MOJARREANDO Nuevo estilo de cañero en nuestra Semana Santa.

Hace ya tiempo que uno de los enanos infiltrados que tenemos en el blog nos adelantó que conocía el nombre del nuevo presidente de Agrupación de Cofradías. Como estos infiltrados son tan suyos, sólo nos ha dado algunas pistas, pero no el nombre: dice que es funcionario; dice que es pintor; dice que le gusta ir mucho a Portugal y en Semana Santa a Sevilla y que en invierno usa bufanda blanca echada por los hombros en plan maqueo, no de abrigo, y que llega con unas ideas estrafalarias, entre ellas la introducción del nuevo personaje del cañero, al que pretende pertrechar cual si fumigador de parras se tratara, con mascarilla y encendedor de gas automático; alega que es por razones de higiene y seguridad en el trabajo y que eso lo vio en la catedral de Santiago cuando fue a pegarse el cabezazo.
Desde luego es obvio que en adelante el entrañable cañero perderá su estampa romántica, (si el recordado Gemero levantara la cabeza...), pero eso en Ayamonte es normal: pusieron palio a la Amargura, dejaron de revirar los pasos a la mar; escondieron las huchas de los votito, etc.
Yo espero que como nuestro personaje es artista lo del cañero sea solo un capricho y que para lo demás sea serio, como por ejemplo, encargarle el cartel al Pio Pa, y el pregón al Anguilla.
En fin, pilarín.
Y ahora a esperar que esta broma se la tomen como eso y que no vengan los exaltados en la especialdad dando la lata, aunque pueden darla, no faltaría más.
MOJARREANDO. El Ayamonte C.F. salvó la categoría... con dos cojones.

Ha llegado el momento de rendir cuentas, no las económicas, que esas, aunque tenebrosas, son pecata minuta al lado de las de las conciencias. En los albores de la presente liga, tan albores era que estábamos en la primera jornada, nuestro querido Ayamonte C.F. ganó en Ceuta al equipo titular de aquella ciudad. Sin embargo, el error de no sé quien, incluso compartido, dio lugar a un miserable chivatazo, a un chivatazo presidido por la más ruin felonía, por el odio quizás, incluso por la impotencia de no saber reaccionar al envite de unos nuevos directivos que presididos sólo por la afición y la ilusión arrebataron el poder a algunos –no todos, por supuesto-que se lo creían suyo. Y sonó el teléfono no sé en que oficina, domicilio o lugar, pero afín a la directiva del equipo ceutí. El traidor de turno, cuyo nombre no ha trascendido pero que tanto el de él como el de algún otro compinche están en el creer de todos, informó a los ceutíes que el Ayamonte había alineado indebidamente un jugador castigado la temporada anterior. Nos quitaron los puntos, tres puntos que hasta el final han sido decisivos a la hora de evitar tanta angustia, tan desazón.
Al final se hizo justicia, esa justicia que aparece de vez en cuando para poner las cosas en su sitio, y miren por donde dos goles a ultimísima hora, el del Ayamonte y el del Marinaleda, que empataban sus respectivos encuentros, se produce un triple empate a treinta y ocho puntos que obra a favor de nuestro Ayamonte y manda al descenso precisamente al Murallas de Ceuta. Carambola de la justicia, aunque a fuer de sincero tenemos que considerar que el equipo se aprovechó de un chivatazo para lograr en los despachos lo que habían perdido en buena lid en el terreno de juego. Para los del Muralla, aquello de que “Roma no paga a los traidores” no contó para nada, y agarrados al hilo de la felonía jugó otro partido que al final no les sirvió para nada.
Nuestro Ayamonte pasa por unos malísimos momentos económicos, no recibe ayuda de casi nadie y ahora tiene que pagar a unos jugadores –los veteranos que se fueron y que habían prometido desinterés y entrega a los colores, unos colores con los que se pasearon por España jugando una liguilla de ascenso- y que han demandado el cobro. Y a los nuevos, a esos chavales, como les llamamos cuando los vemos jugar, que sin cobrar se han partido el alma en el terreno de juego domingo tras domingo. Con amor a sus colores, con afición al fútbol, y, por que no decirlo voz en grito… con dos cojones.
El Ayamonte C.F. ha salvado la categoría. Ahora vendrá la otra liga, la económica, que también terminaremos ganando…con dos cojones.Por más que les joda a más de uno.
MOJARREANDO. El paje que apuntaba maneras.

