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Se muestran los artículos pertenecientes al tema Ayamonte, un callejero muy particular.

AYAMONTE, UN CALLEJERO MUY PARTICULAR. El Estero.

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Decía un cordobés afincado en Ayamonte, que los ayamontinos teníamos la suerte de que al pueblo “se entraba por el centro”. Y enseguida se refería al inconfundible paisabe urbano de la Avenida y el Estero, sustantivos que, aun siendo de clase gramatical común, los escribo con mayúsculas porque en nuestra ciudad basta con decir el Estero o a la Avenida, o el Paseo, o el Muelle, para saber a qué nos referimos. Aparte vendrán  el estero o caño de la Mojarra, la Chaveta, el estero de Canela, la avenida de la Constitución, la de Narciso Martín Navarro, etc.

Tenía razón aquel cordobés ilustre, veterinario, profesor, entrenador y sobre todo, gran tertuliano, que fuera don Hedilberto Vázquez. Porque nada más entrar en Ayamonte, no sólo dejamos atrás el Banderín con su Paseíto; es que, de inmediato, pasada la curva del astillero del señor Zamudio, “el Lobo”, hoy rotonda de “Los Miguelitos”, nos damos de frente con el que quizás por esa circunstancias de ubicación, sea nuestro primer y más llamativo santiseña: la Avenida y su Estero.

Para aquellos ayamontinos que no pudieron adquirir mi novela “El regreso de Domingo el Bacalao”, por su lejanía, por los muchos años que pasan sin volver a Ayamonte, voy a transcribir parte del preámbulo de aquella novela en lo que concierne a tal emblemático entorno:

“Desde la curva del astillero del señor Zamudio, dejando atrás la “Casa Colorá”, circula despacio un taxi negro y cúbico; en sentido contrario, un viejo volquete tirado por una mula rumbro a una pedrera o a un horno de ladrillos. Han abierto sus puertas las tabernas de el Lana y el Adoquín, el bar de la Gasolinera; la Cepa, el Túnez y el vetusto Rancho Grande.

Antonio Campos, Campito, y los hermanos Castelo abren sus barberías, mientras los chiquillos de la escuela de los Marinos esperan en la puerta del centro la llegada del enésimo maestro interino, que de llegar, lo hará de entre los pasajeros del tren de la mañana.

Los galeones aparecen anclados en el Estero junto a sus acostaos y las canuas mechilloneras...”

Ya no queda mucho de aquel paisaje urbano. Pero parece como si nuestra Avenida, de la mano del Estero, no cambiara nunca, sigue siendo igual de bella, incomparable. El Estero ha cambiado mucho, ya no corre tan libre como antes, ahora lo hace un poco afiaxiado bajo dos puentes que se conformaron como esenciales para nuestra expasión urbana a los terrenos pantanosos de Santa Gadea y para la comunicación con Canela y la Punta.

Ni el Zamboro ni el Guinga pescan ya con las manos anguillas y lenguados; ni el Cepa lanza las nasas durante la noche para ventilarse las tapas en su taberna; ni los pescadores de aparejos pasan las noches de verano esperando coger un buen rancho de anguillas para degustarla en guisos con papas en amarillo; ni están los galeones, ni los acostaos, ni las canuas, ni los botes, ni las pateras.

La vida cambia, y el paisaje urbano también. Pero el Estero sigue  ahí, emblemático, familiar, santiseña de bienvenida. Y la luz del atardecer lo saluda con toda generosidad reflejando en sus aguas la belleza de un parque precioso y celosamente cuidado.

Señor forastero, por favor, quítese el sombrero, o la gorra, o lo que lleve puesto, o si acaso haga el gesto por si va destocado, que voy a presentarle algo muy especial, algo que forma parte de la más pura esencia de Ayamonte: aquí, la incomparable Avenida, la llamen los políticos como la quieran llamar; y aquí, de su mano, inseparable, un aprendiz de río: el Estero, sin más. Y no vaya usted a creer que está soñando. Es que es así, como siempre ha sido, el santiseña de nuestra más que acreditada hospitalidad.

23/07/2011 21:01 mojarrafina ;?> Hay 18 comentarios.

AYAMONTE, UN CALLEJERO MUY PARTICULAR. Calle Real, de Sanchito a Rompeculos.

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Será difícil encontrar un pueblo español que no presuma de tener una “calle real”. La calle real, que proviene de realeza, de lo mayestático, viene a ser sin duda la calle principal de las poblaciones, generalmente peatonal. En muchos lugares es cierto que tienen nombre distinto y propio. Por ejemplo, en Huelva, calle Concepción; en Sevilla, calle Sierpes; en Vigo, calle Príncipe. Y en otras ocasiones el adjetivo real viene a componer el nombre completo de una calle. Así, en nuestro Ayamonte la calle Galdames fue en tiempo denominada Real de los Galdames.

Se enfrentan dialécticamente dos ayamontinos. Uno, meticuloso; el otro, vivalavida. Dice el vivalavida –hoy passota-: la calle Real y la calle Cristóbal Colón es lo mismo. Y  le contesta el meticuloso: pues no. Mira, la calle Real es la que va desde la esquina de Sanchito hasta Rompeculos; y la calle Cristóbal Colón es la que va desde la esquina de Sanchito hasta el Convento. Lo que pasa es que la calle Real también se llama Cristóbal Colón. El vivalavida le contesta: passsso. A mi me lleva usted a la calle Enrique Villegas, pero no al tramo que le robaron a un médico ayamontino ejemplar, sino al otro, donde están las “boticas”.

Los paisanos de Alosno cantan a su calle Real un precioso fandango: “calle Real del Alosno, con sus esquinas de acero, es la calle más bonita que pisan los alosneros, calle Real del Alosno”.

En Ayamonte, la calle Real es santiseña de centro de la ciudad, de ahí que como decimos los ayamontinos, “to el mundo no puede vivir en la calle Real”. Aunque, bien vista la cosa, hoy vive gente como el Mayo, o sea, que nuestra calle Real se ha “plebeyizado”, porque mi amigo Mayo, aunque sea del PP, es edil plebeyo, como todos.

La incomparable postal antigua que tenemos a la vista impresiona. Nadie pensaría que esa calle es de un pueblo, que a la sazón andaría alrededor de diez o doce mil habitantes. Unas balconadas de prestigio, un ambiente francamente capitalino, efervescente, que denota una actividad comercial envidiable. A pie de suelo, un extraordinario mundo comercial y de servicios: Sanchito, el Buen Gusto, Casa Reyes, Casa Estévez, el Banco Central, cuando tener una sucursal de un banco era un lujo, Cofradía de Pescadores, Consulado...

No es que nuestra calle Real de ahora no sea atractiva, que lo es. Por mi gusto, eliminaría tanta bisutería y pondría una buena pastelería, como antaño, porque no es lo mismo una pastelería que una cafetería que sirva pasteles. Y un taller de relojería por si renacen personajes del prestigio profesional y humano de Pedrito el relojero y de Paulino. Y un tablón donde se anunciaran las películas del día, sin censuras, señal evidente de que había vuelto el cine a nuestra ciudad. Y por qué no, una tienda de lozas, con el Neneíque en la puerta salundado a los transeuntes como hacía su inolvidable padre, Enrique el Locero y posteriormente su hermano Asdrúbal. Y una botica, en lugar de una farmacia, con Casimirito pretendiendo a la hija del dueño. Y un taller de radio, con un Jopeja arreglando aparatos escacharraos. Y una zapatería como la de Alonso Delcán, epicentro del mojarreo de la calle. Y una droguería con el Canario vendiendo champú verde en bolsitas de plástico. Y escapularios en Jesusa, y abanicos en Sanchito. Y el maestro Moñito enseñando el oficio de barbero al inolvidable Pepe el Gorito...

Calle Real, la calle eternamente prestigiosa de un pueblo que se niega a admitir nada que no sea puro prestigio.

15/07/2011 18:23 mojarrafina ;?> Hay 25 comentarios.

AYAMONTE, UN CALLEJERO MUY PARTICULAR. La Cuesta de Morillas: pellizcos y suspiros.

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Siempre has estado ahí. Para lo bueno y para lo malo. Para la despedida de penas y nostalgias, de emigración a tierras lejanas y futuro incierto. Y también para el regreso al cabo de los años. Alfombra roja de bienvenida, eco de suspiros largamente contenidos, patena de lágrimas de emoción.

Junto a tu inseparable cañaveral, el de todos los tiempos, el de todas las generaciones, abrigaste siempre la esperanza en la vuelta de tus hijos ausentes. Por la “Verabajo” llegan ruidos de trenes que escupen carbón vaporizado que asusta a una boda de pájaros, mientras la Tuta y la Casita Blanca se miran y te miran de reojo. En tu piel de alquitrán quedaron lágrimas de dolor y lágrimas de alegría. De dolor por la ida; de alegría por el regreso. Tus perennes vecinos, la familia Madera, vio partir a muchos paisanos, y también, en días claros de esperanza, los vio regresar.

Decía  el  letrero de la pared de la casa del “Peoncaminero”, que aun faltaban cuatro kilómetros para llegar: “A Ayamonte 4 km”. Nadie pudo nunca creerlo. Porque  al  final de tu bajada el pañuelo de la patria chica se desdobla y llega al alcance de la vista la Casita Blanca y la Tuta; el viejo Matadero; los restos del Campo Cardenio; la planicie de barro seco  rodeada de retamas del Campito Fortuna; el Tiro de Pichón; la Casa cuartel de la Guardia Civil; el Estadio Municipal; las cocheras, las tapias, los vagones de la Renfe... Todo aparece cuando al final de la bajada  giras suavemente a la derecha saludando al cañaveral y a la verita abajo.

Y en ese momento, el suspiro, el hondo suspiro que desahoga una nostalagia de años y que antes más que suspiro fue pellizco en el alma. Algunos cometieron el error de llegar por la autopìsta. Esos no suspiraron. Porque el pellizco del  dolor de Ayamonte está en ti, sólo en ti. Y también el suspiro, más hondo aun, del reencuentro.

Desde la verita abajo ya no llegan ruidos de trenes. La Tuta ha sido sabiamente rehabilitada. La Casita Blanca ya no es lo que era. El Matadero es ahora un comedero de oportunidades... te queda el viejo cañaveral, la verita abajo y las viejas  casas de los Madera y de los García. Y el pellizco de los que se van. Y sobre todo, el suspiro, el hondo, sentido suspiro de los que regresan.

Nadie como tú, querida Cuesta de Morillas, sabe en Ayamonte de pellizcos y suspiros. En tu alma de alquitrán los guardas por cientos, quizás por miles.

12/07/2011 20:29 mojarrafina ;?> Hay 32 comentarios.

AYAMONTE, UN CALLEJERO MUY PARTICULAR. El Solá, o la belleza inquebrantable.

