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Mojarra Fina: El Blog de la Mojarra Fina Ayamontina

Ayamonte en el Recuerdo

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 46. El queso americano y la leche en polvo

AYAMONTE EN EL RECUERDO.  46. El queso americano y la leche en polvo

Siempre he tenido la sensación, a tenor de lo que oigo, que soy de los poquísimos ayamontinos que durante el cumplimiento del afortunadamente desaparecido Servicio Militar Obligatorio -paradojas de la vida, fue eliminado por un Gobierno del escupidor Aznar-, hizo guardia, pelo papas, fregó retretes, hizo imaginarias, etc.; los otros todos fueron asistentes de generales y almirantes, monaguillos o auxiliares de enfermería con sor Eloisa. También tengo la sensación de ser de los pocos ayamontinos que iba a desayunar a la Casa del Niño, al rebusco, a robar higos, porque al parecer Ayamonte es un pueblo afortunado donde, incluso terminada la Guerra, casi nadie pasó hambre. En fin, Pilarín.

Y digo todo esto porque más de uno de mi generación que lea este artículo preguntará en público: ¿qué era eso del queso americano y la leche en polvo?.

Pues mire usted, yo se lo aclaro aun convencido de que no necesita usted aclaración alguna, porque de queso americano y de leche en polvo se puso usted hasta cagarse, con perdón. El queso americano, que es una mala traducción del american cheese o queso estadounidense, es un queso procesado muy popular en EEUU; por su parte la leche en polvo fue producida por primera vez en 1802 por el doctor ruso Osip Krichevsky, y es ideal porque al ser imperecedera se puede almacenar y consumir cuando interese.

Ambos productos eran enviados a España desde Estados Unidos en aquellos terribles años de hambre posteriores a la contienda civil española, y se repartían en comedores de pobres, en orfanatos, etc. En Ayamonte concretamente nos lo daban a comer y beber en la Casa del Niño, y los internos de la entrañable Casa Cuna lo comían a diario. No eran, como muchos creen, productos de baja calidad, ni mucho menos, eran muy nutritivos. Y se puede asegurar que ese queso naranja tan sofisticado que compramos hoy en lonchas no es más que una burda imitación de aquel queso naranja americano, aunque nos parezca lo contrario.

Bueno, pues ya saben lo que es el queso americano y la leche en polvo, y que ningún tonto de capirucho se de por no enterado, que no pasa nada por reconocer que se pasó hambre.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 45. Los carros de Pedro el de los helaos y de Banego

AYAMONTE EN EL RECUERDO.  45. Los carros de Pedro el de los helaos y de Banego

Además de los carrillos de las chucherías de los que ya hablabámos en este blog, existían en Ayamonte dos carros más, aunque estos de carácter ambulante. No paraban en un sitio más o menos fijo para su venta como los carrilllos, sino que iban recorriendo todo el pueblo ofreciendo sus productos, aunque eso sí, con paradas en sitios más o menos habituales el tiempo justo de la venta.

Uno de esos carros era el famoso de Pedro Jiménez Antolín, más conocido como Pedro el de los helaos, porque además de fabricante de helados y vendedor en su tienda de la calle San Diego junto a su esposa Trini y a sus hijas Trini y Mari Carmen, que aun continúa con el negocio, vendía, como ustedes habrán deducido facilmente, helados por todo Ayamonte en un carro especialmente diseñado al efecto. Aquel carro creo que desapareció,  pero su hija Mari Carmen, buena amiga mía y colaboradora del blog con la aportación de fotografías, lo ha reproducido en miniatura y lo tiene expuesto en su tienda de la calle San Diego para deleite de todos los viandantes. Hoy lo traemos en fotografía a este blog.

Otro de los carros era el  del popular  Antonio Banego, que igualmente vendía helados que también fabricaba él mismo, pero sobre todo dulces, que era su especialidad, y lo hacía de una manera muy particular. Banego se paraba en los bares y entraba baraja en mano para rifar una docena de dulces. Su pregún para tal actividad era el de "al lindo corte", y así, con talento y simpatía, se ventilaba la carga y de camino se pega el hombre su lingotazo.

Los dos fallecieron hace tiempo, pero a todos los de la época nos queda el agradable recuerdo de aquella actividad tan singular pero al mismo tiempo tan necesaria para las personas que no podían salir a la calle y esperaban a que pasase Pedro o Banego para poder comprar un helado o un dulce.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 44. Casa Estévez y Casa Dolores

AYAMONTE EN EL RECUERDO.  44. Casa Estévez y Casa Dolores

En este día, vísperas de Reyes, día de los niños por excelencia, vamos a tratar de recordar, en la medida de lo posible dos casas de juguetes, las dos únicas existentes a mediados del pasado siglo en nuestra ciudad: Casa Estévez y Casa Dolores.

Como observarán cuando aparezca la preciosa foto que ilustra este artículo, Casa Estévez se encontraba ubicada en aquella señorial y monumental calle Real de la época de que tratamos. Esa preciosa esquina hoy la ocupa una vulgar cristalera. No tengo especial recuerdo de la tienda aunque sé que era de venta de juguetes, quizás Magodi, que me sugirió la trajera al blog, pueda añadir un comentario ampliatorio, cosa que le agradeceremos porque merece la pena.

