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Se muestran los artículos pertenecientes al tema Ayamonte en el Recuerdo.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Vieja calle Galdames.

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Nuestra vieja calle Galdames tiene un embrujo especial, no en balde fue antaño, en nuestros orígenes, la calle principal de Ayamonte, una vía que dice mucho de la vida rústica y ganadera que entonces fue la principal fuente de riqueza.

La foto que nos facilita el amigo Carlos González lo dice todo solo con su contemplación. Ausencia de tráfico, la gente por enmedio de la calle, los chiquillos jugando, un carro que no sabemos qué transporta, y algún que otro burro. Una preciosa estructura urbana solo afeada por un rincón descuidado y sucio. Y ese Pilar de la Villa eterno, aunque en una ocasión el Ayuntamiento decidió eliminarlo, menos mal que posteriormente fue repuesto. Ayamonte a veces es así, se desprende de sus símbolos con demasiada frecuencia y facilidad.

Hoy en esa entrañable calle Galdames ya no queda sitio para que aparquen los coches, dejaron de prestar sus funciones  las viejas  escuelas y el originario ayuntamiento, pero así y todo no ha perdido su encanto, sobre todo en Semana Santa. Por ella sube ya de recogida ese palio de la Amargura llevada por la que sin duda es la mejor cuadrilla de costaleros de Ayamonte. Que sea por muchos años, a pesar de los agoreros.

18/11/2016 17:56 mojarrafina ;?> Hay 24 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Padre Jesús en La Laguna.

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La foto que ilustra el presente artículo debe datar de principios del siglo XX o quizás de finales del XIX. La belleza de la antigua plaza de La Laguna es indiscutible. Una foto pàra un análisis detallado.

A mí lo que más me llama la atención es el paso de la Virgen del Socorro, y no tanto por su tamaño como por su entorno. Desde luego, poco ha cambiado la cofradía en cuanto a acompañamientos: véase como la gente se acumula alrededor del paso de Padre Jesús y deja casi solo al de la Virgen, como ocurre actualmente durante la madrugada.

Otro detalle que llama la atención es el relativo a cargadores. En el paso de la Virgen no se ven cargadores, es más, ni siquiera las maniguetas. La pregunta es inevitable: ¿siempre llevaron nuestros pasos de la madrugada cargadores por fuera? .

No sabemos si la imagen corresponde a la mañana de un Viernes Santo o a la tarde de un Domingo de Señas, en la que se representaba la Pasión en nuestra emblemática plaza.

Yo lo dejo ahí, y espero que viejos y serios cofrades sigan con el análisis, aunque mucho me temo que muchos aprovecharán para hablar de cosas que no corresponden. Inevitable.

02/02/2016 10:40 mojarrafina ;?> Hay 4 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. El arte de pescar sin artes.

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En los años sesenta se produjo la urbanización del Salón de Santa Gadea. Para ello fue necesario cerrar el Estero de la Ribera para facilitar el transporte de materiales y el definitivo acceso por carretera a Canela, a la playa y a la Punta.

Este cambio radical hizo que nuestro querido estero dejara de ser navegable al cerrarse también por el lado este. De tarde en tarde se abrían las compuertas para achicar el agua estancada y el estero quedaba en absoluta bajamar. Con anterioridad, mi primo Manolo "el Cepa" aprovechaba las noches para dejar las nasas o los jalabares, que de eso no entiendo mucho, y por la mañana las levantaba y se ventilaba las tapas.

Entonces, irrumpieron dos artistas de la pesca si ningún tipo de artes. Pescaban sólo con las manos. No me negarán que no hay que tener arte para pescar con las manos anguillas y lenguados. Pues bien, eso lo hacían dos grandes pescadores-artistas: Pepe "el Zamboro" y Juan "el Guinga", a cual más habilidoso. La acera se llenaba de curiosos para verles, era un espectáculo inigualable.

La foto que ha publicado mi amigo Carlos González se explica por sí sola.

23/12/2015 10:49 mojarrafina ;?> Hay 2 comentarios.

AYAMONTE EL EL RECUERDO: Estero eterno,

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Queramos o no, las ciudades, los pueblos, cuentan con sus señas de identidad.

En nuestro Ayamonte -que también es el Ayamonte del Santana, el Delars, el Nisa y el Morillas, a pesar de que sean comunistas- el Estero de la Ribera ha sido siempre nuestra más válida tarjeta de visita.

Es cierto que mucho ha cambiado el entorno. De aquel viejo estero de galeones, acostaos, canúas, pateras, al de hoy, va un abismo. Pero ahí sigue, impertérrito a los cambios de los tiempos, ofreciéndonos una estampa inigualable.

Espero y deseo que los capilltas de la Semana Santa no aprovechen este artículo para entrar a saco, y que los comunistas de la plaza de las Monjas se contengan, aunque mi amigo Morillas me diga que no es comunista, pero como se reune con quien se reune, ya me dirá. Un abrazo.

Al final, lo principal prevalece, y el Estero de la Ribera antiguo sigue siendo simplemente ininuagable, incomparable.

04/12/2015 21:25 mojarrafina ;?> Hay 3 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. El vendedor de cocas.

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Aunque ya las pastelerías ayamontinas se encargan de aclararlo, conviene insistir en que la coca a que nos referimos no es más que un riquísimo dulce de la tierra, hecho a base de harina, azúcar, sidra y almendras.

La coca se puede comer durante todo el año, pero la época álgida es sin duda la Cuaresma y Semana Santa, aunque también por Navidad es importante su consumo.

Durante el pasado siglo existían en Ayamonte dos o tres pastelerías: el Buen Gusto, Rafalito Aguilera, Esteban, y pare usted de contar, aunque algún bloguero recuerde alguna más.

Pero la coca era dulce "de calle", es decir, la vendían en plena calle los propios pasteleros o familiares de los mismos. En el caso que nos ocupa y que refleja la antigua foto que publicamos, es el amigo Carmelo Pérez Gómez, conocido en su tiempo por "Carmelo el de las cocas", que en ocasiones también vendieron su padre y su tío Manuel "Chatarra". La foto está quitada a las puertas de la desaparecida cafetería "Maricambá", y se puede observar como en la pared de enfrente cuelga como una pizarra. Se trataba de eso precisamente, una especie de pizarra donde se escribía el título de la película que ese día se pasaba en el cine Cardenio.

Obsérvese el cuidado higiénico del simpático vendedor, como cubre las porciones de coca con un paño blanco a fin de impedir la invación de insectos, especialmente de moscas. Y cuidadosamente trajeado. Junto al vendedor, sestean dos señores a la espera de tomar café o quizás disfrutando del ya ingerido. Qué tiempos, Dios mío.


01/09/2015 10:28 mojarrafina ;?> Hay 11 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Sentarse a la puerta de la casa.

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A las nuevas generaciones les puede parecer surrealista eso de sentarse en la puerta de la casa para ver pasar a la gente, para tomar el fresquito, para descansar, para criticar, para saludar a los vecinos y viandantes, en fin, para ver, a ciertas edades, como pasa el tiempo por delante nuestro, indiferente, inmisericorde. Pero fue costumbre muy extendida en nuestro Ayamonte, si no pregúntenle al amigo Vicente Delgado las horas y horas que pasaba su padre, el recordado carpintero de ribera, sentado a la puerta de su casa al inicio de la calle Galdames.

Pero en el caso de la foto que ilustra esta entrega, hay algo más que destacar: la incomensurable lección de ternura que nos transmite el amigo Manuel Lorenzo, el que lo mismo te certificaba un paquete postal que te arreglaba una persiana, siempre al socaire de una parsimonia aplastante.

El diccionario de la RAE nos define el sustantivo ternura como la "cualidad de la persona que muestra facilmente sus sentimientos, especialmente de afecto, dulzura y simpatía". Y todo eso y mucho más nos transmite esa estupenda fotografía, llena de luz, de contrastes, de plasticidad, de vida...

Quiero agradecer desde este blog al amigo Manolo el que nos haya regalado los sentidos con ese incomparable testimonio. En este mundo tan enrarecido por contiendas de todo tipo, una imagen así nos trae consuelo y paz.

Gracias, Manolo.

28/07/2015 18:12 mojarrafina ;?> Hay 16 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. La "Playita del Salón".

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En tiempos pasados, cuando todavía no se había extendido Ayamonte hacia el Sur a través del Salón de Santa Gadea, los jóvenes y no jóvenes de la época disfrutábamos de una singular playa o playita: la del Salón.

Todavía restan vestigios de tan singular playa, que hoy nos trae al recuerdo Juan José Núñez, incansable reportero gráfico durante todo el tiempo que permanece en Ayamonte.

Junto a esa ruinosa casa que se ve en la foto que publicamos, y aunque no lo parezca por el descuido y abandono del entorno, existía un extenso arenal, con dunas y retamas, que terminaba en un sitio emblemático del lugar: "la bardita". Una bardita de piedra desde la la cual se lanzaban los buenos nadadores -yo no, porque nunca lo fui- durante la marea llena. Entonces entraba en ese entorno de arenas y retamas, a la izquierda de la bardita según se mira al río, cuando la marea crecía, una lengua de agua que servía de playita para los más pequeños.

No era lugar para coger coquinas, pero sí para cazar bocas de caballetes durante la bajamar.

Ver ese lugar en el estado en que se encuentra da pena, porque queramos o no, esa fue nuestra playa durante muchísimos años. Solo había que cruzar el estero en la patera de Paco el Lanchero y tirar por el muro hasta la "Playita del Salón", donde permanecíamos todo el día y aprovechábamos para disfrutar de las dos actividades dichas: el baño y la caza de bocas de caballetes.

 


24/06/2015 10:39 mojarrafina ;?> Hay 26 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Aquellos olores urbanos...

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El abuelo se sentó en la silla de la Maestra. Ese día el abuelo se disponía a dar una clase muy especial a los alumnos de primaria, les hablaría de un pasado que ellos no conocieron, es más, que ni siquiera sospecharon, les va a relatar cómo eran aquellos olores que se respiraban en el Ayamonte de mitad del pasado siglo, olores urbanos hoy desaparecidos, bien porque desaparecieron los centros productivos de los mismos, bien porque la producción y elaboración de mercancías ha cambiado radicalmente y ya no ha lugar a disfrutar de aquellos incomparables efluvios.

Mirad, niños, os voy a contar cómo se olía antiguamente en Ayamonte, cuando yo tenía la edad que ahora tenéis vosotros.

Cerca del muelle, en la calle Aduana, había una cafetería conocida como la de "Manolito el del quiosco". En ella se elaboraba un exquisito café, posiblemente el mejor del pueblo. Tan es así, que alrededor de aquella cafetería se olía a café recién hecho, mezclándose con el olor a sardinas cocidas en las calderas de una fábrica de conservas cercana, la fábrica llamada de "Indemar".

Muy cerca de ese lugar, en la calle Cervantes, había una mercería regentada por una señora llamada Feliciana, pero conocida como "Feliciana la del café". ¿Sabéis por qué?. Porque aquella buena señora vendía café portugés de contrabando, y como entonces no se conocía la técnica de envasado al vacío, a través del plástico de las bolsas salía el olor a café natural, un olor riquisímo que inundaba la calle y se confundía con el olor a pana de la tienda de Guerrero, de franela de la de Manolito el Lápiz y la pañería de la tienda de Paca la Parreña, todo ello mezclado con el olor a viruta de madera recién cepillada de la carpintería de Leopoldo Aguilera.

Por la calle Lepe, al principio, que es como siempre llamamos los ayamontinos a la calle Huelva, se disfrutaba de un rico olor a jamón bien cortado de la tienda de una señora llamada Sarita y que cortaba con maestría su esposo, el bueno de Eduardo Morán. Enfrente, un rico olor a vermut procedente de una tasca llamada "La Oficina", del Sr. Elías, que los clientes acompañaban con unas lonchas de tocino de jamón envueltas en un papel de estrasa.

Nuestro precioso centro olía también a buenos perfumes, pues entonces se vendía mucho la colonia a granel, y claro, cada vez que se abría un tarro para despachar una porción,el efluvio de la colonia llegaba a la calle. Eso era muy propio en la calle Real, donde estaba la perfumería "La Giralda".

También de las barberías salían ricos olores. De la del maestro Celedonio, en la callejita que era conocida por su nombre, al ser muy estrecha, pendía en el aire un rico olor a "Floid", que era un producto que el maestro extendía por la cara recién afeitada del cliente.

Abundaban los olores a pan recién hecho de las muchas tahonas que había en el pueblo; a buena cocina, en la calle Zamora, procedente de "Casa Barberi"; a pescaíto recién frito del bar de Margallo. Y a rica chacina a lo largo de buena parte de la Avenida y la calle Huelva procedente del almacén de un señor conocido por "el Chacinero". Hasta el carbón y el cisco de la tienda de Caraballo olían bien.

Y no digamos el olor a chocos fritos del bar de "Manolito el de la plaza"; de sangre encebollada de "La Alegría de la Plaza"; de jeringos de Rogelio y de fruta fresca, siempre del tiempo, de la plaza Abastos.

Más olores quedan por citar, pero ya al abuelo le falla la memoria.


26/05/2015 21:46 mojarrafina ;?> Hay 12 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 60 aniversario del Instituto Laboral.

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La avenida de Andalucía ha vuelto a llamarse del Generalísimo; el paseo de la Ribera, de Queipo de Llano; la plaza de La Laguna, plaza de José Antonio; la calle Buenavista, del General Yagüe…

Desde la curva del astillero de Zamudio, dejando atrás la “casa colorá”, circula despacio un taxi negro y cúbico; en sentido contrario, un volquete tirado por una mula rumbo a una pedrera y unos carros cargados de grandes bocoyes e igualmente tirados por mulas, en los que los antiguos aguaores, Patalingue, Piporro, Miguel Antúnez... se dirigen a la "Casita del Agua" para cargar el líquido elemento y su posterior distribución casa por casa.

Han abierto sus puertas las tabernas del  Lana y el Adoquín; el bar la Gasolinera, el de la Cepa, el Túnez, y cerrando el íter del vino de la avenida, el viejo Rancho Grande.

Antonio Campos y los hermanos Castelo abren sus barberías y preparan los utensilios del oficio a la espera del primer cliente.

En el estero, los galeones aparecen anclados junto a sus acostaos, y un buen número de canúas de las que se dedican a la pesca del mechillón.

A las nueve de la mañana Paco el Lanchero ha cruzado ya varias veces el estero de la Ribera, y a esa misma hora, con puntualidad castrense, abren sus puertas las tiendas de Rafalito Aguilera, Salvador Morlera, La Giralda de Sanchito, la Caldera de los Pallares, Enrique el Locero, el Buen Gusto, Casa Fernández, Almacenes Arcos, Sotito, las tahonas de Salazar, Carrito, Elías, que impregnan con incomparable olor a pan recién hecho las calles de sus alrededores.

La plaza de abastos ha vuelto cargada de romanticismo, abierta y luminosa, con su inolvidable suelo de chinorros, y ya trabajan frenéticamente en sus puestos carniceros,  pescaeros, cafeteros, fruteros... y Angel E`sury  siente sus pinceles llamar a "generala" para dejar plasmado en un lienzo todo el encanto contenido en el entorno

El paisaje urbano es pobre, pero bello y romántico. Aun no ha sido flagelado por el desmadre urbanístico que pronto nos privará de las ruinas del Castillo romano y del Baluarte, y desde cualquier punto se pueden contemplar alrededores atractivos. Desde casi todos los lugares se ve el río, el castillo y las torres y espadañas de las iglesias.

Desde la estribación norte del Muelle de Poniente la vista del barrio de La Villa resulta paradisíaca. La vieja torre de la iglesia del Salvador, de piedra ocre y erosionada por los vientos, se da la mano con la amurallada del Castillo en ruinas. A sus pies, la Plaza del Salvador, "el Solá", corona inconfundible del barrio de la Villa, un barrio  de casitas bajas de tejados musgosos, de gatos domiciliados, de pana sudada, de bravas espigas, de olor a vieja tahona, de aguas frescas de manantiales urbanos, de viejas escuelas, de vinos bebidos "a tropezón", de brocal de pozo erosionado por cuerdas en manos de rudas y bellas mujeres, de baldeos al atardecer, de un viejo pastor lusitano conviviendo con el apóstol en una secular "madrugá", de cuna de niños expósitos...

La torre de la iglesia de las Angustias luce libre y esplendorosa, erguida y solitaria, apoyándose en un baluarte de piedra que ya no espera desembarcos de piratas, aunque los más románticos afirman que sus viejas piedras conservan cierto olor a pólvora y que en las noches silenciosas y en calma se pueden oir ruidos de sables y espadas… Tiempos pasados que no volverán pero quedan en el recuerdo.

 

Y el siglo XX estaba a punto de superar la cresta de su centenario recorrido cuando Ayamonte amaneció "sembrada" de carteles que anunciaban la apertura de un Instituto Laboral, un centro de Enseñanza Media, que se ubicaría en el lugar que tiempos pasados fuera Casa Cuartel de la Guardia Civil y Convento Mercedario, entre la iglesia de la Merced y la vieja Escuela del mismo nombre.

 

         En principio, muy pocos entendían, o entendíamos, el verdadero contenido del mensaje: ¿qué era un Instituto Laboral?, ¿qué era un Centro de Enseñanza Media?, incluso, ¿qué era un Bachillerato Laboral?

 

         A partir de la Escuela Primaria, a los niños ayamontinos de familias pobres, o sea, la inmensa mayoría, solo les quedaba incorporarse al mundo del trabajo a través de aquella legendaria figura del aprendiz.

 

         Aparentemente, la apertura de un Centro de Enseñanza Media, que además sería gratuita, significaba un salto cualitativo en pos de una pretendida igualdad social, rompiendo así la gran desigualdad de clases existente. Mas la intención era bien distinta: no se trataba de que los hijos de los trabajadores terminaran siendo licenciados universitarios, sino mecánicos navales, técnicos de astilleros, patrones de la mercante, soldadores, electricistas. De suyo, el nuevo Bachillerato tenía un carácter mixto en el terreno pedagógico: a las clásicas asignaturas llamadas humanidades añadía las del conocimiento del mundo marino y marinero y los oficios más conocidos.

 

         Pero una vez más el Régimen se equivocó. El ansia de saber de muchos de aquellos alumnos evitó el estancamiento en titulaciones medias o simplemente técnicas, y proliferaron los médicos, abogados, maestros...

 

         Alucinantes para nosotros fueron aquellos inicios. Era como una ensoñación recibir clases de profesores y catedráticos foráneos que vinieron destinados al Instituto: Don Juan Fernández Fernández, el primer director, flemático, impenetrable; Doña Carmen Sigler Jiménez, que terminaría siendo su esposa, tal para  cual incluso antes de compartir común colchón; Doña Pilar Cruz Miñana-Soriano, todo un sex symbol del momento, áspera de carácter y absolutamente inaccesible; Doña María Jesús Valdés-Hevia y Villa, la elegancia personificada; Don Ignacio Fernández García, nuestro mito, el gran sembrador de empatías...

 

         Casi podríamos afirmar que el concepto minimalista nació con nuestro Instituto Laboral: las aulas justas, las oficinas mínimas, un claustro que a la vez era gimnasio y taller de carpintería. Pero funcionó, y de qué manera. Es cierto que muchos abandonaron nada más empezar y otros tantos no llegaron al final del camino, pero otros muchos alcanzaron grandes metas.

 

         Hoy, al cabo de sesenta años, a los ya viejos alumnos de aquellas primeras promociones, no nos queda más que ser agradecidos por la oportunidad que nos ofreció nuestro añorado Instituto Laboral, agradecimiento hoy extensible a la Dirección del Instituto Guadiana y a su claustro de profesores por la oportunidadque nos han dado de participar de forma tan activa en esta, quizás para muchos, la última efeméride.

16/05/2015 14:17 mojarrafina ;?> Hay 26 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO: El viejo estero de la Ribera.

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Reconozco que es una obsesión. Para qué vamos a andar con rodeos. Dos rincones del viejo Ayamonte me insuflaban un pellizco al contemplarlos: la curva de la cuesta de Morillas cuando a la ciudad se llegaba por la carretera antigua y ya se vislumbraba el paisaje urbano en la lejanía, y el viejo estero de la Ribera, que se plantaba ante nuestra vista con embelesedora belleza al superar la conocida como curva del astillero hoy llamada de los Miguelitos.

Estampa incomparable ver las embarcaciones besando la Avenida, como queriendo pasear por su acera o llevar a sus marineros hasta las mismas puertas de la Cepa, el Túnez o el Rancho Grande. O al despuntar el día, cuando llegaban los viajeros del tren; o ver a Manolo el Petenero y Pepe Frigolet, con sus cansinos andares, caminar en busca de las charangas; o como la buena de Isabelita Aveiro volvía de la misa de ocho y media y como los chiquillos de la escuela de los Marinos esperaban a las puertas de la vieja escuela la llegada del maestro, que en algunos casos serían Enrique Muniz o Luciano Pereira como sustitutos del titular que ese día no llegaría.

Era un primor contemplar cómo los barcos, indistintamente, flotaban en sus aguas o descansaban sus sufridos y calafateados costados en el fango cuando la bajamar. Y aquella más que romántica estampa, como la que recoge la fotografía que ilustra esta entrega, de marineros pescando no sé qué, pero seguramente almejas, o anguillas, algún lenguado, y siempre arbiñocas que servirían de carná en la pesca con aparejos que nos traen a la memoria a dos viejos expertos en tales menesteres: Juanito el Guinga y Pepe el Zamboro.

Barcos de vela, a motor, y botes sin vela ni motor. Barcos, siempre barcos como esencia de la vida marinera ayamontina, y un estero que cedió sus dominios en aras de una dársena pesquera que al final se ha convertido en refugio de motoras de recreo con las que ya no se recrean sus arruinados dueños, y quedó a disposición de diseñadores que no terminan de definir lo qué quieren hacer en él o con él.

Sé que algunos blogueros me van a decir que del estero ya he escrito otras veces. Yo les contesto: y las que quedan.


08/12/2014 11:30 mojarrafina ;?> Hay 25 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. El reloj de la torre del Salvador.

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"Y el viejo reloj villorro, agradecido y ufano, cada vez que da las horas le manda su amor de hierro al tendero enamorado".

De esta guisa terminaba yo el largo romance que en su día le dediqué a mi amigo Fermín, el impenitente relojero de la torre de la iglesia del Salvador después de lograr, tras ardua lucha, que el viejo reloj villorro volviera a funcionar.

En estos días de fiestas en el barrio villorro del Salvador, la nostalgia me hace volver la vista atrás y recordar como en aquellos pasados años, que ya son muchos, el reloj daba las dos de la madrugada, más o menos la hora en que todo terminaba; ya habíamos brincado con "Paquito el chocolatero" y el sempiterno ponchero, el amigo Chamorro, recogía el puesto.

Antes, habíamos bailado al son de los viejos boleros de Lucho Gatica: "la barca", "el reloj", "historias de un amor"... un repertorio que se repetía cada año, al fin y cabo era la época dorada del bolero.

Y como testigo imperturbable, nuestro querido reloj, al que Fermín dio nueva vida, y que hoy os muestro gracias a la gentileza de mi amigo Angustín Lorenzo, que ha subido la foto al muñeco diabólico para nuestro deleite.

Ahora quiero yo leer lo que los nostálgicos que tanto me solicitan artículos como el presente quieran escribir, entre ellos mi amigo el "comunista atípico de la plaza de las Monjas".

10/08/2014 21:12 mojarrafina ;?> Hay 11 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. La tienda casera de Carmen la Fogona.

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Atendiendo la petición de la bloguera Lucía Roncero Cruz y de otros tantos, entre los que se encuentra el comunista raro de la Plaza de las Monjas, vamos a tratar, como ellos me dicen, "cosas antiguas de Ayamonte". Son jóvenes y tienen ansias de recordar pasajes de su niñez o que se les cuente cosas que ellos no conocieron. Pues vamos allá.

Voy a tratar hoy de una pequeña tienda que había en la calle Olivo 17, en el barrio del Peñón, poco más arriba de mi casa, frente a la balda. En dicha casa vivía un matrimonio compuesto por Francisco Garlito, pero conocido como Agapito el Cojo, y Carmen Garcés, conocida por Carmen la Fogona, hermana de un afamado oftalmólogo ayamontino, Ramón Garcés, radicado en Huelva capital.

En esos tiempos -años cuarenta y cincuenta- proliferaban las tiendas de comestibles y artículos varios, llamadas de desavío, que venían ubicadas en la propia casa del tendero o tendera. Ya verán la cantida de tiendas que citarán mis blogueros.

Carmen la Fogona vendía de todo, desde patatas hasta mariposas con sus pabilos para alumbrar santos y familiares perdidos. Carmen era analfabeta total, pero se las apañaba para apuntar el fiado. Así, utilizaba signos o dibujos: rayita pequeña, cinco céntimos; rayita grande, diez céntimos; en la gama de los reales y pesetas utilizabas pequeñas circunferencias, medianas o grandes según el valor de la moneda.

Estas tiendas tenían la ventaja de que se podía disponer de ellas todos los días y a todas horas, pues como decía antes, la tienda estaba en la propia casa de sus dueños.

Agapito, por su parte, era marinero, con mi padre trabajó muchas veces en el acostado "Duero", del "España", y en el invierno en el mechillón. Otra particularidad de la casa de Carmen es que tenía aparato de radio y allí iban las vecinas a oir Radio Costera. Qué tiempos.

13/07/2014 22:08 mojarrafina ;?> Hay 25 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. El cipote de Manolito Arenas.

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Hace ya muchos años que nuestra Diana de las Angustias perdió su encanto, es más, parece condenada a la extinción. ¿La culpa?. No sé, pero mucho me temo que lo fuera ese concepto equivocado de libertad en virtud del cual todo vale, un todo a cien en el mundo de la Culura.

Rercuerdo aquellas mañanas de vísperas patronales alegres, divertidas, con el aguardiente como protagonista, pero sin desmadres, sin faltar al respeto a nadie y sin maltratar el paisaje urbano.

Un año, no recuerdo cuál, un ayamontino tuvo una genial ocurrencia: transformar el tradicional búcaro para el aguardiente nada menos que en un cipote. Fue y sigue siendo de extrañar que se lo permitieran, dada la época, pero lo cierto es que Manolito Arenas, hoy dedicado a vigilar nuestro parque municipal, nos invitaba a todos a empurrar el cipote y tomar el trago de aguardiente. Había que ver las caras de más de uno y de otra, que seguro se imaginaban momentos eróticos con el cipote en las manos.

Fue la famosa Diana del cipote de Manolito Arenas, que ahora ha colgado una foto en Internet junto a mi amigo Tapaera, que no parecen los mismos, están hechos unos dandi y no unos adefesios como ahora.

Por cierto, ¿conservas el famoso cipote, mojarra?. Si es así, queremos verlo.

06/07/2014 21:51 mojarrafina ;?> Hay 16 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. El arte de maquear.

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Cada época tiene su encanto, no es cierto eso de que todo tiempo pasado fue mejor, lo que ocurre es que a veces la añoranza nos hace echar de menos todo lo anterior y nos pone un velo a la evolución lógica de las costumbres.

Hoy me refiero a una época de mucha escasez, de pobreza, pero por ello preñada de imaginación. Ni un duro en los bolsillos, qué digo un duro, ni un real, o como decíamos los ayamontinos, ni un "vintén", pero la vida estaba ahí, para vivirla, y había que ingeniarse la manera de hacerlo.

Una de nuestra diversiones adolescentes era el maquear, lo poco que teníamos para vestir lo reservábamos para los domingos, una chaqueta, una corbata, una camisa almidonada y... a maquear que se dijo.

Estos días mi amigo Celedonio Martín Ríos ha publicado en Feisbu un foto mía de adolescente perfectamente maqueado, incluso con esa oreja izquierda desprendida que pide a voces un broche, pero que así tenía su encanto, y que reproduzco ahora. Al amigo Cele, como se parecía mucho a mí, le bastaba ese parecido para maquear porque las jovencitas pensaban que era yo, aunque no lo hacía mal el chaval.

Se me olvidaba un componente imprescindible para el buen maquear: el fijador para el pelo que comprábamos en la droguería del "Canario" en la calle Real.

Gracias por recordarme la foto, hermano Cele. No eras malo maqueando, no, claro que jugabas con la ventaja de tu parecido conmigo.

Me dicen que el Núñez-Ayaba maqueaba poco y que era más moscón que otra cosa.

29/06/2014 10:56 mojarrafina ;?> Hay 27 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Alumnos vs profesores.

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Los encuentros de fútbol entre profesores y funcionarios contra los alumnos fueron acontecimiento corriente mediados el pasado siglo. Generalmente se aprovechaba la festividad de San Tomás de Aquino, patrón de los estudiantes, para organizar todo tipo de eventos culturales: música, deporte, teatro...

La foto que ilustra esta entrega ha sido colgada en Internet, pero ignoro quien lo ha hecho. En ella podemos identificar a una serie de profesores y empleados del viejo Instituto Laboral, incluidos dos sacerdotes que fueron profesores de Religión, y que jugaban de primor, sobre todo el padre García.

Personales inolvidables como Manolo Fería, el "Tejaíto", o Pepe Jiménez Humanes, "Herramientas", nos evocan un pasado irrepetible.

Según se puede leer, ganaron los profesores por 3-2, y no es de extrañar porque contaban con muy buenos jugadores; así y todo llama la atención el resultado, lo que pone de manifiesto que en el equipo de alumnos jugarían algunos "mantas", como el que suscribe.

Estoy en condiciones de identificar a todos los presentes en la foto, pero prefiero que lo hagan mis fieles blogueros. Así que adelante, que si hace falta ya echaré yo una manita.

20/06/2014 09:45 mojarrafina ;?> Hay 25 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Cuando el comercio del centro daba para todo.

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Mucho, muchísimo ha cambiado el centro comercial abierto de Ayamonte, el tradicional. El comercio del centro, vamos. Tanto, que ni parece el mismo.

Yo creo que una de las "cuentas pendientes" que siempre tuyo la capital con nosotros fue precisamente la del comercio. Se decía por quienes nos visitaban que Ayamonte contaba con un centro comercial mejor que el de la mismísima capital. Y no es que fuera exactamente así, pero comparando la demografía de ambas localidades sí que se explicaba.

Grandes y expertos empleados parió nuestro tradicional comercio del centro. Unos terminaron estableciéndose por su cuenta; otros permanecieron tras el mostrador hasta su jubilación, aportando experiencia y amabilidad, buenas formas y sabiduría.

También era frecuente que estos empleados se organizaran en distintas actividades, y el fútbol no podía quedarse atrás, así que traemos a colación una fotografía en la que aparecen muchos de ellos, afortunadamente un buen número permanece entre nosotros. Otros, como el inolvidable y excelente portero Verísimo da Luz Villegas, nos dejaron demasiado jóvenes.

Pero ahí quedan estas letras y esa fotografía para el recuerdo y la nostalgia.

20/05/2014 21:04 mojarrafina ;?> Hay 30 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO: Los barcos de guerra en las fiestas de las Angustias.

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Se entiende el Estado del bienestar aquella situación en que el Estado, en comunión con las organizaciones sociales, presta a todos los ciudadanos sin distinción todos los servicios sociales necesarios a la comunidad. O sea, pura entelequia, pura utopía por lo imposible.

Como suele ocurrir en Política, los líderes suelen patrimoniolizar lo que es general cuando les interesa, claro. Zapatero presumía mucho de habernos dado a los españoles el Estado del bienestar. Pero a su manera, es decir, al estilo de la antiguas Roma: el pan mínimo necesario y circo, mucho circo.

Pero no es nueva la cosa, ya digo que los romanos ya lo practicaron. En nuestra ciudad hubo una época, durante la última dictadura, en que un alcalde populista ofreció al pueblo mucho circo en forma de Legión, aviones...y barcos de guerra durante la fiestas patronales. Nadie sabe cuánto le costó eso al erario público mientras la caja de Intervención guardaba telarañas y los empleados vivían a base de anticipos.

Pero bueno, mirando el lado lúdico de la cosa, es lo cierto que la llegada y permanencia de los barcos de guerra daban caché y sobre todo alegría al real con la proliferación de jóvenes marineros y las visitas a lo barcos atracados a puerto. Un espectáculo sumamente agradable y vistoso. Nuestras fiestas de hoy se han reducido a un gran comedor en forma de casetas y una sola banda de música portuguesa. El Estado del bienestar se tambalea.

Espero que mi amigo Santana se sienta satisfecho por haber tratado en Mojarrafina un tema de nuestros recuerdos.

06/05/2014 10:04 mojarrafina ;?> Hay 26 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Una de gremios.

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No es que en nuestros tiempos no existan los gremios, pero aparecen algo difusos, las asociaciones de todo tipo han venido a casi eliminar el viejo término. En Sevilla pasé muchísimas veces por calles de denominación gremial, como la de  los alfareros en la vieja Triana. En nuestra ciudad, no recuerdo si existe alguna más que la de Pescadores.

La foto que traemos a colación recoge a antiguos conductores y mecánicos, todos ellos de mucha valía. Posan encima de un antiguo "Aiga" descapotable, con el motor a la vista, teniendo como decorado de fondo un letrero que nos recuerda nada menos que a la desaparecida pensión "la Colombina", aunque su entrada estaba ubicada en la calle Juan de Zamora.

Al volante del vetusto automóvil figura el que fuera taxista, Carlos Vázquez, rodeado de chóferes y mecánicos: Paco y Manolo Domínguez Perlacia, taxistas; Manolo Morales, mecánico; Marcelino, chófer de los viejos camiones del Despacho Central, y Emilio Ramos, el sempiterno chófer particular del alcalde Narciso Martín Navarro. De espaldas, uno de los dos cronistas de la época, el inolvidable Manuel Feria Sousa "el Tejaíto".

He dejado para el final al personaje de los personajes, que posa ufano como siempre en el centro de la foto: José Rodríguez Silva, "el Chico", íntimo amigo, según él, de Franco y Salazar. Echo de menos al tercer Perlacia, Antonio.

No sé qué celebraban, seguramente la llegada del atractivo automóvil o algo por el estilo, pero desde luego no deja de ser una instantánea perfectamente encuadrable en el capitulado de esta entrega: Ayamonte en el recuerdo.

02/04/2014 19:39 mojarrafina ;?> Hay 15 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. El paso de los Santos Varones.

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Aunque algunos cofrades de los de hoy piensen que nuestra Semana Santa comenzó cuando ello alcanzaron el poder en las cofradías, sabemos que no es así, que nuestra Semana Mayor, antes de ser Fiesta de Interés Turístico Nacional de Andalucía, ya existía desde tiempo casi inmemorial.

Lógicamente, como todo se renueva en la vida, también ha sucedido así con nuestros pasos, a veces con acierto y otras con evidente desacierto. Yo no voy a poner en entredicho el enorme valor artístico de nuestro grupo del Descendimiento, al fin y al cabo su autor, Planes Peñalver, es de los imagineros más destacados de nuestro país. Pero, no sé por qué, a mi me mueve más a la contemplación cofrade el antiguo grupo del Descendimiento, el popularmente conocido como el de los "Santos Varones",como me gustan más las antiguas andas tipo gótico que las tan retorcidas de hoy, como ocurre con las de la Vera Cruz y la Lanzada.

Obsérvese como nuestro entrañable "Señor Sin Tripas", el Cristo de la Buena Muerte, ha pasado por tantas situaciones procesionales; aquí es el Cristo descendido de la cruz, pero también procesionó como cruficiado solitario en dos etapas bien definidas.

Me llegan noticias de que este año no procesionará la Virgen de la Victoria, seguramente será debido a cuestiones económicas -Catarro, vuelve, implorarán algunos- y que los "estrenos" brillan por su ausencia. Se trata de un arma de doble filo: por un lado, es malo porque huele a involución; y, por otro, bueno, porque huele a escarmiento por tanto despilfarro durante los últimos años.

De todas formas, la contemplación del antiguo paso de los "Santos Varones", nos invita a la contemplación serena de nuestra más señera Semana Santa. 

27/03/2014 19:47 mojarrafina ;?> Hay 9 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO: El pescaíto frito de un día pa otro.

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Durante las fiestas navideñas, de las que ya nos estamos despidiendo, es frecuente oir por parte de las amas de casa aquella frase, "yo mañana no me preocupo de hacer de comer, hay que terminar con todo lo que sobró de la cena de anoche". Y es cierto, por Nochebuena y Nochevieja se atiborran las mesas de comidas, mucho más de lo que podemos ingerir, aunque mucho me temo que este año el listón haya bajado considerablemente.

Hubo un tiempo en que en nuestro pueblo se comía mucho pescado, porque siempre fue más barato que la carne y además, por un lado o por otro -marineros, rederos, poceros, etc.-  arrebañaban algo para llevarlo a casa, y claro, siempre quedaba algo de pescado frito, que por supuesto nunca se tiraba, no estaba el horno para esos bollos, así que se comían al día siguiente. La necesidad se hizo virtud porque el "pescaíto frito de un día pa otro" terminó gustándonos tanto o más que el recién frito.

Como mi padre traía pescado a casa, tanto del galeón como de la pareja, nunca faltaba el pescado, y mis amigos del Instituto gozaban cuando mi madre nos sacaba un plato de pescaíto frito del día anterior.

Y como estos recuerdos  perduran, todavía hoy a los de aquella generación nos sigue gustando ese pescaíto frito del día anterior. Me imagino al amigo "Ayaba" y a la amiga "Ayamontina" haciéndolo, aunque siempre echarán de  menos la sardina de nuestra costa, o las pijotas con la cola mordida formando un rosco.

Eso sí, el "pescaíto frito de un día pa otro" hay que comerlo sin recalentar, porque si lo hacemos nos cargamos la tradición y el buen gusto. Que quede claro y que aproveche. 

05/01/2014 21:42 mojarrafina ;?> Hay 16 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Feliz Navidad a todos...desde siempre.

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La Rondalla de la Milagrosa marcó en su momento un hito en la vida musical de Ayamonte. Los jóvenes que junto al padre Abad fundaron la congregación nos endulzaban la vida con sus instrumentos y sus voces llegadas estas fiestas navideñas.

Desde Mojarrafina queremos felicitar a todos los ayamontinos, presentes y ausentes, y lo hacemos desde el entrañable recuerdo de los ayamontinos presentes en la foto pero ausentes ya para siempre.

Como en otras ocasiones, la foto me la facilita Manolo Cruz, y ahí están esos ayamontinos vestidos de pastores al frente del inolvidable maestro Bustamante. Por cierto, el más jovencito de ellos es mi querido amigo Pepito Bustamante, que ya peina setenta años; los demás son abuelitos, aunque Pepito y yo también seamos abuelos.

Así, para todos, principalmente para los ayamontinos emigrantes, llenos esta noche de nostalgias, FELIZ NAVIDAD. La mía este año no lo es, pero la vida es así, qué le vamos a hacer. De todas formas, rodeado de mis hijas, mis yernos y mi nieta, me siento feliz y a  gusto.

Un abrazo a todos.

24/12/2013 21:12 mojarrafina ;?> Hay 10 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. La Milagrosa.

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A mediados del pasado siglo, y ya lo hemos referido en otras ocasiones, dos instituciones juveniles acapararon el divertimento de los chavales de la época, y ello con independencia de credos y doctrinas: la Milagrosa y el Frente de Juventudes.

En la calle San Pedro -Callejita del Loco- el  credo falangista; en la entonces calle Capitán Cortés -Lusitania hoy- el religioso-mariano. Y la juventud disfrutando de los dos a la vez. Hoy haremos una referencia a la Milagrosa por las siguientes razones: mi "primo" Manolo Cruz me facilita una fotografía de las  buenas de verdad. En ella aparece el sacerdote fundador de la Asociación de la Medalla Milagrosa, el muy recordado padre Abad, junto a los jovencitos que entonces formaron la primera junta directiva. No los cito porque me gusta que lo hagan los blogueros, pero son muy conocidos la mayoría.

La Milagrosa no sólo era una institución religiosa-litúrgica o de culto; era, a la vez, una instituación de caridad -reparto de alimentos, colchones, medicinas, entre los más necesitados-, y cultural, ejemplo paradigmático su recordada rondalla, amén de los buenos equipos de fútbol con que contó a lo largo de su historia.

Los próximos días 25, 26 y 27, en el templo de la Merced, tendrá lugar un tríduo en honor de la Santísima Virgen Milagrosa, ese pequeño templo que siempre fue su sede. Y desde Mojarrafina, atendiendo con mucho gusto la petición que me hace mi "primo" Manolito Cruz, me permito recordar el evento a todos los antiguos congregantes,aunque este repentino frío afloje las ganas.

Lo dicho, los congregantes y devotos de la Medalla Milagro tienen una importante cita en su sede mariana de siemre: el templo de la Merced.

24/11/2013 23:33 mojarrafina ;?> Hay 25 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. En memoria de los trece que nos dejaron.

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Quiero aclarar que me salen trece los que ya no están con nosotros, pero posiblemente esté equivocado. Y que en la foto figuran tres jóvenes que eran de Calañas, por lo que mis blogueros no deben empeñarse en conocerlos.

La foto está tomada en el patio de la Casa Diocesana de Ejercicios Espirituales en la Cinta, Huelva. Seguramente año 1960, porque estamos los alumnos de la primera promoción  del Instituto Laboral ya en quinto curso mezclados con muchos de una generación inmediata, la de los fundadores de la asociación de La Medalla Milagrosa.

Podría ofrecer la "alineación" con toda facilidad, pero prefiero que sean los propios quienes lo hagan, y especialmente sus descendientes. Mis hijas, por ejemplo, dirían: "mi padre es el que está agachado....".

Lo que más me conmueve de esta entrañable fotografía es la ausencia de al menos trece amigos, todos los cuales nos dejaron muy jóvenes, tanto de una como de otra generación. Sus hijos y nietos les recodarán con cariño.

Por último, aclaro que la foto no es mía, alguien la colgó en el Muñeco Diabólico y yo la archivé en su momento pensando que algún día ilustraría un artículo del blog. Y ese momento ha llegado, con todo el cariño y nostalgia que ofrece el documento gráfico.

Salud para los que perduramos, y paz eterna para los que nos dejaron.

12/10/2013 13:07 mojarrafina ;?> Hay 16 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Don Ignacio.

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Cuando allende los años cincuenta del pasado siglo, justo a mitad del mismo, abrió sus puertas el Instituto Laboral, la vida cambió radicalmente, para bien, para cientos de niños ayamontinos.

Todos quedábamos embobados ante la presencia de profesores, incluso algún que otro catedrático; todo era nuevo, incluso misterioso.

De entre todo el personal docente que arribó a nuestra ciudad para impartir clases en el nuevo centro de enseñanza, una persona destacó desde el principio. Rebosaba carisma por los cuatro costados de su humanidad: don Ignacio García Fernández o, simplemente, don Ignacio. Todos cupimos de sopetón en sus bolsillos; nos daba gimnasia y aquella asignatura del Régimen -él era convencido falangista- llamada Formación del Espíritu Nacional, y no vamos a perder el tiempo en explicar de qué trataba.

Pero con independencia de ello, con don Ignacio había que hacer un aparte. Nos quería sin discriminación y nosotros lo adorábamos. Aquí se contagió de la afición a la pesca y a la cultura del sano lingotazo siempre acompañado con la tapita de pescaíto frito.

Estuvo poco tiempo con nosotros, creo recordar que tres años, y marchó a Málaga de donde ya no se movió, hasta que, según me informa Antonio Vidal Ríos, falleció hace unos meses seguramente rondando  los cien años.

Sus alumnos de los primeros tiempos del Instituto Laboral  nunca le olvidaremos. Y estoy seguro de que él siempre nos recordó en su corazón. Descanse en paz.

20/08/2013 19:19 mojarrafina ;?> Hay 30 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Nuestro Muelle, sin añadidos.

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De toda la vida, el trayecto portuario ayamontino desde la conocida "Esquina de los huelvanos", hasta el "Muello de los bloques", fue conocido simplemente como el Muelle. Tuvo y tiene sus nombres y sus apelativos: de Portugal, de Poniente... pero ocurre como con el Paseo, basta el sustantivo.

Además, nuestro Muelle, con independencia de todo ello, era un emporio de riqueza -pésimamente distrubuida- y de actividad portuaria, industrial y pesquera. La foto panorámica que publicamos así lo pone de relieve. Para los observadores dejo abierto el campo, no voy a citar ninguna fábrica, ningún almacén, ningún barco, ya se encargarán de ello mis fieles bloqueros.

La estampa es de una considerable belleza. A nadie se le ocurrió en aquellos tiempos construir a orillas del río y privar a los ayamontinos de su vista, y todavía la "mente privilegiada" a la que se le ocurrió la construcción del "Puertaespaña" no había hecho acto de presencia.

De todas las fotos que a lo largo de cinco años hemos publicado en el blog, quizás sea esta la más bella, la que nos muestra un Ayamonte rabiosamente auténtico. 

Que aproveche a todos.

08/08/2013 22:04 mojarrafina ;?> Hay 18 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. La frenética actividad en los embarcaderos.

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La construcción y puesta en funcionamiento del puente internacional ha dejado la actividad en los embarcaderos del Guadiana en su mínima expresión. Así y todo, no deja de ser una estampa muy atractiva ver llegar los transbordadores procedentes de Villarreal o los que salen rumbo a la ciudad portuguesa.

En tiempos de pocas actividades deportivas, culturales, de ocio, tiempo de escasez de todo, era normal acercarse al Muelle para presenciar cualquier acontecimiento del tipo que representa la fotografía.

Unos días durante el año se llevaban la palma: los de la feria de Villarreal; decenas de autobuses arribaban a nuestra ciudad cargados de personas procedentes de todos los lugares de Andalucía, guardando colas descomunales, en la comisaría y en el puerto.

Esta fotografía, con sus seiscientos y citroen de acordeón incluidos, está tomada con toda seguridad desde lo alto del desaparecido baluarte de las Angustias, dejo a mis blogueros para que se disputen la fecha o el acontecimiento. ¿Un día de gran bulla durante la feria portuguesa?. ¿La histórica llegada de la Virgen de Fátima?.

Tenéis la palabra. Obsérvese también lo pequeño que eran los transbordadores. Qué tiempos.

Y por último, un ruego al que seguramente es el bloguero más asíduo, el amigo Núñez. Por favor, José Manuel, no me metas virus en  el Muñeco Diabólico escribiendo en esos dialécticos primitivos. Gracias.

17/07/2013 22:30 mojarrafina ;?> Hay 39 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. La inolvidable nevada.

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Caía la noche invernal, que en Ayamonte suele ser fría y húmeda. Resguardado en la camilla, con la copita de cisco o de tierra a los pies. Rumardo III espera que su madre sirva la cena, la de aquellos tiempos: quizás una sardina estivá apretada en un bollo comprado en el horno de Angustita Soto, la de las incomparables cocas.

Más temprano que de costumbre, aparece por la puerta Rumardo II, trae entre las manos un papelón con dulces -empanadillas, calcetines de escocia, bizcotelas- que le ha tocado en la Cepa con la rifa de Antonio Banego, "al rico corte". Pero hay algo que llama la atención de Rumardo III: la gorra de vicera de su padre, negra como en cabón, se presenta blanca como la nieve. La comparación no resultaba gratuíta, era blanca como la nieve porque la nieve que acababa de caer así la había dejado.

A partir de ese momento, repetido de otras formas en todas las casas de Ayamonte, todo fue una fiesta, una fiesta que anunciaba ya mismo muchas efemérides. Que nieve en una ciudad costera es un acontecimiento para recordarlo por siempre. Y así ha sido durante los últimos casi sesenta años.

Normalmente tal acontecimieto ha sido recordado mediante una fotografía de la Laguna nevada, pero hoy prefiero publicar esta del Paseo, menos conocida, aunque no por ello menos bella. Hay personajes por identificar, buena tarea para los nostálgicos.

13/07/2013 22:01 mojarrafina ;?> Hay 21 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. El tío de los camarones.

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Hubo un tiempo en que en nuestra ciudad había un buen  número de personas que vivía de la pesca del camarón y de su posterior venta una vez cocidos.

Creo no equivocarme si afirmo que el número uno en el menester fue Juan Flores, Juan "el Mutilado", padre del recordado "Guañejo" y del malogrado Juan, asesinado por un guardiña portugués en un estero del Guadiana. Mi tío Juan se recorría diariamente los esteros ayamontinos y siempe o casi siempre venía cargado de camarones.

Posteriormente, otras personas los compraban, cocían y después vendían por las calles en un canasto y tapados con un paño húmedo. Se despachaban en un pequeño cartucho de un papel especial, tipo cebolla.

En aquellos tiempos hizo fortuna una coplilla popular: "yo no quiero camarones porque me dan mucho asco, porque el tío que los vende, se mea en el canasto". Naturalmente que no era así, pero tal coplilla se hizo popular.

Hoy no se ven a estos vendedores, salvo cuando llegan las fiestas patronales, en que generalmente se venden en un puesto del ferial. Pero no es lo mismo.

Además, se trataba de unos camarones pequeñitos, que si se cocían y sazonaban bien, estaban riquísimos. Supongo que mis amigos emigrantes recordarán este asunto camaronil. Ya lo dirán.

09/07/2013 21:19 mojarrafina ;?> Hay 11 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Higos y brevas: recurrentes del hambre.

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Fueron tiempos muy difíciles. La Guerra Civil nos dejó la secuela de la escasez y del hambre. Se hacía necesario recurrir al ingenio para llenar el estómago.

Desde estivar sardinas en la propia casa, en cajas de madera y prensadas con piedras para comerlas en invierno asadas con un bollo; meterse en la boca un higo seco que Rumardo III compraba en la tienda de desavíos de Carmen "La Fogona", en el Peñón, para mezclarlo, como sustituto del azúcar, con una infusión de achicoria o cebada; ponerse impando de poleás de maiz compradas anca "Las Siete Mujeres", en la calle Peña, que traía la harina de maiz de Portugal de estraperlo...hasta largarse al campo y de manera furtiva pegarse un atracón de higos o de brevas. De todas estas modalidades matahambre, es la de ir a comer higos la que perdura. Todavía en foros como la plaza, el casino, los bares, se refiere que uno ha ido temprano al campo a comer higos directamente de la higuera. Aunque no por necesidad como antaño.