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Los nuevos magos, los del cemento y el ladrillo, camuflados con capa de encantadores, revestidos de luminarias a pilas, que ni siquiera se inmutan con el fulgor de un atardecer de llamas y rescoldos sobre una patena de aguas mansas, decidieron un día, previo acuerdo infuso y diabólico, echar paños infames de hormigón disfrazados de muros encalados sobre un barrio de tejados musgosos, de gatos domiciliados, de pana sudada, de bravas espigas, de olor a tahona añeja, de aguas frescas de manantiales urbanos, de torre y espadañas, de viejas escuelas, de vinos bebidos a tropezones, de brocales de pozo gastados por  cuerdas en manos de rudas y bellas mujeres, de baldeos al atarceder, de un bravo pastor lusitano conviviendo con el apóstol de una secular amargura, de cuna de niños expósitos, de patios ajardinados de flores y de tertulias vecinales, de carreras de sacos y huevos, de ermita sin ertimaño, de saeteros de señas y madrugadas, de machín de copas y caballitas de ultramarinos...y se quedaron tan tranquilos, con las alforjas llenas y habiendo repartido parte del botín entre los consentidores del expolio.

Pero con los barrios añejos, con el paisaje urbano arraigado desde siglos en los corazones de quienes se acomodaron en su cuna, pasa algo así como con aquella planta del jardín ya medio olvidada, la que hemos dejado de regar e incluso de ver, y que un día la observamos por entre medio de pinchos y jaramagos; de hierbajos absorbentes; de caracoles vacíos; de hojarasca  traída por los vientos;  de alguna espina que el gato domiciliado dejó abandonada por jartura, esbelta, desafiante a los tiempos y a la infamia de los que la abandonaron y es más, pisotearon sin pìedad.

Cuando uno llega de vez en cuando a la plaza del Salvador, al viejo y entrañable Solá, no tiene más opción que aposentarse en uno de sus viejos poyetes y quedarse durante largo tiempo extasiado con la vista clavada en la pared lateral de la iglesia desde la que parece hablarnos con lenguaje de siglos y de historias locales la bellísima Puerta del Perdón. Después, ya puede uno marcharse con las alforjas llenas de nostalgias y embelesos.

 Y es que, a pesar de los infames que tratan de destruirla para su  provecho egoista, la belleza no tiene fecha de caducidad. Incluso cuando la destruyen del todo permanece en nuestras pupilas, en nuestros corazones, en nuestras añoranzas, inaprensibles a los depedradores.

25/06/2011 17:51 mojarrafina ;?> Hay 33 comentarios.

AYAMONTE, UN CALLEJERO MUY PARTICULAR. 31: LA GRAN VÍA

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Normalmente la toponimia y la nomenclatura convencional no suelen hacer buen maridaje, todo lo contrario. A ver quien es el flamenco que es capaz de acercar aunque sólo sea por intentarlo, los nombres Buenavista y General Yagüe. Buenavista es un topónimo ayamontino; general Yagüe el nombre de un militar franquista, que a lo mejor tenía buena vista para la cuestión de fusilamientos pero nada más.

Pero como suele decirse que toda regla tiene su excepción, a veces sí es posible ese maridaje, y en Ayamonte tenemos un caso muy especial. Con motivo del establecimiento en nuestra ciudad de la comunidad religiosa de las Hermanas Clarisas en el viejo convento de Santa Clara, desde hace ya un siglo sede de las Hermanas de la Cruz, a la calle que da la fachada principal del convento se le denominó Santa Clara, nombre por cierto, no sólo adecuado, sino bonito donde los haya. La calle tiene en sí dos tramos bien definidos, uno va desde Colón hasta el cruce con calle Cruz, y de ahí para arriba hasta San Antonio cruzando Realidad.

Pero a ese segundo tramo, el de escalones de piedras perfectamente alineados, a ese tramo de Santa Clara que es seguramente el lugar más bello de Ayamonte, los ayamontinos lo bautizaron desde hace muchísimos años con el nombre de Gran Vía. Así que nos encontramos con una nomenclatura y un topónimo, que para nada se enfrentan. Lo mismo nos da decir Santa Clara que Gran Vía, como se decía en los antiguos libros escolares, “tanto monta, monta tanto”.

A ver si de esta forma, con la gran lección que da el pueblo, los políticos aprenden a hacer las cosas bien y a no sustituir nombres de calles por otros por mera novelería.

 

20/08/2009 14:36 mojarrafina ;?> Hay 30 comentarios.

AYAMONTE, UN CALLEJERO MUY PARTICULAR. 30: LA ROTONDA DE LOS MIGUELITOS.

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Antiguamente, cuando se entraba en Ayamonte, una vez dejado atrás el cuartel, el campo de fútbol, el paseíto, etc., desembocábamos a una curva y se presentaba ante nosotros el incomparable espectáculo de nuestra Avenida, que es su mejor nombre, sin adjetivaciones de ningún tipo, con los barcos atracados en el estero. A esa curva se le conocía por la Curva del Astillero, incluso añadiendo el patronímico “de Zamudio”, que era el propietario de dicho astillero.

Con el paso del tiempo, Ayamonte tuvo el acierto de homenajear a tres ilustres hijos, aquellos que participaron de forma tan directa en el descubrimiento de América: Juan de Zamora, Rodrigo de Xerez y González de Aguilar. Desde tiempo inmemorial se habían rotulado tres calles céntricas con sus nombres, que siguen siendo respetadas, menos mal que no ha ocurrido lo mismo que con el pobre Médico Rey García. Pero más adelante, el Ayuntamiento encargó un monumento que perpetuara más aun si cabe la memoria  de los tres ilustres navegantes.

Pero pronto el referido monumento fue víctima del ingenio, del humor ayamontino, y en vez de nombrarse como monumento a los descubridores, recibieron el nombre de “los Miguelitos”. Ello se debió a una saga de industriales ayamontinos, entre los que se encontraba el que fuera alcalde famoso, Narciso Martín Navarro, que junto a sus hermanos Miguel e Ignacio eran los hijos de Miguel Martín Cordero, de ahí que los tres hermanos recibieran el cariñoso mote de los Miguelitos, aunque también fueron conocidos como “los Vituallas”.

Dado que el famoso monumento a los navegantes sufrió vaivenes y movimientos, traslados de sitios, etc., terminó siendo un punto de referencia, cual si de parte del callejero se tratase. Así, en el lugar donde fueron colocados siempre se le conoció como el de los Miguelitos, primero en los bajos de la Gran Vía, después en la rotonda de la avenida de la Playa y últimamente junto a la gasolinera que está en el lugar siempre recordado por los viejos ayamontinos como el de la curva del Astillero de Zamudio, ahora citado por las nuevas generaciones como la “Rotonda de los Miguelitos”, de ahí que hayamos tratado el tema dentro del apartado del particular callejero ayamontino.

 

13/08/2009 11:13 mojarrafina ;?> Hay 2 comentarios.

AYAMONTE, UN CALLEJERO MUY PARTICULAR. 29: EL CABEZO.

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El artículo de hoy se presta a que los blogueros participen a fin de aportar datos que con toda seguridad me dejaré atrás. Vamos primero a tratar globalmente un antiquísimo barrio ayamontino, el barrio del Cabezo, y ya con el tiempo iremos describiendo sus calles, pero me parece que es atractiva la idea de presentación total.

La fotografía que hemos elegido, aérea, nos ayuda a delimitar un barrio que por sus linderos Oeste, con el río, y su lindero Sur, con la dársena pesquera o lo que antiguamente representó el estero de la Ribera, resulta fácil de ver, pero que se complica con sus linderos Este y Oeste. Como se observará por la fotografía, el Cabezo tiene forma triangular por recurrir a una aproximación geométrica. Por el lindero Sur se extiende a lo largo de la avenida de Villa Real de San Antonio hasta el final de la misma que coincide con el nuevo edificio que se construyó donde estaban ubicados los terrenos de la antigua Caseta Municipal; sigue el perímetro, ya en su lado Este, buscando la esquina del Alpende de la Ribera hasta la esquina de calle Trajano, vuelve por esta buscando  la confluencia de calle Cervantes para buscar Lusitania, cuya acera izquierda hasta el río cierra el lindero Norte. Repito, todo esto es una aproximación, pues se trata claramente de un polígono irregular urbano, con todas sus complicaciones.

Esta forma de describir el barrio del Cabezo me la ofrece un gran amigo, ayamontino emigrante desde hace más de cuarenta años, pero que nunca nos ha perdido de vista, y que conoce el barrio perfectamente por haberse criado en él.

Se trata de un barrio que fue eminentemente industrial. En él abundaron nuestras charangas y algunas fábricas de conservas; así como comercial: la Plaza de Abastos siempre estuvo en el Cabezo, y bares restaurantes desaparecidos, como La Alegría de la Plaza por citar el que quizás fuese el más emblemático. En el recuerdo de todos los viejos ayamontinos una institución inolvidable: la fábrica del Consorcio Nacional Almadrabero.

Podríamos citar sus calles a riesgo de que se nos quede alguna atrás. Vamos allá: Avenida de Villa Real de San Antonio, antigua y actual Médico Rey García, Prudencio Gutiérrez Pallares, Plaza de La Lota, Padre Alvarez, Luis Braile, Trajano hasta esquina Cervantes, Lusitania hasta esquina Cervantes, y para mí, las dos calles que más se identifican con el barrio del Cabezo: Del Pez y del Río.

En fin, no quiero seguir porque este artículo se haría interminable. Como anunciaba, en días sucesivos iremos estudiando sus viejas calles y así llevaremos a cabo un estudio más detallado. Ahora espero que los blogueros aporten sus comentarios.

 

02/08/2009 23:23 mojarrafina ;?> Hay 3 comentarios.

AYAMONTE, UN CALLEJERO MUY PARTICULAR. 28: EL HUERTO IÑIGUEZ

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La postal que ilustra el artículo de hoy es de esas de las de quitarse el sombrero, por todo lo que contiene de antigua, de historia, de recuerdos, por la belleza del entorno que curiosamente cuando fue reformado adquirió más belleza todavía, en fin, todo un icono del Ayamonte del pasado, tan bello y atractivo.

Al pie de la postal puede leerse la expresión “Canto de casas”, lo que los ayamontinos abreviamos de inmediato para llamar al lugar simplemente como Cantocasa. Tengo que manifestar de antemano mi duda de si ese era en realidad el lugar denominado Cantocasa o quizás fuera más a Levante, a la altura de la actual calle Estadio, donde existían tres casitas que eran conocidas como “las últimas casas del pueblo” si tenemos en cuenta que aun no se habían construido las barriadas de Federico Mayo, Angustias y 29 de julio. Ese lugar lo ocupa hoy un edificio en forma de proa, que por cierto se repiten por todas partes en Ayamonte. Pero como ya al Cantocasa dedicamos en su día su artículo, hoy vamos a aprovechar la preciosa postal para hablar de esos lugares ayamontinos que cobran personalidad propia y sirve de orientación, es decir, forman parte de nuestro particular callejero: el huerto de Iñíguez.

