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Se muestran los artículos pertenecientes a Agosto de 2012.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Olores para la nostalgia 3.

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El primer tramo de la calle Huelva, la que va desde la esquina de Rompeculos a Hermana Amparo –antes Calvo Sotelo- era generoso en buenos olores en aquellos tiempos de tiendas de ultramarinos, bodegas de bocoyes y canillas y cocinas añejas donde se frie el pescado, el individual y el de moralla. Tramo de procesiones, de la Villa y de la Ribera (sin que ello suponga hablar de Semana Santa), y de antigua romería del Calvario.

Los primeros olores, a la derecha de la calle según se viene de Rompeculos, los inconfundibles a chocos fritos del antiguo bar Gildo. Recuerdo que de muchachos íbamos hasta la puerta trastera del bar, donde estba la cocina, a oler los chocos recién fritos, eso, a oler, que entonces era la única “adquisición” posible. Buena cocina la del bar Gildo. De siempre.

Más adelante, los incofundibles olores a vermú, vino y coñac de la “Oficina”. Aclararemos esto para los jóvenes: en realidad era una tasca donde se expendía vino y licores para la calle,(cuando el padre de nuestro amigo Manolo Guerreo llegaba de la mar lo mandaba a comprar un cuarto litro de vino mesturao), pero también se servía en el interior a una más que fiel clientela de gente pobre. Creo que su dueño, Elías, era habilitado de pensionistas o algo así, y no era por ello un tabernero al uso, tenía una mesa grande de esas de oficina, de ahí el nombre del despacho de bebidas. Camareros inolvidables como el Badana y no tan olvidable porque aun está entre nosotros, mi amigo Manolo Barroso, el Gordo del Queveo, padre de un muchacho rubio que despacha gasolina en la Bp y de camino vende décimos de lotería de Navidad para su hermandad.

Frente a la “Oficina”, la inolvidable tienda de comestibles, o ultramarinos, como antes eran nombradas (hoy, con eso de las grandes superficies han quedado en simples “tiendas para el desavío”), del matrimonio compuesto por Eduardo Morán y su esposa, Sarita, así que hablamos de la tienda de Sarita, que era como la conocíamos. Olores a aceite que se despachaba manualmente por aquel sistema de válvulas, a cereales desapachados a granel y traídos desde el interior de la tienda donde permanecían los casos de arpillera, y sobre todo, de jamón, ese jamón auténtico que cortaba el mejor cortador de jamón del siglo: Eduardo Morán. Cortaba también lonchas de tocino de jamón e incluso de tocino solo, que iban a comprar los clientes de la “Oficina” para acompañarlas con la bebida y que se llevaban en un trozo de papel de estrasa que a la vez les servía de platera o plato. En esa tienda se hizo tendero mi amigo Jacinto Díaz:  de despachar todo de lo dicho, terminó despachando juguetes y ahora se dedica al arte de la fotografía, pero en plan aficionado.

Bueno, ya tenemos olores a gaseosas, a colonias de a granel, a choco frito, vermú, vinos y coñac, y jamón. Y no hemos hecho más que empezar. Que aproveche.

02/08/2012 11:14 mojarrafina ;?> Hay 20 comentarios.

AVISO A NAVEGANTES. Aspreato nos llama una vez más.

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En muchas ocasiones nos cuesta trabajo realizar una buena obra, al fin y al cabo todos tenemos también necesidades que cubrir.

En otras ocasiones la buena obra nos puede resultar, no sólo gratis, sino además aliviarnos de una carga al desprendernos de algo inútil que en muchas ocasiones ni siquiera sabemos qué podemos hacer con el “tiesto” en cuestión.

Casi seguro que la mayoría de nosotros tiene en casa un MÓVIL inutilizado, que ya no funciona y que además no tiene arreglo.

Pues desde MOJARRAFINA les decimos que no es cierto, que SÍ tiene arreglo, y además gratuito. ¿Sabéis cual es?: ENTREGARLO EN ASPREATO, calle Santa Clara o si véis por la calle a Paulete, el amigo PAU, dárselo directamente.