A veces, cuando analizamos la vida de una persona ya entrada en años y citamos sus defectos y sus virtudes, alguien termina diciendo: ya de pequeñito apuntaba maneras.
El paje de la foto ya apuntaba maneras desde tan tierna edad, maneras de buena persona, de buen corazón, de espíritu de servicio a los demás, de sacrificio. Así ha sido toda su vida, aunque algún malajoso haya tratado de desvirtuarla con el resultado que todos sabemos: una contestación masiva y unánime favorable al pequeño paje.
Yo conocí al pajecito de la foto desde muy joven, y aunque tiene diez años más que yo, no es por ná, hicimos muy buena amistad, que nació en el trabajo que compartíamos en el desaparecido Despacho Central de la Renfe.
Como observaréis, la elegancia del antiguo paje del Santintierro de las Angustias no tiene nada que ver con la de los acólitos de mi amigo Pepito Márquez, en especial con la del Landero y el Báez, pero bueno, como diría un ayamontino castizo: todo el mundo no puede vivir en la calle Real.
El paje que apuntaba maneras positivas desde su más tierna infancia, hoy no es que las apunte, es que las ratifica a diario. Un abrazo, primo.
P/D. Mojarrafina concederá un premio no en metálico que se sorteará entre los que identifiquen al personaje.
MOJARREANDO. Vírgenes competitivas.

No sé si fue Karl Marx quien dijo aquello de que “la religión es el opio del pueblo”. No estamos de acuerdo, don Karl, aunque a fuer de sincero habríamos de admitir que en cierto sentido no va usted mal encaminado. Ahí nos ha dejado la Historia la Inquisición, santa para más inri; las Cruzadas; la esclavitud ordenada en Sudamérica por los reyes cristianos; el fanatismo de Al Qaeda, en fin, pilarín.
Y todo ello porque eso de confundir el tocino con la velocidad no suele dar buenos resultados. Ya lo dijo el gran jefe: al César lo que es del César…. A pesar de todo seguimos adelante con los faroles. Y llegado el final de la temporada futbolística los afcionados y sus clubes practican la costumbre de ofrecer sus trofeos a la Patrona de turno después de haber convertido en involuntarias competidoras a un sin fin de Vírgenes. La Almudena lleva este año dos. Nuestra Señora de Begoña, sin embargo, se ha quedado con la miel en los labios pues sus patrocinados cachorros bilbaínos sólo fueron subcampeones. Y resulta raro y chocante que siendo única la Virgen una advocación tenga más influencia que otra para que ganen los suyos. Porque a eso se va, a ofrecerle el trofeo ganado por su intercesión.
Hace muchos años el Betis y Las Palmas se jugaban una plaza de descenso a segunda división. El entonces capellán del equipo sevillano, nuestro paisano Pepe Márquez Valdés, se llevó al equipo bético al Rocío para pedirle a la Virgen que no descendiera el equipo. Al mismo tiempo el cura del Las Palmas hizo una cosa igual y se los llevó con idéntico deseo a la Candelaria. Descendió el Betis, se mantuvo en primera el Las Palmas. Ganó la partida la Candelaria.Aunque dicho sea de paso, ni la del Rocío ni la Candelaria habían competido.
¿De verdad cree esta gente que es normal esa costumbre?. En muchas ocasiones la mayoría de los futbolistas que asisten al evento ni siquiera son creyentes.
Y no es que don Karl tenga razón, pero la verdad es que hay cosas que si no huelen a opio, al menos huelen a chamusquina.
AYAMONTE EN EL RECUERDO. La Virgen de las Angustias: ayamontina y portuguesa.

Dentro de unos días nuestra Patrona visitará algunas ciudades portuguesas. Dicho así, a secas, puede que no signifique nada especial, pero si nos atenemos a la conocida leyenda de su hallazgo en el río por parte de los hermanos Coritos, todo lo que se va a organizar o ya se está organizando tiene sentido, y vaya que si lo tiene.
La leyenda nos cuenta que como la imagen de la Virgen fue hallada en aguas portuguesas, en uno de sus esteros que dan al Guadiana. Los lusos, con cierta razón, la reclamaron para sí, y las autoridades españolas, conscientes de tal razón, accedieron a la petición. Pero he aquí –sigue la bella leyenda- que la Virgen “quiso quedarse en Ayamonte”, y una y otra vez durante el traslado se presentaba una tormenta que lo hacía inviable.
Ante la evidencia, los portugueses decidieron que la Virgen se quedara en Ayamonte, y desde entonces su devoción a la imagen sagrada es tan grande que bien podríamos considerar que nuestra Patrona desde su corazón comparte el patronazgo, y ellos lo saben, y lo sienten. No hay más que verlo cuando llegan las fiestas patronales, como llegan masivamente a adorarla.
Que al cabo de los siglos la imagen de la Virgen de las Angustias visite tres ciudades portuguesas resulta todo un placer a ambas orillas del Guadiana. Los ayamontinos sabemos que en tierras lusas va a sentirse tan a gusto como en su propia ciudad. Y en esa confianza la actual junta de gobierno ha decidido el evento. Desde Mojarrafina sólo nos queda animar a todos los ayamontinos a participar en esos días de gloria, de amor y de fraternidad, porque entre Ayamonte y los pueblos portugueses del Algarve, si bien existió una frontera, esta sólo fue natural, geográfica, política, fiscal...pero nunca humana, ni social, ni vivencial. Y mucho me temo que en ello tuvo mucho que ver la Virgen. Nuestra Patrona pues, no necesita pasaporte para bendecir a sus hijos portugueses. Que todo salga bien y enhorabuena por anticipado.
AYAMONTE EN EL RECUERDO. Los santos de palo.