A todo lo largo de la tapia existía y existe lo que en su tiempo sería un huerto que llegaba y creo que aun llega, desde la trasera de las viviendas de la calle Pablo Ruiz Picasso hasta el Callejón del Gringo. En ese huerto, una imponente vivienda, a más detalle con fachada de color rojo, era el domicilio de un matrimonio muy querido en nuestra ciudad, el que componían José Luis Pérez Sopeña y Conchita Iñiguez Cayuela. El huerto y casa del matrimonio –se trataba de un bien parafernal procedente de los padres de Conchita, de ahí que se le denominara con su apellido- situado al final de la siempre conocida como calle Lepe, fue referencia para indicar determinada dirección a los forasteros, incluso para hablar entre nosotros: siga usted toda la calle adelante y al final del todo verá una casa colorá dentro de un huerto, bueno, pues enfrente mismo tiene usted la estación; oye, ¿qué ha pasado en el Banderín?; no, no ha sido en el Banderín, ha sido en la calle Lepe, bueno en la misma calle Lepe no, frente por frente al huerto Iñiguez. Y así.

Volviendo al principio diré que en ese lugar entre los árboles se edificó hace muchos años nuestro Paseíto Nuevo, de ahí que dijera que el lugar no perdió belleza sino que incluso la ganó.

 

27/07/2009 13:13 mojarrafina ;?> Hay 3 comentarios.

AYAMONTE, UN CALLEJERO MUY PARTICULAR. 28: BARRIADA DE COEMA.

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Mucho se habla por ahí de la grasia sevillana, pero pocos hablan de la gracia gaditana o huelvana, por ejemplo.

Aquí, en nuestra provincia tenemos por costumbre denominar a las cosas en general con una especie de motes. El ejemplo más conocido para los de mi generación fue el de llamar “Agromán” a la Residencia Sanitaria de Huelva, nombre que correspondía a la empresa constructora del edificio. Vengo de la consulta de don Jesús y me ha dado un volante para el Agromán. Y allá íbamos a que nos viera el especialista -¿quién no se acuerda de don José Gil, al que llevábamos un kilo de café portugués?-, a que nos quitaran sangre y una radiografía. Todavía al referirme al Infanta Elena digo el Agromán y mis hijas me dicen: papá, hijo, que antiguo eres.

Hace muchos años en nuestra ciudad se construyeron unas casas, las que quedan entre Sor Eloísa y Cuesta de San Diego, que en realidad no constituyen una barriada propiamente dicha, pero siempre fue conocida por la barriada de “Coema”, precisamente porque si mal no recuerdo, ese era el nombre de la empresa constructora. Vivió en esa barriada un ayamontino muy querido, mi buen amigo José Ramiro Frigolet González, Pepe Ramiro, hombre polifacético y polivalente. Hoy vive por allí otro buen amigo, Juanjo de Dios Jiménez, eterno secretario de la Hermandad de la Soledad, y creo haber visto salir de una de las casas al bueno de Manolo Malayerba. Todavía se conserva en la fachada de una de las casas la placa que recuerda a Petra Márquez, matrona y practicante.

En la barriada Coema está ubicada la Guardería La Arboleda, a donde asiste mi nieta, lo que me hace frecuentarla.

Supongo que algún bloguero tendrá recuerdos de esta barriada tan especial, pues no tiene amplitud suficiente para serlo y además se conoce por un nombre creado por el ingenio ayamontino.

 

21/07/2009 13:58 mojarrafina ;?> Hay 11 comentarios.

AYAMONTE, UN CALLEJERO MUY PARTICULAR. 28: LAS ESCALINATAS DE LAS ANGUSTIAS

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Las subimos camino de la pila bautismal en brazos de nuestras madrinas; las subimos aquel día de la máxima ilusión para los niños, el de nuestra primera comunión; las subimos como jovencitos ilusionados que íbamos a confirmar nuestra incipiente fe; las subimos el día más ilusionante de nuestras vidas, el de nuestra boda; las subimos en múltiples ocasiones para, sentados en los escalones ver pasar las procesiones, para esperar a los novios, para esperar al ser querido en el día de su despedida; para jugar en ellas arrostrando todo el peligro a pesar de las voces de nuestras madres que nos alertaban del mismo; jugamos a veces de manera imprudente con las gruesas cadenas que las guardan; velamos a los caídos en esa cruz pétrea en cuya base en forma de troco de pirámide nos deslizábamos cual trampolín, y las subimos en múltiples, cientos, quizás miles de ocasiones, simplemente por el placer de subirlas y después bajarlas.

Fueron y son pasarela incomparable de autoridades, agentes, maceros, mujeres de peineta, de ofrenda septembrina de flores. Están ubicadas en la calle Angustias, pero para nosotros, los pazguatos y finos, una cosa es vernos en la calle Angustias y otra quedar citados en las escalinatas de las Angustias, que aunque los espacios son reducidos, no es lo mismo.

Es cierto que todo el paisaje urbano de una población pertenece a todos sus habitantes al menos en condición de poseedores y usuarios, pero las escalinatas de las Angustias lo son en Ayamonte desde nuestra más tierna edad, desde aquel día que nunca recordaremos, pero que nos recordarán todos, en que como antes decía, entrábamos a la iglesia en brazos de nuestra madrina para recibir el bautismo.

Las escalinatas de las Angustias es de esos lugares que los ayamontinos emigrantes, ausentes por las circunstancias que sean, mantenemos imborrables en nuestra retina.

 

18/07/2009 21:58 mojarrafina ;?> Hay 6 comentarios.

AYAMONTE, UN CALLEJERO MUY PARTICULAR. 27: EL PASEÍTO NUEVO

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Allá mediados el pasado siglo, cuando Ayamonte empezó a extenderse hacia Levante y se construyeron las barriadas de Federico Mayo, Las Angustias, 29 de Julio, Santa Cruz y Coema, de la que hablaremos en su momento por tan especial denominación, en el Ayuntamiento se pensó con excelente criterio que aquella zona merecía un paseo nuevo, un lugar donde pasear la gente del Banderín y de las nuevas barriadas y jugar los niños. Se construyó entonces el precioso paseo que fue denominado como glorieta sin serlo, porque glorieta es una plaza redonda en la que desembocan varias calles, pero en fin, así se le llamó y se le puso el nombre del poeta ayamontino Jiménez Barberi, “Glorieta Jiménez Barberi”. Ahora se sigue llamando así y en la fachada de la casa de Celedonio Martín que fuera antes del siempre recordado Manuel “el Paragüillas”, hay un letrero que dice “plaza” Jiménez Barberi. Pues miren ustedes, señores del Ayuntamiento de antes y de ahora, ni lo uno es una glorieta ni lo otro una plaza, ya que plaza es un espacio ancho y espacioso dentro de una población al que suelen afluir varias calles, en fin pilarín.

Bueno, pues señoras y señores, ayamontinos viejos, ayamontinos nuevos, aborígenes, maquetos, tenderos, carpinteros, autónomos, cristaleros, chamarilleros, loteros, cuponeros, capillitas, republicanos, monárquicos, villorros, garrapatuos… de glorieta, nada; de plaza, nada. Así que si os parece bien lo dejamos en Paseíto, Paseíto Nuevo, que es como fue conocido desde el mismo momento de su inauguración.

La verdad es que nuestro entrañable Paseíto Nuevo no tuvo fortuna, la gente siguió viniendo pa bajo y vivió años de soledad. Ahora, en la reciente fiebre de monumentos mandado erigir por el anterior alcalde, se le ha plantado en el centro la figura de un antiguo aguaó por el hecho de que cerca está la primera fuente que se construyó tras la traída del agua, pero desde luego tal monumento donde pega es en el cruce de los Cuatro Caminos por ser el lugar por donde los aguaores pasaban camino de la Casita del Agua a cargar los bocoyes.

Yo envidio a mi amigo Celedonio Martín Rios por la excelente vista de que disfruta desde su casa, porque lo llamen como lo llamen, nuestro Paseíto Nuevo es precioso.

 

16/07/2009 14:39 mojarrafina ;?> Hay 6 comentarios.

AYAMONTE, UN CALLEJERO MUY PARTICULAR. 26: LA CASA DE POLONIA

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La última vez que tratamos el particular callejero ayamontino fue cuando nos referimos a la muy popular calle de los Perros –Juan Fernández- y hoy vamos a tratar otro lugar muy cercano, tan cercano que resulta colindante.

En mis tiempos de niño solíamos jugar en la pedrera del Peñón, que se encuentra bajo su famosa balda, allí jugábamos al fútbol principalmente, hacíamos candelas, etc., y al terminar, en vez de subir por los escalones de calle Tarpeya, que sería lo normal, escalábamos una pared vertical que nos llevaba hasta el  final de la calle Olivo. Durante esa escalada teníamos la ocasión de ver un número considerable de gatos, tan acostumbrados ya a nuestra presencia, que ni siquiera se asustaban. Esos gatos no vivían solos, no era vagabundos, ni mucho menos, eran los compañeros del vivir de una señora ayamontina, conocida por Polonia, que vivía sola en cuanto a otra presencia humana en una casa junto a la dicha pared vertical. La casa en cuestión estaba y creo que todavía está situada –si nó la han derribado, claro- al comienzo de la calle Lepanto, rotulada con el nº 1 de la misma. La calle Lepanto empieza ahí precisamente –en el rincón que hace la calle frente a la citada casa vivió creo que toda su vida el recordado Rogelio “el de los Jeringos”-, sigue hasta la confluencia con la calle de los Perros, doblando a la derecha en ángulo recto para seguir hasta el cruce con la calle Huelva y desembocar posteriormente en la Avenida.

El primer tramo de la calle Lepanto era y sigue siendo el menos conocido de dicha calle, pues mucha gente cree, yo mismo lo creí durante mucho tiempo, que formaba parte de la de los Perros. Sin embargo, un dato ponía las cosas en su sitio y disipaba las dudas. Si alguien preguntaba dónde vivía Rogelio  el churrero, o la familia “Tolete”, o Enrique el de las cabras, a dicho tramo se le denominaba como el de “la casa de Polonia”.

Hoy la casa está en venta –salvedad hecha de que ya no sea así pues la foto que ilustra el artículo la quité hace meses- pero mucho me temo que dado el poco atractivo lugar, mala follá tiene la cosa. Si nó, observen ustedes el letrero que se pone para la venta. Como los chistes sin palabras.

 

03/07/2009 21:54 mojarrafina ;?> Hay 3 comentarios.

AYAMONTE, UN CALLEJERO MUY PARTICULAR. 26: MI CALLE SE LLAMA...