La otra tienda de juguetes de las dos existentes, estaba situada a la salida de la calle Real, ya en calle Capitán Cortés -hoy Lusitania- justo al lado de lo que fue la cafetería La Peña y hoy una tienda de tejidos del amigo Angel Guerrero,  ocupando concretamente lo que hoy es la tienda de mi tocayo Trini Castelo, el de los edredones. Al frente de la tienda estaba una señora llamada Dolores, acompañada siempre de una sobrina, tenía un pequeño escaparate y el mostrador de madera frente a la puerta de entrada.

Esta tienda, lo recuerdo perfectamente, permanecía abierta hasta pasadas las 12 de la noche del día 5 de enero, y a esa hora seguía la gente comprando juguetes. Hay que tener en cuenta que el comercio en general cerraba muy tarde y por entonces no teníamos en Ayamonte cabalgata de reyes, por lo que los niños teniamos que esperar al día siguiente por la mañana, que era el día de la gran ilusión. Afortunadamente, aun no había hecho acto de presencia el gordo barbudo vestido de colorao, medio griego,  medio noruego y nacionalizado americano.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 43. Villancico ayamontino

AYAMONTE EN EL RECUERDO.  43. Villancico ayamontino

Antiguamente las cuadrillas de campanilleros proliferaron en Ayamonte y era costumbre en estos días de la Navidad cantar por las calles e ir de casa en casa a recoger el aguinaldo y comer y beber a gañote.

Ayamonte contó siempre con villancicos propios y música propia, todo ello al compás del almirez, la pandereta, el chiquichís, la botella, la zambomba, el pínfano, los palillos y ya más tarde se incorporó la guitarra con la cuadrilla del recordado Maclau.

Cuando se llegaba a una casa a cantar no se pedía permiso porque éste ya se llevaba, simplemente lo anunciábamos así:

"A esta puerta hemos llegao, señores cantar queremos, que la licencia del Niño en la mano la traemos".

Nos dejaban pasar, por supuesto, y ahora venían los villancicos, algunos con letras o latiguillos ayamontinos. Hoy nos vamos a detener en uno por su peculiaridad, era cuando cantábamos aquello de:

"Dame usté los jigos, dame usté las brevas, que me voy pa casa a encender candela".

Y digo yo, los jigos podían ser secos, pero las brevas no se secan. Y si Ayamonte y Belén son ciudades del hemisferio norte, donde la higuera produce sus dos frutos de junio a julio, ¿cómo nos iban a dar las brevas por Navidad?.

Hay casas peores, como aquel popular que dice "Holanda ya se ve". Desde luego, ver Holanda viniendo desde el Lejano Oriente antes de llegar a Belén, es tener demasiada vista, ¿no creen?. Y es que en todas partes cuecen habas.

Por cierto, quien cogiera el próximo verano un canasto de higos y brevas como el de la foto. Que aproveche.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 42. Los desayunos en la Casa del Niño

AYAMONTE EN EL RECUERDO.  42. Los desayunos en la Casa del Niño

Cuando escribí el artículo de la Casa del Niño ya hacía referencia a esta vieja costumbre, pero por su importancia y por todo lo que significó para nuestra generación, hoy la traigo a colación con más detalle.

Antiguamente en la iglesia de las Angustias se celebraba por la mañana temprano la santa misa, concretamente a las ocho y media, era diaria, pero yo me refiero ahora a la de los domingos.

Al finalizar la misa, jóvenes y mayores -eso sí, sólo hombres, porque a lo mejor si se iba con mujeres era pecado- nos desplazábamos a la Casa del Niño a desayunar. Previamente, las buenas mujeres que atendían aquel comedor para niños pobres habían preparado el café y los bollos. Primero se desayunaba, eso así, de forma modesta, un café con leche y un bollo con manteca. Después, uno de los adultos subía al escenario y nos largaba una charla en relación con el Evangelio leído anteriormente en la iglesia. Y terminaba la sesión con actuaciones de los presentes, entre ellos se hicieron famosos Manolo Borrero con sus chistes y Celedonio Martín con el número de la pulga, que repitió innumerables veces en su vida pero que siempre hacía gracia.

La foto que veréis cuando el Comandante Xavier pueda insertarla corresponde a la venida del Padre Gutiérrez, años después de marcharse o de que lo echaran, para una novena a la Virgen de Fátima quiero recordar, y en ella, para matar la curiosidad de quienes quieran conocerlos, figuran, partiendo de la izquierda y siguiendo el sentido de las agujas del reloj, los siguientes elementos: Santiago Puga, Antonio el Titi, Castelito, cuñado de Pepe Mahoma, Paco Sánchez, o Paco Isidro, recientemente fallecido, Trini Flores, Fernando Carro, Juan León, el Suave, que por cierto, no sé nada de él, el padre Gutiérrez, al que se debe la construcción de la Casa del Niño, y Antonio el Pocke, también fallecido,  precisamente ahora en Nochebuena hace años.