Lo de ir al campo a comer higos se ha convertido en una tradición que a la vez rememora aquel uso guiado por la necesidad extrema de matar el hambre. No sé dónde el amigo Núñez iría; desde luego le quedaba cerca la higuera carnevaca de la tapia del molino de los vientos, allá cerca del arrecife.

Al Guardián del Registro se los traería su padre de la plaza, y al Bole se los facilitaría el Tejaíto cuando iba a Villareal. Y er Phiito se pondría como el quico en "La Caldera", pero de higos secos. Del Pargana no digo nada: directamente en la tienda de su pare en la calle Buenavista. Qué tiempos.

26/06/2013 21:56 mojarrafina ;?> Hay 58 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Los viejos amigos.

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Posiblemente sea la amistad el don más hermoso con que nos ha gratificado Dios. Suele decirse, a mi entender de forma errónea, que un amigo es como un hermano. Creo que la amistad tiene tanta importancia que no necesita ir de la mano de un parentesco para que funcione en plenitud.

Tratando de encontrar una definición al término amigo, enmcontré hace mucho tiempo una que la creo extraordinariamente acertada: "el amigo es el hermano que tú eliges". Y es cierto, porque el hermano nos viene dado sin contar con nuestra voluntad, al amigo lo elegimos nosotros libremente.

La foto recrea una estampa nostálgica de mediados el pasado siglo. Tres amigos, que aun siguen siéndolo, posan en la Avenida, esquina a la Callejita Estrecha. Ha pasado mucho tiempo, pero la pinta de los amigos José, Bole y Curro, permanece a pesar de las canas y las arrugas propias del paso del tiempo.

Supongo que a los ayamontinos emigrantes les agradará contemplar esta instantánea y que se verán retratados en su juventud.

Bueno, amigos blogueros, el caballo del artículo anterior ya bebió y está en su cuadra. Lo prometido es deuda.

21/06/2013 21:23 mojarrafina ;?> Hay 30 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. El Tiro de Pichón.

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Vamos por parte: el hecho de que este artículo vaya en el apartado indicado no quiere decir, ni mucho menos, que se trate de un grato recuerdo, aunque para algún que otro nostálgico lo sea. La actividad de tiro de pichón es, al menos para mí, a todas luces reprochable, no es lo mismo que la caza, ni siquiera comparable. Dejar en libertad a un animal cautivo para, en plena alegría de éste meterle un tiro y que posteriormente vayan unos criados a recogerlo, no tiene nombre.

Tuvimos uno en Ayamonte, frente al viejo campo de fútbol, donde hoy está lo de mármoles Gámez, o estaba, que no lo sé. Naturalmente era una actividad propia de la época, de señoritos adinerados, que sólo tenían que apretar el gatillo, lo demás lo hacían los criados, como se ve en la foto.

Estas sociedades fueron denominadas como "Reales": Real Tiro de Pichón de... o Real Sociedad de Tiro de Pichón de...

Yo me pregunto qué tiene que ver la realeza con ese desprecio a un animal cautivo e indefenso. Que se sepa, las realezas van más por la caza mayor, especialmente de elefantes.

Y además, que quede clara una cosa. En España sólo hay dos entidades que merezcan el título de Real. Por su propia naturaleza la Casa Real; y por méritos propios el Real Betis Balompié. 

05/06/2013 13:24 mojarrafina ;?> Hay 49 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Casa Ultra-Radio.

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En calle San Diego, semiesquina a General Mola -hoy Trajano-, permaneció por muchos años una muy popular y recordada tienda de artículos varios, como veremos, pero de nombre que indicaba a priori que sólo se dedicaba a uno: la radio, y ello debido a su nombre comercial: "Casa Ultra-Radio".

"Casa Ultra-Radio" ofrecía, entre otros, los siguientes artículos: aparatos eléctricos de uso doméstico; bicicletas, lavadoras, termos-ducha y cocinas eléctricas. Pero la variedad nos sigue sorprendiendo, porque entre la electricidad y la aerodinámica, hacía acto de presencia del descanso a través de la oferta de las populares camas niqueladas. Nada se nos decía de colchones y almohadas, pero lógicamente se venderían también, cosa que no recuerdo pero que Enrique Suárez, hijo de uno de los propietarios, nos aclarará.

"Ultra-Radio" era concesionaria de las marcas "Iberia" y "Mundial Radio", aquellos atractivos aparatos de radio de altovces decorados de tela, y que nos recuerdan inovidables tardes de "Ama Rosa", y de "Radio Costera" para estar al día de los avatares de los marineros.

Eran tres los propietarios: Enrique Suárez, conocido por todos como "Enrique el de la luz"; Joaquín Isabel Parra, que era a la vez propietrio de la confitería "El Buen Gusto", y Juanito Cala, que a su vez era escribiente de la fábrica de conservas "Tejero y Martín Navarro.

La verdad es que la imagen que perdura es la de "Enrique el de la luz" , uno de los hombres más amable, honrado y  excelente profesional que nos ha ofrecido Ayamonte el pasado siglo.

17/05/2013 20:52 mojarrafina ;?> Hay 37 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. La gasolinera de "Ricardito".

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Siempre he creído que no es necesario que un determinado edificio reúna unas determinadas y destacadas cualidades arquitectónicas, artísticas o históricas para que merezcan  respeto y la consideración por el solo hecho de formar parte del paisaje urbano de un pueblo.

Hemos visto como, con el paso del tiempo, han ido desapareciendo edificios propios de nuestro entorno urbano: el viejo campo de fútbol, la caseta municipal, la casa colorá, el arco de Colón, el teatro Ibérico, etc.

La muy entrañable gasolinera de "Ricardito", llamada así en razón del nombre de su primitivo propietario, se ubicó en el muelle, al principio de Padre Álvarez, frente al "chispito", formando así una rara pero pintoresca pareja. Desde hace muchos años se viene diciendo que la ubicación de la popular gasolinera supone un peligro para su entorno; así y todo, se fueron autorizando otras dentro del casco urbano, hasta la última y polémica de la carretera del parador. En fin, pilarín.

Yo no sé si algún día los ténicos de turno decidirán que hay que acabar con la gasolinera de "Ricardito". Pero si así fuera, pido desde ahora que el pequeño edificio que la cobija, a pesar de caracer de todo valor arquitectónico, permaneza dedicado a oros usos. Creo que es el sentir de la mayoría de los ayamontinos. Así, nunca dejaremos de referirnos a la "gasolinera de Ricardito", aunque ya no lo sea.

Un buen destino sería que mi amigo Ayaba, cuando se jubile, lo dedicara a la venta de fue y crema catalana.

10/05/2013 19:48 mojarrafina ;?> Hay 44 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Ciudad cinematográfica y taurina.

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No hay que pasarse, Mojarrafina, no hay que pasarse. Bueno, ya lo sé, el título no quiere decir que en nuestra ciudad se celebraran muchos acontecimientos taurinos y que poco menos  era un plató para el rodaje de películas. Pero dado el tiempo del que hablamos y tratándose de un pueblo entonces pequeño, aunque siempre con su título de ciudad bajo el brazo de su gran historia, no era poca cosa que anualmente, coincidiendo con las fiestas de las Angustias se celebrara en nuestra plaza de toros una importante novillada, de las de verdad, de aquellas que dejaron las huellas de Curro Romero, Paco Camino, el Litri, Camacho... hasta el punto de que precisamente cuando se llevó a la gran pantalla la vida de Miguel Báez, Ayamonte sirvió de plató: "El Litri y su sombra". Inolvidable, aunque nos cogiera poco menos que en pañales.

Más tarde, otra película que catapultó nuestro paisano urbano a todos los rincones de España: "Curra Veleta", en la que participaron como figurantes muchos ayamontinos. Aquellas escenas de Paquita Rico recorriendo los alrededores del Castillo o la calle San Antonio cantando las mantenemos en la retina todavía. Si la bajas del "Muñeco Diabólico" comprobarás que se encuentra un excelente estado.

El amigo Santana podría darnos su opinión desde sus entendederas cinéfilas, aunque ya sabemos las grandes limitaciones propias del tiempo.

En la fotografía vemos al maestro Miguel Báez "Litri" en primer plano; detrás de él, cruzando, Pedro Jiménez Antolín, y a la derecha, puro en ristre el padre de Rafaela Nicasio, gran aficionado, pero no logro identificar al señor que queda a la derecha del todo.

Un puñaíto de nostalgias paralos paisanos emigrantes: Fa, Ayaba, Ayamontina, Álvarez, Vidal y muchos más que, aunque no suban comentarios le consta que frecuentan el blog. Que aproveche a todos.

 

03/05/2013 20:40 mojarrafina ;?> Hay 40 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Las viejas tascas.

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Atendiendo a medias la petición del amigo Núñez, el más fiel de mis blogueros, dejamos atrás al butanero de Bollullos par del Condado, y entramos en tema más nuestro, aunque no referido al amigo Bole, como él pedía.

Hoy nos referimos a unos establecimientos que proliferaron a lo largo de gran parte del pasado siglo: las famosas y recordadas tascas. El diccionario nos las define como establecimientos modestos donde se sirven bebidas y comidas.

En Ayamonte, las tascas sólo servían bebidas, vino peleón por más señas principalmente, y de tapa, altramuces o "chochos", que el que los apodó así no andaba mal encaminado. Abundaban las tascas, aunque reservo a los blogueros la oportunidad de irlas citando.

La que hoy traemos a colación fue una de las más famosas, y no era otra que la de Curro Cabrera, padre de Currito el practicante, situada en la entonces calle Calvo Sotelo, hoy Hermana Amparo, esquina a calle Huelva. Tasca, tasca de verdad, no hay más que examinar detenidamente la fotografía. Que su dueño y más fieles clientes era gente taurina, ni dudarlo. La foto nos muestra serenidad, amistad, buenas maneras, muy lejos de la mala fama que tenían estos establecimientos.

A salvo del señor que está a la izquierda en primer plano, cuya identidad ignoro, reconozcamos a los demás: a la derecha de la fotografía, el maestro Curro el Barbero, posiblemente el parroquiano más asiduo; a su lado, Manuel Flores -para más detalle el padre de Mari Flores, la mujer del pintor Rafael Oliva- y los dos niños, sus hijos, Manolo, el más pequeño, que vive lejos de Ayamonte desde hace muchos años, y el mayor, cuyo nombre no recuerdo, fiel cofrade de Excombaientes. Y terminamos con oro maestro: Toribio, famoso y acreditado peluquero de señoras de la época. No sé dónde andaría el tabernero, pero la figura de Curro Cabrera se vislumbra por todas partes.

Buen provecho para los blogueros nostálgicos.

28/04/2013 19:54 mojarrafina ;?> Hay 65 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Carmelo Feria del Río, Carmelo el del carrillo.

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Las ruedas del carrillo trepidan contra los adoquines de la calle Huelva. Es de madrugada. Carmelo Feria del Río,  ·Carmelo el del carrillo”, cansado, agotado por el larguísimo día al pie de su carrillo de chucherías, llega con su medio de vida, a la esquina de la calle Molino, junto a la vivienda del mestro Celedonio el barbero. Con habilidad y fuerza lo introduce en el almacén y se despide hasta bien temprano del día siguiente en que saldrá otra vez con ese carrillo de chucherías camino de la calle General Mola –hoy Trajano-, para estacionarlo frente al bar Los Gabrieles, Casa Cortada para los amigos. Es su sitio habitual, que cambia hasta la puerta del Cardenio (noches de cine), el estadio municipal (domingos de fútbol), o la plaza de toros (noches de cine de verano). Y lo que se tercie, que él nunca se arruga.

Carmelo come a pie de carrilllo, en unas fiambreras. Trabaja diez, doce horas diarías o las que sean menester. Vende toda clase de chucherías, especialmente los pirulís que le hicieron famoso. Y tabaco, mucho tabaco. Un día le vi levantar la tapa del carrillo para coger un cartón de “celtas” y me dio la impresión que en ese trasfondo había más tabaco que en el mismísimo estanco del Palmero, que ya es decir.

El carrillo de Carmelo es enorme y pesado al lado de los otros: Antonia, Paciencia, Chipirripi, Luis el de la Peiná, Luis Reyes, Banego, etc. Tan es así, que ya de mayor, cuando las fuerzas empiezan a retirarse, no sé si  lo recortó  o mandó hacer uno nuevo, considerablemente más pequeño. Pero siempre al pie del cañón.

No era un privilegiado de la vista, y la figura de agachar la cabeza para comprobar las monedas en las manos era clásica. Pero a pesar de todos los inconvenientes era persona sumamente amable y servicial, muy querido por todos. Carmelo Feria del Río y su carrilllo de chucherías forman parte indispensable del paisaje urbano ayamontino del pasado siglo.

Hoy disfruta de un merecido y pacífico descanso. Que sea por mucho tiempo, y en las mejores condiciones posible.

15/02/2013 14:18 mojarrafina ;?> Hay 51 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. De la yemaíta al candié pasando por el aceite de hígado de bacalao.

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Esta entrega le va a gustar al amigo Ayaba, y al amigo Fa, y a todos los emigrantes, porque les voy a recordar su niñez.

En aquellos lejanos años pasamos mucha hambre, sobre todo por la escasez de alimentos durante la postguerra, y para colmo los pocos que había no nos gustaban y el que más y el que menos iba de canijo por la vida. Recuerdo aquellos reconstituyentes que me recetaba don Jesús Rasco Gamero, unos jarabes que preparaba don Antonio Massoni Jesús en su botica y que nos despachaba en un vaso previamente dejado en ella y que nos servía con una tapa de una especie de papel de celofán.

Pero aparte de esos reconstituyentes "oficiales" había otros naturales:el aceite de hígado de bacalao, que servía para levantar el apetito y que comiésemos de lo poco que había sin mirar si nos gustaba o no, pero como aquello era horrible de ingerir, nuestras madres recurrían a otros dos remedios: la yemaíta, que era una yema batida con una copa de coñac; y el candié, bebida originaria de Cádiz que era un batido de huevo con vino, (así no es de extrañar que la generación diera tantos borrachos). La yemaíta y el candié entraban muy bien, incluso queríamos repetir.

Ahora ocurre al revés: tomamos cosas para adelgazar, que nos quiten el apetito, para eliminar grasas. En fin, pilarín. Yo creo que si los americanos probaran alguna vez un candié mandarían al carajo los cubatas, y además lo patentarían.

El de la bufanda blanca se puso como el quico de yemaítas y candiés, y asi se crió tan rechoncho, no sé si el Ayaba y el Fa preferían el aceite de bacalao, aunque me extraña mucho.

07/02/2013 19:16 mojarrafina ;?> Hay 16 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Enrique el de las cabras.

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En los tiempos de que trato en este artículo ignoro si el término uperización existía en el diccionario de la RAE; desde luego, se puede afirmar que no en la terminología popular, sobre todo en los pueblos.

Digo esto porque hoy se le da mucha importancia al término cuando nos referimos a la leche y nos da a entender que la leche no uperizada es poco menos que un veneno.

El asunto me trae a la memoria estampas de mi niñez, cuando desde la altura del Peñón, asomado a su blanca barda veía las cabras del  bueno de Enrique, abuelo de  nuestro amigo Juan el cristalero, o sea, el Tejero, y como su hijo subía las escalinatadas de Tarpeya y mi madre salía con una lata de leche condensada vacía, cuya tapa hacía de asa para comprar un cuarto de litro. Despues hervía la leche en la candela y mi hermana y yo nos la bebíamos con el café. Y aquí estamos después de más de sesenta años, vivitos y coleando.

Y es que las cabras de Enrique eran especiales, y el bueno de Enrique las cuidaba junto con su hijo con todo esmero, de ahí su gran calidad y lo bien qu se criaron los niños de la época. Bastaba con hervirla y punto. Yo creo que ni uperizada hubiera estado más rica.

24/01/2013 18:05 mojarrafina ;?> Hay 23 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Niños con Padre Jesús.

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No vayan a pensar mis queridos blogueros que por estar ilustrada esta entrega con una fotografía de los pasos de Padre Jesús y la Virgen del Socorro vamos a hablar de Semana Santa: eso quisiera más de uno para soltar su adrenalina.

La Semana Santa –y lo digo sólo a modo de referencia, no porque vayamos a tratar el tema de la Semana Santa- nos ha traído siempre estampas típicas: los niños pidiendo cera; los desastres como el que suscribe cruzando por donde no se debe: los que acceden a Tribuna Oficial cuando ya está la procesión dentro; los niños dormidos el Domingo de Ramos, en fin, pilarín.

Hoy traemos a colación una estampa –y perdone el exigente Pepeluzla por la deficiencia de la foto, pero al estar malito mi amigo Tapi no tengo quien me la restaure- típica, muy tradicional, en el mundillo alrededor de Padre Jesús, cual es la de fotografiarse un cargador delante del paso con sus hijos pequeños arriba del mismo. Si observais bien las fotografías que se suelen colgar en el Muñeco Diabólico relativas a la imagen de Padre Jesús, lo podreis comprobar.

En esta ocasión se trata de mi viejo amigo Manolo Moreno Aguilera, uno de los hijos del “Chulito”, cargador del paso de la Virgen del Socorro y no sé si también de Padre Jesús, posando con su pequeña. La foto la ha sacado del cajón de los recuerdos su hijo Rafa y es de agradecer.

Es una forma sencilla y entrañable se inducir en los pequeños la devoción al santo más popular de Ayamonte, costumbre sana sin perjuicio de que el pequeño, cuando sea mayor, tome el camino que quiera.

Ahí os dejo esa estampa tan familiar, tan ayamontina.

11/01/2013 12:46 mojarrafina ;?> Hay 73 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. "A esta puerta hemos llegado, señores cantar queremos...

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Hace ya muchos años que desaparecieron de calles, plazas y casas de Ayamonte los coros de campanilleros, aquí, en nuestra tierra conocidos como cuadrillas. El chiquichís, la zambomba, la botella de anis, la pandereta, la armónica, el pínfano, los palillos, enmudecieron.

En la nostalgia para los que participamos de manera activa en esas cuadrillas, que a duras penas perduraron gracias a la constancia del inolvidable Maclau, quedan aquellos villancincos tan nuestros:

La tarjeta de presentación, inevitable, en toda cuadrilla que se prestase: “a esta puerta hemos llegao, señores cantar queremos, que la licencia del Niño en la mano la traemos”.

Y otras letras un tanto pintorescas como aquella de “dame usted los higos, dame usted las brevas, que me voy pa casa a encender candela”. Digo pintoresca y paradójica que en pleno invierno pidiésemos higos y brevas, que son frutos de verano, aunque es posible que nos refiriéramos a los higos secos, que abríamos y metíamos dentro un meollo de almendra o un trozo de nuez, lo que se traducía en un bocado exquisito, que fue llamo como el “turrón de pobres”.

“Madre en la puerta hay un niño más hermoso que un sol bello, y dice que tiene frío porque viene medio encueros. Pues dile que entre, se calentará, porque en esta tierrra ya no hay caridad”.

La candela siempre presente en los ratos entrañables de la Navidad. La candela, que es sinónimo de cultura, de reunión, de celebración de lo propio. Desde hace unos años a esta parte hemos apagado la candela de las cuadrillas navideñas y hemos encendido la del Jalogüín americano, que es más progre. En fin, pilarín.

Buena entrada de año a todos los blogueros, y como mal menor pidamos al nuevo año aquello de, “que me deje como estoy”.

31/12/2012 18:43 mojarrafina ;?> Hay 29 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Pepe el de los cuadros.

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Como le prometí al amigo Pepe González  “Luzla”, ahí va un modesto artículo sobre una moda del pasado siglo, allá mediados del mismo, la de colorear fotos en blanco y negro.

Por aquellos tiempos, un personaje querido y tenido por ayamontino porque aun siendo forastero su vida profesional pasaba con mucha frecuencia por Ayamonte, llamado Pepe y conocido popularmente “Pepe el de los cuadros”, montaba frente a la vieja plaza de abastos, entre la puerta del bar de Manolito y el escaparate del “Afilaó”, una curiosa exposición, que a la vez representaba un uso corriente en aquellos tiempos. Pepe exponía una serie de cuadros que contenían fotografías antes en blanco y  negro y que en virtud de cierta técnica terminaban siendo coloreados. Cuadros con fotos de personas, de santos, de vírgenes, de paisajes… Desde luego la cosa resultaba bastante cutre, bastante pobre, pero para aquellos tiempos daba el parche. La gente le entregaba una foto de un familiar y él la traía enmarcada y…. coloreada.

Personalmente no me gusta esa técnica, que claro, ya no se lleva, no tendría sentido después de la irrupción de la  del color.

Se ha llegado a colorear películas con el consiguiente fracaso. El día que yo quisiera castigar a mi amigo Santana, lo encerrada en un cuarto y le pasaba varias veces “Casablanca” coloreada.

Que sepan ustedes que el menda sabe colorear fotos en blanco y negro, pero de momento no revelo el secreto porque en el feisbu hay mucho copión. Se trata de una técnica muy difícil, muy jodida, pero yo lo lograba hace ya muchos años. Quede ahí el secreto, aunque a lo mejor un día me levanto con el pie cambiado y lo relevo.Ya veremos.

¿Se imaginan ustedes coloreada la foto que encabeza este artículo?. Yo no lo quiero ni pensar.

21/11/2012 23:29 mojarrafina ;?> Hay 47 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Maqueando.

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Reza un conocido refrán que “cuando el demonio se aburre mata moscas con el rabo”. Cosas del refranero o de las frases hechas que han trascendido, aunque yo no sé de dónde se sacó aquello de que el demonio tenga rabo. En fin, pilarín.

A lo que vamos. La frase en sí nos viene a poner de manifiesto que las personas, en ausencia de otros menesteres por no estar a nuestro alcance, recurrimos a estrategias a fin de no aburrirnos. En mis tiempos jóvenes, como el de los grandes amigos de la foto, una obsesión muy extendida era la de maquear. El diccionario oficial se refiere al adorno de muebles y otros utensilios con pinturas, barnices, etc., y no se refiere a las personas. Pero doña María Moliner sí lo hizo y en su diccionario del uso del español nos habla de la tarea de arreglarnos, principalmente para lucir en una fiesta.

En los tiempos de la foto bien podíamos darnos por contentos con tener un traje  para los domingos y “fiestas de guardar”. Además de para bien vestir el traje nos servía esencialmente para maquear, para lucir tipo, de ahí que fotos como la presente  abunden. Quitarse una foto en reunión andando, maqueando, era de lo más corriente.

Un día me decía el amigo Antonio Grao –uno de los que más maqueaban en aquellos tiempos- que a él no le importaba no tener dinero, que se conformaba con vestir bien para maquear a las puertas del Círculo Mercantil.

Hoy no se maquea tanto. Quizás porque, como tenemos abundancia de ropero, no le demos al maquear la importancia de antaño.

Un cordial y cariñoso saludo a los amigos de la foto, especialmente al muy querido y recordado Luciano Moreno Aguilera.

03/10/2012 14:34 mojarrafina ;?> Hay 19 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. La cartelera del Cardenio en las antiguas Angustias.

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Cada tiempo viene a ser testigo de sí mismo. Cada momento de la Historia es irrepetible, por mucho que nos empeñemos en decir que la Historia siempre se repite. Vivimos tiempos de crisis económica y sin embargo vemos como a nuestro alrededor proliferan los espectáculos a cuya asistencia y participación necesitamos ir con la cartera en condiciones.

En otros tiempos, de crisis de verdad, incluidos los de las tristemente recordadas cartillas de racionamiento, nos conformábamos con menos. Las fiestas de las Angustias de mediados el pasado siglo fueron muestra de lo que antecede. Escasos espectáculos: una modesta verbena popular en el Paseo, algún cuadro flamenco en la plaza de toros, la novillada organizada por la empresa Pagés, la charlotada para los más pequeños, y pare usted de contar.

Aunque nuestro cine Cardenio funcionaba a diario hasta con dos sesiones –la primera y la segunda solíamos llamarlas- llegadas las fiestas patronales también se vestía de gala y nos ofrecía películas imposibles de ofrecer durante el año a precios normales. Lo que en las grandes capitales habían sido estrenos aquí se reestrenaban, era una programaciión de lujo que se esperaba con entusiasmo. Dentro de nuestras actividades preferidas: procesión, fútbol, verbena... esperábamos ansiosos conocer la cartelera. Los Ivanhoe, Quo Vadis, Espartaco...llegaban a nuestreo Cardenio, lo que significaba para nosotros ver películas de estreno.

En la imprenta de Esperancita Hidalgo se imprimían los programas, la empresa del cine se esmeraba en preparar los escaparates de las carteleras. Las entradas, por supuesto más caras, pero la ilusión por ver grandes películas requería un pequeño sacrificio.

Con qué poco nos conformábamos. No había para más. Todo aquello pasó y llegó la época del derroche, derroche que a la vez nos devuelve a un periodo de crisis, pero no porque la Historia se repita, los que nos repetimos somos nosotros, que no escarmentamos.

Lo dicho, aunque hoy parezca un tanto ridículo dado que pasamos casi de todo, la cartelera del Cardenio durante las fiestas de las Angustias significaban un verdadero espectáculo, hasta el punto de que terminaban figurando en el programa de festejos.

04/09/2012 19:16 mojarrafina ;?> Hay 39 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Olores para la nostalgia 9.

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Muy cerquita del antiguo y desaparecido “Pasaje”, esa estampa bellísima que recoge la fotografía antigua que publicamos, con el baluarte al fondo y todo el sabor marinero ayamontino, hubo hace ya muchos años una cafetería, concretamente en la calle Aduana haciendo esquina con calle Isla Cristina, junto a las oficinas y almacenes de los hermanos Martín Navarro, conocidos por los “Vituallas”, empresa denominada “Combustibles y Suministros”. La cafetería estaba regentada por un hombre extraordinario y su hijo, y era conocida por la cafetería de “Manolito el del Quiosco”. Estaba cercada por el Despacho Central de la Renfe y por la fábrica de conservas “Indemar”.

Así que entre los olores a pescado de los viejos camiones del Despacho Central y el de sardinas cocidas en  las calderas de la citada fábrica, uno muy especial destacaba: el incomparable olor a café bien hecho de la cafetería de “Manolito el del Quiosco”. No entiendo mucho de la materia, pero casi me atrevo a decir que era la cafetería en que se hacía el mejor café de Ayamonte. La familia se esmeró siempre en mantener esa indiscutible calidad.

Una especialidad de la casa, que les salía primorosamente, eran los populares “carajillos”, café con leche y coñac que tomábamos a primeras horas de las mañanas de invierno y que nos aliviaba el frio. Yo trabajé durante algún tiempo en las oficinas del Despacho Central, y más de un “carajillo” me tomé con mis primos Manolo Cruz y Pepe el Cangrejo. Qué tiempos. Parece como si todavía sintiese el aroma del café bien hecho de “Manolito el del Quiosco”.

27/08/2012 23:44 mojarrafina ;?> Hay 32 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Olores para la nostalgia 8.

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A donde nos acercamos hoy en busca de nostálgicos olores es a un lugar al que asistimos y frecuentamos un gran número de niños y muchachos ayamontinos, aunque algunos, hoy muy bien situados, sientan vergüenza de admitirlo. En fin, pilarín.

Fue un cura vasco destinado en Ayamonte, y según se rumoreó en su tiempo, defenestrado por prestar demasiada atención a los pobres poniendo a los ricos lo que se dice la cara colorá, el recordado padre Gutiérrez, el que impulsó la construcción de la Casa del Niño, verdadero comedor de niños hambrientos de los años cincuenta del pasado siglo.

Pasada la puerta de la iglesia entrábamos a la Casa del Niño, bien a desayunar, bien a almorzar, que es como los andaluces llamados a la comida proncipal. Por supuesto que el lujo estaba ausente de aquellas enormas perolas y de aquellos modestos platos de aluminio, pero no por ello exentos de los necesarios nutrientes, lo que motivaba que en aquella bendita casa y sus alrededores se disfrutara de olores, estupendos olores a buena cocina.

Encabezadas por la siempre recordada Juanita Gil y Josefa, la madre de nuestro amigo y recordado ayamontino “Escayola”, un abnegado grupo de mujeres nos cocinaban los alimentos necesarios para nuestra nutrición adecuada.

Olores a lentejas y judías bien guisadas; a café “de puchero” estupendamente hecho que parecía de bar; olor a mantequilla untada en tierna viena; olor a queso americano y a leche en polvo; olor a higos secos y a dátiles; olor a arroz con leche; y sobre todo, olor a caridad, a fraternidad.

Quien ahora lo niegue y quiera rectificar, lo tiene fácil: cierre los ojos, se de una vuelta por su niñez, suba Ainé Carbonell como hizo tantas veces, entre en la Casa del Niño y coma, pero antes de llegar, huela, que no es malo ni vergonzoso.

24/08/2012 16:57 mojarrafina ;?> Hay 44 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Olores para la nostalgia 7.

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Hoy vamos a detenernos en un lugar pequeño y concreto para recordar dos inconfundibles olores del pasado siglo. (No tengo fotografía del lugar, así que he puesto una alegórica, si alguien tiene una que me la envíe, por ejemplo el Luzla).

El sitio en cuestión es la calle Huelva, entre el cruce con Buenavista y la Callejita Estrecha y la antigua casa del Tejaíto.

En ese tramo la clásica calle se inundaba de dos olores bien distintos aunque muy apetecibles los dos: el procedente del almacén del “Chacinero”, que iba de la calle Huelva hasta la Avenida, y un poco más adelante, en la acera de enfrente, el olor a tahona clásica de bueno de Elías.

El chacinero en cuestión era un señor creo  recordar muy alto, posiblemente de Alosno o de otro pueble de nuestra Sierra huelvana. El almacén era enorme, se veían los grandes depósitos de aceite y la chacina colgada del techo impregnando con sus olores tanto la calle Huelva como la Avenida. Ello me recuerda una frase de mi mujer: “huele que alimenta”. Posteriormente el almacén pasó a ser propiedad del matrimonio “Gimiendo y llorando” más bien ya para la venta de aceites, vinos, licores y refrescos. Con ambos propietarios trabajaron los hermanos Carrega, grandes trabajadores. Y un señor mudo cuyo nombre no recuerdo, también un gran currante.

La tahona de Elías, por su parte vendía unas teleras exquisitas, se entraba a una especie de zaguán y a la izquierda había un par de escalones que daba acceso al mostrador, tras del cual nos encontrábamos a la esposa del panadero y madre de nuestro amigo Rafael, Narcisa, todo amabailidad. En más de una ocasión, por no decir que a diario, irían los amigos Bole y  Santi Puga a comprar el pan. Corto espacio para tan grandes y recordados olores. No sé si el Ayaba recordará al “Chacinero” pues yo soy mayor que él y mis recuerdos con de mi infancia. El Fa seguro que sí lo recordará aunque a él le cogía lejos de su casa.

21/08/2012 20:03 mojarrafina ;?> Hay 32 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Olores para la nostalgia 6.

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Vamos a entrar hoy en uno de esos lugares ayamontinos en que los olores se mezclan de la forma más heterogénea, aunque con prelavencia de uno de ellos.

El inolvidable maestro barbero Celedonio Martín Montes, padre de nuestro querido amigo y prudente comentarista del blog Manuel Celedonio Martín Ríos, acaba de afeitar a su amigo y cliente “Padre Juan”, padre del amigo Ayaba, y masajea su curtida cara de marinero recio con un pruducto de los que nunca deacaen y que todavía lo encontramos en las perfumerías: Floid, loción para después del afeitado. Y así, entre la limpieza clásica de la barbería y el Floid, la Callejita de Celedonio el barbero olía a gloria, a sanidad pura.

Un poco más adelante, a la derecha, un aficionado a la cacería como podría haber sido mi recordado primo Manolo el Caballita, entra a la ferretería-droguería “La Llave”, de Cayetano Ojeda Gamero, hijo y sucesor del legendario Cayetano Ojeda Fernández y padre de uno de los líderes locales más destacados del PP, a comprar un cartuchillo de pólvora para el avío cinegético. Sin perderse del todo el olor de la barbería, empezamos a percibir ese olor a azufre mezclado con los productos propios de la droguerías.

Y de repente, un olor pasa por encima de los otros con fuerza: el inconfundible olor a café, en este caso portugés, de la tienda de Feliciana, precisamente por ello conocida por Feliciana la del café. Una singular mercería tras de cuya presencia lo que en realidad se vendía era el café y el tabaco portugués.

No desaprovechmos la ocasión para recordar otros olores de ese sector: los de la excelente pañería de Guerrero, Manaolito “el Lápiz” y Paca la Parreña; a madera recién cortada y cepillada de la capìntería del maestro Aguilera, y ya más antiguo que ni siquiera el autor de este artículo lo conoció, el buen olor a vinos y licores del bar “La Sacristía” que regentaba el padre del amigo Enrique González, para más pista, abuelo de nuestro querido Jesús “el Pistolero”. Que aproveche.

17/08/2012 14:08 mojarrafina ;?> Hay 47 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Olores para la nostalgia 5.

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En esta quinta entrega vamos a pasar por una calle de las más populares de Ayamonte, la calle José Pérez Barroso. Recibe el nombre del cabeza de familia de una importante saga de conserveros y armadores ayamontinos, cuya empresa más representativa era “Pérez y Feu, S.R.C., con acceso principal por el Muelle de Portugal y ventanas a la calle José Pérez Barroso a la que daban las oficinas y talleres en los que aprendió el oficio de mecánico nuestro amigo Santi Puga de la mano de su maestro padre y del también maestro Parreño.

Desde mediados el pasado siglo, o quizás antes, está establecido en dicha calle un bar popularísimo: bar Margallo, que ha pasado de padre a hijo sin cambiar el estilo y su oferta principal, el pescaito frito de morralla.

Así que entre el inconfundible olor a conservas procedentes de las viejas calderas de la fábrica, sardinas y atún principalmente, y el olor a fritura de pescados del bar Margallo, deambular por la calle José Pérez Barroso resultó siempre un placer, aunque desde hace años aquel olor a conservas en elaboración nos dijo adiós, como también nos dijo adiós hace muchísimos años el inconfundible olor a madera vieja del cine Creoli, al que íbamos a ver películas del Oeste en blanco y negro.

No podemos dejar de hacer una referencia especial a la antigua taberna del Tío Garrote y sus especiales olores a vino de bocoyes, y a los olores sanitarios del centro maternal y casa de socorro Antonio Massoni Jesús.

10/08/2012 19:44 mojarrafina ;?> Hay 11 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Olores para la nostalgia 4.

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Otra  de las calles ayamontinas que nos legó y aun sigue ofreciendo olores de categoría es la calle Juan de Zamora, la veterana calle peatonal junto con la calle Real.

Viniendo desde la Plaza del Rosario –lo que siempre fue la esquina del Correo-, el primer olor que percibíamos era el las inigualables aceitunas aliñadas de José el del Zampuzo, un misterioso olor a un aliño jamás revelado, pero que sin duda fueron las mejores aceitunas aliñadas que se puedan recordar. Olor a vermut y a vino dulce, mistela y moscatel, para preparar la bebida que le dio fama al Zampuzo: los betis.

Un poco más adelante, frente al Zampuzo, olores a acémilas, especialmente burros, que paraban en la posada existente en la calle, a pesar de lo cual no se puede decir que fueran malos olores, como no lo fueron nunca en el muelle los de la morca, las sardinas estivás y la salmuera, al fin y al cabo olores a trabajo que busca el pan bien ganado.

Ya en la esquina, en el cruce con calle San Juan, bien avanzado el siglo vino a establecerse el muy recordado “Biri Biri”, con un bar al frente de cuya cocina estaba la buena de Pepa la Carpante, su esposa, cuya mejoría en su salud deseamos desde el blog. Olores a filetes empanados y a los ricos guisos que elaboraba, y que vino a “disimular” otro tipo de olores poco agradables provinientes de la vieja Maricambá.

Y como reina de los olores de la calle Zamora, la siempre señera e incomparable cocina del restaurante Casa Barberi, desde los tiempos de su fundador, pasando por su hijo Pepe y hoy por su nieto, ese olor incofundible a guiso de verdad, auténtico, elaborado en parte por una mujer muy querida y en el recuerdo de todos los ayamontinos que la conocimos y tratamos: Isabel la Jeringa.

06/08/2012 12:25 mojarrafina ;?> Hay 22 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Olores para la nostalgia 3.

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El primer tramo de la calle Huelva, la que va desde la esquina de Rompeculos a Hermana Amparo –antes Calvo Sotelo- era generoso en buenos olores en aquellos tiempos de tiendas de ultramarinos, bodegas de bocoyes y canillas y cocinas añejas donde se frie el pescado, el individual y el de moralla. Tramo de procesiones, de la Villa y de la Ribera (sin que ello suponga hablar de Semana Santa), y de antigua romería del Calvario.

Los primeros olores, a la derecha de la calle según se viene de Rompeculos, los inconfundibles a chocos fritos del antiguo bar Gildo. Recuerdo que de muchachos íbamos hasta la puerta trastera del bar, donde estba la cocina, a oler los chocos recién fritos, eso, a oler, que entonces era la única “adquisición” posible. Buena cocina la del bar Gildo. De siempre.

Más adelante, los incofundibles olores a vermú, vino y coñac de la “Oficina”. Aclararemos esto para los jóvenes: en realidad era una tasca donde se expendía vino y licores para la calle,(cuando el padre de nuestro amigo Manolo Guerreo llegaba de la mar lo mandaba a comprar un cuarto litro de vino mesturao), pero también se servía en el interior a una más que fiel clientela de gente pobre. Creo que su dueño, Elías, era habilitado de pensionistas o algo así, y no era por ello un tabernero al uso, tenía una mesa grande de esas de oficina, de ahí el nombre del despacho de bebidas. Camareros inolvidables como el Badana y no tan olvidable porque aun está entre nosotros, mi amigo Manolo Barroso, el Gordo del Queveo, padre de un muchacho rubio que despacha gasolina en la Bp y de camino vende décimos de lotería de Navidad para su hermandad.

Frente a la “Oficina”, la inolvidable tienda de comestibles, o ultramarinos, como antes eran nombradas (hoy, con eso de las grandes superficies han quedado en simples “tiendas para el desavío”), del matrimonio compuesto por Eduardo Morán y su esposa, Sarita, así que hablamos de la tienda de Sarita, que era como la conocíamos. Olores a aceite que se despachaba manualmente por aquel sistema de válvulas, a cereales desapachados a granel y traídos desde el interior de la tienda donde permanecían los casos de arpillera, y sobre todo, de jamón, ese jamón auténtico que cortaba el mejor cortador de jamón del siglo: Eduardo Morán. Cortaba también lonchas de tocino de jamón e incluso de tocino solo, que iban a comprar los clientes de la “Oficina” para acompañarlas con la bebida y que se llevaban en un trozo de papel de estrasa que a la vez les servía de platera o plato. En esa tienda se hizo tendero mi amigo Jacinto Díaz:  de despachar todo de lo dicho, terminó despachando juguetes y ahora se dedica al arte de la fotografía, pero en plan aficionado.

Bueno, ya tenemos olores a gaseosas, a colonias de a granel, a choco frito, vermú, vinos y coñac, y jamón. Y no hemos hecho más que empezar. Que aproveche.

02/08/2012 11:14 mojarrafina ;?> Hay 20 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Olores para la nostalgia 2.

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Hoy tratamos de otros olores del pasado ayamontino casi desterrados, por no decir desterrados del todo: los olores a perfumes o, como se decía de forma más abreviada, a colonia, que no es más que una abstracción de los primeros citados.

La irrepetible y preciosa foto con que se ilustra este artículo está tomada en la esquina de la calle Real, desde lo que fué el restaurante la Peña y que ha dado lugar a un acertado rótulo cofrade ( y que conste que esto no va de Semana Santa, no vayan a creerse algunos que hemos faltado a la palabra) : Esquina la Peña, lugar cofrade. El rótulo que se lee es el de “M.SÁNCHEZ”, que  responde ni más ni menos que a la legendaria tienda del inolvidable Miguel Sánchez Muniz, “Sanchito el de la Giralda”, padre de mi compadre Antonio Sánchez Domínguez, que aun sigue con el negocio aunque a través de una reforma estructural.

Eran tiempos en que en las perfumerías, y la de Sanchito lo era de categoría, se vendía la colonia a granel. Todo una ceremonia: se llevaba una frasco pequeño y nos la despachaban desde uno grande a través de un embudo muy estrecho, hasta el punto de que había que presionar con la palma de la mano sobre su parte ancha, para forzar la entrada de la colonia al frasco pequeño. Es de comprender que de tanto despachar colonias el olor se quedara en la tienda, en la puerta y en la calle de la misma manera que se quedan los olores de las freidurías. El quid de la cuestión es que esos maravillosos olores eran la mezcla de todos los que se habían manejado durante el día.

Entrar en la tienda de Sanchito y aspirar profundamente se había convertido en rutina, y quedarse un ratito en la esquina para percibir el fresco olor a colonia nos proporcionaba un momento muy agradable.

La calle Real, el tramo principal de la calle Cristóbal Colón, fue siempre calle de exquisitos olores, como los de las inolvidables reposterías del Buen Gusto y de Esteban, o la de chocos fritos del bar Gildo. Pero de eso ya hablaremos en su momento.

Ya tenemos olores a gaseosas frescas y a colonias de a granel. Aspiremos el aire profundamente, disfrutemos de los olores ayamontinos de antes.

30/07/2012 17:12 mojarrafina ;?> Hay 26 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. La otra crisis.

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Dicen que no hay nada más malo que un estómago desagracedecido. También se puede decir de otra forma, que no hay nada más peligroso que un estómago agradecido. Y es que el estómago, cuando está vación, suena, y cuando te lo llenan, pues ya sabes lo que decía la abuela: la barriguita llena alaba a Dios.

La foto nos traslada al Ayamonte de los años cincuenta del pasado siglo. En ella aparecen una serie de amigos entrañables a la espera del rancho de pobres. El padre Gutiérrez había construído la Casa del Niño precisamente para eso, para saciar el hambre de los más necesitados. (Quiero aclarar enseguida que si yo no estoy en la imagen no es porque no asistiera a esas comidas de pobres, simplemente estaría en otra mesa).

Traigo esto a colación con el deseo de que los que hoy se sienten muy apenados porque ha caído su poder adquisitivo, porque han tenido que dejar el segundo coche, porque han vuelto a casa de sus padres porque no puede hacer frente a una hipoteca imposible, porque en vez de un mes de vacaciones se tienen que conformar con una semana, piensen que no siempre tiempos pasados fueron mejores, sino más bien al contrario, peores.

Paradójicamente esa foto está tomada en esos años de grandísima prosperidad para Ayamonte, o mejor, para unos pocos. Más de catorce fábricas de conservas y un sin número de charangas trabajaban día y noche, los galeones no daban a basto en la pesca de la sardina. Pero la Casa del Niño recogía a diario a docenas de niños necesitados de lo más elemental, la comida caliente que en sus casas no era posible.

Salimos de aquello, y después, con el paso del tiempo, vino lo que vino, eso que muchos ilusos o interesasados dieron en llamar “estado de bienestar”, que al final ha desembocado en un estado de necesidad.

¿Aprenderemos de la Historia?. No sé, mientras en el camino siga esa piedra con la que el ser humano suele tropezar más veces al el mismo burro...

19/07/2012 19:36 mojarrafina ;?> Hay 28 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Las carreras de saco.

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La foto corresponde a aquellos recordados tiempos, concretamente de mediados el pasado siglo, en que las fiestas populares contenían actividades lúdicas de carácter deportivo. Casi seguro correspondiente a las fiestas del Salvador, ya que este tipo de pruebas se celebraban en la Plazoleta.

Con el paso de los tiempos, han desaparecido prácticamente las carreras de cinta, y no digamos nada de la espectacular cucaña (espero que algún día mis amigos de la Asoaciación de Festejos de Canela acuerden restabalecerla para bien del espectáculo, que para eso cuentan con un estero ideal, y por falta de barcos no quedaría, y de paso se le podía rendir un homenaje al amigo Culimaco, el indiscutible rey de la cucaña ayamontina.

Una de esas actividades lúdico-deportivas era la tradicional carrera de sacos. Consistía en hacerse con un saco, normalmente de papas, meterse en él hasta la cintura y amarrarlo alrededor de ésta. A partir de ahí había de correr, bueno, más que correr saltar como los gorriones. El primero recibía un premio, una pequeña copa y a veces algo en metálico, lo que no venía nada mal para los tiempos que corrían.

En la foto que me ha facilitado mi amigo Francisco Romero Gamero, el Currillo, hijo del inolvidable maestro Curro el barbero, se reconocen a varias personas, algunas de ellas afortunadamente aun entre nosotros, y otras que no podemos identificar, aunque algún que otro bloguero seguro que lo hará.

Concretamente, desde Mojarrafina identificamos a los siguientes, de izquierda a derecha de la fotografía: Mascota, Pedro el latero –ganador ese año de la carrera-, Curro, Antonio Bichichi y el recordado Carmelo el Clon. Seguramente los blogueros de buena memoria como el Fa y el Ayaba, así como el Pihiito conocerán a alguien más. Como espectadores, se ven algunas caras conocidas detrás de los corredores, como las de Rafael Losada, Pablo Domínguez Orta y Manolo Rodríguez.

Venga, quedan todos invitados a identificar al resto, y a disfrutar con esta nostalgia de la buena.

03/07/2012 21:48 mojarrafina ;?> Hay 18 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. El zampuzo.

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No es la primera vez que la palabra “zampuzo” aparece en el blog, ni creo que sea la última. Por mucho que hemos buscado, no encontramos ninguna acepción de dicha palabra que la ponga en relación con un tipo de bar. Según la Gramática, zampuzo es un tiempo verbal del verbo zampuzar, que a vez vez es sinónimo de zambullir o zambullirse. Bueno está, ahí lo dejamos.

Me envía mi amigo Pepe Luzla, hijo, una foto antigua tomada en nuestro inolvidable zampuzo de la calleja del Rancho esquina Zamora. Le he echado la bronca porque dice que es la Competidora, nombre moderno de aquel inolvidable bar o tasca.

El dueño del zampuzo se llamaba José, vivía en la calle San Antonio y era conocido por José el del zampuzo; después se hizo cargo del negocio su yerno, Garrido, funcionario municipal y siempre detrás del mostrador el bueno de Pepe, acompañado durante algún tiempo por el Peseta.

La bebida típica era el “Beti”, creo que era una mezcla de vermú con sifón, estaba riquísimo, y más si se acompañaba de aquellas riquísimas aceitunas cuya receta nunca trascendió.

Ya al final de su existencia estuvo regentado por el inolvidable Villegas, el Chau, que en muchas ocasiones despachaba con la camiseta del Betis puesta.

De la foto que me facilita el Luzla, conozco a los siguientes personajes, de delante atrás: Juan el Gori, Pepe Garrido, Manolín Aguilera, Pepe el camarero y el maestro Curro el barbero, siempre en todas las fotografías que se quitaran en una taberna, como era debido. Quedan dos personajes a los que no puedo identificar, el que queda más atrás y el de bigote que está entre Pepe el camarero y el maestro Curro, ¿alguien los conoce?, pues que lo diga y gracias.

Ese era el entrañable, inolvidable zampuzo de la calle Rodrigo de Jerez-Zamora, cuya puerta daba a la primera y unas ventanas a la segunda, frente a lo que fuera la trastera de la vieja oficina de Correos y vivienda de su delegado, Juan Acuña Peralta.

14/06/2012 14:22 mojarrafina ;?> Hay 30 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. El traje de marinerito.

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Cuentan que en una ocasión, al término de una conferencia en una universidad, un alumno se dirigió al conferenciente, que era nada menos que Charles Chaplin y empezó diciéndole: “maestro”... Y el gran Chaplin cortó el diálogo de esta guisa: “joven, no me llame usted maestro, que en esta vida a lo más que llegamos es a aprendiz”. Lección de humildad donde las haya.

Yo hoy voy a someterme a una prueba de humildad y espero de mis ilustres blogueros que me expliquen de dónde y de cuándo proviene la muy antigua costumbre de vestir a los niños de marinerito cuando hacen la primera comunión. Y digo de marinerito, no de marinero al estilo currante, con ropa de agua amarilla y sueste del mismo color.

El niño de la foto va de marinerito con todas las de la ley. Bueno, en este caso no resultaba muy disparatado, porque según tengo entendido su padre era carpintero de ribera, aquellos artesanos que conseguían que nuestros viejos barcos siguieran navegando y faenando cuando los llevaban al carro.

Primorosamente vestido de marinerito, el niño de la foto, con el tiempo cambió el castrense uniforme por el currante babi como tendero en la muy recordada “Caldera de los Pallares”, lo cual le honraba. Pero como todo en la vida va perdiendo caché con el tiempo, terminó vestido de “puli” –es broma lo de perdiendo, no me vayan a multar a las primeras de cambio- aunque en esta nueva tarea estuvo muy bien acompañado de los inefables jefe Benito y del prior de la Orden Hospitalaria.

Como dice la cursilería al uso, es amigo de sus amigos, y especialmente de un ayamontino que ejerce de taxista en Lisboa. Y para colmo, un feliz día decidió formar parte de una  familia ayamontina muy querida por mí, la familia Brito. ¿Se puede pedir más?.

04/06/2012 11:06 mojarrafina ;?> Hay 22 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO: Gaceta de Ayamonte.

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Hace ya algunos años que desgraciadamente desapareció nuestro entrañable periódico mensual Gaceta de Ayamonte. A todos nos costó un gran disgusto, del que aun no nos hemos repuesto.

Había reaparecido en 1980 de la mano de un grupo de ayamontinos entusiastas que fundaron la Asociación Amigos de Ayamonte. Para que no se me olvide nadie, lejos de hacer una lista de aquellos emprendedores, me limito a citar al más incombustible de ellos, su director Paco Hidalgo Toribio.

Fue Gaceta de Ayamonte un regalo llovido del cielo para tantos y tantos ayamontinos ausentes, que aguardaban con impaciencia el correo de cada mes para enterarse de sus cosas, las que habían dejado en la lejanía pero que conservaban en sus corazones.