Con la entrega de esos móviles inservibles haremos una buena obra en beneficio de ASPREATO. Por cada uno recibirán 5 euros, y eso nos recuerda aquello del grano de arena.

Pues lo dicho, entreguemos nuestros inservibles móviles en ASPREATO y haremos una buena obra. Gracias por anticipado.

03/08/2012 13:57 mojarrafina sin tema Hay 2 comentarios.


AYAMONTE EN EL RECUERDO. Olores para la nostalgia 4.

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Otra  de las calles ayamontinas que nos legó y aun sigue ofreciendo olores de categoría es la calle Juan de Zamora, la veterana calle peatonal junto con la calle Real.

Viniendo desde la Plaza del Rosario –lo que siempre fue la esquina del Correo-, el primer olor que percibíamos era el las inigualables aceitunas aliñadas de José el del Zampuzo, un misterioso olor a un aliño jamás revelado, pero que sin duda fueron las mejores aceitunas aliñadas que se puedan recordar. Olor a vermut y a vino dulce, mistela y moscatel, para preparar la bebida que le dio fama al Zampuzo: los betis.

Un poco más adelante, frente al Zampuzo, olores a acémilas, especialmente burros, que paraban en la posada existente en la calle, a pesar de lo cual no se puede decir que fueran malos olores, como no lo fueron nunca en el muelle los de la morca, las sardinas estivás y la salmuera, al fin y al cabo olores a trabajo que busca el pan bien ganado.

Ya en la esquina, en el cruce con calle San Juan, bien avanzado el siglo vino a establecerse el muy recordado “Biri Biri”, con un bar al frente de cuya cocina estaba la buena de Pepa la Carpante, su esposa, cuya mejoría en su salud deseamos desde el blog. Olores a filetes empanados y a los ricos guisos que elaboraba, y que vino a “disimular” otro tipo de olores poco agradables provinientes de la vieja Maricambá.

Y como reina de los olores de la calle Zamora, la siempre señera e incomparable cocina del restaurante Casa Barberi, desde los tiempos de su fundador, pasando por su hijo Pepe y hoy por su nieto, ese olor incofundible a guiso de verdad, auténtico, elaborado en parte por una mujer muy querida y en el recuerdo de todos los ayamontinos que la conocimos y tratamos: Isabel la Jeringa.

06/08/2012 12:25 mojarrafina ;?> Hay 22 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Olores para la nostalgia 5.

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En esta quinta entrega vamos a pasar por una calle de las más populares de Ayamonte, la calle José Pérez Barroso. Recibe el nombre del cabeza de familia de una importante saga de conserveros y armadores ayamontinos, cuya empresa más representativa era “Pérez y Feu, S.R.C., con acceso principal por el Muelle de Portugal y ventanas a la calle José Pérez Barroso a la que daban las oficinas y talleres en los que aprendió el oficio de mecánico nuestro amigo Santi Puga de la mano de su maestro padre y del también maestro Parreño.

Desde mediados el pasado siglo, o quizás antes, está establecido en dicha calle un bar popularísimo: bar Margallo, que ha pasado de padre a hijo sin cambiar el estilo y su oferta principal, el pescaito frito de morralla.

Así que entre el inconfundible olor a conservas procedentes de las viejas calderas de la fábrica, sardinas y atún principalmente, y el olor a fritura de pescados del bar Margallo, deambular por la calle José Pérez Barroso resultó siempre un placer, aunque desde hace años aquel olor a conservas en elaboración nos dijo adiós, como también nos dijo adiós hace muchísimos años el inconfundible olor a madera vieja del cine Creoli, al que íbamos a ver películas del Oeste en blanco y negro.

No podemos dejar de hacer una referencia especial a la antigua taberna del Tío Garrote y sus especiales olores a vino de bocoyes, y a los olores sanitarios del centro maternal y casa de socorro Antonio Massoni Jesús.

10/08/2012 19:44 mojarrafina ;?> Hay 11 comentarios.

LA BUENA GENTE DE AYAMONTE. José Andrés Antúnez, Pepe Antúnez.