Fueron momentos muy agradables, pero no vayan ustedes a creer que los adultos que participaban en el acto de convivencia después la prolongaban con nosotros en las calles, ellos estaban a otras alturas, como era natural para la época.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 40. Las canúas mechilloneras

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 40. Las canúas mechilloneras

En tiempos pasados, quizás hasta mediados del pasado siglo, Ayamonte contaba con un considerable número de canúas que se dedicaban a la capturan del mechillón (canoas dedicadas a la captura de la chirla, que diría cualquiera que no fuese ayamontino). No puedo determinar el número de ellas, pero sí puedo recordar la de mi familia, que se llamaba "María", que era de mi padre y sus dos hermanos. Recuerdo que Paco "el Práctico" tenía otra, y una que destacaba sobre las demás, pues generalmente las canúas iban pintadas de negro u oscuro y esta era blanca, de ahí que si tenía nombre, que era lo normal, siempre se conoció por "la canúa blanca", era propiedad del señor Segura, abuelo de mi buen amigo Antonio Carro Segura, que por cierto, me extraña no verle por el blog. Ya aparecerá.

Las canúas salían por la mañana y volvían al atardecer. Desde la taberna de señó Moguer se las veía venir y la gente las reconocía de lejos por el velámen; la nuestra precisamente tenía un gran remiendo en lo alto de la vela y así la podíamos distinguir enseguida. Los mechillones se subastaban en la Rambla del Consorcio, de la que un día hablaremos, y a veces era tal la cantidad que se capturaban que no alcanzaban precio en la subasta y había que tirarlos al río. Los que se vendían, que venían metidos en garlitos de red se transportaban hasta las charangas que los dedicaban a la exportación, y para el transporte se utilizaban unos rústicos carros de grandes ruedas que trepidaban sobre los adoquines del mueblle y eran llevados por una persona cargando los brtazos de los mismos, eran los conocidos "carros de la Castela".

Algunas de aquellas viejas canúas terminaron abandonadas, otras fueron vendidas. Yo creo que en los tiempos actuales hubieran sido aprovechadas como barcos de recreo aunque sólo fuese para pasear con ellas por el Guadiana o por la costa cercana a la playa. Pero por desgracia sólo nos queda de ellas el recuerdo a través de fotos como la que ilustra este artículo.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 39. Las visitas al Santísimo

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 39. Las visitas al Santísimo

Es cierto que con el régimen del general Franco se instauró en España un credo oficial representado por el Nacionalcatolicismo, aquel que convertía a todos los españoles en católicos quisiesen o no, y en el que la partida de bautismo tenía incluso más valor que la de nacimiento, es más, el matrimonio era el religioso, el Juzgado se limitaba a realizar una transcripción de éste. Si un cura veía trabajar a alguien un domingo lo denunciaba y el pobre trabajador, que no lo hacía por gusto sino por extrema necesidad, las pasaba canutas. En fin, pilarín, para qué vamos a seguir.

Mas había otra realidad, la de la libre creencia, la de la práctica de una liturgia y de unos modos que muchos aceptamos sin necesidad de que nos obligaran. Una de esas costumbres era la diaria visita al Santísimo, era como ir a casa de un amigo a echar un ratito después del trabajo y a continuación salir un rato con los amigos o los novios en pareja. Entonces existía en la iglesia de las Angustias una capilla dedicada expresamente al Sagrario, es la que hoy ocupa la hermandad del Resucitado y que sigue albergando la imagen del Corazón de Jesús. Los bancos se situaba en sentido perpendicular a a dicha capilla, es decir, transversal al altar mayor.

Desde luego, algo tenían aquellas vespertinas visitas cuando repetíamos, eran como un sedante y además, como una gran necesidad y así nos la imponíamos voluntariamente. Eran los tiempos del velo paulino, las mujeres tenían que ponerse velo para entrar en las iglesias. Todo muy obsoleto visto hoy, pero al ser propio de los tiempos en que ocurría, resultaba absolutamente normal. Fue sin duda una buenísima costumbre que, como muchas otras, se perdió.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 38. Los antiguos maceros municipales

AYAMONTE EN EL RECUERDO.  38. Los antiguos maceros municipales

Tratamos una figura muy antigua dentro de la vida muncipal, tanto que proviene de la Edad Media. La maza es una de las armas más simples y primitivas que acompañó al hombre, pero desde el siglo XII, se transformó en insignia de ceremonia y símbolo de poder, siendo así denominadas como mazas de "parada". Por su parte, las vestimentas de los maceros que han llegado a nuestros días son son, como algunos creen, dalmáticas, sino especie de gramallas o trajes talares muy holgados propios de los antiguos reinos de Aragón y Castilla.

El macero es la persona que lleva la maza delante de los cuerpos o personas autorizadas que usan esta señal como símbolo de dignidad. Fueron antaño protectores de reyes, nobles y grandes personalidades en época medieval, pero ya en nuestros días no dejan de ser personajes alegóricos y simbólicos de la autoridad y jurisdicción de los ayuntamientos. Los maceros inician los desfiles municipales en las grandes solemnidades.