Al cabo de los años de su desaparición, de su lamentable desaparición, nuestro Ayuntamiento, a través del Área de Cultura, ha tenido a bien organizar una mesa de redonda en la que intervendremos algunos de los que fuimos fijos colaboradores, aunque en el recuerdo siempre estarán aquellos que también lo fueron y que desgraciadamente se marcharon para siempre: Paco Rivera, Carlos Mosse, Pepe Gómez Vázquez, entre otros.

En esa mesa redonda vamos a evocar recuerdos entrañables de nuestro más querido periódico, Gaceta de Ayamonte, e invitaremos a los asistentes a participàr en un coloquio, pues al fin y al cabo Gaceta fue de todos y todos la recordamos con cariño y con nostalgia.

Desde Mojarrafina invitamos a todos los blogueros a que asistan al acto, que tendrá lugar en la Casa Grande el próximo jueves, día 31, a las 8 de la tarde.

Gracias anticipadas por esa asistencia, que esperamos sea numerosa.

29/05/2012 01:10 mojarrafina ;?> Hay 28 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. La Virgen de las Angustias: ayamontina y portuguesa.

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Dentro de unos días nuestra Patrona visitará algunas ciudades portuguesas. Dicho así, a secas, puede que no signifique nada especial, pero si nos atenemos a la conocida leyenda de su hallazgo en el río por parte de los hermanos Coritos, todo lo que se va a organizar o ya se está organizando tiene sentido, y vaya que si lo tiene.

La leyenda nos cuenta que como la imagen de la Virgen fue hallada en aguas portuguesas, en uno de sus esteros que dan al Guadiana. Los lusos, con cierta razón, la reclamaron para sí, y las autoridades españolas, conscientes de tal razón, accedieron a la petición. Pero he aquí –sigue la bella leyenda- que la Virgen “quiso quedarse en Ayamonte”, y una y otra vez durante el traslado se presentaba una tormenta que lo hacía inviable.

Ante la evidencia, los portugueses decidieron que la Virgen se quedara en Ayamonte, y desde entonces su devoción a la imagen sagrada es tan grande que bien podríamos considerar que nuestra Patrona desde su corazón comparte el patronazgo, y ellos lo saben, y lo sienten. No hay más que verlo cuando llegan las fiestas patronales, como llegan masivamente a adorarla.

Que al cabo de los siglos la imagen de la Virgen de las Angustias visite tres ciudades portuguesas resulta todo un placer a ambas orillas del Guadiana. Los ayamontinos sabemos que en tierras lusas va a sentirse tan a gusto como en su propia ciudad. Y en esa confianza la actual junta de gobierno ha decidido el evento. Desde Mojarrafina sólo nos queda animar a todos los ayamontinos a participar en esos días de gloria, de amor y de fraternidad, porque entre Ayamonte y los pueblos portugueses del Algarve, si bien existió una frontera, esta sólo fue natural, geográfica, política, fiscal...pero nunca humana, ni social, ni vivencial. Y mucho me temo que en ello tuvo mucho que ver la Virgen. Nuestra Patrona pues, no necesita pasaporte para bendecir a sus hijos portugueses. Que todo salga bien y enhorabuena por anticipado.

07/05/2012 19:41 mojarrafina ;?> Hay 29 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Los santos de palo.

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Lo de los “santos de palo” fue un término acuñado por los Padres Paules  en Ayamonte  allende mediados el pasado siglo. Trataban con ello de menospreciar la devoción que los ayamontinos teníamos a las sagradas imágenes. Eran abiertamente “enemigos” de la Semana Santa cofradiera, aunque, dado el carácter de nacionalcatolicismo del régimen político imperante, no tenían más remedio que asistir a las procesiones ataviados con sus más vistosas vestimentas litúrgicas, capas incluídas a partir del Jueves Santo.

Pero he aquí que llega el año 1960 y a los citados curas no se les ocurre otra cosa que organizar en nuestra ciudad una misión. Al principio nos entró un complejo de negritos africanos o indios americanos del carajo, porque la idea que teníamos de una misión era la de unos misioneros con barba y vestidos de blanco que iban a Africa y a América a evangelizar a aquellas incivilizadas criaturas.

Pretender que el pueblo respondiera masivamente era poco menos que una utopía. De suyo, el acontecimiento anunciado no ofrecía nada de atractivo al general de los vecinos. Pero los curas siempre han sido más listos que el hambre, y ¿qué creen mis queridos blogueros que se les ocurrió para que los misioneros tuvieran una multitudinaria acogida?. Pues nada más y nada menos que sacar a la calle a los  “santos de palo”.

Y salieron,  la Virgen de las Angustias, Padre Jesús, Pasión... hasta la talla de San Vicente de Paul. Y claro, las calles se pusieron hasta los topes, y todo fue un éxito. Yo creo que ese día y el del entierro del inolvidable Antonio Massoni Jesús, fueron los que más gentes reunieron en las calles en toda nuestra historia.

La foto que ilustra el artículo la tenía un poco perdida, y es de un valor histórico considerable. Una multitud invade nuestra Avenida, entonces del Generalísimo, arropando la entrada de los misioneros, que aparecen en el centro de la misma encabezados por su director, el padre Langarica. En ella podemos distinguir a personas y familias del pueblo muy conocidas: la familia de Joaquín Rodríguez Vizcaya, “el Gordito de la Aduana”; la de Manolo “el Pancaro”; “el Lena”, el inolvidable Emilio Carro “Pelayo”, Pepe “el Loco”, y cargando con las andas que porta a San Vicente de Paul, algunos amigos, unos presentes y otros que ya nos dejaron: Manolo González “el Rubio”, Antonio Tortosa, Castillo “el Negro”, Joaquín Brito, y a la expectativa, Eduardo Losada.

Sí, señores blogueros. Los “santos de palo” les resolvieron el problema a aquellos curas que en realidad no querían saber nada de ellos. Cosas de la vida. O, como dice Mojarrafina, en fin,  pilarín.

04/05/2012 22:41 mojarrafina ;?> Hay 36 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Los que nos dejaron demasiado pronto.

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En estos últimos días hemos vivido la pérdida de unos ayamontinos demasiado jóvenes, si es que a la vida le podemos poner fecha de caducidad. Yo creo que la vida y la muerte juegan permanentemente al escondite y que la guadaña gana muchas partidas acechando en las esquinas, es los recodos de los caminos que la vida frecuenta ajena al acecho. Nos han dejado Chipi, Mojo, Curri...

Pero esto ha sido así siempre. La foto que traemos al blog data de mediados el pasado siglo, y obedece, entre otras cosas, a esta pequeña historia:

Por aquel tiempo vivía en la barriada Federico Mayo un señor empleado de una importante empresa. Este señor, como cualquiera de por sí, un día cometió un grave error, y ese error le costó un correctivo penal que tuvo que cumplir en la modalidad de domiciliario. Como de alguna manera tenía que subsistir, aprovechó sus habilidades para con la fotografía, y en el patio de su casa realizaba fotos y reportajes.

Los de mi reunión éramos muy aficionados a quitarnos fotos para el recuerdo. Y hoy he topado con una de ellas que precisamente me hace volver al inicio de este artículo. En la foto, cuatro amigos, tres de ellos fallecidos muy jóvenes: Joaquín Brito, Antonio Reyes el Poke, y mi casi hermano Paco Valenzuela. Despuès vinieron los fallecimientos del Nino, su hermano Lolo, Manolín Nieves, Norberto Flores el Chuches.

Es la historia que tristemente se repite. Pero a pesar de todo no terminamos acostumbrándonos y esos amigos que nos han dejado en plenitud de sus vidas siguen ocupando un lugar preferente en nuestros corazones.

Descansen en paz todos ellos, y mis anticipadas disculpas por esos olvidos que en estos casos siempre se producen.

16/04/2012 17:20 mojarrafina ;?> Hay 43 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Imprenta Papelería Ibérica.

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Siempre que acudimos a la frase “se juntan el hambre con las ganas de comer”, lo hacemos en sentido negativo: en una época de rabiosa sequía –hambre- se presenta una tormenta que inunda los campos y termina con la poca siembra que quedaba –ganas de comer-.

Pero en esta ocasión el hambre y las ganas de comer se juntaron para bien. Y me explico. Dos ayamontinos, uno experto en gestión de empresa, y otro, técnico en el oficio de impresor, unieron esfuerzos, ganas, ilusiones, y en un Ayamonte de mediados el siglo XX, carente de muchos servicios, abrieron en la calle Médico Rey García –siempre la nombraremos así los ayamontinos a pesar del expolio de que fue objeto el buen médico ayamontino en beneficio de un carnavalero experto en trincar- abrieron un negocio a todas luces necesario para el común de los vecinos y especialmente para los empresarios. Y le pusieron un nombre meticulosamente estudiado y con gran acierto: Imprenta-Papelería Ibérica.

Manuel Pérez Bautista, o Manolo Bautista, o Bautista a secas, era aquel gestor empresarial, no en balde era la mano derecha de las empresas de los hermanos Botello Suárez. Por su parte, Fernando Domínguez era el maestro impresor de la desaparecida Casa Cuna. El tandem era ideal, y prueba de ello es la longevidad de la empresa, aunque ahora se nos aparezca vetusta, o mejor, clásica.

Por mor del indomable afán cofradiero de Manolo Bautista, su despacho existente detrás del tabique que separaba la entrada a la papelería y mostrador con los talleres, y que aun perdura y en el que podemos ver a su hijo Paco Pérez Domínguez, fue siempre una especie de “sacristía cofrade”, al igual que la de Jesús Castellanos en “Los Caminos” y “Noemi”. Aunque entraras al negocio para hacer un encargo de imprenta, terminabas siempre hablando de Semana Santa. Y si no entrabas a la oficina, tampoco te librabas, porque Manolo tenía ubicado un gran espejo a través del cual veía a la gente que entraba a la tienda de papelería. “Hombre, Trini, no te hacía en Ayamonte, pasa un momento”, Yo miraba a un lado y a otro temiendo una cámara indiscreta. No era eso, era el espejo.

Hace un par de tardes pasé por la puerta de Imprenta-Papelería Ibérica y con tristeza ví colocado un cartel que decía “se traspasa”, y enseguida me di cuenta de lo que pasaría: un icono empresarial ayamontino iba a desaparecer, salvo que quien sea el futuro traspasado mantenga el nombre y el negocio. El amigo Paco me explicó detalladamente las razones de tal decisión, pero eso queda en la intimidad. En todo caso, son perfectamente comprensibles. Yo, en su caso, haría lo mismo.

¿Se nos va Imprenta-Papelería Ibérica?. Puede que materialmente sí, pero nunca en el corazón, en el recuerdo de los ayamontinos que la vimos nacer y crecer, y permanecerá eternamente unido a su calle de siempre : Médico Rey García.

26/02/2012 12:46 mojarrafina ;?> Hay 15 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO: El sueño de don Pruden.

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Si no me equivoco, la foto ilustrativa del artículo debe ser de principios de los años sesenta del siglo pasado. Y digo ello porque se ve la dársena recién construida, sin apenas barcos todavía en su interior; el Salón aun sin edificaciónes, aunque ya de vislumbra la tierra removida en la construcción de nuestro emblemático parque Prudencio Navarro; el estero sin cerrar por la Curva del Astillero, todo muy incipiente en relación con el gran cambio que sufrió Ayamonte a lo largo de dicha década. Cierto es que se ganó mucho, principalmente con el nacimiento de la barriada de Santa Gadea, el gran pulmón de la ciudad hacia el Sur, y se perdió también bastante, sobre todo la estampa irrepetible del estero de la Ribera con los barcos atracados en época de vendavales.

 

La estampa en cuestión nos trae al recuerdo a los viejos ayamontinos el sueño inquebrantable de un ayamontino inolvidable, Prudencio Gutiérrez Pallares, don Pruden, sueño de ver las viejas marismas del Salón de Santa Gadea convertidas en populosa y próspera barriada.

 

Ya se habían construido el cuartel de la Guardia Civil y el todavía denominado nuevo Instituto Laboral, con lo que Ayamonte comenzaba también a extenderse hacia el Este. Lo peor de ello fue la desaparición del siempre recordado y añorado Etadio Municipal, el campo de fútbol de todos los ayamontinos de todo un siglo.

 

Con la transformación descrita se vio cumplido el gran deseo de don Pruden, que junto a la desaparición de las chozas del Peñón y la construcción de las casas del Arrecife, fueron los dos grandes sueños de su vida.

11/02/2012 14:57 mojarrafina ;?> Hay 34 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Los higos chumbos coloraos del Callejón Largo.

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Había que recorrerse, desde el Arrecife hasta San Sebastián, el desaparecido Callejón Largo, hoy transformado en un Camino de la Noria que seguimos sin saber a qué noria lleva, lo cual que, dicho honradamente, ha facilitado muchísimo la comunicación entre la Villa y la Ribera.


Durante ese recorrido, cuchara sopera en ristre para evitar los pichazos de las estuneras, cogíamos caracoles y caracolas, que en general son denominadas cabrillas, pero los ayamontinos preferimos dejar para las cabrillas las quemaduras sufridas por las mujeres en las piernas con la copa de cisco y de tierra.


En el mismo lugar cogíamos malvas, no para hacer infusiones precisamente, sino para jamparnos el pezoncillo dentral, cosas del hambre que diría uno.


Pero el bocado más apetecible del Callejón Largo eran los higos chumbos coloraos. Con una navaja que también serviría para abrir piñones, los pelábamos y comíamos en abundancia. Lo más divertido de todo resultaba cuando cagábamos en el mismo campo...y colorao. Se solía decir que no eran buenos para la salud, pero salvo alguna diarrea no conocí nunca enfermedad alguna derivada de su degustación.


Las generaciones nuevas cuando leen o escuchan estas historias pensarán que son batallitas de los carrozas. Serán porque no sufrieron el hambre que sufrimos nosotros, hambre que se mitigaba con aquellos higos chumbos coloraos, o robando en el campo los otros hijos, los de las higueras comunes, o yendo al rebusco de habas. Tal era el hambre que en la vieja Jurisprudencia se acuñó un término como eximente o atenuante de la responsabilidad criminal: el hurto famélico.


En el Callejón Largo ya no hay higos coloraos ni gañafotes. El único gañafote de aquellos alrededores ya sabemos quien es: cañafote es y trabaja en la Ser. Un saludo, Godovi.

09/01/2012 14:10 mojarrafina ;?> Hay 18 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. La caza del caballete.

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El Núñez ha dejado atrás la calle Marte y enfila el Arrecife para bajar por el Callejón Corto buscando el Muelle de los Bloques y después el de Portugal, hasta llegar al patio de la fábrica de los Pérez, el que da acceso a las escaleras para subir a las oficinas. Ya en ellas espera a que salga de su despacho su cuñado, Emilio Barroso, quien le trae unos cordeles ya con los lazos hechos y que le ha facilitado el maestro redero Pepe el Sordo.

Con los cordeles en los bolsillos, vuelve a cruzar el patio y de camino coge un puñado de cristalina de una vieja caldera de un galeón y lo mete en un cartucho de papel estrasa previamente preparado. Llegado un momento cogerá descuidados al Pihiito, al Pargana y al Franquito y les echará la cristalina por el cuello. El picor y el posterior escozor son de campeonato, pero no hay protesta ni revancha, se trata de una broma, bruta, pero broma al fin y al cabo.

La patrulea sube a la patera de Paco el Lanchero para, a lo largo del Muro de Canela, llegar hasta la playita del Salón. Lo hacen durante la bajamar, único momento posible para la tarea que se disponen llevar a cabo: la caza del caballete.

Alrededor de la cueva del cangrejo caballete, conocido también como cangrejo violín, hunden el lazo hecho en el cordel, con el nudo orientado a tierra, donde se sitúa el cazador cogiendo el tiro. Cuando el caballete aparece, se tira del cordel, que aprieta la gran boca del cangrejo, se jala y cuando lo tiene en su poder le arranca la boca y lo deja libre. Misteriosamente la boca se reproduce, por lo que podrá ser nuevamente cazado con el lazo. Después, a cocer las bocas y a comérselas acompañadas de un vasito de vino en la tasca de Verísimo (llamado también como Brísimo) el portugués, en la entonces calle Capitán Cortés.

En otro momento hablaremos de la degustación de los ricos higos chumbos coloraos de las estuneras del Callejón Largo. Menos mal que en aquellos tiempos no vivía por allí el Godovi, que seguro acabaría con todos aunque luego se llevara una semana seguida cagando colorao.

Qué tiempos.

02/01/2012 10:42 mojarrafina ;?> Hay 41 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO: La Hoja del Lunes.

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En los tiempos de “la Oprobiosa” los lunes no salían los periódicos. Bueno, uno sí, era del grupo de la Prensa del Movimiento y se llamaba “Hoja del Lunes”. Era como si hoy vas a la plaza de abastos un lunes y sólo te encuentras abierta la pescadería del Paiño. Una cosa así, más o menos.

Pero en Ayamonte la Hoja del Lunes era esperada con ansias por los aficionados al fútbol y especialmente por los seguidores del Ayamonte C.F., especialmente cuando el equipo había jugado fuera el domingo anterior. Así, era posible leer la crónica del partido, y las de todo el grupo de la señera Tercera División.

Sólo se podía adquirir en un sitio: la imprenta Hidalgo, la del matrimonio compuesto por mi tío Joaquín Flores y Esperancita Hidalgo. Llegaban justitas, es decir, que entregadas las suscritas quedaban muy pocas para la venta libre, de ahí que se formara cada lunes una importante cola. Yo trabajé con mis tíos una temporada y despaché muchas Hojas del Lunes, hasta que decía a las gentes: ya no hay más. Empezábamos a venderlas sobre las 4 de la tarde, pero a las 3 ya había gente haciendo cola, de suyo uno de los primeros en llegar a la cola era el Núñez, que se la compraba a su padre, el “Padre Juan”, que se llamaba José, para que la leyera en la mar.

La Hoja del Lunes tenía una particularidad. Me explico: lo mismo que en tiempos se reciclaba el aceite pasado de frito para hacer jabón, yo creo que los de la Prensa del Movimiento reciclaban todas las tintas gastadas de todas las imprentas para imprimir la Hoja del Lunes, pues de otra forma no se explicaba uno que después de leerla tuviésemos que echar mano de un estropajo y un poco de “trisodín” o jabón portugués para lavarnos las manos, que es lo que hacen el Gago y el Leviria para quitarse las manchas de pintura de los monos.

Qué duda cabe que la Hoja del Lunes supone un imborrable recuerdo de nuestro reciente pasado, y que a pesar de sus deficiencias, los mayores la recordamos con cierta nostalgia.

02/11/2011 20:52 mojarrafina ;?> Hay 13 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO: Antigua cuadrilla de cargadores de Semana Santa.

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Es más que sabido que extrapolar situaciones de un momento histórico a otro resulta siempre tarea baldía: ¿Sería Julio César hoy tan buen general en un mundo de aviones invisibles, un quinto de Caballería mecánico y misiles teledirigidos?; ¿marcaría Zarra tanto goles con los sistemas defensivos de hoy?; ¿qué llegarían a conseguir con los medios de que hoy se dispone gente como Einstein o Leonardo da Vinci?. Imposible de saberlo, por eso, con este artículo no pretendo hacer comparación alguna, aunque a algunos amigos les he enviado la foto que ilustra este artículo y de broma les he formulado la siguiente pregunta: ¿qué harían  los capataces de ahora con una cuadrilla como ésta?.

Y es que nos encontramos con una de aquellas recordadas y entrañables cuadrillas de cargadores de nuestra remota Semana Santa. Casi seguro que se trata de la cuadrilla de mi tocayo Trini Rasco, pero aunque no fuera así, sería la de Joaquin el de la Morra, por ejemplo; en todo caso siempre eran los mismos, que por imperiosa necesidad cargaban todos los días.

Algunos llegaban a las puertas de los templos con la incertidumbre a bordo, porque a lo peor no había sitio para ellos. Como se ve, cargaban sin uniformidad alguna, con lo puesto, con la misma ropa con que venían de trabajar del muelle o de una fábrica o de coger arbiñocas o longuerones. Cuando pronuncié el pregón del 75 aniversario de la hermandad de la Sagrada Lanzada les dediqué un capítulo y los comparé con aquellos a que se refiere el Apocalipsis: “son los que vienen de la gran tribulación”.

A fuer de equivocarme y de quedar la cosa incompleta, voy a dar nombres y apodos de los presentes  con el deseo de que alguien me rectifique y llene mis lagunas:

Abajo de la foto vemos a Angel el Bizco del Banderín, al Picón, a Pepe el Estripaó, a Rafalichi Mena y a uno de los hermanos Besugo. Detrás identifico a un hermano de Pepito el de la Sevillana, a Esteban el hijo de Leopoldo el de los cupones, al hijo de un barbero ambulante conocido por el Guinga y a Antonio el Petaca. Ya de pie distingo al Villablanquero el pintor, a Pedro el latero, a uno de los hermanos Catufo de las chozas del Peñón, al Lena y al Farol, y muy a la derecha un señor mayor que creo que es el Chispa. Y detrás del todo, veo a mi buen amigo y recordado Jesús el Naní, a Redondo, que estuvo muchos años en el Norte, al inolvidable Carmelo el Clon,  y a Enrique el gitano con su inconfundible cabellera.

Fueron tiempos muy duros, durísimos para todos, pero especialmente para ellos, los más pobres. Han quedado en nuestro recuerdo y yo no me canso de volverlos a recordar.

Redacción: TRINIDAD FLORES CRUZ.

Asistencia técnica: JAVIER MARTÍN MARTÍN.

Documentación gráfica: JOSE MARÍA ESTÉVEZ ROMERO “TAPI”.

30/10/2011 20:43 mojarrafina ;?> Hay 21 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Los artífices de la Barriada de Coema.

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Sabido es que en nuestra Provincia somos proclives a poner motes, a llamar a las cosas de manera distinta a la realidad. Desde que fue construida la vieja y desaparecida Residencia Sanitaria de Huelva, nunca fue citada ni nombrada así. La entidad sanitaria fue construida por la empresa “Agromán”, y por ese nombre fue siempre conocida. Era curioso, pero hasta los médicos lo hacían. Entrabas a la consulta de don Jesús Rasco, te auscultaba el pecho y basta con que sintiera algún ruidillo extraño, te decía: lo mejor es que te vea don José Gil –especialista de pulmón y corazón al que se le llevaba un kilo e café portugués- así que te voy a dar un volante para que vayas al “Agromán”.

 

Pasada la mitad del siglo pasado, entre la entonces avenida de 18 de julio y la cuesta de San Diego, se construyó una barriada, más bien un grupo de viviendas tipo adosadas también llamadas chalés. Como dicha construcción no iba a librarse de nuestro afán de “motear”, fue desde el principio nombrada como la empresa constructora, y así la conocimos siempre por la barriada de “Coema”.

 

 La cuadrilla de trabajadores albañiles artífices de dicha construcción fue eminentemente ayamontina, a excepción de su capataz o maestro de obras, que con  el tiempo, al quedarse definitivamente en nuestra ciudad se convirtió en un ayamontino de pro, el siempre recordado Fernando Romero. El amigo y colaborador de este blog José María Estévez Romero, el Tapi o Tapaera, me facilita la estupenda foto en que aparece la citada cuadrilla al completo.

 

No quiero hacer una reseña completa de todos, o mejor dicho, no puedo puesto que algunos se me escapan al conocimiento, pero sí voy a referirme a los que conozco: en la fila de abajo, arropando al gran capataz, vemos al Estripaor, a Antonio el criador de palomas del Peñón, a Mariano Chueca y a mi buen amigo Manolo Arenas, el pocero. Y detrás puedo reconocer a Rafael el Catufo, al padre del Tapi, a su tío Pepe el Zapatero de la calle Tarpeya, al famoso y recordado Callaito, y detrás del todo a un jovencísimo Antonio el zapatero, hijo del inolvidable Cayetano el Beso de Judas.

 

Como siempre, me habré equivocado en alguna identificación, pero no me importa porque cuento con mis buenos blogueros que me corregirán.

24/10/2011 10:39 mojarrafina ;?> Hay 36 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Los trabajadores del Despacho Central de la Renfe.

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No quiero meter mano en candela, pero a la vista del personal que aparece en la foto, mucho me temo que se trata del equipo de fútbol aficionado de los trabajadores del desaparecido Despacho Central de la Renfe.

 

Los conozco a todos por haber trabajado en la oficina, ellos eran los trabajadores de los viejos camiones de toldos y del taller mecánico de la propia empresa: Manolo Morales, jefe mecánico del taller; la familia Villegas, del Banderín, que eran conductores y ayudantes; el Gildo, que fuera en su tiempo portero del Ayamonte; Panchito, inolvidable extremo derecho también del Ayamonte; el buen chófer que era Marcelino; Manolo el de Hilda; anda por ahí el Tari y su hermano Rafael, aunque creo que el Tari estaría como invitado; mi buen amigo Jesús Herrera. Y unos niños alrededor a los que no logro identificar. De paisano figura otro recordado ayudante de camión: Angelito Picón.

 

Llama poderosamente la atención la cantidad de aficionados concurrentes al partido, y es que el viejo Estadio Municipal nos dejó esa estampa de la gran afición al fútbol que siempre hubo en Ayamonte.

 

Empresa ejemplar aquel Despacho Central en el que tuve la satisfacción de trabajar durante un par de años junto a gente inolvidable como Pepe el Tranquilo, Celedonio Martín, Juan Rasco Ofito, Antonio Amorós y Manolito Cruz. Trabajábamos en muchas ocasiones hasta en domingo, tanta era la gran actividad en Ayamonte mediados el pasado siglo. Lo peor fue que de esa actividad se aprovecharon unos pocos, los de siempre. Para botón, una muestra: jamás cobramos una sola hora extra, y echábamos muchas.

 

A pesar de ello, siempre prevaleció la amistad y armonía entre los trabajadores que incluso llegaron a formar ese equipo de fútbol, incluso fumando y  pegándose un trago.

19/10/2011 10:51 mojarrafina ;?> Hay 17 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. ¿Memoria o interés?.

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Por muertas las dejaron, sabed, que non por vivas (del Poema de Mio Cid).

Durante mis frecuentes visitas al cementerio vengo observando últimamente como unos albañiles municipales andan levantando una especie de pedestal o monumento para algo. Mucho me temo que se trate del enésimo homenaje a unos ayamontinos que llevan enterrados en el lugar hace más de setenta años, allende los horribles tiempos de la Guerra Civil. Este rincón de nuestro cementerio ha sido traído y llevado siempre con miras políticas, especialmente llegado el mes de los fieles difuntos.

Ignoro quienes son esos ayamontinos, aunque supongo lo que hicieron para merecer una muerte tan injusta como violenta: nada, absolutamente nada. Bastaba con no comulgar con el nuevo régimen establecido para merecer un “paseo” y una posterior muerte por fusilamiento en las tapias del propio cementerio. Pero  no fueron los únicos, y digo yo que algún olvidado por la memoria habrá “del otro bando”, que también merecerían un recuerdo. Por ejemplo,aquellos que en manos de las columnas de milicianos del Frente Popular quedaron abandonados sin vida en las cunetas de las carreteras, o niños seminaristas abandonados en los patios de los seminarios, abatidos tras tratar de defenderse alzando un crucifijo.

Durante cerca de cuarenta años, el régimen franquista no paró de homenajear a sus caídos, a los que nombraba eufóricamente como “caídos por Dios y por España”. Ahora, los perdedores de la triste contienda civil llevan casi casi el mismo tiempo recordando a los suyos, que según nuestra progresista izquierda murieron “en defensa de las libertades y de la democracia”.

Pues miren ustedes, qué quieren que les diga. Ni lo uno, ni lo otro. Ni los primeros murieron evocando plegarias a Dios y vivas a la patria, ni los otros proclamando eslóganes a la libertad y a la democracia. Los unos y los otros, en muchas ocasiones, murieron sin saber por qué lo hacían, eran fusilados y sus cadáveres abandonados en las cunetas de las carreteras o en las tapias de los cementerios sin saber por qué, sin tan siquiera una acusación formal. Los unos y los otros murieron por culpa de unos indeseables políticos que no supieron gobernar y de unos militares ávidos de poder, y en el centro de unos y otros, unos miserables ansiosos de venganzas, de desquites personales. Ellos, los muertos de uno y otro lado, quedaron en medio, como víctimas propiciatorias de los desmanes de unos y de otros. Y durante más de setenta años, unos y otros han venido explotando la cultura de los homenajes. Y unos y otros lo que de verdad han perseguido y persiguen, es mantener viva la llama de una memoria que se alimenta de odios y resentimientos. Para los de antes, las únicas víctimas fueron las de su bando; para los de ahora, las únicas víctimas fueron las del suyo. Parece ser que España ha sido el único país en la Historia que vivió una guerra civil en la que, según desde donde se mire, sólo hubo víctimas en uno de los bandos. Cuestión ésta kafkiana pero muy recurrida. Tan recurrida que unos y otros son renuentes a  admitir la realidad.

Bien está que se homenajee a las víctimas de cualquier violencia, y más si esta es cainita, pero supongo que algún día habrá que poner punto y final y pensar abiertamente en el futuro. Mucho me temo que ello vendrá de la mano de las nuevas generaciones, a lo mejor si vivo mi nieta me da la satisfacción de hablarme de una España donde no quepan ya los odios del pasado, apagados todos los recoldos de una candela que muchos se empeñan en mantener viva. Así conseguiremos también que el bueno de don Antonio Machado, desde su tumba, deje ya de declamar aquellos sus inmortales versos: “Hay un español que quiere vivir y a vivir empieza, entre una España que muere y otra España que bosteza. Españolito que vienes al mundo te guarde Dios,  una de las dos Españas ha de helarte el corazón”. Pero todo depende de nosotros, y si nos empeñamos en seguir por los derroteros de la memoria interesada de cada uno, ellos, los que vienen detrás, pueden terminar jugando como los niños de la foto. Y sería una lástima.

07/10/2011 21:40 mojarrafina ;?> Hay 110 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. La llegada del agua.

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Cuenta la Historia que cuando Rodrigo de Triana vislumbró lo que le pareció y luego fue, un trozo de costa, gritó freténicamente aquello de “tierra a la vista”.

En el año 1.957, siendo alcalde Narciso Martín Navarro, se culminó el larguísimo proceso de la llamada “traída de agua al pueblo”, tras una no menos larguísima y trabajada gestión que habían llevado a cabo los alcaldes anteriores, tengo entendido que principalmente Joaquín Gutiérrez Blanco, y con tal motivo, coincidiendo con lo que ya podía llamarse abastecimiento, se construyó una fuente junto al Paseíto Nuevo, frente a la estación, que posteriormente fue sustituída por la que muestra la imagen muchos años después, en 2008 siendo alcalde el inefable Rafael González González con motivo de las XIII Jornadas de Historia de Ayamonte.

Aquel 7 de septiembre de 1.957 los ayamontinos gritamos “Agua a la vista”. Sin embargo, quedaba una larga tarea por realizar. De momento el agua llegaba hasta el lugar de la fuente pero ni mucho menos a todo el pueblo, y entonces se dio una estampa repetida e inolvidable: las gentes llenando cubos de agua para llevarlos a sus casas; más de uno y alguna que otra damajuana acarreé yo con  mi madre hasta el mismísimo Peñón, y otros lo harían hasta más lejos, aunque no creo que ni el Ayaba lo hiciera hasta la calle Martes ni el Fa hasta la calle Del Río, y para enton ces el Pargana sería un imberbe no apto para esa dura tarea.

Fue un paso importantísimo para el desarrollo de Ayamonte, pero sobre todo para la higiene, pues hasta entonces había que lavarse en las antiguas palanganas y alguna ducha de plástico colgada con una cuerda a una viga que previamente se llenaba de agua no potable principalmente traídas de pozos. Abrir un grifo y llenar una bañera fue una realidad largamente soñada y deseada.

Quedaron atrás los recordados aguaores, el Piporro, Miguel Antúnez, Patalingue, y sus idas y venidas hasta la “Casita del Agua” para repostar. Estos aguaores quedaron inmotalizados en un monumento en el Paseíto Nuevo como parte importante de nuestra historia reciente.

06/10/2011 23:13 mojarrafina ;?> Hay 12 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Publicidad y pregones.

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Vamos con una de esas páginas que tanto gustan a mis blogueros, de nostalgias, de recuerdos, que invita a la colaboración, que son como un libro en blanco que acamabos escribiendo entre todos.

Hace ya muchos años, la publicidad era estática y artística. Había personas, hombres casi en exclusiva, que se encargaban der rotular las fachadas de los establecimientos con anuncios y denominaciones. En nuestro Ayamonte fue el maestro Visera el especialista más destacado, cuyo trabajo realizaba con una paciencia, con una flema, extraordinarias.

Entonces la publicidad venía también en plan versos, y existía una mezcla entre la publicidad y el pregón, entre la llamada al consumo estática, mediante letreros o impresas, y la que realizaban los pregoneros de los productos.

Para animar a mis blogueros, traigo aquí algunos de esos anuncios y pregones, en la seguridad que alumbrarán muchos más:

Pintores, muchos; González, uno solo. Se trataba del personaje que aparece en la foto, el maestro Visera.

Bodegas San Miguel, de elaboración en los Santos de Maimona; de criación en Ayamonte. Bodegas Miguel Carro Flores.

JOPEJA: vende, repara... garantiza.

La conserva “La Mejor”, la mejor de las conservas; y entre trago y trago, sardinas “Rago”. Conservas Refael Gómez Jesús.

Miguel Sánchez le anticipa gracias por su visita. La Giralda.

El riquitrún, que poquito me gustas tú. Pregón del Molletero.

Al lindo corte. Invitación de Banego a cortar la baraja para rifar dulces.

Equipos para megafonías y altavoces para bailes y fiestas, equipos de batería, propaganda móvil. Publicidad Patro.

Niña, el tabefe.

Niña, el latero.

Morás y verdes.

Cisco de jara.

Los iguales para hoy.

Cal blanca.

El piñonero.

Bueno, ahora vosotros tenéis la palabra.

04/10/2011 09:44 mojarrafina ;?> Hay 70 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Las antiguas carbonerías.

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Antes de que hiciese irrupción en el mercado, y concretamente en el ámbito doméstico, el petróleo, eran el carbón y la leña los únicos combustibles empleados para cocinar.

El hecho de que en todas las casas se cocinara con carbón –excepto en algunas, muy pocas, de gentes pudientes que cocinarían con electricidad- suponía que proliferaran los establecimientos dedicados a su venta: las carbonerías, las antiguas y muy recordadas carbonerías.

La más conocida de todas ellas era sin duda la de la familia Caraballo, frente al Cardenio, al frente de la cual siempre estuvo Juan González, sobrino de los dueños y padre de nuestro querido amigo el inolvidable Juan el Costalero. Otras carbonerías venían ubicadas en calles Zamora, Peña, Buenavista, Olivo, y la muy popular de Manuela la Pichilica en calle Huelva esquina a Lepanto. Y es de suponer que alguna en la Villa, pero yo no recuerdo ninguna en dicho barrio.

El carbón llegaba al pueblo en grandes carros tirados por mulas, y era todo un espectáculo verlas subir la calle Buenavista con aquel empedrado resbaladizo, en muchas ocasiones caían a tierra y costaba toda una vida levantarlas.

Además del carbón, en estas tiendas se vendía también sus derivados, el cisco y la tierra para la copa, incluso en alguna que otra se despachaba vino, como en la que tuvo en la calle Olivo, en el Peñón, el portugués Aníbal, padre del amigo Anibita, gran carpintero-herrero, cofrade y ayamontino siempre dispuesto a echar una mano. A Aníbal le sucedió Domingo el carbonero, tío de Pepito el de los Cupones.

Después llegó el petróleo y Cayetano Ojeda acabó con las carbonerías, legalmente, claro, pero como el petróleo era más limpio y rápido para cocinar, el carbón fue desapareciendo, quedando la secuela de la tierra y el carbón para la copa.

Hoy predominan el gas y la vitro. ¿Mañana?. Mañana Dios dirá, y que nos de la oportunidad de conocerlo, en buenas condiciones, se entiende.

29/09/2011 09:51 mojarrafina ;?> Hay 29 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. El niño extraviado.

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Parece mentira, pero nunca más se supo de él, de ese niño de  aficiones marineras tempranas. Se quitó la foto en un antiguo estudio de la calle González de Aguilar, allá por los años cuarenta del siglo pasado.

Lo habían visto deambular por el barrio del Peñón, por el Campillo, por la calle Tarpeya, cogiendo habas en el terreno de Miguel Carro aprovechando que los guardianes estaban más pendiente del Zamboro, que atacaba por Levante.

Pasados unos años fue también visto en la Escuela de los Marinos con su tocayo Trini el Cojo, el Santi, el Jiguito, el Castillo el Negro, el Alemán, el Espina. En la barbería de Juan el Cojo estuvo de aprendiz y despachando la Hoja del Lunes en la Imprenta Hidalgo. Más tarde fue visto en el Instituto Laboral con Pérez Castillo, Celedonio, Sulpicio, Palmero.

Después, el curreo correspondiente y la emigración. Mucha gente me pregunta si sé algo de él, y les contesto que la última noticia que tengo es que esta tarde puede andar por la Laguna esperando la banda de Samouco, y aunque no suele ir al recinto ferial podrá verse algún día en los ponis con un personajillo que lo trae loco. Y de camino quitará fotos para luego mojarrear.

Si alguien más sabe algo de ese chiquillo, que lo diga, por favor. No sé si el Fa o el Ayaba lo habrán visto por Cataluña, aunque me extraña porque a él nunca le gustó ir al extranjero.

Aunque hayan pasado muchos años, pueden distinguirlo perfectamente por una señal que le acompañó siempre: tiene una oreja más grande que otra, aunque él siempre dijo que no era más grande, que lo que pasaba es que la tenía desprendida. Suerte a todos y que Dios os coja confesaos si os topais con él. Amén.

05/09/2011 14:52 mojarrafina ;?> Hay 29 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Los Colorines.

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Ahora le llaman comics, con anterioridad fueron conocidos como historietas, también como tebeos. Pero los ayamontinos bautizamos a este fenómeno de la literatura infantil como colorines, aun cuando durante bastante tiempo venían en blanco y negro.

Yo no sé en cual de las denominaciones incluir a Marujin.com, Fotea, El de siempre, Pargana, el Kun, y tantos otros blogueros, alguno de los cuales no puedo identificar y a los que puedo identificar no se me ocurre calcular la edad.

Sé que al Fa y al Ayaba podría encajarlos perfectamente en el tiempo de los colorines: el Guerrero del Antifaz, el Espadachín enmascarado, Roberto Alcázar y Pedrín, el Corsario, el Jabato, el Capitán Trueno, el TBO propiamente dicho, Pulgarcito...

Había un sitio donde comprarlos, casi el único: la papelería de doña Genara, la abuela de Paco Conde, en la calle Rompeculos. Esperábamos ansiosos el día de la semana en que llegaban para correr a alcanzar alguno pues no llegaban para todos. Con el tiempo, pasaban a la biblioteca municipal y se los podíamos pedir al Sr. Fournier. Pero siempre eran los mismos, no los renovaban nunca. Además, el Sr. Fournier no nos dejama escoger, nos daba el primero que se le venía a las manos.

Tengo que confesar que mi personaje favorito fue siempre el Guerrero del Antifaz, con qué facilidad acababa con doscientos moros en un momento, era único, pero al que nunca pudo matar fue al malísimo Ali Kan, el jefe de los moros, (se decía que era su padre convertido al islam). Todos nos quedamos las ganas de verle la cara.  Roberto Alcázar y Pedrín se salían del tipo de personajes historícos, eran policías y daban puñetazos a destajo. El Corsario era  y era ayudado por su corpulento lugarteniente, el negro Batán. El Capitán Trueno, con Crispín de pupilo y la bella Sifrig, la princesa de cabellos de oro.

Hace poco a las editoriales les ha dado por volverlos a publicar, pero sabiendo de la gran nostalgia que despiertan, lo han hecho a precios bastante elevados.

Como se trataba de colorines editados durante la dictadura franquista, todos los héros eran cristianos, a cual más bueno y valiente. Pero algo hizo que los colorines se convirtieran en unos instrumentos muy valiosos: con ellos leíamos, y mucho. Es más, hubo crios que no iban al colegio por alguna razón que se lo impedía y con los colorines aprendieron a leer. Por la cuenta que les tenían si querían enterarse de las historias que contaban.

Ahora a esperar que los blogueros se identifiquen con sus colorines, con sus personajes preferidos. Podemos entre todos hacer muy amena esta página.

03/09/2011 12:21 mojarrafina ;?> Hay 53 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. La tienda de Manolito el Lápiz.

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En vista de la buena acogida que este tipo de artículos está teniendo entre los blogueros, volvemos hoy con una estampa nostálgica, aunque parte de ella siga “viva”. Se trata de una cuestión hereditaria perfectamente cuidada.

Esa calle que se ve en la foto es nuestra calle Cervantes, quizás la primera que peatonalizó el desaparecido alcalde José Ceada, fue un acierto y es de agradecer que aunque fuese por una vez se gastara algunas perras y no ahorrara tanto. En esa calle, a las puertas de ese escaparate, era normal ver algún coche aparcado, normalmente creo que lo hacía un “Seiscientos” propiedad de un viajante de comercio que ofrecía sus artículos al tendero, sin prisas.

La tienda ya sabemos cuál es, lo reza el luminoso, Casa Manolo. Lo que ocurre es que para el personal nuevo nada especial dice, pero para los que peinamos canas –en el balcón de mis edades tempranas acaban de asomar el número sesenta y ocho- dice mucho y muy sustancioso.

Se trata de la tienda de la familia, de la hija, yerno y nietos, de uno de los comerciantes más afamados, competentes, serios y amables del pasado siglo: Manuel González Menéndez, o sea, para los carrozas y para nuestra sencilla y reciente historia, Manolito el Lápiz.  Manolo –dice una señora que acaba de comprar un corte de pantalón para su esposo- “saca el lápiz y apunta, que cuando Pedrito Jesús nos dé el anticipo el sábado te traeré algo”. De tanto sacar el lápiz para el fiado nació el apelativo que le acompañaría durante toda su vida y aun hoy en el recuerdo.

Manolito el Lápiz fue uno de los mejores comerciantes de nuestro reciente pasado. Dominaba el mostrador como nadie, con escasos movimientos le bastaba para coger una pieza de tela de la estantería, desplegarla en el viejo mostrador, y con el clásico metro de madera medir el paño solicitado para posteriormente, mediante un incipiente corte con la tijera, rasgarlo de filo a filo con una destraza admirable. Buen conversador, amable siempre, fue maestro de dependientes: Pepe González, su sobrino Benito Rasco y su hija; tal era su personalidad, que el dependiente no familiar fue y es conocido por Pepito el Lápìz, o el del Lápiz. Pepito fue empleado fiel hasta el final de su vida laboral, ahora es viajante a Ullón; Benito se estableció por su cuenta, y Manoli, su hija, junto con su esposo, al que también le dicen el Lápiz, y sus hijos, han continuado con el negocio familiar. Poco ha cambiado el mismo, salvo cuatro toques de adaptación a los tiempos y a la demanda. Por ejemplo, ese escaparate grande de la izquierda con puerta de acceso, antaño creo recordar que era escaparate sólo, en el que se exponían los sobreros, gorras, boínas, género típico del negocio y que con acierto Manoli ha sabido mantener. De suyo, el luminoso anuncia como especialidad de la casa la sombrerería. La puerta creo que daba acceso al almacén.

Fueron tiempos de mucha actividad comercial, la pañería abundaba, junto a la tienda de Manolito el Lápiz existían dos tiendas más de pañería, la de Guerrero, conocido como el Pañero, y la de la Parreña, hoy cafetería la Goleta. Pero fue la de Manolito el Lápiz la que duró más tiempo, tan es así que aun hoy la pañería forma parte esencial de su oferta.

Este tipo de tiendas conformaban y conforman, repito, con las necesarias adaptaciones, el comercio clásico del centro de Ayamonte, ese al que ahora llaman abierto por haberse construído una mole “moerna” en el Camino del Calvario.

Ahí quedaron para nuestra querida historia,  el Pañero, la Parreña, los Bizcos, Dolores, Estévez, Sanchito... y Manolito el Lápiz, maestro de maestros del comercio clásico ayamontino.

01/09/2011 12:10 mojarrafina ;?> Hay 37 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO: El Arte como salvavidas.

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A mi balcón de edades tempranas, como ríos después de la lluvia, una hermosura mortal como cometa al viento, llegan olas del recuerdo que baten el corazón  de ayer herido hoy  con cicatrices de un tiempo que se desvanece como una hermosura mortal.

Cuando contemplo la fotografía que ilustra este artículo, murallas azules, olas de recuerdos llegan como lava derramada de la punta de un volcán en erupción. No teníamos  nada, o casi nada. La Milagrosa y el Frente de Juventudes, y sólo para los jóvenes completaban un parto de los montes convertido al final en unos futbolines. Ellas, ni eso.

Pero el afán de supervivencia, el negarse en rotundo a vivir en la molicie, en la más completa ociosidad, hizo el milagro: el Arte con mayúsculas se convirtió en panacea contra lo imposible. Y el tiempo fue conquistado por una juventud dispuesta a divertirse, a ser feliz contra la adversidad. La música y el teatro, el teatro y la música se asentaron en nuestras vidas como una anadiplosis que no por reiterativa iba a aburrir los sentidos.

Hoy, casi todos los fotografiados son abuelos y abuelas, y en más de una ocasión habrán contado a sus nietos aquellas aventuras del teatro y de la música incipientes que llenaron sus vidas jóvenes, huérfanas de casi todo. No teníamos nada pero nos conformábamos con poco: nuestro estramonio era la ilusión, el flotar en un mar azaroso de postguerra. Salimos airosos, sin más alucinógeno que el deseo de vivir y disfrutar como Dios manda o, por qué no decirlo, impone a veces. Parece mentira, pero a pesar del tiempo transcurrido creo que sólo nos falta uno: el querido y recordado amigo Verísimo da Luz Villegas, que posa con gafas y boina a la izquierda de la foto. Los demás pueden seguir contando esos momentos inolvidables. Qué tiempos, madre mía.

30/08/2011 09:35 mojarrafina ;?> Hay 54 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO: La tienda de Rafalito Aguilera.

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Las frases hechas suelen trascender a fuer de no coincidir con la propia realidad o situación que pregonan. De hecho, podríamos traer aquí una lista de refranes que no se cumplen: la mujer y la sartén en la cocina están bien; piensa mal y acertarás; la cara es el espejo del alma, etc.

En otras muchas ocasiones sí funiona el fraseado típico o al uso. La que hoy nos ocupa es aquella que pregona que el continente pequeño guarda pura esencia, es decir, los buenos perfumes se comercializan en pequeños frascos. Tampoco es cuestión de tenerlo como dogma.

Uno de los ayamontinos –siempre inolvidable y especialmente recordado- que más nos recuerda esta última “filosofía pupular”, no es otro que Rafael Aguilera Silveira en el siglo, y Rafalito Aguilera en el convento de sus paradigmáticas actuaciones, de su ejemplar conducta y de su prolífica producción artística.

Yo tenía dudas de en qué apartado del blog incluir esta semblanza: Ayamontinos inolvidables o Ayamonte en el recuerdo. Me he decidido por esta última porque tenía muchas ganas de escribir acerca de la famosa tienda de Rafalito Aguilera, aquella que hacía esquina con Paseo de la Ribera y Hermana Amparo –en su día Paseo de Queipo de Llano-Calvo Sotelo-, que más que tienda era una invitación al embeleso.

Entrabas en la tienda de Rafalito, de sabor decimonónico y romántico –larguísimo mostrador que ocupaba prácticamente todo el frente de la tienda desde la Ribera hasta lo que fue la barbería de Juan Domínguez- y lo mismo podías comprar unas estampitas de santos y cromos en general, unos caramelos San José, unos orazús de Zara, un cuarto de litro de aguadiente, un cuarto de kilo de polvorones o, y eso sí que era para extatiarse, simplemente te quedabas allí viendo como nuestro recordado personaje diseñaba, construía, restauraba sus creaciones que más lo afamaron: sus gigantes y cabezudos. Porque yo diría que toda la proliferación artística de Rafalito Aguilera al final se metabolizaba en sus cabezudos, en sus gigantes con los que tan felices hizo a los niños de su época. (Hace muchos años, viniendo de Sevilla, al atravesar Villalba del Alcor, vi a Manolín Aguilera, uno de sus hijos y me di cuenta de que iba con sus gigantes y cabezudos amenizando las fiestas de aquel pueblo, la emoción fue de órdago a la grande).

Recuerdo la parsimonia, la amabilidad, la sonrira de Rafalito cuando para despacharnos unos caramelos desenroscaba las tapas de aquellos recipientes de cristal tan típicos, los famosos tarros; o con el cuidado que nos hacía el paquetetito con las riquísimas pasas de moscatel; o cómo iba confeccionando poco a poco, sin prisas, su cuadro hoy llamado naif pero que para él, en su alma de niño, no era más que eso, una pintura con alma infantil. Con el tiempo, sus hijos hicieron reformas, modernizaron la tienda y ya no fue lo mismo.

Sé que mis blogueros van a extasiarse, no con este artículo por su calidad literaria, sino por lo que en él se recuerda, por la nostalgia que suscita recordar una de las tiendas más querida, emblemática, típica y romántica del siglo pasado. Un abrazo, Rafalito. Y por favor, respóndeme con una sonrisa, con la tuya, inconfundible, sincera.

26/08/2011 14:02 mojarrafina ;?> Hay 40 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO: Los discos dedicados en Radio Juventud de Ayamonte

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Desde la Callejita el Loco nos llegan  las entrañable voces de los locutores y locutoras de Radio Juventud de Ayamonte: “Para Juan Manuel Núñez, el niño más bonito de la calle Martes, en su cumpleaños”; “dedicado a Fernandito Pargana, el niño más travieso de la calle Buenavista”, en el día de su onomástica”; para Manuel Jesús Franquito, el niño más listo del Campillo de las Vacas, por las buenas notas”…y después sonaba un gracioso disco portugués que parodiaba los sudores de un sargento luso en aras a instruir a un recluta torpe: esta es dereita, este es esquerda, la esquerda es la del lado do corasao.(Comprendo que mi portugués es de cadena perpétua).