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Feliz Año Nuevo, le digo; feliz Año Nuevo, me contesta. Es el mes de agosto, o un día de la Semana Santa, y la gente que no sabe de qué va la cosa se nos queda mirando calculando la ingesta de alcohol que llevamos dentro para semejante y disparatado saludo.

Todo tiene su explicación. Hace muchísimos años, en el desaparecido bar de Saturnino, en la entonces calle Capitán Cortés, celebrábamos como podíamos la llegada del nuevo año. Cuando sonaron las campanadas vino el saludo ritual y habitual: feliz Año Nuevo. Pero como para entonces ya le habíamos dado al vidrio lo suficiente, lo repetimos cientos de veces a lo largo de la noche. Se quedó como rutina y así hemos seguido Pepe Antúnez y yo.

El amigo Pepe Antúnez, según el Registro Civil José Andrés Antúnez, es un ayamontino de los buenos de verdad. Lleva en Madrid más de cincuenta años, viene con mucha frecuencia, y cómo es el andoba que en vez de Madrid parece que viene del Banderín, de lo normal que se presenta. Hay muchos que se van fuera un fin de semana y ya viene como Aznar: “estamos trabajando en ello”, no deje tejano.

Pero lo principal es que el amigo Pepe, además de un artista de la imaginaría y creo que de la carpintería oramental, es una buenísima persona sea cual sea la hora en que se levante. Ni ha perdido el estilo, ni ha perdido los amores por su pueblo y por sus gentes, que le queremos y que nos alegramos cada vez que vienen por aquí. Hace muchos años su suegro, Perlacia, lo recibió en la familia como lo que es, una perla de bondad, fidelidad y ayamontinismo.

Aunque no vive entre nosotros, supongo que el señor Prior de la Orden Hospitalaria no tendrá inconvenientes en admitirlo en el club de la Buena Gente de Ayamonte. Se lo merece de sobra, así que, amigo Antúnez, bienvenido.

11/08/2012 20:24 mojarrafina ;?> Hay 6 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Olores para la nostalgia 6.

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Vamos a entrar hoy en uno de esos lugares ayamontinos en que los olores se mezclan de la forma más heterogénea, aunque con prelavencia de uno de ellos.

El inolvidable maestro barbero Celedonio Martín Montes, padre de nuestro querido amigo y prudente comentarista del blog Manuel Celedonio Martín Ríos, acaba de afeitar a su amigo y cliente “Padre Juan”, padre del amigo Ayaba, y masajea su curtida cara de marinero recio con un pruducto de los que nunca deacaen y que todavía lo encontramos en las perfumerías: Floid, loción para después del afeitado. Y así, entre la limpieza clásica de la barbería y el Floid, la Callejita de Celedonio el barbero olía a gloria, a sanidad pura.

Un poco más adelante, a la derecha, un aficionado a la cacería como podría haber sido mi recordado primo Manolo el Caballita, entra a la ferretería-droguería “La Llave”, de Cayetano Ojeda Gamero, hijo y sucesor del legendario Cayetano Ojeda Fernández y padre de uno de los líderes locales más destacados del PP, a comprar un cartuchillo de pólvora para el avío cinegético. Sin perderse del todo el olor de la barbería, empezamos a percibir ese olor a azufre mezclado con los productos propios de la droguerías.

Y de repente, un olor pasa por encima de los otros con fuerza: el inconfundible olor a café, en este caso portugés, de la tienda de Feliciana, precisamente por ello conocida por Feliciana la del café. Una singular mercería tras de cuya presencia lo que en realidad se vendía era el café y el tabaco portugués.

No desaprovechmos la ocasión para recordar otros olores de ese sector: los de la excelente pañería de Guerrero, Manaolito “el Lápiz” y Paca la Parreña; a madera recién cortada y cepillada de la capìntería del maestro Aguilera, y ya más antiguo que ni siquiera el autor de este artículo lo conoció, el buen olor a vinos y licores del bar “La Sacristía” que regentaba el padre del amigo Enrique González, para más pista, abuelo de nuestro querido Jesús “el Pistolero”. Que aproveche.

17/08/2012 14:08 mojarrafina ;?> Hay 47 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Olores para la nostalgia 7.