En tiempos pasados fue una figura muy gráfica, muy representativa en Ayamonte, sobre todo en las ceremonias religiosas, destacando su presencia principalmente en la Función Principal en honor de la Virgen de las Angustias. Pero hay algo que siempre nos llamó la atención: la baja condición social de los maceros. Ojo, no he dicho baja dignidad, sino condición social, pues se trataba de personas considerablemente pobres y algunos rayana la mendicidad. No se comprende que como "protectores de la autoridad"  o "símbolos de ésta", se recurriera a estas personas, a no ser que la autoridad fuera tan prepotente que más que protectores necesitaran siervos, criados. Aparte del gran Arzapepa de tiempos más recientes, me vienen a la memoria dos recordados y queridos maceros: el "Borra", que habitaba en las chozas y era trabajador de lo que se terciera y bailón solitario en las verbenas; y el "Capricho", barrendero municipal, hijo del portero de la escuela de San Antonio y que vivía en una casa que daba al atrio de la capilla. No recuerdo bien si el inolvidable "Chocito" hizo también de macero, espero que alguien con mejor memoria que yo lo aclare. Todos ellos lo hacíen muy bien, permanecían firmes e inamovibles durante toda la ceremonia, que no es poco. Seguramente les pagarían una miseria. Pero así es la vida.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 36. Aquellos equipos de fútbol...

AYAMONTE EN EL RECUERDO.  36. Aquellos equipos de fútbol...

Yo estoy completamente seguro de que hoy coges a un grupo de chavales, les dices que van a jugar un partido de fútbol en un campo de tierra y les ofrece el equipamiento que llevan los de la foto que ilustrará este artículo, lo menos que puedes hacer es salir corriendo antes de que te calienten, y es que los tiempos cambian para bien, aunque a veces también para mal porque en el presente caso sacamos la conclusión de que a veces la afición se vuelve acomodaticia.

El equipo de fútbol que aparece en la foto está compuesto por alumnos del Instituto Laboral que jugaban un partido el dia de Santo Tomás de Aquino, patrón de los estudiantes. Camiseta de tirantes y algunos de ellos con alpargatas para juar un partido con un balón de badana cerrado con cuerda y en un campo de tierra. Pero jugaban, y algunos muy bien, por eso yo no estoy en la foto, porque lo hacía muy mal.

Para los que quieran matar la curiosidad, les ofrezco los nombres de tan peculiar equipo. Agachados, se izquierda a derecha: Juan Díaz Lagares, Manuel Enrique González (el Rubio), Alfonso García Barroso (el Cuqui), José Luis Peinado (fallecido), José Luis Oliveira (fallecido), y Nazareno Pascasio que está en la foto de figurante, de masajista o de lo que sea porque Nazarenito salía en todas. De pie, de izquierda a derecha: Paco Gómez Ambrosio, Pepe Cobo, Paco Conde (fallecido), Pepe Vázquez (Jaime), Pascual Pérez Viejo, Antonio Carmona y Joaquin Brito Ramos (fallecido). Detrás del grupo, parece ser en calidad de suplente, aparece José Luis Martín Jesús (Bogarín).

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 35. La tienda de Feliciana

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 35. La tienda de Feliciana

Antes de nada, y aunque lo tratemos más ampliamente en el apartado del callejero particular, he de aclarar para quienes no han caído en la cuenta, que la calle Felipe Hidalgo no comienza en la calle Huelva, sino en la calle Cervantes, cuenta con dos pequeños tramos antes de empezar la cuesta. Pues bien, en la esquina del primer tramo de la calle Felipe Hidalgo, haciendo esquina con calle Cervantes, existió el pasado siglo una más que curiosa mercería. Y digo esto porque, aunque es cierto que la tendera vendía y exhibía artículos propios de esta modalidad comercial, lanas, hilos, agujas para hacer punto, sujetadores, etc., lo cierto es que la verdadera tienda estaba en la trastienda. ¿Y por qué digo ésto?.

Muy sencillo. Era la época florida para muchas familias ayamontinas, de la Carrera de Villarreal, y los reyes de esa peculiar carrera eran el café y el tabaco portugués, de precios considerablemente inferiores a los españoles. Y así, aquella mercería fue conocida siempre como la Tienda de Feliciana "la del café". Porque café portugés y tabaco portugés era lo que realmente vendía la buena de Feliciana. "Formidavel", "La Rosa", "Portugés Suave", "París", "Tip Top", eran las marcas del café y del tabaco que vendía Feliciana.

Todo el mundo lo sabía, en especial los rondines de la Guardia Civil, pero hacían la vista gorda, menos un par de veces en el año, que para cumplir el expediente le daban a Feliciana un par de "palos" en forma de sanción. Y digo que lo sabía todo el mundo porque la calle Cervantes y alrededores era un puro olor a café imposible de ocultar.

Feliciana, además, destacaba como devota de la Virgen de la Salud, a la que continuamente hacía regalos, y tenía una hija que se llamaba o se llama Salud, casada con mi amigo Joaquin, que no se si era maestro de escuela o sustituía, o no se qué era, pero terminaron en Sevilla, yo me los encontraba con cierta frecuencia en Triana.

Hoy la tienda de Feliciana, después de muchos avatares, entre ellos el famoso bazar del recordado "Conde Pete", lo ocupa una recoleta tienda, como indica la fotografía que aparecerá en este artículo cuando vuelva el gran Javi Martín.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 34. El lobizome

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 34. El lobizome

Dentro de lo que es el oscurantismo propio de épocas pasadas en que el analfabetismo campaba por sus respetos, proliferaron una serie de leyendas y personajes que si bien hoy nos pueden causar risa, en aquellos tiempos nos hacían templar.

