, a la niña bonita le dá un dejince.

En este momento la víctima se da media vuelta y se pone de espaldas a los demás con las manos apoyadas en los muslos y a medida que se le pide con la coplilla se va poniendo derecho hasta quedar en postura completamente vertical. Seguía el juego así:

A las dieciséis, montaña. A las diecisiete, más. A las dieciocho, más. A las diecinueve, más. A las veinte, montaña entera.

Otro día comentaremos algún juego femenimo, que no se me enfaden mis blogueras, a ver que pasa con las Jumago, la Maricacique, la Locar, etc. que hace tiempo que no las veo por aquí.

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. Hoy: arbiñocas

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS.  Hoy: arbiñocas

Hoy nos referimos a:

ARBIÑOCAS

Una de las "estampas turísticas" que más caracterizan a los pueblos que presumen de tal, son los letreros cutres. En nuestra ciudad se puso de moda hace ya bastantes años anunciar la venta de cebo para la pesca. Una vez más, el complejo de inferioridad que padecemos en los pueblos  nos mueven al ridículo, porque renunciamos a nuestras propias maneras en orden a complacer a los que vienen de la capital y nos " honran con sus visitas".

Así, como entre nuestros visitantes hay muchos aficionados a la pesca que aprovechan su estancia vacacional para sacar sus cañas, irse al muelle o al espigón de la Punta y echar el rato, a algún que otro avispado se le ocurrió dedicarse a la captura de lombrices y ponerlas a la venta a los turistas mediante un anuncio rudimentario con soporte de cartón o madera que normalmente reza así: "hay sebo bibo".

Yo no voy a criticar las faltas de ortografías, prometí en otro apartado de este blog no hacerlo con personas que no han podido acceder a estudios más avanzados que lo que representan esos carteles, para esas personas siempre mis respetos. Pero lo que sí es criticable es que una vez más renunciemos a nuestros modos culturales, y contando los ayamontinos con el mejor de los cebos, la popular arbiñoca, ofrezcamos cebo, que es un genérico que no dice nada porque en materia de cebos hay infinidad de especies.

La arbiñoca es una lombriz que prolifera en el fango de nuestro rio y esteros y puede cogerse fácilmente a la bajamar. Antes íbamos con una vieja lata de leche condensada y un poco de serrín que habíamos pedido en una carpintería o tonelería, y poníamos las arbiñocas en ese serrín para que permaneciesen vivas y fuesen más fáciles de manejar.

La arbiñoca servía y supongo que seguirá sirviendo, a pesar de los otros cebos vivos, para  la pesca en el río, sobre todo pensando en especies pequeñas o medianas dado que su tamaño viene indicado para empatar anzuelos no muy grandes, pero qué duda cabe que se trata del mejor cebo que podamos encontrar en Ayamonte.

La arbiñoca es un cebo vivo, sí, pero con nombre propio. Pue eso. Nada más.

Y dos cositas más: una, feliz resaca para los que han ido a la feria de Villarreal a comprar navajas extremeñas-portuguesas para ir a pescar, supongo que con arbiñocas; y otra, que no me diga mi amiga Locar que es la primera vez que oye eso de arbiñocas.

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. Hoy: ruames

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. Hoy: ruames

Hoy nos referimos a:

RUAMES

Para aquellos que nunca hayan oido hablar de esta expresión ayamontina, les aclararé que viene a ser, referido a los peces, sinónima de inmaduros. Está de moda esto de los inmaduros, de moda desgraciadamente, por el abuso reiterado de muchos pescadores que no dudan en esquilmar los caladeros con tal de obtener una ganancia puntual. Así, el Seprona se ve obligado a actuar tanto en alta mar como en mercamercados y en general en todos los sitios donde se puede traficar con los inmaduros.

Esto es de un tiempo a esta parte, yo recuerdo cuando era niño y joven que en mi casa se comían aquellos "jurelitos pios" que estaban tan ricos fritos como secados al aire, o las pijotitas que se freían con la cola metida en la boca. Pero se ha abusado tanto amén de que se ha incrementado considerablemente la flota pesquera, que hoy nos vemos obligado a seleccionar la pesca para proteger los caladeros.

Bueno, a lo que vamos. Los ruames, es decir los peces pequeñitos, incluso sus larvas, fueron siempre el mayor inconveniente de los pescadores de aparejos y cañas en el Guadiana, y ello era así porque dado la extrema pequeñez de estos peces, acaban con la carná pero no se tragan el anzuelo. Hoy, se oye decir a un pescador, no hay na que arrascar, muchos ruames y no para uno de levantar el aparejo para ver los anzuelos limpios.