A continuación venían las dedicatorias de los amoríos, de los enamoramientos: “Para José Mari Mayo, el maqueón del Banderín, de quien él sabe”;”para Rafael Losada, el fiera del Cabezo, de su musa misteriosa”; “dedicado a Marisa González, de un tendero enamorado”…y en antena, el deleite de un bolero de Lucho Gatica, ni más ni menos.

Los vecinos portugueses no iban a ser menos y con sus dedicatorias nos regalaban los oídos con los magníficos fados de la inolvidable Amalia Rodríguez.

Qué  tiempos aquellos de los “discos dedicados de Radio Juventud de Ayamonte”. Bastaba una llamada o simplemente dejar una nota en la emisora para obsequiar a un ser querido con algo tan agradable como la misma música y sin gastar una perra chica.

A mi vuelta al blog después de los días en que he tenido que llevar y dejar al Muñeco Diabólico en el taller, he preferido reanudar la labor con una ración de nostalgia, tan del gusto de mis queridos blogueros. Que aproveche.

22/08/2011 23:15 mojarrafina ;?> Hay 162 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Fiestas del Carmen en Canela, ayer y hoy.

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Los antiguos molinos mareales descansaban de noche para asomarse a tu luz fronteriza,  como brotada de los montiños para reflejarse en las aguas mansas de tu estero, ese estero que en largo abrazo te convierte en isla.

El cuarto de los “Aliaos” servirá una y otra vez de refugio cuasicarcelario de los más pobres del pueblo cuando se anuncia la llegada de un pejegordo, un imbécil del Régimen que llega desde la capital a justificar prepotencias, dietas, a recoger parabienes en forma de especies. Bien que se aplicó, y con qué escarnio, aquella Ley de Vagos y Maleantes procedente de las Cortes republicanas y que Franco recogió con entusiasmo y aplicó sin piedad.

La patera de seño Juan va y viene, incansable lanchero. A veces llega el médico, o el practicante. La ruinosa carbonería les aguarda, y el viejo cuartel de la Benemérita, casa Belmonte, los cuartos de red. Y pare usted de contar. No es la isla, es la barriada, con todo el sabor marinero antiguo, de redes tendidas a orillas del estero, junto a docenas de cajirones, de botes anclados, de palangres y trasmallos.

Y, llegado julio, Canela, la Barriada, no la isla, irrumpe en fervores marineros paseando a su Patrona por las aguas del Guadiana en incomparable procesión fluvial que un imprudente y desgraciado incidente dio al traste. Mas tus hijos no se conformaron, y pasados los años también te procesionan en las aguas del Guadiana. No vas ahora en cubierta de ningún barco. Esa cubierta hoy son los hombros de sus vecinos. Creo que hasta es mejor así. Ya casi nadie recuerda lo otro, como afortunadamente quedó atrás la pobreza. La solana de antiguo ha dado paso a una gran carpa y la remosada ermita brilla más que nunca.

Antes fueron gentes como Belmonte, los Paisa, el inolvidable Pepe el Cartero, el querido “Largo de Canela” al que hemos despedido hace poco... ahora toman el relevo María Pérez, Mayo, Enri, y todavía la omnipresente Herminia. Canela, la Barriada de Canela, se remoza, refulge y lanza al aire una invitación festiva que cada año se supera. Y es que para hacer las cosas bien hace falta talento, y a los caneleros de hoy les sobra. Pero sobre todo, les sobra amor, a su Barriada y a su Virgen. Y eso es lo principal. Felicidades a todos, y todos con la Virgen del Carmen.

16/07/2011 15:17 mojarrafina ;?> Hay 23 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Las capillitas devocionales domiciliarias.

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El don de la ubicuidad lo tiene sólo Dios. En algunas o en muchas ocasiones,  ese don es practicado por políticos populistas, que no es  mala cosa en sí. (Recuérdese al efecto la omnipresencia del anterior alcalde,  Rafael González, el popular y populista Catarro, que lo mismo presidía la procesión de la Patrona que una muestra de arbiñocas en el quiosco del Pitingo, práctica que por cierto ha heredado mi dilecto Antonio Rodríguez Castillo). Es así, no le demos más vuelta. Y no es malo per se. Se trata de la segunda acepción que del término ubicuo  nos ofrece el diccionario. “Dicho de una persona: que todo lo quiere presenciar y vive en contínuo movimiento”.

Dios a veces delega, si no la ubicuidad, sí al menos su presencia entre sus hijos. De mil maneras. Pero hoy vamos a fijarnos en una que fue muy popular en España e Hispanoamérica y hoy prácticamente en desuso: las capillitas domiciliarias de vírgenes y santos.  La Virgen María en muchas advocaciones: Fátima, Milagrosa, del Carmen. San Antonio, san José,  san Judas Tadeo, etc.

Eran unas coquetas capillitas, generalmente de madera, con dos puertas, una imagen...y una hucha para depositar en ella el donativo por los beneficios recibidos debido a la santa presencia en el domicilio particular. En cuanto a la hucha no hay que dar muchas vueltas para intuir su procedencia: seguro que lo inventó un cura, por mucho que el padre Carlos, nuestro párroco general,  no lo quiera reconocer. Que le pregunte a su asesor seglar, el ínclito Paco Cecilia si quiere salir de dudas.

La verdad es que las citadas capillitas eran esperadas con ansias, con ilusión, en los hogares, sobre todo por unas mujeres piadosas que encontraban en la íntima relación con la imagen cierto consuelo que provenía de esa fe sencilla que a veces se nos hace difícil entender.

Todavía en algunos lugares persiste la costumbre. Concretamente en San Juan de Aznalfarache,  pueblo donde habitualmente vivo, suele visitar los hogares que lo demanden una capillita de la Virgen del Rocío.

No sé si en Ayamonte se practica hoy tal costumbre. Seguramente de eso sabrá mucho mi admirado Joaquín Casiñas, especialista en liturgias costumbristas, capaz de reavivar una vez cada año el recuerdo de un ayamontino  santo y mártir, nuestro beato Vicente Ramírez de San José, que después de morir en un horrendo martirio se quedó sólo en eso, en beato. El pobre ni siquiera tuvo la ocasión de afiliarse al Opus Dei. Lástima.

¿Y sí algún devoto decide hacerle a nuestro beato una capillita y llevarla por las casas de Ayamonte?. A lo mejor nos llevábamos una sorpresa. Agradable, se entiende.

30/06/2011 00:22 mojarrafina ;?> Hay 10 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. De cuando el tiempo pasado sí fue mejor.

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Las frases hechas, los tópicos literarios, casi nunca responden a la realidad, todo es relativo. Así, eso de que todo tiempo pasado fue mejor no deja de ser un pensamiento nostálgico, de rebelión por parte de quienes no renuncian a la exclusividad de sus vivencias emotivas. Pero hay excepciones, como en todas las reglas.

Ultimamente –y esa un criterio que vengo manteniendo desde la creación de este blog- las fiestas de Las Angustias han venido a anclarse (en cuanto al real), en una hilera de grandes comedores, de restaurantes montables, donde el personal se encierra durante horas. Los paseos por el real han quedado para la hora de los niños o para los mayores.

Me gustaría que mis blogueros se recrearan en la fotografía que ilustra este comentario. Eran tiempos de penuria económica: los Ayuntamientos no contaban apenas con ingresos, la UE no existía y por consiguiente no existían esos fondos para los municipios que dieran lugar a aquella frase de Rafael González, el anterior alcalde: “mi problema es que no sé dónde emplear tanto dinero como llega”. Todo era muy escueto, muy limitado. Menos las fiestas de las Angustias. Empezando por el escenario, inigualable, ningún lugar de Ayamonte podrá ni siquiera acercarse a la belleza del entorno del Paseo. Hoy, nuestras fiestas, como ocurre en muchos lugares, son de extrarradio, al igual que los cementerios, los tanatorios, los campos de fútbol...

Mucha gente se ve en la foto ocupando el Paseo. ¿Qué ocurre?. Muy sencillo: nada más y nada menos que la verbena popular. Ni tikes, ni entradas, ni abonos de clase alguna. Libre, abierta a todos, lejos del búnker social de la caseta municipal, donde bailan los ricos y los pobres tontos del culo que se han llevado todo el año privándose de todo con tal de, durante cuatro días, codearse con los pudientes.

Las verbenas del Paseo durante las Angustias y durante las festividades conmemorativas de la victoría franquista en la Guerra Civil –hay que ver cómo bailaban en ellas los comunistas y socialistas de pro- permanecen en el recuerdo de los ayamontinos viejos, nostálgicos. Y si encima el Paseo viene engalanado con aquellos extraordinarios alumbrados, lo que nos permite afirmar que algunas veces, sólo algunas veces, el tiempo pasado fue mejor.

14/06/2011 10:41 mojarrafina ;?> Hay 5 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO: Torres y espadañas de otros tiempos.

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La fotografía que ilustra el presente artículo es francamente de ensueño, nostalgia de un Ayamonte que con el paso del tiempo fue masacrado por la voracidad urbanística, constructora que nada respeta y que al final vino a desembocar en esta situación de extrema crisis económica que ahora sufrimos.

¿Es necesario destruir siempre para avanzar?. ¿Es necesario arrasar edificios históricos, tapar el paisaje urbano con edificios monstruosos que terminan privándonos de la vista de que antes disfrutábamos?. Asomarse hoy a contemplar el río desde el cementerio resulta casi una utopía, nos lo han tapado descaradamente. Eso sí, en una presunta estadística podríamos encabezar la lista de “adosados” y otras lindezas, que se elevan desde las propias elevaciones del terreno y matan el paisaje. Edificios como la nueva lota o la fábrica de nieve hacen que para ver el río tengamos que hacer grandes desplazamientos a uno u otro lado. Y así podríamos seguir.

Pero seguramente son nuestras torres y espadañas las grandes paganas de la atrocidad, las grandes damnificadas. Todo empezó con el infame edificio del muelle, ese puertaespaña que invadió los dominios paisajísticos de nuestra parroquia de las Angustias. Ver desde la distancia nuestras torres y espadañas como se ve la torre y todo el templo de las Mercedes de la foto, es ya imposible. Fotografías antiguas hay en que desde el muelle Norte se puede divisar toda la Villa, incluída la ermita de San Sebastián. Inténtelo ahora y comprabarán el desengaño.

En la foto publicada se puede observar cómo las palmeras del Paseo nos hablan de una construcción muy reciente; aun no ha reformado la familia Cortina el edificio que alabergaba la parada de Damas, y se pueden vislumbrar los románticos veladores de la Maricambá, y las viejas maletas de cartón y canastos que portan los viajeros de la camioneta apostados junto a la parada.

Y qué decir de la incomparable estampa del “transbordador” más recordado de nuestra reciente historia. Eran otros tiempos y no necesariamente mejores, pero sí más respetuosos con el entorno. Hoy nos encontramos un Ayamonte muy desarrollado, muy extendido, muy construído, muy moderno. Pero muy tapado. Qué pena.

30/05/2011 13:41 mojarrafina ;?> Hay 17 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. La incomparable cantera futbolística de la vieja Casa Cuna.

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A mi amigo y maestro Rafael Pérez Castillo, legendario portero de la cantera de la vieja Casa Cuna.

 

En nuestros tiempos, hasta los equipos más modestos, incluidos los de regional, cuenta con cantera propia. No sabría yo contar la cantidad ingente de equipos de futbol que proliferan en Ayamonte partiendo de la categoría de alevines. Magníficas instalaciones deportivas, buenos preparadores y una excelente política deportiva son el motivo de esta portentosa eclosión futbolística.

 

Pero, ¿se podrían imaginar los jóvenes, los niños de hoy cómo era la cosa hace sesenta años o más?. Vamos a recordarlo:

 

Equipo de fútbol profesional único: nuestro Ayamonte C.F.; después, un reducido número de equipos de aficionados, que iban por empresas, por instituciones varias y por barrios. Así, los equipos de la Litografía, los Treinta, el Frente de Juventudes, el Instituto Laboral, la Milagrosa, el Salvador, Santa Cruz, y en mi opinión uno que significó sin duda la mejor cantera futbolística de Ayamonte: el equipo de la vieja Casa Cuna. Sin prácticamente instalaciones deportivas que fueran más allá de un suelo de cemento donde los internos jugaban al fútbol con las pelotas de trapo que ellos mismos elaboraban, de ese entrañable lugar salieron estupendos futbolistas, y en abundancia. Tan es así que además de equipo propio los internos formaban parte del equipo del Instituto Laboral, por ejemplo.

 

La fotografía que ilustra este artículo es vivo ejemplo de lo que digo. En ella se pueden ver viejos amigos de la Casa Cuna que formaban parte del equipo del Instituto Laboral donde cursaban sus estudios de bachillerato. Alguien escribió sus nombres en la foto, pero no me  resisto a recordarlos: en la hilera de arriba están el recordado Manolito Blas, prematuramente fallecido siendo alcalde de El Granado; a su lado, Ferreiro, del que no tengo noticia alguna;  a la derecha del todo, el legendario portero Rafael Pérez Castillo; y agachados, Hermoso, del que tampoco tengo noticia, y al final del todo Pascual Pérez Viejo, que vive en Huelva. Completan el equipo magníficos futbolistas de la época: Palmero el cristalero; Feliciano, el cura de Lepe; Sulpicio, la centella de la banda izquierda; Manuel Alejandro Bautista, hermano mayor de Pepe el Treinta; y agachados, Pepe Cruz, fallecido también prematuramente, y el extremo derecho más habilidoso de la época, el Curro, hijo del famoso Curro el barbero.

 

Para terminar, un recuerdo para un hombre a quien esa formidable cantera de la Casa Cuna debió siempre tanto. El inefable y admirado Fernando Iglesias, su sempiterno entrenador .

10/05/2011 08:26 mojarrafina ;?> Hay 18 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. La puerta de los goles del viejo campo de fútbol.

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Qué verdad es que cada época de la vida tiene su encanto. Ocurre, empero, que a medida que el mundo avanza, se desarrolla cada vez más, se moderniza a pasos agigantados, el hombre, que tiene ansias de seguir sus pasos, los del mundo,  termina pasando de largo, sin pararse, por muchos acontecimientos que tenga a la vista o a su disposición. No le damos valor a las cosas, la palabra récord forma parte inseparable de nuestras vidas, un televisor se nos hace antiguo, obsoleto, a los tres meses de comprarlos; el móvil poco menos que lo tiramos para ir con ansias a por el nuevo modelo, ese que te resuelve todos los problemas sin tener en cuenta que en realidad lo que hace muchas veces es complicarte la vida. El ordenador –mi inseparable muñeco diabólico-, el feisbu, el gugle... A veces pienso dejar todo esto y volver a leer los cuadernos del Guerrero del Antifaz (qué requetemalo era el moro Ali-Kan, del que siempre se dijo que era el verdadero padre del cristiano guerrero), el Cachorro, el Espadín Enmascarado, Roberto Alcázar y Pedrín (qué buenos puñetazos daba el andoba), el Capitán Trueno; o recuperar aquellos álbumes de estampas de futbolistas de la liga española, cuando la foto de un extranjero era una excepción (Wilkes, el holandés errante, Ben Barek, Kocsi, Zcíbor, Diestéfano...), y pocos más. Pero nada, el muñeco diabólico tiene cada vez más tirón.

Y precisamente en el muñeco diabólico encuentro la fotografía que ilustra este artículo. Para los más jóvenes aclararé que es del antiguo estadio municipal, el campo de fútbol de toda la vida, ese que derribaron nuestros políticos para construir bloques de viviendas y dejar como tapaboca una puerta de goles que no viene a cuento. Y esta foto me trae al recuerdo una expresión muy de la época: la puerta de los goles. Y es que cuando al Ayamonte le tocaba elegir campo, optaba atacar en el primer tiempo hacia el sur, hacia la puerta de los vestuarios, y dejar para la segunda parte, que suele ser la de las emociones, la puerta del norte. Esa puerta fue testigo de muchísimos goles que supusieron grandes victorias de nuestro querido Ayamonte C.F., entre ellos el que definió aquella histórica victoria sobre el Recreativo de Huelva, obra de Cañada. Desde la baranda verde que rodeaba el campo, y en concreto desde la que quedaba detrás de la portería, nos dirigíamos al portero contrario gritándole a fin de ponerle nervioso, algunos porteros, veteranos, incluso nos hablaban y reían, sabían que no ocurriría nada porque una veintena de guardias civiles vigilaba. No siempre se marcaron goles en esa puerta, pero así y todo, para nosotros  siempre fue la puerta de los goles.

Como decía al principio, eran otros tiempos, tiempos en que una simple frase, una situación insignificante, nos hacía felices o, al menos, vivir con ilusión.

¿Saben los jóvenes blogueros que en aquellos tiempos había gente que se sentía feliz, a gusto,  situándose  en la Avenida simplemente para “ver pasar a las gentes que iban o venían del fútbol”?. Pero de eso hablaremos en otro momento.

01/05/2011 13:14 mojarrafina ;?> Hay 42 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. EL ESTERO DE LA RIBERA Y LA NEVADA.

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A los que ya cumplimos cierta edad, en mi caso 67 tacos, se nos tacha muchas veces de anticuados, obsoletos, manidos, cuando recordamos tiempos pasados.

Nunca fui partidario de esa frase que reza que “todo tiempo pasado fue mejor”, ni mucho menos. Si así fuere, muchas personas acabarían ciegas por no poderse operar las cataratas, y con este ejemplo, pues se podrían poner miles, bastaría. Lo que ocurre es que ciertos momentos, ciertas estampas del pasado resultan inmejorables e irrepetibles.

Y ese es el caso de nuestro desaparecido Estero de la Ribera. Digo desaparecido y creo que digo bien, pues el actual cauce en nada se parece a un estero natural y el estanque anterior menos aun. En el pasado, entrar en Ayamonte y encontrarte de cara con docenas de barcos atracados en el muelle del estero era todo un espectáculo que, repito, hoy se nos antoja irrepetible.

En la foto que ilustra este artículo y que le debemos a José María Estévez Romero, que nos la ha cedido generosamente, vemos hasta cuatro galeones, entre ellos, si no me equivoco, el España, propiedad de la familia Botello, que destaca de los demás por la B de la chimenea y por su excelente presencia y esa plancha para embarcar y desembarcar en perfectas condiciones. (Los hermanos Botello paraban en plena campaña de pesca de la sardina para carenar los barcos y pintarlos, mi padre se ponía negro porque se dejaba de ganar dinero y después el invierno era muy duro). Los blogueros mayores podrán identificar  los dos primeros y el último, y ello es fácil por las chimeneas a través de las cuales se podía identificar la propiedad de dichos barcos. Seguro que mi amigo Pedrito Pérez Massoni lo haría con facilidad, pero se niega rotundamente a meterse en este mundo del Muñeco Diabólico. Me queda la esperanza de que mi joven amigo Alvarito Arenas le enseñe la foto a su abuelo, el gran pocero Manolo Arenas y así saldríamos de dudas; o el Alex Calderón a su abuelo, Pancho, el otro gran pocero.

En fin, queridos blogueros, que en este día en que despedimos el año me ha parecido bien traer al blog esta estampa, con la suerte de que cuando fue tomada la fotografía coincidió con el día de la famosa y recordada nevada.

Feliz entrada de año a todos, incluso a aquellos a los que no les caemos bien, en mi nombre y en el de Javi Martín.

P/D. No os olvidéis que sigue a la venta el libro “La peculiar forma de hablar de los ayamontinos”, edición corregida y aumentada, y que el próximo día 5 estaremos por la mañana en la calle Trajano. Buena ocasión para un regalo de Reyes útil y barato. Gracias a todos.

31/12/2010 12:08 mojarrafina ;?> Hay 23 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. TERTULIAS DE BARBERÍA.

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Eran las antiguas barberías lugares idóneos para las tertulias, generalmente dedicadas al fútbol, a los toros y a los espectáculos folklóricos en general. Y no cito  las políticas por la sencilla razón de que con el régimen vigente eran poco menos que imposibles.

El maestro barbero era un tertuliano más, y ello sin dejar el trabajo, y los temas brotaban de una manera espontánea, como suele decirse, de sopetón. Una de esas barberías en que proliferaban las tertulias, especialmente sobre toros dada la reconocida afición del maestro, era la de Francisco Romero, o sea, el maestro Curro el barbero, y uno de los tertulianos fijos, aunque no era aficionado sino más bien lo contrario, el abogado Celestino Rios, espíritu de contradicción por naturaleza, de ahí que se dedicara a llevar la contraria a los demás tertulianos taurinos. Pero nunca llegó la sangre al río, ni mucho menos.

La foto que ilustra este artículo es  de las que hacen época por los personajes que en ella figuran, especialmente los dos citados. En primer término, sentado, aparece el señor Billarín –creo que se escribe así-un viejo entrenador del Ayamonte; de pie al fondo, Pepe Ortega, funcionario municipal; de pie a la derecha de la foto, el cuñado de Pepe el zapatero de la calle Tarpeya, el abuelo de Elo la mujer de Manolo González Nisa, y en el centro, el maestro Curro el barbero, y el abogado Celestino Rios, casi ná.

Anécdotas de estos dos personajes podríamos contar a porrillo, siendo la más conocida aquella que relata como el maestro Curro, cuando quería pegarse un par de lingotazos, iba nada más y nada menos que desde la barbería en calle San Diego hasta la calle Calvo Sotelo, hoy Hermana Amparo, esquina a calle Huelva, donde su tocayo Curro Cabrera, padre del inolvidable Currito el practicante, tenía una taberna. Allí se jincaba un par de cacharros, pero antes había cuidado de que el cliente de la barbería no se fuese, y para conseguirlo lo debaja enjabonado y a medio afeitar. El pobre se asobama a la puerta de la barbería esperando el regreso del maestro mientras el viejo Sotito reía a las puertas de su zapatería. Hay que aclarar que el maestro barbero le había dicho a su cliente que iba “a cambiar”. Qué tiempos, qué personajes. Añoranza pura.

04/12/2010 10:39 mojarrafina ;?> Hay 16 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. FOTO BÁEZ.

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Como ocurrió con todas las actividades, comerciales, industriales, de servicios, profesionales, el pasado siglo XX fue un periodo más de escasez que se abundancia, aunque ya al final se produjo el gran boom del desarrollo y por consiguiente del consumismo, que ha venido a desembocar en los albores del siglo XXI en una gran crisis económica de la que va a resultar altamente dificultoso salir.

 

Dicho lo anterior, y centrados en una actividad concreta, la fotografía, el Ayamonte de mediados el pasado siglo –aparte una incursión más que esporádica de Tuero, y la irrupción de Domiciano bien superada la mitad del mismo- pasó siempre por una familia: los Báez Guerra. Procedían de Huelva, según creo, y la profesión les venía de herencia. Pero en realidad, hablar en Ayamonte de Báez, el fotógrafo, era hablar de Paco, no nos engañemos. Su estudio de Cristóbal Colón, frente al convento de las Hermanas de la Cruz, o del Convento a secas y con mayúsculas, como ustedes quieran, era el lugar al          que tarde o temprano terminábamos arribando todos: recuerdos de comuniones, bodas, grupos de amigos, etc., quedaron filmados en aquel vetusto estudio. Paco contaba con el apoyo, la ayuda incondicional de su esposa, la buena de Agueda, con  la que yo guardaba parentesco a través de mi tía Pepe.

 

Como cualquiera de por sí, Paco tenía sus momentos, malos y buenos, su genio, pero en general era hombre amable y excelente conversador. Al él debemos esa fotografía incomparable de nuestro recordado castillo. Me gustaría que algún día nuestro Ayuntamiento, antes de que la foto se deteriore, obtuviera de ella un azulejo recordatorio.

 

Hoy cualquiera hace fotografías, y al decir cualquiera empiezo por mí, y añado a mis amigos Jacinto Díaz, Landero “Chache”, Jesús “Franquito”, y tantos otros que constantemente vamos dando la lata con estas cámaras digitales que no requieren por nuestra parte ni esfuerzo ni talento.

 

Paco Báez nos legó con su trabajo fotográfico la luz de Ayamonte, esa incomparable luz que él fijó con maestría, paradójicamente, en un cuarto oscuro. A través de su hijo, acólito del Domingo de Ramos, reciba nuestro recuerdo y nuestro cariño.

14/11/2010 12:00 mojarrafina ;?> Hay 15 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO: EL VIEJO PASEO DE TETUÁN: CONSTRUCCIÓN Y EVOLUCIÓN.

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El Cabildo metropolitano de la ciudad de Sevilla, allende 1.401 decidió lo siguiente: “Fagamos una iglesia tal e tan grande que los que la vieren nos tomen por locos”. Y construyeron el templo cristiano gótico más grande del mundo y el tercero de cualquier estilo.

 

En 1.830, el Pleno del Iltmo. Ayuntamiento de Ayamonte acordó lo siguiente: “Fagamos un paseo junto al estero tal y tan hermoso que todo el que lo viere sienta admiración” (esto ha salido de mi mente calenturienta). Y, ya en serio, según me informa mi amigo e historiador local, Enrique Arroyo,se procedió de inmediato a la plantación de una arboleda y se colocaron hermosas farolas. Más pasaron dos años, y la “inmoralidad y grosería de algunas personas”, dieron al traste, y se establecieron unas penas para los que atentaran contra los árboles y pescantes de las farolas: un ducado por la primera vez; doble para la segunda, y cuatro días de cárcel para la tercera y sucesivas, multa incluída. (Aquellos inmorales y groseros se han  ido reproduciendo y los atentados afectan hoy también a los macetones).

 

El hermoso recinto fue llamado Paseo de Tetuán –aun distaba bastante la pérdida definitiva de nuestras posesiones en el exterior: América del Sur, Cuba. Filipinas y protectorados en Marruecos-, de ahí el nombre de la ciudad africana, entonces tan española.

 

Llegó la maldita Guerra Civil y lo de Tetuán dio paso al nombre de aquel siniestro general que al fusilamiento de inocentes lo bautizó con  el eufemismo de “que le den café”. Como Paseo Queipo de Llano llenó cuarenta años de nuestra reciente historia, hasta que el topónimo se impuso con su indiscutible lógica y hoy es conocido, y espero que para siempre, como Paseo de la Ribera. Ha servido para todo: procesiones, cabalgatas, carnavales, mercadillos, certámenes pictóricos, hasta soportó y soporta la tediosa pesadez de las tómbolas del Lunes Santo y Domingo de Ramos en calurosas noches de verano. Sin olvidar aquellas entrañables verbenas musicales, aquellos bailes que organizaba el régimen franquista para conmemorar la “Victoria”, a las que se apuntaban incluso los republicanos de izquierdas, no faltaría más.

 

Pero de un tiempo a esta parte cumple una función muy especial: sirve de pasarela. Yo la he bautizado como “Pasarela Ribera”. Emulando al rey Enrique IV de Francia –“París bien vale una misa”-, muchos ayamontinos y ayamontinas –el menda incluído- han utilizado el bello recinto más que como paseo, como pasarela. Mujeres y hombres “entrajados”, a veces de forma alarmante que canta lo forzado del momento; se desfila mirando más a los lados que al frente, saludando a diestro y siniestro, no importa lo incómodo y pesado que resulte un estandarte, una bandera, un farol, un palermo; unos minutos de gloria efímera a la que se llega prestando servicios incondicionales principalmente a las cofradías de Semana Santa.

 

De todas formas, siempre es preferible Pasarela Ribera que Queipo de Llano, ¿no creen?. Pues eso.

 

26/10/2010 23:20 mojarrafina ;?> Hay 16 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO: LOS TEATROS DE CRISTOBITAS EN LA LAGUNA.

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Entras hoy en la habitación de un niño y casi no puedes andar porque te lo impiden los juguetes, algunos carísimos, que vemos como abandonados, claramente sin usar. Y al niño, o a la niña, con uno de los de siempre, simple, clásico, pero que ellos dominan y con el que juega, no el juguete con ellos. Mi nieta, como cualquier niña de hoy, tiene juguetes a porrillo, de todo tipo, de vez en cuando les echa un vistazo, pero que nadie le quite, ni siquiera tome prestado, a su “Adrián”. Adrián es un muñeco vulgar y corriente, pero se deja abrazar, se deja vestir, se deja lavar, se duerme cuando le llega la hora, sale de paseo. Mi nieta es feliz con su Adrián, ella tiene tres años y el muñeco más o menos, aunque ella es la madre, por supuesto y son inseparables

Pero ahora viene lo grave: si los padres, ni los tíos ni, por supuesto los abuelos, escarmentamos. Y vengan juguetes sofisticados, automáticos, para que al final queden en un segundo término. Nada hay comparable con un muñeco, una pelota o una caja de cartón grande convertida en casa, cabaña, escondite.

La foto que ilustra este artículo es de cuando yo era niño. Entonces nos entretenían en la Laguna poniéndonos delante un teatro de marionetas –en ayamontino cristobitas- y eso era suficiente para que la Laguna, la emblemática Plaza de la Laguna, estuviera a tope. Contemplar las caras, las miradas, los gestos de los niños y niñas de la época resulta verdaderamente reconfortante, con qué poco nos conformábamos, además con la complicidad añadida entre nosotros y los personajes, como avisábamos de la llegada por la espalda de la bruja.

Espero la colaboración los blogueros más viejos –aquí tenéis trabajo los Ayaba, Fa, y otros- para identificarnos a algunos de los presentes en la foto. Yo sólo identifico a quien creo que es Guillermo Feria, se le ve sólo la cara. Y por supuesto, a ese niño que está de pie delante de la foto con un polo de rayas horizontales y brazos cruzados: a esa tierna edad ya tenía cara de sacristán, ¿no creen ustedes?.

26/07/2010 01:12 mojarrafina ;?> Hay 4 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. NIÑAS DE ANTES, NIÑAS DE AHORA.

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Desde luego, si me hubiera dado por escribir estos dos últimos artículos en otro tiempo, me hubieran tachado de misógino, de homófono, en fin, pilarín, ¿qué es eso de juegos de niños y juegos de niñas?. Pues si, queridos progresistas, así es por mucho que os pese, porque lo que pregona la Constitución y las normas internacionales es otra clase de igualdad: en dignidad, en derechos, en todo menos en lo          que naturalmente somos distintos, hombre y mujer, macho y hembra, etc.

Y estos que hoy comentamos eran juegos de niñas, que tenían lugar por todas las calles de Ayamonte, pero especialmente en la eterna e  incomparable plaza de La Laguna.

Ellas habían organizado el evento igual que ellos, cuidando hasta los últimos detalles: los cuadros poligonales para el juego del piso señalados con tiza en el suelo de la plaza; habían procurado unos trozos de mármol bien recortados; las combas preparadas; los botones en abundancia para el juego llamado uñita-uñate.

Las más tradicionales llevan un zapato para el juego del piso y no gastar así los “de salir”; muchas iban con las uñas sin pintar para el juego de uñita-uñate con los botones, y muchas, recordando viejos tiempos, de trenzas cogidas para el salto airoso en el juego de la comba. Más de una compareció con falda almidonada, y miren por donde, esa tarde ni una sola portaba un cigarro en sus manos, claro que de lo que se trataba era de retrotraer el tiempo medio siglo.

Hermoso espectáculo, henchido de nostalgias, en la plaza más bonita del mundo, y como decía el recordado Vicente el Chocitos, el mundo mundial.

10/07/2010 01:21 mojarrafina ;?> Hay 4 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. EL MOTOR DE VILLARREAL.

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Un día ya lejano, yendo a Ayamonte desde San Juan de Aznafarache, mi segundo pueblo que ya gana en tiempo pero no en sentimientos, al llegar al desvío que hace la carretera nacional para entrar en el pueblo dejando a un lado la que conduce al puente internacional, leo dos letreros que me dejaron aturdido. Uno decía: "Ayamonte, Barrio Alto", no decía Barrio de la Villa; el otro letrero rezaba así: "A Portugal por ferry", que por cierto, aun permanece.

No salía de mi asombro y me dije, cómo es posible que los barandas que deciden las cosas no cuenten nunca con los propios interesados, no se informen, no se instruyan, no se ocupen ni de la idiosincrasia ni de la historia de los pueblos. Porque, ¿cuando coño se ha ido desde Ayamonte a Portugal por ferry?. De toda la vida de Dios el medio de transporte, antes del puente, fue y sigue siendo el Motor de Villarreal. Puede que hoy, dado el tamaño de los barcos podamos hablar de transbordadores, pero en la nomenclatura ayamontina sigue prevaleciendo la antigua denominación .

La fotografía que ilustra este artículo es para comérsela, por antigua, por bella, por nostálgica, por familiar y por todo lo demás que se tercie. El antiguo y recordado "San Pedro" lleva a bordo por lo menos dos coches, a la izquierda quiero identificar a Joaquin Feria Obando con su inseparable boina, y a la derecha, sentado, a Manuel Saldaña. Así era el Motor de Villareal, pequeño, con las mínimas prestaciones, pero siempre seguro, que yo sepa, nunca se dio una desgracia.

Ya tengo ganas que llegue septiembre para preguntarle por enésima vez a mi amigo Plácido a qué hora llegan las bandas de música que trae el Motor de Villarreal, pues aunque jubilado, sigue siendo quien más sabe del asunto. Pues eso, quien quiera ir a Villarreal por el puente, que lo haga; yo, mientras pueda, prefiero coger el Motor de Villarreal.

23/06/2010 23:38 mojarrafina ;?> Hay 12 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. LAS TIENDAS DEL DESAVÍO.

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Los cambios que ha sufrido Ayamonte a lo largo de poco más de medio siglo nos invita a repasar ese pasado reciente, como ya hemos venido haciendo a lo largo y ancho del blog bajo el rótulo de “Ayamonte en el recuerdo”, muchas de cuyas estampas fueron incluídas en sendos libros que en su día precisarán una nueva edición, ampliada considerablemente, pero a este respecto quienes tienen la última palabra son mis hermanos de la hermandad del Mayor Dolor, editores de los dos libros citados.

Hoy vamos a tratar de recodar las llamadas tiendas del desavío, es decir, aquellas tiendas de comestibles familiares, pequeñas, situadas en los más recónditos rincones de nuestro paisaje urbano.

Desde un principio aclaro que tal recuerdo lo voy a dejar en manos de mis afamados blogueros, entre otras razones porque me han demostrado con creces tener mejor memoria que yo.

Vamos a comentar la actividad de una de estas tiendas de comestibles, la que por razón de vecindad me tocó frecuentar casi a diario. Estaba situada en la calle Olivo número 17, en el barrio del Peñón, frente a la famosa balda que hoy perdura afortunadamente, y su propietaria, una mujer amable, flemática, sumamente trabajadora, llamada Carmen Garcés, hermana de nuestro ilustre oftalmólogo de aquellos tiempos, y conocida por el apodo de “La Fogona”. Carmen tenía la tienda en su propia casa, al final a la izquierda; era una habitación lo suficientemente amplia como para albergar gran cantidad de productos, incluídos sacos de patatas, sandías, melones, etc.

Carmen era mujer analfabeta total, pero se las apañaba para llevar las cuentas del fiao y de la venta.  Curiosa la cosa, que me apresuro a explicar: con rayitas, rayas, reondelitos y reondeles, le bastaba. Las rayitas pequeñas para las monedas de cinco céntimos, la popular perra chica; una rayita mayor para la no menos popular perra gorda, la de diez céntimos, y así iba aumentando el tamaño de las rayitas verticales al pasar por el real y los dos reales. Al legar a la peseta, utilizaba círculos o redondeles que a la vez iban aumentando el tamaño según refiriera pesetas, dos pesetas, duros, cinco duros, etc.

En la tienda de Carmen La Fogona se podía también adquirir, como era propio en estos pintorescos “supermercados”, aspirinas, okales, optalidones, cafiaspirinas, mixtos, bicarbonato, pabilos para las palmatorias, tabaco suelto –“Ideales” especialmente-; se podían cargar  los mecheros de gasolina o comprar piedras y yescas para los más rústicos, etc.

Lo dicho, tiendas de auténtico desavío, que además contaban con la gran ventaja para los vecinos de no cerrar nunca al estar ubicadas en el propio domicilio de la tendera, y digo tendera porque generalmente eran las mujeres las que estaban al frente de estos negocios, los maridos, en la mar principalmente, en el caso que nos ocupa, el recordado Agapito. ¡Cuantos dolores de cabeza, de muelas, se vieron aliviados yendo de noche o de madrugada a la tienda del desavío del barrio a comprar el correspondiente calmante, y cuantos monos de fumadores se vieron aliviados...!.

Ea, pues ahora dejo el espacio a mis blogueros para que recuerden tiendas de este tipo y les pido que no sólo las citen, sino que añadan algún comentario acerca de sus dueñas y especialidades. Gracias a todos.

19/05/2010 11:24 mojarrafina ;?> Hay 24 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. DUALISMO AYAMONTINO: PAREJAS DE HECHO.

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No preocuparos, queridos blogueros, no vamos a hablar del reciente fenómeno de las parejas de hecho, se trata de otras parejas de hecho, y de derecho.

Que nuestro Ayamonte es una ciudad dual, es indiscutible  (ya en el propio escudo municipal se nos muestra las dos ramas, laurel y olivo). Lo nuestro es puro dualismo: la Villa y la Ribera; la cal y la sal; el campo y la mar; el Santintierro de San Francisco y el Santintierro de las Angustias; la Virgen de las Angustias y Padre Jesús; Canela y la Punta, y así podríamos continuar.

Y en el plano personal, o social, de trabajo, cultural, etc.,esa dualidad quedó de manifiesto en parejas de hecho y de derecho que a mí me gusta recordar, sobre todo por aquellos que ya no están entre nosotros.

En el mundo del trabajo autónomo fueron conocidas parejas como: Casto y Villegas, electricistas con especialidad náutica con sede en la Laguna; Oliva y Martín, carpinteros, ubicados en distintos sitios, en un lateral de la plaza de abastos, hoy calle Luis Brailer; después en calle Cervantes y por último en 29 de julio, hoy Prudencio Gutiérrez Pallares; bares emparejados por lo lindantes que eran, como los del Adoquín y el Lana, al final de la Avenida, y los de Ramírez y Ramón en calle Capilla del Monte, frente al desaparecido taller de Gregorio; un taller mecánico, el de Romero y Castillo, que duró poco; los inmortales el Litri y el Sonaja, cañeros, leñeros y lo que hiciera falta; el Zamboro y el Guinga, expertos pescadores con las manos de lenguados y anguillas en el estero; en el mundo industrial-conservero, la razón social Tejero y Martín Navarro, y la más importante de todas, la de Pérez y Feu, aunque popularmente siempre se le conoció como “la fábrica de los Pérez”; en el ámbito de la pintura es de señalar la pareja –aunque eternamente desemparejados, alejados, enemistados- Florencio Aguilera y Rafael Oliva.

Y he dejado para el final a unos paisanos inolvidables, que tantos servicios prestaron a nuestra ciudad, en particular a la juventud. Hablo nada más y nada menos que de Antonio Gil Bustamante y de Manuel Santos Cabo, es decir, de los maestros Horacio y Bustamante, pues ya sabemos que a Manuel se le conocía por Horacio, que era el nombre de su padre. La Rondalla de la Milagrosa; los espectáculos de artistas aficionados locales, y tantas manifestaciones artísticas hacen que permanezcan siempre en nuestro recuerdo. Un día les dedicaremos una página en el apartado “Ayamontinos inolvidables”, bien merecido que se lo tienen.

Y nada más, ahora dejo a los blogueros que amplíen esta curiosa nómina de parejas de hecho ayamontinos. Seguro que algunas más saldrán.

 

15/05/2010 02:35 mojarrafina ;?> Hay 36 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. EL FERROBÚS.

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En los años sesenta del pasado siglo ocurrieron en Ayamonte muchas cosas importantes, siendo la principal y más trascendente de todas la urbanización de Santa Gadea, la conversión de aquellas extensas marismas en la que hoy es sin duda la barriada más populosa de la ciudad.

También en el mundo del transporte se dio un acontecimiento que iba a incidir de manera muy positiva en la forma de trasladarnos a los pueblos de nuestro entorno y principalmente a la capital. Ya existía desde antiguo el ferrocarril, aquellos trenes a carbón que empleaban dos horas y media en hacer el trayecto de Ayamonte a Huelva con múltiples paradas: en la llamada Toma del Agua, antes de llegar a la primera estación, la de Isla Cristina, donde la locomotora era abastecida de agua; después llegaría a la indicada estación de Isla, y posteriormente, La Redondela, Lepe, Cartaya, La Mezquita, Gibraleón, La Alquería, Aljaraque y finalmente Huelva.

Pero en esos indicados años irrumpió un nuevo sistema de tren: el ferrobús. Se trataba de un vehículo ferroviario ultra ligero, normalmente de una sola unidad aunque podía llegar a tres –el que cubría la descrita línea contaba con dos- y como su nombre da a entender, compartía muchos aspectos de su construcción con un autobús. Era de destacar la cabina de conducción integrada en el propio coche sin separación de los viajeros.

Desde luego, la llegada del ferrobús mejoró considerablemente el servicio, que además era mucho más limpio, aunque hablar de limpieza refiriéndonos a la antigua Renfe no deja de ser una ironía.

Paralelamente, como decía al principio, Santa Gadea se fue convirtiendo en una populosa barriada. Entre las construcciones más destacadas cabe citar el ambulatorio y las casas bajas, antes sin tejado, anexas a la plaza de Currito el Practicante.

¿Y qué pasó?. Pues que a dichas casas le pusieron el sobrenombre de ferrobús. Y es que si nos asomábamos desde el otro lado de la dársena y mirábamos al Salón, daba la impresión de que el ambulatorio simulada la estación de ferrocarril y las casitas bajas y alineadas a lo largo de la carretera que quedaban detrás parecían el nuevo tren, el novedoso ferrobús. Oye, ¿me puedes decir dónde vive Fulano?. Sí, hombre, en el Salón, en el ferrobús.

Para los blogueros jóvenes como el Kun, aclararles que la casa que se ve al fondo de la foto era la llamada Casa Colorá, que servía para uso de los empleados de Renfe y que hace muchos años fue derribada. Otra gracia. Amén.


 

04/05/2010 19:10 mojarrafina ;?> Hay 20 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO: LA ANTIGUA PUERTA LA PLAZA.

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Mucho han cambiado las cosas desde aquellos tiempos, románticos por cierto, que vamos a recordar en este artículo, particularmente la agricultura y el arte de la fotografía.

La mayoría de los blogueros, ni que decir tiene todos los jóvenes, no conocieron la actividad diaria a las puertas de la plaza de abastos, era como un mercado, una plaza, a las mismas puertas de la plaza. ¿Dónde has comprado los zapatos?; ¿dónde has comprado esa sandía tan colorá?. La respuesta era común a todas estas preguntas: en la puerta la plaza.

Y es que en la puerta la plaza, de la antigua y muy recordada plaza de abastos de Ayamonte, de una extraordinaria belleza y que los románticos recordamos con pena, la de haberla perdido, tenía lugar una febril actividad, a saber:

En su tiempo –por eso decía lo de la transformación de la agricultura- se montaban puestos de venta de sandías y melones, grandes pilas de estos frutos de verano se recostaban contra la pared ocupando buena parte del  espacio existente entre la puerta del desaparecido bar de Manolo el de la plaza y la tienda de Camilo el afilaó. Junto a estos puestos de sandías y melones, una zapatería sui generis, la de Pererita, que era pariente de la familia Soto, principal y casi único zapatero del pueblo; las cajas de zapatos en el suelo y la gente probándose de pie o sentados en una improvisada silla que bien podía ser una caja de frutas vacía, los zapatos solían ser más baratos que los que se vendían en la zapatería y por eso era el mercado al que recurrían los menos pudientes.

También era de observar un punto de venta muy especial regentado por un señor conocido como Pepe el de los cuadros junto a su hijo, Pepe el del oro. La técnica fotográfica de entones distaba mucho de la actual, sólo se conocía la foto en blanco y negro, pero Pepe el de los cuadros se las ingeniaba para que aquellas fotos aparecieran en color. La cosa no dejaba de ser cutre, pero daba el punto, y se podían ver fotos familiares y de santos coloreadas.

Aparte de las ventas descritas, no podemos descartar otras, como las de coquinas, mechillones, pescado en  general, incluso telas y otros productos. Ahora sólo nos quedan las mujeres de las coquinas y el tío de la mojaba de atún, aparte de algún cuponero. Y es que las plazas de abasto son el centro comercial por antonomasia. Tiempos pasados, muy lejanos ya, pero inolvidables. ¿Dónde estarían el Kun y el Kaul en esos antiguos y románticos momentos?. Por allí cerca andaría el Fa comprándole una sandía, con calada previa, al inolvidable Cayetano el Beso de Judas, que por cierto, no se llamaba Cayetano sino Arturo.

Y termino desvelando un  secreto sólo para mis blogueros: yo sé colorear fotos en blanco y negro, pero con lo que ha avanzado el mundo de la fotografía difícilmente me iba a ganar la vida con ello, pero a lo mejor un día coloreo una y la coloco en el blog con un artículo, ya veremos.

 

03/05/2010 14:30 mojarrafina ;?> Hay 17 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. LA CAJA DE LATA DE CARNE MEMBRILLO CON LA SANTA CENA.

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Muchas veces recuerdo el magnífico pregón de mi amigo y admirado José María Mayo Luis, el hijo de Mayito el motorista y sobrino del Mayito el del parador y de Antonio Frigolet, compañero mío de aquella generación que inauguró el desaparecido Instituto Laboral de la calle Jovellanos.

Algunos lo criticaron –es inevitable, cuando el demonio se aburre mata moscas con el rabo- por sus citas gastronómicas, a las que se unió recientemente Paco Gamero. Yo lo voy criticar por lo contrario, por obviar en esas citas culinarias, gastronómicas, un postre exquisito allende mediados del siglo pasado: la carne membrillo de la caja de lata de la Santa Cena.

Cuando allá mediados el siglo XVI el pintor Juan de Juanes compuso esa maravilla de cuadro titulado la Ultima Cena, bien titulado porque de santa o sagrada tendría bien poco teniendo un comensal como Judas Iscariote, poco pudo imaginar que se convertiría en el cuadro más popular del tiempo de la jambre en España. Ilustró durante años las cajas de lata en que se vendía la carne membrillo, esa “medicina” infalible que se consumía cuando alguien se iba de vareta. (A estas alturas me nace la duda si era la Cena de de Juanes o de otro pintor de fama, es lo mismo, al fin y al cabo era la Ultima Cena, que es a lo que vamos).

La caja de lata de carne membrillo que aliviaba las diarreas y evitaba que uno siguiera yéndose de vareta, servía posteriormente para varios menesteres, a saber: las muchachas guardaban en ellas los hilos, las bobinas, los botones, los cromos; los muchachos, los bolinches, los toreros, las estampas de futbolistas. Y es que entonces había muchachas y muchachos, como ahora hay chicas y chicos ya no se utiliza la caja de lata de carne membrillo.

El último detalle de la caja de lata de la carne membrillo, era que al abrirla, por la contratapa casi siempre había pegada una foto de un ser querido ya fallecido.

Parece mentira lo que podía dar de sí una simple caja de lata de dulce membrillo, para que venga el Mayito este de los cataplines dándole preferencia a la raya en pimentón. Vamos, hombre.

 

29/04/2010 20:53 mojarrafina ;?> Hay 11 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. LOS HIGOS SECOS COMO SUSTITUTOS DEL AZÚCAR.

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Cuando el Kun y el Kaul aun no habían nacido; cuando el Guardián del Registro era todavía un imberbe, el Fa, el Ayaba y un servidor ya íbamos a la tienda de desavío del barrio correspondiente a comprar un par de gordas de higos secos. Ya en casa, nuestras madres nos servían parte de la cena, que consistía en un vaso de cebada o achicoria y nos relataba las oportunas instrucciones: coge un trocito de higo y te lo metes en la boca, lo masticas pero sin tragártelo, después te metes un buche de café –a pesar de lo dicho se le llamaba café- y rebújalo con el higo. Hecho así, la negra y amarga cebada se endulzaba y entonces se podía tragar.

¿Cuál era la razón de este ritual?, muy sencillo: la escasez de alimentos propia de nuestra triste postguerra, esa que terminó hace más de setenta años y que muchos se empeñan en recordar mediante un eufemismo propio de esta modernidad que nos ofrecen, en fin, pilarín.

Yo iba a una tienda familiar que existía en el Peñón, en la calle Olivo, la de Carmen la Fogona, mujer del recordado Paco Agapito, no sé donde comprarían los higos mis queridos emigrantes Fa y Ayaba, pero seguro que lo dirán, aunque creo que el Ayaba lo haría en la tienda de Horario y el Fa en la Caldera, ya veremos.

El higo seco también lo comíamos abriéndolo por la mitad y metiendo en medio un meollo de almendra, estaba riquísimo. Junto con las sardinas estibás y las poleás de maiz, completaba un terceto de alimentos para pobres. Eran otos tiempos, ya lejanos, que el Kun y el Kaul no conocieron y el Guardián del Registro estaría entonces con el pelargón, versión para bebés de comida de pobre.

 

27/04/2010 23:20 mojarrafina ;?> Hay 15 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO: LOS ANTIGUOS PESCADORES CON APAREJOS

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Mucho ha llovido y mucho ha evolucionado el sistema o los sistemas de pesca en el río desde aquellos viejos tiempos en que el Guadiana venía poco menos que sembrado de aparejos de cordel para pescar sobre todo los ricos róbalos y las exquisitas mojarras, sin olvidas las sabrosas anguillas, y como diríamos en palabras de Diego “Margallo”, los rapes del Guadiana, o sea, los sapos.

Por aquellos tiempos, Ayamonte contaba con un considerable número de fábricas de conservas en las que se laboraba día y noche, de tal forma que las orillas del río recogían, a través de las madronas todo el desecho del pescado preparado para enlatar, cabezas y tripas. Así, el pescado estaba lo que se dice engüaao y bastaba con poner de carná o bien arbiñocas o trozos de las propias sardinas.

Así y todo, para pescar con aparejos había que estar en posesión de ciertos conocimientos, de ciertas habilidades y de infinita paciencia. La pesca con caña fue más tardía, pero los pescadores con aparejos no los dejaron fácilmente.