Uno de estos porsonajes fue el lobizome -que no es mas que un derivado del hombre lobo, y que en Méjico y posiblemente en otros paises del área latina denominan como el lobizón-  uno de los más populares.

Desde luego, el aspecto externo del lobizome ayamontino, aunque al final resultase tenebroso, no podía ser más ridículo: capa negra, cara pintada y dientes de ajos. O sea, una especie de fantoche más propio del carnaval. Pero funcionaba.

El lobizome no era mas que un señor que pretendía entrar a la casa de su amante sin ser visto por el general de los vecinos, por ello, se vestía de tal guisa, se situaba debajo de una luz de la calle y llamaba la atención para ser visto, consiguiendo así que la gente huyera y él pudiera salirse con la suya.

Hoy tal personaje no tendría sentido alguno, y ello por dos razones. Una, porque ya no somos analfabetos y hemos dejado de creer en ese tipo de personajes, como el morito del Callejón Corto, el Cortapalma, el Marimanta, etc.; y otra porque para que una pareja se deleite "haciendo el amor", que es el eufemismo de los aufemismos en materia sexual, tiene a su disposición parques y jardines, paseos y glorietas, y todo ello  con luz natural.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 33. El teatro Ibérico.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 33. El teatro Ibérico.

Allá a primeros del pasado siglo, nuestra ciudad contaba ya con varios recintos para espectáculos. Frente al paseo de la Ribera, entonces de Tetuán, venía ubicado el llamado "Cinema Ayamonte", que yo no llegué a conocer, al menos no tengo recuerdos concretos. En la calle José Pérez Barroso, donde existen hoy varias puertas para garajes, pasado "el Chochito", contábamos con otro cine, el "Creoli". De este sí recuerdo algo porque en muchas ocasiones fui a ver películas infantiles los domingos, todas del Oeste y en blanco y negro; era de madera y tenía su anfiteatro. Y ya en la Avenida, muy cerca de la curva del astillero o lo que hoy es la rotonda de los Miguelitos, estaba situado el Teatro Ibérico.

No entiendo de arquitectura ni de diseño de edificios, pero a mí el Teatro Ibérico es que me chifla, aunque sólo sea ahora viendo su antigua foto. Ciertos aires árabes en los arcos de sus puertas y ventanas, los arabescos de su herrería, y la crestería nos trae al recuerdo un pasado rico en manifestaciones artísticas.

El Teatro Ibérico acogió en su escenario a muchas figuras del folclore sobre todo andaluz. No sé cuando terminó su actividad, pero sólo la oficial, porque desde el punto de vista aficionado siguió prestándola. En el Teatro Ibérico tuvo su domicilio durante años la familia Vela -un recuerdo especial y cariñoso para Diego, el ejemplar chófer de Damas- y dado que la más joven de sus miembros, Mariquita, no le daba mal al cante, organizaba espectáculos de aficionados con gente del pueblo, como su mismo hermano Manolo, el camarero, una hermana de Jesús el del Butano, una hija de María la Gitanilla, que no recuerdo si era la Joqui o Jeroma, y en fin, todas las que se querían apuntar. Se pagaba una pequeña cantidad y allí se pasaba las tardes del fin de semana.

El Teatro Ibérico fue derribado en una época que poco se respetaba el pasado y no se conservó ni siquiera su preciosa fachada, y no digamos de su interior, con su escenario, su escalera de acceso a lo que serían los camerinos, en fin, lo de siempre.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 32. La Puerta Ancha

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 32. La Puerta Ancha

Quiero ante todo aclarar que los datos contenidos en este artículo me los facilita una familia de ayamontinos de clara y envidiable memoria, entre los que se encuentra mi gran amigo y colega en materia de pregones, Narciso Sánchez Romero, a quien mando desde aquí un fuerte abrazo. A ver si te jubilas de una vez y te vienes al paraiso.

La Puerta Ancha, ese bar situado en la calle Isla Cristina, en la plaza de la Laguna, recibe su nombre, obviamente, por la anchura de su puerta. Pero, ¿cuál es el origen de la denominación?. Veámoslo:

Aun no se conocía en nuestra tierra el vehículo de motor y el transporte ordinario era a base de carros y bestias, así se realizaba el transporte de personas y mercaderías entre Ayamonte y Huelva. A principios de siglo, no existía la calle Isla Cristina y el río llegaba prácticamente a la plaza de la Laguna. Al finalizar la jornada, los caballos eran refrescados y alimentados, y después eran alojados en un local, junto con los carros. Naturalmente que ese local tenía que reunir condiciones de capacidad suficientes no sólo para alojar vehículos y animales, sino para que cupiesen por su puerta. Y ahí radica el origen del nombre del bar, que como la puerta en cuestión tenía que ser muy ancha y alta, se le quedó la Puerta Ancha para siempre.

