SEMANA SANTA EN PLENITUD. VIERNES SANTO: "BASIS VIRTUTUM CONSTANTIA"
Hoy toca hablar de mi hermandad, de la primera de ella, de la del Viernes Santo de Las Angustias, la de la prestancia, la clase, el saber estar, mejorando lo presente, que no se diga.
Todas las hermandades sufren a lo largo de su existencia altibajos, es normal en toda obra humana, pero mi hermandad ahora pasa por unos momentos dulces, de altura, fruto de una labor constante, parsimoniosa si se quiere, pero extraordinariamente efectiva. Lucho Pérez y su efectivo equipo de gobierno así lo hacen posible; a la parsimonia pasmosa de Lucho se une ese laberinto de nervios representado en Paco Cecilia, y en medio, aportando esfuerzos y el eclecticismo necesarios, gente como Martin, Nico, Carlos Jaime, Antonio Acuña y todos los demás, que no es cuestión de relatar la lista completa. No podemos olvidar que la hermandad del Santintierro de las Angustias fue la primera que incorporó mujeres en su procesión y en tareas directivas, y eso también se nota.
La noche del Viernes Santo todo fue como Ayamonte espera de una hermandad de Viernes: orden, control de emociones para que no desemboquen en espectáculos innecesarios, austeridad y el bien hacer de dos capataces que se olvidan que a su alrededor hay cámaras y fotógrafos porque lo que realmente les importa es el personal al que dirigen y las imágenes que procesionan.
El andar acompasado con el buen gusto y el refinamiento de la Virgen del Mayor Dolor nos recuerda otros tiempos, muy lejanos, en que todo era más o menos así. No faltó la presencia de las mujeres ataviadas de mantilla y peineta, tradición que espero no se pierda nunca.
La Señora del Viernes Santo, después de mostrar a su pueblo su dolor contenido y la grandeza reflejada en la simplicidad de las formas, despidió una vez más esta Semana de Pasión, no sin antes mirar de reojo, con amor y templanza, esa dualidad ayamontina de la doble muerte, que a esa hora ya enfila el camino hasta San Francisco para decir su adiós bien entrado ya el Sábado Santo.
Fue, en definitiva, un Viernes Santo de los que permanecen en el recuerdo, y es que hay que reconocer que el tiempo es siempre factor fundamental en los eventos procesionales, y esta vez nos acompañó con suma generosidad.
Lo dicho, mi hermandad camina por la senda del trabajo diario, acompasado, ponderado. Ellos, los que llevan la nave cofrade, bien saben que “basis virtutum constantia”. He dicho.