Los ayamontinos extrapolamos la expresión ruames de los peces, a la especie humana, y así llamamos ruames a los niños pequeñitos. Es llegar a la Laguna -la mejor plaza infantil del mundo, lo digo yo y basta- para oir a algún viejo ayamontino decir aquello de "da gloria ver tantos ruames juntos". Y es verdad, no hay nada más bello que el mundo de los niños.

A mí, personalmente, la ruame de la foto me tiene quitao el sentío, menos mal que ayuda a la abuela en las tareas de limpieza en la casa.

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. Hoy: a cabichocho

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. Hoy: a cabichocho

Hoy nos referimos a:

A CABICHOCHO

Hoy tratamos una de esas palabras que ponen de manifiesto la capacidad de los ayamontinos antiguos de poner nombre a las cosas, a las situaciones, en fin, de acuñar un román especial, una peculiar forma de hablar. El término a cabichocho yo al menos no lo he oído en ninguna parte.

Varias son las maneras de llevar a los hijos cuando estos están casados: en brazos, a hombro, al cuadril...y en Ayamonte, a cabichocho. Consiste la cosa que el chaval se amarine al padre por la espalda y se cuelgue del cuello de éste, que a su vez le agarra por las piernas, así pueden permanecer ambos bastante tiempo, especialmente el que tarda en pasar por delante un paso de Semana Santa. Llevar a los hijos a cabichocho después de una jornada de cansancio, bien en feria, bien en Semana Santa, resulta corriente y los crios lo agradecen porque van, como solemos decir, recochaítos.

Pero a mí hay  una cosa que no me cuadra del todo, y es la siguiente:

Si a cabichocho podemos llevar tanto a nuestros hijos como a nuestras hijas, ¿por qué lo llamamos genéricamente cabichocho y no lo llamamos cabipicha, o cabipicha y cabichocho según los casos?. Muy sencillo, porque los ayamontinos no somos machistas ni sexistas, y se terció cabichocho y ya está. Pues vale y que sirva de ejemplo.

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. Hoy: el toque

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. Hoy: el toque

Hoy nos referimos a:

EL TOQUE

Corrían los años sesenta del siglo pasado y el indivíduo de la foto trabajaba en el bufete -por favor, dejen de decir bufé cuando se refieran al despacho de un abogado- de don Trinidad Navarro Nieto, en calle Cervantes 12. Como don Trini era hombre muy activo se ausentaba con frecuencia del despacho, era rara la semana que no tenía juicios en Huelva, en el Comarcal de Isla Cristina, incluso en Sevilla y Madrid llevaba a cabo gestiones propias de la profesión.

Aprovechando esas ausencias, el de la foto, aburrido que estaba, se asomaba al balcón del despacho que da a la calle Cervantes, y arrimando la persiana a la pared, cuando pasaba algún conocido le daba un vozarrón llamándolo por su nombre al tiempo que apretaba la persiana contra la pared lo más que podía y a través de sus ranuras veía al tal mirando hacia atrás para tratar de localizar a quien le llamaba. Después repetía la llamada con otro tono de voz, como de insistencia, y en muchas ocasiones la víctima se recorría toda la calle, de tienda en tienda, preguntando si desde allí lo habían llamado.

Esa práctica fue utilizada por otros con el mismo resultado y de forma espontánea alguien le dio por bautizarla como toque. Aun perdura, hoy muchos jóvenes  la practican. Yo creo que no deja de ser divertido aunque haya gente que se mosquee demasiado. Claro, que tampoco se debe abusar y sobre todo, queridos jóvenes, no molestéis a las personas muy mayores, sólo eso para que nuestro toque siga siendo divertido. Un poco de respeto y basta.

La palabra toque tiene muchísimas acepciones en el diccionario, pero ninguna de ellas refleja una situación como la descrita, así que podemos encuadrarla perfectamente en nuestra peculiar forma de hablar.

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. Hoy: Ir sirgando

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. Hoy: Ir sirgando

Hoy nos referimos a:

IR SIRGANDO

Vamos primero con la Real Academia Española. Sirgando es un gerundio que viene de sirgar, y sirgar a la vez viene de sirga, que es sinónimo de maroma o cuerda gruesa de las que se utiliza para remolcar los barcos y para otros menesteres de la navegación, tanto por mar como por río. Llevar un barco a remolque no es tarea fácil aunque lo parezca, hay que ponderar muy bien la maniobra, máxime cuando a veces esa operación se lleva a cabo desde tierra con tractores y camiones, como ocurre en los ríos y en los canales. A veces la sirga se utiliza también para jalar de un barco en seco, como se hacía antiguamente en Ayamonte cuando una canúa se tenía que hacer a la mar para ir al mechillón y permanecía en seco a orillas del estero, entonces, con una sirga y un buen  número de hombres se traía la embarcación hasta el agua.