Debemnos decir que aquella actividad empresarial tenía como protagonistas principales a dos hermanos, Celedonio y Laureano Márquez, padre y tío, respectivamente, de nuestro querido y recordado cofrade Angel Márquez Feu. Cuando la  actividad del transporte se modernizó, el local fue utilizado como bar para la atención principal de los trabajadores del muelle. Y una curiosidad: dentro del bar vivía, así como suena, una cigüeña que se movía por él con toda libertad. Los clientes le llevaban pescado y parece ser que fue encontrada herida y allí curada. El negocio pasó a ser un almacén y posteriormente volvió a la actividad de bar, que dura hasta nuestros días.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 31. Los carrillos de las chucherías

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 31. Los carrillos de las chucherías

Qué fácil resulta en nuestros días acercarse a uno de los quioscos del Paseo y pedir lo que quieras porque tienen de todo, desde la prensa diaria, a revistas, coleccionables, pilas, incluso artículos de regalos tipo billeteros, carteras, relojes, etc. Y claro está, chucherías en abundancia.

Antiguamente no era así y las chucherías las adquiríamos en puestos ambulantes que aquí denominamos carrillos, los carrillos de las chucherías. Existían varios que vamos a describir lo que mejor que podamos en atención a los blogueros jóvenes porque los otros ya sabemos como eran.

El más grande de todos los carrillos de chucherías era el de Carmelo, se situaba en la calle General Mola (Trajano) frente a un bar llamado Los Gabrieles pero que nunca se le nombró así, sino como Casa Cortada. A pie de Carrillo comía Carmelo y desde el amanecer hasta bien entrada la noche no se apartaba de su lado. Aparte de las chucherías, entre las que destacaban los pirulís, vendía gran cantidad de tabaco, levantaba la tapa del carrillo y parecía un almacén de Tabacalera. Pero Carmelo no se quedaba en sitio fijo sino que se trasladaba con su pesado carrillo hasta la plaza de toros o el campo de fútbol.

Por su parte, el carrillo de seña Antonia quizás fuese el más popular. Las pipas, los cigarros de matalauva, la algarroba molida, en fin, todo un surtido. Despachaba al puñao, entonces nada de bolsitas y nos llevábamos el puñao de pipas en las manos para irlas comiendo sobre la marcha.

El más ordenado de todos era el señor Paciencia, modelo de esteta, de educación, de orden. Todo lo tenía en cajitas con sus tapas y antes de abrir una cuidaba de cerrar la anterior. Su especialidad, el tabaco, y en cuanto a chucherías destacaban los famosos caramelos San José.

Destartalado, desordenado y atípico, el carrillo de Chipirripi, para decirles que vendía membrillos y granás. Le duraba poco el dinero de la venta pues sus viajes a casa de la viuda del alpende a tomarse un vaso de vino eran frecuentes.

Después de jubilarse, un policía local llamado Luis, suegro de mi amigo Juan Cortada, vendió también chucherías y tabaco en un pequeño carrillo frente al Cardenio. Había otro carrillo de esporádicas salidas, el de Luis el de la Peiná, y por supuestos los carros de Pedro el de los helaos y el de Banego, pero no eran de chucherías y ya los trataremos en capítulo aparte.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 30. El morito del Callejón Corto

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 30. El morito del Callejón Corto

Ayamonte, como cualquier otra ciudad fronteriza, vivió intensamente el mundo del contrabando antes de que se creara la Unión Europea y se estableciera el libre tráfico de mercancías. Nuestro río Guadiana era el artífice pasivo de esa actividad en su calidad de frontera natural con Portugal.

Los portugueses, que siempre han tenido un nivel de vida muy inferior a los españoles, que por cierto, ocultaban con su pertinaz orgullo, que aun hoy persiste, se llevaban a mansalva principalmente productos alimenticios: aceite, cohocolate, y no digamos nada de las medicinas al no contar con sistema de seguridad social; por nuestra parte, íbamos a por el café y por el tabaco, también de manera principal. Pero fue el café el rey del contrabando, el que hizo ricas a muchas familias ayamontinas, el que propició actividad, riqueza. A pesar de la estricta vigilancia de los rondines de la Guardia Civil, existían establecimientos dedicados a la venta de productos de contrabando. Todos los bares tenían encima de sus cafeteras un par de paquetes de café español, pero en la molienda ya estaba el portugués, que era muchísimo más barato, e incluso en la calle Cervantes existía una mercería que creo que casi nunca vendió una madeja de lana ni un ovillo de hilo porque los productos que vendía era el café y el tabaco portugués. Ya hablaremos de esta peculiar mercería.

Pero el café no entraba sólo en pequeñas cantidades a través de los transbordadores. Los alijos río abierto estaban a la orden del día, y los contrabandistas cargaban en la orilla los sacos de café para trasladarlos de madrugada. Uno de los caminos a recorrer porque se cortaba mucho trecho, era el Callejón Corto. Y la ignorancia, el analfabetismo de la época, propició que se creara una leyenda: en el Callejón Corto se aparecía un morito. Yo la verdad no sé que miedo puede dar un morito, todavía un moro, vaya. Lo cierto es que de noche nadie pasaba por el callejón, lo que propiciaba que los contrabandistas lo hicieran a sus anchas.

Así que el Morito del Callejón Corto sólo existe en la imaginación, en la leyenda. Pero a veces la leyenda es más fiel que la misma Historia y nos presenta una realidad indiscutible en sí misma.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 29. La empresa Damas, s.a. comenzó en Ayamonte en 1920

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 29. La empresa Damas, s.a. comenzó en Ayamonte en 1920

Lógicamente, yo esto no lo recuerdo, pero hay ayamontinos mayores, de excelente memoria, que sí lo recuerdan claramente. Uno de ellos me ha facilitado la historia, que me limito a transcribir y comentar.