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Hoy vamos a detenernos en un lugar pequeño y concreto para recordar dos inconfundibles olores del pasado siglo. (No tengo fotografía del lugar, así que he puesto una alegórica, si alguien tiene una que me la envíe, por ejemplo el Luzla).

El sitio en cuestión es la calle Huelva, entre el cruce con Buenavista y la Callejita Estrecha y la antigua casa del Tejaíto.

En ese tramo la clásica calle se inundaba de dos olores bien distintos aunque muy apetecibles los dos: el procedente del almacén del “Chacinero”, que iba de la calle Huelva hasta la Avenida, y un poco más adelante, en la acera de enfrente, el olor a tahona clásica de bueno de Elías.

El chacinero en cuestión era un señor creo  recordar muy alto, posiblemente de Alosno o de otro pueble de nuestra Sierra huelvana. El almacén era enorme, se veían los grandes depósitos de aceite y la chacina colgada del techo impregnando con sus olores tanto la calle Huelva como la Avenida. Ello me recuerda una frase de mi mujer: “huele que alimenta”. Posteriormente el almacén pasó a ser propiedad del matrimonio “Gimiendo y llorando” más bien ya para la venta de aceites, vinos, licores y refrescos. Con ambos propietarios trabajaron los hermanos Carrega, grandes trabajadores. Y un señor mudo cuyo nombre no recuerdo, también un gran currante.

La tahona de Elías, por su parte vendía unas teleras exquisitas, se entraba a una especie de zaguán y a la izquierda había un par de escalones que daba acceso al mostrador, tras del cual nos encontrábamos a la esposa del panadero y madre de nuestro amigo Rafael, Narcisa, todo amabailidad. En más de una ocasión, por no decir que a diario, irían los amigos Bole y  Santi Puga a comprar el pan. Corto espacio para tan grandes y recordados olores. No sé si el Ayaba recordará al “Chacinero” pues yo soy mayor que él y mis recuerdos con de mi infancia. El Fa seguro que sí lo recordará aunque a él le cogía lejos de su casa.

21/08/2012 20:03 mojarrafina ;?> Hay 32 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Olores para la nostalgia 8.

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A donde nos acercamos hoy en busca de nostálgicos olores es a un lugar al que asistimos y frecuentamos un gran número de niños y muchachos ayamontinos, aunque algunos, hoy muy bien situados, sientan vergüenza de admitirlo. En fin, pilarín.

Fue un cura vasco destinado en Ayamonte, y según se rumoreó en su tiempo, defenestrado por prestar demasiada atención a los pobres poniendo a los ricos lo que se dice la cara colorá, el recordado padre Gutiérrez, el que impulsó la construcción de la Casa del Niño, verdadero comedor de niños hambrientos de los años cincuenta del pasado siglo.

Pasada la puerta de la iglesia entrábamos a la Casa del Niño, bien a desayunar, bien a almorzar, que es como los andaluces llamados a la comida proncipal. Por supuesto que el lujo estaba ausente de aquellas enormas perolas y de aquellos modestos platos de aluminio, pero no por ello exentos de los necesarios nutrientes, lo que motivaba que en aquella bendita casa y sus alrededores se disfrutara de olores, estupendos olores a buena cocina.

Encabezadas por la siempre recordada Juanita Gil y Josefa, la madre de nuestro amigo y recordado ayamontino “Escayola”, un abnegado grupo de mujeres nos cocinaban los alimentos necesarios para nuestra nutrición adecuada.

Olores a lentejas y judías bien guisadas; a café “de puchero” estupendamente hecho que parecía de bar; olor a mantequilla untada en tierna viena; olor a queso americano y a leche en polvo; olor a higos secos y a dátiles; olor a arroz con leche; y sobre todo, olor a caridad, a fraternidad.

Quien ahora lo niegue y quiera rectificar, lo tiene fácil: cierre los ojos, se de una vuelta por su niñez, suba Ainé Carbonell como hizo tantas veces, entre en la Casa del Niño y coma, pero antes de llegar, huela, que no es malo ni vergonzoso.

24/08/2012 16:57 mojarrafina ;?> Hay 44 comentarios.