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En vista del gran éxito que tuvo el más que popular ”Cartel de Fitur”, elaborado con buen sentido del humor, sin intervención de sinvergüenzas deslenguados que aprovecha el blog de forma cobarde para insultar, me permito ofrecer a mis queridos blogueros otra elaboración o listado.

Veréis, como al socaire de lo de la calle Enrique Villegas v. Médico Rey García, algunos blogueros están proponiendo nombres para calles, creo que debemos participar todos dando nuestras ideas o proponiendo nuestros deseos.

Se pueden proponer nombres para calles nuevas o por el procedimiento que ha inventado el Ayuntamiento de Ayamonte, es decir, cercenando calles ya existentes para meter a algún intruso.

Si es posible, se dirá, no solo el nombre de la calle –que puede referirse a personas, instituciones, sucesos, etc.- sino el lugar donde queremos que vaya ubicado, y en caso de división de la ya existente especificar el tramo elegido, para que así el Perito vaya mandando al Papi a poner los azulejos nuevos y tapar los antiguos.

Así que adelante, blogueros del mundo mundial. Por cierto, hablando del mundo mundial, empiezo proponiendo como nuevo nombre de calle el siguiente: VICENTE “EL CHOCITO”. Ubicación: lateral del Paseo de la Ribera que da a los aparcamientos por aquello de que hablaba con las palmeras mediante silbidos.

P/D. Como ya algunos blogueros han propuesto nombres en otro artículo, les ruego vuelvan a hacer lo mismo en este, y así queda todo unificado.

 

26/06/2009 20:57 mojarrafina ;?> Hay 49 comentarios.

AYAMONTE, UN CALLEJERO MUY PARTICULAR. 25: Las calle Los Perros.

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En una charla o conferencia que pronunció mi buen amigo Enrique Arroyo Berrones en la Casa Grande, llamaba a la calle Lepanto como la de los Perros. La verdad es que sorprendió a los presentes ya mayores que siempre entendimos que no era Lepanto sino Juan Fernández, que es calle perpendicular a ésta. Seguramente tendrá razón Enrique, que suele estar bien informado, para eso se lo suda, pero me va a perdonar el amigo que yo siga llamando a la calle Juan Fernández como la de los Perros siguiendo la tradición, por eso no vamos a perder nada, y espero y deseo me aclare el asunto.

La calle de los Perros, que al final, con ese “hambre” fonético que tenemos los andaluces termina siendo calle Los Perros y así nos jampamos la preposición “de”, está situada al final a la derecha de la calle Lepanto, tiene una salida al lugar  que conocimos siempre como la pedrera que desemboca en el callejón del Gringo o calle Rosa, y en su parte derecha, tal que afluentes, dos pequeñas calles sin salida: Almendros y Aromo.

Jugué mucho de joven en esa calle por ser amigo de Sulpicio Gutiérrez y de Emilio el Salao, también de Pepito Cobo. Recuerdo casi al completo el vecindario: la familia Sena, la familia Cobo,  Manuel Pérez –Mojito el panadero padre de mi buen amigo Manuel Pérez Ruiz que por cierto, nos tiene olvidados, no se le ve por aquí como antes-, la familia Silveira, la de Sulpicio, la de Pino, la señora que vendía loterías madre de Antonio el Sordo, Vicente Peinado, y los Salao. En las pequeñas calles citadas, los Monte, la familia Simeño, el Gato, en fin, alguna se olvidará, como siempre.

Calle peatonal, era propicia para jugar a la pelota, y tranquila como ella sola, no sé si queda alguna familia de las citadas viviendo allí, y sin duda se trata de una de las calles más nombrada de nuestra ciudad.

 

05/05/2009 01:11 mojarrafina ;?> No hay comentarios. Comentar.

AYAMONTE: UN CALLEJERO MUY PARTICULAR. 24. El Señor de la Guadaña

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"El Señor de la Guadaña, pequeñito y enrejado, que me asomaba por verlo entre sus flores de trapo". De esta manera tan magistral se refería el inolvidable poeta ayamontino Paco Herrera, a esa pequeñita capilla de la calle Huelva. Se trata de un fragmento de su poema quizás más emblemático: "Mi calle", dentro de su obra "Ayer".

No tengo datos ni del origen ni de la autoría de este icono ayamontino que nos sirve tanto de referencia: si hombre, una tienda que hay al lado del Señor de la Guadaña; pues si quieres nos vemos en la acera junto al Señor de la Guadaña y así vemos como el palio gira al coronar Hermana Amparo"; o, me gusta ver pasar el Descendimiento por la curva del Señor de la Guadaña por su estrechez. Y así podríamos seguir.

Así y todo, y lo sé porque me he quedado muchas tardes observando la cosa, no se para mucha gente a mirar, y estoy seguro de que la mayoría de los ayamontinos ni siquiera ha tenido la curiosidad de empinarse para ver que hay dentro de esa pequeña capilla, y la verad es que para ver algo hay que situarse en la acera de enfrente. Quitarle una foto no nos sirve de mucho, como comprobarán cuando vean la que ilustrará este artículo, porque el enjerado es muy espeso y deja ver poco.

Pero ahí está, ayamontino hasta el tuétano, el Señor de la Guadaña para servirnos de referencia para muchas cosas, para muchos momentos de nuestro pasado, de nuestro presente y quiera Dios de nuestro futuro, pues no me extrañaría que un día llegara alguien diciendo que "no tiene valor histórico-artístico", y fuera con él.

Si eso llegara a ocurrir algún día, espero, deseo y desde ya demando, la actuación de los cruzados de "Ostium Fluminis Anae".

23/02/2009 10:57 mojarrafina ;?> Hay 6 comentarios.

AYAMONTE, UN CALLEJERO MUY PARTICULAR. 22. Las Callejitas de Celedonio el barbero y Almacenes Arcos

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Estoy seguro de que muchos, muchísimos ayamontinos, mayores y jóvenes, creen que la calle Felipe Hidalgo, aquella por donde mi buen amigo Ignacio Carnacea con la ronquera bien acentuada subía el palio de la Virgen del Rosario rozando balcones, empieza en la calle Huelva y termina en la calle Buenavista. Pues no, queridos mios, la calle Felipe Hidalgo termina en calle Buenavista, sí, pero no empieza en Huelva sino en Cervantes, como lo oyen, en la esquina de la tienda de mi amigo Tani Ojeda y de la antigua tienda de Feliciana, hoy un comercio llamado Impacto, se corta con la calle Real y se reanuda por el latera de la botica de José Antonio, el suegro de Casimirito, se vuelve a cortar en calle Huelva y ya sigue de contínuo hasta Buenavista, recibiendo como "afluentes" las calles Cabalga, Jovellanos, Realidad, San Pedro (la Callejita del Loco) y San Antonio.

Esos dos pequeños tramos de que les hablaba fueron siempre conocidos por otros nombres. El primero, por la calleja de Celedonio el barbero, aquel inolvidable maestro del peine y las tijeras, que estaba establecido en lo que hoy es la zapatería de Sotito hijo, por cierto, pariente de aquel legendario Sotito el de la horma, y también hoy vemos la boutique del inefable Neneique. En el otro tramo, el lateral derecho de la botica y en el izquierdo tenía puerta de acceso Almacenes Arcos y hoy tiendas nuevas.

Esos dos tramos también se llaman Felipe Hidalgo, pero lo de las callejas, mientras vivamos los de mi generación y mientras las nuevas quieran conservar estas esencias, que espero que sí, no perderán nunca su caché.

23/01/2009 11:25 mojarrafina ;?> Hay 1 comentario.

AYAMONTE, UN CALLEJERO MUY PARTICULAR. 22. La Plazoleta

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Hablar de la Plazoleta (plaza de San Francisco), es hablar del centro neurálgico de Ayamonte, distinto del comercial. Y digo esto, porque la Plazoleta al mismo tiempo nos divide y nos une a los ayamontinos. Bien es cierto que el límite oficial de los dos principales barrios de la ciudad, la Villa y la Ribera, se ubica en la perpendicular que va de calle San Roque a Lerdo de Tejada, vamos lo que para nosotros sería la Esquina el Huervano; sin embargo, el ayamontino no tiene la sensación de encontrarse en la Villa cuando va bajando la Barranca en dirección del barrio, pero sí siente esa sensación cuando llega a la Plazoleta, a partir de ahí ya todo suena y es Villa,  aunque en verdad, hasta que no empezamos la cuesta de Galdames, todo tiene un sabor un tanto híbrido, como debe ser, porque ello significa más unión que separación.

En esta plaza de San Francisco, en esta Plazoleta, hizo sus pinitos de niño y nació la vocación de nuestro beato Vicente Ramírez, qué lástima que entonces no se hubiera fundado el Opus Dei y se hubiera adscrito a él, pues así, no sería beato sino santo, claro que tampoco hubiera sido un ejemplar misionero y mártir, que de estas especies produce pocas "la Obra". Así que es mejor dejar la cosa como está.

Junto al señero templo de San Francisco, que por cierto, va a ser remodelado, ya era hora, vemos la nueva fachada del emblemático brasil de los Pérez. Ya saben mis blogueros que soy crítico inmisericorde cuando es menester, pero también alabo sin medida lo que está bien hecho. Y lo que se ha hecho del brasil de la Plazoleta es digno de toda alabanza y de todos los puntos desde los que queramos analizarlos, pero fundamentalmente desde dos: la recuperación de un edificio propio de nuestra ciudad, aquella antigua casa vecinal de vida estrecha y difícil, a esta más funcional y moderna; y la acogida a familias necesitadas de una vivienda, sobre todo a jóvenes. No sé como estará por dentro, yo quiero apostar por que los nuevos vecinos lo tenga bien cuidado, no lo dudo, aunque me equivoque así lo afirmo.

Del brasil, además de las viviendas, es de contemplar el bar Soledad, de mi amigo Mati, que antaño regentara el inolvidable Carlos el Alemán, aquel que dejaba el mostrador en tiempos antiguos de cargadores para sacar los pasos de la hermandad del Santo Entierro.

Por lo demás, estoy seguro que el artículo de hoy habrá gustado mucho a una bloguera de lujo, mi amiga Locar, porque le traerá recuerdos inolvidables.

17/01/2009 11:22 mojarrafina ;?> Hay 3 comentarios.

AYAMONTE, UN CALLEJERO MUY PARTICULAR. 21. La plaza del Tío Garrote

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Con lo de la plaza del Tío Garrote pasa algo así como con la Curva del  Astillero, que hoy se ha dado en llamar la rotonda de los Miguelitos. La plaza que  estudiamos es hoy, formalmente, la plaza de Santa Angela de la Cruz, aunque a mí me gusta decir sor, antes que beata o santa, porque como sor Angela la conocimos siempre.