Lo de los “santos de palo” fue un término acuñado por los Padres Paules en Ayamonte allende mediados el pasado siglo. Trataban con ello de menospreciar la devoción que los ayamontinos teníamos a las sagradas imágenes. Eran abiertamente “enemigos” de la Semana Santa cofradiera, aunque, dado el carácter de nacionalcatolicismo del régimen político imperante, no tenían más remedio que asistir a las procesiones ataviados con sus más vistosas vestimentas litúrgicas, capas incluídas a partir del Jueves Santo.
Pero he aquí que llega el año 1960 y a los citados curas no se les ocurre otra cosa que organizar en nuestra ciudad una misión. Al principio nos entró un complejo de negritos africanos o indios americanos del carajo, porque la idea que teníamos de una misión era la de unos misioneros con barba y vestidos de blanco que iban a Africa y a América a evangelizar a aquellas incivilizadas criaturas.
Pretender que el pueblo respondiera masivamente era poco menos que una utopía. De suyo, el acontecimiento anunciado no ofrecía nada de atractivo al general de los vecinos. Pero los curas siempre han sido más listos que el hambre, y ¿qué creen mis queridos blogueros que se les ocurrió para que los misioneros tuvieran una multitudinaria acogida?. Pues nada más y nada menos que sacar a la calle a los “santos de palo”.
Y salieron, la Virgen de las Angustias, Padre Jesús, Pasión... hasta la talla de San Vicente de Paul. Y claro, las calles se pusieron hasta los topes, y todo fue un éxito. Yo creo que ese día y el del entierro del inolvidable Antonio Massoni Jesús, fueron los que más gentes reunieron en las calles en toda nuestra historia.
La foto que ilustra el artículo la tenía un poco perdida, y es de un valor histórico considerable. Una multitud invade nuestra Avenida, entonces del Generalísimo, arropando la entrada de los misioneros, que aparecen en el centro de la misma encabezados por su director, el padre Langarica. En ella podemos distinguir a personas y familias del pueblo muy conocidas: la familia de Joaquín Rodríguez Vizcaya, “el Gordito de la Aduana”; la de Manolo “el Pancaro”; “el Lena”, el inolvidable Emilio Carro “Pelayo”, Pepe “el Loco”, y cargando con las andas que porta a San Vicente de Paul, algunos amigos, unos presentes y otros que ya nos dejaron: Manolo González “el Rubio”, Antonio Tortosa, Castillo “el Negro”, Joaquín Brito, y a la expectativa, Eduardo Losada.
Sí, señores blogueros. Los “santos de palo” les resolvieron el problema a aquellos curas que en realidad no querían saber nada de ellos. Cosas de la vida. O, como dice Mojarrafina, en fin, pilarín.
MOJARREANDO. El cierre de la sede de Agrupación y su museo.

A través de un comentario insertado no recuerdo en qué artículo de Mojarrafina, llega a nuestro conocimiento que se ha cerrado el museo de Agrupación, aunque nos queda la duda de si se trata del museo o de toda la sede, es decir, si las oficinas se han trasladado a otro lugar que resulte más económico.
Desde la sede de Mojarrafina en la fortaleza Hins al Faray es imposible contar con datos objetivos, por eso este artículo será ponderado y sobre todo, prudente.
Si la sede de Agrupación y su museo se cierran por cuestiones económicas resultaría hasta cierto punto comprensible, pues mantener un sueldo y un gasto de energía eléctrica para, como dice un afamado bloquero, “cero visitas”, no parece lo más recomendable.
Pero hay una cosita que se hace necesaria: la oportuna información, pues no hay que olvidar que lo mismo que Hacienda, la Semana Santa somos todos. Ignoro si esa información se ha dado o si se piensa dar, cosa que, me van a perdonar aquellos a quienes corresponda darla, lo dude. No quisiera que en esta materia se recurra al oscurantismo propio de quienes creen que el mundo cofrade es de unos pocos, y que las decisiones no tienen por que publicitarse.
La sede a Agrupación se erigió con dinero público, es decir, con el de todos los ayamontinos. Con esto queda dicho todo.
La Cuesta de la Merced se queda un poco huérfana, y si es cierto lo del cierre, el edificio más aprovechado de nuestra Historia (mercedarios, guardias civiles, estudiantes, señoras de canastillas, feria de la tapa cofrade, etc.), terminará en el más que probable ostracismo.
MOJARREANDO. Los sevillanitos ayamontinos en la Feria de Abril.