Actualmente por nuestra ciudad circulan infinidad de vehículos, aunque ahora con la zona azul parece que han desaparecido del mapa pues dicha zona aparece desierta durante gran parte del día. Pero no se cansan los recaudadores: de forma furtiva aprovechan un rinoncito donde un ayamontino ha dejado el coche para encasillarlo pintando las rayas en azul a su alrededor. En fin, allá ellos.

En 1920, Arturo Damas y el señor Segura, un industrial pastelero que tenía establecimiento abierto en la calle Real, fueron los propietarios del primer vehículo que llegó a nuestra ciudad destinado al transporte de viajeros y que tenía su garaje en la plaza de la Laguna, donde hoy se encuentra el bar "el Pupas".

Posteriormente, el señor Segura se trasladó a Huelva, quedándose el señor Damas como único propietario del vehículo para su explotación como vehículo de viajeros. Tiempo después, el señor Damas, como hiciera su socio, se traslada a Huelva, donde desarrolló una gran empresa de ámbito internacional para el transporte de viajeros, la actual Empresa Damas, S.A.

Así, y como la propia empresa recoge en su página web, esa gran empresa de transporte tuvo su origen en Ayamonte.

La foto que ilustra este artículo es pequeña, pero tan atractiva por su antigüedad que bien merece la pena publicarla.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 29. La tienda del Alosnero

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 29. La tienda del Alosnero

No hay que ser muy listo para deducir que la tienda de comestibles de la calle Lusitania que regentaron durante gran parte del pasado siglo los hermanos Orta García, Juan y Pedro, se le ha llamado siempre así porque el primer propietario, padre de ambos, fuera oriundo de El Alosno, supongo. Creo que la tienda llegó a denominarse como Vda. de Juan Orta Limón, pero yo la conocí siempre como Casa Orta y popularmente como la Tienda del Alosnero.

Situada como queda dicho en la calle Lusitania, antes Capitán Cortés, siempre destacó por la gran calidad de sus chacinas y la diversidad y calidad de las bebidas. Hoy la tienda parece un auténtico museo de bebidas, perfectamente ordenadas por fechas de crianza, con la cita a la denominación de origen, en fin, un primor.

Tiene un patio interior y al fondo uno más pequeñito que es una delicia, en verano debe dar gusto tomar allí el fresquito nocturno. Mas una cosa caracterizaba a la referida tienda: al mismo tiempo acogía una corresponsalía del Banco Hispano Americano, de tal manera que a ella se entraba lo mismo a comprar cien gramos de jamón que a pagar una letra. Dentro del recinto dedicado al banco se formaba todas las mañanas una tertulia con los hermanos Orta García, don Trinidad Navarro Nieto, don Celestino Rios Gutiérrez y alguno más que no recuerdo, pero ellos eran fijos.

Durante muchos años trabajó en ella mi buen amigo Paco Rodríguez  Castillo, hoy empleado de Ayapunt, cualquiera que no le conociera pensaría que era uno de los dueños de tantos años detrás del mostrador, casi desde que era un niño.

Afortunadamente los descendientes de Pedro Orta García, pués Juan no llegó a tenerla, han mantenido el chiclé añejo de la tienda, se ha reformado algo pero lo sucinto, por lo demás, y a pesar de los muchos años transcurridos desde que fallecieran Juan y Pedro, cuando uno entra en la tienda siente la impresión de entrar en la de siempre, la Tienda del Alosnero. Les felicito por ello.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 28. Cayetano, "El Beso de Judas"

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 28. Cayetano, "El Beso de Judas"

He pedido permiso a su hijo Antonio Aguilera, el Zapatero, para escribir de este personaje absolutamente inevitable y totalmente imprescindible para entender nuestro reciente pasado, aunque se tratara de un hombre humilde, sin  más título conocido que el de su apodo: el Beso de Judas.

Empecemos diciendo que Cayetano en realidad no se llamaba Cayetano, sino Arturo. Era un trabajador incansable, un excelente padre de familia y un hombre querido por todos. Pero lo que era más de destacar en su personalidad era su genuina, su natural gracia. Cayetano no contaba chistes, no contaba historias, ni siquiera contaba cosas para hacernos reir, simplemente le salían aquellos "golpes" que nos hacían reventar de risa.

"Niño, súbete al ascensor del hospital de Jabugo y bájale a esta señora aquella sandía". Esto lo decía cuando, vendiendo sandías en la puerta de la plaza, a una buena señora se le antojaba la de arriba del todo.

Cayetano, ¿qué le pasó a aquel hombre cuando estuvistes en el hospital?. "Na, que entró como una anguilla cortá a pedazo y salió  nuevo", (se trataba de un señor que había sufrido múltiples lesiones con motivo de un accidente).

Durante un tiempo estuvo viviendo en Málaga con su hija. Un día que visitaba Ayamonte le preguntó el Palmero cómo era la vida en Málaga. Muchos coches, le contestó. El Palmero, para sonsacarlo le insistió, ¿tantos coches hay?. Y Cayetano a lo suyo: "mira, imagínate que estás en la calle Real, y de momento alguien suelta un jalabá de cangrejos".