Con el tiempo, pasó de llamarse del Tio Garrote al Chochito, por aquello de los altramuces que Pepe servía para acompañar la cerveza o el vino. Yo tuve la ocasión de administrar los inmuebles de la familia Feu y viví muy de cerca las grandes penurias económicas de los tiempos del Tío Garrote; el bueno de Pepe siempre con apuros para pagar el alquiler, y Pepe Feu,. comprensivo, me decía aquello de, "qué me vas a decir, si yo me asomo por la ventana de mi escritorio y veo el poco movimiento que tienen".

Pero llegaron mejores tiempos para Pepe y su familia. A la juventud le dio por el lugar, y lo del Tío Garrote pasó a mejor vida para llamarse el Chochito. Los jóvenes se apoderaron del lugar y aquel negocio paupérrimo se convirtió en otro boyante, de lo que todos nos alegramos. Los altramuces de Tío Garrote fueron siempre famosos por su exquisito punto; el secreto estaba en que Pepe dejaba los altramuces en un fardo de red dentro de las aguas del río toda la noche, así se ablandaban y el punto era el de las aguas del Guadiana.

No se si sigue regentando el negocio la misma familia; si es así, les mando un saludo afectuoso, sobre todo en el recuerdo de Pepe y del Tío Garrote, ya en su vejez, sentado a la puerta de la taberna.

08/01/2009 11:28 mojarrafina ;?> No hay comentarios. Comentar.

AYAMONTE, UN CALLEJERO MUY PARTICULAR. 20. La Rambla del Consorcio

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Una vez más no encontramos con una expresión cuyo origen desconocemos. Lo normal sería decir rampa, pero ¿por qué los ayamontinos antiguos la denominaron rambla?. No lo sabemos.

Para acercarnos a alguna semejanza, hemos preguntado al Muñeco Diabólico y nos dice: por un lado, rambla equivale a cauce o caudal temporal u ocasional de fuerte pendiente y escasa longitud. Por ella discurre el agua cuando se dan fuertes lluvias, lo que significa que no se trata de un cauce permanente. Al arrasar las tierras por donde violentamente discurre el agua, dio lugar a la expresión arramblar o arramplar, muy usada como sinónimo para explicar cuando alguien acaba con todo (se arrimó a la mesa y arrampló con todas las gambas). Por otro lado, en Uruguay se entiende por rambla un paseo que bordea un cuerpo de agua, es lo que en España conocemos como paseo marítimo. Esta connotación es la que más se asemeja a nuestra famosa Rambla aunque sea por el hecho de introducirse en el Guadiana y hasta cierto punto bordearlo.

La Rambla del Consorcio sirvió en su tiempo para el alijo de los atunes procedentes de las almadrabas que se acarreaban hasta la fábrica en en Ayamonte existía del Consorcio Nacional Almadrabero, en lo que hoy es toda la acera derecha mirando desde la Rambla de la calle Luis Brailler.

Es punto de referencia, como si de una calle se tratase para indicar un lugar -aparcó por la zona de la Rambla, o Paco Márquez tiene la consulta en la calle que da a la Rambla, por ejemplo- de ahí que la tratemos en el espacio del callejro como ya hicimos con el Chispito y haremos en su momento con la Gasolinera de Ricardito.

Escribo con mayúsculas estas palabras, que de suyo son minúsculas, porque al citarlas e individualizarlas adquieren carácter de nombre propio, y así las destacamos más.

06/01/2009 13:35 mojarrafina ;?> Hay 1 comentario.

AYAMONTE, UN CALLEJERO MUY PARTICULAR. 18. El Callejón del Matadero

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No se vayan ustedes a la carretera antigua de salida de Ayamonte, que lo que hay allí era un matadero pero ya no lo es, aunque en verdad nadie sabe lo que es concretamente. Por un lado, se anuncia como "Auditorio Amador Jiménez", pero de auditorio sólo tiene el sonido proviniente de los comensales cuando le piden algo a los camareros, porque, en realidad, no es un auditorio, es un restaurante. Lo del auditorio duró poco y la fructífera palmera y el terrenito que ocupaba, de propiedad particular, dio de sí lo suficiente como para que un auditorio se convirtiera en un restaurante. Y despues dicen que los judios hicieron un milagro convirtiendo el desierto en una huerta. Cuando sean capaces de convertir un metro cuadrado en un gran restaurante que hablen, y si no se lo creen saben que vengan por Ayamonte a comprobarlo.

El Callejón del Matadero es una calle de Ayamonte, la que se ofrece en la foto, es concretamente la calle San Roque, esa cuya perpendicular hacia Lerdo de Tejada supone la imaginaria línea que separa los barrios de la Ribera y la Villa, la que dá a la esquina del huelvano que ya comentamos en este blog. Y se le llama así porque el lateral izquierdo según se sube, tras de la tapia, era ocupado por el antiguo matadero municipal antes de hacerse el nuevo, o sea, el auditorio, o sea el comedor.

Una cosa caracteriza a esta vía ayamontina. Ello ocurre la madrugada del Viernes Santo. Cuando Padre Jesús y la Virgen del Socorro coronan la Barranca, los "grandes devotos" cortan por la calle San Roque, el Callejón del Matadero, para dejarlas casi solas hasta el nuevo espectáculo de la calle Jovellanos. Triste servicio el que nos presta la calle, pero no depende de ella, sino de la particularísima devoción de la que presumen muchos ayamontinos a Padre Jesús de la Villa.

Ahora observo una cosa, que después de la conferencia de anoche, la mojarrafina la encuentro más afilada que nunca.

03/01/2009 13:48 mojarrafina ;?> No hay comentarios. Comentar.

AYAMONTE, UN CALLEJERO MUY PARTICULAR. 17. El Cantocasa

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Antiguamente, los límites urbanos de la ciudad de Ayamonte eran los siguientes: al Sur, la mar de siempre; al Oeste, el río de siempre; al Norte, el Cantolavilla, y al Este, el Cantocasa. De estos dos famosos cantos trataremos en este blog. Se utilizaba la palabra canto como sinónima de filo, de corte, de final de algo.

En relación con el Cantocasa diremos que se situaba en el barrio del Banderín, antes de que se construyera el estadio municipal derribado, antes de la construcción de las tres barriadas sociales, Federico Mayor, Las Angustias y 29 de Julio.

En el lugar que ocupa el edificio que ilustra este artículo -por cierto, aquí cuando algo se pone de moda resulta agobiante (¿recuerdan las oficinas de cambio, que había más oficinas que escudos a cambiar, y ahora de las inmobiliarias?- en forma de proa, para mí agradable de mirar  pero no creo que pegue mucho en el entorno de un barrio como el Banderín, de viviendas generalmente de una o dos plantas, existían tres pequeñas casitas de una sola planta, que por el lugar que ocupaban eran conocidas también por otro punto de referencia: las últimas casas del pueblo. Eran el límite urbano quenos imponían nuestras madres, porque más allá estaba el campo.

Ese lugar fue conocido siempre por el Cantocasa. Cerca, frente a esas tres casitas, el Barrio de Colón y al otro lado de la carretera las dependencias de la Renfe. Por entonces el cuartel de la Guardia Civil estaba en la calle Jovellanos y el campo de fútbol aun no se había construído.

A donde irá a parar el nuevo Cantocasa, pues ya las construcciones a lo largo de la carretera del parador casi besan el Calvario. Ahora, con  la crisis de la construcción la cosa se ha parado, pero volverá la normalidad y a lo mejor algún día alguien pueda decir que el Cantocasa está a la entrada de Villablanca. Tiempo al tiempo.

30/12/2008 11:11 mojarrafina ;?> No hay comentarios. Comentar.

AYAMONTE, UN CALLEJERO MUY PARTICULAR. 16. El gurugú

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En 1965 me encontraba en Melilla. Me llevó a tan bonita ciudad una misión doble, por un lado, licenciar a Manolo el Cateto que se encontraba haciendo la mili pues era de una quinta anterior a la mía, y de camino hacer yo la correspondiente a mi quinta.

Fui destinado al Parque y Maestranza de Artillería y cual no sería mi sorpresa cuando un día, asomado a la terraza del cuartel alguien me dijo: mira, ese gran monte que se ve al fondo pertenecía a España pero se perdió con la guerra y ahora pertenece a Marruecos, es el monte Gurugú. Me quedé pasmao y de paso rebosante de nostalgias ayamontinas. De modo que allá en la remota Melilla, aunque estuviese geográficamente en Marruecos, había un lugar que se llamaba igual que otro ayamontino.

Nuestro Gurugó no resulta tan ostentoso como aquél, ni es un monte. Era una especie de pedrera situada en el lugar que desde hace muchos años ocupa el colegio Rodrigo de Jerez, frente al laterial izquierdo de la plaza de toros. Lugar algo misterioso, de juegos de niños por el día y desde luego nadie diría por entonces que en aquel lugar iba a edificarse un colegio. Precisamente de ese colegio salió la comitiva de los dos Belenes Vivientes de Ayamonte -años 60 del pasado siglo- y allí mismo Enrique Muniz hizo el milagro de convertirnos a todos en judíos casi de verdad.

Donde hoy se encuentra la cancela de entrada al colegio existía un  almacén, una  nave que era propiedad de la Compañía Sevillana de Electricidad, donde se guardaban los materiales y utensilios propios de la industria. En ese Gururgú transformado en colegio público pasó muchos años de su carrera profesional un gran maestro, ayamontino de adopción y para más señas, villorro: mi querido y admirado Paco Hidalgo. Un abrazo.

23/12/2008 17:30 mojarrafina ;?> Hay 1 comentario.

AYAMONTE, UN CALLEJERO MUY PARTICULAR. 15. El Chispito

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Sí, ya sé lo que me vais a decir, que el Chispito no es una calle, pero es que resulta que la finalidad de este apartado no está sólo en citar las calles y plazas, sino los lugares en general, y no cabe duda de que el Chispito merece mención especial.

He tratado de encontrar la razón de su naturaleza,  porque una boya no es, y la definición que encuentro de faro se refiere a elementos muy altos y situados precisamente en lugares altos. Entonces, ¿qué es nuestro chispito en realidad?. Yo diría que un pequeño faro o boya fija cuya misión es indudable: evitar que los barcos naveguen de él hacia el muelle, pues si observamos el lugar en bajamar veremos la cantidad de escollos, de piedras acumuladas que harían que el barco embarrancara.

¿Y por qué el nombre de Chispito?. No se me ocurre otra cosa que relacionarlo con la pequeña luz que dispara, es como un simple chispazo. Situado frente a otro lugar emblemático, la "gasolinera de Ricardito", de la que ya hablaremos, dio nombre a un bar situado en la plaza del Baluarte que se ha recuperado y que regentaba mi amigo y tocayo Trini Luca, y por mucho tiempo que pasa y van desapareciendo otros elementos que le acompañaban, como fábricas de conservas, charangas, el propio baluarte de las Angustias, etc., ahí sigue nuestro Chispito impertérrito, formando parte de nuestro paisaje urbano, hasta que a algún tonto de capirucho se le ocurra que ya no sirve y lo quiten. Esperemos que esto no suceda.