En el recuerdo, pescadores tan queridos y admirados como el famoso “Peseta”,  el impenitente Pepe “el Moro”, el maestro de maestros de rederos Pepe Martín, o sea, Pepe “el Sordo”, y el que quizás fuese el más constante, especialista con la caña, Juanito Moreno o como cariñosamente lo conocíamos: Juan el de Rogado. Descansen en paz todos ellos, que sepan que los ayamontinos los recordamos desde la nostalgia.

15/12/2009 19:54 mojarrafina ;?> Hay 13 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 87: LA FOTO DE LA ESCUELA

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Cuando uno contempla una foto como la que ilustra este artículo, le entra por el cuerpo un tufillo de nostalgia a todas luces inevitable.

Uno entra hoy en un colegio público y queramos o no, nos quejemos más o menos, lo cierto es que en su mayoría están bien equipados, incluso algunos hay ya con ordenadores.

Los colegios antiguos, este de la foto es de la entrañable Escuela de los Marinos, adolecían de muchas necesidades, todo era de mínimos, hasta los libros de texto, pues con aquella famosa Enciclopedia Preparatoria, Media y Superior hacíamos toda la Primaria.

Uno de los momentos fijos de aquella época era el de la foto del recuerdo; todos nos situábamos delante de la mesa del maestro, y junto a un cuadro religioso, en el caso de la Virgen del Carmen como no podía ser de otra manera por tratarse de la escuela de los marineros, la bola del mundo, el tintero, el secante, un almanaque, el imprescindible ábaco,  y una foto de Franco o José Antonio, que en el presente caso por lo visto era sustituido por el de la Patrona, nos quitaban la foto recuerdo de nuestro paso por la escuela. La mayoría de estas fotos han desaparecido o se encuentran muy deterioradas aunque hoy con la técnica del escáner ello se soluciona perfectamente.

Parece  que estoy viendo haciendo cola para quitarse la foto a los compañeros de la época, Santi Puga, Antonio Boza, Antonio Gómez Espina, Antonio Pizzamiglio, y tantos otros que siempre estarán en el recuerdo.

Ya ha llovido desde entonces, pero lo cierto es que estos recuerdos siempre nos emocionan.

 

16/11/2009 12:14 mojarrafina ;?> Hay 12 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 86: LA CAPILLA DE SAN ROQUE.

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Antes de que en nuestra ciudad se construyera el cementerio municipal, sólo existía en el lugar un cabezo. En dicho cabezo fue erigida una capilla, la capilla de San Roque aludiendo al referido lugar, cabezo de San Roque.

En dicha capilla existía y existe un crucificado, el Cristo del Buen Viaje, que perteneció a la hostería y huerta del Cristo, regentada y asistida entonces por los franciscanos del convento de San Francisco de Ayamonte.

Como hemos dicho, en el entorno de la capilla de San Roque se construyó el cementerio municipal y a partir de entonces el nombre de San Roque fue desapareciendo del decir de los ayamontinos, que vendrían en llamar a dicha capilla como la del Cementerio.

Era una capilla recoleta, pequeñita y con un lógico halo de tristeza. Pero llegaron los “años brillantes” del urbanismo ayamontino aprovechando los ingentes ingresos que procedían de la Unión Europea y el boom urbanístico, y la preciosa y antigua capilla fue desmantelada, construyéndose en su lugar una especie de nave para dar acogida a los funerales a los difuntos procedentes del nuevo tanatorio. Nada quedó de la capilla, salvo el Cristo, que por cierto, me gustaría que algún entendido me explicara por qué los restauradores de imágenes ahora nos las devuelven blanquecinas, parecen como si las lavasen con el antiguo trisodín.

Como decía, quedó la capilla desmantelada, incluido el bello retablo, que fue sustituido por cortinas. Menos mal que no se derribó la sencilla espadaña, aunque ya nadie toque las campanas.

Por cierto, en el blog seguimos sin saber a dónde fue a parar el citado retablo, aunque ya en su día lo denunciamos y demandamos noticia. Esperemos saber algo en algún momento.

 

07/09/2009 14:35 mojarrafina ;?> No hay comentarios. Comentar.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 84. LA CAPILLA DE SAN ANTONIO.

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Están a punto de comenzar las fiestas de Las Angustias y es lógico que durante esos días festivos bajen las visitas del blog. Pero no por eso vamos a dejarlo desatendido porque siempre habrá personas que por razones varias no tendrán ganas de fiesta y otras que viven muy lejos de Ayamonte, como Ayaba y Fa, que merecen nuestra atención, así que algunas cositas les ofreceremos. Hoy vamos a entrar en otra página de nostalgias, vamos a hablar, ilustrados además por la muy documentada María Luisa Díaz Santos, nuestra primera historiadora moderna, de un templo que durante muchos años estuvo olvidado pero que afortunadamente fue reabierto, si nó al culto, sí al menos a las visitas: la capilla de San Antonio.

El último recuerdo referido a cultos lo tengo de 1960, cuando la famosa Misión, por ser el templo al que pertenecía la calle Olivo, o sea, el Peñón, y recuerdos de la niñez, de sus escuelas adyacentes, de don Antonio Moreno, su eterno maestro, y de la querida familia de “Capricho”, que vivió siempre en una casita junto a la escuela y capilla que formaba parte del entorno.

Está situada en la calle de su mismo nombre, en el tramo de escalones, y fue fundada por el gremio de marineros. Sus rentas, en 1785, consistían en 12.000 reales anuales, que procedían de la media parte con que contribuían los artes de pesca, y un cuarentón  de jábegas, lavadas y espineles. El capellán tenía además seis reales todos los días festivos por la misa de once que algunas veces era más tarde si se divisaba la proa de un barco entrando en puerto.

Abonaba 50 reales y cuatro velas para cada matriculado que fallecía para ayuda de gastos de entierro, y mandaba decir misas por los del gremio y daba limosnas a los enfermos matriculados que por esta causa no podían trabajar. Además, tenía escuela para los hijos de los del gremio, que costeaban ellos mismos. Esta escuela pasó más tarde a ser del Estado y funcionó hasta mediado  el pasado siglo.

Su conservación, excelente durante la segunda mitad del siglo XX se debió esencialmente a la entrega del ayamontino José Mora Carnacea, conocido cariñosamente como Pepito Mora, que organizó durante algunos años fiestas en el barrio en el honor del Santo titular de la capilla.

Hoy permanece abierta a efectos de visitas y lo hace todos los martes, buena idea esta para su continuada conservación. Mi felicitación para todas cuantas personas se encargan de esta tarea.

 

04/09/2009 17:37 mojarrafina ;?> Hay 5 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 85: LAS FIESTAS DE LAS ANGUSTIAS DE PRINCIPIOS DEL SIGLO XX (1906).

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Al mismo tiempo que los omnipresentes gallegos inauguraban en La Habana la Academia Galega; que el gran Mahatma Gandhi iniciaba su Movimiento de No Violencia en la India, entonces colonia británica, y que en España, precisamente una británica llamada Victoria Eugenia contraía matrimonio con el rey Alfonso XIII, los ayamontinos de 1906 se prestaban a organizar y disfrutar de sus Fiestas Patronales, como siempre, en honor de la Virgen de las Angustias, que comenzaban, y así fue durante casi un siglo, el día 7 de septiembre, la Víspera por antonomasia. Ahora se empieza según convenga a la venta en las casetas, los puentes festivos, en fin, pilarín.

En aquel año, por lo que se puede leer en el cartel anunciador, uno de los eventos era el reparto de abundante limosna, lo que llama la atención, pero no es de extrañar porque España, como aquel que dice, acababa de salir del desastre de la Guerra de Cuba, año 1898, y ya se encontraba ajuntando, no pa las Angustias, sino para otro gran desastre, la Guerra de Marruecos de 1911.

Aparte de ello, el cartel de fiestas -como se diría en todo carnavalero del bueno: esto es…un cartel- anunciaba multitud de entretenimientos para el personal: corrida de toros, mano a mano entre Camisero y Rerre; concurso de barcos engalanados; suelta de globos y fantoches –por cierto, más de uno tendría que haberse quedado por ahí-; bailes de sociedad, que supongo sería en los dos casinos y en la caseta municipal si la había entonces. Y así podríamos seguir.

Mas hay una cosa que me llama poderosamente la atención, y es cuando se lee: función religiosa con brillante orquesta, no se dice coro ni coral, y yo la verdad es la primera vez que leo que una misa se acompaña con  una orquesta, seguramente sería orquesta y coro, vaya usted a saber.

Lo dicho, un cartel de verdad, auténtico, para unas fiestas prolíficas en actos, en eventos atractivos. Dicen que las comparaciones son odiosas, de ahí que ponga punto y final y que los blogueros opinen lo que quieran.

 

01/09/2009 13:46 mojarrafina ;?> Hay 22 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 83: UNA DIANA EN DECADENCIA.

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Próximas ya las fiestas de Las Angustias, uno no puede por menos que tener un recuerdo nostálgico de una institución prácticamente en periodo de extinción: la Diana.

Yo recuerdo la Diana del pasado siglo, allá los años sesenta y más, en que la gente iba a divertirse, a bailar y cantar y por qué no decirlo, a pegarse unos tragos de rico aguardiente. Cuando salía el sol y nos daba en la cara es cuando se notaba la tajá. Pero no se pasaba de ahí, buen rollo con los músicos y entre todo el mundo.

Pero un año, quizás en los ochenta ocurrió lo que muchos recordamos con tristeza: el pueblo apareció  lleno de contenedores de basura volcados, jardines destrozados, y niños y niñas de doce, trece, catorce años, tirados materialmente borrachos en los arriates. A partir de ahí, con la inclusión de la Charanga los del Ruedo en un evento tradicionalmente dedicado a la música, se deterioró todo. La gente amante de la Diana empezó a abandonarla, y en nuestros días, aunque aquella situación está superada, ya no es lo mismo y la Diana ha quedado para llorar un poco. Yo todos los años me asomo a mi terraza, en la primera torreta del Salón y se pueden contar con los dedos de dos manos la gente que la acompañan. Y es que quien siembra vientos...

Una de las tradiciones de la antigua Diana era el repique de campanas. Se le pedía la llave al sacristán o al párroco y se iba a repicar antes del amanecer. Esperemos que muy pronto esas campanas suenen con estruendo festivo dandol a bienvenida a una Diana que vuelva por sus antiguos fueros.

Esperamos y deseamos no ocurra lo mismo con otras cosas.

 

29/08/2009 10:52 mojarrafina ;?> Hay 4 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 84: EL BALUARTE DE LAS ANGUSTIAS.

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Aunque el tema de este artículo, o más bien el asunto es el antiguo Baluarte de las Angustias, no voy a caer en la tentación de hablar de él desde el punto de vista histórico, pues eso lo ha hecho ya con proliferación y total autoridad mi amigo Enrique Arroyo Berrones.

De lo que sí vamos a tratar es del crimen histórico, uno más, que se cometió en el Ayamonte de mediados el pasado siglo, cuando se hizo desaparecer de nuestro más añejo paisaje urbano dos iconos de nuestra larga y rica Historia: el Castillo y el Baluarte.

Recuerdo perfectamente que era una noche de invierno o de otoño tardío. Un grupo de jóvenes ayamontinos de ambos sexos, bajo la dirección de Manolín Feu,  nos encontrábamos reunidos en el salón de la Casa del Niño para empezar a montar la Misa Pontifical de Perossi, que posteriormente cantaríamos en la misa principal de las Angustias y en la de la Virgen de la Blanca en la vecina Villablanca.

Entre col y col, lechuga, suele decirse; así que de vez en cuando, en los descansos, nos asomábamos a la muralla del viejo Baluarte y pudimos observar como en los bajos había un hombre calentándose en una candelita de leña, seguramente se recortes de la tonelería de Genescá. Se trataba de Antonio Sosa, el eterno utillero del Ayamonte C.F., que se encontraba en aquel lugar en calidad de vigilante de los materiales y herramientas porque para otra cosa no se iba a prestar.

Esto, que no parece revestir   importancia, la tiene y mucha: en aquellos momentos comenzaba a construirse ese horrendo edificio llamado con eufemismo desmadrado “Puerta de España”, que terminó cargándose al mismo tiempo varias cosas: la inigualable vista de Ayamonte desde el río; el entorno de la iglesia de Las Angustias, y sobre todo, el viejo Baluarte, al que se tragó sin más explicaciones por parte de nadie.

Recientemente se ha recuperado gracias al empeño de Enrique el paño Sur y parece que sucederá lo mismo con  el Norte una vez derribado el edificio de ese lado. El frente será cosa imposible, o no, que la vida da muchas vueltas, vaya usted a saber.

 

25/08/2009 10:12 mojarrafina ;?> Hay 4 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 83: LA GOLA

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Creo que a todos nos sorprendió cuando lo leímos un oímos por primera vez, que un pueblo, que un territorio perteneciente a una provincia se encontraba situado en otra distinta. El Condado de Treviño es un enclave burgalés circundado por la provincia de Alava, es un singular marco territorial que desde el año 1200, en tiempos de Alfonso VIII, pertenece al Reino de Castilla, hoy a la comunidad de Castilla y León.

Algo parecido, aunque desconozco la historia, ocurrió hace muchos años, más de medio siglo ya, con un enclave arenoso circundado por la costa portuguesa y que sin embargo pertenecía al municipio de Ayamonte. Ese enclave playero fue conocido y es recordado como La Gola.

Para ir a la Gola utilizábamos un transbordador de los de la Carrera de Villarreal, el barco dejaba allí al personal y regresaba por la tarde a recogerlo. Aquel lugar no tenía nada de cosmopolita, salvo la mezcla de ayamontinos y portugueses. Era una magnífica playa y pasábamos un día magnífico, en paz y a gusto. Los más atrevidos, junto con amigos portugueses, se daban un garbeo nada menos que hasta Montegordo.

Cuando se urbanizó Isla Canela se perdió la costumbre de ir a la Gola y a la playita del Salón, pero para los ayamontinos viejos la Gola siempre estará en el recuerdo. Creo que hoy denominan Gola a un lugar de Isla Canela creo que llamado de siempre Cabeza Gorda, donde se cogen coquinas todos los días y que con la bajamar forma una isla. La foto que ven ustedes es de ese lugar pues de la auténtica Gola no cuento con ninguna. Que disfruten del recuerdo.

 

21/08/2009 21:57 mojarrafina ;?> Hay 5 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 81: LOS ENCIERROS DE LOS TOROS

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Mucho han cambiado las cosas en nuestra ciudad en el ámbito de los toros. Nuestra plaza, que no era de relevancia, albergó en su albero a novilleros que con el tiempo fueron grandes figuras del toreo, Paco Camino, Miguel Báez Litri, Chamaco, creo que el mismo Curro Romero llegó a torear en Ayamonte.  Entonces se daba una novillada el día 8 de septiembre coincidiendo con la festividad de la Patrona y para usted de contar, pero se recordaba durante todo el año y en años sucesivos.

Como eran tiempos de penuria económica, el ir a los toros no estaba al alcance de todo el mundo, ni mucho menos, pero la cosa se compensaba con un espectáculo, gratuito, del que disfrutaba todo el que quería: el encierro de los toros, que tenía lugar el día 7 de septiembre por la tarde. Recuerdo perfectamente las carreras de las gentes desde el campo de fútbol –el Ayamonte jugaba ese día un partido destacado con motivo de las fiestas- para coger sitio en la plaza. Los encierros a veces eran muy cortos, otra veces se hacían interminables hasta el punto que había que desalojar la plaza para encerrar a los venados con tranquilidad.

Los llamados entendidos daban su opinión acerca del ganado, pero casi siempre errónea porque, sin que se me enfade nadie, con una novillada al año bien poco se podía entender de toros, máxime cuando ni siquiera teníamos televisión.

El camión con los novillos se apostada justo en el lugar de la foto, ya ese lugar ha sido propuesto para rotularlo precisamente con el nombre de Encierro por un ayamontino emigrante asiduo de este blog, pero claro, como no puede recoger firmas se va a quedar con las ganas, máxime cuando los toros ni son chirigoteros ni nada por el estilo.

Asistir al encierro de los toros –aunque en realidad eran novillos- y ver pasar a la gente el día de la corrida camino de la plaza era la “comida” festiva de los pobres, aunque eso de ver pasar a la gente no era cosa sólo de pobres. El gran poeta ayamontino Paco Herrera inmortalizó el momento con estos versos: “Pasa Salvador Morlera con su clave reventón; lo saluda Rafael Pérez de codos en el balcón”.

 

14/08/2009 17:57 mojarrafina ;?> Hay 6 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 81: LOS VIEJOS PIÑONEROS

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Aunque la piña no produce el fruto piñonero, es decir, no madura hasta final del tercer año de su aparición o en la primavera del cuarto, Ayamonte es lugar donde proliferan tanto los pinos que los hay de diversas generaciones, de ahí que cada año podamos disfrutar de tan  exquisito fruto.

Vivimos tiempos de globalización, de tal manera que hoy se pueden comer piñones en cualquier parte del mundo, pues tras su elaboración se estuchan y se exportan. Pero yo creo que cuando el fruto, sea cual sea, está rico de verdad es en su temporada, claro que esto de la globalización también tiene sus ventajas, y es que si tuviésemos que pagar los productos agrarios a precio de temporada sería como en el pasado, que los pobres comeríamos naranjas caídas y los ricos empapelás, en fin, pilarín.

Hablando de piñones, traemos hoy a colación el entrañable recuerdo del mundo de los piñoneros, que eran unos señores, de la Villa o del campo en general, que cada día, especialmente los domingos de otoño e invierno aprovechando los partidos de fútbol o el simple paseo de las gentes al sol, se presentaban con sus acémilas cargadas de piñones tostados; los vendía con un recipiente que llamábamos armú, que se encargaban de forrar con papeles o cartón, que era una forma bastante visible de “robar” mercancía, pero todos lo sabían y así funcionaba la cosa.

Los piñones ayamontinos tienen fama de ricos, no se si por su propia naturaleza, la que les ofrece nuestra tierra roja que vemos por la carretera vieja, o por el arte de los piñoneros en su elaboración. Nada que ver con los que comemos hoy estuchados, es más, resulta difícil en estos tiempos ver a alguien comiendo piñones. Incluso hemos dejado de llevar en el bolsillo la famosa y útil navajita para abrirlos.

Fuera de los momentos dichos, también se podían adquirir en los carrillos de las chucherías, pero a decir verdad, los que vendían los piñoneros estaban más ricos, quizás porque su elaboración fuera más cercana. Y para terminar, recordar aquella estampa imborrable del piñonero del Pino Gordo de la Estación, era un señor del Banderín que tenía un puestecito donde vendía los piñones. Creo que aun vive este buen hombre, aunque no recuerdo su nombre y apellidos o quizás apodo.

 

09/08/2009 13:10 mojarrafina ;?> Hay 5 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 80: LA COFRADÍA DE PESCADORES Y EL CONSULADO

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No sé si la cosa dio lugar a polémica en su tiempo, pero es lo cierto que en Ayamonte se dieron bastantes casos de edificios con fachada de azulejos verdes, podemos recordar a bote pronto, la vivienda de la familia Concepción; la viviendas de la familia Vázquez, Cabrera, Pulido, en la Avenida; el edificio de la antigua biblioteca que ya tratamos en estas mismas páginas, y el edificio en que estuvieron ubicadas dos instituciones señeras en nuestra ciudad: la Cofradía de Pescadores y en Consulado de Portugal, cuya fotografía ilustra este artículo.

La Cofradía de Pescadores “salió” del lugar para irse al Muelle, donde están Correos y Telégrafos, la Cámara Agraria y no sé si alguna oficina pública más. En las oficinas de la calle Real es de recordar personajes, unos desaparecidos y otros aun entre nosotros: Zamudio, Rafael “el Cofra”, Enrique, Pedrito Pérez, el gran Nicomedes, hombre extraordinariamente afable y el eterno secretario cuyo nombre completo ahora no recuerdo, aunque creo que se llamaba Juan. Muchos pensaban que todos estaban en la Cofradía, pero había dos funcionarios, Manolo “el Huelvano”, y Mamé, ambos fallecidos, que prestaban sus servicios al Instituto Social de la Marina, aunque, repito, para el común de los ayamontinos todos estaban en la Cofradía de Pescadores. El Patrón Mayor supongo que se designaría a dedo, como todo lo de la época; yo conocí al que seguramente estuvo más tiempo: Joaquín Gutiérrez Blanco, que había sido anteriormente alcalde. Mi padre, Manuel Flores Silva, ostentaba el cargo, honorífico, pues no cobraba un duro, de presidente de la Mutualidad de Pescadores; por casa andaba una foto en que se ve entregando un dinero a una viuda de un marinero ahogado en la mar, creo recordar de la familia Carrasco.

En la parte alta del edificio se encontraba el Consulado de Portugal, oficina administrativa para la expedición de documentos a ciudadanos portugueses que se encontraban en nuestra ciudad, bien viviendo en ella o de paso a otros lugares. Era una familia la del cónsul poco propensa a la vida social, gente rara, muy rara, pero tenían un hijo, creo que se llama Rui, muy extrorvertido y sociable, así que vaya lo uno por lo otro.

Ambas oficinas, como queda dicho, desaparecieron de la calle Real, aun que la Cofradía perdura en otro lugar, pero las dos permanecen en el recuerdo de los ayamontinos.

 

31/07/2009 00:58 mojarrafina ;?> Hay 3 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 79: TOMAR EL FRESQUITO

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Es pleno verano, corren los años cincuenta del siglo XX, aun no se conoce en España el aire acondicionado, al menos en los pueblos y familias modestas. Los calores de las interminables noches veraniegas lo soportan las gentes de mil maneras: el búcaro de agua fresquita, la ducha, el cambio de sábanas sudadas en plena madrugada, el ventilador que en vez de enfriar el aire te da la bofetada de aire templado, en fin, pilarín.

Nuestro Ayamonte, que es pueblo privilegiado por muchas cosas, lo fue siempre durante esas calurosas noches de verano, y ello porque contaba y cuenta con un producto natural excepcional: el bendito terreño. Menos mal, ya se ha levantado el Norte, dice un ayamontino agobiado por el calor. Una vez más, una noche más, el terreño ayamontino mitigó la caló.

Y aprovechando el terreño, los ayamontinos del pasado siglo acuñaron una costumbre, una bendita costumbre que desgraciadamente hoy podemos considerar casi extinguida, y digo casi porque me consta que en algunas calles, pocas, se sigue practicando. Esa costumbre ancestral no es otra que la de tomar el fresquito.

Hemos terminado de cenar, es cierto que muchos tienen que levantarse temprano para trabajar, pero el día ha sido especialmente caluroso y no es cosa de meterse en la cama tan  pronto sin aprovechar el terreño, sin tomar el fresquito.

La foto que ilustra este artículo nos trae al recuerdo parte de la calle Olivo, en el barrio del Peñón y nos ofrece la estampa de una humilde casa de tejado y fachada a la cal. Era mi casa, en la que nací y crié. Van saliendo los vecinos de sus casas portando sillas, los más jóvenes aprovechan esos rudos poyetes y escalones del entorno, y mientras el terreño nos llegada bajando la calle Tarpeya procedente de la Villa, charla que te charla, hasta que el sueño vence el placer mismo y entonces toca irse a la cama.

Para tomar el fresquito no hacía falta nada, sólo el terreño y ganas de hablar, de compartir vivencias los vecinos, nada más. Y eso, tan hermoso, tan entrañable, fue presa, como otras muchas costumbres, de la caja tonta, que nos mete en casa, nos manda callar, y nos presenta una vida absolutamente falsa. Atrás hemos dejado una vida auténtica, entrañable, magnífica, la que nos ofrecía gratuitamente el terreño ayamontino durante ese rito incomparable que nuestros antepasados llamaron tomar el fresquito.

 

29/07/2009 22:45 mojarrafina ;?> Hay 7 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 79: ANTIGUA CALLE LUSITANIA

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Hoy traemos a colación uno de esos recuerdos que tanto gustan a los blogueros, por eso lo hacemos con sumo gusto. Se trata del recuerdo nostálgico de una de las calles más céntricas de nuestra ciudad, eminentemente comercial y desde hace unos años a esta parte rabiosamente semanasantera: la antigua calle Capitán Cortés, antes Lusitania y después Lusitania, pues ya sabemos que durante todo el periodo del régimen franquista se suprimieron multitud de nombres del callejero español para sustituir los nombres existentes, sin el menor respeto a la historia, a la costumbre, incluso a lo tópico, por el de los grandes militares del franquismo. Pero dejemos esto aparte, que hoy ya no merece la pena.

La calle Lusitania es considerablemente larga, comienza a la altura de la calle del Pez y llega hasta Hermana Amparo, salvando los cruces de Cervantes y Cristóbal Colón. En el primer tramo, recordamos una charanga, la de Félix de la Cruz, en la que trabajaron toda su vida Juan el Pancho y Carrito; las viviendas de las familias Santos Domínguez, Palma, Flores, Vázquez, etc. y comercios como la clásica  tienda de ultramarinos de José Salvador, de la que hablaremos en su momento, ya más tarde la de Prudencio Ceada, otro Pancho, que aprendió el oficio con Salvador y terminó estableciéndose en la misma calle, el bar de Saturnino y la Milagrosa. En el tramo central recordamos la tienda de Perrola, la vivienda de don Victoriano, el capitán de la Guardia Civil, la vivienda de Nicodemes, funcionario de la Cofradía de Pescadores, el estudio fotográfico de Carlos Báez, la tienda de juguetes de Dolores, una pensión donde hoy tiene la vivienda Paco Concepción, el restaurante La Peña que antes creo que fue la carpintería del siempre recordado Antonio Rojas, Rojita, y en la esquina de enfrente, dando a la calle Real, la tienda de los hermanos García Gil. Ya en el último tramo, quizás el más frecuentado, están en mi recuerdo una pequeña tienda, casi un puesto, llamado Maflor, junto a la Giralda de Sanchito; más adelante, la droguería de la familia Domínguez Ríos, la tienda del Alosnero, con su vivienda arriba, la zapatería de Pulido, que era a la vez el despacho de las quinielas, la vivienda de Enrique Gómez y Paca Pérez, la farmacia de Antonio Massoni y en la esquina un almacén del citado Enrique Gómez, hoy La Casona. Ya en la acera de enfrente, la heladería La Ibense, de Pedro Jiménez y hoy de su hija Mari Carmen, la vivienda de la familia Arroyo Berrones, la taberna de Verísimo da Luz, la vivienda de Pedro Jesús Flores, la Secretaría del Ayamonte CF, la tienda de los Buchito,  luego Festival y ahora de mi amigo Enrique Moeno, el despacho de vinos de Juan Huelva, la vivienda de Pedrito Pérez y la primera barbería de Juan Domínguez, y ya en la esquina estuvo establecida doña Segunda con su miga.

No me negarán que la calle  era atractiva, y es que el centro de Ayamonte siempre tuvo fama por su excelente comercio y por sus servicios. Animo a todos los blogueros que completen la nómina ofrecida, que seguro me habré dejado muchas cosas en el camino.

 

23/07/2009 15:16 mojarrafina ;?> Hay 9 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 78: EL RODAJE DE LA PELÍCULA "CURRA VELETA"

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De entre los recuerdos del Ayamonte del pasado, pocos han quedado tan grabados como este que hoy tratamos en el blog: el rodaje en parte de la película “Curra Veleta” que tuvo lugar en nuestra ciudad en el año 1956. Con trece años los recuerdos que le quedan a uno son algo confusos, aunque sí es fácil el recuerdo visionando una y mil veces la película, como ya he hecho.

Fue una auténtica revolución, nada menos que Paquita Rico y Valeriano León como artistas estelares viviendo durante varios días en Ayamonte, entre nosotros, que además podíamos participar como extras en el rodaje, cosa esta que ocurrió con personas como Jacinto Vázquez, mi tía Rosario, pepe Beas, José Pavón (el Hueso del Bar Jerez), la mujer de Pepe Sanmartín, el Gallego, que hizo un papelito de cierta duración mientras Paquita Rico cantaba junto a la ventana de su casa. Y después, muchísimos ayamontinos en las escenas multitudinarias, especialmente la de la despedida en la Laguna cuando marchaban para Sevilla, con la banda de música de la Casa Cuna animando la escena.

Lugares tan recordados como el desaparecido Bar Jerez, que hoy ocupa Paco Abreu con su tienda; el muelle con los alijos de sardinas; el teatro Cardenio recién estrenado; el Castillo, y tantos y tantos momentos que sería imposible relatar, más que por nada por la nostalgia que supone el recuerdo de aquellos días.

No recuerdo bien si fue esta la primera película que se rodó en Ayamonte, pues también aquí se rodó “El Litri y su sombra”, pero no puedo recordar cuál de ella fue la primera,  además creo que se rodó otra película más cuyo título no recuerdo y espero que algún bloguero de buena memoria refresque la mía.

 

20/07/2009 13:59 mojarrafina ;?> Hay 16 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 77: LA PLAYITA DEL SALÓN.

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Mucho ha cambiado Ayamonte en los últimos cincuenta años. Puede que todo comenzase a primeros de los sesenta del pasado siglo cuando se unió el centro con el Salón de Santa Gadea y la posterior construcción del puente de Canela. Ello abrió sin duda una nueva etapa en la expansión urbana de la ciudad que a estas alturas del siglo XXI parece imparable.

Pasaron los tiempos del recordado Muro de Canela; se acabó el aislamiento de la entrañable isla, cuna y casa de pescadores. Y los ayamontinos volaron hacia las playas de San Bruno y de Isla Canela. Atrás quedaron la Gola y aquellas excursiones a Isla Cristina. Ya teníamos playa a nuestro alcance.

Pero aun así, hubo paisanos que siguieron yendo a un lugar emblemático de Ayamonte para los de mi generación, un lugar que nos hizo disfrutar, no del mar, sino del río, que nos hizo pasar días estupendos de sol, de baños, de caza de caballetes con lazos, de saltos de “trampolín” desde una balda de piedra.

Ese lugar no era otro que la conocida cariñosamente como la Playita del Salón. Quedaba entre la casa del Salón, hoy en ruinas y a merced y disposición del trapicheo de droga, y el estero de Canela. Había que esperar que subiera bastante la marea para que se introdujera en una pequeña zona de arenas pues con bajante había que meterse en el fango de la orilla del río. Con la marea alta muchos de lanzaban desde una balda de piedra, incluso se aprovechaba algún pequeño espacio para jugar a la pelota.

La Playita del Salón fue durante muchos años la playa de los ayamontinos, pequeña, no muy cómoda, pero nuestra. Muchos aun la recordamos con cariño. Me he permitido quitarle una foto desde la azotea de la torreta donde vivo en el Salón. Es lo que queda, además del nostálgico recuerdo.

 

17/07/2009 16:18 mojarrafina ;?> Hay 5 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 70: EL FUROR ICONOCLASTA DEL 36

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Estos de la Memoria Histórica no se cansan de hablar de memoria sesgada, como si a la memoria pudiéramos engañarla.

Ahora ha sido con motivo de un artículo publicado en la Revista de Fiestas de la Barriada de Canela con motivo de la festividad de la Virgen del Carmen. Un artículo rigurosamente veraz, histórico, para recordar y no olvidar. Pero por lo visto la gente de izquierdas se empeñan en negar la evidencia y encima decir que no es bueno reabrir heridas.

Vamos a ver. En España, a partir del año 36 del pasado siglo, y mucho antes -no hay que olvidarlo, cuando el Frente Popular se hizo con el gobierno de la Nación vía elecciones municipales, que no generales, hasta el año 75 en que Dios decidió recoger –ya era hora- a su "Enviado", a su "Elegido", el Generalísimo y "vigilante supremo de España y de la Civilización Cristiana"- ocurrieron muchas cosas. El asesinato de Calvo Sotelo, líder de la derecha, hizo pensar a los republicanos de izquierdas que la República es un sistema de gobierno de izquierdas, y van y se lo cepillan. (La República, que quede claro de una  vez, es un sistema de gobierno dual que nos viene dado desde las antiguas Grecia y Roma, y que se sepa todavía no se había inventado lo de izquierdas y derechas, que consiste en que el gobierno es dual, de control mutuo, dos cónsules, cada uno con sus competencias, que a la vez ejercen mutuo control entre ambos. (En Francia, que es país de democracia consolidada, ha funcionado perfectamente el sistema con un presidente de la República de izquierda y un presidente del Gobierno de derecha). Pero por lo visto en España siempre se entendió y lo peor es que se sigue entendiendo, que todo lo republicano es de izquierda.

A lo que vamos. Entre las cosas malas que existieron o tuvieron lugar durante ese gran periodo de tiempo, se encuentra el furor iconoclasta que produjo, por mor de la actuación de unos cobardes que practicaron un imperdonable “vudú”, la pérdida de la mayor parte del patrimonio histórico-religioso del país, y algo más, que los seminaristas asesinados -simplemente niños indefensos-y hasta las monjas de clausura también pagaron el pato. En Ayamonte, como en otros sitios, ocurrió esto, quieran o no quieran los progresistas de hoy (un día me llegó a decir Isaías Pérez Saldaña que lo de los templos, los mineros, etc. es más leyenda que otra cosa). Aquellos “defensores de las libertades” arrasaron nuestros templos, quemaron nuestras imágenes, destruyeron la mayor parte de aquel valiosísimo patrimonio, artístico, histórico y, por qué no decirlo,  sentimental. Quede claro que sin víctimas, al menos que yo sepa.

Y si no queremos reabrir heridas, no abramos las de un costado y queramos que las del otro queden cerradas para siempre. Es cierto que no es comparable las vejaciones y asesinatos con el furor iconoclasta, ya sabemos que después de aquello vino la venganza, y otros cobardes de mierda, unos falangistas asquerosos, se dedicaron a purgar a las mujeres a las que les habían sustraído a sus maridos y a pasearlas en vejatorias procesiones por el centro de la ciudad en sustitución de las imágenes sagradas desaparecidas.

La memoria no es de izquierda ni de derecha; el ejercicio de la memoria es una cuestión  voluntaria, pero si la sonsacamos puede traer recuerdos no deseados; los seres humanos no tenemos potestad sobre nuestra memoria, ella es la que manda. Por eso, unos resucitan muertos y otros dioses y muertos, que también los hubo y a miles como ha quedado dicho.

Así pues, recordemos aquel chiste gráfico que aparecía en un periódico: se veía a un individuo con un gran legajo de papeles debajo del brazo metidos en una carpeta con la inscripción “Memoria Histórica”, y un esqueleto que brota de la sepultura para decirle: “oiga, de aquello  de descanse en paz, ¿qué parte es la que usted no ha entendido?”.

 

15/07/2009 00:24 mojarrafina ;?> Hay 15 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO.76: ANTIGUA CALLE TRAJANO

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En el año 52 de nuestra era, concretamente el 18 de septiembre, nacía en Itálica un niño hispano que terminaría convirtiéndose en el primer emperador del Imperio Romano no nacido en Italia, cargo que desempeñó desde el 98 hasta su misma muerte en 117 cuando regresaba después de llevar a cabo una conquista que significó la mayor expansión conocida del Imperio. Fue uno de los grandes generales del Imperio y un grandísimo urbanista que prestigió más si cabía la inmortal Roma. Quizás por ello los ayamontinos antiguos decidieron rotular una calle céntrica con su nombre, la que va desde el cruce con Prudencio Gutiérrez Pallares hasta la confluencia con San Diego: Trajano.


Durante cerca de cuarenta años, tiempo que duró la dictadura de Franco, fue rotulada atendiendo el nombre del más importante general golpista: Mola, para volver a su antigua nomenclatura.


No sé si exagero al decir que esta sea posiblemente la calle más transitada de Ayamonte, y ello por una razón obvia: nos lleva al mercado de abastos. No ha cambiado mucho la calle desde la de la fotografía que ilustra este artículo, y digo no mucho, aunque sí bastante. Veámoslo:


Como yo sólo la conocí con el nombre del general golpista, estos son mis recuerdos. En una esquina de la plaza la tienda del Afilaó, que además quitaba fotografías; la barbería de Quintana, padre de nuestro amigo Nicolás Jesús Rodríguez; recuerdo una tienda donde se vendía papas a la altura donde está el señor de la foto en primer plano –que no es Manolo Cruz- que hoy está establecido ahí con su Todocasa; la casa de Duartito, como era conocido el suegro de Manolo el Bomba y Manolo Caballero; la casa de Cortada, la de Paca Pérez y ya hasta el final creo que todo era de la familia Pérez, Rafael y Paca Pérez Feu, ya en la esquina tenía una salida el Círculo Mercantil que en un momento determinado daba a la famosa cantina La Parilla y después quedó en salón de juego. En la acera de enfrente, empezando también desde la plaza, no recuerdo qué había en la esquina, aunque creo que era parte del edificio de la panificadora, después el Hostal del Pan y hoy Marqués de Ayamonte; la panadería de Salazar y después de Juan Manuel Ríos, hoy electrodomésticos Ferrer; la tienda de muebles que puso Fernández y después supermercado de Arcos y hoy electrodomésticos Guerrero; la casa del abogado Trinidad Navarro Nieto; el bar los Gabrieles, conocido como Casa Cortada; la casa del médico Jesús Rasco Gamero; el despacho y tienda de redes y elementos marineros de Joaquín Gutiérrez, el Cañería, y en la esquina el estanco de la madre de Antoñita Guzmán. Pasada ya la calle es de destacar los toldos del que fuera Bar Jerez, hoy tienda de Paco Abreu y muy lejos ya la esquina del Casino Republicano, después Casino España.


Ahora espero que alguien me corrija y aporte nuevos datos. Y digo yo para terminar; ¿por qué se puso un nombre de una calle a un individuo que ni siquiera compuso una sola letra de carnaval?. Las cosas de los ayamontinos antiguos.

11/07/2009 22:39 mojarrafina ;?> Hay 10 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 68: La cartilla de racionamiento

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Los recuerdos son casi siempre de dos tipos: buenos y malos. Hoy toca hablar de uno de los malos, aunque creo que será bueno recordarlo sobre todo para que lo tengan en cuenta gentes como Rosa Amparo y Mari Trini Flores Pérez; Ernesto, Javier y Alberto Martín Martín; el Alvaro Arenas, el Juanlu Muniz Reyes, el Juan, el Lolo y la Tere González Salgado, y toda esa pléyade de jóvenes que no conocieron, y es mi deseo que nunca lo hagan, el documento que ilustra este artículo: la tristemente recordada cartilla de racionamiento.

Se trataba, como su propio nombre indica, de una cartilla que durante la guerra civil y después de ella, se entregaban a las familias para que pudiera retirar de determinados comercios los productos básicos de la alimentación diaria. Así, contenía cupones de aceite, arroz, azúcar, y sitio también para los sellos de carne, ultramarinos, grasas y panadería. Hasta hace poco tiempo fue utilizada por el habilidoso político Alfonso Guerra, que durante las campañas electorales la mostraba en los mítines para hacerle creer a la gente que con la derecha volverían las cartillas.

Como no era cuestión de dinero, sino de escasez de alimentos, ya que don Francisco Franco y Bahamonde consiguió la hazaña de que medio mundo y parte de la otra mitad nos cerraran las puertas, a los españoles sólo nos quedaba: o el trigo que mandaba Perón; o el queso americano y la leche en polvo de los norteamericanos; o el estraperlo, o la cartilla de racionamiento. O un poco de todo eso, que en más de una ocasión me mandó mi madre a la calle Peña, donde vivía una señora a la que llamaban “Sietemujeres”, a comprar harina de maíz para hacer poleás y que ella traía de estraperlo de Portugal.

En Sudamérica, donde todavía en algunos países, como en la bolivoriana Venezuela de Chaves, se usan estos procedimientos, al boleto que se entrega a cambio de alimento le llaman bt, que quiere decir boleto de trueque. Yo recuerdo que cuando mi padre no quería entregar dinero siempre decía: ni un bintén. ¿Tendrá algo que ver una cosa con otra?. Voy a tratar de hablar con gente mayor que recuerden esta expresión y que me ilustren para incluirla en un  próximo artículo.

Por cierto, ¿ustedes creen que con esto de la crisis los rocieros llevan cartilla de racionamiento, o sigue funcionando la mesa libre?.

 

13/06/2009 02:30 mojarrafina ;?> Hay 12 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 72: la Biblioteca

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La foto que ilustra este artículo, como sabrán todos los ayamontinos, corresponde al edificio donde el Ayuntamiento tiene ubicada la oficina de información turística. Se trata de uno de los varios edificios que hay en Ayamonte con fachada de azulejos. Si mal no recuerdo, existen otros afortunadamente bien conservados, como el de la antigua Cofradía de Pescadores; la casa de la familia Concepción, esquina a Galdames; la de la Avenida, en la que vivían varias familias: Cabrera, Gómez, Pereira, Pulido, y seguro que otras más que ahora no recuerdo y prefiero completen este dato los blogueros, sobre todo los emigrantes, que por aquello de la nostalgia saben de estas cosas más que los propios residentes.

Bueno, a lo que vamos. El edificio en cuestión fue durante muchos años, que yo recuerde prácticamente casi todo el siglo pasado, la sede de la Biblioteca Municipal, es decir, la biblioteca, como se decía de forma simplificada. Me apunta mi antiguo vecino y buen amigo Juan Valenzuela que a principios del siglo XX era una especie de casino de los republicanos.

La biblioteca contaba con los grupos de lectores bien definidos. Por un lado, personas mayores que se acercaban al edificio a leer la prensa. De entre esas personas recuerdo perfectamente el que quizás fuese el más asiduo: Emilio Carro, “Pelayo”. El amigo Emilio, entre la prensa de la biblioteca y después las novelas del Oeste, se pasaba todo el día leyendo. El otro grupo era el de la chavalería, que íbamos a leer “Colorines”, es decir, los tebeos en versión ayamontina. Los mayorcillos solían también leer el “Marca” que se encontraba a disposición de los lectores, ya encuadernados. Más de una foto de Gainza y de Zarra figuraban pegadas en mis cuadernos de la escuela, ya se imaginarán cómo llegaban hasta allí.

Como encargado de la biblioteca, un castellano arraigado en nuestro pueblo, polifacético y a la vez polivalente: Antonio Fournier Cutillas. De vez en cuando nos mandaba a callar y no nos dejaba escoger los colorines, él metía las manos en la caja y nos daba el primero que cogía, y no le sentaba muy bien cuando le pedíamos el Marca encuadernado, pues se tenía que levantar y cruzar todo el edificio para entrar en la habitación donde se encontraban. El sabía que al poco tiempo le íbamos a pedir otro.

Los mayores que iban a leer a la biblioteca era gente pobre que ni siquiera podían hacerse socio de los casinos existentes, el Casino España y mucho menos el Círculo Mercantil, aunque como todo tiene su excepción, alguno sí lo sería. Fournier se sentaba creo que en un taburete o silla alta detrás de un mostrador que quedaba a la izquierda según se entraba.

Curiosamente, y tratándose de una biblioteca, habrá observado el lector que no he mencionado los libros. Los había, sí, en varios armarios con puertas de cristales. Pero eran otros tiempos y la verdad es que leíamos poco. Supongo que esos libros se encontrarán en la actual biblioteca, a no ser que le encomendaran su custodia a algún que otro funcionario de los muchos intelectuales que hay en la Casa Grande. En fin, pilarín.

 

12/06/2009 01:00 mojarrafina ;?> Hay 1 comentario.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 69: el Rebusco

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Hay mucha gente hoy día que piensa que el trigo, los peces, los olivos, etc., se presentan en la naturaleza como por milagro, que no hay que sembrar, que no hay que trabajar, en definitiva. Son gentes que no piensan que hoy son lo que son y viven como viven gracias al sacrificio de sus antepasados, de las penurias sufridas. Muchos jóvenes, y digo muchos, no todos, ponen el viernes la manita para que en ella depositen sus padres “la paga”, que por cierto, yo no se por qué le llaman paga cuando esta es una expresión anexa al mundo del trabajo.

Bueno, a lo que vamos. Hace muchos años, con motivo de una guerra entre hermanos, España las pasó canutas como país y consiguientemente los españoles como personas, escaseaban los alimentos y el hambre campaba por sus respetos.

Una de las formas de paliar temporalmente el hambre era aprovechar lo que se llamó “el rebusco”. Consistía la cosa en ir a los campos que habían sido sembrados de habas, patatas, y en los que existían árboles frutales, a arrebañar lo que el agricultor se había dejado atrás en la recolección. Veníamos pa casa con un puñaillo de habas, algunos higos, y poco más.

Curiosamente, cuando hablo de esto en las tertulias en las que participo, en el Casino, en Cortada, en el Costalero, siempre salta el presumido de turno que “nunca fue al rebusco, ni a robar higos, ni a comer a la Casa del Niño”, y te lo dicen a ti, que eras compañero de hambre y de rebusco. Pero así es la vida, que le vamos a hacer.

Por fortuna, muchos sitios a donde íbamos a rebuscar hoy están “sembrados” de otros productos: los adosados. La diferencia es obvia: los productos de entonces servían para comer y estos para meternos en una crisis sin precedentes, en fin, pilarín.

08/06/2009 00:11 mojarrafina ;?> Hay 1 comentario.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 70: el Muro de Canela

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A partir de los primeros años de los sesenta del pasado siglo, la barriada de Canela, la Punta y las playas, dejaron de estar cuasi aisladas del centro urbano de Ayamonte. El estero de la Ribera y el de Canela formaban dos islas, la de Santa Gadea y la de Canela, a las que se llegaba, como ya tuvimos ocasión de explicar hace poco en estas mismas páginas, mediante dos pateras.

Pero algo más merece la pena destacar en estos recuerdos nostálgicos de nuestro Ayamonte del pasado. Y en esta ocasión le toca a una vía de comunicación sui generis, que enlazaba la orilla derecha del estero de la Ribera con la izquierda del de Canela. Su nombre aparece en nuestra reciente historia con cierta connotación contradictoria, pues si bien un muro sirve de suyo para separar –por todos valga el ejemplo del de Berlín y el que ahora construyen los israelitas para aislar a los palestinos de la franja de Gaza- el nuestro servía para todo lo contrario, es decir, para unir. Estamos hablando del recordado muro de Canela, aunque en verdad el dicho muro se situaba en Santa Gadea, pero como nos llevaba hasta la orilla del estero canelero de ahí que se conociera como el muro de Canela.

Obviamente era un muro de fango endurecido. Ignoro como fuera construido, quizás mi amigo Enrique Arroyo pueda ilustrarnos, pero desde luego reunía todas las condiciones, morfología y antigüedad como para recordar aquellos versos de Machado: “caminante no hay camino, se hace camino al andar”.

Al cegarse el estero de la Ribera y construirse el puente de Canela, comenzó de inmediato la urbanización de Santa Gadea y lógicamente el muro desapareció. Desde luego mucho ha ganado Santa Gadea al convertirse en los últimos años en el núcleo urbano más populoso de la ciudad, pero también perdimos un entorno ecológico importante: lagunillas, pequeños esteros, flora, fauna… y mosquitos, que también hay que decirlo. Vaya una cosa por otra, o como dijera Maquiavelo: “el fin justifica los medios”. Claro, que habrá que añadir que no siempre, por supuesto.

 

05/06/2009 21:14 mojarrafina ;?> Hay 1 comentario.

AYAMONTE EN EL RECUERDO: 71: el loro de Barberi.

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Hace ya muchos años, el que siempre ha sido el restaurante por antonomasia de Ayamonte, Casa Barberi, guardaba en sí mismo muchos encantos. A saber:

Era el único restaurante del pueblo, y sin  embargo, el Sr. Barberi jamás aprovechó esa circunstancia para convertirlo en un restaurante elitista, los precios de su barra eran normales, tan normales, que a mediodía era frecuente ver a marineros y trabajadores del muelle degustando el “fino Valderas” con aquella tapa inconfundible e irrepetible de arroz de la casa.

Manuel Barberi estaba siempre abierto a dialogar con quien quisiera sentarse a su lado, especialmente si la conversación era sobre puros habanos pues tenía enmarcada toda una colección de vitolas que exhibía con orgullo.

Pero sobre todo, algo destacaba de aquella antigua Casa Barberi, que gracias a Dios hoy permanece ya de la mano de su nieto, y ese algo no era otra cosa que el loro, el conocidísimo y famosísimo loro de Barberi.

Resultaba casi imposible pasar por la puerta del restaurante y no asomarse unos segundos para decirle al loro: maricón. ¿Y qué creen ustedes que contestaba el loro?, pues eso mismo, maricón, además de puta y otras lindezas, porque claro, tratar de enseñarle a un loro, aunque fuera en aquellos tiempos, el Ripalda, era demasiado.

El loro de Barberi era un poco de todos los ayamontinos, no recuerdo que fue de él, pero casi con toda seguridad que moriría de viejo, pues atenciones no le faltaban. Es cierto, como decía antes, que el restaurante sigue en buenas manos y con las mismas premisas, pero hay que reconocer que sin el loro y sin Isabel la Jeringa, ya no es lo mismo

 

29/05/2009 16:53 mojarrafina ;?> Hay 7 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 67: Los lancheros

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A la altura de lo que hoy es la dársena pesquera y puerto deportivo, cuando el viejo estero de la Ribera discurría libre desde el Guadiana hasta el Atlántico formando la isla de Canela, a la que ya los romanos había denominado “Canaca”, para ir a la barriada del mismo nombre existió un medio de transporte fluvial propio de todos los lugares en que hay que cruzar un río y no existen puentes: el barco. En nuestro caso, tal barco era una patera y sus propietarios los siempre recordados Paco y Juan, “los Lancheros”.

La gente utilizaba la patera de Paco “el Lanchero” para cruzar hasta Santa Gadea, y más tarde, tras largo caminar por un angosto muro de barro, tomar otra, la de Juan “el Lanchero”, que ya llevaba al personal definitivamente a la barriada de Canela.

La faena de los lancheros era dura, muy dura, todo el día remando, en muchas ocasiones en contra de marea para ganar el terreno que se perdía con la fuerza de la corriente, lo que exigía un  esfuerzo descomunal.

Una vez cerrado el estero, que quedó dividido por mor de la construcción de la dársena y edificado el puente de Canela, ya la dedicación de los sufridos lancheros no tenía sentido. Sé que Paco el Lanchero hijo terminó sus días como empleado en un motor de Villarreal, sin que pueda aportar datos acerca de Juan, el lanchero de Canela.