Y así una y otra vez, un día y otro, toda una vida. Nosotros solíamos ir por las noches de verano al muelle a ver los alijos de los barcos del salao, pero íbamos para escuchar los golpes de Cayetano, y sólo con aquellos golpes tan graciosos hacía aquellas penosas noches de trabajo más cortas.

Un día en que no había manera de ganar una peseta por el mal tiempo, se puso las botas de aguas, se bajó al estero, y con las botas enfangadas entró en la tienda de comestibles de Fernández a pedir fiao, fingiendo así que estaba trabajando  con la bajamar.  Fernández sabía lo que había, pero ¿quien le negaba a Cayetano el fiao con aquella ocurrencia?.

Y así podíamos seguir, pero la cosa se haría interminable.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 27. El cine de verano en la plaza de toros

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 27. El cine de verano en la plaza de toros

Yo no sé qué tiene la televisión que acaba con tantas cosas de antaño, como por ejemplo, aquella vieja costumbre de tomar el fresquito las noches de verano aprovechando el terreño, que era y es un patrimonio de Ayamonte de valor incalculable. Yo he vivido treinta y cinco años a la verita de Sevilla y sé como el que más de esas noches de julio y agosto que pasas en vela por la dichosa caló. En Ayamonte, sin embargo, si exceptuas tres o cuatro días como mucho en todo el verano, las demás noches tenemos incluso que encajar las ventanas cuando la madrugada avanza hasta el amanecer. Es un primor, como diría mi madre.

Precisamente aprovechando ese fresquito nocturno, existió en nuestra ciudad un cine de verano que no necesitaba mucho de montaje, pues ya estaba construído, bastaba montar el telón, las sillas y la cantina. Era el cine de verano de la plaza de toros. La película, -aunque a veces era buena- la mayoría de las ocasiones era un verdadero petardo, pero no importaba.

Se cenaba temprano, se amarraba uno el chaleco a la cintura o al cuello, en la puerta, además de comprar la entrada, nos hacíamos con las chucherías de los carrillos de seña Antonia y de Carmelo, y pa dentro, a charlar, a dar vueltas por las gradas de un lado a otro, y como no, acercarse a la cantina de Antonio Saldaña -por cierto, abuelo suegro de mi amigo Pepe el Godovi- que regentaba con  su yerno José Luis, aunque algunas veces echaran una mano sus hijos. En ella podíamos degustar las exquisitas gaseosas de los hermanos Cabrera y el buen aguardiente haciendo una palomita. Si a pesar de todo ello, de toda esa oferta, querías ver la película, pues no había pegas, te sentabas, la veías y punto, que para eso la echaban.

Y vino la tele, y tos pa dentro, de casa, quiero decir. Se intentó continuar las proyecciones en el Cardenio instalándose el aire acondicionado, pero no era lo mismo, y el cine de verano desapareció para siempre. Una lástima.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 26. La cueva de señó Canasta

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 26. La cueva de señó Canasta

Miren bien la fotografía  que será publicada para ilustrar este artículo, observenla con todo detalle, examinen el entorno en general. Les aseguro que todavía existe, intacto, el lugar, ya les diré donde para quienes no lo sepan. Bueno, ahora vamos a lo más importante. En ese hueco que se ve en la foto, al que yo he denominado cueva pero que no llega a esa categoría por el escaso fondo que tiene; en ese hueco sin ventanas, ni puertas, si sillas, ni camas, ni luz, ni agua, vivió mucho tiempo un ayamontino al que conocíamos por el Canasta. Ignoro su nombre y apelo a los blogueros más viejos -la taberna del amor, por ejemplo- a que lo aporten si lo saben.

No sé a que se dedicaba señó Canasta, al fin y al cabo yo era un niño cuando pasaban estas cosas, eso sí, siempre se le veía con unas canastas. Como era pobre de solemnidad debemos pensar que se dedicara a recoger cosas tipo chatarra para luego venderlas o para traerse a la cueva algo de alimento que le diera la gente.

Lo que si les puedo asegurar que señó Canasta era hombre de mal genio, con toda seguridad porque los chiquillos de la época le sacábamos de quicio metiéndonos con él. No se trataba de nada violento, simplemente cuando pasábamos a la altura de la pedrera donde está la cueva camino del campito Fortuna o a la vuelta, le gritábamos su apodo, y él ya tenía preparado junto a la cueva un buen número de pìedras que nos lanzaba, eso era todo.

Como lo prometido es deuda, les indico el lugar de la cueva. Vayan al final de la calle Huelva y cojan el Callejón del Gringo o calle Rosa y desembocarán justo en la pedrera donde está situada la cueva. Si lo quieren hacer de otra forma, suban al Peñón y bajen camino del Banderín, así pasarán a todo lo largo de la pedrera y la cueva les quedará de frente.

Esa oscuridad que aun conserva la cueva se debe a las múltiples candelas que se hacía señó Canasta para cocinar y calentarse, el renegrío del humo de la leña aun se conserva. Y es que mendigos los ha habido siempre. Mendigos o gentes que deciden llevar una vida a su manera, quien sabe.