Todo esto lo digo porque la peculiar forma de hablar de los ayamontinos ha cambiado totalmente el sentido de la palabra, su significado más bien, que no en balde se trata de una forma de hablar peculiar.

Para nosotros los ayamontinos, ir sirgando es ir espetao, o como diríamos en román paladino, a carajo sacao, y así atiendo una consulta que me hizo la fiel bloguera "Maricacique". Es decir, que aquella maniobra lenta, bien estudiada, cuidadosamente realizada, nosotros la hemos transformado en todo lo contrario: una maniobra precipitada, sin medida ni cuidado alguno.

Se acerca uno a la puerta del Casino España y pregunta a los que están en la puerta: ¿habéis visto a Fulano?. Y casi al unísono le contestan: bueno, visto visto no sé, porque acaba de pasar por aquí sirgando.

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. Hoy: jampita

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. Hoy: jampita

Hoy nos referimos a:

JAMPITA

Uno de los juegos predilectos de los niños de mi época era el del trompo. Consistía en dibujar en el suelo con tiza o simplemente señalándolo si era de tierra, un redondel. Dentro poníamos trompos viejos, ya "maltratados" por el propio juego, y los nuevos los enrollábamos con un cordel al que llamábamos reinal y lo lanzábamos contra los trompos viejos tratando de darle a alguno e incluso partirlo con la puya, puya que solíamos encargar en la fragua de Curro, allá cerca del astillero de Zamudio, abuelo de Juan el Guinga, el gran palangrero de Ayamonte.

Cuando el trompo que usábamos era pequeño y más chato y rerdondo que los otros le dábamos el nombre de jampa o jampita, aunque su  nombre oficial es el de peonza. Así vino derivándose el vocablo que hoy estudiamos hasta llevarlo a la comparación cariñosa de la mujer bajita y de airosos andares. La Rae nos define peonza más o menos así, como persona chiquita, regordeta y bulliciosa.

Era una forma de piropear a las mujeres bajitas. Hoy resulta muy peligroso echar un piropo a una mujer porque corres el peligro de que te tache de machista, aunque yo creo que si el piropo es elegante y gracioso como el que comentamos, a toda mujer le sentará bien aunque no quiera reconocerlo públicamente.

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. Hoy: meterse en un jallao

LA PECULIAR FORMA DE HABLAR DE LOS AYAMONTINOS. Hoy: meterse en un jallao

Hoy nos referimos a:

METERSE EN UN JALLAO

He buscado por todas partes y definitivamente la palabra jallao no viene en ningún diccionario, por lo que hay que entender que se trata de un localismo y como tal nosotros lo incluímos en nuestra peculiar forma de hablar.

Aclaremos primero: meterse en un jallao es meterse en un follón, en un lío, en una aventura complicada. He oído noticia acerca del regreso político del señor de la foto, el que queda a la izquierda según se mira; el otro, simplemente está ahí. El señor de la foto fue alcalde de Ayamonte y su labor puede ser objeto de mil y un debates en los que no vamos a entrar ahora; creo que para analizar serenamente una labor política tan prolífica y larga tenemos que esperar que pase el tiempo. Todavía de nuestra Guerra Civil estamos oyendo disparates de uno y otro bando, pero yo estoy seguro, si vivo, que mi nieta me contará cosas de esa guerra verdaderamente objetivas y ciertas. Al tiempo.

Bueno, a lo que vamos, que te enrollas mucho. Si don Rafael, que es el señor de la foto, quiere volver es una decisión que todos debemos respetar con independencia de que se desee o no. Pero atrención, aviso a navegantes: recuerden los nostálgicos del poder el ejemplo de Rodrigo Rato, al que tendieron alfombras bordadas para que volviera a la política activa del PP., y guiado por la prudencia y la inteligencia no lo hizo.

Volver, volver, sí, se puede, pero con la frente marchita. el paso del tiempo y otras cosas. Pero volver en estas circunstancias de penuria económica, sin  Fadesa, sin ladrillo, con todas las rotondas echas, con campos de fútbol de sobra, con auditorios inútiles, y con el Titi ejerciendo el nepotismo sin su ayuda, es decir, motu propio, que todo se apende, me parece a mí, amigo Rafael, que es meterse en un jallao.

Hay un refrán que dice: sarna con gusto no pica. Y mi mujer, que es sabia. añade: pero mortifica. Pues eso.