Llueve en Sevilla la víspera del “Día de los Catetos” de la Feria de Abril. Con lluvia o sin ella, los sevillanos se despiden esta noche de su feria porque por lo visto les molesta la bulla de las gentes de los pueblos. Quieren que sus fiestas sean las más universales, pero cuidado, sin molestar. Así ha sido siempre. También los pueblerinos podríamos quejarnos cuando invaden nuestras playas y encima dejando esa suciedad que les caracteriza. En fin, pilarín.
Me consta que en Ayamonte, tres famosos sevillanitos semanasanteros se tornan ahora sevillanitos feriantes y tienen pensado arribar por aquí. En todo caso, bienvenidos, ya les he ofrecido un buen aparcamiento en mi barriada y el ascensor que los conduzca hasta la estación del Metro, pero el sevillanito jefe es muy tozudo y quiere dejar el coche en la capital, así les luce más. En fin, pilarín.
Hacen bien en viajar tanto, lavida pasa rápida y hay que aprovechar. Yo mismo iré con mi mujer a Córdoba el próximo día 9 a visitar los Patios y las casas-museo de Viana y Romero de Torres. Es lo que hay.
Sevillanitos, aquí os espero… si queréis.
LA BUENA GENTE DE AYAMONTE. Antonio Correa, Prior de la Orden de los Hermanos Hospitalarios de Ayamonte, y puli.

Vivimos en un mundo preñado de clisés, estereotipos, globalizaciones, un mundo en el que es normal meter en un solo saco toda clase de productos, conductas, etc.
Como la labor de la Policía es preservar el orden público y ello conlleva en muchas ocasiones actuaciones violentas; como los funcionarios policiales son los que llevan a los delincuentes a la cárcel; como detienen a los delincuentes… parece que no es dable afirmar que un poli sea buena persona. Y los hay buenas personas a porrillo, en todos los cuerpos. Porque todo eso que decíamos anteriormente lo hacen precisamente en defensa de las personas honradas y sobre todo de las más indefensas.
Hoy le toca el turno a un puli de los buenos, mi querido amigo y admirado Antonio Correa, prior por herencia paterna de la Orden de los Hermanos Hospitalarios de Ayamonte.
La enfermedad lo apartó muy pronto de la actividad policial y ahora vive el regocijo de una jubilación anticipada junto a su esposa Manoli, una gran mujer con una envidiable voz.
Antonio frecuenta el convento hospitalario de lo alto del Banderín, al que acuden buenas gentes como él. Y sobre todo, se ha convertido en un comensal, en un groumet de lujo cuando su primo Manolo, director del coro María de la Purísima, organiza una comida, a la que acude como cantor consorte, lo que no quiere decir que acuda de válvula como más de uno suele pensar.
Me ha sido imposible escribir esta semblanza en tono serio. Mi hermano Correa es un cachondo como yo. Pero ahora me pongo serio y afirmo que don Antonio Correa el puli, es muy buena gente, y por ello le abro las puertas del club de la buena gente de Ayamonte. Ya era hora de que en el mismo ingresara un hermano de la Orden Hospitalaria, por añadidura, su actual prior. Bienvenido, hermano.
LA BUENA GENTE DE AYAMONTE. José.

El nombre de José es posiblemente el más popular, el más conocido, el que más abunda en todo el mundo cristiano. Por ello, es lógico que para identificar a algún José tengamos que acudir a sus apellidos, a su mote o apodo, a su oficio o dedicación, a su ámbito familiar, a su origen, etc.
Sin embargo, en Ayamonte no es necesario acudir a ninguno de esos complementos para identificar a nuestro personaje de hoy, basta con decir José para que todo el mundo sepa a quien nos referimos.
José es sin duda uno de esos ayamontinos que más nos han alegrado la vida siempre, bien a través de su actividad carnavalera formando parte de inolvidables cuartetos, con sus llamativos disfraces, con sus naturales ocurrencias, y sobre todo con su gracia innata.
José sigue siendo un hombre fiel a su condición humana. Su feminidad es sabida, su homosexualidad también, pero siempre llevado con dignidad, y ha tenido el sabio acierto de no entrar en el confuso mundo gay que nos han metido entre pecho y espalda los americanos como si de una nueva cola cola se tratase. Un día le dije: "el día que yo me entere que te consideras gay te dejo de hablar". Y me contestó: "yo sé muy bien lo que soy, y tu también, no te preocupes".
Trabajador incansable y de una honradez cualificada, mi amigo José entra hoy en la nómina de la buena gente de Ayamonte. Y lo hace precisamente por eso, porque es muy buena gente, una gran persona. Bienvenido, amigo José.