03/12/2008 13:07 mojarrafina ;?> No hay comentarios. Comentar.

AYAMONTE, UN CALLEJERO MUY PARTICULAR. 14. Las Casas Nuevas o las Casas Baratas

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Verdaderamente, no haya mejor forma que llamar a las cosas que bajo el prisma de la naturalidad, y el callejero no iba a estar ausente del sistema, por eso hemos abierto esta sesión dentro del blog.

Allá por los años 50 del pasado siglo, Ayamonte, su casco urbano, tenía su límite por el Este, en el lugar conocido por el Cantocasa, del que hablaremos en otro artículo. De ahí para levante, todo despoblado. Pero le llegó la hora a nuestra ciudad en la gran promoción de viviendas sociales que propició un ingeniero de minas, constructor del Canal de Isabel II y director estatal de la Vivienda entre 1940 y 1954 de nombre Federico Mayo Gayarre, navarro de nacimiento pero hijo de infinidad de pueblos de España donde existe una calle rotulada con su nombre, una calle o una barriada, como es nuestro caso.

Pero en el tiempo en que se construía la barriada nadie sabía nada de este ingeniero ni de su cargo, por eso a aquella construcción de viviendas se le denominaba "las Casas Nuevas", o "las Casas Baratas", porque iban destinadas a familias modestas que mediante el pago de una pequeña renta iban amortizando el pago final de la vivienda. Después vendrían dos barriadas más, la de las Angustias y la 18 de julio o 29 de julio, que no recuerdo exactamente como fue la denominación, pues 18 de julio era la calle principal del Banderín, hoy denominada Hermana Amparo.

Siempre me gustó mucho la Barriada Federico Mayo, casas de tejados al estilo nuestro, esos recintos interiores absolutamente peatonales, esos pozos que terminaron siendo piezas de decoración. Y sobre todo, el extraordinario cuido que siempre le han dado sus vecinos. Esta mañana he quitado la foto para el artículo y mirando al interior de la barriada da la impresión de que está de estreno.

13/11/2008 14:42 mojarrafina ;?> Hay 3 comentarios.

AYAMONTE, UN CALLEJERO MUY PARTICULAR. 13. El Callejón Corto

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Habíamos visto como el Callejón Largo era aquella vía larguísima, camino rural entonces, hoy carretera, que cruzaba el pueblo y evitaba el gran rodeo para ir al barrio de la Villa o que los villorros viniesen a la Ribera.

Otro callejón, el Callejón Corto, obviamente denominado así comparando la longitud con el anterior, cumplía casi la misma misión, salvo que el corte de camino llegaba, no a la Villa tradicional, sino a la Plazoleta. Era un callejón de piedra, de piedra viva como se solía decir, difícil de transitar, iba desde el Arrecife hasta la trasera del convento de San Francisco; entonces se bifurcaba, a la derecha iba a parar al Callejón Largo, y a la izquierda a una calleja que desembocaba ya definitivamente en San Francisco.

A lo largo de todo el lateral izquierdo según se bajaba nos encontrábamos con la tapia de la antigua residencia de ancianos, que entonces la nombrámos simplemente como el asilo. Un personaje se hizo famoso durante mucho tiempo: el bueno de Barbilla el blanqueador que terminó sus días en dicho asilo. Se asomaba a la tapia y a todo el que pasaba le pedía una pesetita, no sé como se las arreglaba siendo tan mayor, pero se saltaba la balda y se iba a tomar un lingotazo, que en eso era especialista. Gran persona este Barbilla.

El Callejón Corto fue famoso por la leyenda del "Morito", de la que hablaremos en otro apartado, y hoy se llama así, Callejón del Morito, y su estructura, como se verá por la foto, no tiene nada que ver con la descrita.

07/11/2008 10:48 mojarrafina ;?> No hay comentarios. Comentar.

AYAMONTE, UN CALLEJERO MUY PARTICULAR. 12. La esquina el Huervano

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Una de las situaciones más chocantes en la que se puede encontrar uno es cuando se situa en una zona de sombras tratando de encontrar el lugar, la línea exacta en que termina la sombra y empieza la luz o al revés. De la misma manera, situarse en una línea divisoria y escrudiñar donde empieza un lado u otro, es agobiante. Porque, vamos a ver qué ayamontino me contesta a esto: ¿De verdad crees que una persona que viva en la esquina elhuervano es villorro?. Pues mire usted, legalmente sí, porque precisamente la calle San Roque es la que delimita los barrios de la Ribera y la Villa, y  en la esquina elhuervano, de cara a Lerdo de Tejada y de lateral a San Roque está la primera casa "de la Villa". Aclaremos otra cosa que dejaremos para otra entrega: esa calle San Roque fue siempre conocida por el Callejón del Matadero.

Se le llama esquina elhuervano porque precisamente en esa casa que hace esquina vivía un señor al parecer oriundo de Huelva aunque era una familia ayamontina como otra cualquiera. De todos era conocido Manolo el Huelvano, el funcionario del Instituto Social de la Marina, yerno de Cañita, el que fuera patrón de pesca del "España", y tío de nuestro amigo Antonio Gamero Ribera, el de las "gameradas" de la desaparecida Gaceta de Ayamonte.

Por un acontecimiento anual es famosa la esquina elhuervano, por la subida a la carrera de Padre Jesús y la Virgen del Socorro pues como hace esquina con San Roque sirve de salida al aluvión de gentes que se nos viene encima, y porque después de la subida se produce la gran espantada, a Padre Jesús y a la Virgen les dejan casi solos hasta la próxima "gran subida", y para no ir detrás de los pasos, la gente corta por San Roque y bajando por la plaza de toros vienen a salir a las Monjas, camino ya del paseo en busca de los churros.

 

29/10/2008 00:42 mojarrafina ;?> No hay comentarios. Comentar.

AYAMONTE, UN CALLEJERO MUY PARTICULAR. 11. El Callejón Largo

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Siempre he sido partidario que el callejero de una población responda a conceptos de su propia cultura que a citas personales. Por ello, hemos de entender que los topónimos y adjetivos son el faro que mejor alumbraría esta cuestión y a la vez nos alejaría de los peligros de la oscuridad, entendiendo por ella los intereses políticos, sociales, económicos, etc. Si nos damos una vuelta por Ayamonte veremos muestras interminables de lo que digo: desde calle rotuladas con ciertos nombres personales que nada o poco dicen en nuestra  historia, al contraste con esos topónimos y adjetivos que son todo una expresión de cultura. ¿Estuvieron o no acertados los que determinaron que la calle que vá desde el Arrecife hasta la Avenida, cruzándose con Oriente, Piedra, Felipe Hidalgo, Olivo y Huelva, se lamara Buenavista?. Tanto acertaron como erraron los que posteriormente le llamaron General Yagüe.

Antes de que en las grandes ciudades se crearan esas vías de circunvalación para evitar los atascos, rondar toda la población y salir de esa circunvalación sólo en el punto justo, y a las que se han llamado 30 con la abreviatura del nombre delante, SE-30, M-30, etc., Ayamonte ya las tenía. Entonces no existía como tal la carretera del parador, hoy Avenida de la Constitución, y nuestro extrarradio pasaba por el C-20 y el C-30, o sea, el Callejón Corto y el Callejón Largo.

Al Callejón Largo, del que hoy tratamos, han venido en ponerle el nombre de Camino de la Noria, que dicho sea de paso, suene pero que muy bien, me gusta, aunque mis gustos no tengan por qué vincular a nadie. Sin embargo, sigo llamándolo Callejón Largo. No creo que a nadie se le ocurra decir el Domingo de Señas que para ir a la Villa a ver a Padre Jesús es mejor cortar por el Camino de la Noria, los ayamontinos seguiremos cortando camino por el Callejón Largo.

Era un camino de tierra, con magueleras y chumberas a ambos lados. Justo a su mitad, se bifurcaba otro camino que enlazaba con la Plazoleta, a la altura en que terminaba el otro callejón, el Corto. Por ahí debió jugar y mucho mi amiga "Locar", pues vivía muy cerquita.

Como decía antes, era el camino de ir a Padre Jesús y de ir a la Villa sin tener que atravesar todo el pueblo. Desde el mismísimo Banderín de tomaba el Callejón del Gringo hasta el cementerio y enseguida el citado callejón hasta la altura de la ermita de San Sebastián, hasta que nos topábamos con aquellas tres casitas que hizo el padre Gutiérrez y en la que durante muchísimos años vivió el gran saetero Gaspar. Mucha nostalgia nos trae este Callejón Largo, así que dejemos algo para el Corto, que también se las trae.

25/10/2008 12:09 mojarrafina ;?> No hay comentarios. Comentar.

AYAMONTE, UN CALLEJERO MUY PARTICULAR. 10. La curva del astillero

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Hubo un veterinario que vivió muchos años con nosotros que cuando se terciaba la conversación de la belleza del centro de Ayamonte, siempre decía lo mismo: es que aquí tenemos la ventaja de que al pueblo prácticamente se entra por el centro. Y es verdad, Ayamonte nunca tuvo destrases porque nada más entrar ya veíamos el entonces moderno edificio del cuartel de la Guardia Civil y el imponente Estadio Municipal, además de la estación de ferrocarril, cuando todas estas edificaciones lo normal es que estuviesen ubicadas a las afuera, pero a las afueras afueras, lejos.

Pero Ayamonte cobraba la admiración de los visitantes una vez tomada la Curva del Astillero, en ese momento, de un tirón, el visitante se encontraba con los barcos amarrados al estero, la perfecta alineación de las casas de la avenida y la majestuosidad del paseo con el río y Portugal al fondo.

Se llamaba o le decíamos la Curva del Astillero, porque a la derecha según se mira hacia la salida de Ayamonte quedaba un astillero, el de Zamudio. Era un lugar emblemático porque aparte del astillero, había algunas fraguas, entre ellas la de Curro, el abuelo de Juanito Guinga, y a la izquierda la famosa y desaparecida Casa Colorá, que era una especie de pensión oficial para los empleados de Renfe.

Hoy la nombrada curva es conocida por otro nombre: la rotonda de los Miguelitos, cosa de los nuevos tiempos, pero nosotros, los mayores siempre nos referiremos a ella como la Curva del Astillero.

23/10/2008 00:43 mojarrafina ;?> No hay comentarios. Comentar.

AYAMONTE, UN CALLEJERO MUY PARTICULAR. La barda del Peñón

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Lo prometido es deuda, y aquí estamos con la barda del Peñón, y lo escribo así, con "r" porque oir a un andaluz y por consiguiente a un ayamontino decir balda invita a la risa, así que nosotros a lo nuestro, a nuestra idiosincrasia.