La estampa del sufrido lanchero remando en el río está clavada en la retina de los ayamontinos, y uno de ellos, el artista Manuel Jesús Franco, “Franquito”, lo plasmó de la forma que ustedes pueden ver en la fotografía que ilustra este artículo.

 

07/05/2009 23:34 mojarrafina ;?> Hay 1 comentario.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 66: La histórica victoria sobre el Recreativo de Huelva. Continuación

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El pasado día 30 de enero se publicó en este blog un artículo relativo a la histórica victoria conseguida por el Ayamonte C.F. frente al Recreativo de Huelva allá finales de los años cincuenta del pasado siglo.

Dicho artículo iba ilustrado con una reciente fotografía del desaparecido estadio municipal pues en ese momento no contábamos con ilustración de la época.

Pero pasado el tiempo, miren por dónde mi primo Arturo me facilita una incomparable foto tomada aquel inolvidable día. Un grupo de jóvenes aficionados ayamontinos portan una pancarta que vino a dar la vuelta a España puesto que la epopeya fue trascendente, en la que se puede leer aquella frase que hizo época: hola otra vez aquí. La ilustración no podía ser más original, una sardina saludaba a un choco. Y era así porque por entonces el Recreativo era un equipo que deambulaba entre la segunda y la tercera división, en esta se paseaba y aquella le venía grande.

Recuerdo de muchos amigos nos trae esta fotografía. Yo he identificado a algunos y espero que los blogueros ya viejetes aporten su grano de arena y nombren a otros. En mi recuerdo, aparte de mi primo Arturo, que me facilita la foto y que aparece en la segunda fila de abajo a la izquierda, y su hermano Pepe más arriba, ayamontinos ya desaparecidos como el Molletero, el Mascota, y otros que aun permanecen entre nosotros, como los hermanos Guerrero, Martín, el Petaca, Jiguito, Diego Quino, Carmelo Tortosa y Carrasco. Se que me quedan muchos en el tintero, de ahí la colaboración que pido.

Bueno, con la aportación de esta estupenda fotografía queda completada la información y el recuerdo de una tarde inolvidable de fútbol.

 

07/05/2009 00:34 mojarrafina ;?> Hay 2 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 65: el pontón

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El diccionario nos define el sustantivo “pontón”, como barco de proa, popa y fondo chatos usados para dragar puertos, cruzar ríos o en la construcción de puentes. Nada se nos dice acerca de su utilización como especie de boya indicativa del calado en determinadas partes de un río.

Pero en Ayamonte también recibieron esa aceptación el tipo de barcos al que me estoy refiriendo. Recuerdo perfectamente que en nuestro río existieron dos pontones, uno situado frente al Salón de Santa Gadea, que es el que se ve más al sur de la foto, y otro frente a San Francisco.

Eran negros y creo que servían para lo que he dicho, como lo hace el Chispito, es decir, para indicar a los barcos que navegan por el Guadiana que la parte que se comprende entre el pontón y la orilla no es aconsejable para su navegación por ser de poco calado, contener piedras, etc.

Creo recordar que del pontón frente al Salón se encargada un señor conocido como “Periquete”, por cierto, hombre de gran fama en lo relativo al yantar. Cuentan que una vez propuso en una apuesta al que fuera ayudante de Marina, Victorino García,  comerse nada menos que cincuenta huevos fritos y doce lechugas en casa Barberi, y ante la sorpresa de todos Periquete ganó la apuesta.

Del de San Francisco sólo me queda el recuero visual. Lo que no llego a comprender por qué desaparecidos los pontones, si es cierto que era indicadores del calado del río, no fueron sustituidos por otros elementos que cumpliesen tal cometido. Alguien aclarará esto, espero.

 

29/04/2009 00:36 mojarrafina ;?> Hay 5 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 62: La cantina de la Milagrosa

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Durante muchos años de allá mediados el pasado siglo, existieron en Ayamonte dos instituciones, muy propias de la época, que ofrecían ocio diverso a la juventud: el Frente de Juventudes, como institución política, y la Milagrosa, de cariz religioso. Era lo que había, y poco bien que lo pasábamos los chavales de entonces.

Al frente de la Milagrosa, un ayamontino que hoy se convierte en el protagonista del blog por una razón que estimo muy necesaria: rescatar su buena imagen, que quedó algo deteriorada por el mal mojarreo a raíz de la instalación en los locales marianos de una cantina.

Juan Muniz Cruz, Juanito Cortada o Cortadita solicitó del padre conciliario de turno dicha instalación para ayudarse en sus precarios ingresos ya que la Milagrosa en verdad no podía pagarle mucho. Juan era un trabajador empedernido, nunca o casi nunca se necesitó la presencia de un mecánico, de un carpintero; con su mano derecha mutilada y todo, se bastaba y sobraba para arreglar averías. La puesta en marcha de la cantina no supuso menoscabo alguno en el funcionamiento del salón de juegos, entre otras cosas porque Juan se bastaba para atender las dos cosas y porque además, pagado por él, le ayudaron dos chavales de la época: Pepito el de la Goleta, al que desde aquí deseamos mejoría en su padecimiento, y Paco, cuyos apellidos no recuerdo y que emigró hace años.

Lo de la cantina fue todo un éxito, muy visitada y resultó un buen negocio, además de aquella fiebre de las papeletas, lo que mejoró la deprimente situación económica de Cortada, y que en definitiva le abrió las puertas al aprendizaje del oficio y poder instalarse posteriormente por su cuenta, hasta la fecha, en su bar de la calle Ainé Carbonell.

Estoy escribiendo de la época de la Milagrosa como tal, no sé nada de lo ocurrido posteriormente cuando la hermandad del Lunes Santo se hizo cargo de lo que ya no era una institución mariana, sino un negocio, y como no sé nada, nada digo.

Pero quiero terminar afirmando que Cortada jamás perjudicó a la Milagrosa, y que si ganó mucho dinero con la dichosa cantina es porque se lo trabajó a fondo, porque eso y no otra cosa es lo que Juan ha hecho a lo largo de su vida: trabajar, trabajar, trabajar.

 

27/04/2009 23:58 mojarrafina ;?> Hay 3 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO: 64: La Radio en Ayamonte

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El pasado día 24 tuve la satisfacción de asistir como tertuliano al programa extraordinario que la cadena Ser Costa de la Luz transmitió desde el Salón de Plenos del Ayuntamiento de Ayamonte con motivo del 25º aniversario de la llegada de la entonces Antena 3, que nos devolvía de alguna manera a la perdida Radio Juventud de Ayamonte. Y lo hice acompañado de tres ayamontinos de primer orden: los infumables Cándido Díaz Olías y Paco Hidalgo Toribio y el sempiterno trovador de la Laguna Antonio Gamero Ribera. Recordamos cosas del pasado que habían sido objeto de información por parte de la cadena y todo resultó muy ameno y constructivo.

Mis amigos Pepe Cecilia y Paola López llevaron el peso del programa con la inestimable colaboración de Juan Alvarez, que casi se estrena en el menester de reportero y posiblemente sea uno de los futuros tripulantes de la nave informativa cuando el Godovi ande ya dando sus paseos por el Patio de las Malvas, al que acompañaré gustoso.

Hay cosas que no se pueden definir y solemos hacerlo desde la propia denominación. Recuerdo que en una clase de Derecho Romano el profesor nos explicó la figura de la fideiuso, que era una especie de hipoteca pero a la vez distinta. Los juristas romanos, cuando le preguntaban qué era en realidad una fideiuso solían contestar: una fideiuso es una fideiuso.

Algo así hacemos cuando hablamos de la Radio, que es tan grande, tan especial, tan entrañable, tan única e insustituible a pesar de la proliferación de nuevos medios, que cuando nos referimos a ella en plan de alabanza, de reconocimiento, nos limitamos a decir: la Radio es la Radio.

Así es, nada ha podido con ella, cada vez hay más emisoras y con más audiencia, y ahí están sus profesionales al pie de la noticia, de la inmediatez, que después vendrán la tele para ofrecernos las imágenes y el periódico para la reflexión.

Pues nada, amigos: salud a todos y adelante con los faroles, digo, con los micrófonos. Y no olvidéis nunca, que la Radio es la Radio.

 

26/04/2009 23:50 mojarrafina ;?> Hay 1 comentario.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 63: El antiguo bar Margallo

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Sí, ya sé lo que van a decirme, que el bar Margallo no es cosa de recuerdos, que es actualidad, pero eso no evitará este recuerdo nostálgico de aquel primitivo bar Margallo al que me voy a referir, sin perjuicio de reconocer que las esencias, como veremos, siguen permaneciendo.

Allá por los años 60 del pasado siglo, un grupo de amigos nos acercábamos a mediodía al bar de Juan Margallo a tomar unos vasos de vino y el incomparable pescaíto frito de la casa, con aquel misterio insondable de saber cómo freía Juan el pescado que sabía distinto a todos los demás sitios, incluso se llegó a decir que freía con manteca en vez de con aceite. Yo me imagino cual es ese secreto porque un día, hace ya muchos años, lo explicó el escritor José María Pemán hablando precisamente del pescaído frito de Sanlúcar de Barrameda, pero no voy a decir nada para que no me tachen de malaje.

Como decía, a eso de las dos de la tarde nos reuníamos en el bar Margallo un grupo de amigos entre los que se encontraban Juan José el Torerito, el Nino, Manuel el Kabuca, el menda y algunos más, seguramente también Paco Valenzuela y los hermanos Losada, pero francamente no lo recuerdo bien. Y una cosa siempre me llamó la atención: cómo se las arreglaba Juan Margallo para mantener permanentemente aquel semblante de amabilidad, aquel envidiable buen humor, era un hombre excepcional.

Pasan los años y el negocio queda en manos de sus hijos y más adelante todavía en manos de Diego, pues Juan se fue al ladrillo y últimamente, debido a la crisis ha compuesto un grupo de acólitos. Diego es el vivo retrato de su padre detrás de mostrador, es amable, es simpático, y lo que es más importante: el pescaído se sigue friendo de escándalo. Ha ganado fama fuera de Ayamonte y ya es un atractivo turístico, pero lo más gracioso es lo que Diego contesta al forasterío que le pide reserva de una mesa: aquí, maricón el último.

Que siga así la cosa, amigo Diego, y que con tu quehacer siempre recordemos a tu padre. Un abrazo.

 

25/04/2009 01:52 mojarrafina ;?> Hay 2 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 61: El viejo Cine Cardenio

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Hace ya muchos años, la gente vio como unos camiones aparcaban cerca del mercado de abastos y de ellos bajaban creo que sacos cargados con algo, en todo caso, cosas muy pesadas que iban introduciendo en un edificio cercano. Al frente de aquella operación, atendiendo sus responsabilidades técnicas, se encontraba mi amigo José Manuel Martín Frigolet, el Perito. Entonces se acercó su primo Prudencio Frigolet y le dijo: ya puedes meter todo el peso que quieras que se  va a hundir, ten en cuenta que lo hizo el maestro Clemente. Así me lo contó el propio Prudencio, y si no es así, que se peleen los primos y a mí me dejen tranquilo.

Lo importante del caso, es que nos estamos refiriendo al emblemático Cine Cardenio, que efectivamente se construyó bajo la dirección de uno de los maestros de la albañilería más importantes del siglo XX: Clemente Franco Expósito, el maestro Clemente el albañil.

El Cine Cardenio vino a ser un auténtico bombazo en aquel Ayamonte deprimido de la todavía cercana postguerra. No le faltaba de nada, era cine y teatro. Un portero para la general y preferencia, otro para butacas, un acomodador para general y preferencia –el inefable Magro, al que tantos sofocones le hicimos pasar-, y nada menos que dos acomodadores de uniforme para el patio de butacas; un administrador, y en la proyección creo que al principio el omnipresente Jopeja y ya más tarde Angel Pereira. Incluso una butaca reservada al “Orden”, que en aquellos tiempos era sumamente necesario y que de siempre vi que ocupara el comisario  Sr. Pulido, abuelo de un buen purmunía llamado Raul Fournier Pulido, y padre del farmacéutico Joaquín Pulido, de Marilurdes y Esperanza, todos ellos buenos amigos.

A diario, dos funciones, que no eran las de las 8 y las de las 10, aunque así se anunciara, eran sencillamente “la primera” y “la segunda”. Para ir a la segunda, como para ponerse pantalones largos, había que tener cierta edad. Los domingos, el cine infantil que abarrotaba el patio de butacas. Y de vez en cuando, los espectáculos que organizaba La Milagrosa, además de algún acto cultural dimanante del Instituto Laboral. Y de tarde en tarde, la visita de aquellas famosas “Compañías” de variedades: Juanito Valderrama, Antonio Machín, Rafael Farinas, Emilio el Moro, y otras muchas estrellas de la época, pasaron por el Teatro Cardenio. Sin olvidarnos de las representaciones teatrales, especialmente las locales, que tan buenos resultados dieron.

Después vino esa etapa de decadencia de la afición al cine, quizás motivado por la llegada de la televisión, y el Cardenio ha quedado para otros eventos: el Pregón, la presentación del Album y del cartel de Semana Santa, la presentación de los CDs de la Agrupación del Cristo de la Buena Muerte, las interminables noches del concurso del carnaval, conciertos, etc.

El Cine Cardenio quedaba como aislado entre la calle entonces 29 de julio, hoy Prudencio Gutiérrez Pallares, y la tapia de cerramiento de la antigua caseta municipal, imponente y ufano, y hoy estrujado por uno de esos grandes armatostes fruto de la reciente fiebre urbanística que caracterizó los recientes pasados años, en fin, pilarín.

Y menos mal que el Cardenio sigue sirviendo para algo, yo diría que para muchas cosas , que si nó ya habría irrumpido el avanzado de turno haciendo de las suyas.

El Cardenio y el  Estadio Municipal fueron auténticos emblemas del Ayamonte de mediados el pasado siglo. Al segundo se lo cargaron hace tiempo, veremos lo que dura el primero porque el lugar es idóneo para otro armatoste, y para lo que se utiliza bien pudiera valer el Comedor de la Palmera Milagrosa.

 

22/03/2009 14:27 mojarrafina ;?> Hay 5 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 60. La antigua Caseta Municipal

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Durante el pasado siglo, existió en Ayamonte un lugar que sin que se ordenara así expresamente, servía de expansión para los más pudientes durante las fiestas patronales: la Caseta Municipal.

En realidad, no era más que un solar con una especie de pista de baile, que en esos días se adornaba y engalanaba para dar bailes y servir comidas. Naturalmente los pobres no tenían acceso a la caseta, no porque se lo prohibieran, sino porque económicamente no podían, aunque los había que se sacrificaban al máximo para sacar el abono aun a costa de pasar penuarias el resto del año. Pero maqueaba mucho bailar donde lo hacían los güilis, que era como entonces llamábamos a los de clase acomodada. Estaba situada donde hoy hyan construido esa mole que los tapa el rio frente al alpende de Médico Rey García.

Los demás, como diría mi inolvidable amigo Manolo González Alfonso, Lolo el de Saturnino, al zapá, y el zapá era el Paseo, donde el Ayuntamiento organizaba bailes populares llamados aquí verbenas.

Más tarde, y paradógicamente bajo el mandato de un alcalde del franquismo tardío, pero que estaba más cerca de la transición que de la dictadura, Antonio Concepción Jiménez, se construyó la nueva Caseta Municipal en el Salón de Santa Gadea, y esa sí que ha sido siempre la de todos.

Muchos recuerdan aquella viaje caseta con nostalgia, seguramente porque pudieron disfrutarla. Yo la recuerdo con rabia porque me tenía que conformar con asomarme a la tapia. Cosas de la vida.

05/03/2009 23:56 mojarrafina ;?> No hay comentarios. Comentar.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 60. La parada de Damas

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No sé por qué hay tanta gente que se ha quejado siempre de nuestra estación de autobuses, que al fin y al cabo fue un acertado reciclaje de la antigua del ferrocarril. El pasado año tuve la ocasión de viajar hasta Vigo, es decir, cruzar España a través de la afamada Ruta de la Plata, parando en ciudades emblemáticas como Zafra, Mérida, Cáceres, Salamanca, Puebla de Sanabria, Zamora, etc., y les puedo asegurar que un buen número de estaciones de autobuses eran muy, pero que muy inferiores a la nuestra.

Pero vamos a lo que vamos, a recordar la antigua estación de autobuses, que nunca fue llamada así sencillamente porque los ayamontinos siempre la denominamos como "Parada de Damas", entre otras cosas porque en el lugar que hoy se denomina Plaza de la Coronación eran los auobueses de la empresa Damas los que hacían la estación de llegada y salida.

A veces nos quedábamos observando la gran habilidad de los conductores para tomar la salida con aquella maniobra casi increíble, salvando todo tipo de obstáculos, y sobre todo el espectáculo de la llegada o salida de una camioneta muy particular llamada popularmen "La Cachonda", que hacía la ruta de Villablanca, San Silvestre, Castillejos... siempre cargada de todo tipo de enseres y artículos agrícolas, incluídos animales, especialmente gallinas. Era lentísima por vieja y no sé qué tiempo tardaba en hacer su recorrido normal.

Otra característica de la parada de Damas era esperar la camioneta que llegaba al caer la noche conducida por el inolvidable  Diego Villegas. Una vez terminado el servicio, Diego llevaba la camioneta hasta el llamado garaje de Damas, en el Banderín, donde además vivía con su familia. Entontes, las gentes del Banderín, para no ir andando se subían a la camioneta y Diego los llevaba. Era un riesgo, pues  la gente iba sin billete, por la generosidad de Diego Villegas, gracias a Dios nunca hubo que lamentar la existencia e ningún accidente.

Quiero recordar como trabajadores fijos de la empresa Damas en Ayamonte, en su estación o parada, a Enrique Aroyo, en el negociado de billetes y facturación; Joaquín Pereira, el Trompo, como mozo de carga y descarga, al que luego sustituyó un personaje indescriptible, un gran ayamontino, especialista en la captura e bocas de caballetes: Olivita. Quiero aclarar que antes o despues de Enrique Arroyo hubo otro empleado cuyo nombre no recuerdo, pero seguro que algún bloguero lo recordará, y a veces era el hijo de Enrique, nuestro amigo Enrique Aroyo quien sustituía a su padre en aquel despacho.

La parada de Damas era incómoda, vieja, y como todo lo que tenía la empresa en aquellos tiempos, descuidada, por eso no compendo cómo ahora nos quejamos de la nueva estación, en fin pilarín. Alguna razón habrá, seguro, porque también es cierto que en lo tiempos que corren se pueden hacer las cosas bien del todo y no a medias.

17/02/2009 12:06 mojarrafina ;?> Hay 9 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 59. La Mericambá

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Nos encontramos hoy con una expresión que a la vez es abstracción y una contracción gramatical. Abstracción porque nos quedamos con lo esencial y contracción porque de dos o más partes de la oración hacemos una. La explicación práctica del caso es la siguiente:

Aunque todavía existe el local, de parecida dedicación, me estoy refiriendo al llamado "Cocedero de Ayamonte" situado en la plaza de la Coronación, nada o casi nada tiene que ver con el originario en cuanto a negocio nos referimos. Este negocio que hoy contemplamos y disfrutamos vino en llamarase el pasado siglo como "América Bar". Era una gran cafatería y al mismo tiempo salón de juegos de mesa, de billar, etc.

Con el tiempo y el uso abreviado y cómodo del habla, lo de América Bar se unió y quedó en Americabá, y para no gastar mucha saliva,  los ayamontinos de la época elminaron también la "a" inicial, y no sé por qué añadieron una "m" entre la segunda "a" y la "b", y al final y ya para siempre, aquella cafetería fue nombrada y conocida como "la Mericambá".

La Mericambá era, por decirlo de alguna forma, el tercer casino de Ayamonte. que ya contaba con dos, el Círculo Mercantil, conocido como el casino de los señoritos y de los haraganes, y el Casino Republicano, que no es otro que el Casino España. Y digo esto porque la Mericambá, además de cafetería-bar contaba con un salón de juegos de cartas, dominó, billar, etc., que daba a la calle Zamora, eso sí, todo en plan pobre, muy pobre, de tal manera que era corriente ver muchas mesas ocupadas sin que sus ocupantes consumieran nada. Eso sí, cuando había algo de dinero, allí lo gastaban, que para algo el pobre suele ser fiel y agradecido.

En principio fue propiedad de dos hermanos, Rafael y Juan, pero por razones que ignoro terminó regentándolo sólo Juan, que era así conocido como Juanito el de la Mericambá. En el recuerdo, un personaje inolvidable, Pepe Ojeda, tras el mostrador que además de ser el esposo de la conocidísima Paya, era el que redoblaba el tambor durante la Semana Santa con aquella modesta y recordada banda de cornetas y tambores, con Manolo Arenas, Fernandín, y otros que no recuerdo. Y de camarero, el inefable y aun entre nosotros Talicón, simpático como él solo.

La Mericambá, no me cansaré de repetirlo, fue el casino de los más pobres,. y gracias a Dios sigue existiendo su atractiva fachada. Todavía cuando los más viejos pasamos por su puerta nos parece ver aquellos antiguos y preciosos veladores redondos en su amplísima terraza exterior, y las mesas de mármol en el interior, sin olvidar el artistico posapiés del mostrador.

14/02/2009 11:33 mojarrafina ;?> Hay 6 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 58. La barcaza de Villegas

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"En la noche azul y plata suena una voz marinera, mientras va cruzando el río una barquita de vela". En las noches azul y plata y en los días soleados y nublados, fueron muchos los días del pasado siglo en que nuestro Guadiana era navegado por galeones, cargueros de mineral, barbateños...y casi a diario, una embarcación muy especial cuya contemplación no resultaba ni mucho menos dificultosa dada la lentitud de su navegar: la barcaza de Villegas.

Se trataba de una embarcación de carga que transportaba principalmente sal procedente de las salinas que entonces proliferaban en nuestra ciudad con destino a las fábricas de conservas y salazones y abastecimiento de los barcos. Quiero recordar que los dos únicos ocupantes de la recordada barcaza eran los señores Villegas, padre e hijo, conocido este último con el mote de "el  Chao", mote que seguramente él mismo se puso.

La imagen de la barcaza de Villegas navegando por el Guadiana todavía permanece en el recuerdo de muchos ayamontinos, pues aun tratándose de un medio de transporte bastante primitivo, fue uno de los símbolos de aquel Ayamonte próspero y fabril del siglo pasado.

Pero más recuerdo aun se tiene el famoso "Chao", del inefable Villegas. Creo que vivía en la calle Buenavista, al subir la cuesta a la derecha, la primera escalera, y en tiempos quiero recordar que se hizo cargo del recordado Zampuzo de la calle Rodrigo de Jerez. Llevaba siempre puesta la camiseta del Betis, el club de sus amores. Para él, incluso él mismo, todos nos llamábamos "Chao". Recuerdo perfectamente que un día me lo encontré subiendo la calle Galdames y le pregunté a donde iba y me respondió: voy a ver un rato al Chao. Recapacité, me dí cuenta de que era viernes y saqué la conclusión de que el tal Chao era ni más ni menos que Padre Jesús.

Devoto de la Virgen de Fátima, iba de visita al santuario todos los años. Un día a la vuelta me crucé con él, su esposa y un matrimonio amigo inseparables: el Naní y la Uchi, no recuerdo quien de ellos, pero desde luego puestos de acuerdo, me regaló un fransquito con agua del santuario para que le echara a mi hija Loreto en su cabeza. Aunque no sirvió de nada, como suele ocurrir, siempre les quedaré agradecido por aquel generoso detalle

El Chao fue una de esas personas que por su limpio talante, su sentido del humor, su generosidad, no tuvo nunca un solo enemigo, es más, creo que todos nos considerábamos, en menor o mayor grado, amigos de él.

10/02/2009 11:05 mojarrafina ;?> Hay 2 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 57. Los zapatertos remendones

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En nuestros tiempos, debido a la gran competencia existente en el mundo industrial y comercial, resulta a veces, por no decir casi siempre, más fácil y corriente comprarse unos zapatos nuevos que llevar los viejos a los zapateros para su arreglo. Prueba de ello es que los talleres de estos profesionales han  desaparecido, quedando algún taller más industrial que artesano, lleno de modernas maquinarias a donde se suelen llevar los zapatos, diremos, caros, porque los baratos, bueno, para los baratos es preferible esperar al mercadillo del sábado.

En Ayamonte existieron muchos maestros del remiendo del calzado, llamados popularmente "zapateros remendones", que se dedicaban a poner tapas, medias suelas y realizar todo tipo de arreglos.

Recuerdo por encima los existentes, con la esperanza de que algún que otro bloguero de buena memoria amplie la lista. En la calle Hermana Amparo había uno al frente del cual estaba el Sr. Gildo, tío de nuestro querido amigo Pepito Silveira; a la vuelta, en calle Huelva había otro en el que creo recordar que estuvo de aprendiz mi tocayo Trini el Cojo, sin que recuerde el nombre del maestro; en la calle Rodrigo de Jerez, el de Jaramillo, en el que trabajaba el amigo Pepe Ermerinda, el de la Avenida, al frente del cual se encontraba el recordado e inolvidable Trini el Cojo, ya reocordado en estas páginas. Y el que posiblemente fue el que más tiempo duró, el del maestro Alonso en la calle Cervantes,  que por cierto, también trabajó en él mi nombrado tocayo, con Angelito el de los cupones en la puerta y el maestro Juan el Guinga, barbero ambulante, arreglando a alguien dento de la zapatería.

Una de las características de quellos pequeños talleres artesanales eran que servían de amenas tertulias.Yo lo fui de dos, de la de mi tocayo Trini, a donde iba todos los días a escribir en una pizarra el título de la película que ese día ponían en el Cardenio, y de la del maestro Alonso en la calle Cervantes por aquello de que como trabajaba en el despacho de don Trini Navarro, antes de entrar siempre echaba allí el ratito.

Buenos, buenísimos artesanos aquellos maestros zapateros, que yo no sé como se las arreglaban, pero cuando te ponías el zapato recién arreglado tenía todas las pintas de recién comprado.

04/02/2009 11:11 mojarrafina ;?> Hay 6 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 53. Histórica victoria del Ayamonte C.F. sobre el Recreativo de Huelva

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En estos momentos no recuerdo el año, pero seguro que algún aficionado lo aportará. Nuestro Ayamonte C.F., ese al que los indocumentados en vez de llamarle equipo ayamontino le llaman "equipo fronterizo" e incluso equipo "onubense", cuando no somos onubenses sino en todo caso, huelvanos, siempre fue un clásico de la tercera división, equipo tradicionalmente de media tabla, difícil de vencer en casa pero tampoco muy resolutivo fuera. Eran tiempos en que los futbolistas vivían en Ayamonte, en pensiones, y entrenaban a diario en el estadio municipal, no como ahora que parece esto la diáspora.

Bueno, a lo que íbamos. El Ayamonte se enfrentaba en nuestro estadio muncipal, entones de terreno de juego de tierra, a un invencible Recreativo de Huelva cuajado de figuras: Tiravit, Quirro, Guerra, Santamaría, Crispi, Oviedo, Moro, en fin, todo un elenco para la categoría pues todos los críticos aseguraban que era plantilla de segunda división (entonces no existía la segunda B). Se paseaba por la tercera como  cada cual por su casa, ni siquiera empataba, ganaba todos los partidos y por goleada. Aquí vinieron haciendo gala de esa superioridad, en el campo había muchos más aficionados de Huelva que de Ayamonte, y el primer tiempo fue una auténtica pachanguita. Recuerdo que Oviedo, que estaba majara perdido,  pero un gran pelotero que terminó siendo titular en aquel Elche de la primera división que jugó una final de Copa,  incluso se volvía del área del Ayamonte como diciendo "ya volveré y marcaré cuando me parezca".

Pero en la segunda parte, del Ayamonte, que había aguantado estóicamente la avalancha del super Recreativo, surgieron cuatro hombres que dieron un vuelco al partido y marcaron un hito en la historia del fútbol provincial. A saber: el portero, que ahora tengo dudas si fue Morales o Domingo -o la Dominga como era cariñosamente conocido-, que lo paraba todo cuando ya el Huelva quería marcar; Félix, el central, todo un valladar infranqueable; Juaniquito, que avisó marcando un gol anulado por supuesto fuera de juego, y Cañada, autor del gol de la victoria. Toda la prensa nacional deportiva se hizo eco de aquella victoria, la gente de la capital se marchó humillada y en la secretaría del Ayamonte en calle Capitán Cortés, colgaron durante años las memorables fotos de aquella no menos memorable victoria.

30/01/2009 00:07 mojarrafina ;?> Hay 5 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 54. La horma de Sotito

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Como ocurre con todas las actividades, las formas y maneras de solucionar los problemas cambian considerablemente a medida que avanzan los años. Por ejemplo, hoy casi nadie lleva a arreglar un televisor con una avería importante porque a la larga  sale mejor comprar uno nuevo en una oferta. Con los zapatos pasa algo parecido, te compras un par en el mercadillo y cuando la rozadura te va llegando al hueso en vez de llevarlo al zapatero te compras otro par y punto.

Uno de los problemas que siempre han ocasionado los zapatos nuevos son eso, las rozaduras por la estrechez de los mismos. Nos los probamos en la tienda y de momento van muy bien, pero a la vuelta de acompañar a la Amargura por todo el recorrido ya no nos parece tan bien el encaje de los dichos zapatos, así que hay que procurar, aparte de las tiritas, encontrar otro remedio. Se dice que metiéndolos en alcohol estira la piel y ancha el zapato, pero desde luego es mejor, si la apretura no es excesiva, utilizar un método más técnico.

En nuestro pasado Ayamonte contábamos con una zapatería de prestigo, la de Sotito, diminutivo de Soto. Sotito tenía la zapatería en la calle San Diego y ya a la vejez el hombre se llevaba casi todo el día sentado a la puerta y así charlaba con el maestro Curro el barbero que tenía la barbería enfrente. En tal zapatería se ofrecía un servicio para el remedio de que hablamos: meter el zapato en la horma. Así que si el zapato te apretaba ibas a la zapatería de Sotito y decías: muy buenas Pepe, que era el yerno, vengo a que me metas el zapato en la horma. Allí se llevaba el zapato unos días y lógicamente anchaba y se podía seguir utilizando.

La horma de Sotito creo que duró hasta el final de la vida de la zapatería y no sé si Jaime Pereira Soto , nieto del fundador del negocio, la conserva, le preguntaré cuando le vea.

29/01/2009 00:11 mojarrafina ;?> No hay comentarios. Comentar.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 56. Los puestos de desavío de la calle Lepe

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Debo aclarar desde el primer momento que me estoy refiriendo a la calle Huelva, pero que para los viejos ayamontinos siempre será la calle Lepe, dicen que por ella pasaban antiguamente los leperos cuando venían a trabajar a los galeones antes de que existiera la avenida, y con este apelativo la hemos conocido siempre.

En los tiempos actuales, las grandes superficies son los comercios más visitados, antes lo eran los supermercados y antes las añoradas tiendas de comestibles conocidas como tiendas de "ultramarinos", porque en principio en ellas se vendían los productos venidos de ultramar, de América y demáas colonias españolas. En los tiempos actuales, a estas tiendas se les viene en llamar de "desavío", sobre todo porque avían las necesidades de personas mayores y de gentes que en general no pueden desplazarse más allá de su casa o de su barrio. Pero en los tiempos de que hablamos esas tiendas eran las principales y había otras, mas bien puestos, que eran los de desavío. Solían estar ubicados en una casa particular y sus titulares solían ser viudas o gente sin ingresos que así se ganaban la vida. Los productos a la venta estaban situados en una pequeña mesa a la entrada de la vivienda, y no se compraban en cantidades importantes, sólo lo preciso: media docena de mixtos, un puñao de bicarbonato, una aguja, un par de cigarros, una cafiaspirina o un okal, etc., en definitiva, para un desavío.

En Ayamonte hubo un lugar destacado por la proliferación de estas tiendecitas o puestos de desavío. La foto que verán ilustra el lugar aunque lógicamente muy transformado, casi sin rastro de lo que era, pero nos servirá de referencia. Ese lugar era y es la antigua calle Lepe en su cruce con calle Lepanto. Situados como entrando en Ayamonte les describo como era la cosa:

A la derecha, en la esquina, una tienda de comestibles, la de Jerónimo Duarte, padre de Fali y suegro de Pedrito Pérez, pero era una tienda de ultramarinos o comestibles; siguiendo la acera pasado el cruce, nos encontrábamos con la primera de desavío, la de la señora Justa, se trataba de una sola pieza que ella, para guardar su intimidad, dividía a base de unas sábanas tendidas en un cordel y al otro lado quedaba su dormitorio; más adelante, había dos casas de mucha profundidad y estrechas en las que vivía una señora llamada Bárbara, conocida como Barbarita, y otra a la que se le llamaba la Lepera;, vendía especialmente patatas y tomates; más adelante, otra tienda también de comestibles, la de la familia Roja. Volviendo al lugar del que partimos, en la acera izquierda haciendo esquina con Lepanto, la más emblemática y conocida, quizás por el sobrenombre de su dueña, que por cierto que se cabreaba de lo lindo por ello, se trataba de la tiendecita de Manuela la Pichilica, esta era mása que un puesto porque también vendía carbón y cisco y tierra para la copa; y ya mucho más adelante, casi llegando al cruce con Buenavista, la famosa de mi recordada y querida Joaquina la del Comedor, no sé si se le llamaba así porque la mesa de venta la tenía en el propio comedor de la casa. Desde luego era la más ordenada y limpia de todas.

Los alumnos de la primera promoción del Instituto Laboral, entre los que me encontraba, cantábamos una coplilla, con la música de "Campanera", en referencia a estos puestecillos, que le costaba grandes sofocones a la Pichilica. El autor de la letra quiero recordar que fue un tal Trini el Largo, y decía así:

"Hay campanera, aunque la Justa no quiera, por la bendición de Barbarita, porque quiso Dios, la Pichilica". Y nada más, supongo que alguien podrá aportar algo nuevo, como siempre y además es deseable.

24/01/2009 11:33 mojarrafina ;?> Hay 3 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 55. La Procesión Magna

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Hoy vamos poner contento al talentoso técnico del blog, el gran Comandante Xavier con un tema de Semana Santa de los de categoría, aunque primero habría que preguntarse, ¿qué edad tenía el comandante Xavier cuando la Procesión Magna?.

Ayamonte, su Semana Santa, que ya venía de siglos y organizada formal y estatutariamente desde el año 1941 cuando se creó Agrupación de Cofradías, necesitaba celebrar el cincuentenario de aquel evento con un acontecimiento que pasara a la Historia, y ese no fue otro que la Procesión Magna, siendo presidente nuestro amigo Juan Concepción. No era fácil, no debemos olvidar que la iglesia de las Angustias se encontraba en obras, aquellas obras interminables que terminaron al año siguiente coincidiendo con la coronación de la Patrona.

Poner de acuerdo a todas las hermandes, conseguir un itinerario ideal de encuentros y puntualidad, conseguir que todo marchara armoniosamente, todo ello además en silencio, sin la siempre alentadora compañía musical, no era, repito, tarea fácil. Pero entre todos los buenos tontos de capirucho lo consiguieron, y la procesión magna fue un acontencimiento realmente paradigmático, para los anales, includida aquella imagen del perro que se echó a dormir en pleno Paseo y no había quien lo despertara,así lo tengo recogido en un vídeo que conservo con celo.

Supongo que lo que menos trabajo costó sería la elección de las imágenes, para eso Ayamonte tiene el Viacrucis prácticamente completo. Así desfilaron nuestros pasos: Señor de la Mulita, Oración en el Huerto, Jesús Cautivo, Pasión, Jesús Caído, Padre Jesús -que por cierto, a mi gusto, sus cargadores hicieron la mejor pegaíta de toda su historia y aun no la han superado-, Veracruz, La Lanzada,  Descendimiento, Santo Entierro de San Francisco y cerrando el cortejo la Virgen de las Angustias, que a mi entender fue una decisión endeble y algo cobarde por miedo a un absurdo enfrentamiento. La Patrona es una Dolorosa pero no procesiona en Semana Santa, el cortejo lo debió cerrar una dolorosa de Semana Santa y para evitar  discusiones absurdas, tendría que haber recaído en la Virgen de la Soledad por pertenecer a la hermandad más antigua. Pero en fin, es sólo una opinión mía, nada más.

Otra cosa, seguramente me habré equivocado en algún detalle, pero con tantos buenos tontos de capirucho ya me rectificará alguno y yo, como siempre, aceptaré la rectificación con sumo gusto.

23/01/2009 14:10 mojarrafina ;?> Hay 15 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 52. Los marineros que no volvieron

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Tradicionalmente se citan al minero y al marinero como los trabajadores de más riesgos, ambos van al trabajo llevando consigo la incertidumbre del regreso, son  tantas las probabilidades de que este no se produzca que la desaparición de uno de estos trabajadores en la sima de una mina derrumbada o en las profundidades del mar nos llegan a parecer lógicas, así como cotidianas.

Pero nosotros vamos a tratar en este breve artículo de los marineros, que es lo nuestro. La desaparición de un marinero en el mar, fruto de un naufragio, de un golpe de mar, de un accidente a bordo conlleva tanto impacto que llena de luto, de pena, no sólo a la familia,  también a la comunidad marinera del lugar, y a todos sus habitantes.

Muchos marineros ayamontinos nos dejaron contando como único nicho la inmensidad del mar, aunque sus esposas, muchas de ellas, no se cansan de esperar y albergan la esperanza, que dicen es lo último que se pierde, se rescatar un día el cuerpo sin vida de su esposo. Y rezan a diario por ello.

Pero una tristeza más les acompaña de por vida: no poder siquiera rezar ante una lápida en el cementerio, no poder depositar en ella un ramo de flores, porque la única lápida posible es el mar, y ¿quién coloca una lápida en el mar?, ¿quién pone en el mar una jardinera para colocar flores?.

En este apartado del blog hablamos de las cosas del Ayamonte que se nos fue, de sus recuerdos, de su paisaje urbano, de sus gentes. Era hora de que un día hablásemos de ellos, de todos esos ayamontinos que perdieron sus vidas en la mar, aunque ese recuerdo reavive una pena húmeda y una gran desazón. Si acaso, para los creyentes queda el refugio de la esperanza en ese reencuentro  que creemos se producirá un día, y esa esperanza en Ayamonte está en San Francisco: la Esperanza del Mar.

20/01/2009 13:05 mojarrafina ;?> Hay 1 comentario.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 51. La Misión

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A principios de 1960 corrió por Ayamonte una noticia insólita, curiosa, asombrosa: iban a venir unos misioneros, nos iban a dar una misión. A nosotros, los ayamontinos nos iban a dar una misión, a nosotros, católicos hasta la médula, que podíamos presumir de un amplísimo elenco religioso: Padre Jesús, la Virgen de las Angustias, la Virgen del Carmen, Pasión, el queridísimo Señor "sintripas";  cursillistas de cristiandad, Corpus de jundia y romero con la custodia bajo palio y la esparanza de que un día nos visitara el "Enviado" que vivía en El Pardo para sacarlo igual que al Santísimo; iglesias parroquiales, ermitas, templos, dos comunidades de monjas, una casa para dar de comer a los niños pobres; señores de comunión diaria, aunque luego tuviesen muertos de hambre a sus jornaleros; curas llevando la comunión a los enfermos antes que decidieran que lo hiciera mi buena amiga Aurelia, o dando la comunión en las misas antes que decidieran que la diera mi también amigo Neneique; que teníamos también un patrón, algo olvidado, es decir, anterior a Joaquín Casiñas; y un monje beato al que le ganó la carrera hasta la santidad un tal Sanjosemaría; el Señor de la Guadaña, la Cruz del Calvario, la Virgen del Carmen procesionando por el río, Colijo pidiendo los votitos de Padre Jesús, los huevos de Padre Jesús, aquellos de color morado por la anilina que se le echaba al agua de cocción; entierros de uno, dos o tres curas, según el difunto. En fin, pilarín.

Y a nosotros, precisamente a nosotros, nos iban a dar una misión, como si fuésemos negritos de Africa o chinitos del Japón -¿recuerdan aquello de chinito japón te pican los mosquitos?, pues eso-, pero nos la dieron, y el resultado fue sencillamente apoteósico, memorial, inolvidable. Claro, es que los Paules de aquel tiempo fueron muy listos, por lo demás, virtud propia de los curas de todos los tiempos.

A ellos eso de las procesiones, sobre todo las de Semana Santa, les sonaba a idolatría, de modo que Padre Jesús y compañía eran sencillamente "santos de palos". ¿Sí?. Pues ala, los santos de palos a la calle, verán como se pone el ambiente. Y el ambiente se puso como se tenía que poner, embuti. ¿Que no vamos nunca por el Arrecife?, pues ahora les vamos a construir una iglesia de madera; ¿que no vamos nunca por el Banderín?, pues les habilitamos el garaje de Damas como templo. ¿Que el Rosario de la Aurora es muy temprano y la gente no va a madrugar?. Nada, llevamos de templo en templo a la Patrona y problema solucionado.

Y funcionó la cosa, vaya que si funcionó. Yo diría que desde el punto de vista religioso los ayamontinos podemos hablar del antes y del después de la Misión; ni siquiera el Vaticano II marcó tanto la religiosidad en Ayamonte.

La foto que ilustrará este artículo lo dice todo. Muchos paisanos en ella ya desaparecidos y los jóvenes de primer plano que ya somos abuelos. Podemos decir que los tres acontecimientos más multitudinarios de la historia reciente de Ayamonte fueron: la primera venida de la Virgen de Fátima, el entierro de don Antonio Massoni, y la Misión.

19/01/2009 14:32 mojarrafina ;?> Hay 9 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 50. La Villa que nos quitaron

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Tengo a la vista una vieja fotografía del barrio de la Villa tomada desde la esquina norte del Muelle de Poniente; al lado, otra que quité hace unos días para compararlas, y la impresión que se obtiene después de la comparación es bien clara: la Villa de verdad ha desaparecido casi en su totalidad. Sí, es cierto que si te adentras en el barrio ahí siguen estando la calle Cuna, Viriato, San Sebastián, San Mateo, Jesús, en fin, todas. Pero ahí permanecen como enlatadas, ahogadas por los armatostes que se han ido construyendo a su alrededor a lo largo y ancho de los últimos años.

No sólo se ha cambiado la cal por el plástico, por los azulejos de fachadas; también los tejados por azoteas, y a veces las piedras por el alquitrán. Pero vayan ustedes a decírselo a los arquitectos diseñadores del desmadre, verán como tratarán de convencerles que así está el barrio mejor. O a los que llenaron la buchaca a costa de nuestro más rancio patrimonio, esos que se quitan de enmedio cuando las ven venir moradas.

Cuando en una contienda deportiva, por ejemplo, un partido de fútbol, un equipo es considerablemente superior a otro, suele decirse: "no hay color". Algo parecido podemos decir asomándonos a esa esquina del puerto que antes indicaba al mirar hacia la Villa: "no es lo mismo". Y es que en realidad, la Villa, Villa, nos la quitaron hace tiempo. Una lástima y a la vez, una triste realidad.

16/01/2009 19:31 mojarrafina ;?> No hay comentarios. Comentar.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 49. El volquete de Santiago

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Antiguamente, cuando la actividad de la construcción era precaria, lógicamente escaseaban los medios de transporte encaminados a acarrear el material necesario para las obras.

En nuestra ciudad, a mediados del siglo pasado, todos los albañiles se valían de la misma persona para el trasiego del material, se llamaba Santiago y era comúnmente conocido como Santiago "el del Volquete". Tenía un carro o volquete tirado por una mula que formaban parte indispensable de nuestro paisaje urbano. Por entre las manos y piernas de la  mula  un pequeño perro era otro elemento inseparable de este recuerdo nostálgico.

Santiago iba con su volquete de pedrera en pedrera, de un horno de ladrillo a otro, así todo el día, al final del cual encerrada a los animales y el carro en un local en la calle Huelva esquina a Santa Lucía. El vivía enfrente con su esposa, la querida y popular Frasquita, hermana del imaginero León Ortega. Frasquita era famosa por su afición al fútbol, cosa impropia para mujeres de la época, pero junto a Antonia Espina, tía de nuestro amigo Antonio Gómez Espina, y de una hermana del amigo Luis Oliva a la que conocíamos por la Olivita, diminutivo de su apellido, eran incondicionales del Ayamonte y no faltaban un solo domingo de partido y la armaban de verdad, no paraban de animar al equipo y tampoco se privaban de mandar algún que otro recado al árbitro o al juez de línea. Como detalle curioso, apuntar que ninguna de las tres superaban el metro y medio de estatura, pequeñas de cuerpo pero grandes mujeres.

Después de la faena, Santiago iba al Bar el Túnez a tomarse unos vinos, como era debido, con su permanente tertulia: Leopoldo el de los cupones, Pepito el del carrillo, Paco el de la Morenita, mi padre y mis tíos el Cano y Dionisio, a los que también se unía Manolo Chatarra.

15/01/2009 18:37 mojarrafina ;?> Hay 4 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 47. La campanilla de la casa de la familia Feu

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Ni las de las torres de las iglesias, de todas las iglesias y templos de Ayamonte sonaron tanto a lo largo de buena parte del siglo pasado como la campanilla que la familia Feu Pérez tenía instalada en su casa de la vieja calle Lepe haciendo esquina con la Callejita el Loco. Creo, sin temor a equivocarme, que no hubo niño ayamontino que no tirara alguna vez de la cadena haciendo sonar la campana instalada dentro de la casa. Entonces ocurría siempre igual: una de las sirvientas se asomaba al patio desde el corredor alto para ver quien llamaba, pero quien había llamado andaba ya en plena carrera a la altura del viejo edificio de Correos, lo que hoy es la Plaza del Rosario.

Así que nos situamos para los más jóvenes. La casa de la familia Feu Pérez, para mejor entendernos, la de Manolín Feu -un fuerte abrazo, maestro Barbedun- se encuentra en la calle Huelva -antigua y vieja calle Lepe, Comandante Haro, Iberia- haciendo esquina con calle San Pedro o Callejita el Loco. Ahora está cerrada, pero esa gran puerta que se ve desde la calle daba a una entrada que a la vez terminaba en una cancela. A la derecha de la cancela colgaba una cadena con argolla y al tirar de ella sonaba una campana o campanilla en el interior de la casa. Era toda una tentación para los niños tirar de la cadena y salir corriendo. Una diablura nada comparable a pegarle a un maestro o a los propios padres.

Tengo curiosidad si "Puerta de España", por vivir cerca, lo hizo alguna vez, pues sus hermanos seguro que lo harían. Por cierto, me gustaría que me recordara el nombre de aquella sirvienta que tuvo la familia y que ya era una más de la misma, que marchó a Sevilla a trabajar en la casa de Paquita y Matilde Feu Pérez. Era una mujer admirable y muy querida, y la que casi siempre se asomaba al sonar la famosa campanilla.

Y para terminar, quiero dejar claro que la campana que ilustra este artículo no es la famosa de la que hablamos, pero al no ser posible fotografiar la original...buenas son tortas.

10/01/2009 13:29 mojarrafina ;?> Hay 1 comentario.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 46. El queso americano y la leche en polvo

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Siempre he tenido la sensación, a tenor de lo que oigo, que soy de los poquísimos ayamontinos que durante el cumplimiento del afortunadamente desaparecido Servicio Militar Obligatorio -paradojas de la vida, fue eliminado por un Gobierno del escupidor Aznar-, hizo guardia, pelo papas, fregó retretes, hizo imaginarias, etc.; los otros todos fueron asistentes de generales y almirantes, monaguillos o auxiliares de enfermería con sor Eloisa. También tengo la sensación de ser de los pocos ayamontinos que iba a desayunar a la Casa del Niño, al rebusco, a robar higos, porque al parecer Ayamonte es un pueblo afortunado donde, incluso terminada la Guerra, casi nadie pasó hambre. En fin, Pilarín.

Y digo todo esto porque más de uno de mi generación que lea este artículo preguntará en público: ¿qué era eso del queso americano y la leche en polvo?.

Pues mire usted, yo se lo aclaro aun convencido de que no necesita usted aclaración alguna, porque de queso americano y de leche en polvo se puso usted hasta cagarse, con perdón. El queso americano, que es una mala traducción del american cheese o queso estadounidense, es un queso procesado muy popular en EEUU; por su parte la leche en polvo fue producida por primera vez en 1802 por el doctor ruso Osip Krichevsky, y es ideal porque al ser imperecedera se puede almacenar y consumir cuando interese.

Ambos productos eran enviados a España desde Estados Unidos en aquellos terribles años de hambre posteriores a la contienda civil española, y se repartían en comedores de pobres, en orfanatos, etc. En Ayamonte concretamente nos lo daban a comer y beber en la Casa del Niño, y los internos de la entrañable Casa Cuna lo comían a diario. No eran, como muchos creen, productos de baja calidad, ni mucho menos, eran muy nutritivos. Y se puede asegurar que ese queso naranja tan sofisticado que compramos hoy en lonchas no es más que una burda imitación de aquel queso naranja americano, aunque nos parezca lo contrario.

Bueno, pues ya saben lo que es el queso americano y la leche en polvo, y que ningún tonto de capirucho se de por no enterado, que no pasa nada por reconocer que se pasó hambre.

08/01/2009 13:57 mojarrafina ;?> Hay 3 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 45. Los carros de Pedro el de los helaos y de Banego

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Además de los carrillos de las chucherías de los que ya hablabámos en este blog, existían en Ayamonte dos carros más, aunque estos de carácter ambulante. No paraban en un sitio más o menos fijo para su venta como los carrilllos, sino que iban recorriendo todo el pueblo ofreciendo sus productos, aunque eso sí, con paradas en sitios más o menos habituales el tiempo justo de la venta.

Uno de esos carros era el famoso de Pedro Jiménez Antolín, más conocido como Pedro el de los helaos, porque además de fabricante de helados y vendedor en su tienda de la calle San Diego junto a su esposa Trini y a sus hijas Trini y Mari Carmen, que aun continúa con el negocio, vendía, como ustedes habrán deducido facilmente, helados por todo Ayamonte en un carro especialmente diseñado al efecto. Aquel carro creo que desapareció,  pero su hija Mari Carmen, buena amiga mía y colaboradora del blog con la aportación de fotografías, lo ha reproducido en miniatura y lo tiene expuesto en su tienda de la calle San Diego para deleite de todos los viandantes. Hoy lo traemos en fotografía a este blog.

