A mi amigo y colega José María Mayo Luis,
exégeta de lujo de este modesto blog.
Escribo este artículo con la más que razonable ilusión de que el asíduo bloguero don José María Mayo Luis, destacado exégeta del mismo, lo escrudiñe y obtenga de él conclusiones coincidente con las ideas plasmadas, al menos en lo esencial, que ni mucho menos ha de coincidir con lo mayoritario.
Hace unos días, se suscitó en nuestro pueblo una singular polémica de índole política con motivo de la actuación en un Pleno municipal –posiblemente mal entendida, pero también escasamente explicada- del Tripartito de facto instalado en el Consistorio ayamontino desde aquel mal día –las rupturas generalmente traen malas consecuencias- en que Psoe y Pa decieron romper aquellos fuertes lazos anudados en una mañana de euforias electorales, que al final vinieron a resultar más frágiles de lo esperado y deseado.
Y es que las cosas son como son y lo que no puede ser no puede ser, y además es imposible, como sentenciara el gran Juan Belmonte. Con una simple moción de censura mi buen y joven amigo Antonio Castillo se hubiera tenido que ubicar en la oposición y ahora estaríamos hablando de un Tripartido de iure, más legítimo, más comprensible, menos catártico, que este de facto, que no digo yo que así sea, pero que parece nacido con miras de acoso y derribo contra una opción política herida de muerte.
No fue así, y los heridos de muerte, lejos de resentirse de sus heridas, se asomaron al balcón de la huida hacia adelante, de la que a veces es compañera de viaje la prepotencia, recordando modos y maneras anteriores pero sin su basamente aritmético, que al fin y al cabo la democracia tiene más de Pitágoras que de Revolución francesa o Mayo del 68.
De modo que ahora tenemos un Gobierno que no puede gobernar, y una Oposición que pudiendo hacerlo no lo hace. A ver quien me endereza este entuerto.
Parece que lo de las fiestas de los patronazgos se ha arreglado, pero no sin dejar su huella en el personal de a pie –“con la perrita no se juega”, reza la frase popular-. Y ello me recuerda, bueno, me recuerda no, es que acabo de leerlo durante mi segundo o tercer repaso por un libro imprescindible para los amantes de la Historia contada con rigor, honradez y encima amenidad, del que sin duda disfrutaría mi particular exégeta si no lo ha hecho ya. Me refiero a la imprescindible obra del profesor e historiador Fernando García de Cortázar, “Los perdedores de la historia de España”. En él se cuenta como el rey visigodo español Recesvinto, allá mediados en siglo VIII, convocó el III Concilio de Toledo, y como en éste se acordó transmutar la fecha de la Anunciacion de la Virgen del 25 de marzo, a partir del cual y hasta la Navidad transcurrían los nueves meses normales de una gestación, al 18 de diciembre, con la poco decorosa disculpa de que no era propio que una fiesta gloriosa se celebrase en plena Cuaresma. Con el paso del tiempo las aguas volvieron a su cauce: reza un viejo aforismo jurídico-administrativo que “los ríos suelen ir con sus escrituras debajo el brazo”. Y el prestigioso historiador, brillante tambien en el manejo de la metáfora, nos dice que al tomarse aquella disparatada decisión se paró el reloj del Espiritu Santo.
En Ayamonte, el del Espíritu Santo nó, pero el de los sentimientos abrumadoramente compartidos por los ayamontinos, sí, al menos durante una semana de disputas políticas con más visos de fuegos de artificios que otra cosa.
Podría haber sido peor, pero quedó en eso. Como diria un paisano castizo: "cagá de pato". Pero ojo, no nos confiemos en la nimiedad del escremento pajaril, porque una cagá de pato en condiciones bien puede acabar con una camisa, y si me aprietan, con todo un traje.