Para los ayamontinos que nunca hayan ido por allí, les diré que la barda del Peñón está situada en la calle Olivo. Seguramente o con  toda seguridad, se construyó como elemento de seguridad ya que la calle da a un barranco, a una pared vertical de una vieja pedrera. La barda es chaflanada y su altura varía según la calle va tomando cuesta. Va desde la confluencia con la calle Tarpeya hasta el final de la calle. Y esa vegetación que ven sobresalir de la barda no es otra cosa que una vieja higuera que nadie sabe como pero tiene sus raices en la pared vertical.

La barda del Peñón es uno de esos pocos miradores que aun nos quedan después del desmadre urbanístico sufrido en los últimos años. Desde muchos lugares hemos perdido la vista del Guadiana, por ejemplo, y no digamos nada del desaguisado cometido en el barrio de la Villa. Desde la vieja barda del Peñón aun podemos contemplar la mar y todo el barrio de Santa Gadea, antes esa vista era de aquella Santa Gadea de marismas que fue sustituida por ese barrio que hoy es el más populoso de Ayamonte. Se trata de una vista paradisíaca sobre todo en los momentos de la puesta de sol. Y no digamos nada de la vista desde las azoteas de las casas de ese tramo de la calle.

Pero la barda del Peñón está hoy muy abandonada y me da pena verla así. Cuando eramos niños buscábamos en el Campillo piedras para podernos asomar a la barda desde su parte más alta, y el asomarnos demasiado era siempre causa de gran preocupación para nuestras madres.

Ya he hablado con Rafael Oliva y me ha prometido que hablará con el alcalde a ver si manda blanquearla, no pintarla, y si nó, nos pondríamos de acuerdo los dos y reclutaríamos a varios buenos ayamontinos para hacerlo nosotros, pero yo espero que Antonio acceda a nuestra petición. Me gustaría verla blanca, con la blancura de nuestra cal y que la gente subiera hasta el viejo barrio y se asomara a ella.

Para terminar, decir que enfrente de la barda, esquina a calle Tarpeya, además de la familia de Juan el Chinche y de Guerrero, en el intermedio vivió la familia de Joaquin "el Gordito", porque si no lo digo y se enteran cualquier escucha a mi amiga Angustias la bronca que me iba a echar.

17/10/2008 22:21 mojarrafina ;?> Hay 1 comentario.

AYAMONTE, UN CALLEJERO MUY PARTICULAR. El Peñón

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Ahí es nada, nada más y nada menos que mi barrio, donde nací y viví hasta los 27 años cuando me casó. En realidad el Peñón es el nombre de un barrio, pero un barrio muy particular, porque sólo cuenta con dos calles, Olivo y Tarpeya, que se cruzan a mediados la calle Olivo, quedando a la derecha el tramo de la calle Tarapeya con escalones y a la izquierda la parte de la misma que llega hasta lo que hoy es urbanización Quebranta, y que denominábamos como "el Campillo". Niños, no jugueis a la pelota en la calle, irse al campillo. Pero en realidad cuando se hablaba del Peñón siempre nos referíamos a la calle Olivo y como mucho a la calle Tarpeya en su tramo de escalones y poco más arriba donde a la vez doblaba a la derecha, donde vivían Joaquina la Polaca con su familia; la Peseta; la puerta trasera de Paco el Práctico; la familia del Pámpano, la de Brito el policía y la de María la Curita, después ya se enlazaba con las chozas. Por la parte larga destacar los dos corrales de vecinos; en el primero vivían la familia Valenzuela, Juan Rasco conocido por Ofito, y la gran familia de Pepa la Rubia. En el otro corral, la familia de Adolfo, la de la Galana, el Trompo, Manuela la de Fernandito y la familia de Camilo el consumista, que daba a la calle Buenavista al igual que la de Ofito. En el primer patio se celebraban los famosos "Mastros" que organizaba Ofito, pero eso merece artículo especial.

Ya en la calle Olivo, empezando desde atrás, lindando con la mansión del pintor Rafael Oliva, vivían, la familia del Pachán, Carmen la Fogona con su peculiar tienda, de la que también hablaremos, Manuel Oliva el carpintero, Paco el Práctico y ya en la esquina con Tarpeya, la familia de Juan el Chinche, y posteriormente la de Guerrero el de los electrodoméstivos.  De ahí para abajo, la primera casa a la derecha era la mía, pero totalmente distinta, de una sola planta y tejado, más adelante la de Vicente Soler, Rafael el Cojo, mi madrina Maria Cruz, aunque la conocíamos como María Piris por su marido, un corral de vecinos en el que vivía el desaparecido José Monteagudo, el Viejo; y en la otra parte, puerta de acceso a la casa de Marquilla la Gitana, pues se entraba principalmente por la calle Tarpeya de los escalones, la de Patrocinia, El Gori y María Dolores, y finalmente la de Antonio Saldaña, padre de Juan el barbero.

En el Peñón celebrábamos los niños la Semana Santa sacando pasos en miniatura, las velas las hacíamos nosotros mismos y organizábamos concursos de saetas que casi siempre ganaba yo, hasta que un día me ganó Carmelo Tortosa, padre de los peluqueros y me parece que todavía estoy llorando, él ganó una perra gorda y yo una perra chica, pero sin consuelo posible. También organizábamos corridas de toros, confeccionando los trajes con papeles de seda de colores y destacando como torero Mauricio Correa.

En fin, recuerdos entrañables de mi niñez y juventud, sin olvidar aquellas tertulias nocturnas tomando el fresco que ya no se llevan desgraciadamente, la televisión ha terminado con muchas costumbres, qué le vamos a hacer.

He dejado para una próxima ocasión, por su peculiaridad e importancia dentro de lo que podemos denominar paisaje urbano privilegiado, la parte del Peñón que era y es una larga balda, La Barda del Peñón.

15/10/2008 14:51 mojarrafina ;?> Hay 2 comentarios.

AYAMONTE, UN CALLEJERO MUY PARTICULAR. La calleja del Rancho Grande

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Muchos jóvenes que visitan el blog se preguntarán a qué viene eso de "Grande" referido al Rancho. Pues sí, amigos, viene bien, porque aunque últimamente se haya quedado en Rancho a secas siempre fue el Rancho Grande. Eso de tomarse una copita de fino de Miguel Carro con unos jurelitos fritos en casa Clemente, o sea, en el Rancho Grande, era cuestión cotidiana.

La Calleja del Rancho Grande enlaza la Avenida con  la calle Huelva y en ella se podía leer un letrero propio de la época que decía así: "salida de carruajes", razón evidente de que los coches entonces ni existían. Su verdadero nombre es el de Rodrigo de Jerez o Xerez, uno de los navegantes ayamontinos que acompañó a Colón en el viaje del Descubrimiento y que fue aquel del que se dice que trajo el tabaco a Europa, si es así, mala cosa, pero en todo caso nos queda el consuelo de pensar que ni hubiera sido el  tarde o temprano lo habría hecho otro.

En su lateral izquierdo el lateral de la taberna que le dio nombre a la calle, más adelante, una tasca conocida por "El Zapuzo", de la que hablaremos en otro apartado, y haciendo esquina con calle Huelva, el lateral de la antigua oficina de Correos. Por la derecha, el lateral de una antigua funeraria y de mitad de la calleja hacia adelante, la zapatería de Jaramillo, que la constituían el taller de zapatero remendón y la tienda de venta de zapatos propiamente dicha.

Pero la Calleja del Rancho Grande era famosa sobre todo en Semana Santa, pues ese paro obligado de todas las cofradías para preparar la entrada en Tribuna Oficial, se aprovechaba para que los depauperados cargadores de entonces se tomasen un par de vasos de vino blanco peleón que les llevaba un poco de calor a sus vacíos estómagos.

 

07/10/2008 09:54 mojarrafina ;?> No hay comentarios. Comentar.

AYAMONTE, UN CALLEJERO MUY PARTICULAR. El Callejón del Gringo

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Hay calles ayamontinas que nunca se han conocido por su nombre, y mira que en el caso de hoy, Rosa, es bonito, uno de los nombres más bonitos que puede recibir una calle, no es político, no es religioso, no es de derecha, no es de izquierda, incluso cuando nos hace daño con sus espinas y nos preguntan por la sangre, con toda amabilidad, sin irritarnos, decimos: nada, que me he pinchado con una rosa.

Bueno, ni por esas, nuestra calle Rosa, que está ubicada al final del todo de la calle Huelva a la izquierda, siempre fue conocida por el Callejón del Gringo, sin  que se sepa por qué, yo al menos lo ignoro y apelo a algún antiguo que lo sepa y quiera aclararlo.

El tal Callejón del Gringo era una vía de tierra que enlazaba la calle Huelva con la pedrera del señó Canasta -ya hablaremos de ella en su momento- y desde allí se subía campo traviesa hasta el cementerio para tomar el callejón Largo si se iba a la Villa o el Corto si se iba a la Plazoleta. Una vía de alivío pues ahorraba el enorme rodeo que significaba buscar otras salidas como la calle Buenavista. Asi que siendo un  vulgar callejón de tierra prestó a lo largo de los años ese servicio, y hoy los sigue prestando pero a duras penas porque alguien colocó una valla metálica para que no se pasara y que esta mañana he visto derribada.

El lateral derecho no ha cambiado en nada, sigue siendo la linde del conocido huerto de los Iñiguez , por cierto,  bastante abandonado y hoy también del taller de motos de mi amigo Morales. Por la izquierda ha cambiado sustancialmente con motivo de la construcción de viviendas en los terrenos que antes fuera una pequeña huerta que perteneción a mi amigo Joaquín Rodríguez Vizcaya, vamos, el "Gordito de la aduana", y que daba a la calle Juan Fernández o "de los Perros".

Pero lo que más llama la atención, y de forma negativa, es el estado en que se encuentra. Antes, cuando era callejón de tierra y a ambos lados propiedades rústicas o semirrústicas, bueno está, pero ahora, con las nuevas viviendas y la excelente urbanización que queda una vez pasada la calle, y a más inri, después de colocarle el bonito azulejo que lo identifica como calle Rosa, no merece la  pavimentación que presenta, parece como si todas las obras de los alrededores vertieran en la calle Rosa las sobras de cemento. Mitad cemento mal echado, y la otra mitad, entre escombros y tierra. Al no tener aceras y no ser vía para el tráfico de vehículos, no creo yo que cueste mucho pavimentarla para que quede más decente. A ver si es verdad.

04/10/2008 14:51 mojarrafina ;?> Hay 1 comentario.