Otro de los carros era el  del popular  Antonio Banego, que igualmente vendía helados que también fabricaba él mismo, pero sobre todo dulces, que era su especialidad, y lo hacía de una manera muy particular. Banego se paraba en los bares y entraba baraja en mano para rifar una docena de dulces. Su pregún para tal actividad era el de "al lindo corte", y así, con talento y simpatía, se ventilaba la carga y de camino se pega el hombre su lingotazo.

Los dos fallecieron hace tiempo, pero a todos los de la época nos queda el agradable recuerdo de aquella actividad tan singular pero al mismo tiempo tan necesaria para las personas que no podían salir a la calle y esperaban a que pasase Pedro o Banego para poder comprar un helado o un dulce.

07/01/2009 11:36 mojarrafina ;?> Hay 2 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 44. Casa Estévez y Casa Dolores

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En este día, vísperas de Reyes, día de los niños por excelencia, vamos a tratar de recordar, en la medida de lo posible dos casas de juguetes, las dos únicas existentes a mediados del pasado siglo en nuestra ciudad: Casa Estévez y Casa Dolores.

Como observarán cuando aparezca la preciosa foto que ilustra este artículo, Casa Estévez se encontraba ubicada en aquella señorial y monumental calle Real de la época de que tratamos. Esa preciosa esquina hoy la ocupa una vulgar cristalera. No tengo especial recuerdo de la tienda aunque sé que era de venta de juguetes, quizás Magodi, que me sugirió la trajera al blog, pueda añadir un comentario ampliatorio, cosa que le agradeceremos porque merece la pena.

La otra tienda de juguetes de las dos existentes, estaba situada a la salida de la calle Real, ya en calle Capitán Cortés -hoy Lusitania- justo al lado de lo que fue la cafetería La Peña y hoy una tienda de tejidos del amigo Angel Guerrero,  ocupando concretamente lo que hoy es la tienda de mi tocayo Trini Castelo, el de los edredones. Al frente de la tienda estaba una señora llamada Dolores, acompañada siempre de una sobrina, tenía un pequeño escaparate y el mostrador de madera frente a la puerta de entrada.

Esta tienda, lo recuerdo perfectamente, permanecía abierta hasta pasadas las 12 de la noche del día 5 de enero, y a esa hora seguía la gente comprando juguetes. Hay que tener en cuenta que el comercio en general cerraba muy tarde y por entonces no teníamos en Ayamonte cabalgata de reyes, por lo que los niños teniamos que esperar al día siguiente por la mañana, que era el día de la gran ilusión. Afortunadamente, aun no había hecho acto de presencia el gordo barbudo vestido de colorao, medio griego,  medio noruego y nacionalizado americano.

05/01/2009 13:50 mojarrafina ;?> Hay 2 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 43. Villancico ayamontino

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Antiguamente las cuadrillas de campanilleros proliferaron en Ayamonte y era costumbre en estos días de la Navidad cantar por las calles e ir de casa en casa a recoger el aguinaldo y comer y beber a gañote.

Ayamonte contó siempre con villancicos propios y música propia, todo ello al compás del almirez, la pandereta, el chiquichís, la botella, la zambomba, el pínfano, los palillos y ya más tarde se incorporó la guitarra con la cuadrilla del recordado Maclau.

Cuando se llegaba a una casa a cantar no se pedía permiso porque éste ya se llevaba, simplemente lo anunciábamos así:

"A esta puerta hemos llegao, señores cantar queremos, que la licencia del Niño en la mano la traemos".

Nos dejaban pasar, por supuesto, y ahora venían los villancicos, algunos con letras o latiguillos ayamontinos. Hoy nos vamos a detener en uno por su peculiaridad, era cuando cantábamos aquello de:

"Dame usté los jigos, dame usté las brevas, que me voy pa casa a encender candela".

Y digo yo, los jigos podían ser secos, pero las brevas no se secan. Y si Ayamonte y Belén son ciudades del hemisferio norte, donde la higuera produce sus dos frutos de junio a julio, ¿cómo nos iban a dar las brevas por Navidad?.

Hay casas peores, como aquel popular que dice "Holanda ya se ve". Desde luego, ver Holanda viniendo desde el Lejano Oriente antes de llegar a Belén, es tener demasiada vista, ¿no creen?. Y es que en todas partes cuecen habas.

Por cierto, quien cogiera el próximo verano un canasto de higos y brevas como el de la foto. Que aproveche.

31/12/2008 14:29 mojarrafina ;?> Hay 4 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 42. Los desayunos en la Casa del Niño

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Cuando escribí el artículo de la Casa del Niño ya hacía referencia a esta vieja costumbre, pero por su importancia y por todo lo que significó para nuestra generación, hoy la traigo a colación con más detalle.

Antiguamente en la iglesia de las Angustias se celebraba por la mañana temprano la santa misa, concretamente a las ocho y media, era diaria, pero yo me refiero ahora a la de los domingos.

Al finalizar la misa, jóvenes y mayores -eso sí, sólo hombres, porque a lo mejor si se iba con mujeres era pecado- nos desplazábamos a la Casa del Niño a desayunar. Previamente, las buenas mujeres que atendían aquel comedor para niños pobres habían preparado el café y los bollos. Primero se desayunaba, eso así, de forma modesta, un café con leche y un bollo con manteca. Después, uno de los adultos subía al escenario y nos largaba una charla en relación con el Evangelio leído anteriormente en la iglesia. Y terminaba la sesión con actuaciones de los presentes, entre ellos se hicieron famosos Manolo Borrero con sus chistes y Celedonio Martín con el número de la pulga, que repitió innumerables veces en su vida pero que siempre hacía gracia.

La foto que veréis cuando el Comandante Xavier pueda insertarla corresponde a la venida del Padre Gutiérrez, años después de marcharse o de que lo echaran, para una novena a la Virgen de Fátima quiero recordar, y en ella, para matar la curiosidad de quienes quieran conocerlos, figuran, partiendo de la izquierda y siguiendo el sentido de las agujas del reloj, los siguientes elementos: Santiago Puga, Antonio el Titi, Castelito, cuñado de Pepe Mahoma, Paco Sánchez, o Paco Isidro, recientemente fallecido, Trini Flores, Fernando Carro, Juan León, el Suave, que por cierto, no sé nada de él, el padre Gutiérrez, al que se debe la construcción de la Casa del Niño, y Antonio el Pocke, también fallecido,  precisamente ahora en Nochebuena hace años.

Fueron momentos muy agradables, pero no vayan ustedes a creer que los adultos que participaban en el acto de convivencia después la prolongaban con nosotros en las calles, ellos estaban a otras alturas, como era natural para la época.

22/12/2008 10:47 mojarrafina ;?> Hay 2 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 40. Las canúas mechilloneras

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En tiempos pasados, quizás hasta mediados del pasado siglo, Ayamonte contaba con un considerable número de canúas que se dedicaban a la capturan del mechillón (canoas dedicadas a la captura de la chirla, que diría cualquiera que no fuese ayamontino). No puedo determinar el número de ellas, pero sí puedo recordar la de mi familia, que se llamaba "María", que era de mi padre y sus dos hermanos. Recuerdo que Paco "el Práctico" tenía otra, y una que destacaba sobre las demás, pues generalmente las canúas iban pintadas de negro u oscuro y esta era blanca, de ahí que si tenía nombre, que era lo normal, siempre se conoció por "la canúa blanca", era propiedad del señor Segura, abuelo de mi buen amigo Antonio Carro Segura, que por cierto, me extraña no verle por el blog. Ya aparecerá.

Las canúas salían por la mañana y volvían al atardecer. Desde la taberna de señó Moguer se las veía venir y la gente las reconocía de lejos por el velámen; la nuestra precisamente tenía un gran remiendo en lo alto de la vela y así la podíamos distinguir enseguida. Los mechillones se subastaban en la Rambla del Consorcio, de la que un día hablaremos, y a veces era tal la cantidad que se capturaban que no alcanzaban precio en la subasta y había que tirarlos al río. Los que se vendían, que venían metidos en garlitos de red se transportaban hasta las charangas que los dedicaban a la exportación, y para el transporte se utilizaban unos rústicos carros de grandes ruedas que trepidaban sobre los adoquines del mueblle y eran llevados por una persona cargando los brtazos de los mismos, eran los conocidos "carros de la Castela".

Algunas de aquellas viejas canúas terminaron abandonadas, otras fueron vendidas. Yo creo que en los tiempos actuales hubieran sido aprovechadas como barcos de recreo aunque sólo fuese para pasear con ellas por el Guadiana o por la costa cercana a la playa. Pero por desgracia sólo nos queda de ellas el recuerdo a través de fotos como la que ilustra este artículo.

16/12/2008 13:09 mojarrafina ;?> No hay comentarios. Comentar.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 39. Las visitas al Santísimo

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Es cierto que con el régimen del general Franco se instauró en España un credo oficial representado por el Nacionalcatolicismo, aquel que convertía a todos los españoles en católicos quisiesen o no, y en el que la partida de bautismo tenía incluso más valor que la de nacimiento, es más, el matrimonio era el religioso, el Juzgado se limitaba a realizar una transcripción de éste. Si un cura veía trabajar a alguien un domingo lo denunciaba y el pobre trabajador, que no lo hacía por gusto sino por extrema necesidad, las pasaba canutas. En fin, pilarín, para qué vamos a seguir.

Mas había otra realidad, la de la libre creencia, la de la práctica de una liturgia y de unos modos que muchos aceptamos sin necesidad de que nos obligaran. Una de esas costumbres era la diaria visita al Santísimo, era como ir a casa de un amigo a echar un ratito después del trabajo y a continuación salir un rato con los amigos o los novios en pareja. Entonces existía en la iglesia de las Angustias una capilla dedicada expresamente al Sagrario, es la que hoy ocupa la hermandad del Resucitado y que sigue albergando la imagen del Corazón de Jesús. Los bancos se situaba en sentido perpendicular a a dicha capilla, es decir, transversal al altar mayor.

Desde luego, algo tenían aquellas vespertinas visitas cuando repetíamos, eran como un sedante y además, como una gran necesidad y así nos la imponíamos voluntariamente. Eran los tiempos del velo paulino, las mujeres tenían que ponerse velo para entrar en las iglesias. Todo muy obsoleto visto hoy, pero al ser propio de los tiempos en que ocurría, resultaba absolutamente normal. Fue sin duda una buenísima costumbre que, como muchas otras, se perdió.

15/12/2008 02:15 mojarrafina ;?> Hay 1 comentario.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 38. Los antiguos maceros municipales

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Tratamos una figura muy antigua dentro de la vida muncipal, tanto que proviene de la Edad Media. La maza es una de las armas más simples y primitivas que acompañó al hombre, pero desde el siglo XII, se transformó en insignia de ceremonia y símbolo de poder, siendo así denominadas como mazas de "parada". Por su parte, las vestimentas de los maceros que han llegado a nuestros días son son, como algunos creen, dalmáticas, sino especie de gramallas o trajes talares muy holgados propios de los antiguos reinos de Aragón y Castilla.

El macero es la persona que lleva la maza delante de los cuerpos o personas autorizadas que usan esta señal como símbolo de dignidad. Fueron antaño protectores de reyes, nobles y grandes personalidades en época medieval, pero ya en nuestros días no dejan de ser personajes alegóricos y simbólicos de la autoridad y jurisdicción de los ayuntamientos. Los maceros inician los desfiles municipales en las grandes solemnidades.

En tiempos pasados fue una figura muy gráfica, muy representativa en Ayamonte, sobre todo en las ceremonias religiosas, destacando su presencia principalmente en la Función Principal en honor de la Virgen de las Angustias. Pero hay algo que siempre nos llamó la atención: la baja condición social de los maceros. Ojo, no he dicho baja dignidad, sino condición social, pues se trataba de personas considerablemente pobres y algunos rayana la mendicidad. No se comprende que como "protectores de la autoridad"  o "símbolos de ésta", se recurriera a estas personas, a no ser que la autoridad fuera tan prepotente que más que protectores necesitaran siervos, criados. Aparte del gran Arzapepa de tiempos más recientes, me vienen a la memoria dos recordados y queridos maceros: el "Borra", que habitaba en las chozas y era trabajador de lo que se terciera y bailón solitario en las verbenas; y el "Capricho", barrendero municipal, hijo del portero de la escuela de San Antonio y que vivía en una casa que daba al atrio de la capilla. No recuerdo bien si el inolvidable "Chocito" hizo también de macero, espero que alguien con mejor memoria que yo lo aclare. Todos ellos lo hacíen muy bien, permanecían firmes e inamovibles durante toda la ceremonia, que no es poco. Seguramente les pagarían una miseria. Pero así es la vida.

07/12/2008 14:03 mojarrafina ;?> No hay comentarios. Comentar.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 36. Aquellos equipos de fútbol...

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Yo estoy completamente seguro de que hoy coges a un grupo de chavales, les dices que van a jugar un partido de fútbol en un campo de tierra y les ofrece el equipamiento que llevan los de la foto que ilustrará este artículo, lo menos que puedes hacer es salir corriendo antes de que te calienten, y es que los tiempos cambian para bien, aunque a veces también para mal porque en el presente caso sacamos la conclusión de que a veces la afición se vuelve acomodaticia.

El equipo de fútbol que aparece en la foto está compuesto por alumnos del Instituto Laboral que jugaban un partido el dia de Santo Tomás de Aquino, patrón de los estudiantes. Camiseta de tirantes y algunos de ellos con alpargatas para juar un partido con un balón de badana cerrado con cuerda y en un campo de tierra. Pero jugaban, y algunos muy bien, por eso yo no estoy en la foto, porque lo hacía muy mal.

Para los que quieran matar la curiosidad, les ofrezco los nombres de tan peculiar equipo. Agachados, se izquierda a derecha: Juan Díaz Lagares, Manuel Enrique González (el Rubio), Alfonso García Barroso (el Cuqui), José Luis Peinado (fallecido), José Luis Oliveira (fallecido), y Nazareno Pascasio que está en la foto de figurante, de masajista o de lo que sea porque Nazarenito salía en todas. De pie, de izquierda a derecha: Paco Gómez Ambrosio, Pepe Cobo, Paco Conde (fallecido), Pepe Vázquez (Jaime), Pascual Pérez Viejo, Antonio Carmona y Joaquin Brito Ramos (fallecido). Detrás del grupo, parece ser en calidad de suplente, aparece José Luis Martín Jesús (Bogarín).

05/12/2008 14:39 mojarrafina ;?> Hay 1 comentario.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 35. La tienda de Feliciana

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Antes de nada, y aunque lo tratemos más ampliamente en el apartado del callejero particular, he de aclarar para quienes no han caído en la cuenta, que la calle Felipe Hidalgo no comienza en la calle Huelva, sino en la calle Cervantes, cuenta con dos pequeños tramos antes de empezar la cuesta. Pues bien, en la esquina del primer tramo de la calle Felipe Hidalgo, haciendo esquina con calle Cervantes, existió el pasado siglo una más que curiosa mercería. Y digo esto porque, aunque es cierto que la tendera vendía y exhibía artículos propios de esta modalidad comercial, lanas, hilos, agujas para hacer punto, sujetadores, etc., lo cierto es que la verdadera tienda estaba en la trastienda. ¿Y por qué digo ésto?.

Muy sencillo. Era la época florida para muchas familias ayamontinas, de la Carrera de Villarreal, y los reyes de esa peculiar carrera eran el café y el tabaco portugués, de precios considerablemente inferiores a los españoles. Y así, aquella mercería fue conocida siempre como la Tienda de Feliciana "la del café". Porque café portugés y tabaco portugés era lo que realmente vendía la buena de Feliciana. "Formidavel", "La Rosa", "Portugés Suave", "París", "Tip Top", eran las marcas del café y del tabaco que vendía Feliciana.

Todo el mundo lo sabía, en especial los rondines de la Guardia Civil, pero hacían la vista gorda, menos un par de veces en el año, que para cumplir el expediente le daban a Feliciana un par de "palos" en forma de sanción. Y digo que lo sabía todo el mundo porque la calle Cervantes y alrededores era un puro olor a café imposible de ocultar.

Feliciana, además, destacaba como devota de la Virgen de la Salud, a la que continuamente hacía regalos, y tenía una hija que se llamaba o se llama Salud, casada con mi amigo Joaquin, que no se si era maestro de escuela o sustituía, o no se qué era, pero terminaron en Sevilla, yo me los encontraba con cierta frecuencia en Triana.

Hoy la tienda de Feliciana, después de muchos avatares, entre ellos el famoso bazar del recordado "Conde Pete", lo ocupa una recoleta tienda, como indica la fotografía que aparecerá en este artículo cuando vuelva el gran Javi Martín.

03/12/2008 10:53 mojarrafina ;?> Hay 1 comentario.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 34. El lobizome

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Dentro de lo que es el oscurantismo propio de épocas pasadas en que el analfabetismo campaba por sus respetos, proliferaron una serie de leyendas y personajes que si bien hoy nos pueden causar risa, en aquellos tiempos nos hacían templar.

Uno de estos porsonajes fue el lobizome -que no es mas que un derivado del hombre lobo, y que en Méjico y posiblemente en otros paises del área latina denominan como el lobizón-  uno de los más populares.

Desde luego, el aspecto externo del lobizome ayamontino, aunque al final resultase tenebroso, no podía ser más ridículo: capa negra, cara pintada y dientes de ajos. O sea, una especie de fantoche más propio del carnaval. Pero funcionaba.

El lobizome no era mas que un señor que pretendía entrar a la casa de su amante sin ser visto por el general de los vecinos, por ello, se vestía de tal guisa, se situaba debajo de una luz de la calle y llamaba la atención para ser visto, consiguiendo así que la gente huyera y él pudiera salirse con la suya.

Hoy tal personaje no tendría sentido alguno, y ello por dos razones. Una, porque ya no somos analfabetos y hemos dejado de creer en ese tipo de personajes, como el morito del Callejón Corto, el Cortapalma, el Marimanta, etc.; y otra porque para que una pareja se deleite "haciendo el amor", que es el eufemismo de los aufemismos en materia sexual, tiene a su disposición parques y jardines, paseos y glorietas, y todo ello  con luz natural.

02/12/2008 10:36 mojarrafina ;?> No hay comentarios. Comentar.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 33. El teatro Ibérico.

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Allá a primeros del pasado siglo, nuestra ciudad contaba ya con varios recintos para espectáculos. Frente al paseo de la Ribera, entonces de Tetuán, venía ubicado el llamado "Cinema Ayamonte", que yo no llegué a conocer, al menos no tengo recuerdos concretos. En la calle José Pérez Barroso, donde existen hoy varias puertas para garajes, pasado "el Chochito", contábamos con otro cine, el "Creoli". De este sí recuerdo algo porque en muchas ocasiones fui a ver películas infantiles los domingos, todas del Oeste y en blanco y negro; era de madera y tenía su anfiteatro. Y ya en la Avenida, muy cerca de la curva del astillero o lo que hoy es la rotonda de los Miguelitos, estaba situado el Teatro Ibérico.

No entiendo de arquitectura ni de diseño de edificios, pero a mí el Teatro Ibérico es que me chifla, aunque sólo sea ahora viendo su antigua foto. Ciertos aires árabes en los arcos de sus puertas y ventanas, los arabescos de su herrería, y la crestería nos trae al recuerdo un pasado rico en manifestaciones artísticas.

El Teatro Ibérico acogió en su escenario a muchas figuras del folclore sobre todo andaluz. No sé cuando terminó su actividad, pero sólo la oficial, porque desde el punto de vista aficionado siguió prestándola. En el Teatro Ibérico tuvo su domicilio durante años la familia Vela -un recuerdo especial y cariñoso para Diego, el ejemplar chófer de Damas- y dado que la más joven de sus miembros, Mariquita, no le daba mal al cante, organizaba espectáculos de aficionados con gente del pueblo, como su mismo hermano Manolo, el camarero, una hermana de Jesús el del Butano, una hija de María la Gitanilla, que no recuerdo si era la Joqui o Jeroma, y en fin, todas las que se querían apuntar. Se pagaba una pequeña cantidad y allí se pasaba las tardes del fin de semana.

El Teatro Ibérico fue derribado en una época que poco se respetaba el pasado y no se conservó ni siquiera su preciosa fachada, y no digamos de su interior, con su escenario, su escalera de acceso a lo que serían los camerinos, en fin, lo de siempre.

19/11/2008 10:52 mojarrafina ;?> No hay comentarios. Comentar.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 32. La Puerta Ancha

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Quiero ante todo aclarar que los datos contenidos en este artículo me los facilita una familia de ayamontinos de clara y envidiable memoria, entre los que se encuentra mi gran amigo y colega en materia de pregones, Narciso Sánchez Romero, a quien mando desde aquí un fuerte abrazo. A ver si te jubilas de una vez y te vienes al paraiso.

La Puerta Ancha, ese bar situado en la calle Isla Cristina, en la plaza de la Laguna, recibe su nombre, obviamente, por la anchura de su puerta. Pero, ¿cuál es el origen de la denominación?. Veámoslo:

Aun no se conocía en nuestra tierra el vehículo de motor y el transporte ordinario era a base de carros y bestias, así se realizaba el transporte de personas y mercaderías entre Ayamonte y Huelva. A principios de siglo, no existía la calle Isla Cristina y el río llegaba prácticamente a la plaza de la Laguna. Al finalizar la jornada, los caballos eran refrescados y alimentados, y después eran alojados en un local, junto con los carros. Naturalmente que ese local tenía que reunir condiciones de capacidad suficientes no sólo para alojar vehículos y animales, sino para que cupiesen por su puerta. Y ahí radica el origen del nombre del bar, que como la puerta en cuestión tenía que ser muy ancha y alta, se le quedó la Puerta Ancha para siempre.

Debemnos decir que aquella actividad empresarial tenía como protagonistas principales a dos hermanos, Celedonio y Laureano Márquez, padre y tío, respectivamente, de nuestro querido y recordado cofrade Angel Márquez Feu. Cuando la  actividad del transporte se modernizó, el local fue utilizado como bar para la atención principal de los trabajadores del muelle. Y una curiosidad: dentro del bar vivía, así como suena, una cigüeña que se movía por él con toda libertad. Los clientes le llevaban pescado y parece ser que fue encontrada herida y allí curada. El negocio pasó a ser un almacén y posteriormente volvió a la actividad de bar, que dura hasta nuestros días.

17/11/2008 14:30 mojarrafina ;?> Hay 4 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 31. Los carrillos de las chucherías

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Qué fácil resulta en nuestros días acercarse a uno de los quioscos del Paseo y pedir lo que quieras porque tienen de todo, desde la prensa diaria, a revistas, coleccionables, pilas, incluso artículos de regalos tipo billeteros, carteras, relojes, etc. Y claro está, chucherías en abundancia.

Antiguamente no era así y las chucherías las adquiríamos en puestos ambulantes que aquí denominamos carrillos, los carrillos de las chucherías. Existían varios que vamos a describir lo que mejor que podamos en atención a los blogueros jóvenes porque los otros ya sabemos como eran.

El más grande de todos los carrillos de chucherías era el de Carmelo, se situaba en la calle General Mola (Trajano) frente a un bar llamado Los Gabrieles pero que nunca se le nombró así, sino como Casa Cortada. A pie de Carrillo comía Carmelo y desde el amanecer hasta bien entrada la noche no se apartaba de su lado. Aparte de las chucherías, entre las que destacaban los pirulís, vendía gran cantidad de tabaco, levantaba la tapa del carrillo y parecía un almacén de Tabacalera. Pero Carmelo no se quedaba en sitio fijo sino que se trasladaba con su pesado carrillo hasta la plaza de toros o el campo de fútbol.

Por su parte, el carrillo de seña Antonia quizás fuese el más popular. Las pipas, los cigarros de matalauva, la algarroba molida, en fin, todo un surtido. Despachaba al puñao, entonces nada de bolsitas y nos llevábamos el puñao de pipas en las manos para irlas comiendo sobre la marcha.

El más ordenado de todos era el señor Paciencia, modelo de esteta, de educación, de orden. Todo lo tenía en cajitas con sus tapas y antes de abrir una cuidaba de cerrar la anterior. Su especialidad, el tabaco, y en cuanto a chucherías destacaban los famosos caramelos San José.

Destartalado, desordenado y atípico, el carrillo de Chipirripi, para decirles que vendía membrillos y granás. Le duraba poco el dinero de la venta pues sus viajes a casa de la viuda del alpende a tomarse un vaso de vino eran frecuentes.

Después de jubilarse, un policía local llamado Luis, suegro de mi amigo Juan Cortada, vendió también chucherías y tabaco en un pequeño carrillo frente al Cardenio. Había otro carrillo de esporádicas salidas, el de Luis el de la Peiná, y por supuestos los carros de Pedro el de los helaos y el de Banego, pero no eran de chucherías y ya los trataremos en capítulo aparte.

12/11/2008 10:39 mojarrafina ;?> Hay 3 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 30. El morito del Callejón Corto

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Ayamonte, como cualquier otra ciudad fronteriza, vivió intensamente el mundo del contrabando antes de que se creara la Unión Europea y se estableciera el libre tráfico de mercancías. Nuestro río Guadiana era el artífice pasivo de esa actividad en su calidad de frontera natural con Portugal.

Los portugueses, que siempre han tenido un nivel de vida muy inferior a los españoles, que por cierto, ocultaban con su pertinaz orgullo, que aun hoy persiste, se llevaban a mansalva principalmente productos alimenticios: aceite, cohocolate, y no digamos nada de las medicinas al no contar con sistema de seguridad social; por nuestra parte, íbamos a por el café y por el tabaco, también de manera principal. Pero fue el café el rey del contrabando, el que hizo ricas a muchas familias ayamontinas, el que propició actividad, riqueza. A pesar de la estricta vigilancia de los rondines de la Guardia Civil, existían establecimientos dedicados a la venta de productos de contrabando. Todos los bares tenían encima de sus cafeteras un par de paquetes de café español, pero en la molienda ya estaba el portugués, que era muchísimo más barato, e incluso en la calle Cervantes existía una mercería que creo que casi nunca vendió una madeja de lana ni un ovillo de hilo porque los productos que vendía era el café y el tabaco portugués. Ya hablaremos de esta peculiar mercería.

Pero el café no entraba sólo en pequeñas cantidades a través de los transbordadores. Los alijos río abierto estaban a la orden del día, y los contrabandistas cargaban en la orilla los sacos de café para trasladarlos de madrugada. Uno de los caminos a recorrer porque se cortaba mucho trecho, era el Callejón Corto. Y la ignorancia, el analfabetismo de la época, propició que se creara una leyenda: en el Callejón Corto se aparecía un morito. Yo la verdad no sé que miedo puede dar un morito, todavía un moro, vaya. Lo cierto es que de noche nadie pasaba por el callejón, lo que propiciaba que los contrabandistas lo hicieran a sus anchas.

Así que el Morito del Callejón Corto sólo existe en la imaginación, en la leyenda. Pero a veces la leyenda es más fiel que la misma Historia y nos presenta una realidad indiscutible en sí misma.

10/11/2008 10:44 mojarrafina ;?> Hay 4 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 29. La empresa Damas, s.a. comenzó en Ayamonte en 1920

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Lógicamente, yo esto no lo recuerdo, pero hay ayamontinos mayores, de excelente memoria, que sí lo recuerdan claramente. Uno de ellos me ha facilitado la historia, que me limito a transcribir y comentar.

Actualmente por nuestra ciudad circulan infinidad de vehículos, aunque ahora con la zona azul parece que han desaparecido del mapa pues dicha zona aparece desierta durante gran parte del día. Pero no se cansan los recaudadores: de forma furtiva aprovechan un rinoncito donde un ayamontino ha dejado el coche para encasillarlo pintando las rayas en azul a su alrededor. En fin, allá ellos.

En 1920, Arturo Damas y el señor Segura, un industrial pastelero que tenía establecimiento abierto en la calle Real, fueron los propietarios del primer vehículo que llegó a nuestra ciudad destinado al transporte de viajeros y que tenía su garaje en la plaza de la Laguna, donde hoy se encuentra el bar "el Pupas".

Posteriormente, el señor Segura se trasladó a Huelva, quedándose el señor Damas como único propietario del vehículo para su explotación como vehículo de viajeros. Tiempo después, el señor Damas, como hiciera su socio, se traslada a Huelva, donde desarrolló una gran empresa de ámbito internacional para el transporte de viajeros, la actual Empresa Damas, S.A.

Así, y como la propia empresa recoge en su página web, esa gran empresa de transporte tuvo su origen en Ayamonte.

La foto que ilustra este artículo es pequeña, pero tan atractiva por su antigüedad que bien merece la pena publicarla.

07/11/2008 20:12 mojarrafina ;?> Hay 4 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 29. La tienda del Alosnero

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No hay que ser muy listo para deducir que la tienda de comestibles de la calle Lusitania que regentaron durante gran parte del pasado siglo los hermanos Orta García, Juan y Pedro, se le ha llamado siempre así porque el primer propietario, padre de ambos, fuera oriundo de El Alosno, supongo. Creo que la tienda llegó a denominarse como Vda. de Juan Orta Limón, pero yo la conocí siempre como Casa Orta y popularmente como la Tienda del Alosnero.

Situada como queda dicho en la calle Lusitania, antes Capitán Cortés, siempre destacó por la gran calidad de sus chacinas y la diversidad y calidad de las bebidas. Hoy la tienda parece un auténtico museo de bebidas, perfectamente ordenadas por fechas de crianza, con la cita a la denominación de origen, en fin, un primor.

Tiene un patio interior y al fondo uno más pequeñito que es una delicia, en verano debe dar gusto tomar allí el fresquito nocturno. Mas una cosa caracterizaba a la referida tienda: al mismo tiempo acogía una corresponsalía del Banco Hispano Americano, de tal manera que a ella se entraba lo mismo a comprar cien gramos de jamón que a pagar una letra. Dentro del recinto dedicado al banco se formaba todas las mañanas una tertulia con los hermanos Orta García, don Trinidad Navarro Nieto, don Celestino Rios Gutiérrez y alguno más que no recuerdo, pero ellos eran fijos.

Durante muchos años trabajó en ella mi buen amigo Paco Rodríguez  Castillo, hoy empleado de Ayapunt, cualquiera que no le conociera pensaría que era uno de los dueños de tantos años detrás del mostrador, casi desde que era un niño.

Afortunadamente los descendientes de Pedro Orta García, pués Juan no llegó a tenerla, han mantenido el chiclé añejo de la tienda, se ha reformado algo pero lo sucinto, por lo demás, y a pesar de los muchos años transcurridos desde que fallecieran Juan y Pedro, cuando uno entra en la tienda siente la impresión de entrar en la de siempre, la Tienda del Alosnero. Les felicito por ello.

06/11/2008 14:33 mojarrafina ;?> No hay comentarios. Comentar.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 28. Cayetano, "El Beso de Judas"

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He pedido permiso a su hijo Antonio Aguilera, el Zapatero, para escribir de este personaje absolutamente inevitable y totalmente imprescindible para entender nuestro reciente pasado, aunque se tratara de un hombre humilde, sin  más título conocido que el de su apodo: el Beso de Judas.

Empecemos diciendo que Cayetano en realidad no se llamaba Cayetano, sino Arturo. Era un trabajador incansable, un excelente padre de familia y un hombre querido por todos. Pero lo que era más de destacar en su personalidad era su genuina, su natural gracia. Cayetano no contaba chistes, no contaba historias, ni siquiera contaba cosas para hacernos reir, simplemente le salían aquellos "golpes" que nos hacían reventar de risa.

"Niño, súbete al ascensor del hospital de Jabugo y bájale a esta señora aquella sandía". Esto lo decía cuando, vendiendo sandías en la puerta de la plaza, a una buena señora se le antojaba la de arriba del todo.

Cayetano, ¿qué le pasó a aquel hombre cuando estuvistes en el hospital?. "Na, que entró como una anguilla cortá a pedazo y salió  nuevo", (se trataba de un señor que había sufrido múltiples lesiones con motivo de un accidente).

Durante un tiempo estuvo viviendo en Málaga con su hija. Un día que visitaba Ayamonte le preguntó el Palmero cómo era la vida en Málaga. Muchos coches, le contestó. El Palmero, para sonsacarlo le insistió, ¿tantos coches hay?. Y Cayetano a lo suyo: "mira, imagínate que estás en la calle Real, y de momento alguien suelta un jalabá de cangrejos".

Y así una y otra vez, un día y otro, toda una vida. Nosotros solíamos ir por las noches de verano al muelle a ver los alijos de los barcos del salao, pero íbamos para escuchar los golpes de Cayetano, y sólo con aquellos golpes tan graciosos hacía aquellas penosas noches de trabajo más cortas.

Un día en que no había manera de ganar una peseta por el mal tiempo, se puso las botas de aguas, se bajó al estero, y con las botas enfangadas entró en la tienda de comestibles de Fernández a pedir fiao, fingiendo así que estaba trabajando  con la bajamar.  Fernández sabía lo que había, pero ¿quien le negaba a Cayetano el fiao con aquella ocurrencia?.

Y así podíamos seguir, pero la cosa se haría interminable.

04/11/2008 18:38 mojarrafina ;?> No hay comentarios. Comentar.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 27. El cine de verano en la plaza de toros

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Yo no sé qué tiene la televisión que acaba con tantas cosas de antaño, como por ejemplo, aquella vieja costumbre de tomar el fresquito las noches de verano aprovechando el terreño, que era y es un patrimonio de Ayamonte de valor incalculable. Yo he vivido treinta y cinco años a la verita de Sevilla y sé como el que más de esas noches de julio y agosto que pasas en vela por la dichosa caló. En Ayamonte, sin embargo, si exceptuas tres o cuatro días como mucho en todo el verano, las demás noches tenemos incluso que encajar las ventanas cuando la madrugada avanza hasta el amanecer. Es un primor, como diría mi madre.

Precisamente aprovechando ese fresquito nocturno, existió en nuestra ciudad un cine de verano que no necesitaba mucho de montaje, pues ya estaba construído, bastaba montar el telón, las sillas y la cantina. Era el cine de verano de la plaza de toros. La película, -aunque a veces era buena- la mayoría de las ocasiones era un verdadero petardo, pero no importaba.

Se cenaba temprano, se amarraba uno el chaleco a la cintura o al cuello, en la puerta, además de comprar la entrada, nos hacíamos con las chucherías de los carrillos de seña Antonia y de Carmelo, y pa dentro, a charlar, a dar vueltas por las gradas de un lado a otro, y como no, acercarse a la cantina de Antonio Saldaña -por cierto, abuelo suegro de mi amigo Pepe el Godovi- que regentaba con  su yerno José Luis, aunque algunas veces echaran una mano sus hijos. En ella podíamos degustar las exquisitas gaseosas de los hermanos Cabrera y el buen aguardiente haciendo una palomita. Si a pesar de todo ello, de toda esa oferta, querías ver la película, pues no había pegas, te sentabas, la veías y punto, que para eso la echaban.

Y vino la tele, y tos pa dentro, de casa, quiero decir. Se intentó continuar las proyecciones en el Cardenio instalándose el aire acondicionado, pero no era lo mismo, y el cine de verano desapareció para siempre. Una lástima.

03/11/2008 20:38 mojarrafina ;?> Hay 1 comentario.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 26. La cueva de señó Canasta

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Miren bien la fotografía  que será publicada para ilustrar este artículo, observenla con todo detalle, examinen el entorno en general. Les aseguro que todavía existe, intacto, el lugar, ya les diré donde para quienes no lo sepan. Bueno, ahora vamos a lo más importante. En ese hueco que se ve en la foto, al que yo he denominado cueva pero que no llega a esa categoría por el escaso fondo que tiene; en ese hueco sin ventanas, ni puertas, si sillas, ni camas, ni luz, ni agua, vivió mucho tiempo un ayamontino al que conocíamos por el Canasta. Ignoro su nombre y apelo a los blogueros más viejos -la taberna del amor, por ejemplo- a que lo aporten si lo saben.

No sé a que se dedicaba señó Canasta, al fin y al cabo yo era un niño cuando pasaban estas cosas, eso sí, siempre se le veía con unas canastas. Como era pobre de solemnidad debemos pensar que se dedicara a recoger cosas tipo chatarra para luego venderlas o para traerse a la cueva algo de alimento que le diera la gente.

Lo que si les puedo asegurar que señó Canasta era hombre de mal genio, con toda seguridad porque los chiquillos de la época le sacábamos de quicio metiéndonos con él. No se trataba de nada violento, simplemente cuando pasábamos a la altura de la pedrera donde está la cueva camino del campito Fortuna o a la vuelta, le gritábamos su apodo, y él ya tenía preparado junto a la cueva un buen número de pìedras que nos lanzaba, eso era todo.

Como lo prometido es deuda, les indico el lugar de la cueva. Vayan al final de la calle Huelva y cojan el Callejón del Gringo o calle Rosa y desembocarán justo en la pedrera donde está situada la cueva. Si lo quieren hacer de otra forma, suban al Peñón y bajen camino del Banderín, así pasarán a todo lo largo de la pedrera y la cueva les quedará de frente.

Esa oscuridad que aun conserva la cueva se debe a las múltiples candelas que se hacía señó Canasta para cocinar y calentarse, el renegrío del humo de la leña aun se conserva. Y es que mendigos los ha habido siempre. Mendigos o gentes que deciden llevar una vida a su manera, quien sabe.

29/10/2008 11:38 mojarrafina ;?> Hay 1 comentario.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 25. La Casa del Niño

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Hace ya muchos años hubo en Ayamoante un cura que cogió el Evangelio por las solapas, lo sacudió y se quedó en las manos con una sola página, aquella en la que se podía leer: lo que hagáis con uno de estos pequeños, conmigo lo hacéis.

Sotana arremangada, pico y pala en ristre, se puso a la tarea de levantar, desde la más absoluta insuficiencia económica una casa grande donde acoger a los niños hambrientos. Y como no podía ser de otra manera, bautizó aquel enorme caserón de la única manera posible: la Casa del Niño.

Acompañado de un ejemplar equipo de mujeres desinteresadas, encendió cerillas y puso a calentar unas enormes ollas y en ellas echó garbanzos, lentejas, arroz. Y la Casa del Niño empezó a oler a comida caliente, transformándose en un enorme comedor para niños pobres. Y, al par de los garbanzos, el queso americano y la leche en polvo completaban aquel menú tan necesario que rozaba lo imprescindible. En cada hogar pobre, es decir, en la mayoría, emnpezó a sentirse la tranquilidad de que al menos los niños estaban alimentados.

Aquel cura, cuentan las crónicas orales urbanas, fue desfenestrado por aquellos que, de misa diaria, ejercicios espirituales y demás monsergas prestablecidas como condición sine quanon para ser buenos cristianos, se sentían incómodos con su presencia, con aquel ejercicio de caridad que ponía en entredicho su hipocresía de cristianos de doble vida, aquella del a Dios rezando y con el mazo dando. No es la primera vez, ni será la última, que un sacerdote auténtico sufra el exilio con el beneplácito de la Autoridad eclesíastica, que por supuesto todo lo hace en beneficio de la comunidad.

Hoy Ayamonte recuerda al padre Gutiérrez con un busto en la placita del Baluarte y que ilustra este artículo. Por cierto, pido a alguno de los jóvenes que frecuentan el lugar respeten ese busto que tanto representa para la historia reciente de Ayamonte, ellos saben por qué lo digo.

28/10/2008 18:24 mojarrafina ;?> Hay 1 comentario.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 24. El barco de las boyas

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Decíamos en otro lugar de este blog que la abundancia de sardinas en  nuestras costas había sido en su tiempo generadora de riqueza, eso sí, mal repartida. La pesca y subsiguiente elaboración de conservas requería una serie de servicios auxiliares. En un puerto de tanta actividad como el de Ayamonte no era de extrañar la existencia de un servicio de vigilancia y conservación del servicio de boyas para facilitar la navegación de nuestros barcos.

En Ayamonte contábamos con este servicio, simbolizado en un barco que por ello fue conocido como el barco de las boyas. Al frente de este servicio estaba don Clemente, que también era profesor del Instituto en los talleres; como patrón o timoner creo recordar a Narciso Sánchez, padre de nuestro amigo Chico, pregonero de nuestra Semana Santa; de maquinista, Prudencio, que era popularmente conocido como Prudencio el de las boyas, y completaba la tripulación Pepe el "Cacholo". Su centro de coordinación estaba situado en la calle de las Flores.

Aprovechando que don Clemente era profesor del Instituto Laboral, un día que se soltó una boya y hubo que ir con el barco hasta Tavira a recogerla, se aprovechó la ocasión para que los alumnos participásemos en una clase práctica de navegación, trabajando con el sextante, el timón, tomando nota de profundidades, etc.

La foto que ilustra este artículo recuerda ese día y en ella aparece un determinado número de alumnos con dos profesores. Para los curiosos les aclaro que dichos alumnos eran: en primer término, Pablo Domínguez, "Perlacias"; en la primera fila y de izquierda a derecha, Pepe Concepción Ribeiro, Jesús Andray, los profesores don Manuel Gago y don Clemente, cerrando la hilera Feliciano Fernández Sousa y detrás de él, Julio Barroso Piris; y en la segunda fila, en el mismo sentido, Paco Palmero, Victoriano Aguilera, Pepe de la Cruz Fernández, Sulpicio Gutiérrez y Trinidad Flores Cruz.

Además de la experiencia del navegar y las prácticas realizadas, hubo otra que vivimos casi todos: marearse en alta mar y soltar por la borda como suele decirse, hasta los higadillos.

26/10/2008 14:56 mojarrafina ;?> Hay 2 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 23. Las Migas

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En cuanto abra el blog el Godovi empezará a creer que vamos a hablar de comida, pero está equivocado, no se trata de ese plato que nos llena tanto y que no debemos ni oler los diabéticos, que además es baratísimo porque se hace con el pan sobrante, estas migas van por otros derroteros.

Aunque hoy proliferan las guarderías infantiles, que por cierto, si son bien llevadas y controladas son muy beneficiosas para las familias, no se trata de un invento reciente, ni mucho menos, lo que ocurre es que antes, ni estaban registradas oficialmente, ni se llamaban así, pero cumplían la misma misión: socializar a los niños y sobre todo tenerlos al cuidado mientras el padre iba a la mar y la madre a la fábrica. A esas antiguas "guarderías", en Ayamonte les dimos el nombre de Migas.

Las Migas normalmente estaban regidas por mujeres ya muy mayores, casi siempre viudas y desde luego y en todo caso, con escaso poder adquisitivo. Se quedaban todo el día con los niños mientras los padres trabajaban, hacían que jugaran unos con otros, y les contaban cuentos de hadas y de espadachines. Los niños solían ir a estas Migas con babis y como eran tiempos difíciles económicamente en ocasiones los bancos donde se sentaban eran de corcho.

No puedo recordar todas las migas, así que les hablaré de aquella en la que estuve hasta entrar en la escuela de los Marinos. Se trataba de la Miga de doña Segunda, que era una señora viuda, muy educada y muy dulce en sus maneras, nos embobaba con los cuentos que nos narraba. Yo le conocí dos ubicaciones, la primera en la calle Hermana Amparo, entonces Calvo Sotelo, haciendo esquina con Lusitania, otrora Capitán Cortés; la segunda, en la calle Felipe Hidalgo a la altura de le embocadura de la calle Cabalga, y ya la tercera en la calle Cruz, en el tramo que queda detrás de las Hermanas de la Cruz. La que más recuerdo es la de la calle Felipe Hidalgo, sobe todo a la hora de los cuentos y cuando iba con Paco el Puchín a comprar los pirulís de caramelo a la Barranca, en casa de una señora que le decían La Viudita. Luego doña Segunda los vendía y así tenía otro pequeño ingreso. Paco el Puchín era un demonio, el más travieso de todos, pero como ahora, ya mayorcito, sabe ganarse a la gente y era el niño preferido de doña Segunda.

¡Qué tiempos aquellos!. Por cierto, me gustaría saber en que Miga estuvieron, si es que estuvieron en alguna, mis amigas Sarima, Locar o el romántico propietario de la "taberna del amor". Ya lo dirán.

24/10/2008 14:54 mojarrafina ;?> Hay 4 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. 22. Los mastros

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Ya os decía en el artículo sobre el Peñón, que en la calle Tarpeya había dos corrales de vecinos, y que en el primero vivía la familia de Juan Rasco Cacega, o sea, Ofito, padre del Ofito el de los colchones y de Mari Bella, la mujer de Clemente Calderón. A la casa se entraba por la calle Buenavista pero tenía salido al corral en cuestión en el que además vivían dos familias numerosas, la de Valenzuela y la de Pepa la Rubia.

Llegada la época estival, cuando la mayor apetencia de la gente era la de disfrutar del fresquito de la noche, existía en Ayamonte la costumbre de organizar una especie de verbena en esos corrales, debidamente adornados, evento que no sé por qué, recibió en nuestro pueblo el nombre de Mastro.

La cosa era muy sencilla. Se adornaba el corral con flores, además de las ya existentes, se colgaban adornos, papelillos de colores y algún que otro farolillo que se había guardado de las Angustias o del Salvador, se montaba una cantina para servir bebidas de todas clases y despacho de chucherías, y  lo más importante, se contrataba a Ortiz el de la acordeón y a Telesforo, y con alguien más que no recuerdo se montaba una orquesta que tocaba y tocaba hasta la madrugada bien avanzada.

Eran veladas cuasifamiliares, a las que asistían las gentes del corral y de las casas de los alrededores, y también de otros curiosos que iban recorriendo los mastros, y naturalmente los que nunca tenían prisas para acostarse y tenían la oportunidad de seguir copeando.

Noches muy agradables, como digo, casi familiares. Pero con el tiempo llegó la televisión, y se acabaron los mastros y el tomar el fresco...y el cine de verano en la plaza de toros, del que hablaremos dentro de poco.

23/10/2008 12:27 mojarrafina ;?> No hay comentarios. Comentar.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Los viejos astilleros

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Dado el gran número de embarcaciones con que contaba nuestra ciudad a mediados del pasado siglo, resultaba necesaria la existencia de varios astilleros para la reparación de las mismas e incluso para la construcción de alguna nueva.

En un reducido espacio podíamos contar nada menos que tres astilleros. El de Miguel Zamudio, en la curva del estero de la Ribera hoy nombrado ese lugar como la rotonda de los Miguelitos; el de Irene, que era más pequeño y se dedicaba a la reparación de embarcaciones menores como canúas, botes y pateras, situado a la mitad del estero, frente por frente a la calle Buenavista, y el Juan del Río, padre de nuesto flamante Arzobispo castrense, situado a orillas del Guadiana, a la altura de la llamada Casa del Salón. Y el cuarto, posiblemente el de mayores prestaciones, venía ubicado a orillas del Guadiana pero ya en San Francisco, era propiedad de los señores Do Carmo -desde aquí un saludo cariñoso para mi compadre Luis do Carmo- y aun perdura. La foto de este artículo corresponde al mismo, como se verá se atendían embarcaciones mayores y el paisaje urbano era infinitamente más hermoso, se podían contemplar desde la gran distancia, sin ningún estorbo que lo impidiera, el viejo Castillo, toda la iglesia del Salvador e igualmente la totalidad de la ermita de San Sebastián.

Con la desaparición de las sardinas de nuestras costas se perdieron no sólo los viejos galeones y las fábricas de conservas, sino también todos los servicios colaterales, entre ellos aquellos viejos y recordados artilleros artesanales. Entonces, era frecuente oir frases como ésta: vamos a llevar el barco al el carro que hace un poco de agua y hay que meterle estopa. Es decir, calafatearlo. Ya eso terminó, los barcos ya no son siquiera de madera y con los nuevos materiales ya no se ven aquel tipo de astilleros, pero ahí están, ahí quedan en el recuerdo de los ayamontinos.

21/10/2008 21:58 mojarrafina ;?> No hay comentarios. Comentar.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. La báscula de la farmacia de Massoni

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Desde principios del siglo pasado hasta principios del presente, la farmacia de la calle Lusitania ha tenido siempre a disposición de la gente una báscula como Dios manda,  de esas a las que hay que ir dando con el dedo hasta que se produce el equilibrio  y nos dá el peso. Estas básculas tienen la ventaja de que te puedes parar un poquito antes y así pensar que pesas menos, sin embargo las diligitales, como son automáticas se paran en el peso exacto, son unas malvadas.

Yo siempre conocí la báscula de la foto en la misma farmacia. Primero, cuando al frente de ella estaba aquel gran hombre que fuera don Antonio Massoni Jesús. Don Antonio, por favor, ¿me quiere usted pesar que yo no entiendo el chisme este?, y don  Antonio, pacientemente, daba la vuelta al mostrador y te pesaba.

Después, la farmacia fue regentada por otro gran hombre, igualmente humanitario como el anterior, don Fernando González Pérez de León. Parece como si el destino no hubiera querido que se rompiera el tracto sucesivo y a un gran hombre sucedió otro gran hombre.

Y hoy la farmacia está dirigida por una de las hijas de don Fernando, Nieves González Morales, que ha mantenido la tradición, afortunadamente, de ofrecernos la vieja báscula. Si todos pensaran como Nieves hoy Ayamonte contaría con un patrimonio sentimental considerable, pero parece que es más fácil desprenderse de las cosas y sustituirlas por las novedosas.

Desde aquí animo a Nieves a que siga con la vieja báscula a ver si nos dura al menos un par de generaciones más.

 

19/10/2008 23:31 mojarrafina ;?> Hay 1 comentario.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. El Instituto Laboral

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Corrían los años cincuenta del pasado siglo y Ayamonte fue inundada de un anuncio muy especial, que la verdad sea dicha resultaba ininteligible para la mayoría de los ciudadanos: la  apertura del Instituto Laboral. ¿Y esto qué es?, se preguntaba la mayoría del personal, y los pocos que lo sabían lo explicaban así: se trata de un  centro para estudiar el bachillerato, así los jóvenes ayamontinos que no puedan ir a Huelva a estudiarlo ni pagarse clases particulares, pueden hacerlo aquí.

La realidad, la cruda realidad, era esa, que los pobres teníamos que conformarnos con terminar todos nuestros estudios en la escuela, mientras que los más pudientes, o iban a Huelva a estudiar, o lo hacían aquí dando clases particulares con los maestros de las escuelas públicas y al terminar el cuso se examinaban en la capital.