AYAMONTE EN EL RECUERDO. Olores para la nostalgia 9.

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Muy cerquita del antiguo y desaparecido “Pasaje”, esa estampa bellísima que recoge la fotografía antigua que publicamos, con el baluarte al fondo y todo el sabor marinero ayamontino, hubo hace ya muchos años una cafetería, concretamente en la calle Aduana haciendo esquina con calle Isla Cristina, junto a las oficinas y almacenes de los hermanos Martín Navarro, conocidos por los “Vituallas”, empresa denominada “Combustibles y Suministros”. La cafetería estaba regentada por un hombre extraordinario y su hijo, y era conocida por la cafetería de “Manolito el del Quiosco”. Estaba cercada por el Despacho Central de la Renfe y por la fábrica de conservas “Indemar”.

Así que entre los olores a pescado de los viejos camiones del Despacho Central y el de sardinas cocidas en  las calderas de la citada fábrica, uno muy especial destacaba: el incomparable olor a café bien hecho de la cafetería de “Manolito el del Quiosco”. No entiendo mucho de la materia, pero casi me atrevo a decir que era la cafetería en que se hacía el mejor café de Ayamonte. La familia se esmeró siempre en mantener esa indiscutible calidad.

Una especialidad de la casa, que les salía primorosamente, eran los populares “carajillos”, café con leche y coñac que tomábamos a primeras horas de las mañanas de invierno y que nos aliviaba el frio. Yo trabajé durante algún tiempo en las oficinas del Despacho Central, y más de un “carajillo” me tomé con mis primos Manolo Cruz y Pepe el Cangrejo. Qué tiempos. Parece como si todavía sintiese el aroma del café bien hecho de “Manolito el del Quiosco”.

27/08/2012 23:44 mojarrafina ;?> Hay 32 comentarios.

MOJARREANDO. Me voy a cagar en la madre que parió a Panete.

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Desde hace un tiempo a esta parte viene el Pepeluzla hijo subiendo al Feisbu fotos antiguas para deleite de todos. Yo las estoy guardando pues creo que merece la pena.

Pero como son eso, muy antiguas, a veces no recordamos o identificamos bien escenas, paisajes, personajes, y ello da lugar a una divertida y pacífica polémica. Una de las que más debate ha provocado ha sido la del famoso Pino Gordo de la Estación.

Viene mi querido pariente, el botánico reciclado a músico coral, y nos dá en el bebe con que no es un pino, sino una Casuarina, primero dice que equisetifolia y después, cuando ya empezábamos a digerir el disparate botánico aclara que no es equisetifolia sino cunninghamiana. Toma del frasco, carrasco.

Nos hemos llevado media vida y casi la mitad de la otra media huyendo del pescado azul por lo malo que era y ahora resulta que es riquísimo de omegas, antioxidantes y otras pamplinas y que el que se quiera morir que se muera, que teniendo a la mano sardinas y boquerones es porque le da la real gana.

Yo le pregunto a mi pariente el botánico-músico cómo quedo yo con su primo el Prior de la Orden de los Hermanos Hospitalarios, en la Casuariana cunninghamiana, cuando de toda la vida nos hemos visto antes de las vísperas en el Pino Gordo de la Estación. Y es que, además, para más inri, no es que sea para nosotros un pino, ni un pino gigante, ni grande, ni robusto, es que es el Pino Gordo, que además no se cría en ningún sitio más que junto a la estación. Una especie que sólo se puede visualizar en Ayamonte, así que a ver si la Excma. Sra. Diputada de la Costa lo promueve como bien turístico y especie autóctona.

No sé a donde vamos a ir a parar, lo digo francamente. Y digo una cosa bien en serio: como el Prior de los Hermanos de la Orden Hospitalaria diga un día que la casa que había pasado el Pino Gordo de la Estación no era colorá sino granate, me voy a cagar en la madre que parió a Panete.

Por cierto, alguna persona mayor como Manolo Cruz ¿puede decirnos quien fue el tal Panete?.

31/08/2012 18:49 mojarrafina ;?> Hay 28 comentarios.


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