AYAMONTE. UN CALLEJERO MUY PARTICULAR. La Callejita el Loco

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La fotografía que tenéis o tendréis a la vista, como reza el azulejo, corresponde a nuestra calle San Pedro, pero de antiguo fue llamada, y no me preguntéis por qué, porque no lo sé, como la "Callejita el Loco". La lógica me hace pensar una de dos, que en ella viviera un loco o que por ella pasara con frecuencia un loco, y también podríamos recurrir a la leyenda, como ocurre con el lobizome o el morito del Callejón Corto, que el loco sólo existiera en la imaginación.

Calle más bien pequeña y estrecha, peatonal, pero así y todo albergó actividades de mucha enjundia en nuestro pasado reciente, a saber:

En la Callejita el Loco estuvo establecido el Frente de Juventudes, allí íbamos los jóvenes de la época a jugar al pin pon, a escuchar las charlas de los líderes falangistas, a ver representaciones en su pequeño escenario, y a beber una copa con una tapita de atún en conserva. Y a velar a los caídos por Dios y por España llegado el 20 de noviembre de cada año. Hoy, si preguntas por ahí será raro que encuentres a alguien que reconozca que visitó siquiera el Frente de Juventudes, no sea que lo tachen de fascista-franquista, con lo progresista que es hoy el personal en general. Yo os digo que yo sí,  incluso tenía mi uniforme de flecha, que dicho sea de paso, era obligatorio sin querías seguir estudiando en el Instituto Laboral. y lo pasaba muy bien en el local, al fin y al cabo era lo que había.

También estaba establecida la añorada y querida Radio Juventud de Ayamonte, que nos fue expoliada y llevada a Huelva dicen que con la colaboración de un ayamontino, por cierto, el líder falangista más destacado.

Más arriba, un colegio público de niñas denominado Colegio Titular, no se a qué venía tal nombre, recuerdo que las niñas vestían uniforme blanco. Y una canción muy repetida para el juego de la comba: "en el Colegio Titular, han puesto tablas, cuando pase Matilde, tropiece y caiga; pasó su novio, la vió llorando, qué te pasa Matilde que lloras tanto,me he roto un hueso y tres costillas, a la noche veremos las pantorrillas". El nombre de la niña cambiaba según la que saltara.

Frente al colegio, una carpintería y a lo largo de casi la mitad de la pared derecha se podían oir las notas del piano que con tanta afición tocó siempre nuestro admirado maestro Barbedún, es decir, Manolín Feu. Tampoco podemos olvidar la vieja pensión de Ramona Reyes y la que con el tiempo fuera, en el lugar que ocupó el colegio citado, la vivienda  primer conserje del Instituto Laboral, el recordado Paco el Misionero.

Anda que no dá nada de sí una calle tan pequeña, una callejita, la Callejita el Loco.

27/09/2008 14:48 mojarrafina ;?> Hay 1 comentario.

AYAMONTE, UN CALLEJERO MUY PARTICULAR. La calle Rompeculos

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La calle Rompeculos es de las más típicas de Ayamonte, aunque su verdadero nombre es el de calle Peligros, pero como ocurre en estos casos, el nombre oficial queda en segundo término.

Se trata de una calle que ha servido de referencia de muchas cosas durante toda la vida. La calle Rompeculos es la calle donde tenía su papelería doña Genara, la mujer de Laureano Garcés, abuelos de Paco Conde, donde comprábamos los colorines del Guerrero del Antifaz, el Cachorro, el Espadachín Enmascarado, Roberto Alcázar y Pedrín, etc.; es la calle donde el difunto el Picao, el albañil, se asomaba en la esquina a calle Huelva a cantar sus saetas con aquella voz potente, clara, inconfundible; su esquina de abajo servía de referencia para indicar donde estaba la tienda de comestibles del "Jorobaíto", que era como cariñosamente llamámabos al bueno de Domingo Ríos; en la otra esquina, ya en calle Huelva, el inconfundible azulejo de Padre Jesús; en ella vivió Manolito Cruz...

Lo que llama la atención es su nombre popular, Rompeculos, que seguramente se debe a las caídas hacia atrás que sufrieran las personas que la frecuentaran dado la escasa altura de sus escalones y seguramente resbaladizos los antiguos especialmente en días de lluvias. Finalmente, y volviendo a lo del Picao, es sitio ideal para ver las procesiones en Semana Santa cuando los pasos provinientes del convento toman la calle Huelva.

26/09/2008 13:18 mojarrafina ;?> No hay comentarios. Comentar.

AYAMONTE, UN CALLEJERO MUY PARTICULAR. La Calleja de don Celedonio

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La pobre calle Estrella es de esas calles a la que conocemos porque nos damos de cara con el azulejo ya que es raro el ayamontino que no deambula por la Avenida, o porque leemos su nombre en los libritos que edita Agrupación de Cofradías para informarnos por donde pasan las procesiones.

Hay que explicar las cosas para los más jóvenes, así que no me mojarreen los mayores. El lateral izquierdo de la calle Estrella, según se mira desde la Avenida a la calle Huelva, en su parte alta, era ocupada íntegramente por la vivienda de un médico ayamontino llamado Celedonio García Gutiérrez, cuya casa daba a la calle Huelva. La parte baja la ocupaba la vivienda de un veterinario, que también fue senador, llamado Miguel Esteban Martín. Pero el médico se llevó el gato al agua, quizás porque llevaba viviendo allí mucho más tiempo, y esa calle terminó llamándose para todos como la Calleja de don Celedonio.

Por la Calleja de don Celedonio pasaba en tiempos la cofradía de Ex-combatientes, y la de Padre Jesús, que no se si sigue haciéndolo porque hace muchos años que no asisto a la procesión, y en una ocasión discurrió por ella la del Lunes Santo, que para eso son muy suyos y tienen que hacer algo distinto cada año.

En la Calleja de don Celedonio se fraguó uno de los futbolistas más destacados de la historia de nuestro Ayamonte C.F., el defensa central Victoriano Saldaña. Lo mismo le daba jugar con una pelota que con una piedra, lo importante era jugar al fútbol, y de esa vocación, de esa indomable afición salió aquel gran defensa.

Y en la Calleja de don Celedonio, frente a la casa del veterinario, aprovechando un pequeño espacio poco más que el hueco de una escalera, estuvo establecido algún tiempo un zapatero remendón y más tarde vendedor de cupones: el siempre recordado Manuel Trinidad Sánchez Valdés, de siempre Trini el Cojo, y ya de moda Tito Cojo, mi querido amigo y llorado tocayo.

24/09/2008 02:35 mojarrafina ;?> No hay comentarios. Comentar.

AYAMONTE, UN CALLEJERO MUY PARTICULAR. Hoy: la Esquina el Convento

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La pobre calle Santa Clara se nos quedó siempre en segundo término; como calle, le gana la denominación popular de Gran Vía, y como lugar, le come el terreno la expresión que tratamos, la Esquina el Convento. Y es que en Ayamonte todo lo que haga referencia a las Hermanas de la Cruz toma preferencia, no es para menos. No se como sería muy antiguamente, en tiempo de las Clarisas, pero supongo que los paisanos de la época también nombraría esa esquina con preferencia.

Una de las expresiones más sonoras de nuestra peculiar forma de hablar es aquella "pegarse un barrigazo en el filo de la dársena", pues bien, he de aclarar a los jóvenes blogeros que originariamente no se decía así, sino que el lugar para pegarse el barrigazo era la esquina del convento: pégate un barrigazo en la Esquina el Convento. Yo creo que se debía a que dicha esquina estaba protegida de golpes de carruajes con una chapa metálica, ignoro el material, y por eso resultaba ideal para cumplir aquel peculiar castigo del barrigazo.

La Esquina el Convento -observarán que cuando hablo de un lugar o de una estructura lo hago con minúsculas y cuando me refiero al sitio concreto recurro a las mayúsculas pues así la expresión cobra más entidad y será así con todo el callejero- ha sido siempre punto de referencia para los ayamontinos, sobre todo en Semana Santa; de sus alrededores nos queda el recuerdo nostálgio de la desaparecida "Talía" o del estudio fotográfico de Paco Báez, sin olvidar que un poco más arriba quedaba el Pozo de los Almendros.

21/09/2008 14:33 mojarrafina ;?> No hay comentarios. Comentar.

AYAMONTE, UN CALLEJERO MUY PARTICULAR. Hoy: la Callejita Estrecha

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No sólo en Ayamonte, yo diría que en todas las poblaciones, especialmente en los pueblos, los nombres de las calles son sustituídos por unas denominaciones que terminan arraigando y haciendo que la nomenclatura oficial pase a mejor sueño.

Ese será el tema de esta nueva página que acabamos de inaugurar, y la abrimos con una denominación yo diría que preciosa y cariñosa para con una de las calles más pequeñas, si no la más, de Ayamonte.

Hoy su nombre es, diríamos, geográfico-geométrico, o sea, se trata de una calle sin nombre: T. Huelva reza el azulejo. Es decir, geográfico porque se refiere a un lugar, y geométrico porque es una calle que une otras dos calles, en este caso una calle y una avenida, de ahí lo de transversal Huelva, que digo yo que también podría denominarse transversal Avenida de Andalucía porque la calle transversal siempre hace referencia a la calle donde desemboca y teniendo en cuenta que la avenida es más "joven" que la calle Huelva, viene de Huelva y va a la avenida, pero díganle ustedes esto a los técnicos municipales y verán la carcajá que le sueltan, y no quiero señalar a nadie, aunque uno ya se lo imagine.

Bueno, a lo que íbamos, esta calle fue nombrada en tiempos como de Sor Eloísa, en honor de una religiosa ayamontina que al parecer todo lo grande que hizo por Ayamonte fue enchufar a los que iban a San Fernando a hacer las mili por la Marina (si alguien conoce otros méritos, por favor, que me lo digan con un comentario). Como a pesar de todo resultaba ridículo rotular el nombre de una calle en favor de alguien relevante y la tal calle no tuviere ni una mísera puerta, sólo las ventanas del bar la Cepa, pues todas las demás se abrieron con posterioridad , se echó abajo el azulejo y se trasladó la denominación al Banderín, de modo que se pasó de una calle escurriaja a una populosa vía en un populoso barrio. Bueno está lo bueno.

Pero lo princpal es que nunca perdió su genuina denominación para los que ya peinamos cana y que me gustaría hicieran suya los jóvenes: la Callejita Estrecha. Aquella empezaba en la avenida y llegaba hasta la calle Lepe, también Comandante Haro e Iberia y ya definitivamente Huelva. dándose de cara con la casa de Manolo feria "el Tejaíto".

Para mi gusto, debería rotularse así, como Callejita Estrecha, pero si se le quiere poner nombre a la callejita, lo tienen blanco y en botella, o sea, la Callejita del Cepa. Allá va la idea, para la correspondiente papelera, supongo.

Bueno, espero mos haya gustado esta primera entrega. Gracias por asomaros a verla.

 

18/09/2008 17:47 mojarrafina ;?> Hay 3 comentarios.


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