Así, el Instituto Laboral vino a ser la puerta que abrió multitud de oportunidades para la juventud de entonces, que después de terminar la enseñanza media podían acceder a la universitaria; y hasta los menos afortunados económicamente contábamos con un título, el de bachillerato, que a la larga nos iba a ser de provecho.

El Instituto Laboral se abrió en el edificio que hoy alberga la sede de Agrupación de Cofradías, sitio bastante incómodo para el estudio, en el que incluso hubo de construirse un aula de madera que precisamente realizamos los alumnos bajo la dirección del profesor de carpintería, el siempre recordado maestro Arturo do Carmo. Todos los profesores, a excepción  del citado, de Justo Gutiérrez para el área de dibujo y el padre Fernando Larraínzar, a la sazón párroco de las Angustias para el de religión, vinieron de fuera, siendo todos ellos profesores titutulados e incluso alguno con la categoría de catedrático.

La gimnasia, que era como entonces se llamaba a la educación física, la practicábamos en el mismo claustro del Instituto, y ya más tardíamente en el campo de fútbol. Entre las peculiariedades de aquella enseñanza destacaban  dos:  una, que el bachillerato duraba cinco años, dado su especialidad, que en las zonas marítimas era la de marítimo-pesquera; otra, que eran de estudio obligatorio dos asignaturas propias del régimen nacional-catolicista existente, las de Religión y la llamada Formación del Espíritu Nacional.

Para terminar, decir que era obligatorio aprender a ayudar a misa, y que todos los días, al comenzar y terminar las clases, se izaba y arriaba bandera al canto del "cara al sol", y a mediodía tenía lugar el rezo del "Angelus". A pesar de todo, no vayan a pensar que aquello era un infierno, nosotros éramos muy jóvenes, casi niños y lejos de molestarnos, hasta nos divertíamos, como cuando teníamos que vestirnos de "flechas", pues no vacilaba nada desfilar por el pueblo ante la atenta mirada de las muchachas.

Bueno, os dejo, que a mí me pasa como al Palmero y al Sulpicio, que en hablando del Instituto me pierdo. Si queréis saber algo más, le podéis preguntar a cualquiera de los chavales de la fotografía que ilustra este artículo cuando la pueda insertar Javi Martín, que ahora está aprovechando la feria de Villarreal para comprarse toallas, mantelerías y juegos de cama para su ya inmnente boda.

14/10/2008 01:50 mojarrafina ;?> Hay 1 comentario.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Las cuadrillas de campanilleros

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Antes que se me olvide y aunque después lo recuerde, un saludo hasta el más allá para mi amigo Maclau, último exponente de las cuadrillas de campanilleros ayamontinas.

Me pide "locar", asídua bloguera, que escriba sobre los villancicos en el Cardenio y en general de aquellos tiempos de cantar villancicos por Navidad. Con mucho gusto, pues además era una cuestión pendiente.

De toda la vida, aunque también las cosas de toda la vida se acaban, en Ayamonte salían las cuadrillas de campanilleros a cantar villancicos por las calles y por las casas. Yo era un asíduo, y lo pasábamos muy bien, sobre todo cuando nos invitaban en las casas y encima echaban el aguinaldo en la zambomba. No llevábamos música, se entiende de guitarra, nos valíamos de la percusión únicamente: botella de anis el mono, pandereta, chiquichís, zambomba, palillos  o castañuelas y  por supuesto el almirez con el que se daba la entrada con tres golpes. Es cierto que se hicieron representaciones y concursos en el Cardenio, pero yo con esto, como con el carnaval, soy más de calle.

Nos gustaba ir a cantar al desaparecido bar Jerez, en el lateral del Paseo, donde tiene mi amigo Paco Abreu la tienda. Allí trabajaba un camarero conocido por Juan Pestaña que nos hacía cantar el siguiente villancico para que su jefe, que era muy agarrao, nos echara alguna moneda, cosa que ni de milagro ocurría: "lhoy traemos una corona contrahecha de laurel, para coronar con ella al hueso del bar Jerez". No vayan a creer que lo de hueso era una ofensa, era el segundo apellido del propietario del bar, José Pavón Hueso, del que un día les contaré una graciosa anécdota.

Las cuadrillas proliferaban, era raro el barrio que no tuviera una y a veces nos encontrábamos en la misma calle y nos cantábamos unos a otros. Despues, todo se fue apagando y resurgió con Maclau, que junto con Roque, el Lena y otros, nos alegraron las Navidades durante los últimos años.

Lo mejor de todo es que había un villacinco ayamontino, como hay una saeta. Siempre se empezaba así: "a esta puerta hemos llegao, señores cantar queremos, que la licencia del Niño en la mano la traemos". Os prometo que un día traeré a esta misma página las letras de villancicos de entonces.

Por último, si alguien tiene una foto de la cuadrilla del Maclau, por favor, que la envíe a mi correo para sustituirla por la que saldrá en este artículo, que por supuesto no es de Ayamonte. Gracias. Mi correo ya lo sabe todo el mundo, pero por si acaso, lo repito: larampladelconsorcio@hotamil.com

11/10/2008 14:48 mojarrafina ;?> Hay 1 comentario.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. El "Chocito" y las palmeras

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Siempre que me he referido a las chozas que existieron en lo alto del Peñón lo he hecho utilizando el término barriada y no asentamiento que es el propio de estos lugares. Y digo esto porque el asentamiento es algo provisional, sin embargo aquellas chozas, hasta que Prudencio Gutiérrez Pallares puso en antena el programa "Hermandad del Ladrillo" y se construyeron las casas del Arrecife, fueron el lugar permanente de las familias más pobres de Ayamonte. Hoy, en aquel lugar, goza merecidamente de su mansión y propiedades adyacentes el pintor Rafael Oliva.

En aquella pobrísima barriada vivía un ayamontino llamado Vicente y conocido popularmente como "el Chocito", que seguramente se debe a que vivía en una choza. Vestía boína en la cabeza y pies en los pies, es decir, iba descalzo, como todos los del lugar. Portaba hambre en abundancia y a pesar de ser un extraordinario trabajador nunca la mataba porque entonces más que paga esta pobre gente recibía limosna. Se la gastaban pronto en la tasca de Elías, en el Zampuzo o en el Centro y en muchas ocasiones andaban mareados o borrachos.

El bueno de Vicente acuñó una costumbre a todas luces pintoresca: hablar con las palmeras de la Laguna o del Paseo, se arrimaba a ellas, las miraba detenidamente, les silbaba y les hablaba, así de sencillo. Y al parecer, aunque lógicamente nadie pudo comprobarlo, las palmeras le contestaban, cuestión esta que se deducía de sus gestos.

El "Chocito" fue el creador de una frase que en los últimos tiempos ha hecho fortuna en los medios de comunicación, decir aquello de "el mundo mundial". Eso ya lo decía Vicente en los años cincuenta del pasado siglo. Como lo de decirle "chalol", como queriendo decir charlot, a todo el que se metía con él. Era amigo del "Aliñao" y del "Borra", pero normalmente se le veía solo, en especial en las noches de verano hablando con sus palmeras.

07/10/2008 14:07 mojarrafina ;?> Hay 1 comentario.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Los viejos galeones

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En atención a la petición formulada por el bloguero "quintrovillegas", me dispongo a tratar el tema de los viejos galeones por tratarse de un asunto eminentemente marinero, inseparable como tal de nuestra vida y de nuestra historia.

La actividad fabril ayamontina de mediados el pasado siglo era extaordinaria. La pesca de la sardina y subsiguiente paso a conserva significaron la actividad principal de Ayamonte, generadora además de otras muchas actividades en el ámibito de los servicios.

La abundancia de sardinas era tal que en Ayamonte llegaron a existir un considerable número de galeones. En mi recuerdo, los nombrados como Ayamonte, Punta Bandera, Rafaelito, Peninsular, Catalina, Magdalena y el que más recuerdo, el España, propiedad de la familia Botello, por haber sido mi padre el patrón de uno de sus acostados, el Duero, pues el otro era el Ebro que era llevado por un primo suyo, Pepe el Bartolina. Yo iba muchas veces a ver la subasta de las sardinas en el viejo embarcadero de los barcos  que hacían la carrera de Villarreal y después iba en el barco hasta la puerta de la fábrica que se había hecho con la captura en la subasta; mi padre me dejaba llevar la caña del timón aunque él no la soltaba, por si acaso.

Aquellos galeones, llamados así en Ayamonte en vez de tarrafas, no eran barcos de carga, sino de pesca, de ahí que se hicieran acompañar de dos acostados que recibían este nombre por ir a ambos costados del galeón. Completaba la flota un pequeño barco, llamado bote, que era utilizado durante la acopejá de la sardina, operación que dirigía un técnico que por ello era llamado patrón de bote.

Terminada la temporada de pesca, los galeones quedaban atracados en el estero de la Ribera, pues entonces aun no se había hecho la dársena, y nos ofrecían esa estampa bellísima e irrepetible de ver como se entraba en el pueblo con los galeones al lado de la carretera. Ya sabemos lo que ocurrió después con el estero, que nunca volvió a ser lo que era.

Nuestra costa fue esquilmada, no por nuestros galeones, que eran pocos, sino por la enorme flota de traiñas con que contaban los portugueses pues ellos podían pescar en nuestras costas y aguas jurisdiccionales pero nosotros no podíamos hacerlo en las suyas.

A pesar de esta gran actividad, eran otros tiempos, no había sindicatos ni nadie que amparara a los marineros y a los trabajadores del muelle y de las fábricas, y la gran riqueza se la repartían unos pocos, como casi siempre.

05/10/2008 23:39 mojarrafina ;?> Hay 3 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. La droguería de Cayetano Ojeda

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Antes de nada, aclarar que Cayetano Ojeda Fernández era el abuelo de nuestros amigos y buenos ayamontinos Tani y Ramón Ojeda.

Tal droguería venía ubicada más o menos a mitad de la calle Huelva en la acera de la izquierda y era la más famosa de la época, tanto por su antigüedad, por las diversas actividades y prestaciones que ofrecía y sobre todo por la personalidad de su titular.

Cayetano Ojeda era un hombre tan de su droguería, que a lo largo de mi vida nunca lo vi fuera de ella, era como si nunca hubiese estado en la calle. Le encantaba trabajar en la trastienda, de tal  manera que para que te despachara tenías que llamarlo a voces. Muchos de los artículos que vendía, como la pólvora, por ejemplo, lo hacía en estuchitos de papel curiosamente doblados que él mismo elaboraba. Todo lo envolvía con curiosidad... y sin prisas.

Llegó un momento en que en el mercado irrumpió el gasoil -que popularmente llamábamos petróleo- que venía a sustuit al viejo carbón. Servía tanto para cocinar como para alumbrar los hogares mediante quinqués e infiernillos. Era característico observar las grandes colas que se formaban en la fachada de la droguería con las señorar portando latas vacías de otros productos y damajuanas para abastecerse del nuevo, económico y efectivo producto. En Cádiz sacó nuestro paisano Antonio Villegas aquella letra que decía: "hay mocitas que no se conforman a casarse con cuatro trapitos, ahora quieren el colchón flex, lavadora y el infiernillo".

Termino con una anécdota o quizás un chiste que se contaba como anécdota. Un día entró un  aficionado a la pesca en la droguería a comprar unas plomadas en forma de huevo, y se equivó al pedirlas, llamó al tendero y cuando lo vio venir con sus cansinos andares, le dijo así. ¿tiene usted huevos de plomada?. Y el bueno de Cayetano Ojeda le contestó: no, hijo mío, yo lo que tengo son muchos años y un poquito de reuma. Un abrazo a Tani y a Ramón.

02/10/2008 15:05 mojarrafina ;?> No hay comentarios. Comentar.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Los cristobitas

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En estos tiempos subir la calle Cuesta de San Diego resulta costoso por lo empinada, pero es un placer ver las viviendas que la adordan. Antaño, esas viviendas eran escasas y su categoría urbanística mínima: eran chozas. En una de esas chozas vivía un señor llamado Juan y era latero, salía a la calle con su hornillo de carbón y su soldador manual arreglando ,soldando los agujeros y rajas de los cacharros de cocina. Pasados muchos años consiguió emplearse en la ONCE y su vida mejoró considerablemente. Era un hombre extraordinariamente educado, eso sí, poco conversador y serio en demasía.

Pero su vida no destacó por lo dicho, sino por una actividad que practicó toda su vida, incluso cuando esta era cómoda. En cartones  de cajas de zapatos pintaba la silueta de un señor vestido a rayas horizontales, cual antiguo presidiario, la recortaba y con un simple mecanismo, una tabla y una cuerdecita, tirando de ella, lo hacía subir y bajar. A ese muñeco le llamaba cristobita y todos terminamos llamándolo así. Y es que en realidad la palabra cristobita es sinónimo de marioneta y guiñol, sólo que el cristobita de señó Juan el latero era rústico, modesto, pero a los niños de entonces nos servía para jugar.

Ahora nuestras fiestas patronales son espectaculares pero antiguamente cualquier cosa llamaba la atención. Una de ellas era la de ver a seño Juan el latero vendiendo sus cristobitas por el real de la feria haciendo bajar y subir el muñeco a lo largo de una tablilla.

30/09/2008 00:49 mojarrafina ;?> No hay comentarios. Comentar.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Los lateros

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Mucho ha llovido, a pesar de los largos y angustiosos años de sequía, desde que en Ayamonte se dejó de oir un clásico pregón que llegó a formar parte de nuestro cotidiano vivir.

Las voces del aguaó, el cuponero, el piñonero, el pescaero, nos acompañaban a diario. Y entre estos pregones, uno especialmente dirigido a las mujeres, que eran las que estaban en casa y manejaban los utensilios de cocina: ¡niña, el lateroooo!. En nuestros días no hace falta que un cacharro de cocina se rompa, se raje, se agujeree, para tirarlo, basta un leve deterioro para que lo cambiemos por otro nuevo. Pero antiguamente no era así, la penuria económica hacía que aquellos viejos cacharros de cocina se aprovecharan al máximo, y cuando uno de ellos sufría una picadura, la señora se asomaba a la puerta de su casa a la espera de oir aquel pregón: niña, el latero.

Se trataba de un profesional que portaba una especie de hornilla de carbón, donde calentaba el soldador y después restañaba el agujero, la picadura, la raja, en definitiva, hacía que el cacharro pudiera volver a usarse.

En mi memoria, dos lateros muy recordados. Uno, señó Juan, aquel señor que fabricaba y vendía los famosos cristobitas y vivía en la Cuesta de San Diego en las chozas allí existentes; y el otro, el archiconocido y simpático "Arzapepa", que lo mismo soldaba por la mañana que trabajaba de camarero por las tardes, o aprovechando una velá o un mastro.

28/09/2008 10:51 mojarrafina ;?> No hay comentarios. Comentar.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Los paseos hasta el matadero

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Es cierto que cada época se distingue según las costumbres de sus contemporáneos y que estas cambian con el paso del tiempo, dejando una huella que a veces es agradable recordar.

Una de las costumbres más arraigadas entre la juventud ayamontina de mediados el pasado siglo era la de pasear y tomar el sol los domingos después de comer a lo largo de la cuneta de la carretera y de esta misma por la escasez de tráfico y con un final predeterminado: el viejo matadero municipal.

Durante el paseo, tomando el sol, usos y maneras invariables, como comer piñones, de tal guisa que todo el mundo poseía y portaba una pequeña navaja para abrirlos; y una parada obligada en la huerta primera, la de "Tintín", para arrancar los tronchos de coles que habían quedado en la tierra, pelarlos y degustarlos, cuestión esta que ahora puede extrañar, pero en esos tiempos los estómagos no andaban muy airosos y todo venía bien. Ya en el viejo matadero, unas hermosas y generosas moreras facilitaban la continuación de la merienda.

El regreso se producía cuando empezaba a aparecer el relente, y como quiera que algún que otro noviazgo se fraguó en dichos paseos, algunas parejas venían más lentas. Lógico.

En el viejo matadero vinieron a construir un auditorio, no se por qué, porque al final ha quedado en restaurante. El Ayuntamiento se escudó en que el viento daba en las palmeras y no se oía bien la música, y por eso se lo entregó a la familia que lo regenta, y no quiero seguir con el asunto, que me pone ciertamente nervioso. Hoy, ni matadero, ni auditorio, eso sí, un gran negocio que no se por qué procedimiento se adjudicó. En fin, dejemoslo aquí, y si alguien sabe algo más que entre en el blog y ponga un comentario, que será bien venido. Además, esta no es la página del mojarreo, sino de la nostalgia.

24/09/2008 02:14 mojarrafina ;?> Hay 4 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. La vieja consulta de don Jesús Rasco Gamero

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Ante todo aclarar que nos estamos refiriendo a la consulta que don Jesús Rasco pasaba en las viejas instalaciones del antiguo Hospital de la Caridad, sito en calle Ainé Carbonell, en su calidad de "médico del seguro", como se decía antes.

Don Jesús Rasco fue hasta el mismo momento de su jubilación el médico de cabecera de mi familia, así que de aquella vieja consulta guardo imágenes imborrables.

Se entraba a ella por una puerta distinta de la principal del hospital, un poco más arriba. Dicha puerta daba a una pequeña sala de espera. Ya dentro, a la izquierda, había otra puerta que comunicaba con una habitación sótano a la que se accedía bajando unos escalones y en la que se encontraba instalado un aparato de rayos X, que para la época era todo un lujo. Otra puerta más situada a la derecha de este sótano comunicaba con la que era propiamente la consulta de don Jesús.

Pero no crean que se ha acabado esto de las puertas. La habitación-consulta daba a un patio y el patio a una casa de vecinos que mostraba su fachada a la entonces calle Capitán Cortés.

Para acceder a la consulta de don Jesús no hacía falta sacar número, simplemente se pedía la vez, y el propio doctor, con voz potente, decía: "pase el siguiente". Pero a mitad de la mañana esa voz dejaba de oirse aunque nadie sabía por qué, sólo los que ya conocían el asunto. Don Jesús, sencillamente había salido a tomar el tentempié de media mañana; pero no lo hacía por la puerta principal, sino por el patio y la casa de vecinos.

No se si lo mandaban las normas o el gran sentido de responsabilidad que presidió siempre la vida profesional del doctor Rasco, pero es lo cierto que esta consulta la pasaba también por las tardes. Además, sacaba tiempo para las visitas domiciliarias. El viejo muro de Canela fue testigo silencioso de sus idas y venidas a la isla.

Profesional como la copa de un pino, hoy nos queda el recuerdo nostálgio de su personalidad, su intachable conducta, su hombría de bien, sus cansinos andares, su inseparable chaqueta blanca y su sombrero de paja y ....de sus famosos desayunos a mitad de la consulta.

Para terminar, decir que la ilustración de esta página será la de un dibujo a pluma de la artista local Virginia Saldaña, que me concedió el privilegio de ilustrar algunos de mis libros.

18/09/2008 14:24 mojarrafina ;?> No hay comentarios. Comentar.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Casa Reyes (la tienda de Jesusa)

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Traigo a colación los dos nombres con que era conocida esta desaparecida tienda ayamontina. Uno, Casa Reyes, responde sencillamente a nombre comercial, se trata del primer apellido de su propietario; el otro, la "la tienda de Jesusa", responde a su nombre real, a como era conocido el establecimiento,y era el nombre de la esposa del sr. Reyes. Normalmente nadie decía que iba a comprar un rosario a Casa Reyes, sino que decía, "voy a comprar un rosario anca Jesusa".

Ignoro si en alguna ocasión el sr. Reyes realizó obras en la tienda, al menos durante el tiempo que yo la conocí, es decir, desde mi niñez hasta que la tienda desapareció puedo decir que no. Yo al menos la recuerdo siempre igual, con su viejo mostrador de madera y tapas de cristal a través de los cuales podíamos ver la bisutería, los rosarios, los escapularios, las medallas, los crucifijos, los calabrotes y también alguna que otra cartera de piel, monederos y bolsos. Y su inolvidable y crujiente suelo de madera. Complementaba la oferta comercial una diversidad de artículos de regalo y la clásifica perfumería. Y una curiosidad: se anunciaba como vendedora exclusiva de vistas panorámicas, es decir, lo que popularmente era conocido por postales, que dicho de paso, ahora se ponen de moda y todos presumimos de tener postales antiguas de Ayamonte.

Al frente de la tienda, una mujer agradable y extremadamente educada: Jesusa, mujer muy religiosa, de ahí que la especialidad de la casa fuesen los artículos religiosos, como estampas de santos, incluso de los más desconocidos; libros de primera comunión, misales y hasta los velos con los que las mujeres venían obligadas a entrar en las iglesias.

Sentada siempre a la puerta de la tienda, cual si formara parte inseparable de su decorado, era de ver una señorita rubia, de tez blanca, sobrina de los dueños. Era la "eterna novia de Juan Luis Muñoz Estevez", aunque nunca llegaron al casorio.

Tiendas como la de Jesusa se recuerdan siempre porque un día cualquiera, ordenando un cajón de nuestra vieja mesita de noche, nos encontramos con algo que nunca quisimos tirar, como un viejo escapulario o una fina cadena de la que pende un crucifijo, todo metido en una pequeña cajita con una etiqueta pegada que reza así: Casa Reyes. Y entonces, nos parece oir de nuevo el crujir del viejo suelo de madera de aquella tienda de la calle Real.

16/09/2008 09:46 mojarrafina ;?> Hay 17 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Viejas y perdidas estampas de nuestra Semana Santa

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Nuestra Semana Santa, en su aspecto cofradiero o procesional, como cualquier otra actividad cultural, ha sufrido a lo largo de los años innumerables transformaciones, que vamos a tratar de resumir en este artículo.

El paso del Descendimiento de la cruz era bien distinto del actual. Aquel viejo paso era conocido como el de "los santos varones", que aparecían inclinados sobre los brazos de la cruz. Al pie de ésta, las piadosas mujeres expectantes con el sudario preparado, precisamente una de estas imágenes procesiona hoy en el paso del Señor de la Mulita representado a una mujer del pueblo hebreo.

La hermandad de la Soledad contaba con un  cuarto paso que desfilaba detrás del crucificado de la Vera Cruz y antes del Santo Entierro. Este paso representaba el triunfo de la cruz sobre la muerte, llevaba una calavera y un gallo y sobre el travesaño de la cruz pendían las vestiduras del crucificado, por ello era popularmente conocido como "el paso de la rompa tendida".

El paso de Jesús Caído, que posteriormente sirvió para el Señor de la Mulita y hoy constituye el altar de culto de esta imagen en la capilla de la hermandad, destacaba por el gran número de espejos de su canastilla.

La hermandad de Ex-combatientes contaba con el tercer paso, que en realidad era el primero en el desfile y el que daba título a la cofradía: el Cristo de la Victoria, conocido popularmente por "el Beso de Judas". Por razones obvias, al ser de escayola y no reunir condiciones ni garantías, fue retirado del desfile procesional, pero aun en nuestros días se le echa de menos.

Una de las estampas más recordadas de aquella antigua Semana Santa, era el desfile en solitario del Cristo de la Buena Muerte -el siempre querido "Señor sin tripas"- desde el templo de la Merced, sin acompañamiento musical. Se le cantaba el perdón a medida que avanzaba por el interior del templo buscando la salida y el cortejo de penitentes portaba cirios con velas rizadas que alumbraban mediante una pila.

Padre Jesús es la cofradía que de más tradiciones se ha desprendido: la colecta que hacía el bueno de "Colijo", llamada "votitos de Padre Jesús"; los huevos cocidos y teñidos con una anilina morada; las bocinas; las insignias en general, bandera, estandarte, etc. y la matraca que últimamente se ha recuperado. Eso sí, las carreras espectaculares e innecesarias perduran desgraciadamente, lo demás se puede eliminar tranquilamente. Y eso que es la "cofradía del pueblo", que si fuera de unos pocos no quiero ni pensar qué pasaría.

En fin, fueron otros tiempos que permanecen en la nostalqgia de quienes los vivimos.

11/09/2008 21:33 mojarrafina ;?> Hay 1 comentario.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Las Angustias, del hambre al buen yantar

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Siglo XX. Mediados de siglo. En España ha finalizado la peor de las desgracias que pueda recaer sobre un pueblo: una guerra civil. Las consecuencias de las guerras civiles siempre son las mismas: hambre, miseria, analfabetismo...

En esos tiempos las fiestas de las Agustias se celebraban en los aledaños del Paseo. Unos cuantos cacharritos, pocas y modestas casetas; la municipal para los pudientes; la verbena popular para los pobres... y los bolsillos casi vacíos. Vueltas y vueltas, y en un momento determinado una copa de vino y una tapa en "La Raspa" o en cualquier otro ventorrillo, y antes de volver a casa, café con jeringos. No había para más.

Siglo XXI. Principios del siglo. En España, gracias a Dios, ni hay guerras, ni hambre, ni analfabetismo en cantidades a tener en cuenta. Los bolsillos vienen presentables. Un gran recinto ferial, nuevo, ad hoc, para deleite de todos, sin distinciones. Menos vueltas, menos paseos por el real, más cacharritos, enormemente caros...y las casetas, todas abiertas, todas de todos, como debe ser. Y a comer, que a eso hemos venido.

Y no es que yo vea mal que a la feria se vaya a comer, lo que observo, desde la distancia, porque por las razones que ustedes conocen yo no voy, es que el yantar se ha convertido en el leimotiv de las fiestas, todo lo demás es accesorio, secundario. Hay bienestar y se nota. Y yo me alegro.

Atención a todos, pasaron a la historia las antiguas Angustias, las del hambre; ya tenemos aquí las nuevas, las del buen yantar. La corneta ha sido limpiada, brilla como el sol, pronto, muy pronto de ella saldrán unas notas que llaman a la mesa. Atención ayamontinos, van a tocar fajina.

02/09/2008 21:37 mojarrafina ;?> No hay comentarios. Comentar.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. El retablo de la capilla del cementerio

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Para aquellos visitantes del blog que no lo conocieron, la fotografía que ilustra este artículo es la del retablo existente en la antigua capilla del cementerio.

Con ese afán de engrandecerlo todo, como si fuese cierto eso de caballo grande ande o no ande, la antigua y recoleta capilla del cementerio fue enviada al ostracismo y en su lugar se construyó otra, destartalada, con pasillo central transversal de correveidile incluído, muchos bancos y en el lugar que ocupaba el retablo, unas cortinas rojas a modo de teatro más que de cementerio, y el crucificado adosado a una hornacina entre las cortinas.

Según he sabido, el retablo quedó abandonado en uno de los almacenes municipales del polígono industrial, de esos de donde salen las carrozas del carnaval. Seguramente el sabio informador de turno, que al parecer siempre es el mismo, decidió que tal retablo carecía de valor artístico e histórico, y a modo de lo que hizo un párroco de las Angustias con los púlpitos, pensó que estaba mejor en un almacén para que no se diga que se tiró a un vacie.

Me van a perdonar la ironía, pero se me ocurre que el bonito retablo, después de la remodelación de la capilla, duerme el sueño eterno, no en el cementerio, que sería su sitio, sino en un almacén municipal junto a las carrozas del carnaval. Cosas de la vida... y de nuestro querido Ayamonte y sus iluminados hijos.

02/09/2008 12:21 mojarrafina ;?> Hay 2 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. La tienda de los Pallares

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Antes de nada, aclarar que el presente título no es más que una abstracción popular de las distintas denominaciones comerciales con que sucesivamente venía anunciándose esta popular tienda comestibles: Calixto Pérez Toresano, Viuda de Calixto Pérez Toresano, Hijo de Calixto Pérez Toresano, y el genérico más conocido de Antigua Casa Pallares.

Venía situada en la calle 29 de julio, después de Prudenio Gutiérrez Pallares. Su principal característica es que simultaneaba la venta al por mayor y menor, es decir, atendía compras de particulares y abastecía a otras tiendas de comestibles.

Su especialidad eran los cereales, harinas y legumbres, y se anunciaba como distribuidor exclusivo de las acreditadas tortas de aceite "Inés Rosales", un producto que perdura y parece vencer al tiempo.

Al frente de la tienda siempre conocí a los hermanos Pérez Pallares, Prudencio y Calixto, el primero siempre detrás de la vieja y artística caja registradora, y el segundo tras el mostrador en tareas de despacho. Prudencio era algo serio aunque con gran sentido del humor en ocasiones; Calixto era conversador y muy amable.

A veces ayudaban en la tienda los hijos de Prudenio, José María y Calixto Pérez Martín, uno de los grandes e inolvidable cofrade de nuestra Semana Santa, y en ocasiones también la buena de Matilde, hermana de ambos, echaba una mano. Dependientes fijos, de largos años de servicio, Manolo Martín y el popular Luis "el Junquero", cuñado de nuestro amigo Cortada.

Se trataba de unas dependencias algo estartaladas. La zona comercial estaba abajo y existía un primer piso que funcionaba a modo de almacén; detrás había un patio que daba acceso a otras dependencias, que se comunicaban con la entonces calle Capitán Cortés, hoy Lusitania.

La tienda de los Pallares, multiplicaba sus ventas llegadas las fechas navideñas, aunque en ventas pequeñas dado el escaso poder adquisitivo propio de la época. Recuerdo que mi madre solía comprar medio kilo de polvorones, medio litro de anís o aguardiente de garrafa, y un par de kilos de harina para hacer en casa los pestiños que se guardaban en un lebrillo de barro.

Hoy los descendientes de tan populares comerciantes del yantar nos ofrecen el buen talante y modos de sus antepasados, al menos yo con ellos me llevo de maravillas, y nos une mucho el mundillo semanasentero.

29/08/2008 21:18 mojarrafina ;?> Hay 5 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. El inolvidable entierro de don Antonio Massoni Jesús

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Nos encontramos de lleno en la Primavera de 1958, concretamente es el 9 de mayo. Como por ensueño, parece que la vida misma se hubiese parado. Nadie osa sintonizar una emisora de radio que emita música; la mayoría de los barcos han dejado de salir a la mar y permanecen amarrados a puerto; el Guadiana se ha quedado quieto sin que tal quietud coincida con la bajamar ni con la pleamar, es una quietud buscada para no quebrar el impresionante silencio reinante; los corazones de los ayamontinos laten má rápido de lo normal, es un latido de congoja, de desazón, de desconsuelo, el latido que pregona el gran trauma que origina una pédida irreparable. Todo resulta imposible para calmar el dolor de un pueblo que oye doblar a difuntos de una forma especial, como nunca había oído antes y como nunca volvería a oir.

Un ser humano puede ser querido por muchos, o por casi todos, pero no es normal que lo sea por todos. Aquel inolvidable día un ayamontino, a la manera del Cid, ganó con su muerte una batalla especial: conseguir que todos los que le conocieron y trataron le llorasen. Siempre la fraternidad presente en su vida, fraternidad que alcanzaba su cénit cuando se trataba de ayudar a los necesitados: "paga primero en la tienda y cuando puedas pasas por aquí, que a mí no me corre prisa", era quizás su frase más repetidas, que a veces iba acompañada del gesto de dejar debajo de la receta un billete de dos pesetas para que aquel pobre pudiese comprar algo para comer ese día.

Su entierro fue una apoteosis de lo plebeyo. Cuando el féretro alcanzaba la cota del Arrecife, y más aun, cuando los primeros dolientes regresaban del camposanto aun seguían subiendo gentes por la calle Felipe Hidalgo. Ni los más viejos del lugar recordaban semejante manifestación popular. Era una masa humana abigarrada, todos cabían en su hetereogéneo contenido: viejos y jóvenes; adocenados y atildados de pacotilla; hombres mayores con traje y corbata; marineros de azul marino de pañería Rogado, con gorras y boínas en las manos; campesinos vestidos de pana; pintores de brocha gorda; mecánicos y carpinteros; chóferes y ayudantes; bancarios y mendigos; niños güilis de pelo engominado con fijador de droguería el Canario; rondines y contrabandistas; herradores, barberos, camareros; ateos y creyentes; piñoneros y caleros; mordicantes silenciosos y mojarrillas reprimidos; prestamistas y diteros; rifadores sin rifar y loteros sin billetes; comerciantes de lo clásico y chamarilleros de ocasión; niños correteando arriba y abajo... y mujeres a las puertas, con delantales y rulos, y monjiles rosario en mano reflejando en sus rostros una pena húmeda y un hipo contenido en sus acelerados corazones.

Todo parecía una pesadilla hasta que el último responso volvió a la ingente masa a la realidad. Aquel 9 de mayo de 1958, Ayamonte entero acompañó en su último viaje a quien con toda seguridad ha sido el ayamontino más querido y recordado, el predilecto de sus hijos: el farmacéutico don Antonio Massoni Jesús.

IN MEMORIAN

 

La ciudad fronteriza ayamontina, pasa en estos momentos por el trance dolorosísimo de ver desaparecer para siempre a uno de sus hijos predilectos, al genuino representante de la caballerosidad, al ejemplo sublime del padre de familia, al fiel y querido esposo que anteponía su hogar a todo cuanto en la vida pudiera atraerle, al “paño” de lágrimas de todos, pues las benditas puertas de su Farmacia, jamás en la vida se cerraron para nadie; al consejero sensato, que en todo momento reflejaba sus vastos conocimientos de su digna profesión, extendiendo su campo de acción a la realización de análisis clínicos; al hombre que siempre y a todas horas estaba dispuesto al cumplimiento de su deber, fuera y dentro de su Farmacia y para el que la llamada telefónica a deshoras de la noche, no le incumbía ningún contratiempo; al deportista  a quien Ayamonte debe el reciente prestigio y auge del fútbol ayamontino, al que consagró muchas horas de intenso estudio y hasta gastos excesivos de su peculio particular; al hombre que todo era amabilidad, educación, corrección y simpatías.  En una palabra, Ayamonte ha perdido al hijo más querido en todo el ámbito social, al verdadero Hijo Predilecto de Ayamonte, al gran caballero DON ANTONIO MASSONI JESÚS, a quién Ayamonte entero llora en estos momentos, rindiendo fiel tributo de leal amistad, cariño y gratitud, con sus puras y sentidas lágrimas, al que todos le debemos mucho y bueno.  La gratitud perenne del pueblo que le vió nacer, quedaría bien reflejada y con suficientes méritos para ello, si una de sus calles se viese honrada con el nombre de tan bienhechor hijo.

 

        La muerte con su repugnante guadaña y sus temibles ataques de sorpresa, con la faz horripilante de su esfinge macabra, ayer sorprendió inesperadamente al buenísimo de DON ANTONIO y cuando las fatídicas manecillas del reloj marcaban las seis y veinte minutos de la tarde, segó esa preciosa vida del más modesto, más caballero, más querido y más caritativo de todos los ayamontinos.  La noticia  como la pólvora, corrió por todos los ámbitos de la ciudad, lanzándose el vecindario a la calle, comentando tan sensible e irreparable pérdida.

 

       Los hogares, la vía pública, el café, el bar, los lugares de trabajo, los hombres y mujeres, el joven y el anciano, fueron verdaderos focos de comentarios dolorosos por la pérdida de un ser tan querido, poniendo colofón emocionante a éste profundo pesar, los niños, esas almas angelicales que son los verdaderos heraldos que justifican la bondad de un ser.   A esas almas angelicales é infantiles, también habían llegado las fragancias dulcísimos de las excelentes cualidades y virtudes que adornaban al tan querido, popular y bendecido DON ANTONIO.

 

 

                      Yo en mi escuela, he comprobado en la mañana de hoy, ese sentido y verdadero dolor de los niños, y tanto me han emocionado, que las lágrimas han asomado a mis ojos, a impulsos de los que, al igual que Jesús, eran su predilección.

 

                      Cuantas y cuantas veces he sido testigo de ése cariño suyo hacia los pequeños, viendo como los cogia por el brazo y los entraba gratis en el campo de fútbol; cuantas y cuantas veces, en plena calle o en el extrarradio de la ciudad, há frenado sus acelerados pasos, para contemplarlos jugando al fútbol, cuantas y cuantas veces ha contenido a los porteros y servidores del club, para evitar la expulsión de algún chaval que ha “pagado gratis su entrada”, saltando las tapias del estadio….

 

                     Ha sido el pobre, el necesitado, el que ha acudido infinidad de veces bien  a la Farmacia o a su domicilio particular, con ansias locas y hasta desesperante, para que le solucionase sus problemas medicinales, amparándose en la bondad y la caridad extremas del santo DON ANTONIO; ha sido la madre o el padre del niño, quien ha acudido múltiples veces para solicitarle un consejo, un remedio, a la enfermedad del hijito…  há sido el empleado, el comerciante, el industrial, el rico, quienes en contables momentos también ha encaminado sus pasos a la FARMACIA DE MASSONI, ávidos de un remedio orientador del curso de una enfermedad o el resultado de un análisis.  Para él no había distinción de clases ni período de jornada de trabajo. Era afable con todos, y jamás la pereza y la desidia reinó en su corazón, ya que tenía un concepto elevadísimo del cumplimiento del deber, excediéndose en ellos, hasta el extremo de que repito  que todos le debemos gratitud.

 

                  El nicho, mi queridísimo amigo, recogerá tu cuerpo, cesando allí para siempre ese dinamismo que tanto te ha caracterizado. Pero tu alma, saturada de obras caritativas y de pureza de acción, estoy seguro de que en estos momentos estará gozando de la bienaventuranza eterna, pues la santidad tiene diversas manifestaciones y son también varios y diversos los senderos para alcanzarla.  El elegido por tí ha sido sublime y el que más embellece a un alma, cuando en ella anida, como águila imperial, ésa hermosa virtud de la caridad. Nuestras lágrimas, brotarán de los ojos, como tributo perenne al siempre llorado amigo, que un fatídico 8 de mayo arrancó para siempre de nuestro lado, aún cuando espiritualmente siempre viva en cuantos te trataron y conocieron.

 

                 Que los cinco sentidos besos que anoche deposité en tu ya fría frente, sean cinco ofrendas que en el holocausto momento de tu rápido fallecimiento he querido ofrendarte: oración, recuerdo perenne, gratitud reconocida, afecto entrañable y pesar de no haber poseído como tú, las ajemplarísimas y valiosas virtudes que en vida siempre te adornaron.

 

                      

                          Ayamonte, 9 de mayo de 1958 

 

                                                                       Arturo Puntas Vela

19/08/2008 00:59 mojarrafina ;?> Hay 2 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Las fiestas de San Antonio

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Las fiestas tradicionales que Ayamonte celebra cada año y con carácter secular son la de las Angustias y el Salvador, esta última más feria que fiesta en sus orígenes. A ellas hay que añadir la de las dos barriadas marineras, la del Carmen en Canela, en auge durante los últimos años, y la de San Antonio en Punta del Moral, siempre atractiva y multitudinaria. Hubo intentos que terminaron frustrados, como una velada en Santa Cruz y la recordada Fiesta del Merengue, que duró unos años pero terminó desapareciendo.

Cuando un ayamontino llamado José Mora Carnacea aunció su proyecto de organizar una fiesta en honor de San Antonio en la calle del propio nombre, a todos nos cogió de sorpresa. Pero Pepito Mora, el de las gambas, puso proa a su proyecto y con la ayuda de algunos fieles amigos, organizó el primer festejo. Pero cometió un grave error, aunque la verdad es que lo sucedido era totalmente imprevisible. Situó la fiesta en un tramo de la calle Felipe Hidalgo, el que va de San Antonio a Realidad, muy estrecho. El nunca pensó que aquel primer año su modesta fiesta viniera en multitudinaria, y un desagradable suceso hizo que no la volviera a ubicar en el mismo lugar, sino en todo lo alto de la calle San Antonio, cuando termina la cuesta, en el cruce con la calle Carmen, lo que le proporcionaba un espacio considerablemente ancho y grande, contanto además con toda la explanada del Arrecife, donde hoy figuran las calles el Telar y Betis para los cacharritos.

Farolillos, atracciones para los niños, alumbrado, fuegos artificiales, en fin, todos los ingredientes de una fiesta. Sin faltar por supuesto la eterna verbena popular para lo que instaló un amplio escenario en la calle del Carmen para la orquesta. Bebidas, todas, pero destacaba una en particular, muy ayamontina: el ponche que servía Chamorro y su esposa Josefa.

A altas horas de la madrugada, aprovechando un descanso de la orquesta, subía al escenario un personaje indescriptible. Le conocíamos por Laíño, que fue durante muchos años nuestro sepulturero. Laiño era un filósofo frustrado, aunque él no lo creía así, y allá que nos ofrecía sus disertaciones filosóficas en lo alto del escenario. El primer año no fue más que una anecdota aislada de un hombre con unas copas de más, pero pasaron los años y el número del bueno del Laiño se convirtió en un clásico. No recuerdo ahora si llegó a incluirse en el programa, se lo preguntaré a Franquito el pintor, pues el padre era el principal colaborador de Pepito Mora, que terminó su vida en la residencia Lerdo de Tejada, en paz y viendo cumplido su sueño de convertir su calle, la calle San Antonio, en un lugar festivo.

14/08/2008 11:02 mojarrafina ;?> No hay comentarios. Comentar.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Viaje en el tiempo al Ayamonte romántico de mediados del siglo XX

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La avenida de Andalucía ha vuelto a llamarse del Generalísimo; el paseo de la Ribera, de Queipo de Llano; la plaza de La Laguna, plaza de José Antonio; la calle Buenavista, del General Yagüe…

Desde la curva del astillero de Zamudio, dejando atrás la “casa colorá”, circula despacio un taxi negro y cúbico; en sentido contrario, un volquete tirado por una mula rumbo a una pedrera.

Han abierto sus puertas las tabernas del  Lana y el Adoquín; el bar la Gasolinera, el de la Cepa, el Túnez, y cerrando el íter del vino de la avenida, el viejo Rancho Grande.

Antonio Campos y los hermanos Castelo abren sus barberías y preparan los utensilios del oficio a la espera del primer cliente.

En el estero, los galeones aparecen anclados junto a sus acostaos y un buen número de canúas de las que se dedican a la pesca del mechillón.

A las nueve de la mañana Paco el Lanchero ha cruzado ya varias veces el estero de la Ribera, y a esa misma hora, con puntualidad castrense, abren sus puertas las tiendas de Rafalito Aguilera, Salvador Morlera, La Giralda de Sanchito, la Caldera de los Pallares, Enrique el Locero, el Buen Gusto, Casa Fernández…

La plaza de abastos ha vuelto cargada de romanticismo, abierta y luminosa y ya trabajan frenéticamente en sus puestos caraniceros,  pescaeros, cafeteros…y Angel E`sury  siente sus pinceles llamar a rebato para dejara plasmado en un lienzo todo el encanto contenido en el entorno

El paisaje urbano es pobre, pero bello y romántico. Aun no ha sido flagelado por el desmadre urbanístico y desde cualquier punto se pueden contemplar alrededores atractivos. Desde casi todos los lugares se ve el río, el castillo y las torres y espadañas de las iglesias.

Desde la estribación norte del Muelle de Poniente la vista del barrio de La Villa resulta paradisíaca. La vieja torre de la iglesia del Salvador, otra vez de piedra ocre y erosionada por los vientos, se da la mano con la amurallada del Castillo en ruinas, mientras por la ladera hasta San Francisco se ofrece sembrada de casitas bajas de tejados musgosos y fachadas encaladas.

La torre de la iglesia de las Angustias luce libre y esplendorosa, erguida y solitaria, apoyándose en un baluarte de piedra que ya no espera desembarcos de piratas, aunque los más románticos afirman que sus viejas piedras conservan cierto olor a pólvora y que en las noches silenciosas y en calma se pueden oir ruidos de sables y espadas… Tiempos pasados que no volverán pero quedan en el recuerdo.

01/08/2008 18:15 mojarrafina ;?> Hay 5 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO: EL POZO DE LOS ALMENDROS.

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Entre las barbaridades expoliatorias llevadas a cabo en nuestra ciudad, una que pasó casi desapercibida quizás porque nos íbamos acostumbrándo a estas atrocidades, fue la del querido y añorado Pozo de los Almendros.

Como veréis en la fotografía que ilustra el artículo y que he conseguido gracias a la generosidad y estupendo trabajo de Javier Carnacea Contreras (la fotografía aparecerá cuando la incluya mi dilecto ayudante Javier Martín pues yo no se hacerlo) el pozo estaba situado en los bajos de la para mí la calle más hermosa, más bonita de Ayamonte: Santa Clara, más conocida por nosotros como Gran Vía.

El pozo era igual que el que todavía se conserva en la Villa, calle Galdames, de brocal de piedra hendido por el roce de las cuerdas durante largos años.

Pero un día, una mente prodigiosa para la destrucción mandó quitarlo de enmedio para primero poner en su lugar la conocida estatua de "Los Miguelitos", que dicho de paso ha sufrido más movimientos en el tiempo que la compresa de una coja. Más tarde, la dicha estatua fue adosada a la pared derecha de la calle y al final el lugar del pozo quedó para nada o para que aparcaran tres o cuatro coches.

Por último, otra mente prodigiosa, esta especialista en enderezar entuertos al revés, es decir, dejando las cosas aun peor de lo que estaban, mandó colocar junto a la estatua de "Los Miguelitos" un paripé de pozo, como los de los nacimientos pero un poco más grande. Seguro que los dueños de ambas mentes han dormido tranquilos desde entonces y encima esperando les estemos agradecidos.

Pero ahí queda, para el recuerdo y para la pequeña historia de los que nos consideramos ayamontinos de corazón, esta triste historia y la magnífica foto que me facilita Carnacea -a quien me gustaría conocer personalmente- y la esperanza, una vez más, de que estas cosas no vuelvan a ocurrir. Hasta la próxima. Por cierto, ¿sabéis a que se debe el nombre de "Los Miguelitos" referido a la famosa estatua?.

25/07/2008 18:37 mojarrafina ;?> Hay 7 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. HOY: EL CASTILLO

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El año 1996 publiqué en Gaceta de Ayamonte un romance en que contaba el expolio que Fraga Iribarne siendo Ministro de Turismo hizo a nuestro viejo y querido Castillo. Hoy lo reproduzco para mis lectores del blog. Espero os guste y a los jóvenes que os sirva para amar más todavía a Ayamonte y velar por sus cosas para que otras como ésta no vuelvan a pasar. Ya sabemos que la palabra castillo es nombre común, pero el nuestro, por el daño que le hicieron y nos hicieron a los ayamontinos, bien merece escribirlo con mayúsculas.

Allá va el romance:

Desafiando a los tiempos, alturas y vendavales, tuvo Ayamonte un Castillo, no se si romano o árabe, cartaginés o fenicio o de conquista estandarte. ¡Qué más dá si fueron tantas las culturas que en el tiempo su firme huella dejaron en este pueblo que mira, con pasión y sentimiento, a un campo de tierras rojas y a un río de mar sediento!.

Y pasaron muchos años, años de paces y guerras, salinas y cales blancas, galeones y trasmallos, de salazón y conservas... y de testigo, el Castillo, y los niños que jugaban, generaciones enteras, a soldados de armaduras y al esconder entre sus piedras.

Y el poeta que hace años la luz deslumbrante viera, construyó bella metáfora a la mujer de su tierra, vestida de faralaes, de mantilla azul celeste y el Castillo por peineta, en lo alto de la Villa, tan dulce, blanca y quieta.

Mas llegó la dictadura, la de después de la Guerra, y las leyes expropiatorias quedaron a sus expensas, en las manos de unos pocos las decisiones a las buenas, que según los dictadores, se tomaban para bien de la patria toda entera. Y aquella vieja peineta, abatida por los suelos, vio su lugar usurpado por una vulgar diadema; y a su lado, desafiante, a la Historia y todo el pueblo, una mansión -santo y seña- del feudalismo moderno.

No se lo cuenten ustedes al poeta de este pueblo cuando un dia se lo encuentren allá en lo alto, en el cielo. Dejemos que sus pupilas, de poeta y de maestro, sigan queriendo mirar, con amor de sus adentros, aquella vieja peineta que casi besaba el cielo, la mantilla azul celeste y el traje andaluz en forma de barrio tranquilo y quieto.

20/07/2008 11:07 mojarrafina ;?> Hay 4 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. HOY HABLAMOS DE LOS CARNAVALES ANTIGUOS

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Antes de que la dictadura del general Franco prohibiera los carnavales en convivencia con la Iglesia Católica, en Ayamonte se celebraban unos auténticos carnavales: nada de concursos ni comodidades de teatro, el carnaval estaba en la calle. Entonces proliferaban las murgas, que eran grupos que sólo llevaban los pitos de acompañamiento. Traemos hoy a colación algunas letras de aquellos carnavales que recogían la actualidad del pueblo en plan desenfadado.

Las dos primeras vienen referidas a Domingo "el de las avellanas", aunque en la letra se dice Dominga porque era maricón, además era comunista, razón de más para que terminara en la cárcel. La segunda se refiere a un suceso gracioso que le ocurrió a un indivíduo apodado "el Caquilla".

Vamos con ellas:

En nuestro pueblo hay una coja, cuando se ajuma es por demás;

por todas partes va gritando, viva el obrero y la libertad.

Los chiquillos le gritan con locura, y ella dice que no puede ve a los curas:

Ese tío es un fantoche, pa ir a la cárcel quiere un coche.

Hemos recibío una carta del Puerto Santa María,donde Dominga "la Coja" nos feclicita estos días.

Dice en la carta que allí está muy contenta,porque le dan lo que le tiene cuenta:

No falta un día que no le den nabos y pepinos para ella comer.

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Hace unos días las campanas el cementerio, siendo de noche empezaron a tocarlas,

nadie sabía lo que pasaba allí dentro, pues Sacramento tenía la puerta cerrada,

bebiendo vino se encontraba en "Las 6 Puertas", cuando se oyó aquel repique segundo,

salió corriendo todo el pueblo estaba alerta, eso es un alma que viene del otro mundo.

Todos nosotros nos apresuramos y hasta la puerta fuimo a parar:

era "el Caquilla" que había dormido en el cuartillo la gran tajá.

 

Como observaréis, algunas palabras están defectuosamente escritas, como recibío, fuimo, y alguna más. Se trata de escribirlas tal como suenan cuando se canta, sólo eso.

14/07/2008 11:28 mojarrafina ;?> Hay 1 comentario.


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